Se acabó la época de exámenes y volví a dormir, por lo que no he vuelto a tocar el fanfiction. No es que me llame especialmente la atención escribir, pero como es el tercero que hago por puro aburrimiento, me parece bien seguirlo. Además si alguien lo sigue, al menos le debo eso ^^.
Gracias por leer este desvarío total de ideas.
* Escrito en español de España, algunos nombres pueden cambiar
* Algunos nombres o lugares pueden ser inventados por mí.
* Historia y derechos de Pendleton Ward y Cartoon Network
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Finn comenzó a sentir como si su cuerpo se rebelara contra él y no quisiera escuchar a las órdenes de su cerebro. ¿Marceline y...Chicle? Podría haber esperado cualquier otra cosa, como que Chicle lo rechazaba por haberse enamorado de un príncipe de un reino lejano o porque él era demasiado pequeño para ella. Pero, ¿Marceline? Era extraño. Siempre se habían llevado mal, ¡y Marceline era una chica! ¿Cuándo había surgido el amor entre ellas?
No sabía si le dolía más el rechazo o la traición de sus dos amigas, al no contarle absolutamente nada. Pero aún así, la vida de los habitantes de Ooo estaba en juego y no podía dejar que sus sentimientos le jugaran una mala pasada.
Se levantó poco a poco y sujetó su espada con fuerza. La reina, que aún seguía riendo, le miró con una expresión de burla.
-¿Ya te has recuperado? ¿Quedan aún trozos de tu corazón?
Finn no le contestó. Ni siquiera le devolvió la mirada. Miró hacia la princesa Chicle que en ese momento abría los ojos y le miraba con profunda tristeza.
-Es hora de que te dejes de juegos y nos devuelvas lo que es nuestro-dijo por fin, Finn, con un hilo de voz-estás a tiempo de hacerlo por las buenas.
La Reina Hielo volvió a reir, y esbozó la más siniestra de sus sonrisas.
-De ninguna manera, muchachito. ¡SOLDADOS, A POR ELLOS!
La reina señaló con uno de sus afilados y azulados dedos hacia el pelotón de Ooo, que en ese momento se preparaba para entrar en batalla. Los soldados de nieve avanzaban a pasos agigantados hacia ellos, portando ostentosas armas de hielo.
Ninguno retrocedió. Todos comenzaron a aferrar sus armas listos para entrar en la lucha por Ooo. Finn contempló como la Reina Hielo reculaba junto con sus guardias personales para situarse en la retaguardia de su ejercito. ¡No! Así jamás podría llegar hasta las princesas. Buscó con la mirada a Jake que había llegado hasta unos soldados de nieve, dando zancadas. Quedaban escasos centímetros para que los dos ejércitos se fusionaran en la lucha y Marceline seguía tirada en el suelo.
-¡MARCELINE! Levanta, los soldados de nieve están a punto de llegar hasta nosotros-exclamó Finn.
Marceline le miró, con una mirada intensa y cargada de culpa.
-Finn...
-No hay tiempo-contestó él secamente-me lo explicaréis luego. Ahora levántate, te necesitamos.
Marceline no se sentía con fuerzas, pero hizo acopio de valor para alzar el vuelo por fin y empuñar su bajo hacha lista para la pelea.
Los soldados de nieve habían llegado hasta el ejército de Ooo y empezaron a propinarles golpes con sus armas. Los soldados de fuego se habían situado a la cabeza, y lanzaban llamaradas derritiendo la nieve de las extremidades de los soldados de la Reina Hielo. Pero eran lo suficientemente numerosos como para retrasar el avance hasta la reina, con lo cual Finn comenzó a trazar un plan.
-Debemos intentar llegar hasta la Reina como sea-gruñó Finn-pero aunque nos escabullamos, nos verá con tiempo suficiente como para eludir nuestro ataque. Podría hacer daño a las princesas...
-¿Y qué solución propones?-bramó Marceline-aunque derrotemos a todo este ejército aún sigue teniendo el poder. Mientras las tenga en sus heladas manos...
-Heladas...
Muy a su pesar, la cabeza de Finn trazó una nueva idea.
-¡La princesa Llama!
-¿Qué?-inquirió Marceline sin comprender.
-Ella podría llegar hasta la Reina sin llamar la atención.
-Oh, claro, seguro que no se da cuenta-se burló Marceline.
-¡No lo entiendes! Tiene la capacidad de transformarse en llama, ¡ella lo dijo! "En el Reino de Fuego solo hay chicos feos o que ni siquiera parecen chicos y se asemejan más a una llama"-chilló Finn-ella puede convertirse en llama. Sería tan pequeña que la Reina no la detectaría y cuando estuviera cerca podría adoptar su forma real y dañarla.
Marceline esquivó el golpe de un soldado de nieve y le propinó un tortazo con su bajo hacha, al tiempo que suspiraba.
-Además la reina no podría hacerle daño a ella, su piel de fuego la protegería-coincidió Marceline-aunque...sigue siendo una princesa, ¿consentiría en...?
Finn se quedó paralizado. No sabía si la princesa accedería y menos después de como él se había comportado con ella. Pero sin Llama, no habría otra alternativa para llegar pronto hasta Chicle y Promesa.
El chico corrió hasta donde un par de soldados de fuego luchaban codo a codo con su princesa. Sus poderosas manos habían derretido parte de la armadura helada que cubría a los muñecos de nieve de la reina.
-Princesa...
-¡Finn! ¡Ahora no es el momento!-se quejó la chica, soplando una llamarada a los soldados enemigos.
Finn esquivo a otro soldado de nieve corpulento y lo partió en dos con su espada.
-¡Ya lo sé!-gruñó-pero te necesitamos, has de llegar hasta la Reina Hielo. Sé que es arriesgado, pero solo necesitamos un par de segundos para poder abatirla, y tú nos podrías dar el tiempo necesario.
La princesa volvió a mirarle con esa curiosidad pasmosa que reflejaban sus ojos cada vez que se posaban en Finn. Como si fuera un nuevo y extraño juguete en su salón de juegos.
-Está bien-sentenció-¿qué he de hacer?
Finn se sorprendió ante la disposición de la princesa.
-No estás...bueno...enfadada por...
-Finn, no quiero hablar ahora. ¿Qué he de hacer?
El muchacho no comprendía el porqué le dolía tanto aquella indiferencia, pero no había tiempo. Le explicó el plan a la princesa, que asintió al instante y delante de sus ojos se transformó en una diminuta llama que parecía titilar al sol de alguna música silenciosa.
La llamita se retiró sigilosamente serpenteando por entre la nieve, acercándose a paso lento y disimulado hasta la posición de la Reina Hielo. Finn esperaría la señal y se lanzaría hasta ellos espada en mano. Pero por el momento los muñecos de nieve seguían superándolos en número y las fuerzas del ejército de Ooo se resentían.
-¡Muérete ya maldito muñeco! Jo, si fueran tan guapos ya me habría desmayado ante alguno para que me asistiera como a una dama-se quejaba la Princesa del Espacio Bultos mientras atizaba a un muñeco de nieve.
-¡Vamos, no te distraigas princesa!-exclamaba Jake, que junto con Lady Arcoiris iban repartiendo puñetazos a todo soldado de nieve que se moviera un solo milímetro.
Las princesas luchaban como otro soldado más, aún aturdidas por la nueva noticia de la que aún no habían podido siquiera comentar.
Poco a poco los soldados de nieve iban avanzando, en su mayoría retenidos solo por los soldados de fuego que habían fundido a casi la mitad de ellos. La princesa Llama llegaba hasta la Reina Hielo después de breves minutos de atravesar la larga explanada de nieve que las separaba del batallón.
-¡Vosotros dos! Vigilad bien que nadie se acerque. Ya he sembrado la discordia entre ellos, es cuestión de tiempo que sus fuerzas se debiliten. Nosotras volveremos a palacio y cuando todos se hallan rendido, la princesita y yo haremos la promesa...
La Reina miró a la princesa Chicle con una sonrisa divertida dibujada en el rostro, al tiempo que la princesa Llama llegaba hasta ellas y recuperaba su forma. Sorprendió a la Reina que del impacto soltó a la princesa Chicle, cayendo esta y la princesa Promesa al suelo nevado. La Reina Hielo quiso lanzar una ventisca hacia la princesa Llama que la esquivó y la redujo lanzando llamaradas hacia ella, inmovilizándola.
Finn vio a lo lejos la llama de la señal y llamó a Jake y Marceline para que le siguieran, mientras los demás seguían conteniendo a los soldados de nieve.
-¡VAMOS! Llama la tiene acorralada, es hora de que rescatemos a las princesas.
Finn se subió al lomo de Jake que se había trasformado y daba grandes zancadas en la nieve. Marceline incapaz de contenerse flotó en el aire y voló lo más rápido que pudo hasta la princesa Chicle. En breves instantes habían llegado todos hasta la Reina Hielo, que luchaba por no derretirse con las amenazas de Llama.
Jake y Finn la habían acorralado y la amenazaban, espada en mano.
La Reina Hielo rió.
-¿De verdad creéis que esto es el fin?-se carcajeó la Reina.
Finn y Jake se miraron sin comprender.
-Vosotros no sois más que los peones del tablero de ajedrez-su voz era gélida y segura.
La reina silbó, y de detrás de ella, saliendo del castillo, surgieron más soldados que precedían al Rey Hielo.
-¡TÚ! ¡Nos extrañaba que no aparecieras! ¡Estás construyéndole soldados!-recriminó Finn, apuntándole con un dedo acusador.
-¡VAMOS! Llévatelas, ¡ahora!
La Reina Hielo había señalado hacia Marceline que llegaba justo en esos momentos hasta la Princesa Chicle y la Princesa Promesa. El Rey Hielo levantó uno de sus dedos y rodeó a las tres con un aura helada que las levantó en el aire y las encerró en una burbuja insondable.
-¡Mételas en el castillo, yo me ocuparé de los demás!-bramó la reina, y se deshizo de Jake y Finn de un manotazo.
-¡NO!-chilló Finn-vas a pagarlo...
Finn se enzarzó en una lucha encarnizada con la Reina Hielo que se había rasgado las costuras de su vestido para poder moverse con más libertad. El chico había sacado su espada contra demonios y la movía con destreza hasta la Reina que agitaba sus brazos amenazadora.
-Ríndete chico, yo siempre consigo lo que quiero
-¡No esta vez!
El héroe se movió con destreza esquivando los rayos helados mientras la Reina Hielo le lanzaba embistes sin piedad. Jake y Llama se acercaron a la pelea en disposición de ayudar, pero Finn los detuvo.
-¡Seguid al Rey Hielo y recuperad a Marceline y las princesas! Podréis con esos soldados, acabad con ellos y entrad en el castillo. ¡Iré en cuanto pueda!
Jake y Llama asintieron y lo dejaron en su fría lucha con la Reina Hielo, quién reía sin cesar como si se considerara dueña de un secreto que nadie conoce.
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-¡SÁCANOS DE AQUÍ, VIEJO!-temblaba de miedo la princesa Promesa cuando el Rey Hielo las metió en la mazmorra.
Sin decir ni una palabra, el anciano se retiró de la mazmorra después de haberla cerrado con llave.
Marceline se incorporó intentando recobrar el sentido después del golpe que había recibido cuando el Rey Hielo las había tirado al suelo de la mazmorra.
-¡CHICLE!-gritó desesperada.
La vampira sujetó a la princesa entre sus brazos, acunándola suavemente mientras notaba como frías lágrimas rodaban por sus mejillas. La Princesa Chicle estaba inconsciente, agotada después de los días que había sufrido en las mazmorras y la tensión en la guerra.
Poco a poco fue abriendo los ojos y tomando consciencia de donde se encontraba. En cuanto vio a Marceline, enterró su cara en su pecho y la aferró con fuerza.
-M-Marceline...yo...en la batalla...creí que la Reina...
Marceline le sonrió con ternura, y besó su sien dulcemente.
-Shh, no digas nada, estoy bien ¿ves? No me tienes nada de fe, Bonnibel.
Chicle no recordaba cuánto había echado de menos que Marceline la llamara así. Para ella habían pasado siglos desde que abandonara la mazmorra para ir en busca de ayuda. Se separó de la vampira y contempló su rostro, manchado por culpa de las lágrimas que habían desparramado sus ojos.
-¿Es...estás bien?
Marceline asintió, y acarició la mejilla de la princesa lentamente. Se la veía desmejorada, pálida y malherida. Le dolía verla en aquel estado pero nada era comparado a lo que sintió su corazón cuando la Reina Hielo la amenazó y sintió que la perdería.
Se acercó a ella con calma y besó sus labios. Chicle se aferró con fuerza a sus negros cabellos, bebiendo de su boca como si fuera el agua de un oasis tras un paseo por un desierto de arena. Marceline asió su cintura y la atrajo aún más hasta ella, como si de un momento a otro pudiera desaparecer.
La princesa Promesa carraspeó nerviosa y ambas se separaron.
-Podría pasarme así todo el día, así que será mejor que te acostumbres, princesa-le advirtió Marceline con una sonrisa pícara, a lo que Promesa bufó.
-¡Marceline!-se quejó Chicle entre risas.
La vampira frunció el ceño.
-No voy a volver a dejarte sola-concluyó con determinación-no puedo luchar por la causa ni estar tranquila sabiendo que...¡Oh! podrían haberte hecho algo, he sido una estúpida al marcharme.
-Tú has hecho que ahora tengamos una oportunidad, Marceline-dijo Chicle seriamente-trajiste a Jake, a Finn y a los demás. Tú nos has salvado. Me has salvado.
Marceline volvió a acariciar su rostro.
-Tú ya me habías salvado a mí.
Chicle el sonrió y se abrazó a ella con fuerza.
-Todo irá bien-prometió convencida-si de algo estoy segura, es que no hay nada que Finn o Jake no puedan lograr.
Marceline suspiró.
-Finn...
Chicle se incorporó de nuevo y negó con la cabeza.
-Ahora no podemos hacer nada, Marcy-se apenó Chicle-debemos esperar a que acabe la guerra, y a que nos pueda perdonar.
-¿Podrá hacerlo?
-Debe hacerlo. Porque jamás podría dejar de amarte...
