XI

Tentativas

La semana siguiente fue un periodo agitado.

Y no sólo por el montón de exámenes y pruebas que les hacían a los alumnos durante sus estudios, sino por el hecho que Hermione y Ginny pasaron el susto de sus vidas.

Vayamos por partes.

El martes de esa misma semana, Hermione y Ginny habían acordado juntarse para estudiar. Resultaba que la pelirroja tenía algunos problemas para dominar los hechizos no verbales y su ¿amiga? (¿es necesario decir que ya eran más que amigas?) le venía como anillo al dedo para superar aquel escollo. Sin embargo, una inocente reunión de alumnas estaba a punto de convertirse en una autética realización de sus más negras pesadillas.

Ayer, es decir, lunes, Ron había encontrado a Ginny peleándose con una chica de Slytherin que parecía compartir todos los dogmas de Draco Malfoy. Era tal su aversión a los Weasleys que nunca usaba ropa de color rojo si podía evitarlo, ni siquiera la ropa interior, de la que nadie se percata. El punto era que el paquidérmico instinto protector de Ron saltó como un interruptor y se abalanzó sobre su hermana menor para protegerla de aquel insano abordaje. Desde ese entonces, Ron no ha parado de vigilar a Ginny por si alguna patuda inconsciente la acosara otra vez. Esto, lejos de ser un alivio, supuso una innecesaria sobrecarga para la pobre pelirroja, arguyendo que podía defenderse sola y que no necesitaba a un "entrometido cara de luna", en palabras textuales de Ginny.

Sin embargo, el hecho de tener a alguien tan cercana como lo era Hermione, suponía una ventaja estratégica de la que carecía su hermano mayor. Si bien Ron también acosaba de vez en cuando a Hermione para ver si caía en sus redes, no era tan aguja como lo era con su hermana menor, dados los acontecimientos. Si supiera que Hermione había caído bajo las redes de su hermana…

Ese martes, Hermione se las había arreglado para concertar el lugar en donde estudiarían y dejado claro, de común acuerdo con Ginny, que se comportarían como dos chicas normales, como dos amigas comunes y corrientes, nada más. El hecho fue que la idea de 

la cita académica llegó, de alguna manera, a oídos de Ron y ahora realizaba algo así como una labor de patrulleo por todo el castillo en su afán por proteger a su hermana de los insidiosos que trataban de molestarla. Sin embargo, no tenía ni la menor pista de dónde pretendía reunirse con Hermione, por lo que su búsqueda, hasta el momento, estaba siendo de lo más infructuosa. Pero eso no era más un obstáculo para un hombre obsesionado con saber que hacían realmente ambas chicas.

En tanto, Hermione y Ginny ya se habían encontrado en aquel lugar, en donde sabía que no la iban a molestar. Y era tan simple que resultaba, cuando menos, sorprendente.

—Así que ya sabes —le decía Hermione a su amante—. Las soluciones más simples muchas veces son las más efectivas.

—Bueno, ¿qué estamos esperando?

En el dormitorio de las chicas, aprovechando que todas las demás estaban afuera por alguna casualidad, ambas chicas apartaron las camas para crear un espacio aceptable para practicar los encantamientos que tanto le costaban a Ginny.

—Tienes que lanzar un hechizo sin decir las palabras mágicas.

—Dime otra cosita —le recriminó Ginny en broma.

—Sólo debes recitar la palabra en tu mente. Recuerda que el movimiento de varita es sólo la mitad de la historia. Las palabras es la otra mitad. Así, sólo tienes que hacer el movimiento mientras dices la palabra en tu mente, pero con tu mente interna, no con la que piensas normalmente. Sería muy fácil si lo hicieras con tu neocortex.

—¿Qué es el neocortex? —preguntó Ginny con profundo desconcierto.

—Olvídalo. Es conocimiento muggle.

Ginny quedó con los brazos en jarras.

—Bueno, si realmente quieres saberlo… el neocortex es la parte racional de tu mente, con la que tú y yo pensamos y resolvemos problemas. Es la parte más nueva de nuestro cerebro por lo que todavía no es capaz de ejercer pleno control sobre nuestra mente emocional e instintiva, las que usamos cuando hacemos el amor. Es por eso que no podemos parar cuando nos encendemos en pasión, porque nuestra mente racional no puede controlar ni medir los poderosos impulsos de nuestras mentes más internas.



Ginny se quedó muda. Después de unos segundos habló.

—Eres impresionante.

—Volvamos al estudio —pidió Hermione—. Usa tus mentes internas para decir el encantamiento.

—Pero dijiste que teníamos escaso control de ellas.

—Sólo cuando los estímulos que potencian aquellas mentes son muy fuertes. En momentos como éste, no es tán difícil. Sólo imagínate que estás diciendo el hechizo. Imagínatelo. La imaginación es como un puente entre tu razón y tus emociones. Úsala.

Ginny se quedó en silencio y se relejó para escuchar su lado creativo, imaginativo, mientras que en otro lado del colegio, alguien maldecía en público a causa de su frustración. Ron ya no sabía qué hacer. Había buscado por todo el colegio… menos en el único lugar en donde no podía entrar: el dormitorio de las chicas. Estaba noventa y nueve por ciento seguro que se encontraban allí ambas chicas. Lo difícil, por no decir imposible, era ingresar a ese lugar. Tenía que tener una clase de emisario para espiarlas y saber de una vez por todas en que andaban ellas.

Parecía que ellas se saldrían con la suya después de todo.

Desanimado, se sentó en una banca y suspiró de impotencia. Fue cuando Harry pasó por su lado y se sentó junto a él. Se extrañó de verlo tan desesperado e impotente.

—¿Por qué estás tan apagado?

Ron desvió la vista de los ojos verdes de su amigo.

—Mira, no puedes estar pendiente de Ginny todo el tiempo. Ya sabes de sobra que es más capaz de defenderse por si misma que tú. Lo que pasa es que no quieres admitirlo, no quieres sentirte inferior a alguien, y sobre todo, si es una mujer que es menor que tú.

—No es eso. —Ron volvió a mirar a Harry—. Es que ellas, ya sabes, Hermione y Ginny, se están comportando de forma muy rara. Están demasiado unidas, no es lo normal. Vamos, Harry. ¿No te da curiosidad saber en qué andan?

—No. —Harry estaba comenzando a molestarse. No quería que nadie, ni menos Ron, supieran que Hermione y Ginny eran lesbianas—. Mira, es mejor que las dejes en paz. Si tienen algo más entre manos, es asunto exclusivo de ellas. No te metas más en el lodo. Te lo digo como amigo.



Ron quedó mudo unos momentos. Luego…

—Está bien.

Harry le tomó el hombro y le sonrió antes de marcharse. Ron estuvo a punto de convencerse que su mejor amigo tal vez llevaba razón. Habría sido así, si no hubiera pasado otra persona por su lado. Y era alguien plenamente consciente de su odisea.

—¿Cómo va tu búsqueda? —le dijo una chica de rasgos orientales visibles a leguas.

—¿Qué? ¿Tú también lo sabes?

—Es fácil saberlo. Yo también he visto que Hermione y Ginny se comportan de una forma un tanto rara. Lo puedo oler a distancia. —La chica en cuestión hizo una pausa—. ¿Te gustaría saber un secreto?

Ron se sintió un poco excitado por el tono confidencial de su interlocutora.

—Yo soy lesbiana.

El pelirrojo enrojeció tanto que sus pecas se hicieron prácticamente invisibles. Una mujer como ella, como la que tenía enfrente no podía bajo ningún motivo, ser lesbiana, una chica tan popular.

—Además —agregó Cho Chang, con el mismo tono confidencial—, sé cuando dos mujeres se aman y, creo que Hermione y Ginny son algo más que amigas. Eso explicaría el extraño proceder de ambas y el hecho que traten de esconderse del resto del mundo.

Ron todavía era incapaz de recuperarse de la impresión.

—Si quieres saber qué traman ellas, yo te puedo ayudar. Piénsalo. Si sacas a la luz su relación, lo más probable es que las expulsen del colegio pero, si lo mantenemos en secreto, ambos ganaremos.

—¿Qué quieres?

—Tú quieres proteger a Ginny, ¿verdad?

Ron asintió con la cabeza.

—Bueno, si es verdad que Hermione y tu hermanita son amantes, significa que la castaña está arrastrando a Ginny a un pozo sin fondo. Si realmente te importa, tenemos que separarlas de alguna manera.

—¿Y tú que vas a ganar? —le preguntó Ron.



—¿Tú qué crees?

Ron pensó que si Cho quería que Ginny estuviera al margen de una relación peligrosa, por descarte, tenía que querer a Hermione de alguna manera. ¿Deseaba seducirla para que fuera su amante? En principio parecía una buena idea pero, al pensarlo mejor, pudo discernir que él también deseaba a Hermione.

—Pero a mí también me gusta Hermione.

Cho esperó la respuesta.

—Pero podemos compartirla juntos, ¿no crees? Así podrás tener dos chicas al mismo tiempo. Formaremos un trío.

—¿Un trío?

—Disfrutarás más. Piénsalo.

Ron no la pensó dos veces. Tener dos mujeres era mejor que tener una por lo que la conclusión era inevitable.

—De acuerdo. ¿Qué tengo que hacer?

—¿Sabes dónde están?

—Supongo que en el dormitorio de las chicas.

—Bien, necesito algo para pasar desapercibida.

Ron la pensó poco. Cegado por el eventual placer que podría recibir de dos mujeres, lanzó una respuesta automática.

—Podrías usar la capa de Harry para hacerte invisible.

Cho aplaudió la idea de Ron. Como impulsados por una satánica fuerza, ambos se lanzaron a la carrera para ingresar a la Sala Común. Cuando estuvieron delante de la Dama Gorda, ésta los miró con ojos inquisitivos al ver a la Ravenclaw al lado de Ron.

Status quo

Como a regañadientes, la señora del retrato les dio la pasada y Ron subió las escaleras, hacia el dormitorio de los chicos y revolvió entre las cosas de Harry, olvidado de la amistad que había entre ambos, y encontró la capa para volverse invisible. Como una exhalación, como temiendo ser descubierto, Ron bajó las escaleras y le tendió la capa a Cho.

Mientras tanto, en el dormitorio de las chicas, Hermione y Ginny se divertían como nunca en sus vidas. La pelirroja lanzaba hechizos no verbales como si fuera lo más natural del mundo. Se lanzaban almohadas con las varitas y ambas se reían a carcajadas, como si se encontraran arriba de una montaña rusa emocional.

—¡Nunca lo había pasado tan bien! —gritaba Ginny.



—¡Yo tampoco! —exclamó a su vez Hermione.

Y siguieron con su juego divertido, sin saber que en la entrada del dormitorio, una chica observaba pacientemente lo que estaba ocurriendo. Hermione y Ginny seguían tirándose almohadas mientras se acercaban cada vez más y se envolvieron en un medio abrazo, mirándose con dulzura.

No era mentira pensó Cho, relamiéndose de gusto, mientras veía a ambas chicas acercarse cada vez más.

—Dijimos que nada de encenderse —puntualizó Ginny, con una media sonrisa.

—Es que mi neocortex está siendo secuestrado —respondió Hermione, acariciando el pelo de Ginny y rozando su nariz con la de ella. Ginny no opuso resitencia y se dejó besar, dejando que el fuego no pasara de ser unas cuantas brasas a medio apagar. Se separaron con lentitud, como temiendo que se pudieran encender otra vez, puesto que no era lo que deseaban.

—¿Y bien? ¿Sigues con problemas con los hechizos no verbales?

—En absoluto.

—Bueno. —Hermione le dio una caricia juguetona en su espalda—. Entonces será mejor que vayamos a almorzar. Me siento famélica.

—Y yo había olvidado la comida. Es que lo pasamos tan bien…

Cho, que se encontraba en la entrada al dormitorio se apresuró a bajar las escaleras y se sentó al lado de Ron, cuidando de no hablar para que Hermione y Ginny, que bajaban también, no sospecharan de algo raro. En el momento en que ellas salieron por el orificio del retrato, la oriental se sacó la capa y se la tendió a Ron para que la dejara en donde estaba. Cuando volvió, ambos salieron de la Sala Común para compartir impresiones.

—Bien. Creo que es hora de desvelarte la verdad de lo que encierran Hermione y Ginny.

—¿Qué viste?

—La confirmación de todas nuestras sospechas.

Ron abrió la boca sin pronunciar sonido. Su hermana, su querida hermana menor era lesbiana y, lo que era peor, estaba enamorada de la mujer que él deseaba.

—¿Y bien?



Ron pensó un poco antes de emitir una conclusión lapidaria y que afectaría de manera drástica a la relación de sus amigos más cercanos.

—Esto tiene que terminar.