¡Hola otra vez, nakama-lectores! Por fin estoy aquí de nuevo sin haber tenido que esperar tanto a que la vida real me liberase de su secuestro. Si bien éste se trata de un capítulo más breve que los anteriores, va a tratar un tema importante para las historias que seguirán a ésta. El siguiente tratará la última prueba y será el penúltimo capítulo. Después, subiré el epílogo y continuaré con Aventura en el Antiguo Mundo.
Lasiguiente canción de la "Fiesta pirata" está inspirada en la "Fiesta pagana", de la banda El mägo de Oz, con la letra ligeramente cambiada para adaptarla al universo One Piece; podéis escuchar la versión original en Youtube :)
¡Sin más que decir, que se abra el telón y a leer!
Ya habían pasado dos horas desde la medianoche cuando la fiesta de los Mugiwaras aún estaba en pleno apogeo. Franky se había encargado de levantar una fogata con una base de material aislante, que impedía que el fuego se extendiese al césped de la cubierta, de manera que las llamas ascendían hasta el cielo e iluminaban la noche con un bello tono anaranjado. Luffy, Usopp, Chopper y Sunny (éste sobre sus cuatro patas) bailaban alrededor del fuego al animado ritmo del violín de Brook:
Ponte en pie, alza el puño y ven
A la fiesta pirata, en la hoguera hay de beber
De la misma condición, no es el pirata ni un señor
Ellos tienen el oro, y nosotros nuestra canción
Luffy levantaba en el aire un gran hueso con carne mientras cantaba, Usopp y Chopper hacían lo mismo con una brocheta y un algodón de azúcar respectivamente, y Sunny masticaba una manzana entera en cada carrillo. Mientras tanto Zoro, Nami y Robin los observaban sentados en la hierba mientras bebían sake y cerveza, con Merry pastando junto a ellos.
-Sigues sin poder superarme en el reto de beber, Zoro- se burlaba la pelinaranja del espadachín; sus mejillas estaban sonrojadas debido a la avanzada ebriedad, pero aún se mantenía consciente.
-¡Bah, yo no compito con brujas!- espetó el aludido dándole otro gran sorbo a su botella de sake.
-¡Sí, claro, jajaja! Lo que intentas es ocultar tu vergüenza por ser tan flojo- contestó la joven enseñándole la lengua.
"Ojalá un día te caiga encima uno de tus propios rayos...", deseó el peliverde para sus adentros, volviendo a concentrarse en su bebida.
-Naaaami-swan, Roooobin-chawn, traigo vuestros aperitivos- se escuchó tararear a Sanji, que salía de la cocina cargando dos bandejas con los pedidos de las chicas.
-Muchas gracias, Sanji- le agradeció Robin al cocinero en cuanto éste le tendió su sándwich y su bebida de frutas.
Nami hizo lo mismo, dejando a un lado su jarra de cerveza para tomar el jugo y el emparedado de mermelada de mandarina que había solicitado.
-Está delicioso, Sanji-kun- comentó la navegante tras darle un bocado al snack, guiñándole un ojo al rubio.
-¡Oooooh, todo sea por mis ángeles, os bajaría hasta la luna si me lo pidierais!- declaró el adulado rubio al tiempo que se ponía a dar vueltas alrededor de las mujeres, repartiendo corazoncitos por doquier.
Zoro, sintiéndose un poco celoso al ver a su pervertido nakama rondando a Robin, se cruzó de brazos mientras lo miraba con el ceño fruncido.
-Oye, Ero-cook, ¿no sería mejor que guardes tus halagos para Carrie?- le dijo con una sonrisa cruel, estaba decidido a herirlo en el orgullo para dejarle claro que no era tan permisivo como Luffy a la hora de que el cocinero cortejase descaradamente a su pareja.
Sus palabras surtieron efecto y Sanji se quedó de repente petrificado como una estatua, mientras que sus corazones se caían al suelo como hojas marchitas.
-AHORA SÍ QUE TE LO BUSCASTE, MARIMO. VAS A SABER LO QUE ES SUFRIR- gritó el rubio estallando en llamas mientras se abalanzaba sobre el espadachín con una furia asesina.
-VEN AQUÍ E INTÉNTALO, DON JUAN DE LAS CABRAS- le respondió el aludido, soltando su botella para empuñar sus espadas.
-AAAARRRRGG, ESTÁS MUERTOOOOO.
Ambos hombres se enzarzaron en una violenta lucha que a ninguno de sus nakamas le importó lo más mínimo, pues estaban más que acostumbrados a que esos dos se pelearan casi a muerte. Mientras tanto, Brook había terminado de tocar la Fiesta Pirata y ahora empezaba con Binks Sake. Aquella melodía llenaba de dicha a los Mugiwaras, que dejaron de danzar y se retiraron a comer alrededor de la hoguera, todos excepto su incansable capitán.
-¡Oi, Namiii! ¡Ven a bailar, shishishi!- llamó Luffy a su compañera, subido de pie en la grupa de Sunny.
-Ahora no, Luffy, estoy...- la chica no había terminado de comer su emparedado, pero enseguida comprendió que de todos modos no podría hacerlo...
-Creo que no tienes otra opción, fu fu fu- comentó Robin al ver que el moreno acaba de estirar su brazo para enrollarlo en la cadera de Nami.
-Mierda, otra vez noOOOOOOOOO- chilló la pelinaranja al salir disparada hacia el cuerpo de su compañero.
Al ser arrastrada con tanta rapidez, Luffy cayó de espaldas al césped cuando ella impactó contra su pecho, quedando los dos abrazados junto al fuego.
-¡Jajajajajaja, qué divertida eres cuando quieres, Nami!
-SERÁS BESTIA.
PAAF
-AAAUCH.
Mientras Nami reprendía al Rey Pirata por su comportamiento impulsivo e infantil, Zoro y Sanji habían dejado de pelearse y se retiraban cada uno por un lado, mascullando insultos contra el otro. El espadachín regresó al lugar que ocupaba al lado de Robin, con la intención de seguir disfrutando de su sake, pero descubrió que Sunny estaba olisqueando la botella con curiosidad.
-Jamelgo, ni se te ocurra tocar éso, es mío- le advirtió el peliverde malhumorado.
Pero el caballo no le hizo caso y lamió una gota que asomaba por la boquilla de la botella, para después relamerse al encontrarle gusto a aquella bebida.
-¡¿Oye, es que acaso quieres que te corte?!- volvió a amenazarlo Zoro, en vano.
Ante la expresión boquiabierta del espadachín, el semental negro tomó el recipiente entre los dientes y elevó la cabeza hacia arriba para tragar con avidez su contenido.
-OI OI OI OI OI, SUELTA ESO.
Zoro le arrebató la botella al animal, pero descubrió que para su mala suerte éste se la había bebido entera.
-¡Si serás...!- exclamó furioso el peliverde con una dentadura de cocodrilo.
El aludido, indiferente, sólo abrió la boca para echarle un eructo en la cara al espadachín, que se apartó asqueado del caballo.
-¡Iieeeeg, un día voy a hacerme unos jamones contigo, Sunny! ¡Eres igual de cabeza hueca que tu jinete!
-Sí, e igual de divertido también, fu fu fu fu. Será una pena cuando nos despidamos de él y de Merry- comentó Robin, que había presenciado la cómica escena.
-Pues yo me sentiré aliviado- masculló Zoro sentándose junto a la morena, mientras que el caballo regresaba con Merry, quien lo recibió frotando su hocico con el de su compañero.
Cuando Nami se cansó de pellizcarle las mejillas, Luffy la tomó de la cintura y comenzó a mover los pies, invitándola a una especie de vals lento y descoordinado, pero lo suficientemente atrayente para que la navegante aceptase, posando una mano en el hombro del capitán y entrelazando la otra con la de él. Brook continuaba cantando Binks Sake, a un ritmo pausado y relajante, perfecto para los movimientos de la pareja. Ambos danzaban alrededor de la fogata, cuyas llamas proyectaban sus sombras, tan unidas que no se distinguía a quién pertenecía cada una. Sus pasos eran torpes, irregulares y poco elegantes, pero a ellos nada les importaba el decoro ni las reglas del vals o de cualquier otro baile, les bastaba con disfrutar del instante mientras se miraban mutuamente.
Sus nakamas los observaban con una sonrisa en el rostro, felices por ver a sus dos amigos sumidos en tanta plenitud; ni siquera Sanji se atrevió esta vez a interrumpirlos, ya que a pesar de que seguía enfadado con Luffy por haberle "arrebatado" a su ángel pelinaranja, no era tan bastardo como para arruinarles aquel hermoso momento.
-Luffy...- murmuró dulcemente la muchacha mientras enterraba su rostro en el hombro de su compañero.
-¿Hm, qué ocurre, Nami?
-Nada, sólo es que eres muy romántico cuando quieres.
-¿Tú crees? Shishishi.
Siguieron así unos minutos más, hasta que el contacto continuo entre sus cuerpo empezó a hacer otros efectos en el Rey Pirata. Nami, ruborizada, no tardó consciente de ello al notar una fricción contra su vientre, donde su capitán había pegado su entrepierna y no se atrevía a separarla, bien porque no quería que los demás se dieran cuenta, o bien porque le gustaba la sensación. Por suerte, los demás Mugiwaras había dejado de mirarlos hace rato y estaban ocupados en charlar, comer y beber.
-Vamos a un sitio más privado- le susurró la pelinaranja al oído; ella necesitaba también consumir la pasión que empezaba a aflorar en sus entrañas.
-Yosh- alcanzó a contestar el moreno con un ronco tono en la voz.
Nadie (salvo un espadachín y una arqueóloga que sonrieron de soslayo) se percató de la desaparición de la pareja hasta que se dirigieron a sus respectivas habitaciones a las 4 de la madrugada; para entonces, en el interior de la cámara del tesoro, Luffy y Nami ya habían disfrutado de diez posturas diferentes y coronando cada una con un orgasmo más placentero que el anterior.
-OOOH SIIII, LUFFYYYY- gritó Nami antes de derrumbarse boca arriba sobre una alfombra bordada toda en hilo de oro, resollando agotada después del undécimo éxtasis.
Ya no quedaban muchas horas para el amanecer, y la última prueba del Concurso tendría lugar a las 16:00 horas del día siguiente, de manera que decidieron descansar un poco. Luffy aún estaba unido a ella, con el sombrero puesto como única prenda, tumbado sobre ella y apoyándose en los codos para evitar aplastarla. Había usado toda su energía en la fogosa actividad con su navegante, e incluso se atrevió con un poco de haki en aquella última vez. La había besado y lamido por cada centímetro de su cuerpo, y se había dejado mordisquear a gusto por la joven, la cual decidió que ésta vez le tocaba a ella torturarlo mientras la penetraba. Estaban empapados en sudor y en saliva, con el pelo humedecido y enredado; parecían dos guerreros después de una encarnizada lucha.
-Nami, quiero preguntarte una cosa- dijo Luffy de repente, con un tono serio y poco común en él.
-Dime, capitán- respondió la aludida con una voz de lo más relajada después de la intensa sesión, los ojos cerrados y con la nuca apoyada en la alfombra; parecía que estaba disfrutando de una buena siesta bajo el sol, en lugar de en una habitación llena de oro y aún conectada a su amante.
-¿Algún día querrás casarte conmigo?- preguntó él sin más.
La pelinaranja creyó estar imaginándolo por el gran estado de relajación en el que estaba sumida, pero cuando se fijó en la mirada sumamente seria de su capitán, supo que no era una alucinacióna: Luffy, el Rey Pirata, el hombre que tenía toda la libertad y el poder de los océanos a sus pies; él, que más de una vez dijo que no quería ataduras de ningún tipo, le estaba ... ¡¿proponiendo matrimonio?! ¿Acaso el mundo se había vuelto del revés de repente, o ella había bebido demasiado alcohol y estaba soñando cosas raras? Además, es aquella postura... ¿a quién se le ocurriría proponer algo así en un momento como ése?... Oh, claro. Por supuesto, sólo a Monkey D Luffy.
-Luffy, ¿hablas en serio?- dijo Nami acercando su rostro al del capitán con ojos inquisitivos; si realmente se trataba de un chiste, no sería muy cruel incluso viniendo de él.
Pero el moreno la miraba directamente con una expresión severa pero sincera.
-Sí- se resignó a contestar, sin molestarse en parpadear siquiera.
-Es que eso ha sido... tan imposible de creer que saliera de tu boca.
En un rápido movimiento, Luffy se acostó de espaldas sobre la alfombra dorada, quedando así la chica sobre él.
-Nami, no estoy bromeando. De verdad quiero saber si algún días querrás casarte conmigo.
-Pero... ¿a... ahora?
Ante aquella pregunta, la expresión del moreno cambió y se echó a reír con su distintiva sonrisa.
-No seas tonta, shishishi. Por supuesto que no, sólo he dicho algún día.
-¿A qué te refieres con "algún día", Luffy? No es algo que puedas desear hacer así de repente.
-Yo creo que sí, shishishi. Ahora no me apetece, pero hace en la noche del banquete entendí que no me importaría casarme contigo en un futuro y que todos sepan que eres mi reina.
La joven no podía ni parpadear debido a lo incrédula que le estaba resultando aquella conversación. Escuchar al Rey Pirata hablando de contraer matrimonio era como ver de repente a un perro sentado en el sofá y leyendo el periódico. Sin embargo, por otro lado, saber que era ella la mujer a quien se lo estaba pidiendo (o al menos, a quien se lo pediría en el futuro), la llenaba de una portentosa dicha.
-Pero... tú...yo...- ella apenas conseguía articular las palabras.
-¿Tú no quieres?- preguntó el moreno con un deje desmotivado, al no recibir una respuesta clara por parte de su compañera.
-Siempre decías que no quieres ataduras.
-Bueno, pero somos piratas, Nami. Hagamos lo que hagamos, seguiremos siendo libres, ¿no?
Nami seguía sin entender del todo los pensamientos de su capitán, de modo que el chico decidió aclararle las cosas utilizando, como siempre, una lógica que era de todo menos mundana.
-Cobi ahora es un capitán de la Marina, pero sigue atado a esas normas tan aburridas y estúpidas que tienen los marines; yo también soy capitán, pero siendo pirata, soy un hombre libre. Entonces, si dos piratas se casan, como tú y yo, no estarían atándose a nada. Seguiremos siendo libres, Nami shishishi.
La pelinaranja arqueó una ceja al comprender lo que quería decir, en el cierto modo en que se podía entender la mente de Luffy.
-No puedo negar que me asombra tu perspectiva de la lógica, capitán.
-¿Eso es un sí? Shishishi.
-Pero, ¿se supone que debo esperar a que un día te dé el impulso y me lo pidas en cualquier momento?
-Síp. No me gusta andar planeando las cosas. Ahora sólo quiero que vivamos aventuras juntos y con los demás, pero después también podremos hacerlo aún estando casados, ¿verdad?
La chica le acarició la frente antes de responder.
-Sí, por supuesto que sí, Luffy. Por nada del mundo te pediría que detuviéramos nuestra travesía.
-¿Entonces sí querrás?
Nami se abalanzó entera sobre el moreno y se abrazó con fuerza a su cuello, para después asaltarle la boca con un beso salvaje y cargado del amor más sincero. Cuando les faltó el aire, ella apoyó la cabeza en el fornido pecho de Luffy, mientras una discreta lágrima de felicidad descendía por su mejilla.
-Sí... oh, Luffy, claro que querré... algún día, jijijiji.
-Shishishishishishi.
La pareja continuó besándose por unos minutos, hasta que Luffy sintió que su cuerpo empezaba a despertarse de nuevo ante el contacto con la bella muchacha.
-Bien, ahora podremos continuar.
-¿EEEEH? ¿Aún tienes energías para eso?
-Síp, shishishi.
Luffy no se hizo esperar y se deslizó, para después enterrar su rostro entre las finas piernas de la navegante, arrancándole un grito y saboreándola con una pasión que sólo ella, de entre todas las mujeres del mundo, podía infundirle.
¿Luffy hablando de matrimonio? ¡El mundo se ha vuelto loco! ¿Para cuándo será esa boda? Sólo Dios lo sabe... o yo jejejeje (sonrío a lo malvada mientras Chopper y Usopp se abrazan asustados).
Dado que no pude responder por MP a los reviews de los que comentaron en rango de Invitados, les responderé por aquí:
-Guest: Luffy y Nami sabes cómo cuidar y proteger sus respectivos tesoros, tal como han demostrado en la historia original (sobre todo Nami con el sombrero de paja), aquí no iban a ser menos, jejeje. Me alegro de que te gusten Sunny y Merry, yo también me divierto al imaginar sus escenas con Luffy y Nami. Sobre todo me alegra ver que mis personajes y escenas transmiten lo que busco reflejar en ellos, y con ésto me refiero también a las escenas cómicas como la de Carrie y Sanji XD ¡Muchas gracias relinchosas por tus palabras, nakama!
-Alina: Me alegra saber que te has divertido leyendo esta locura como yo redactándola, shishishi. Luffy sabe bien cómo engatusar a su navegante, por algo es el capitán y ha compartido el mismo barco con ella tanto tiempo (y ahora cama también, jajajaja... PAF... Nami me ha pegado otra vez, aaauch). ¡Muchos relinchos de agradecimiento por tu review, nakama!
