-Harry – dijo sorprendida Ginny – estas aquí, otra vez, tu…
-Volví a ti.
Ginny se lanzó a sus brazos. No lo podía creer, Harry justo en ese momento llegaba a Nueva York por ella, lo que siempre había querido.
-¿Ibas de salida? – le preguntó Harry al ver que ella también tenía una maleta.
Ginny lo pensó un poco, quería decirle que la prueba de embarazo que se había hecho había dado como resultado positivo, pero quería estar segura, no le quería dar falsas esperanzas a Harry.
-No, recién vengo llegando, fui a… a Boston. Tuve que cubrir un reportaje.
-¿Estas ocupada?
-No, pasa.
Harry entró al lujoso departamento de Ginny. No se comparaba para nada a la casa que tenían en Ottery. Volteó analizando todo lo que estaba en el departamento.
-Es muy bonito.
-¿Qué? – le dijo Ginny nerviosa, todo le estaba dando vueltas.
-Tu departamento.
-Oh, gracias.
Se quedaron un momento viéndose, era extraño verse fuera de su ambiente.
-¿Qué tal el viaje? – le quitó Ginny la maleta que aun llevaba cargada Harry.
-Bien… aburrido.
-¿Tienes hambre?
-No.
-¿Quieres descansar un poco? – le preguntó dejando la maleta dentro de una habitación.
-¿Estas bien, Ginny? Te noto rara.
-Estoy bien, simplemente no puedo creer que estés aquí.
-Sé que me comporté como un patán la última vez que nos vimos. Pensé que todo lo que habíamos vivido los últimos días iban a ser suficientes para que te quedaras, pero – levantó la mano al ver que Ginny quería decir algo – comprendí que tú tienes tus propios intereses. Tardé un poco en asimilarlo. Espero que no sea demasiado tarde – le dijo temeroso.
-Claro que no – Ginny lo abrazo – no sabes lo feliz que me haces al estar aquí.
Se abrazaron y Harry notó que Ginny casi temblaba en sus brazos.
-¿Segura que estas bien?
-Sí.
-Estas temblando – Ginny se separó - ¿Qué pasa?
-Nada, bueno he estado un poco nerviosa, mañana es la entrega del premio. Vas a venir conmigo ¿verdad?
-No sabía que era mañana.
-Fue por eso que no he regresado. Estaba esperando a mañana.
-¿Pensabas regresar?
-Claro, fue lo que te dije antes de venir. A eso viniste ¿no? Viniste por mí.
-Bueno en realidad, vine a estar contigo. Si tú decides quedarte aquí – se encogió de hombros – yo también.
Ginny sonrió enamorada.
-¿Me estás hablando en serio?
-Sí. Lo estuve hablando mucho con tus padres – le dijo Harry un poco triste.
-¿Hablando con mis padres?
-Sí – Harry la tomó de la mano y ambos se sentaron en la sala –viniste aquí hace 8 años para superarte profesionalmente y olvidar el dolor de haber perdido a nuestro hijo.
-Harry…
-Sé que yo no ayudé en nada. Tú muchas veces quisiste acercarte a mí y yo me encerré en mí mismo con mi dolor. Te quise retener en un pueblo donde para ti no veías ningún futuro. Quise hacerlo a mi manera. Fui muy egoísta de mi parte.
-Pero viniste a buscarme en aquella ocasión…
-Sí, pero vine a buscarte para llevarte de regreso a Ottery. Ahora es diferente.
-¿Qué planes tienes?
Harry dio un gran suspiro.
-Voy a vender mi tienda de quidditch- le dijo con tristeza – y con ese dinero empezaré un negocio aquí o bien, buscaré trabajo de algo.
-¿Vender tu tienda? Pero Harry, has trabajo mucho para tenerla.
-Es todo lo que tengo. Ahí invertí todo lo de la herencia. No puedo llegar aquí con las manos vacías.
-Pero esa tienda era tu sueño hecho realidad.
Harry le sonrió con nostalgia y la tomo de las dos manos.
-Tú eres mi sueño hecho realidad. No voy a perderte otra vez.
-Te amo – le dijo Ginny juntando su frente con la de Harry.
-Yo también.
Ese día, Ginny se dedicó a llevar a Harry a conocer algunas tiendas de Nueva York. Básicamente andaban buscando un traje para Harry para el evento del día siguiente. Harry jamás había usado uno tan elegante. Solo recordaba haber usado uno cuando se casó con Ginny, y eso que era rentado. En la boda de sus cuñados, usaban de segunda mano y se los intercambiaban entre ellos. Solo el novio usaba algo decente ese día. Ahora ahí estaba, viéndose frente a un espejo con un traje de miles de dólares. Vio como Ginny pagaba con su tarjeta de crédito y se desenvolvía perfectamente en esas tiendas.
-Te ves guapísimo – le decía Ginny mandándole un beso.
En la noche habían hecho el amor. Ginny dormía plácidamente pero Harry apenas podía cerrar los ojos. Ginny tenía el departamento en el centro de la ciudad así que era un constante ruido de cláxones de carros. Él necesitaba el ruido de los grillos para poder dormir. Se levantó, se sirvió un vaso de leche tibia esperando que eso le ayudara a dormir. Vio por la ventana y la iluminación de la ciudad hizo que entrecerrara los ojos. ¿Podría llegar a acostumbrarse él a vivir en la ciudad como lo hizo Ginny? Desde que tenía memoria siempre había pasado carencias. En casa de sus tíos, vestía ropa vieja de su primo, comía las sobras, dormía debajo de la alacena. A partir de sus once años, se fue a vivir con los Weasley, donde jamás pasó hambre, pero tampoco vivía bajo todas las comodidades. Aprendió que todo se tenía que compartir y se tenía que trabajar para tener las cosas. Ahora estaba ahí, en un departamento lujoso que Ginny había conseguido a base de trabajo. Trabajo de ella y no de él. Se sentía incómodo, pero sabía que tenía que superarlo para salvar su matrimonio.
-¿Qué haces? – llegó Ginny vistiendo un camisón.
-No puedo dormir.
Ginny lo abrazó por la espalda.
-A mí también me pasó lo mismo cuando llegué aquí.
-¿En serio?
-Sí, más como te extrañaba tanto.
Harry se sintió mal por eso. Ginny pasó cosas mucho peores que él, sin embrago, siempre fue fuerte.
-Ahora siempre vamos a estar juntos – le dijo Harry. Solo esperaba que pudiera acoplarse lo más pronto posible.
Ginny estaba que moría de nervios. Desde muy temprano se había ido a peinarse y maquillarse a un salón de belleza para la entrega de los premios. Pensaba que iba a tener tiempo libre para ir con el doctor, o bien, hacerse una prueba de embarazo de sangre. Esas sin dudas era la más segura. Pero no tuvo tiempo de nada. Le llamaron para que se presentara antes de la hora estipulada para unas entrevistas que les hacían a los nominados. Harry la acompañó, pero se sentía incómodo en todo momento, sobre todo cuando algunos reporteros le hacían preguntas acerca de Ginny.
Había llegado la hora que tanto había esperado Ginny. Estaban en la ceremonia de premiación de los pulitzer mágico. Habían entregado reconocimiento a varios periodistas con una larga trayectoria. Algunos Ginny los conocía, cosa que a Harry le sorprendía mucho. Era verdad que Ginny siempre fue muy sociable. En Ottery conocía a todos y todos la consideraban una amiga (excepto Romilda) pero a pesar de ser tan joven, conocía y la respetaban reporteros incluso ya jubilados.
En medio de aplausos, Ginny fue quien recibió el premio. Lo primero que hizo fue darle un gran beso a Harry al escuchar su nombre. Estaba completamente feliz: ser reconocida profesionalmente y estar a un lado del hombre que amaba.
Harry escuchaba el discurso que daba Ginny de agradecimiento. Recordaba aquella niña pelirroja que lo había enseñado a bailar, que lo hacía subirse a los árboles y que corría y se llenaba de lodo con tal de atrapar un gnomo. Siempre supo que Ginny era diferente a sus hermanos, ella veía a futuro sin dejar de disfrutar el presente. Siempre la había admirado por eso, pero jamás pensó verla así: exitosa a ese grado.
Todos se levantaron aplaudiendo cuando terminó de dar su discurso y ella se fue a dar algunas entrevistas. Todos en la mesa felicitaron a Harry, quien solo agradeció con una sonrisa.
-¿Qué tal estuve? – le preguntó Ginny a Harry cuando volvieron a verse.
-Genial. Muchas felicidades.
-Estoy feliz, muy feliz.
-Y yo lo estoy por ti – le dijo abrazándola.
-Muchas felicidades, Ginny.
Harry y Ginny se separaron al escuchar la voz.
-Cormac – sonrió Ginny de lado. Harry de inmediato se puso serio - ¿Qué haces aquí?
-Fui invitado ¿Puedo felicitar a la ganadora? – dijo Cormac dirigiéndose a Harry. Él simplemente lo vio fulminándolo con la mirada -¿o me vas a querer golpear como en tu pueblo?
-Cormac, por favor.
-Somos gente civilizada, Ginny, si alguien gana un premio es felicitado, no importa si esa persona sea tu ex prometida.
-Gracias por tu felicitación.
-Pensaba más bien un abrazo y un beso.
Harry dio un paso hacia adelante pero Ginny de inmediato lo jaló del brazo.
-Harry, no por favor – le dijo en un susurro.
-Lo sabía – sonrió Cormac.
-Adiós, Cormac.
Ginny se llevó a Harry inmediatamente. Conocía a su esposo, claro que lo conocía, si ella misma tuvo que aprender a defenderse a veces a golpes. Con tantos hermanos, la casa llena, era obvio que los golpes estuvieran a la orden del día.
-¡Ginny! ¡Ginny!
Ginny volteó justo antes de salir del salón donde se había llevado a cabo la premiación. Ya quería irse, no quería que Cormac volviera a toparse con Harry.
-Qué bueno que no te has ido.
-¿Qué pasa, Henry?
-Sé que estas feliz por tu premio y que quieres festejar, pero necesito verte mañana en mi oficina – volteó a ver a Harry.
-Oh, lo siento. Henry, él es Harry Potter, mi esposo. Harry, él es Henry, mi jefe.
-Mucho gusto – le dio la mano Harry.
-El gusto es mío – le correspondió el saludo y volteó a ver a Ginny con el ceño fruncido – no sabía que estabas casada.
-Larga historia, Henry – le dijo Ginny con sonrisa falsa.
-Oh…ok – le dijo sin cambiar de expresión.
Henry era un hombre mayor, de cabello canoso al igual que su gran bigote. Como todo un buen periodista, siempre quería saber todo y eso Ginny lo sabía muy bien. Jamás se quería quedar con alguna duda.
-Pero que acaso tú no estabas… era un tipo alto… y…
-Henry – Ginny levantó las dos cejas.
-Bueno, sí. Te decía, necesito que vayas a mi oficina mañana temprano.
-Está bien, iré como a las nueve de la mañana.
-No, necesito que estés ahí a las siete.
-¿Qué?
-Ginny, el gerente general del periódico quiere hablar contigo.
Ginny abrió la boca sorprendida.
-¿Para qué?
-Pues… no sé.
-Henry, tú sabes todo lo que pasa en el periódico.
-¿Yo? – Ginny levantó una ceja – bueno sí. Me voy a jubilar, ya estoy viejo y algo anticuado para el periódico moderno y pues, te recomendé para mi puesto – le dijo en voz baja.
-¿En serio?
-Al comienzo estaban un poco desconfiados ya que eres muy joven, pero creo que les has callado la boca con este premio. Pero yo no sé nada – se tapó la boca volteando hacia todos lados - Te veo mañana. Mucho gusto – le dio la mano a Harry y se dio la media vuelta.
-¿Puedes creerlo?
-Era un hecho que ibas a recibir ofertas al ganar el premio.
Como ya le había dicho su jefe, a Ginny le ofrecieron ser la nueva coordinadora general del periódico. No podía creer todo lo que estaba viviendo. Solo le faltaba estar segura de su embarazo para completar su felicidad. Pero por lo pronto, debía irse a Chicago ese mismo día para unas entrevistas con los directores y el dueño del periódico.
Con el apoyo de Harry, viajó por una semana a Chicago y después a Washington. Ahí eran donde estaban los altos directivos del periódico. Querían asegurarse de que Ginny fuera capaz de tener un buen puesto en uno de sus periódicos más importantes: el de Nueva York.
Durante un descanso, se hizo análisis de sangre primero antes de ir con un doctor. Si era positivo, quería que Harry la acompañara a todas las citas médicas y que vivieron el embarazo juntos, como la primera vez. Mientras le entregaban los resultados, no dejaba de moverse de un lado a otro y morderse las uñas. Con una sonrisa y una felicitación, la señorita le entregó los resultados en un sobre con la palabra: embarazo positivo.
Regresó a Nueva York más feliz que nunca: le había dado muy buenas esperanzas de que iba a lograr el puesto, Harry estaba con ella y lo mejor, le iba a dar un hijo, lo que tanto quería Harry.
Llegó a su departamento después de idear un plan de cómo darle la noticia a Harry. No lo vio en la sala, pero escuchó voces en una habitación que la tenía acondicionada como oficina donde ella escribía sus artículos. La puerta estaba entreabierta y pudo escuchar la voz de su hermano Ron. Se asomó un poco y vio a Harry sentado frente a la chimenea hablando con Ron.
-Aquí esta Ginny, Ron.
-Pero Harry, tú no eres feliz ahí. Me acabas de decir que esta semana ha sido un infierno.
-No estoy acostumbrado a lugares como éste, pero lo haré.
-Tú eres un hombre de lugares tranquilos, no de una gran ciudad. Habla con Ginny, dile lo que estas sintiendo.
-No, Ron, ella es feliz aquí. La hubieras visto recibiendo su premio. Se veía tan hermosa y tan feliz.
-Pero tú no eres feliz. Harry, tarde o temprano vas a terminar mal.
-¿Hablaste ya con Michael Corner?
-Sí, pero no quiere pagar lo que estas pidiendo por tu tienda.
-Acepta lo que te ofrece.
-¡Claro que no! No voy a permitir que tu tienda, por lo que tanto trabajaste, la botes así como así.
-Necesito el dinero.
-Yo puedo encargarme de la tienda y mandarte las ganancias.
-Ron, tienes cuatro hijos y Hermione está embarazada ¡No tienes tiempo!
-Pues no voy a vender tu tienda por ese precio.
-He estado buscando trabajo aquí mientras Ginny no estaba.
-¿Y?
-Fatal. La vida aquí es carísima. Además, no tengo experiencia en nada más que ser vendedor. Por eso necesito que vendas mi tienda ya.
-¡No! Hasta Hermione se escandalizó cuando le dije la cantidad que Corner te quería dar.
-Necesito mantener a Ginny. Ella ha estado pagando todo. También necesito vender la casa, pero eso debo hablarlo con Ginny porque es de los dos.
-Harry, sé realista ¿Qué va a pasar cuando se te termine el dinero? No vas a conseguir un trabajo ahí ganando lo que Ginny está acostumbrada a tener desde que llegó a ese país. Si vas a querer quedarte, vas a tener que aceptar que Ginny es la que va a ganar el dinero.
-Claro que no.
-¡Claro que sí, Harry! – gritó Hermione.
-¿Estoy hablando contigo o con tu esposa?
-Con los dos.
Apareció Hermione en la chimenea, quitando a Ron.
-Harry, todos en la familia coincidimos que estás haciendo un gran esfuerzo por salvar tu matrimonio. Pero nos preocupamos por ti al saber que no estás bien y así las cosas no van a resultar como tú quieres.
-Vamos a estar bien.
-¿Recuerdas como discutías con Ginny cuando recién se casaron por dinero?
Claro que lo recordaba. Ginny trabajaba ya en el periódico local como reportera y vendía fruta con su mamá. Ganaba poco dinero pero siempre lo quería gastar en cosas no tan productivas según él. Y así empezaba la discusión. Harry siempre había soñado con tener su propio negocio y había ahorrado para tenerlo, lográndolo cuando recibió su herencia.
-Harry, van a tener problemas tú y Ginny.
-¿Y qué quieres que haga, Hermione?
-Habla con Ginny, dile cómo te sientes.
-No puedo decirle que estando aquí me siento como un pez fuera del agua. Que me siento completamente perdido. Que extraño tanto estar con ustedes, trabajar con los gemelos, con Ron, jugar con tus hijos, comer todos en familia en medio de pláticas sin sentido, correr con Chester por todo el campo.
-Ese eres tú, Harry y Ginny lo sabe.
-¿Y de que me sirvió, Hermione? La perdí por 8 años. No pienso volver a pasar por eso.
Ron de nuevo apareció en la chimenea, quitando a Hermione.
-Harry, acaba de venir George. Michael Corner aceptó darte lo que le pides por tu tienda.
Harry se quedó un momento en silencio.
-Hazlo, Ron.
-¿Estás seguro?
-Sí. Vende mi tienda – le dijo con tristeza.
Ginny no podía creer lo que estaba escuchando, sus ojos derramaban lágrimas sin parar. Ella era feliz pero Harry no. En Nueva York, no lo era. Se encerró en el baño a llorar. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué nunca le preguntó a Harry como se sentía en esa ciudad?
Escuchó ruido y supuso que Harry ya había terminado de hablar con Ron y Hermione. Se vio en el espejo y se aseguró de verse bien.
-Hola, amor.
-Ginny ¿Cuándo llegaste?
-Acabo de llegar, pero necesitaba urgentemente ir al baño.
-¿Cómo te fue?
-Muy bien. Me entrevistó mucha gente. Fue algo cansado pero valió la pena.
-¿Te dieron el puesto?
-Aun no lo sé. Creo que mañana me lo dirán ¿Tu como estas?
-Bien.
-¿Qué hiciste?
-Buscar trabajo – le mostró los periódicos que tenía en la mesa en la sección de clasificados – es un poco complicado pero ya habrá algo – le sonrió - ¿tienes hambre?
-Un poco, pero me quiero dar un baño. El viaje fue algo pesado.
-Prepararé algo de comer.
Ginny preparó el agua de la bañera. Le puso jabón relajante y puso unas velas aromáticas. Quería pensar. Recordó su vida en Ottery y sonrió al instante. Ella era feliz ahí, con su familia y con Harry. Era verdad que no era un lugar espectacular pero había tranquilidad. Y sabía que a Harry le encantaba eso. Siempre estuvo agradecido con los Weasley de haberlo adoptado y llevado a Ottery. Harry amaba ese pueblo, se sentía parte de él. ¿Qué iba a hacer ahora?
Harry se había portado excelente con ella ese día. Le propuso salir a caminar un rato o de paseo, pero Ginny no estaba de mucho ánimo. Su mente estaba ocupada en el día siguiente, el día en que tomaría una decisión que marcaría el camino hacia su futuro.
Ginny llegó a las oficinas del periódico donde trabajaba. Después de trabajar para la revista que la llevó a Nueva York, le ofrecieron el puesto de reportera en ese periódico. Le gustó de inmediato, era algo más serio y le ofrecían mucho más sueldo. Siempre se había sentido muy a gusto ahí. La llamaban: pelirroja inglesa y era víctima de las burlas por su acento inglés, pero todas la adoraban. Se sentó en su silla y acarició su escritorio. Estaba lleno de papeles, libros y un florero. Algo que había heredado de su madre. "Siempre hay que ser femenina, Ginny" le decía Molly al vivir entre tanto hombre y sobre todo al ver que Ginny hacía casi todo lo que sus hermanos y Harry hacían.
Fue llamada por su jefe y por el gerente general para pasar a su oficina dándole la noticia que tenía el puesto.
-¿Qué dices, Ginny? ¿Aceptas?
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Había recibido la carta de contestación de su madre con todos los datos que le había pedido del comprador de la tienda de Harry. Gracias a Dios, Molly no cuestionó gran cosa, y gracias a George, pudo obtener la información.
Se comunicó con Michael Corner esperando que no sea demasiado tarde.
-Lo siento, esta mañana el Sr. Ronald Weasley y yo firmamos la compra venta de la tienda de Quiddicth. Ahora es mía.
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Ya había tomado la decisión cuando salió del periódico dejando a todos muy asombrados. Ahora ya nada la iba a detener.
-Harry ¿Qué te parece si vamos a Ottery a ver a mis padres? – le dijo Ginny mientras se metía bajo las sabanas para acostarse a un lado de él.
-¿A Ottery?
-Sí, mamá aun esta delicada de su corazón y me gustaría visitarla, además ¿no te gustaría ver a Hermione embarazada?
-Después de cuatro embarazos no creo que sea algo nuevo.
-Anda, vamos.
-Tengo un par de entrevistas de trabajo para el lunes.
-Solo vamos el fin de semana.
-¿Y tu trabajo?
-Eso puede esperar.
Habían llegado a Ottery muy temprano, quien los recibió fue Chester, que ahora lo cuidaban Molly y Arthur. Desayunaron con ellos para después unirse toda la familia. Todos estaban contentos de verlos juntos y que sus problemas se hayan resuelto, pero aun así no estaban del todo a gusto al tenerlos lejos.
Harry era otro, definitivamente. Ginny lo observaba y sabía que ese era el verdadero Harry. Su sonrisa, sus gestos, sus movimientos de manos al hablar con Ron y los gemelos. Ese era el Harry del cual ella se enamoró.
Ya por la noche, llegaron a su casa. Chester saltaba emocionado al estar de nuevo ahí con ellos.
-Mañana quiero que me acompañes a un lugar.
-¿A dónde?
-No preguntes, es una sorpresa.
-¿Qué tramas, Ginny? – le sonrió atrayéndola hacia él.
-Es una sorpresa.
Caminaron por el callejón diagon directo a la tienda de bromas. Ahí ya se encontraban los gemelos y Ron, éste último regañando a Hugo por mezclar la mercancía.
-Buenos días ¿Qué hacen tan temprano? ¿Acaso vienes a trabajar, Harry? – le dijo Fred.
-¿Necesitan ayuda?
-Aquí siempre necesitamos ayuda.
-Lo siento, pero mi esposo no está disponible por ahora – les dijo Ginny a sus hermanos.
-¿Por qué no, enana?
-Tenemos planes.
-Estamos hasta el tope de trabajo. Ron tuvo que traerse a Rose y a Hugo para ayudar a Hermione y Harry está aquí. Él puede ayudarnos.
-Lo siento.
Harry se encogió de hombres siendo empujado por Ginny hacia la salida. George le hacía señas de que Ginny le pegaba y Ron le mostraba el dedo medio de su mano.
-¿A dónde vamos?
Ginny caminó tomando del brazo a Harry con una sonrisa.
-¿No me vas a decir?
-Que desesperado eres.
Llegaron, justo frente a la tienda de quidditch. Harry la vio con nostalgia.
-¿Entramos?
-¿Para qué? Ya no es más mi tienda.
-Hola, Harry – salió Luna con una sonrisa.
-Luna ¿aun sigues trabajando aquí?
-Claro, no me has corrido según yo.
-Pero… esta ya no es más mi tienda.
-Ven – le dijo Ginny entrando tomando a Harry de la mano. Luna le sonrió y cerró la puerta principal cambiando el letrero a "cerrado" y la vieron alejarse dando pequeños saltitos.
-¿Qué pasa?
-Quise que estuviéramos aquí, en tu tienda, en tu sueño hecho realidad.
-Ginny, esta tienda ya la vendí – le dijo Harry como explicándole a una niña pequeña.
-Sí, pero yo la compré de nuevo.
-¿Qué?
-Se la compré a Michael Corner. Un baboso por cierto, tuve que ofrecerle también el departamento de Nueva York.
Harry dio dos pasos hacia atrás soltando de la mano a Ginny.
-¿De que estas hablando, Ginny?
-Harry, quiero regresar a Ottery. Quiero la vida que teníamos antes.
-Pero…tú trabajo, tu nuevo puesto…
-Lo rechacé.
-¿Qué?
-Dije que no.
-Pero ¿Por qué?
-Porque no éramos felices en Nueva York.
Harry bajó la mirada rascándose la nuca.
-¿Te lo dijo Ron o Hermione?
-No, lo escuché mientras hablabas con ellos.
-Ginny, puedo hacer un esfuerzo para…
-No quiero que hagas eso.
-Pero tú, tu trabajo…
-Quiero trabajar contigo aquí. Quiero que esta tienda sea nuestra.
-¿Estas segura?
-Sí. Lo pensé muy bien y estoy segura.
Harry la veía a los ojos emocionado.
-Tus padres se pondrán felices al saber que regresas a vivir aquí – la abrazó con una gran sonrisa.
-Bueno, ellos ya lo saben – Harry se separó de ella – y Luna. Tenía que decirles para que me ayudaran.
-Lo planeaste.
-Absolutamente todo.
Voltearon hacia el aparador donde estaba una escoba exhibiéndose. Unos niños se detuvieron a verla con gran admiración y comentaban lo espectacular que era.
-¿Sabes que fue lo que me mas me motivo a regresar?
-¿Tus padres? – Ginny negó - ¿yo?
Ginny tomó la mano de Harry y la llevó a su vientre.
-Quiero que crezca aquí y no en una gran ciudad encerrado en un departamento lujoso.
Harry abrió mucho los ojos y la vio asombrado.
-Vamos a tener un hijo. Estoy embarazada.
Harry empezó a respirar entrecortadamente, sus ojos se llenaron de lágrimas al igual que los de Ginny.
-¿Estas…embarazada? – le dijo Harry con un hilo de voz.
-Sí, mi amor.
Harry la abrazo para después llenarla de besos por toda la cara.
-¿Desde cuándo lo sabías?
-El día que llegaste a Nueva York.
-¿Qué?
-Ese día me había hecho una prueba casera, pero quería estar segura. No fue hasta que estuve de viaje que pude hacerme bien la prueba de sangre. Quise decírtelo cuando llegue, pero fue cuando te escuche a ti y a Ron con Hermione hablar por la chimenea. Ya después me dedique a recuperar la tienda. No te enojes, por favor, quería decírtelo aquí.
-¿Quién más lo sabe?
-Solo tú. Juntos daremos la noticia a todos.
Todos estaban asombrados y muy felices cuando, juntos y tomados de la mano, dieron la noticia a todos en la madriguera. Hermione fue la que no había parado de llorar, con el embarazo era un mar de lágrimas de felicidad al estar su mejor amiga y cuñada embarazada igual que ella.
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Harry caminaba de un lado a otro frotándose las manos. Ese ruido crujiente ya lo estaba sacando de quicio y puesto los pelos de punta.
-¿Quieres parar de hacer eso?
-¿Qué? Tengo hambre – le decía Ron metiéndose en la boca otra fritura que había sacado de las maquinitas.
Harry simplemente resopló y continúo con su caminata.
-¿Seguro no quieres que te traiga algo? Tal vez comiendo te calmes un poco.
-No puedo comer en estos momentos, tengo la garganta completamente cerrada – se detuvo frente a Ron -¿Cómo pudiste pasar por esto cinco veces?
Ron se encogió de hombros.
-El primero es el difícil, ya después no pasa nada.
-¿Señor Potter?-
-Sí, soy yo.
-Su esposa está ya en la sala de partos. Puede usted pasar.
Harry volteó a ver a Ron súper nervioso.
-Anda ve a ver nacer a tu hijo – le dijo con una sonrisa – y Harry – lo detuvo antes de entrar por la puerta que le indicaba la enfermera – ver nacer a tu hijo, es el milagro más asqueroso que te puedas imaginar.
-Eres un imbécil, Ron.
-Lo sé, pero es la verdad.
Ginny había sido muy valiente durante todo el parto. Solo hacía pequeños pujidos y quejidos pero sin ningún grito. Harry la acompañó en todo momento junto con Molly.
Cuando el doctor le entregó al recién nacido a Harry envuelto en una manta azul, sintió una felicidad inexplicable. Su hijo en sus brazos. Por fin. Era un pedacito de carne y hueso de apenas 3 kilos y medio que le producían muchos sentimientos a la vez: alegría, miedo, esperanza, angustia, en fin, sentía que el corazón se le iba a salir.
-¿James?
Harry levantó la mirada para ver a Ginny.
-James – asintió Harry con una sonrisa.
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Ron le pasó un paquete de galletas a Harry, quien las abrió para después empezar a comer una por una. Se quedaron un momento en silencio mientras comían.
-¿Jugo?
-¿De cuál trajiste? – le preguntó Harry.
-Solo había de naranja en la maquinita.
-Cada vez ponen de menos sabores.
Ron asintió en acuerdo y siguieron comiendo.
-¿Por qué tarda tanto? – preguntó Harry dándole un trago a su jugo.
-Seguro Hermione le ha de estar diciendo al doctor todo lo que debe de hacerse en un parto – dijo Ron.
Los dos empezaron a reírse.
-Cierto. Cuando nació Albus, Ginny tuvo que decirle o que se callara o mejor que se fuera. Quería que Molly estuviera en su lugar como cuando nació James.
-Mamá ya no está para partos. Con los suyos creo que fueron suficientes – siguieron riéndose – y todavía le tocó estar con los de los nietos.
-Tu mamá ha visto muchos milagros asquerosos.
Los dos soltaron una carcajada. Hermione apareció por la puerta poniendo las manos en la cintura al ver a su esposo y cuñado sentados con golosinas en las piernas y riéndose a carcajadas en pleno hospital.
-¿Ya terminaron?
Los dos se pusieron serios de inmediato.
-Harry, Ginny ya está lista en la sala de partos. Te espera.
-Ya voy – Harry le entregó su paquete de galletas y jugo a Ron y se sacudió las boronas del pantalón -¿Por qué tardaron tanto?
-Tu hija no va a nacer cuando tú quieras.
-Solo era una pregunta, Hermione.
-¿Quieres, por favor, ir por Rose? – le dijo a Ron - Dijo que quería ser la primera en conocer a su prima Lily.
-Pero todavía no nace.
-Ginny ya tiene nueve centímetros de dilatación, Ron ¿si sabes lo que eso significa?
-Sí, lo sé. He visto tus nueve centímetros de dilatación cinco veces.
-Pues anda, ve por Rose.
-¿Ya tiene nueve? – le preguntó Harry a Hermione -¿tan rápido?
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Ginny veía a lo lejos como James se subía a un árbol, mientras Albus intentaba seguirlo, y Lily solo los veía levantando su cabecita hacia arriba siendo imitada por Chester. Sonrió al ver que Harry llegaba en su camioneta y por error se estacionó en un charco de lodo.
-Ya atascaste la camioneta.
Harry se bajó intentando no ensuciarse mucho.
-¿Recuerdas como yo atasque un carro ahí?
-Claro que lo recuerdo. Fue el día que regresaste después de ocho años que pasaste desaparecida – le dio un beso en la boca.
-Cierto – dijo Ginny recordándolo – fue ese día.
-¿Y los niños?
-Jugando, ayer llovió mucho y casi no salieron a jugar. Se sentían desesperados. No pueden estar en casa mucho tiempo.
-Les encanta el campo.
-¿Qué tal te fue?
-Muy bien. Llegaron las nuevas escobas.
-¡Por fin!
-Sí, Luna ya estaba algo histérica al respecto.
Ginny sonrió y recargó su cabeza en el hombro de Harry.
-Gracias, Harry.
-¿Por qué?
-Por hacerme volver a ti.
-Fuiste tú quien viniste.
-Si me hubieras firmado el divorcio cuando te envié al abogado… - volteó a verlo a la cara – gracias por ser como eres.
-Soy lo que soy gracias a ti.
-¡Papi, mami, lo logré! – gritó Albus desde arriba del árbol, a un lado de James.
-¡Ten cuidado, Albus! – Le gritó Ginny – no te vayas a caer – lo dijo más para sí misma.
Harry la tomó de la mano apretándola un poco.
-Lo estás haciendo bien.
-Me ha tomado algo de tiempo ¿no? Volver a tener confianza en subir a un árbol y dejar que los niños lo hagan.
-Sí, pero sabes que cuentas con todo mi apoyo.
Ginny le sonrió. Harry volteó a ver a sus hijos. Ahora Lily intentaba subirse arriba de Chester para que la paseara.
-Ya tenemos tres hijos. Tres maravillosos hijos – le dijo Ginny.
-Aún podemos alcanzar a Ron y a Hermione.
-¿Qué? ¿Estás loco?
-¿Por qué?
-Hermione está a nada de entrar al manicomio ¿quieres eso también para mí?
-Exageras. Tus papás tuvieron siete.
-Seguro que cuando alcancemos a Ron y a Hermione me dirás que ahora alcancemos a mis papás.
-No es mala idea.
Ginny le dio un largo beso a Harry.
-Claro que no es mala idea.
Harry empezó a besarla envolviéndola en sus brazos, segundos después Ginny se separó un poco.
-Hablando de Hermione, me pidió que le cuidara a los niños porque quiere salir con Ron.
-Oh, por Dios, eso es peligro. Terminará embarazada otra vez.
-Fue lo que le dije ¿cuidas a los niños?
-Claro.
Caminó unos pasos siendo observada por Harry.
-¿Volverás?
Ginny volteó con una sonrisa.
-Siempre volveré a ti.
Sé que me tardé una eternidad para poder terminar éste fic, pero lo hice, fue un reto porque no se me da mucho escribir finales felices aunque me encanten.
Mil gracias porque a pesar de tanto tiempo, aun seguía recibiendo favoritos y alertas y uno que otro review dándome ánimos para terminarlo.
Gracias, gracias, gracias.
Nat.
