La noche había dejado una nueva capa de nieve en el pueblo. Así nadie se atrevería a salir a pasear con ella. Pero no importaba, quería disfrutar de su familia todos los minutos de los días que tenía. Sin embargo esos pensamientos se fueron evaporando poco a poco. La mañana en las habitaciones de su madre se iba haciendo cada vez mas sofocante. Había perdido la cuenta de las veces que se había mordido la lengua para no saltar y poder responder mesuradamente. Lo mismo la criticaba por ir con esos vestidos tan caros, cuando los que había tenido hasta ahora estaban muy bien, como por estar ejerciendo de ama de llaves para una gente tan antipática. Parecía no comprender que no todo era culpa de ella. Vale que había tenido la oportunidad de estar casada y seguir viviendo todos en Longbourn, pero ella no era la responsable de que no hubiesen ahorrado durante toda su vida para quedar en la posición por la que habían tenido que pasar. Después alguien las habían ayudado, y aun así era capaz de criticarlo ferozmente. No podía hacerle entender que si tenía esas habitaciones, y la educación de las pequeñas era gracias al empleo que le había dado. Y que incluso ella estaba ahora mejor preparada para el futuro. Tanto Jane como sus otras hermanas intentaban razonar con ella o dirigir la conversación hacia otros temas, pues podían ver la injusticia con la que estaba tratando tanto a Lizzy como a la familia Darcy, pues incluso las antes alocadas Kitty y Lydia parecían estar contentas con la situación actual, a pesar de las muchas protestas de los meses pasados.
Después de una de la muchas salidas de Mary con el objeto de supervisar el funcionamiento de la casa, pues parecía ser tan perfeccionista en ese tema como toda su vida, apareció su marido para indicar que iba a salir a comentar algunas cosas de la parroquia a una familia situada a poco mas de 2 millas. Suponía que dada la climatología y la distancia nadie querría acompañarlo. Rápidamente Mary sugirió que solamente Lizzy podría hacerlo, si quería. La joven miró agradecida a su hermana. Un poco de aire fresco le vendría bien para calmarse, así que salió dispuesta a arreglarse rápidamente, con el calzado apropiado y un buen abrigo.
Nada mas salir de la casa, la joven le agradeció a su cuñado la oportunidad que le ofrecía. El se limitó a dedicarle una tímida sonrisa y a decir que no era nada. Al fin y cabo Mary le había dicho que era una excelente andarina, y así tendría compañía, aunque eso no parecía ser imprescindible para el joven. Comprendía que se hubiese fijado en su hermana ya que eran ambos muy parecidos. Trabajadores con ahínco y grandes lectores. Llevaba toda la mañana trabajando en su próximo sermón y atendiendo los asuntos de su parroquia. Algo desgarbado, no podría describirse como guapo, pero tenía un aire intelectual que le sentaba muy bien. Vestía de una forma tradicional y sobria, y aunque no era un excelente conversador, si se notaba que era culto. Pero Elizabeth ya había aprendido a valorar los silencios dentro de una conversación, por lo que no se sentía incómoda en esas situaciones. Es mas, disfrutaba quizás mas de estar al aire libre.
El camino se le hizo corto. Apenas se cruzaron con un par de personas a las que les fue presentada como su cuñada la Srta. Elizabeth Bennet, provocando algunos cumplidos a la dama. Desde luego los dos caminantes formaban una curiosa pareja. El con su traje y abrigo oscuro algo pasado de moda y Elizabeth con su elegante abrigo y su sombrero de colores claros. En su destino fueron recibidos con algo de sorpresa, pues a pesar de conocer al párroco, no suponía que se aventurase a salir con tanta nieve y muchos menos acompañado de una joven tan refinada, pero por lo mismo, la agasajaron enseguida con te y dulces. Lizzy se divertía pensando en lo que unas ropas podían engañar. Pero claro, lo que no podía imaginar era de lo que se enteró después en el camino de vuelta. El joven le indicó que hoy esa familia sería envidiada por haber conocido a la famosa Srta. Bennet, amiga íntima de la Srta. Darcy de Pemberley. Curiosa ante semejantes noticias, le informó que era obra de su madre, y que se podía decir que era una celebridad entre sus amistades. Aquello la dejó mas confusa. La misma que la criticaba por casi todo últimamente, creaba una imagen idealizada de ella entre sus conocidos. Solo pudo llegar a una conclusión que hizo carcajear a su acompañante. Había varios solteros que consideraba interesantes para casarla. Así se enteró de que en la ciudad había varios caballeros con rentas de un par de miles de libras. Es más, uno de ellos era una de las personas con las que se había cruzado, un señor ya de mediana edad, viudo y sin hijos. Desde luego que su madre era imposible. Pero al menos le había vuelto el buen humor.
Al regresar, y después de soltar su abrigo, acudió al salón donde estaban toda la familia reunida. Con toda la intención del mundo, dijo que había sido un paseo muy agradable e incluso le habían presentado a varias personas como al Sr. Wise, un caballero encantador y que parecía muy gentil. Jane la miró algo desconcertada por el comentario. Mary se puso algo pálida, para a continuación toser para evitar la risa que estaba a punto de soltar. Y su madre… parecía un gato ante un plato de leche. Las dos horas siguientes estuvo escuchando las perfecciones del caballero. No es que fuese una conversación estupenda, pero al menos había olvidado todos sus reproches.
Cuando salió con su hermana mayor para ayudar a Mary, esta última le preguntó que si lo había hecho a propósito. Por respuesta solo obtuvo una sonrisa. Así las tres pudieron reír abiertamente. Jane, a veces tan ingenua, le había sorprendido ese comentario tan halagador a un caballero que acababa de conocer, y mas delante de su madre, pero puede que la distancia hubiese hecho olvidar ciertas cosas.
La velada por tanto fue mucho mas amena, aunque creía que ya conocía la vida entera no solo del Sr. Wise, sino también, de la mitad de las familias de la zona. Es mas si llega a quedarse un par de días mas, ya habrían organizado una velada o un baile para presentar a semejantes joyas en la región. Así que tendrían que conformarse con las dos pequeñas, pues Jane ya había comunicado que estaba invitada a pasar unos días con Lizzy. Algunos comentarios envidiosos salieron, pero ante las perspectivas de una baile, pronto fueron olvidados.
Los dos siguientes días pasaron. Por la mañana salió con Jane y Mary, y aprovechó para realizar algunas compras para sus hermanas pequeñas. Unos juegos de guantes nuevos y algunas cintas seguro que serían bien recibidos. También había pensado dejarse olvidados un par de vestidos que la doncella de su madre retocaría. Sabía que no le importaría a Georgiana, siempre ella tan generosa, y aunque no fuesen de gala, con un par de pequeñas modificaciones podrían pasar como tales. La sería Mary incluso bromeó que hasta los de día que llevaba eran mas elegantes que la mayoría de trajes de gala de la comarca, aunque viendo los escaparates de las tiendas no sabía si no sería cierto. Pero tampoco era cuestión de volver sin equipaje… Lamentablemente esas horas que faltaron de casa, fueron las utilizadas por algunos habitantes de la zona, incluido alguno de los seleccionados por su madre, para hacer visitas de cortesía. ¡Era verdaderamente deplorable ser la responsable de semejantes decepciones! Las veladas por el contrario continuaron siendo familiares, mucho mas tranquilas de lo que a su madre le hubiese gustado, pues veía que no tenía oportunidades para que sus hijas mayores conocieran candidatos.
Llegó el día 29 y con él la hora de la despedida. Agradeció a Mary y a su marido por las atenciones que le habían dedicado. Además, no sabía cuando los volvería a volver a ver. De todas formas los dejaba en compañía mutua, y se notaba que había sincero afecto entre ellos. Mary había aprendido a ser mas comunicativa, y se la veía feliz con su casa, su parroquia, ayudando a su marido y en compañía del resto de la familia. Dio un beso a su madre, que la riñó ligeramente por no quedarse a conocer a los caballeros de la zona, y abrazó a sus hermanas pequeñas a quienes creía que podría volver a ver dentro de poco, pues suponía que en no mucho tiempo volverían por Londres. Antes de subir al carruaje, les indicó que tenían una sorpresa en su habitación. Allí había dejado los dos vestidos, las cintas y los guantes.
La nieve se había fundido, con lo que el viaje fue más rápido. No podían hablar de nada importante, pues iban acompañadas y siempre habían sido muy discretas. Así que sobre todo hablaron de Charlotte y de los conocidos de Meryton, pues aunque no tenían contacto nada mas que con la primera, ésta les informaba puntualmente. Era como la única ancla que las unía a su antigua vida. Su tía solo se escribía con su madre y por tanto solo Jane se enteraba de alguna de las novedades que le facilitaba. En cambio, en las posadas donde pararon a realizar los cambios de caballo, se sentaban solas, con sus acompañantes lo suficientemente cerca para que nadie las molestara pero lo suficientemente lejos para tener intimidad. Entonces los temas eran mas familiares, la felicidad de Mary, la conducta de su madre, y el cambio dado por las pequeñas. Incluso ante el Sr. Darcy habían tenido un comportamiento mas que aceptable. Habían compartido las paradas y la cena durante el viaje, y se había interesado por los avances de Kitty y Lydia. Habían hablado bastante, de las ultimas noticias que había recibido de ella, de su vida en Londres… Al fin y al cabo, el conocía la situación, y no tenía que avergonzarse de hablar libremente de sus primos y de las clases que daba. También ella se había interesado por su viaje.
Cuando llegaron a Lambton, el sol ya estaba declinando. Ambas muchachas se sentían excitadas. Lizzy por regresar, Jane por ver el sitio del que tanto había leído y donde su hermana se notaba que era feliz. Quizás el cochero también se sentía alegre por regresar porque no tardaron mucho en cruzar la reja que indicaba el comienzo del parque. A pesar de que conocía la grandiosidad de la finca, no estaba preparada para lo que veía. Después de muchos minutos, por fin divisaron la casa a lo lejos. Con los últimos rayos de sol iluminándola, se la veía impresionante. Ninguna había hablado desde que pisaron Pemberley, pero podía ver el asombre de su hermana cuando la miró. Cuando pararon delante de la casa, ya estaban esperándolas. En cuanto descendieron, Georgina la abrazó. El saludo con el Sr. Darcy fue mas mesurado. Ambos recibieron cordialmente a Jane y pasaron al vestíbulo, pues el frio comenzaba a ser intenso en el exterior. A pesar de que era ya la hora de subir a cambiarse, las convencieron para tomar un té. Si se retrasaban media hora en la cena era algo que ya estaba previsto. Así que fueron a la sala de música donde enseguida lo sirvieron. Georgina , en su entusiasmo, no hacía mas que preguntar, con lo que final su hermano tuvo que intervenir para sosegarla un poco y dejarlas que respirasen. Sonrojada, pidió perdón, justificándose en que la había echado mucho de menos y eso que su hermano había sido muy amable dedicándole menos tiempo a la finca y mas a ella de lo que debería. También suponía que la Sra. Reynolds se alegraría de su vuelta, porque creía que su intento de cumplir con lo prometido no había salido muy bien. Todos los días había sugerido cambios en el menú por no ligar bien los ingredientes. Lizzy sonrió, Georgi podía ser a veces muy atrevida en sus elecciones, y el ama de llaves muy tradicional. Además, todavía seguía viendo a la joven como a una niña. Ante su comentario de que esperaba que al menos no hubiese dejado morir las plantas, Darcy habló asegurándole que podía dar su palabra de que había trabajado en el jardín todas las mañanas. Además habían tomado allí el tentempié del mediodía, todas las jornadas. Ahora a quien se les subieron los colores fue a Lizzy, esa información equivalía a dar su aprobado al cambio.
Tomado algo para calentarse, se dirigieron hacia las habitaciones. Cuando le pregunto a Georgi por la habitación de su hermana para acompañarla personalmente a la zona de invitados, esta le dijo que tenía preparada la que estaba al lado de la suya. Jane no entendía lo que significaba. Lo comprendió cuando entró en ella. Era mas grande que toda una planta de la casa de sus tíos. Una joven la esperaba con el baño preparado, y con su equipaje ya guardado. Tras colocarle el corsé, comenzó a realizarle un elaborado recogido. Por último, terminó abrochándole el vestido pocos segundos antes de que Lizzy entrase por su puerta para recogerla. Siempre había sido la mas guapa de la familia, pero estaba preciosa con el nuevo peinado. Bajaron al salón, donde suponía que las estarían esperando. Efectivamente ahí estaban los dos hermanos, sentados en uno de los sofás, charlando tranquilamente.
Al verlas entrar, el caballero rápidamente se levantó para saludarlas y acompañarlas hasta sus asientos mientras los avisaban para la cena. Jane agradeció sinceramente la invitación de nuevo, así como alabó lo poco que había visto de la casa. Pero casi acusaron a Lizzy de ser la responsable de que todo luciese tan bien, al menos la decoración navideña. Le indicaron que ahora pasarían al comedor familiar, del cual si habían sido responsables las dos jóvenes moradoras de la mansión. Cuando los llamaron, Darcy ofreció su brazo a la invitada para escoltarla. Acompañándola hasta su diestra, la joven protestó indicando que no podía aceptar los honores correspondientes a la Srta. Darcy, pero no sirvió de nada. De esta forma Lizzy se sentó frente al dueño de la casa. Después de la deliciosa cena, la cual había transcurrido en medio de una agradable charla, regresaron al salón. Allí, enseguida le pidieron a Georgiana que tocase alguna de las canciones nuevas que había practicado durante esos días. A pesar de los pocos días transcurridos, se notaba que la muchacha había puesto todo su empeño en aprenderla para cuando su amiga volviera. Después le solicitó a Elizabeth que se uniese a ella para cantar y tocar a dúo. Jane quedó maravillada. Su hermana siempre había tenido buena voz, pero no la mostraba muy a menudo. Su repertorio era bonito, pero de canciones sencillas. Ahora en cambio, parecía haberlo ampliado tanto en dificultad, como en variedad. No llegaba a la maestría de su joven compañera, pero desde luego que no la deslucía en absoluto. También notó como el otro espectador presente disfrutaba enormemente con la actuación. No estaba muy segura de hasta donde llegaba el aprecio por Lizzy, pero por la forma en que la miraba, le hacía sospechar que sentía algo mas que amistad o un ligero cariño por ella. En cuanto a la Srta. Darcy, podía ver claramente como adoraba a su hermana.
Hola chicas. Ya regresó el Darcy original de esta historia (ni el clonado , ni el fotocopiado, que teneis unas ocurrencias... Y encima lo quereis matar ahogado) Por favor...
Hasta pronto. Espero vuestro comentarios.
