Xx HERIDAS PELIGROSAS XI xX

Cursiva: sueño / flash-back

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Los ojos miel se abrieron plácidamente durante la noche, pesados y somnolientos. Examinó las paredes de su pequeña habitación pintadas con un pálido color, si, sin duda aún seguía ahí, no había ido a ningún lado, todo seguía como hace horas, el único lugar a donde su mente lo había llevado era a un agradable sueño. Y sintió una innegable satisfacción en su pecho.

Lo curioso de todo aquello, era que había soñado con la persona con la que había tenido un breve y no muy significativo romance, aun así, se extrañó de lo real que lo sintió su cuerpo. Sacó una mano dentro de las sabanas, y la observó por unos segundos. Aún era palpable la sensación de la piel de la chica entre sus manos, la mirada asustada y su llanto, pero sobre todo, esas voces a las que contestaba, sin saber de qué se trababa todo aquello. Ellas formulaban una pregunta y él sólo respondía de forma hiriente.

Aquel sueño le había causado confusión. No lo negaba. Recordaba el momento en que se acostó por el dolor de cabeza de aquella infernal mañana, hace un par de días. Cuando se dio cuenta, ya estaba profundamente dormido. Fue en ese momento que se percató que no estaba solo. Escuchó voces, el lugar estaba oscuro y no alcanzaba a ver nada de su alrededor. Escuchó una voz familiar que gritaba y su ira comenzó a fluir por todo su cuerpo. Era ella, la causante de todo su malestar. Sin duda era ella. Hitomi.

Caminó con paso lento, pero no alcanzaba ver nada, solo escuchaba su voz, preguntando quien era. Junto con otras voces femeninas. Fue cuando decidió entrar en su conversación. Quería que ella supiera cuando la odiaba y deseaba que tuviera algún remordimiento por haber jugado con él. Si en sus manos estaba el hacerle sentir miserable, lo haría, sin sentir culpa alguna, esa, la debería tener ella.

Sólo fueron algunas palabras, pero habían surtido efecto. De eso había sido solo un par de noches. De eso, no tenía comparación con lo que esa noche había ocurrido, pudo por fin tocarla, mirarla, gritarle, maldecirle. Pero de algo no estaba seguro, ¿Cómo es que sabía él ..?

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-flash back.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Sí, es seguro – Raian sonrió satisfactoriamente al solo de imaginar el dolor que sufriría- mi querida, mi dulce Hitomi- hizo un gesto doliente – sólo recuerda cómo te dolió. ¿Lo recuerdas? ¡¿No?! – movió de lado a lado su rostro divertido – no te preocupes, yo te ayudare a que lo recuerdes – ahora él era el que se acercaba para tomar su rostro pálido y asustado de la visionaria – recuerda, hazlo por mí. Se sintió como si tu corazón se partiera ¿verdad? Como si dejara de latir. Como si cada respiración fuera una punzada tan fuerte que evitabas respirar.

¡Cállate! ¡Cállate! – se retorció entre las manos de su agresor.

¿Verdad que lo empiezas a recordar?. Cuando estabas sola, ¿en qué pensabas? – miró lastimosamente su mirada verde - ¿suicidio? ¡No! ¡Pero como mi amor! no es digno de ti. Te sentías sola, deprimida, abandonada – Hitomi lloraba y forcejeaba - te sentías tan deprimida que más de una vez intentaste por todos los medios no despertar ¡OH! ¡Pero si una vez casi lo lograste! Solo que fuiste interrumpida por tu amiga.

¡No más! – gritó. Empujo el enorme hombre y se apartó -¡Cállate!

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-fin flash back.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Masajeó sus sienes y sonrío. Eso era lo de menos, seguramente tanto rencor le había hecho decir e imaginar todo aquel satisfactorio sueño. Hasta llegar al punto de inventar cosas que no le constaba que fueran ciertas.

Dio media vuelta sobre su cama y volvió a cerrar los ojos satisfecho. Pidiendo que ese sueño se volviera a repetir, le encantaría volver a verla, y decirle otro par de cosas. ¿Cómo es que podría volverlo a repetir lo de esa noche? Tal vez debería esforzarse al máximo como las otras noches. O quizás el odio hacia ella, hacia milagros para él. Estiro sus labios, dibujando una sonrisa burlona. Ansiaba la próxima vez, casi le era imposible volver a conciliar el sueño, por lo emocionado que estaba su ansiado corazón.

Estoy ansioso de entrar en tus sueños, mi querida Hitomi …- pidió en un susurro, que hizo eco en un sueño menos profundo en el que él se encontraba.

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mí querida Hitomi…

Abrió sus bellos ojos verdes asustados. Dio un largo y profundo suspiro. Tenía melancolía, la podía sentir en todo su cuerpo. Miró a su costado, las cortinas ahora estaban corridas, permitiendo que los rayos de la mañana entren en la habitación.

Un sueño – susurró sin moverse - ¿Por qué? No lo entiendo ¿Por qué..? Aun podía escuchar su risa.

La puerta crujió al abrirse. Ella no presto atención. Su mirada estaba perdida entre la pieza blanca de cerámica que ostentaba unas frescas flores amarillas y el espejo.

Él llegó por su espalda, apoyando su rodilla en la cama, atrayendo el cuerpo del otro lado. Acaricio su espalda y beso su nuca.

¿Te sientes bien? – preguntó delicadamente. Ella negó. -¿Quieres que llame al doctor? – ella sólo asintió. – bien .. enseguida vuelvo – retrocedió y al instante volvió a detener su avance. Miró la blanca mano que sostenía su manga negra. Y volvió su atención a ella. - ¿Qué pasa? Prometo que no tardare..

¿Puedes esperar un momento..? – pidió por lo bajo. Van asintió acomodándose a su lado. Atrajo hábil a la chica a su lado y acaricio su espalda.

¿Así está mejor?

Sí..

Fueron minutos de silencio, Van acariciando su espalda y en ocasiones su cabello; siguiendo la ruta por su cuello. Hitomi cerraba los ojos pasiva. Acomodó mejor su mejilla sobre los latidos del hombre bajo ella. Así podría estar por siglos- pensó- subió su palma hasta el pecho fornido, donde con sus dedos comenzaron a formar círculos irregulares.

Tenía mucho miedo – susurró.

Lo sé – respondió triste

Se incorporó y se apretó su frente contra su pecho, donde las lágrimas comenzaron a brotar nuevamente. Van la acuno entre sus fuertes brazos y beso su mollera.

Tranquila, no volverá a pasar – tranquilizó sin mucho éxito - ¿quieres contarme que viste?

Negó efusivamente. Lo que menos quería era volver a repetir ese sentimiento.

Bien – aceptó sin ningún problema, cuando estuviera en mejores condiciones ella misma le contaría, pero ahora no pensaba en forzarla - ¿quieres comer? – preguntó un poco más animado. Hitomi volvió a negar – te enfermaras.

No me siento bien, tengo el estómago revuelto – confesó subiendo su mirada verde, ahora roja por el llanto.

¿Otra vez? – preguntó inquieto, mientras secaba las pocas lagrimas que corrían por su mejilla -Iré por el doctor – se movió para salir de la cama.

No- se apretó contra él - aun quiero que te quedes otro rato.

Todo el que quieras – cedió – pero después tendrás que comer.

Quisiera salir..- pidió bajito.

¿A dónde quieres ir? – acarició su cabello sedoso. Hitomi dio una larga aspiración.

Quiero ver el mar..

Van estiró sus delgados labio.

Tus deseos, son ordenes majestad - mencionó galante, provocando una sonrisa en la tarotista - ¿Cuántos meses, años..- suspiró - o eternidades te gustaría pasar?

Muchas, muchas – respondió un poco más animada.

Van sonrió

Tengo asuntos pendientes fuera de Fanelia – indicó mirando con detenimiento las facciones delicadas de su mujer. Hitomi se incorporó quedando sentada. – si lo deseas iremos y en cuanto termine pasaremos por el mar.

La castaña regalo una tranquilizadora sonrisa. Él se incorporó quedando a medio metro de su rostro, el que acaricio con delicadeza y devoción.

Así me gusta – dio un beso fugaz a sus labios y la miro con ojos penetrantes – haría lo que fuera por ti.

La oji-verde poso su mano sobre la masculina, deteniendo unos segundos más sobre su piel cremosa su tacto.

Ahora, será mejor que te des un baño – se alejó y jalo de esbelta figura, a la que llevo entre sus brazos y la condujo personalmente hasta el cuarto de aseó.

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Hoy te noto más "contento" de lo normal. – señaló el compañero que se hacía presente a un lado de él.

¿Tú lo crees? – sonrió de lado.

Asintió – te ves.. "como una persona normal"- pensó -.. bien.

¿Sí? – dijo con ironía - digamos que nada podría estropear lo bien que me siento esta mañana.

El compañero frunció el ceño. Pues era bien sabido que el joven Raian, proveniente de Japón no era una persona "cuerda" pues desde su llegada al instituto, se dio a conocer por su mal carácter con los pobres alumnos, que siempre eran los que pagaban por su repentino arranque de ira.

Me alegro por ti ¿alguna novia?

Raian guardo silencio y miró al cielo.

Se podría decir que una antigua – sonrió complacido.

¿De verdad? – se sorprendió, pues sabía que la "ex-novia" se había quedado en Japón, y según los rumores que se habían expandido como pólvora, con uno de sus amigo -Pues, que bien. Te has de sentir muy dichoso, no.

No sabes cuánto. Espero volverla a ver.

Ah, se encuentra en Inglaterra..

Raian no respondió solo esbozo una enigmática sonrisa y se retiró, dejando a su compañero de trabajo algo confundido.

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¡Esto es una sorpresa ..!

¿Qué es una sorpresa Dryden? – preguntó la recién llegada.

Una invitación de boda – agitó en el aire el fino pergamino con el sello del dragón.

¿Y qué tiene de asombroso? – volvió a formular algo perdida.

Que es de Van …- sonrío.

¿Ah..? – miró confundida a su esposo.

Si no es porque Allen me hizo llegar una carta hace un par de días, esto me hubiera tomado por sorpresa.

¿Te sientes bien..?

¡Mejor que bien! – se levantó de la silla detrás de su escritorio - ese joven rey nos mete en muchos problemas. ¡Vaya que sorpresa!

¿Qué tiene de sorpréndete? Ya sabíamos que se casarían – mencionó algo irritada por el comportamiento de su esposo.

Su pequeña discusión fue interrumpida por el llamado de la puerta. La doncella hizo una inclinación antes de entrar y se dejó ver con bandeja en mano y sobre ella, una carta. Con paso lento se aproximó a su majestad el rey. Llevó otro nuevo incline y entrego el contenido.

Tomó el trozo de papel y se dispuso a leer con avidez.

¿Qué dice Dryden?

Es Hitomi…- guardo silencio y continuo leyendo.

¿Qué tiene?- se acercó a su esposo.

Hay un problema con ella..

Dryden no me asustes, ¿Qué le ocurrió?

No explica mucho, te pide que pases un tiempo en Fanelia hasta el matrimonio – levantó la mirada.

Enseguida salgo para Fanelia – corrió a la salida.

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Me tome la libertad de traer esto – habló una voz familiar desde entrada de la pequeña estancia de la nave – me han contado que no has querido probar bocado. Se desvaneció la sonrisa galante del guardia de los Fanel. Se le notaba pálida y cansada, como si hubiera peleado toda la noche sin descanso.

Allen – llamó algo perdida. – no tengo mucha hambre, de verdad – se disculpó simulando una sonrisa.

Van se molestara conmigo – terminó entrando y dejo la bandeja en la mesita frente a ella – toma, esto te dará más energía

Hitomi no rechazo su amable intento de que probara algo.

Eres muy amable Allen – tomó el tenedor y comenzó a picar la fruta frente a ella.

Pero debes comerla, no sólo picarla - aclaró sin quitar la mirada de la fruta con agujeros - ¿o es acaso una nueva técnica de ingerido?

La tarotista soltó una carcajada.

Lo siento, lo comeré.

¿Te sientes mejor? - preguntó algo renuente – estas pálida.

Sí, estoy un poco mejor – hizo trocito un pedazo de fruta amarilla.

Me hubiera gustado que el medico viniera con nosotros – ella negó – pero claro Van es incapaz de negarte algo. – refunfuñó.

Ya me siento mucho mejor, de verdad – regaló una sonrisa- Sólo quiero estar en el mar y sentir un poco la brisa, eso me compondrá – se llevó otro bocado – lo juro..

El rubio torció el gesto no muy convencido, pero ya era algo que estuviera comiendo. Ella degustaba sus alimentos tranquila y él divagaba perdido en su mundo, quería preguntar, pero no sabía si era correcto volverla a alterar.

Lo ha hecho antes ..- Allen escuchó en un susurro lejano. Levantó la vista y abrió sus ojos con sorpresa. Los ojos verdes estaban apagados.

¿Qué quieres decir? – preguntó muy bajo.

Cuando estaba en la tierra – hizo una pausa – pasaba mucho tiempo sentada frente al mar llorando. Sentía que las olas se llevaban todo mi dolor.

¿Y así era..?

No lo sé – sonrió triste – lo único que quería era estar sola y no pensar que en efecto lo estaba,…Fue... muy duro pelear sola. Muchas veces lo maldije por no estar – miró al caballero – no le digas – Allen negó – lo culpe por todo lo que hacía y lo que pensaba hacer. Por todo. – hizo una larga pausa – cuando tenga el valor se lo diré.

Tomó el recipiente vació y salió despacio de aquel cuarto, cerrando en silencio la puerta.

¿Escuchaste cierto..?

Sí.

¿Y eso te pone a pensar en lo idiota que eres, verdad?

Lo arreglare – lo miró con ojos encendidos.

¡No puedes pasarte la vida solo "arreglando" las cosas!...!Debes ser consciente de lo que haces! - regañó serio – esta vez no pasó nada grabe. ¿Pero hasta cuándo? ¿Hasta que se te ocurra otra estupenda idea? Como la que estabas apunto de hacer sin su consentimiento? – clavó sus fríos ojos en el moreno que agachaba su rostro -Debes dar gracias que esa mujer de verdad se muere por ti… - bajó un poco su tono de voz. Muchas cosas lo alteraban, pero esto se ganaba todas las palmas – Dios sabe que pudo haber pasado si se hubiera si quiera llegado a enterar de tu estupenda idea..-miró serio -¿Estas consciente de ellos?

Van solo se limitó a sentir.

Espero que esta vez no ocurra nada y hagas lo correcto. Aunque tú creas que no lo es – dio un paso para quedar frente al riuyin - Recuerda que no existen las segundas oportunidades Van y si la tuvieras.. Serias el hombre más afortunado de Gaea – movió sus piernas en dirección contraria al cuarto de su amiga- Quiero a Hitomi tanto como tú. Y a ti, te quiero como mi hermano, y los quiero ver juntos. Así sea que te lleve arrastrando frente al sacerdote, haré que te cases.- desapareció del pasillo dejando en el aire sus palabras y amenaza.

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La Tierra seguía siendo la misma desde su partida, nada había cambiado. Bien dicen que cuando alguien se va, el mundo no se detiene a ver quién le hace falta.

¿Aun sigues pegada en esa ventana?

Me es imposible separarme de ella- respondió pérdida. Como si sus labios hubieran tomado vida propia – cuando miro al cielo, me pregunto ¿Que hará? ¿Qué se sentirá irte de tu mundo? – regresó su mirada rojiza a la de su prometido – nunca pensé que eso pudiera ser verdad ..Otro mundo…- volvió su atención una vez más al cielo casi oscuro – ¿cómo será su cielo? , me gustaría verlo con mis propios ojos.

Lo que quieres decir es – llevó una mano a su barbilla -..: ¿te quiero dejar para conocer otros mundos o, te quiero dejar para conocer otros hombres en otros mundos?

Yukari soltó una carcajada. Amano subió una ceja.

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Veo que tu apetito despertó – señaló alegre viendo otro plato en la mesa vació.

Si – ladeó alegre su rostro – Allen trajo una fruta extraña y despertó mi apetito.

Me alegra escuchar eso – caminó con paso tranquilo hacia la ventana abierta y miro el inmenso e imponente mar azul. Recordó aquella primera vez en Astoria y después jamás toco algún puerto, o al menos no recordaba que se diera un tiempo para aquello. Pero que esperaba que junto a su futura esposa lo visitaran más seguido – esta es la segunda vez que veo el mar – confesó retraído - Es simplemente hermoso.

Si – contestó también mirando desde su lugar por la ventana.

Espero estar aquí antes de mediodía ¿de acuerdo? Allen podría acompañarte, no creo necesitarlo para lo que tengo que hacer – se acercó y besó su frente.

Caminare por la playa…

Si así lo prefieres…- concedió - Aunque me gustaría que comieras algo.

¡Ya comí mucho! – chilló como niña pequeña- si sigo comiendo como hasta ahora, estaré gorda y no entrare en el vestido de bodas.

Pues lo hacemos más grande…

¡No! – refutó - no quiero estar subida de peso.

Van no pudo evitar una carcajada se le escapara de su boca. Hitomi estaba haciendo una rabieta. Que a decir verdad se le veía adorable.

No creo que se mucho la diferencia – confesó sin poder evitar continuar sonriendo.

¡No quiero! - pataleó levantándose de golpe de su silla.

Eres una niña – suspiró tomándola por los hombros y regalando un beso fugaz en sus labios.

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Sólo camino una hora en la playa y volvió a su alcoba. El sol había ganado y su cabeza dolía y moría de sueño.

La cómoda silla había ganado y se dejó perder, quedando completamente dormida justo frente al oleaje que daba su ventanal.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*Sueño-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

La colina desprendía un aroma a frescura. Miró a ambos sentidos para ubicarse, sin duda se encontraba en Fanelia, reconocía aquel lugar donde solía pasar gran parte de sus mañanas.

Sonrío, ese sueño si le agradaba. Se incorporó y se mantuvo sentada, dejando que la brisa rozara su piel.

¡Espera, no debes correr tan deprisa!

Hitomi parpadeó y buscó por ambos lados. Sin duda eran voces de niños.

¡Alcánzame! ¡Te reto! – gritaba el pequeño colina abajo.

Miro a unos metros más alejados a un par de niños bajando a toda prisa, sin ningún temor a tropezar.

Vio como los pies de uno de los niños dudaron por un segundo, ocasionando que estuviera a punto de caer. Hitomi instintivamente se incorporó para tratar de impedir que el pobre niño saliera herido de alguna forma. Pero apenas dio dos pasos cuando el pequeño volvía a equilibrase y seguir corriendo colina abajo.

Sus cabellos oscuros revoloteaban con el viento. Su tierna risa acaparaba todo el lugar y su atención. Su cuerpecito brincaba y se estremecía de emoción a cada zancada que daba. Hitomi tuvo que afirmar lo que veían sus ojos, era…su Van, que corría feliz, no había duda alguna.

¡No corras! ¡Me caeré!

¡Apresúrate! – sonreía sin detener sus pequeños pasos, animando al chico que dejaba muy atrás. Pero a la perspectiva de la intrusa que los examinaba de lejos, pudo ver que el niño de más atrás comenzaba a molestarse al no ser escuchado.

¡TE ACUSARE!

Hitomi sonrió. Claro como si a Van le importara eso. Amenazarlo no funcionaba con el rey Dragón, bueno, con el futuro rey Dragón.

El pequeño Van detuvo de golpe la carrera. Hitomi abrió los ojos impresionada.. O tal vez si funcionaba – pensó.

¡No te atreverías!

¡Sí, sí, sí!

¡Soy el príncipe!

¡Cuando se entere que saliste sin su permiso se enojara contigo! - le asustaba.

¡No es cierto! – gritó haciendo un puchero tierno.

Sí, se enojara – respondió el otro niño que cansado caía en las hierbas de espalda.

¡No es cierto! – volvió a gritar y su vocecita se quebraba.

¡Oh, Van! – exclamó para si Hitomi. Se le veía tan tierno haciendo esos pucheros de niño pequeño a punto de llorar, porque su madre estaba por regañarle.

¡Mi mamá no me regañara! – se defendió, soltando sus lagrimitas, mientras con el dorso de la mano las secaba.

¡Sí! .. Te regañara y me reiré cunado te pegue – se burló. Se levantó y corrió colina abajo. Dejando a su amiguito llorando. - ¡Te regañaraaa! ¡Te regañaraaa! – soltaba en una tonadita.

Hitomi observó cómo se perdía entre los altos árboles y el espeso follaje. Bueno los niños podían ser crueles. Regresó su mirada y esbozo una ligera sonrisa. Sacudió su vestido desprendiéndose de los vestigios de pasto y caminó hacia aquel pequeño que lloraba.

Su mente comenzó a buscar algún recuerdo en donde Van hubiera llorado en sus brazos y que hubiera podido consolarlo. Sólo hubo una ocasión, pero estaba tan lejos que no pudo apaciguar el dolor que sintió al perder a su hermano Folken. Miró al pequeño que estaba frente a ella y sintió mucha ternura. Eran tan diferentes, ¿Dónde había quedado ese niño?

No es cierto – susurraba soltando más lágrimas de sus hinchados ojitos – mi mamá no me regañara.

Es cierto, no te regañara – el pequeñín volteó y le miró. La oji-verde sonrió.

Ya no llores – pidió y se arrodilló frente del pequeño Van. Este la miró.

¿Enserio, no me regañara?

De verdad. Pero ya no llores ¿sí? – sacó entre sus manos un pañuelo, que dirigió al rostro lloroso de su futuro esposo y se dispuso a secarlo.

Sin duda cuando era niño se metía en muchos problemas. Pobre de Varie, las preocupaciones que debió pasar. El Van que conocía era orgulloso, incapaz de dejar salir sus sentimientos. Hitomi apretó sus labios emocionada y miró el tierno rostro. Lo consolaría, bueno sino pudo en el presente, lo haría en el pasado – su mente le dijo.

Sus brazos rodearon a la pequeña figura y besó sus mejillas rojitas por el llanto.

Lo ves, así te ves más apuesto – le dijo divertida. Obviamente el niño no entendió a qué se refería. Sus ojitos le miraron extraños y temió que lo hubiera asustado con aquel repentino abrazo.

Lo siento..- se disculpó apresurada, apartando sus manos del pequeñín.

Él negó moviendo efusivo la cabeza.

No me molesto- sonrió- sólo que no entendí.

¿Qué?

Apuesto…

¡Ah! bueno – Hitomi pensó una explicación entendible para el joven sucesor al trono – pues es cuando una persona tiene un buen aspecto.

¡Ah! – se entusiasmó – yo tengo un buen aspecto.

Así es – animó la tarotista.

¿Si tengo un buen aspecto mi mamá no me regañara?

Hitomi pensó divertida.

Bueno, podría ser que esta vez no, pero – advirtió levantando el dedo índice al aire – tienes que obedecerla ¿entiendes? Ella es tu mamá y se preocupara si no te ve.

Asintió con la cabecita efusivamente.

Bien, ¿ahora, te portaras bien?

Sí..

Me alegro – sonrió. El pequeño la miró detenidamente, poniendo a la visionaria un poco nerviosa - ¿Qué pasa..?

Se parece a mi mamá – le dijo.

¿A sí?

Si, ella me habla de esa forma, como lo hace usted, nunca me regaña.

Eso es porque te quiere y sabe que quieres divertirte, pero debes hacerle caso y no meterte en problemas – sacudió un poco las ropas de su prometido y acomodo su pelo negro – parpadeo- ahora más claro que antes- ahora debes ir a casa.

Si – sonrió más tranquilo el Joven príncipe – mi papá se enoja cuando hago que se preocupe mi mamá- guardó silencio como buscando las palabras – él, es un rey y me quiere mucho.

Lo sé… y tú eres un príncipe ¿verdad?

¡Sí, sí! – dijo animado -¿ y tú?

Ah, pues yo – hizo una pausa. No tenía nada de malo en decir algo, de todos modos no estaba cambiando nada – pues soy una futura reina.

¿Enserio? – sus ojitos brillaron emocionado.

Enserio, me casare con un rey igual de apuesto que tú – dijo tocándole su nariz.

Pero yo soy príncipe…

Bueno, cuando crezcas serás muy apuesto. El niño se animó, aunque no estaba muy seguro de lo que decía. Pero supo que tenían que ser ciertas si venían de la niña que tenía frente a él.

Mientras tanto Hitomi dudó un poco en sacar a la luz cierta información. Pero después de ver la enorme sonrisa del que sería algo de ella, se le olvido por completo.

Cuando encuentres a una niña – se acercó de forma cómplice hasta su carita - no seas grosero con ella y trátala bien. Quiérela mucho ¿sí? …!y por favor cuando empiece a gustarte díselo, no dejes que pase mucho tiempo!.. ¡AH! y se más expresivo con lo que sientes, no seas celoso con algún amigo cuando creas que te la quita…!y lo más importante, que no debes olvidar!- le miró seria – no la vayas a dejar ir.

Sí, eso estaba bien, ya le había guiado por un buen camino, así no demoraría mucho. Lo miró y pudo ver que sus ojos reflejaban confusión y sorpresa por tan inesperado arrebato de su parte.

¿Una niña..como tú?

¡Si, como yo..!- recapacitó alarmada – bueno más o menos – y sonrió nerviosa. El pequeño Van asintió decidido.

Tienes bonitos ojos – halagó mirándola fijamente, mientras acariciando las mejillas de Hitomi.

¿Te gustan?

Sí, mucho – confesó sin sonrojos. – a mi papá también le gustan mucho los ojos de mi mamá. Lo sé porque siempre me lo dice. Y a mí también me gustan – soltó una risita divertida – y mi mamá me dice que le gustan los míos – dijo señalando con sus deditos sus ojos claros por a luz del sol.

Son muy bonitos – confesó. Con el tiempo, esos ojos la iban a enamorar. Aunque, viéndolos bien, si, se le veían un poquito más claros, no podía asegurarlo bien.

Le diré a mi papá que una niña me dijo que era apuesto y que tenía ojos bonitos- habló animado – cuando te cases ¿vendrás a verme?

Mm.. pues en estos momentos no podré venir- miró triste los ojos del mini Van – pero prometo que después me veras muy seguido.

¿Lo prometes?

Lo prometo – repitió y levanto su mano derecha al aire.

Me voy, mi papá me llevara a volar – avisó señalando el cielo azul emocionado.

¿De verdad?

Si ¿quieres ir? - invitó con alegría reflejada en su pequeño rostro – a mi papá no le importara.

No puedo, tengo que regresar a mi casa, en otra ocasión volaremos todo el día ¿quieres?

¡Si, si quiero! – salió corriendo y levanto su manita que agitaba efectivamente en el aire

Htomi se levantó para mirar por donde corría.

¡Pórtate bien! – el príncipe se detuvo y asintió, moviendo el sedoso cabello en el rostro ¡Y no subas a los tejados! – le gritó, recordando otra visión que tuvo cuando era más joven y recién había llegado a Gaea. Vio que volvía a asentir y echo a correr.

Nos veremos pronto..mi pequeño..Van.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*Fin del sueño*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-

Abrió sus ojos y una sonrisa salió de sus labios.

Veo que dormiste muy bien – escuchó a su espalda, y volteo. Ahora estaba acostada en la cama. Seguramente Van había sido el encargado de acostarla.

Hitomi giró su cuerpo para quedar frente a frente. Van ahuecó sus brazos y la atrajo más a su cuerpo, mientras entrelazaba sus piernas.

Eras tan tierno – fue lo único que dijo y sonrío.

¿Cómo que era? – se extrañó el riuyin, pero no recibió ninguna respuesta, la dueña de los ojos verdes se había quedado profundamente dormida.

¡PERDON POR LA DEMORA! Pero aquí les tengo el siguiente capítulo. No había tenido tiempo de escribirlo (jaja) sorry .

Espero y les haya agradado este capítulo. Ya saben déjenme sus opiniones, si olvide algún detalle díganmelo y tratare de poner en el siguiente capítulo.

Espero que haya quedado claro cómo es que Raian entro en el sueño de Hitomi. Más correcto sería, coincidió con su sueño, solo eso. Y también que fue ayudado por el rencor que siente por la castaña.

Esto comenzara a llegar a su fin. (muajaja).

¡GRACIAS POR SEGUIR CONMIGO!