Este capítulo va dedicado a Salesia ¡Muchas gracias por los comentarios, bonita!

Capítulo 11: Visitas a Grimmauld Place.

Harry se debatía entre salir corriendo del Gran Comedor para alcanzar a Hermione y acompañarla con las compras, o quedarse a esperar a que todos dejasen de notar tanto su presencia e ir a buscar a Ron para aclararle un par de cositas.

El almuerzo con los Weasley estaba siendo más incómodo que estar desnudo en medio de un partido de quidditch. Es más, salir a jugar desnudo le resultaría mejor que seguir sentado fingiendo que estaba de lo más feliz entre los pelirrojos. Y lo peor había sido cuando Ginny fue a sentarse a su lado, y Luna a su otro costado. Rodeado de mujeres, a su izquierda una que quería casarse con él desde que había empezado a caminar y a su derecha otra que por lo visto no pondría objeción si llegase a darse la oportunidad.

Aguantar los agradecimientos por la casa nueva de parte del señor Arthur cada dos minutos le resultaba agobiante. Los sollozos mal disimulados de Molly lo llenaban de culpa. ¿En serio Hermione no podía habérselo llevado? Unas cuantas horas tuvieron que pasar para que algo interesante sucediera.

En medio de tanta incomodidad, un lobo plateado entró al Gran Comedor, saltando sobre las mesas y corriendo sobre la comida, el espectro se detuvo frente a Harry y dijo claramente "Mortífagos en el Callejón Diagon".

El trago de comida se le quedó atorado en la garganta. ¿Mortífagos? La desesperación del chico rápidamente hizo eco en todos los demás. Todos en el Gran Comedor habían presenciado la escena pues les había llamado la atención el particular patronus, más aún el grave mensaje que traía.

El primero en reaccionar había sido Kingsley. "¡Calma! ¡Mantengan la calma!" Pidió el Ministro, quien estaba lejos de estar calmado. "¿Quién te envió ese patronus, Harry?" Preguntó al muchacho.

"No tengo idea" respondió con sinceridad.

"¿No es el patronus del profesor Lupin?" Preguntó una chica desde una de las mesas, varias cabezas asintieron en señal de acuerdo.

"No es posible, eso no es posible" aseguró Molly. "Todos sabemos que pasó con Remus".

"En vez de estar discutiendo sobre quien conjuró el patronus deberíamos hacer caso de la llamada de emergencia" dijo la vocecilla cantarina de Luna quien ya se levantaba y ponía su varita en un descuidado rodete en el cabello.

"¿¡Estás loca?! ¿Y si es una trampa?" Preguntó el hombrecillo que quería asesinar a Snape cuando los Malfoy lo habían llevado al castillo.

"Es una posibilidad" susurró el Sr. Weasley.

"Vamos a tener que arriesgarnos" dijo Harry. Varios más acompañaron su decisión levantándose de las mesas.

"Nadie va a arriesgarse a nada hasta estar seguros de que es cierto" Dijo claramente Molly con esa fiera mirada de mamá gallina. "No voy a perder a ninguno de mis niños de vuelta".

"No tiene por qué ir ninguno de ellos" sugirió el ojiverde.

Molly puso cara de espanto e indignación "¡Tú también eres mi hijo, Harry!" Exclamó, visiblemente ofendida. "¡Siempre te lo he demostrado!"

"Bien bien bien" La cortó Kingsley "Me parece que los aurores son quienes deben encargarse de esto" McGonagall puso una mano en su hombro en señal de apoyo.

"Hermione podría estar allí" Insistió Luna mirando fijamente a Harry. El moreno se asustó de esa mirada, parecía que Luna sabía lo que el chico guardaba en su corazón.

"Hermione está en Londres" La cortó secamente Molly. "Además si estuviera en Diagon Alley enviaría su patronus pidiendo ayuda" razonó la mujer.

"¿Alguien sabe quien tiene un lobo como patronus?" Preguntó Charlie con la voz bajo el hechizo sonorus. Todos negaron con la cabeza, a excepción de algunos quienes aseguraban que Lupin y Tonks eran quienes lo poseían.

"Remus tenía una luz deforme como patronus" dijo la lastimera voz de George "El de Tonks era un licántropo".

"¡A quién le integuesan los estúpigos pagtonus! Debeguíamos salig a defendeg a los más necesitados y no estag aquí discutiendo miengtas están atacando el Callejón Diagon!" Fleur estaba histérica.

"No te alteres, mi amor" le decía Bill mientras le acariciaba el pelo. Ginny miraba hacia otro lado con cara de asco.

Media hora. Treinta largos y tediosos minutos en los que nadie movió un pelo debido a las discusiones. Las preguntas principales ¿De quién es el patronus? ¿Y si es una trampa?

Como doce o quince animales plateados ingresaron correteando a la estancia deteniéndose frente a diferentes personas. Dos de ellos frente a Kingsley "La Marca Tenebrosa se encuentra sobre Diagon Alley". Esta vez todos saltaron, desesperados, gritando y corriendo a la salida. ¿Serían de ayuda ahora?

La primera en salir disparada por la puerta había sido Luna. Le siguió el moreno quien pese a no haber visto el patronus de Hermione, tenía serias suposiciones de que tal vez ella ya se encontraba en el Callejón Diagon.

"¡Aurores! ¡Llamen a los aurores!" Gritaban varias personas a Kingsley, el cual había identificado muchos de los patronus. Incluso su esposa le había enviado uno. Él informó al Jefe de los Aurores a través del mismo medio.

Exactamente dos minutos después la mayoría de los que estaban en Hogwarts fueron a ayudar a Diagon Alley. Con ellos y los aurores los mortífagos fueron reducidos rápidamente, la mayoría fueron detenidos y llevados inmediatamente a Azcaban, a excepción de unos pocos, más o ménos tres de ellos, quienes lograron huir.

Más de 70 heridos, entre niños, mujeres y ancianos. Los hombres y adolescentes eran quienes habían estado luchando sin parar, muy heridos pero felices al verse victoriosos.

Harry se puso a buscar entre la multitud a Hermione ¿Estaría por allí? Se acercó hasta Madame Malkin a quien un medimago estaba atendiéndole unas pequeñas heridas en los brazos.

"Disculpe, Madame Malkin" dijo tímido.

La mujer levantó la vista y sus ojos se iluminaron, llenos de dicha. "¡Harry Potter!" Exclamó. "El salvador del mundo mágico ¿Qué puedo hacer por tí, hijo?"

Harry se sintió un poco azorado por el entusiasmo de la mujer. "Quisiera saber si usted vió en la batalla a Hermione Granger, es más o ménos de ésta estatura, tiene el cabello cast..." La mujer lo interrumpió.

"Claro que sí la ví. Fue de las primeras en luchar contra los mortífagos. Antes del ataque estaba paseando por aquí con su novio" Los ojos de Harry se abrieron hasta más no poder.

"¿Su novio?" Y la voz le salió muy aguda.

"Sí, un chico rubio llamado Sebastian, así me dijeron. Hacen una pareja encantadora. Los dos estuvieron luchando hasta el final. Aunque debo decir que no los ví desde la última explosión" Harry no podía creer lo que oía.

¿Sebastian? ¿Pareja? ¿Por eso Hermione no quería que nadie la acompañara? ¿Porque iba a reunirse con su novio? ¡Un novio! ¿Sería alguien de Hogwarts? ¿Durmstrang? ¿De dónde? ¿Quién? ¿Cómo? ¡Maldita sea! Y ahora ¿Dónde estaba Hermione? ¿Se había ido con su novio?

Estuvo buscándola como por quince minutos, cuando escuchó que unos aurores conversaban sobre el cuerpo de un mortífago hallado en Knockturn. Fue hasta allí y se encontró con que Antonin Dolohov estaba tirado en el piso de un sucio callejón el cual tenía pequeñas gotas de sangre casi al fondo.

"¿Fue torturado?" Preguntó a Kingsley quien también estaba por allí.

"Lo sabremos enseguida. Los del departamento de investigaciones mágicas forenses están haciendo todo lo posible por descubrir qué sucedió" Explicó el hombre. "¿Ya encontraste a Hermione?"

"No, no sé dónde puede estar" respondió el moreno.

Minutos después el forense habló "La maldición asesina, es obvio. Lastimosamente no podemos rastrear hasta dónde llega el rastro de magia de la varita que invocó la Marca. ¿Podemos proceder a ver a quién pertenece la sangre? Es que hicimos las pruebas y no coinciden con la del mortífago" explicó. El Ministro asintió.

En el Ministerio de Magia tenían un registro. Todos los magos y brujas debían ser presentados al nacer para que una muestra de su sangre sea tomada y guardada. Cuando hiciere falta, como en estos momentos, un simple hechizo revelaba a quién correspondía la sangre. Si el mago o bruja no había ido cuando era pequeño, debía ir antes de adquirir la varita, era obligatorio.

El mago forense tomó una muestra de la sangre con un pequeño instrumento parecido a un isopo y lo colocó sobre un pergamino. Susurró algunas palabras y el resultado dejó estáticos a todos, forenses incluídos. Muy claro y sin ningún tipo de dudas en el papel iban trazándose las letras para formar un nombre "Hermione Jane Granger".

Draco estaba nervioso, le sudaban las manos, el cuello le dolía horrores y sentía que el estómago le daba vueltas. Estaba frente a su puerta, no sabía si tocar o dejarla descansar. La revelación que había tenido fue como un torbellino de emociones. La realidad lo abofeteó de manera cruel. ¡Enamorado! Estaba enamorado. De ella. De Granger. De la hija de muggles. Oh sagrado Merlín. ¿Ella sentiría algo por él? ¿Por lo ménos un poco de empatía, fuera del deseo sexual? No sabía pero lo averiguaría con el tiempo, iba a conquistarla, a ganarla para él, a hacerla suya para siempre.

Al final tocó la puerta y ella susurró un muy débil "Adelante". Ingresó a la habitación y se quedó admirándola desde el umbral de la puerta por varios segundos. Ella era hermosa, tan delicada, parecía un angel. En cambio él, tan oscuro, tan sucio, un asesino...No la merecía.

"Draco" susurró ella estirando la mano hacia él. El rubio se estremeció, su nombre en sus labios era miel.

"Gatita" dijo él a su vez y se acercó hasta quedar sentado en la cama contemplándola.

"Gracias" dijo ella. "Por ser mi héroe una vez más" y gruesas lágrimas resbalaron de sus ojos. Él se las secó los los dedos y luego le dió un beso en la frente.

Hermione había despertado a los quince minutos de haberse quedado dormida. E hizo lo que mejor se le daba, pensar. Reflexionó sobre todo lo ocurrido, y llegó a la conclusión de que Draco era el muchacho más valiente que existía. La había salvado, una vez más. En la guerra no existen los juegos, es a ganar o morir. No existe compasión ni ternura. Todo es odio, muerte y sangre. Los malos no tienen contemplación con los inocentes. Las vidas deben ser preservadas pero no siempre se sale con éxito. En ocasiones la única solución es acabar de raíz con el problema. Si ella hubiera estado en el lugar de Draco hubiera hecho lo mismo, no hubiera dudado ni preguntádoselo a sí misma. Levantaría la varita y pronunciaría quizás hasta con gozo las palabras para acabar con la vida de quien le estuviera haciendo daño a él.

Lo que la llenaba de angustia era pensar en que podrían averiguar que había sido él el culpable de la muerte. Por que por más mortífago que fuese el asesinado, Draco estaba bajo castigo, una sola falla y sería llevado a Azkaban, o peor aún, lo condenarían al beso. Y matar no era un delito menor en absoluto.

"¿Qué haremos si vienen a buscarte?" Preguntó ella.

Draco suspiró. "No lo sé, gatita" Se sinceró. En verdad no lo sabía, si los aurores quisieran llevárselo y tuvieran pruebas de que él había asesinado a Dolohov, no había quien lo salvase, ellos estarían en todo su derecho y obligación.

"No dejaré que te lleven. Haré todo para que te libres de eso. Huirás si es preciso" dijo ella en un susurro, como cuidando que nadie oyese su conversación.

Draco miró sus manos entrelazadas y sonrió tristemente "A donde sea que vaya no tendré paz, nena. Soy un mortífago, un asesino, un vil.." Ella lo interrumpió.

"¿A cuántos asesinaste?" Preguntó. Ante su silencio insistió "Respondeme Draco"

"A una persona" murmuró.

"¿Lo hiciste por placer?"

"¿Placer? ¡Claro que no!" Respondió medio ofendido ¿Qué estaba diciendo Granger?

"¿Por qué lo mataste?" Preguntó de nuevo la castaña.

Draco la miró profundamente y apretó suavemente sus manos "Porque no podía dejar que mueras. Tenía que salvarte. No quería perderte. No podías abandonarme, Granger"

Ella sonrió dulcemente "No eres un mortífago ni un asesino, no eres cruel ni un villano, ni siquiera eres una mala persona. En el pasado cometiste errores, pero te diste cuenta de tus equivocaciones y todavía estás a tiempo de enmendarlas. No eres malo, Draco. No vuelvas a decir eso"

Él admiraba a esa mujer, era capaz de perdonar todo, sin mirar el daño, sin pensar dos veces. La admiraba tanto o más de lo que la amaba. Y sabía que por ella pasaría sobre quien fuera para tenerla a salvo. La besó lentamente dándole a entender que estaba de acuerdo con sus palabras, aunque no lo dijera, porque aún le parecía muy fuerte para aceptarlo.

"Este es el plan" dijo ella cuando se separaron. "Los aurores vendrán, es obvio que lo harán. Tú estuviste todo el día con Narcissa, nadie te vió salir ni entrar. Pero tu varita, necesito tu varita para borrar todo el historial, digámosle"

Él le dió su varita, pensando para sí que Granger ya tenía que haberse dado cuenta de sus sentimientos, nadie entregaba la varita así como así, tenía que haber una confianza muy grande para que un mago se desprendiera de esta y se la diera a otra persona, por pocos minutos que fuese.

Hermione recitó unos cuantos encantamientos antiguos sobre la varita del rubio, los había aprendido en uno de los libros que tenía en la biblioteca de los Black. No era magia negra, tal vez ligeramente gris. Una vez no hacía daño a nadie ¿No? Minutos después se la devolvió, si los aurores revisaban cuáles habían sido los últimos hechizos del rubio encontrarían que había sido para atraer objetos, calentar agua y abrir las ventanas, cosas básicas.

Narcissa entró en la habitación y sonrió al verlos en ese plan, se veían tan tiernos. Se acercó hasta la cama y los dos chicos la miraron por un momento, parecía mayor de lo que realmente era. "¿Estás bien, madre?" Preguntó el chico.

"Sí, querido. Solo venía a deciros que por la radio han dicho que los aurores ya estaban en el Callejón Diagon, Glenda Chittock ha interrumpido su programa para dar la noticia, no tardaran en llegar, buscando a Hermione" Los jóvenes asintieron. "Creo que debemos ponernos de acuerdo en una versión para contarla los tres. Es obvio que preguntarán"

"Draco estuvo en casa todo el día, con usted. No me vieron llegar de Hogwarts. Me aparecí en la casa hace como hace media hora, herida y ensangrentada" dijo Hermione.

"No recuerdas lo que sucedió en Diagon Alley más allá de la última explosión donde te llevaron hasta el callejón y Dolohov te torturó. Luego de eso no recuerdas nada, quizás te desmayaste. Sólo recuerdas haber querido aparecerte en casa" sugirió Draco. La chica asintió.

"Te apareciste sola en la sala, y te desmayaste luego de eso. Lo que sucedió después será solo la verdad. Te curamos las heridas y estás descansando" dijo Narcissa con seguridad. Los demás asintieron. "Los elfos ya saben que versión dar, ellos nos vieron en casa el día entero. Creo que es mejor que dejes descansar a Hermione, querido. Luego tendrás tiempo para verla, ahora es mejor que nos pongamos en plan Malfoy" dijo ella.

Draco besó en los labios a Hermione, le acarició el pelo, le dió un último beso en el dorso de la mano y se retiró de allí silenciosamente. La castaña se puso de todos los colores al darse cuenta que todo eso sucedió frente a Narcissa, buscó rápidamente sus ojos y solo encontró que brillaban intensamente, incluso parecía que unas lagrimillas se asomaban.

Narcissa se agachó hasta quedar al nivel de Hermione, le acarició la mejilla y le dijo suavemente "Será un honor tenerte en la familia, Hermione". Y se retiró dejando a Hermione con el corazón saltando de ansiedad, entusiasmo y alegría.

Un pelirrojo se acercaba a zancadas junto a Harry, el Ministro y los forenses. "¡Harry! Debo hablar contigo urgentemente" demandó.

"Ahora no, Ron. Estamos frente a algo serio" dijo el chico sin darle mucha importancia.

"No amigo, esto es serio también" insistió el chico.

"No creo que lo sea Ron, lo hablaremos luego"

"¡Es sobre Hermione, Harry! ¡Escúchame!" Esta vez sí tuvo la total atención del moreno, incluyendo el ministro y los forenses.

El relato de Ron no distaba mucho de la realidad, claro, si se obviara que contó que luchó más que nadie contra los mortífagos, aturdiendo a más de quince y salvando como a cuarenta personas.

"¡Y ella se fue con él, Harry!" Casi concluía su relato. "El hombre con el que estaba era un mortífago, yo lo ví. Él mató a Dolohov y se la llevó. Pero desde antes estaban juntos. ¡Si hasta hablaron en un callejón sobre el ataque!" Mintió con facilidad.

"Espera, espera, espera" lo interrumpió Kingsley. "¿Me estás diciendo que Hermione Granger estaba con un tal Sebastian caminando pública y libremente por Diagon Alley, se escondieron en un callejón para hablar del ataque que sucedió minutos después y que al final de todo escaparon juntos?" Era de locos.

"Eso mismo, Kingsley. ¡Jamás mentiría en algo tan grave!" Puso las manos en el pecho para darle más dramatismo a sus palabras.

"¡No puede ser verdad! ¡No puedo creer en eso, Ron! Hermione jamás estaría con un mortífago. Ni siquiera sabíamos que tenía una relación con alguien". El moreno se negaba a creer en eso.

"Y ella que dijo quererme" susurró el pelirrojo con pesar, lo suficientemente alto para que los demás lo escuchasen. "¡Debes creerme Harry! ¿Acaso ella que estaba aquí dió aviso del ataque?"

Harry no quería darle la razón al pelirrojo, pero debía hacerlo por esta vez. Hermione no había avisado nada a nadie. "No" murmuró. "Tal vez no podía" sugirió esperanzado.

"¡Es la bruja más inteligente de nuestra generación! Hubiera encontrado alguna manera" Los forenses asintieron bastante apesadumbrados, pero el chico tenía razón. ¡Era Hermione Granger! Y a la vez ese mismo argumento les jugaba en contra, es decir ¡Era Hermione Granger! "¿Por qué no la buscas en Grimmauld Place y te sales de dudas?" Sugirió Ron con malicia.

"Eso mismo es lo que haremos" dijo Kingsley. No quería dar rienda suelta a sus suposiciones, pero... ¿Y si el joven Malfoy fuera el culpable del asesinato de Dolohov y del ataque?

Unos fuertes golpes en la puerta alertaron a Narcissa de que los aurores ya estaban allí. Un "crac" a trás ella le anunció que Harry se había aparecido. "Sra. Malfoy" le dijo al pasar "Tenemos problemas". Narcissa asintió como diciéndole que sabía de qué se trataba. Harry se preguntó qué sabría la mujer y se apresuró a ir a abrir la puerta a los aurores. No se aparecieron junto con él por las protecciones del lugar y por educación, más que nada.

Los aurores ingresaron hasta la sala principal donde Narcissa se encontraba. La saludaron con la cabeza y el Ministro procedió a contarle la situación y a pedirle hablar con Draco.

"La Srta. Granger se apareció hace cuestión de media hora, allí mismo donde está usted parado" dijo al Ministro "Herida y ensangrentada. Se desmayó apenas llegó" explicó sin perder la calma y la altivez digna de ella. "Los elfos la llevaron a su habitación y yo curé sus heridas. Está descansando en este momento"

"¿Se apareció sola?" Preguntó el jefe de los Aurores. Narcissa asintió.

"¿Y el joven Malfoy?" Insistió el Ministro.

"Arriba, en la biblioteca. Estuvo leyendo en mi compañia casi toda la tarde, hasta que yo bajé a ver a Lucius, y de camino me encontré con la Srta. Granger"

Llamaron a Draco quien se presentó en la sala segundos después. "¿Me necesitaban, caballeros?" Preguntó.

El Ministro fue directo "¿Qué hiciste esta tarde, Draco?"

"Estuve leyendo en la biblioteca y conversando con mi madre ¿Por qué?"

"¿Puedes decirme lo que leías?" Dijo desconfiado el Jefe de Aurores.

"Claro. Literatura muggle que la sabelotodo Granger me recomendó. Orgullo y prejuicio. ¿Quieren que les cuente de qué se trata el libro también?" Dijo con todo el sarcasmo posible y arrastrando las palabras.

"¿No saliste de casa?"

"En absoluto. Estoy cumpliendo con mi trágica condena al pie de la letra. Solo sigo viviendo porque me obligan a alimentarme. Trato de vivir lo más desgraciadamente posible, como a los señores les gustaría"

Kingsley no hizo caso de las palabras desafiantes del chico y extendió la mano pidiéndole que le diera su varita para examinarla. Al momento del hechizo los aurores hallaron que los últimos veinte hechizos habían sido para abrir cortinas, calentar agua, nada interesante.

"Lamentamos haber desconfiado de tí, Draco" le dijo el Ministro. Pero luego agregó "¿Qué forma tiene tu patronus?"

El chico lo miró desafiante y pronunció lentamente las palabras "No lo sé. Nunca necesité conjurar uno". Kingsley se sorprendió pero no lo demostró. Draco ya no dijo nada y se retiró con un gesto de hastío.

Solamente Harry, Kingsley y Narcissa ingresaron a la habitación de la castaña, quien supuestamente dormía. Cuando Harry le tocó el brazo para que despierte, esta la hizo abruptamente atacándolo de la misma manera que lo había hecho con Draco. Narcissa sonrió, esa niña no era más Malfoy solo porque tenía el cabello castaño.

"¡Calma, Herms! Soy yo, Harry" la tranquilizó el moreno.

Hermione hizo que enfocaba la vista y se lanzó a los brazos del chico "¡Harry! ¡Oh, Harry!" Lloriqueó.

"Querida, se que te encuentras un poco indispuesta pero el Sr. Ministro quiere hacerte unas preguntas" dijo suavemente Narcissa. La chica miró a Kingsley quien la observaba con lástima.

"Hermione, podemos volver en otra ocasión. Tal vez mañana" dijo.

"No, estoy bien. Dígame qué necesita de mí" le dijo Hermione sentándose correctamente en la cama, recostada en unos almohadones que Narcissa había hecho aparecer tras ella.

"¿Qué pasó en Diagon Alley?"

Harry esperaba ansioso la respuesta. "Estaba tranquilamente caminando con un amigo, llamado Sebastian Lopez" inventó la chica. "Es un mago americano que vivió en mi vecindario hace unos años. Un amigo muy cercano que vino al enterarse de que la guerra se había desatado. Aprovechamos para ponernos al día" explicó. Kingsley asintió. "De repente la batalla comenzó. Los mortífagos aparecieron y nos separamos para luchar. Después de una gran explosión salí despedida hacia una pared y creo que me golpeé la cabeza" Se tocó la parte de atrás de la cabeza "Y no puedo recordar casi nada más" bajó la mirada, apenada.

"¿Nada de nada?" Susurró Harry.

"Sólo un poco, recuerdo que alguien me arrastraba, pero no sé a dónde. Lo que sí recuerdo es que un mortífago me torturó, no se quién ni cuánto. En un momento no podía más y traté de aparecerme en la sala de casa, después de eso todo está en blanco" terminó en un susurro que solo Harry escuchó por la cercanía.

"¿No pudiste defenderte del mortífago?" Preguntó Kingsley. Ella negó.

"Sé que tenía mi varita en la mano pero no podía usarla, no tenía fuerzas" murmuró y se lanzó a llorar en el pecho de Harry. Menos mal que era experta en Oclumancia, porque o sino Kingsley se hubiera dado cuenta rápidamente de que mentía.

El ojiverde lanzó una mirada de preocupación a Kingsley, quien decidió que no había nada más que hacer. Si Hermione no recordaba nada, era imposible saber qué había sucedido. Y dudaba mucho de las palabras del pelirrojo, allí había más celos y despecho que otra cosa.

"Ron Weasley ha dicho cosas muy graves sobre tí, Hermione. Pero decidí no escucharlo, jamás pondría en duda tus palabras".

"¿Qué dijo?" Preguntó ella.

"Estás recuperándote, querida. No es bueno que te alteres. Ya lo sabrás después. Por favor, si no tienen nada más que preguntar, podrían ir despejando la habitación. La Srta. Granger necesita descansar, acaba de ser gravemente torturada" dijo Narcissa invitando a los dos hombres a abandonar el cuarto. No quería que Hermione se alterara y por los nervios echase a perder los planes. La castaña le agradeció con la mirada.

"Un momento" dijo de repente Hermione "¿Por qué no asistieron cuando los llamé? ¡Te envié un patronus, Harry!" Reclamó enfadada.

"¿Un patronus?" Se interesó el Ministro. La chica asintió.

"Nunca me llegó, Mione. Tal vez lo conjuraste mal" sugirió el moreno.

"¡Imposible! Jamás fallaría en un hechizo tan simple" Se quejó.

"¿Qué forma tiene tu patronus?" Preguntó Kingsley.

"Una nutria" respondieron al unísono la castaña y el moreno.

"¿Podrías conjurarlo ahora?" Preguntó nuevamente el hombre.

Hermione levantó su varita y se imaginó un momento muy feliz. Definitivamente cuando Draco le habló de que supuestamente formarían una familia, que se casarían en breve porque un niño que se llamaría Scorpius ya estaba en camino. "¡Expecto Patronum!" Un bellísimo e imponente lobo salió de la punta de la varita de la chica, correteó por la habitación y se acercó a la castaña, recostó la cabeza en su regazo y la miró con unos penetrantes ojos grises. Todos ahogaron una exclamación.

"Herms, ha cambiado" Susurró incrédulo el ojiverde.

"Así parece" Murmuró la chica quien todavía miraba embelesada a los ojos del espectro, le recordaban tanto a él. ¿Por qué cambiaban los patronus? Tenía que averigüarlo.. Silenciosamente los presentes fueron abandonando la habitación.

Kingsley solamente dijo a los aurores que la chica no recordaba nada y jamás traicionaría a los suyos. "El chico del que habla Weasley es un mago latino que no puede ser mortífago" concluyó. Los aurores se mostraron complacidos con las palabras del Ministro, la Srta. Granger jamás los traicionaría, cierto. Se retiraron sin más protocolo, el Ministro dispuesto a castigar a los mortífagos restantes y a averigüar el fondo del problema.

La casa quedó nuevamente sumida en el silencio. Luna llegó minutos después con la noticia de que su padre no había estado en la batalla y que estaba resguardado en su hogar. Harry se alegró de oirlo.

"Te has librado de conversar con Ginny" dejó caer la rubiecita.

"Ehhh, Ginny, sí" respondió Harry. "Ya tendremos tiempo luego" Dijo para hacer pasar el tema. Ginny era un tema que no quería tocar, sabía que había sido un auténtico gilipollas con la pelirroja, cuando más tarde solucionara ese asunto, mejor para él.

Hermione estaba con el corazón rebosante de felicidad. Tantas cosas habían pasado, vale que había sido torturada y no sabía cómo habían terminado las cosas en Diagon Alley, pero por lo ménos para ella todo estaba bien. Draco la había salvado, ella lo había salvado a él con los aurores. Y cada vez que pensaba en esos besos antes del ataque un bichito se le removía en el estómago y la hacía sonreir como tonta. Decidió que ya había descansado lo suficiente y se dispuso a ir a visitar al rubio, a quien extrañaba horrores a pesar de haber estado con él casi todo el día.

Narcissa, Harry y Luna conversaban en la sala mientras tomaban un té para tranquilizar los nervios. El moreno había querido ir de vuelta al Callejón Diagon pero Kingsley lo instó a quedarse. Luna en cambio tenía que ver a Snape y administrarle sus pociones, por lo cual regresó temprano de Diagon Alley.

Una luz verde en la chimenea y la alarma de que alguien había utilizado la red flu fueron suficientes para desatar el caos. Molly Weasley se sacudió el polvo de encima y miró hacia las tres personas sentadas en los asientos de la sala de Grimmauld Place. Sus ojos viajaron a Harry, continuaron hasta Luna y se detuvieron confusos en Narcissa Malfoy quien le devolvía una mirada de superioridad muy particular en ella.

"Har..Harry" balbuceó la mujer.

"Sra. Weasley" contestó el moreno apresurándose a alcanzarla, parecía que la mujer se desmayaría de un momento a otro.

"¿Qué hace ESA aquí?" Y el grito se escuchó en todas las plantas de la casa.

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Hola! Ay.. ¡Estoy muy emocionada! ¿Leyeron el adelanto de The Sunday Times de la revista Wonderland?! En una entrevista JK dijo que la pareja Hermione-Ron fue un error. ¡ERROR! Bueno, estoy muy entusiasmada con eso. Dijo que nuestra castaña debía terminar casada con Harry, y seguro que las amantes del Harmione están bailando de la felicidad. No dijo nada acerca de un Dramione PERO por lo menos descartó a Ron. Mejor tarde que nunca :)

Espero que les haya gustado este capítulo. Déjenme sus reviews para que pueda saber! Gracias por leer. Les dejo un beso enorme.

Ana :)