El fic es de Isabel0329, yo solo lo traduzco.


Capitulo 10: Nada de travesuras

"Espera un jodido segundo, señorita. A ver si lo he entendido. Tienes a un tío que está súper bueno para acostarte con él y que está dispuesto a ello. ¿Y tú no estás allí follándotelo hasta volverle loco?"Dijo Alice enfurruñada.

"¡Alice! ¡No digas eso! Suena tan… sórdido."Chillé, agitando las manos.

Ella se rió de mí.

"Vale, si insistes… tienes un chico muy atento que quiere hacer el amor contigo. Y tu insistes en ¨esperar¨ a conocerle mejor."Dijo de otra manera.

Sonreí. Eso sonaba mejor.

"¿Y qué has descubierto de él hasta ahora qué sea tan malditamente interesante como para dejar el sexo durante algún tiempo?"Dijo y cruzó los brazos.

"Un montón de cosas."

Hasta ahora me había entera de que los cereales favoritos de Edward eran los frosties de Kellogg´s porque le gustaba el tigre, Tony, cuando era niño. Conducía un Volvo plateado último modelo que mantenía en perfectas condiciones. Su tipo de comida favorita era la italiana. Prefería los bóxers a los slips, pero de vez en cuando iba en plan comando (N/t:sin ropa interior) (no pensé demasiado en eso, ya que invariablemente me conduciría a pensamientos menos virtuosos.) Le encantaba cocinar panqueques de arándanos. Su madre le había enseñado a hacerlos cuando tenía catorce años, diciéndole que un hombre no necesitaba a una mujer para todo.

Tenía mis datos favoritos que habia aprendido de él, aunque tenían poco que ver con sus preferencias y más con su autentico yo.

Cuando hablaba de música la emoción lo embargaba y gesticulaba con las manos. También, evidentemente, tenía a sus padres en alta estima porque cuando hablábamos de ellos sentía como el amor irradiaba por todos los poros de su cuerpo. Era todo un caballero, me abría las puertas y sacaba mi silla cuando íbamos a un restaurante. Le gustaba cogerme de la mano, algo a lo que fácilmente me acostumbré.

Por supuesto, pusimos a prueba nuestros límites en barias ocasiones, pero ambos conseguimos mantener la compostura recordando la existencia de las normas. También ayudaba el hecho de que pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo en su casa y Emmett siempre encontraba la manera de dejarse caer a nuestro lado antes de que las cosas llegasen demasiado lejos.

Comenzaba a pensar que Edward le había pedido ayuda. Él siempre parecía aparecer en el momento adecuado… aunque tal vez debería decir en el momento equivocado.

Pero de cualquier forma estaba agradecida de que Emmett estuviese por allí pasa sacarnos de aquel vértice. Disfrutaba a prendiendo cosas sobre Edward y sobre lo que le pasaba por la cabeza.

"¡Tierra a Bella!"Dijo Alice en broma."De verdad, siempre pareces estar en tu pequeño mundo. Es decir ¡cuando ahora estás aquí para verme a mí!"

Agaché la cabeza avergonzada. Era cierto que últimamente no había pasado demasiado tiempo con ella, porque estábamos aprovechando los últimos días de las vacaciones de Edward para estar juntos. Esta noche seria la ultima que tuviese libre y mañana tendría que volver a trabajar dejándome sola por las noches. Solo pensarlo ya me hacía daño.

"Tengo una idea Bella. Ya que conozco poco al pichoncito Edward (lo que me molesta bastante, por cierto) ¿por qué no salimos a cenar todos esta noche?"Preguntó Alice.

Gemí. Esperaba poder pasar la última noche libre de Edward con él en su cama, algo que había deseado hacer durante las últimas noches. Mi insomnio parecía haberme dado un respiro últimamente, incluso aunque lo que quisiera hacer fuese estar despierta cada segundo que Edward pasaba conmigo.

"Bella, sabes que me lo debes por haberme ocultado a Edward. En serio ¿tiene un tercer ojo o algo así?"Bufó Alice dando un suave pisotón.

"No, Alice. No tiene un tercer ojo. Sus dos ojos son perfectamente magníficos no necesita ninguno más."Me reí.

"¿Entonces qué me dices de la cena?"

"Bien. Llamaré a Edward y se lo preguntaré. "Cedí. Realmente no tenía mucho sentido pelear contra ella cuando de todas formas siempre conseguía lo que quería. Era preferible dejarse llevar y no ir en su contra.

"Dile que también se lo diga a Emmett, si está libre. Quiero conocer al bestia del hermano del que tanto te quejas."Dijo.

Saqué mi teléfono móvil y marqué el número de Edward.

"Hola."Respondió.

"¿Edward?"La voz me salió como un suave chillido.

En serio ¿qué pasaba conmigo? Era una mujer de veinticinco años, inteligente con matrícula de honor en las notas de la universidad y que estaba licenciada en filología inglesa. Uno pensaría que me iría mejor con mí lengua materna alrededor de Edward.

"Bella."Exclamó."¿A qué debo este placer?"

"Qué tonto que eres a veces, Edward."Me reí.

"¿Qué quieres qué diga? Sacas el tonto que está escondido en mi interior."Se carcajeó.

"Bueno, te he llamado porque no teníamos planes definitivos para esta noche y Alice ha preguntado si nos gustaría cenar con ella. Y doy por supuesto que Jasper irá acompañándola. Nunca va a ningún sitio sin él."Le dije.

"Suena bien. Tengo curiosidad por ver si es tan endemoniada como dices."Contestó.

"¡Lo he oído!"Gritó Alice detrás de mí.

Edward se rió de ella y yo le lancé a Alice una sonrisa burlona.

"No creo que me quiera después de haber oído eso."

"Qué tu bonita cabeza no se preocupe por ella. Déjamela a mí. Soy toda una profesional tratándola."Dije sacándole la lengua a Alice.

"Madura, Bella ¿Qué tienes? ¿dos años?"Dijo burlándose de mí.

"Alice también quiere saber si Emmett está libre."Comenté siguiendo mi conversación con Edward.

"Creo que lo está. Rose no volverá de su viaje hasta dentro de unos días, lo que significa que, hasta entonces, es más o menos un hombre libre."Explicó.

"Aunque espero que no se sienta como un sujeta velas junto a dos parejas."

"Piensa en él simplemente como en un neumático de repuesto."Reflexionó.

"Entonces así quedamos."Dije.

"¿Os reunís con nosotros en algún sitio o vamos a buscaros?"Preguntó.

Me giré hacía Alice que hacia un segundo que se había alejado y ahora volvía hacia mí.

"Alice ¿quedamos con ellos en algún sitio o vienen a buscarnos?"Le pregunté tapando el teléfono.

"Que Edward y Emmett vengan a buscarte, Jasper y yo iremos juntos. Acabo de hacer las reservas en un restaurante italiano que está a las afueras de la ciudad."Respondió Alice.

"Edward, venid a recogerme…."Le dije.

"6.30."Dijo Alice.

"A las 6.30."Le dije.

"Estaré allí, exactamente a las seis y media."Contestó.

"Te veré dentro de poco."Expiré.

"Hasta luego Bella."

Cerré el teléfono y entorné los ojos mirando a Alice.

"Alice ¿Ese es el sitio que creo qué es?"Le pregunté.

"Sí. Ya sabes que quería volver a ir."Dijo riéndose tontamente.

"Pero ¿cómo has podido hacer una reserva para tantas personas en tan poco tiempo después de lo que sucedió la ultima vez?"

La última vez que habíamos ido a ese sitio, yo había tropezado con una alfombra del comedor y me había caído de cabeza contra un camarero que llevaba un montón de platos. Platos que llevaban la comida estrella del restaurante: espaguetis. Platos que salieron volando hacia el banquete de una boda. Me había avergonzado un montó y estaba preparada para que me prohibiesen volver allí de nuevo.

Alice soltó una risita y en su rostro apareció la culpabilidad.

"Fácil, Bella. Le dejé mirar el escote de mi camisa y justo ahora acabo de recordarle con quién estaba hablando por teléfono."

"¡Alice! ¡Solo tú harías eso!"Me reí.

"Bueno, funcionó ¿verdad? No te prohibieron entrar durante toda la eternidad."

Me encogí de hombros. Tenía razón. Y los espaguetis que hacían eran particularmente deliciosos.

"Como sea, pero no dejes que Jasper te pille haciéndolo otra vez. No creo que él estuviese dispuesto a compartir a esas dos con otra persona."Dije dándole un golpecito en el pecho.

"Sí, es bastante territorial con esas cosas ¿verdad?"Se rió y con las manos abarcó sus pechos.

"Woah, Alice. No necesito mirarte mientras te tocas pensando en Jasper."Sacudí la cabeza y me fui rápidamente a mí cuarto.

A veces no me gustaba tener una compañera de piso que tuviese novio.

Era cuestión de tiempo que Alice interrumpiese y comenzase a volverme ¨perfecta¨ para la salida de esta noche, y yo tenía que trabajar. No sabía lo que Edward y yo haríamos después de cenar. Sin embargo conociendo a Alice, probablemente querría llevarnos a algún pub o a bailar. En serio la niña tenía la energía suficiente como para competir contra una planta de energía nuclear.

Saqué el manuscrito de mi maletín, me senté frente al escritorio y cogí mi fiel bolígrafo de tinta roja de la taza de café donde tenía mis lápices y mis otros bolígrafos.

Mi editor me había suplicado que le echase un vistazo a esta pieza, diciendo que a pesar de no ser habitual en mi género de trabajo, solo confiaba en mí.

Gemí cuando vi el titulo.

La novia pechugona del bucanero de la bahía.

Oh, Dios. Era una de esas malas novelas románticas. Ella tenía razón. Esto no era normal en mi género de edición.

Yo odiaba estas novelas. No tenían ningún mérito literario, aun cuando había millones de mujeres que las encontraban fascinantes. Me consideraba una snob literaria debido a mi especialización en filología inglesa y por lo general me mantenía a dos metros de distancia de estas cosas. A Alice, por otro lado, le encantaban y tenía una pequeña colección en su habitación.

Hmmm, tal vez Alice pudiese dar un mejor juicio que el mío. Es más probable que yo lo reescriba con un estilo parecido al de Jane Austen.

Suspiré y volví a mirarlo.

Supongo que tendría que aguantarme y hacerlo. Tal vez si ignoraba el título y me concentraba en las auténticas palabras de cada página.

Mientras leía, para mi sorpresa, me vi envuelta en la novela. Los personajes estaban bastante bien escritos y no eran planos. Tenía una decente descripción y casi podía imaginarme todo lo que se había escrito en cada página.

Tal vez tendría que reconsiderar mi opinión respecto a este género.

Seguí leyendo.

Entonces llegué a la primera escena de sexo.

Cuando más leía, más caliente se volvía. En realidad era casi obsceno. Podía sentir el sonrojo de mis mejillas y el rubor que me manchaba la cara.

Y lo gracioso era que ya me había olvidado de los personajes. Era Edward el que estaba haciendo todo lo que aparecía en el libro. ¡A mí! Casi podía ver su cabeza broncínea entre mis piernas y sentir su lengua a mi alrededor. El personaje tocaría a la heroína y yo podría sentir los dedos de Edward en mi piel.

¡Estaba excitándome seriamente al leer este maldito libro! Era vergonzoso que unas pocas palabras pudiesen tener ese efecto en mí. La temperatura de mi habitación subió lentamente y tiré del cuello de mi camisa, tratando de librarme de algo de calor.

Llamaron con fuerza a mi puerta y pegué un salto alejándome del escritorio, sujetando aun el bolígrafo.

"¿Bella?"Me llamó Alice."Casi son las seis. Probablemente deberías comenzar a prepararte si quieres llegar a tiempo."

"¡De acuerdo, Alice!"Chillé.

"¿Bella? ¿Estás bien? ¿Quieres que te ayude a vestirte?"Preguntó.

¡Por favor que no entre! ¡Por favor que no entre! Ella sabría lo que me pasaba con solo mirarme.

"Estoy bien. Solo un poco ocupada."Dije con la voz rota.

"Ocupada ¿eh? ¿Ocupada con qué?"Dijo y me parecía que se moría de la curiosidad.

"Trabajo."

"Bien, te doy cinco minutos y después entraré, estés ¨trabajando¨ o no."Dijo riéndose.

"Está bien, Alice."

Oí como sus pasos se alejaban de la puerta y volví a mirar los papeles que había en mi escritorio.

Estúpido escritor y sus escenas descriptivas. Estúpido Edward por parecerse al personaje. Estúpida yo por fantasear con él.

Oh, espera. Lo último no es estúpido. Incluso si me avergonzaba admitirlo.

De repente fui dolorosamente consciente del acuerdo que tenía con Edward. Queríamos poner límites. El cerebro antes que el cuerpo, que es lo que siempre me recordaba a mí misma.

Bueno, solo porque dijese que no habría sexo no significaba que no pudiese disfrutar un poco.

Cogí mi teléfono móvil y lo abrí para enviarle un mensaje a Edward.

No te imaginarias el texto que tengo que leer para el trabajo. –B

Presioné la tecla de enviar y cerré el teléfono. Cogí todas las páginas del libro, las reorganicé y las guardé otra vez en el maletín para volver a echarles un vistazo en un futuro. Mi teléfono señaló que tenía un mensaje nuevo y lo miré.

¿De qué se trata? ¿Algo interesante? –E

Sonreí, pensando en cómo podría hacerlo.

Algo que me recuerda a ti. –B

Al minuto de enviar el mensaje mi móvil volvió a sonar.

Oh, ahora estoy interesado ¿Qué te recuerda a mí? –E

Esto iba a ser bueno.

Una cosa que podrías estar haciéndome. –B

No pasaron ni 30 segundos antes de tener un nuevo mensaje.

¿El qué? – E

Me reí entre dientes, o bien era lento o estaba jugando conmigo.

Algo que nuestras normas prohíben. –B

La respuesta de Edward fue incluso más rápida esta vez.

¿Estás dispuesta a flexibilizar los límites?

Sabes que te lo haré.

Y será muy bueno.

Más que increíble, si no recuerdo mal. –E

Mi mandíbula se desencajó. Él estaba usando mis propias palabras en mi contra. Escribí rápidamente antes de que pudiese traicionarme.

Aún no.

Tengo que irme.

Alice va a vestirme.

Otra vez con la falda ceñida. –B

Puse el móvil en silencio después de enviar el último mensaje. Otro mensaje más de Edward y mandaría los limites a tomar viento.

"¡Bella! ¡Voy a entrar! ¡Y no me importa si estás con el culo en pompa! Se me hará más fácil vestirte."Dijo Alice al otro lado de la puerta antes de abrirla.

Me detuve en medio de la habitación, mirándola. Mi mandíbula seguía desencajada y estaba segura de que yo era bastante obvia.

"¿Qué estás mirando?"Preguntó.

"No me creerías si te lo dijera."Dije finalmente.

"Inténtalo."

Logré balbucear mi conversación por mensajes de texto con Edward pero Alice simplemente se rió y puso los ojos en blanco.

"Eso no es nada Bella. Muy insípido comparado con algunas de las cosas que Jasper y yo nos hemos dicho por teléfono."Rió.

Rápidamente me tapé los ojos y dije:"¡No quiero saberlo!"

Alice simplemente siguió riéndose y bailó hasta mi armario. Cuando encontró algo aceptable me lo lanzó y yo me lo puse a regañadientes.

Afortunadamente, seleccionó un conjunto que me gustaba más. Había escogido una falda negra que me llegaba por encima de la rodilla y tenía una pequeña abertura. Para la parte de arriba escogió un sweater plateado encima de una camisola de seda negra. Era sexy, pero al mismo tiempo elegante.

No era algo que utilizase normalmente. En realidad ni siquiera me había puesto estas dos prendas juntas.

Alice se marchó para que me vistiese y cuando lo hice me acerqué al espejo. Me alisé la falda y suspiré mirando mi reflejo.

Me devolvió la mirada fijamente. Se parecía a mí, pero había diferencias. Sus hombros estaban más erguidos y los ojos tenían un destello diferente.

¿Era esta la Bella que Edward veía? ¿La que él decía que era hermosa?

Nada de eso, para llamarme hermosa.

Pero lo gracioso era que, aunque no estuviese de acuerdo con él, me gustaba que Edward me lo dijese. Viniendo de él sonaba distinto que de cualquier otra persona. Cuando Alice me lo había dicho yo pensaba que intentaba aumentar mi autoestima. Cuando el imbécil lo había dicho en mi cafetería preferida, yo sabía que había estado incordiando.

Sin embargo, cuando lo decía Edward, casi me parecía que lo sentía de verdad. Como si pensase en serio que yo era hermosa.

Sonreí ante este pensamiento.

Saqué los zapatos planos de color negro que utilizaba para ir a trabajar y me los puse. Alice no querría que los llevase, pero no me apetecía repetir lo que sucedió la última vez que fuimos a ese italiano. Me dio un escalofrío pensando en lo que Alice tendría que hacer si volvía a pasar. Probablemente algo que a Jasper no le gustaría.

El timbre nos avisó de que había alguien frente a la puerta del edificio y salí de mi cuarto para responder.

"¿Si?"Dije al telefonillo después de pulsar el botón.

"Madam, su montura espera."Dijo la voz de Emmett.

"Muy gracioso Emmett. Y no engañarás a nadie con ese horrible acento francés."Me reí.

"Maldición. Y yo que pensaba que era bueno."Dijo dolido.

"Ahora bajamos. Deja que coja a Alice y bajemos en el ascensor, enseguida estamos ahí."Le dije.

"De acuerdo."Dijo riéndose.

"¿Alice? ¡Ya están aquí! ¿Dónde está Jasper?"Grité.

"Está a la vuelta de la esquina. Pero voy a bajar contigo para conocer a ese tío tan sexy con el que has empezado a follar."Se rió.

"¡Alice!"Chillé."Y eso de ¨follar¨ fue solo una vez, Alice."

"Como sea, virgen."Respondió ella, poniendo los ojos en blanco.

"¡Ya no!"Me reí entre dientes.

Cerramos la puerta del piso y bajamos en el ascensor, de nuevo lentamente. Dios, algún día chillaré en una de estas cosas. Endemoniadas cajas torpes, eso es lo que eran.

Edward y Emmett estaban frente al edificio esperándonos. Emmett estaba inclinado contra el gigantesco jeep rojo, en el que en la parte superior había unas grandes luces. Se me pusieron los ojos como platos.

"Caramba, Emmett. ¡Perece un tanque!"Exclamé.

Él me sonrió.

"Sí. Es guay ¿verdad?"Dijo.

Alice tosió suavemente y entonces recordé que estaba junto a mí.

"Bueno Alice, este es Edward y el bestia del coche que podría pasar sobre una mina es Emmett."Dije haciendo un gesto a cada hermano.

Alice caminó directamente hacia Edward y le ofreció la mano.

"Entonces tu eres el afortunado tio sexy que se está tirando a mi mejor amiga y compañera de piso."Dijo tranquilamente.

La mandíbula de Edward se abrió de golpe y Emmett bramó de risa.

"Vaya, Edward. No pensaba que ninguna otra presentación podría ser mejor que la de Bella, ¡pero creo que tenemos una ganadora!"Dijo riéndose.

Yo, por otro lado, me iba volviendo de distintos rojos a cada segundo que pasaba. Alice siempre tenía su propia forma de utilizar las palabras pero, desgraciadamente, siempre acababa avergonzándome.

Cuando finalmente la boca de Edward consiguió cerrarse sonrió de forma astuta y se volvió hacia mí.

"Supongo que lo soy. Pero no últimamente, por desgracia."Dijo sin reparos.

Oh, no. Otra vez no. Malditos límites.

"Probablemente deberíamos ponernos en marcha. Hay mucho tráfico últimamente."Tosí."Alice ¿vas a ir con Jasper?"

"Sí, claro. Está a la vuelta de la esquina. De hecho, creo que el coche que se acerca es el suyo. Marchaos y si llegáis antes que nosotros solo tenéis que recordarle al encargado que Alice ha llamado."Dijo elevando las cejas mientras me miraba.

Edward me observó y temblé de la cabeza a los pies.

Emmett ya se había acerado al lado del conductor y Edward extendió una mano hacía mí para ayudarme a subir al gigantesco coche.

"¡Oh, que dulce! Quizás no sea tan imbécil después de todo."Dijo Alice soltándose una risita y aplaudiendo.

Me reí entre dientes de ella y acepté la mano de Edward. Para entrar di un paso tan elegantemente como pude y sentí las manos de Edward en mi cintura dándome un empujón.

Giré la cabeza levemente para poder mirarle a la cara.

"Ya sabes, soy una chica grande. Puedo entrar en un coche por mis propios medios."Le dije.

"Sí, pero entonces no tendría esta encantadora vista, ¿verdad?"Respondió.

Me ruboricé por sus palabras, consciente de que probablemente podía ver mi falda ajustada.

Cuando finalmente entré en el coche, me instalé en el asiento trasero y miré a Edward. Esperaba que se sentase donde el copiloto, pero se deslizó en el asiento de al lado, junto a mí.

Me senté para mirarle, sorprendida q porque hubiese decidido sentarse ahí, cuando el asiento delantero era más grande y cómodo.

Él se encogió de hombros y puso una mano en mi pierna, colocada cuidadosamente en la abertura de la falda que ahora me quedaba peligrosamente más arriba.

Esbozó una sonrisa torcida y entonces comprendí porqué se había sentado conmigo.

Me incliné hacia él y le exhalé un suspiro junto a su oreja antes de hablar.

"No hagas travesuras, Sr. Cullen. Tenemos compañía."Cuchicheé.

Edward tembló y yo sonreí por el efecto que tenía en él.

"¡Eso, Eddie! ¡Tu conductor no desea que hagas travesuras allí atrás!"Se rió Emmett desde el asiento del conductor.

"No soñaría con eso Emmie."Dijo mirándole detenidamente.

Me reí. Menuda pareja.

Edward me miró y sonrió. Su mano se deslizó un poco más arriba por mi pierna y sentí su dedo pulgar presionando el área de carne desnuda. El corazón me falló en el pecho.

Casi era injusto que pudiese hacerme eso. Casi.

"Eres un incitador, Edward."Gemí suavemente.

"¿Y tú no? Recuerdo ciertos mensajes de texto, en caso de que tú ya lo hayas olvidado."Sonrió burlón.

Gemí otra vez. Sabía que todo eso volvería a morderme.

La mano de Edward se movió más hacia arriba haciéndome gemir de placer.

Esta noche sería larga, eso era seguro.

Estúpidos mensajes de texto. ¿Quién tuvo esa inteligente idea?

Ah, claro. Yo.