Anteriormente en Ray's Anatomy:

Se acercó a mí y me abrazó. Le devolví el abrazo. Me acercó más a él y luego tomó mis mejillas entre sus manos.
―Te amo Ray. ―me dijo con dulzura.
Se acercó hasta quedar a centímetros de mi cara. Podía sentir su respiración.
―Ray, dime cuando quieras que pare.
Juntó sus labios con los míos y me besó con pasión. Sus labios descendieron a mi cuello y sus besos trazaron un camino hasta mi pecho.
―Kai, detente. Es suficiente.

Me escabullí a la parte más alejada del bar y observé a Mystel. Él y su acompañante se sentaron en una mesa apartada y cuando creían que nadie los observaba, el hombre besó a Mystel en los labios. Entonces, ¿lo que había escuchado el día anterior no había sido un desliz? ¿Esto quería decir que sí me engañaba?


Al día siguiente me fui temprano al hospital. Le dejé una nota a Max para avisarle que me había ido. Lo primero que hice al llegar al hospital fue ir con Lee. Mystel y Kai estaban en la habitación revisándolo.

―¿Qué le sucedió a Lee? ¿Está bien? ―pregunté con preocupación.
―Ray… ―dijeron los dos al mismo tiempo volteando a verme.
―¿Por qué están aquí tan temprano? ¿Le pasó algo a mi hermano? ―volví a preguntar.
―Lee está bien Ray, sólo… estaba algo intranquilo. ―me contestó Kai.
―Entonces, ¿pueden dejarme a solas con mi hermano?... Doctores.

Ambos me miraron sorprendidos. Intercambiaron una mirada y salieron de la habitación. Mystel se detuvo un momento en la puerta y me observó mientras me sentaba junto a Lee.

―Ray, ¿podemos hablar? ―me dijo Mystel en voz baja.
―No tenemos nada de que hablar, te vi en el bar anoche. ¿Podrías dejarnos solos por favor?

Mystel quiso decir algo más pero sólo cerró su boca, dio media vuelta y se fue. Miré a Lee, estaba sedado, se veía tan tranquilo. Le acaricié el cabello, le besé la frente y tomé sus manos entre las mías.

―Lee hermano, por favor vuelve a mí. Te necesito más que nunca.

Me quedé un rato con él, sólo sosteniendo sus manos. Escuché que se abría la puerta y que alguien entraba. Reconocí sus pasos sin voltearme.

―Hola Salima.
―Hola Ray. ¿Cómo está Lee? ―sonaba sorprendida de que la hubiera reconocido sin mirar.
―Sedado. ¿Has notado alguna mejora?
―Muy leve pero sí. Esta más enfocado en una fecha.
―¿Cúal?
―Cuando decidieron mudarse aquí.

Sentí un nudo en mi corazón. Lee se había quedado en el recuerdo de mudarnos juntos. Habíamos vivido separados por cinco años, cuando decidimos ir al mismo hospital para nuestra práctica. Eso fue demasiado para mí. Me levanté y abracé a Salima, ella respondió a mi abrazo.

―Gracias por cuidar de él, Sal.
―Claro Ray.

Salí de la habitación y me dirigí a la Sala de Emergencias. Kai me interceptó a mitad del camino.

―¿Pasó algo entre tú y Mystel? ―me preguntó entusiasmado.
―No es de tu incumbencia.

Avancé con rapidez, pero Kai me alcanzó y me tomó por el brazo. Me sostuvo con fuerza y entendí que no me dejaría irme sin una respuesta.

―Miguel me dijo que los vio anoche en el bar, pero que tú estabas solo y que Mystel estaba con alguien más.
―¿Miguel te lo dijo? ―le pregunté sorprendido.
―Sí, se apuñaló él solo. ―respondió riendo.
―Uh… ¿Qué?
―Que cavó su propia tumba.
―Sí, te entiendo, pero…

No me dejó terminar. Me sujetó contra la pared y me besó. Intenté soltarme, pero sólo me sostenía con más fuerza. Cuando por fin logré soltarme Kai me miraba divertido.

―Ya te dije que no puedes besarme mientras sigas con tu esposo.
―No es tan sencillo Ray, no puedo dejar ir tan fácilmente los años que pasé con él. Son demasiados recuerdos.

Esas palabras las sentí como un golpe seco. No había sido consciente del hecho que Kai había pasado muchos años al lado de su esposo. Estaba tan conmocionado que solté las palabras sin pensar.

―Escógeme. Elígeme. Ámame. ―le dije en un susurro.

Kai me miró sorprendido. Yo me di cuenta de lo que acabada de decir y salí corriendo a la Sala de Emergencias. En cuanto llegué y vi a Max corrí hacia él.

―Max necesito hablar contigo.
―Dime, soy todo oídos ―me dijo con una gran sonrisa.
―Mystel me engaña.
―Oh. Ayer vi a Mystel con alguien afuera del hospital, pensé que eran amigos.
―No son sólo amigos, a menos que bese y se acueste con sus amigos.
―¿Cómo sabes… lo segundo?
―Lo descubrí el otro día cuando lo llamé.
―Lo siento Ray. ―me dijo con una leve sonrisa en sus labios.
―Bueno debí imaginarlo, después de todo creo que no le daba lo que quería.
―¿Cómo? Tú y él nunca…
―No, nunca.
―¿Y qué hacías con él?
―¡Max!

En ese momento llegó Bryan pidiendo todas las manos que estuvieran disponibles. Se oyó que llegaba una ambulancia. Me acerqué a la entrada y vi que ingresaban una camilla… que goteaba sangre. Por alguna razón eso me inquietó mucho y retrocedí hasta golpear una pared. Mi mente recordó la bomba, a Alex. Sentí un mareo repentino.

―¿Ray, estás bien? ―era Brooklyn.

Lo miré a los ojos, intentando decirle que estaba bien, pero mi estómago me traicionó y vomité ahí mismo, a los pies de Brooklyn. Él me miró con preocupación más que con enojo.

―Lo siento. ―le dije en voz baja

Sentí otra oleada de náuseas y no pude contenerla. Vomité de nuevo. Levanté la vista y vi a Kai, me miraba con preocupación. Brooklyn me tomó de los hombros y me llevó a una sala privada. Max nos siguió y entró después de Brooklyn, cerrando la puerta.

―¿Estás bien? ―me preguntó Max con preocupación.
―Sí, no, no lo sé. ―respondí con un suspiro.

La puerta se abrió de repente, era Kai.

―¿Ray…?

Brooklyn se acercó a Kai y lo sacó de la sala, dejándonos solos a mí y a Max. Sentí una nueva oleada de náuseas y corrí al basurero. No recordaba haber comido tanto.

―Ray, jaja. Pareciera que estás embarazado. ―dijo Max riendo.
―Imagínate! Un bebé producto de adulterio.

Ambos nos reímos, desahogando nuestras preocupaciones.

―Ya en serio Ray, ¿qué te sucede? ―me dijo Max empujándome hacia una silla.

Me senté sin discutir. Suspiré y abracé mi estómago, de verdad me dolía.

―No sé que me pasa… pero, le dije a Kai "elígeme". No puedo creerlo.

Me abracé con más fuerza y oculté mi cara en mis rodillas. Escuché los pasos de Max, se movía de un lado a otro. Se detuvo de repente y luego se acercó a mí.

―¿Te dijo algo?
―No, corrí antes de que pudiera decirme algo.

Sentí un fuerte dolor en el estómago. Me abracé aún con más fuerza y me bajé para acostarme en el piso.

―Ray, levántate. Te ayudaré a llegar a la cama.
―No Max, déjame morir aquí.
―Tonterías. Arriba.

Max me ayudó a levantarme y a llegar a la cama. Me ayudó a recostarme. ¿Era normal que cada vez me doliera más y más? No, no era normal. Brooklyn volvió a entrar y me vio retorciéndome de dolor en la cama.

―¿Ray qué te sucede? ―preguntó con preocupación.
―No tengo idea, pero duele.
―Creo que es el apéndice ―dijo Max para sorpresa de ambos―. Ray tiene los síntomas y el lugar que más le duele es justo aquí…

Max me presionó en el lado inferior derecho de mi vientre y sentí un dolor desgarrador. Creo que solté un grito, porque Brooklyn me miró alarmado.

―Creo que tienes razón Max. ―le dijo Brooklyn.

Me tomaron la presión, me midieron la temperatura y tomaron una muestra de sangre. Después comenzaron a prepararme para una operación de emergencia.