Lo que siempre había deseado

Lo que queda atrás

Hayate anduvo lentamente, con pesadez, como llevando el peso del mundo sobre sus hombros. Conocía el camino y fue directamente al lugar. Tras voltear una hilera de árboles lo vio.

Paró en seco y observó la figura que le daba la espalda sólo unos metros más allá. Una plañidera brisa surcó el camino de la castaña haciendo bailar las hojas de los sauces y haciéndola temblar de frío y de tristeza.

La figura no se había inmutado, seguía sentada en aquel cachito de tierra, con sus brazos abrazando sus rodillas y su porte decaído.

Paso a paso se acercó a la persona, en dos ocasiones sintió miedo, aprensión a acercarse más. Pero con un aporte de valentía, volvía a poner sus piernas en marcha y acabó deteniéndose justo al lado de ella.

No dijo nada, no se movió. Se quedó ahí parada observando con suma desolación a lo que se había reducido su mejor amiga.

Fate sabía de su presencia, seguro, aún así no hizo señal de reconocerla. Su mirada perdida restaba clavada en el pedazo de piedra frente a ella.

Hayate no podía evitar sentir un aguijonazo de vacío ante la tumba de Nanoha Takamachi. Aunque el nombre que se grababa en la lápida no fuera tal, las dos chicas presentes conocían bien la verdad.

Volviendo su atención a Fate, a Hayate se le hacía un nudo en la garganta. "Fate" quiso llamarla, pero no le salió la voz. No tenía el valor de romper el silencio o dirigirse a la rubia.

Con todo lo que había pasado, Hayate creía que había tocado fondo, pero la situación le demostraba que aún quedaba margen para caer más en el desconsuelo. Tomó aire para calmarse, en un banal intento de recuperar aliento para hablar en voz alta.

Fate seguía sin moverse y Hayate volvió a enmudecer.

La rubia no se había presentado a clase por segundo día consecutivo. Hayate se había impuesto la misión de ir a buscarla. Arisa y Suzuka se habían ofrecido también, pero ninguna de ellas había pensado en la posibilidad de que Fate se ocultara en lugar tan descubierto.

En cambio, Hayate conocía a Fate lo suficiente para sospecharlo, y no se había equivocado.

Intentó de nuevo dirigirse a su amiga, pero no fue capaz, el único sonido que emitió fue el de una bocanada de aire que a duras penas salió de su constreñida garganta. Decidió no decir nada. ¿Qué clase de consuelo podía dar de todos modos? ¿Qué iba a decir? Fate seguramente la odiaba por mentirle, por traicionarla, por dejar morir a Nanoha…

Se limitó a quedarse de pie a unos pasos de Fate haciéndole muda compañía a ella y a la tumba.

Pasaron los minutos lentamente, el cementerio estaba vacío a excepción de ellas dos. El día era plácido pero el ánimo triste.

Finalmente, fue la rubia quien rompió el silencio.

"Gracias por traer a su familia" dijo Fate con voz suave "fue un bonito detalle".

Hayate volteó y miró a su amiga sorprendida.

Aunque la mirada de Fate no se apartó de la lápida, susurró. "A ella le hubiera gustado".

Casi de inmediato los ojos de Hayate empezaron a escocerle y las lágrimas a brotar al escuchar esas palabras. Recordó de forma viva el día del funeral, apenas tres días atrás. Se las apañó para que la familia Takamachi la acompañase al evento. Era lo menos que podía hacer.

Se sorbió la nariz rememorando el día.

.

El sol brillaba calido y alegre ajeno a la gran tristeza que se acumulaba entre la gente que se reunió a despedir a la difunta.

Hayate con ojos hinchados, observaba a todos los que se habían presentado. No era una gran multitud, pero el vínculo que le unía con ellos era profundo.

La situación era de lo más extraña. De algún modo pesaba sobre ella una sensación de irrealidad, como de estar viviendo un sueño.

No todos los días acudías a tu propio funeral.

Aunque no era ella quien realmente había abandonado este mundo. Era Nanoha, la chica con la que había mantenido una estúpida rivalidad desde hacía años. La misma chica que en pocos días se había ganado su confianza, su admiración y intensa amistad. La chica popular, la alegre y compasiva chica que le había concedido su mayor deseo. La cabezota pero amable. La chica de sonrisa sincera. La más testaruda en la faz de la tierra. La idiota de Nanoha.

Hayate sorbió la nariz y se frotó repetidamente los ojos con las manos esforzándose por no llorar. Tenía que ser fuerte. Fuerte por todos. Su familia la necesitaba.

Signum que siempre se había erguido recta, noble y valiente, se encogía como una anciana, sus ojeras visibles bajo las gafas de sol. La derrota parecía succionarle la energía y casi parecía que podía caerse en cualquier momento.

Shamal, la enfermera de la escuela, estaba junto a ella, al igual que Zafira, su compañero de trabajo. Ninguno de sus mejores amigos parecía ser capaz de consolarla. Se diría que ellos mismos habían perdido a una hija.

Hayate se conmovió al ver aquella escena. Signum haciendo un esfuerzo por mantenerse en pie. A pesar de que sabían que aquel final era cuestión de tiempo, que de antemano conocían que aquello pasaría, por mucho que hubieran intentado prepararse para ese momento, no eran capaces de asimilar la perdida del ser querido.

Hayate bajó la cabeza, culpable.

Desviando la mirada vio a algunos compañeros de clase y profesores con rostros incrédulos, algunos curiosos, la mayoría solemnes.

No pudo suprimir un pensamiento de hastío hacia ellos. Casi todos ellos le habían ignorado durante tanto tiempo, o hecho la vida imposible. Otros restaban totalmente indiferentes o la habían sentido como una molesta carga en sus vidas. Ahora algunos recapacitaban, impresionados por el desenlace, e incluso se lamentaban carcomidos por los remordimientos.

Ninguno de ellos le interesaba realmente a Hayate.

Entre ellos destacaban dos estudiantes cuya reacción sí le dolía. Suzuka lloraba sin vergüenza acurrucada por los brazos de Arisa que aunque se mordía el labio intentando ser valiente y consolar a su amiga, casi lloraba con la misma intensidad que ella.

En el poco tiempo que Hayate había tenido tiempo de conocerlas, había reconocido en las dos chicas dos buenas amigas, amigas de verdad. Era bonito que sintiesen tanto su muerte a pesar del escaso trato que habían mantenido, pero al mismo tiempo, era desolador. Y más aún si se tenía en cuenta la realidad que ellas desconocían. Que quien estaba siendo enterrado ese día era su mejor amiga, su compañera de infancia, la tres del trio, Nanoha.

Por el rabillo del ojo distinguió a Sachie. La doctora Ishida se veía extraña sin su bata blanca. Había otros miembros del hospital que se habían acercado a dar el último adiós. Gente que estaba acostumbrada a convivir con la muerte y sonreír a pesar de ello. Incluso esa gente soltaba lágrimas. Se encariñaban con algunos pacientes y sentían sus muertes. Eso les había pasado con Hayate hasta el punto de asistir brevemente al funeral para presentar sus condolencias. Al día siguiente construirían otro muro alrededor de sus corazones para no encariñarse demasiado con otro paciente, para no sufrir tras su ida otra vez y así afrontarían un nuevo futuro sin salir heridos. Algunos lo conseguirían. Unos más que otros, ya que detrás del escudo de cada profesional, no podían evitar ser humanos.

Entre los conocidos y los desconocidos, los brillantes ojitos violáceos que una vez fueron de Nanoha se posaron en una figura alta y serena, ajena a lo que sucedía a su alrededor.

Fate se mantenía de pie, extrañamente inmóvil e inexpresiva. Sus labios sellados en un rictus de mudez absoluta. Su mirada carmesí era más oscura de lo habitual, sin brillo y casi ausente. Si Hayate no la conociera, pensaría que tan solo estaba ahí para ver pasar el tiempo, que no le importaba lo que ocurría o incluso que le aburría. Pero sabía que Fate debía sentirse dolida hasta el punto de quedar anestesiada y no ser capaz de expresar su sufrimiento, su tristeza, su ira o lo que fuese que en aquel momento estuviera sintiendo. Trago saliva. No sabía que iba a suceder con su relación con la rubia. Sus lazos se habían roto en añicos tan y tan pequeñitos que era imposible recogerlos para atarlos de nuevo.

Precia estaba tras Fate, apoyando sus manos en los hombros de su hija. Pero ésta no parecía reaccionar al gesto. Una mueca de miedo cruzó el semblante de la mujer. Obviamente se sentía perdida. Hayate distinguió que Precia estaba haciendo un esfuerzo, pero Fate no respondía.

Lindy y Chrono también estaban ahí, algo más apartados. Incluso los vecinos de Fate estaban ahí. No solo para presentar sus respetos, también para apoyar a Fate en aquellos momentos. Todos sabían lo importante que había sido su mejor amiga para la joven. Es duro perder un amigo, pero Fate y Hayate habían sido siempre más que eso. Mejores amigas, almas afines, hermanas. Las dos solas contra el mundo. Siempre se habían tenido la una a la otra y con eso bastaba.

En realidad, Fate había perdido más que eso.

Su mejor amiga la había traicionado más allá de lo que la palabra traición puede llegar a definir. Había perdido a su primer amor, aquel inocente, dulce y eterno primer amor que todo el mundo recuerda y que marca la forma de amar y de querer el resto de la vida. Pero lo peor era lo que aún quedaba, afrontar a ambos y a ninguno de ellos al mismo tiempo. Hayate vivía ahora en el cuerpo de Nanoha. La amiga íntima y el primer amor. Pero la conjunción era en tiempo pasado. ¿Qué eran ahora?

El sacerdote siguió hablando, lamentando la perdida de un alma tan joven, recordando, elogiando y engordando los tributos positivos de 'Hayate Yagami', su alegría, su generosidad y fortaleza ante la adversidad, el ejemplo para con todos, sus ganas de vivir.

Cada aprobación se sentía como una bofetada de deshonra para Hayate. Debía alegrarse de que todos la recordaran de forma tan positiva, con tanto afecto, pero no era ella realmente a la que se dedicaba aquella ceremonia.

Hayate tragó saliva. Todos aquellos atributos eran igual o más válidos con Nanoha Takamachi. A pesar de que ninguno de los presentes fuera conciente, ella sí recordaría y honraría a Nanoha durante el ritual. Su aflicción iba toda dedicada a Nanoha, la verdadera protagonista.

Ella y Fate recordarían la verdad. Ella y Fate la llorarían. Nadie más lo haría ese día.

Sin poder evitarlo las lágrimas volvieron a mojarle las mejillas, una tras otra descendían para salar la piel y los labios.

Alguien la abrazó. Hayate se arrebujó en el pecho de una madre. La mamá de Nanoha.

De algún modo había conseguido que los Takamachi la acompañaran en la despedida, durante su martirio y penitencia. Al menos le debía a Nanoha eso. De por sí era triste morir sin que nadie supiera ni te recordara por ti misma. No iba a dejar que Nanoha se fuera sin el consuelo de la presencia de sus padres y hermanos.

Los Takamachi la acunaron y susurraron palabras de consuelo, la arroparon con comprensión y cariño, sin saber que aquellos gestos tan tiernos ya nunca más los sentiría su benjamina, sino a una impostora, un cuco .

Hayate suspiró, ese era su castigo.

El amor de aquella familia cuya hija menor se había sacrificado por su causa la quemaba por dentro. El amor puede ser más cruel y terrible que el odio.

El ceremonial pasó difuso y borroso. El cementerio se ensanchó pareciéndole todo un continente.

Hayate quiso estar con su familia, la de verdad, pero Signum estaba constantemente rodeada de gente que la atormentaba acercándose constantemente para darle el pésame.

Así fue escuchando conversaciones, personas que comentaban su lástima en voz alta, pensamientos de "si hubiera sabido, habría hecho esto o dicho aquello", pero eso es lo gracioso de la vida, que nunca sabes. Y así poco a poco los asistentes fueron separándose y volviendo a sus casas.

Fate seguía inmutable como un maniquí. Hayate se mordió el labio decidiendo si acercarse a ella o no. Se detuvo al recordar que aquel gesto era típico de Nanoha.

"Ya está ¿Aquí acaba todo?" comentó una vocecilla rota. "¿Por qué?" siguió. Era la pequeña Vita que había reunido valor para salir del auto de sus padres y acercarse a la tumba. Ver la lápida con el nombre inscrito a piedra lo hacía todo más real, más definitivo. No había querido creerlo.

"No es justo" gritó cayendo de rodillas empapada en llanto. Signum hizo aman de ir con ella, pero Zafira la detuvo con facilidad. Signum se veía débil y oír los crecientes gritos de Vita no le hacían ningún bien; a tristeza era contagiosa.

La gruñona y sarcástica Vita se había convertido en lo que era, una niña. Hayate cerró los puños hasta clavarse las uñas en las palmas. No soportaba verles sufrir, pero no podía hacer otra cosa.

Mientras Shamal se quedaba junto a Signum, Zafira agarró a Vita del suelo a pesar de que la chica opuso resistencia y luchó desesperadamente contra el hombre de tez morena como si fuese el diablo mismo. Finalmente se rindió y siguió llorando en sus brazos hasta la extenuación. Se quedó dormida en minutos.

Hayate se resistió a irse, quería quedarse hasta el final, encontrar el momento de poder estar a solas con su familia y aliviarles de algún modo...

Suplicó más tiempo cada vez que su nueva familia le comentaba de volver a casa. Finalmente los Takamachi aceptaron esperarla en el auto.

Pronto sólo quedaron Signum con Shamal solemne a su lado, Zafira con la dormida Vita en su pecho y ella.

"Volvamos, tienes que descansar" le susurró Shamal a media voz.

"No quiero dejarla sola" musitó Signum. A Hayate se le rompía el corazón.

"Ya no puedes hacer nada más aquí, Signum." Habló más firme Zafira "No creo que Hayate apreciase que te enfermaras por su culpa"

Signum sonrió levemente. "Si" dijo suavemente, rememorando el carácter de su protegida.

Hayate sonrió levemente. Quiso acercarse, pero Signum ni siquiera la vio, no era consciente de su presencia. Shamal fue quien tuvo que advertirle que había alguien más.

"Ah." Exclamó levemente la guardiana y Hayate se detuvo frente a ella. Cuando Signum se apartó las gafas de sol, Hayate se estremeció ante la impotencia y desconsuelo en los celestes orbes de su figura materna. Todo lo que había pensado decir se desvaneció. La de pelo rosa sonrió tristemente, comprensiva y agradecida por la presencia de la compañera de su protegida. No se dijeron nada. No hizo falta. Signum la abrazó y se separó de ella. Hayate se sintió estúpida por quedar parada como pasmarote, pero agradeció que el abrazo hubiera sido breve, de lo contrario, estaba convencida que no lo habría soportado.

Cual ángel guardián, siguió con la mirada a su familia. Esperó a que iniciaran su camino de vuelta para también ella coger otro de los caminos enmarcados por sauces.

Al llegar al parking paró en seco. "¿Qué pasa, Nanoha?" le preguntó preocupada Miyuki.

"Ahora vuelvo" dijo dando media vuelta.

Tenía que despedirse correctamente. No podía irse así sin más.

Corrió el camino con las piernas rápidas que Nanoha le había cedido. Corrió sintiendo casa impulso de sus pies, cada flexión de rodilla. Cada bocanada de aire que tomaba era respirar libertad.

Era tarde para lamentarse o pedir perdón. Nanoha le pidió que viviera por ella, que no se sintiera culpable. Le había hecho prometer muchas cosas. Y aunque llevaría por siempre la carga de su muerte, Hayate iba a cumplir todas y cada una de esas promesas. Estaba en deuda con la amable y benevolente alma de Nanoha.

Mientras corría sintió lágrimas saltar al vacío.

Era tarde para lamentarse o pedir perdón.

Era tiempo de dar gracias.

Cuando estaba llegando, saltó tras el último árbol de forma casi inconsciente, ocultándose de la figura que se levantaba lentamente frente a la tumba de Nanoha. Era Fate, quien quedó mirando la lápida durante unos segundos y tras murmurar algo se fue.

Asegurándose de que Fate estaba ya lejos, Hayate salió de su escondite. Anduvo despacio, muy despacio, hasta llegar junto a la lápida. Ojeó el lugar por donde se había marchado Fate. También ella había vuelto para despedirse lejos de miradas indiscretas, en la intimidad. Bajando la vista Hayate distinguió un nuevo ramo sobre la tierra. Indudablemente era de Fate; la chica tenía una delicadeza especial al elegir las flores.

Era un hermoso conjunto de alhelí, lavanda y ruda. Con un pequeño esfuerzo, Hayate intentó recordar la simbología floral que Fate había intentado explicarle alguna vez. La lavanda era la flor del silencio, aunque indicaba también cariño y respeto, su verdadero motivo era el silencio y el secreto. Hayate sonrió tristemente. Las pequeñas florecillas de ruda, con su gracioso colorido pálido, eran sumamente tristes apoyadas sobre una tumba. Eran las flores del arrepentimiento, de pedir perdón.

El significado del alhelí fue el más difícil, pero cuando Hayate lo recordó, no pudo evitar el sollozo.

'Te seré fiel siempre'

Fue entonces cuando Hayate fue conciente. Había perdido a Fate.

.

El día siguiente se obligó a ir al instituto, se sentía apática, pero era una de las promesas con Nanoha. Fue un día extraño, con miradas y silencios incómodos con los compañeros y profesores, que parecían no saber dirigirle la palabra pero que actuaban completamente normal cuando ella no estaba delante.

Arisa y Suzuka también estaban ahí, apoyándole con su presencia y su compasión, compartiendo su pena.

El pupitre de Fate estaba vacío, pero era de esperar. Nadie comentó nada, comprendiendo el luto de la joven.

Hayate frunció el ceño al comprobar sin embargo que su antiguo asiento ya no estaba. Qué rápido se habían deshecho de él. Fingiendo normalidad, Hayate sobrevivió el primer día. No llamó a Fate, ni a Signum. Dejaría pasar un tiempo primero. La herida era demasiado fresca, también para ella.

El segundo día, Fate tampoco se presentó. La hora de la comida Hayate se la pasó observando el bento que le había preparado Momoko. Apenas lo probó. No tenía hambre.

Ojeó el asiento libre tras ella. Estaba preocupada por Fate. ¿Qué estaría haciendo?

Suzuka y Arisa también estaban preocupadas y le propusieron ir a visitarla. Hayate accedió sin pensar en las consecuencias.

Al llegar a la calle de casitas adosadas, las tres chicas se acercaron con cautela. De la casa de los Testarrossa salió un joven apuesto de cabellos oscuros.

"Chrono" murmuró como saludo Hayate. El chico alzó la vista frunciendo levemente el ceño.

"¿Nos conocemos?" preguntó cauto él. Hayate hizo una mueca, había olvidado que como Nanoha, apenas sí se habían cruzado.

"Somos amigas de Fate, venimos a visitarla. ¿Está en casa?" explicó Suzuka educadamente. Chrono alzó las cejas, recordándolas entonces del funeral.

Precia asomó en el umbral con rostro compungido "¿Sois las amigas de Fate? ¿Sabéis donde está?".

Hayate dio un respingo. ¿Fate no estaba en casa?

Lindy Harlaown, también asomó tomando las nerviosas manos de Precia en las suyas para calmar a la mujer. "Tranquila, estará bien. Fate sabe cuidar de sí misma. Volverá cuando esté preparada" le susurró.

Sabían que la muerte de su mejor amiga había sido un duro golpe para Fate. Necesitaba tiempo para asimilar la perdida. Lindy dio un apretón de manos a Precia, animándola. Lindy había enviudado joven y hacerse cargo de su hijo no había sido fácil. Por eso cuando la familia Testarrossa se mudó junto a ellos, siendo una madre soltera y una niña de la edad aproximada de Chrono, pensó que sería fácil entablar amistad y compartir penas y consejos. Y así fue, poco a poco se fue acostumbrando a ellas. Tenía un referente similar en ellas. Mal de muchos, consuelo de tontos, dicen. Pero cual fue su sorpresa al descubrir la debilidad mental de Precia. Al principio Fate consiguió engañarla por un tiempo, pero a la larga sus sospechas se aclararon. El comportamiento de Fate era demasiado responsable, demasiado maduro. Fate era una niña tímida y obediente que con la que Lindy tomó apreció desde el primer momento. Pero al ver los sacrificios que hacía para mantener su pequeña familia unida, lo que soportaba para conseguirlo, aquello cambió el concepto para Lindy. Aunque no sobre papel, Lindy adoptó a Fate como si fuera su propia hija y su atención a Precia se intensificó. No siempre conseguía ayudar, pero lo intentaba de todo corazón.

Estaba igual de preocupada que Precia por Fate, pero no dejaba de repetirse a sí misma que debía confiar en la capacidad de Fate para superar las adversidades.

"Es culpa mía" lloriqueó Precia "Debía cuidar de mi pequeña, tenía que apoyarla y ayudarla. Enseñarle a crecer" hipó "En cambio ella siempre ha estado cuidando de mí. Y ahora que me necesita no sé que hacer, ni que decirle" se lamentó "¿Qué clase de madre soy?".

"Shhh" la silenció cariñosamente Lindy sintiendo compasión de la mujer. Aunque parte de su tirada fuera cierta, ser madre nunca es fácil.

"Fate te quiere" le susurró abrazándola.

"Mi pequeña Fate…" murmuró Precia con congoja.

"Ahora salía a buscarla" se pronunció Chrono.

"Te ayudamos" propuso Hayate, a lo que Arisa y Suzuka asintieron de inmediato.

Tras recorrer varios parques y calles, el grupo decidió separarse. Y tras veinte minutos de autobús y una buena caminata, Hayate la había encontrado.

.

Otro soplo de viento indicó que el tiempo no se había detenido.

Hayate no se movió de su rinconcito frente a la tumba. Fate tampoco hizo ademán. El silencio se alargó y el sol fue apagándose.

Aún así, Hayate no fue capaz de reclamar la atención de Fate. En su cabeza había sido muy fácil, pero una vez frente a ella toda resolución había desaparecido.

"Fate" consiguió llamarla tras mucha vacilación.

La única respuesta que obtuvo fue un suave y distraído "¿Mmm?" como si Fate hubiera respondido por inercia.

"Fate" probó de nuevo, deseosa de que la chica la mirara. Aunque al mismo tiempo rezando por que no lo hiciera.

"¿Me odias?" preguntó en un hilillo de voz. "¿Nos odias?" añadió pensando en Nanoha también.

Hubo un silencio. Un silencio que la mataba poco a poco.

"No lo sé" respondió al fin la rubia. La ambigüedad de la respuesta era tan mortífera como una afirmación o una negación.

Los ojos borgoña dejaron por fin la lápida y se posaron con mirada intensa sobre Hayate, el rostro de Nanoha.

"No sé como debo sentirme" explicó con una sencillez salvaje su estado de emociones enfrentadas. "Hay un vacío dentro de mí que no sé como llenar"

Hayate no dijo nada y Fate se puso en pie a su lado.

Aunque no lo compartiese, Fate entendía por qué Nanoha y Hayate habían hecho lo que hicieron. No podía culparlas eternamente, pero el perdón no acudía fácilmente.

"Me siento sola" comentó Fate sincera. Hayate suspiró. Entendía esa sensación, aunque a ella no la habían mentido y abandonado a la sombra de los sucesos. Bajó la cabeza avergonzada.

Fate le habló con su voz de terciopelo. "Me has hecho daño" le reconoció. A lo que Hayate se encogió arrepentida. "Traicionaste mi confianza" prosiguió Fate con tono suave. Y cada verdad era un duro golpe para Hayate. 'Culpable' 'culpable' resonaba su conciencia.

Ante el silencio de Hayate, Fate continuó. "Me mentiste" la acusó sin enfado.

Hayate cerró los puños apretando la chaqueta entre sus dedos.

"Y Nanoha también"

Hayate alzó la vista para cruzar miradas con una triste y derrotada Fate.

"La quise" murmuró ojeando la tumba que restaba como muda testigo. "La quise de corazón…y la sigo queriendo. A pesar de todo, la sigo queriendo" dijo como si ella misma no lo creyera.

Miró a la habitante en el cuerpo de Nanoha con compasión. Quiso decir en voz alta "A ti también" pero lo pronunció en una vocecilla inaudible.

"Hayate, siempre serás mi mejor amiga" le susurró con más fuerza.

Hayate quedó inmóvil. Se sintió tan aliviada que la cabeza le dio vueltas.

Fate le dedico una sonrisa triste.

"Dame tiempo" le pidió y Hayate no pudo negarse. No contestó, pero ambas se entendieron.

Fate aún no estaba preparada, pero Hayate esperaría.

.

Al día siguiente Fate se presentó a las clases pero cubierta por una fría aura que rechazaba cualquier acercamiento. Apenas habló. Algunas compañeras remilgadas iniciaron una nueva cruzada contra ella, como en los viejos tiempos, una cruzada de silencio y exilio para Fate. Pero a' la amiga de la niña muerta' no parecía importarle lo que los demás dijeran o dejasen de decir.

Después de la hora de almorzar, Fate se excusó y no volvió a clase. Hayate no quiso presionarla y la dejó ir, sola. Posiblemente iría a deambular por el edificio para torturarse a sí misma recordando sus momentos junto a Nanoha. No estaba de acuerdo, pero creyó que eso la ayudaría.

Hayate recordó con amargura la brillante sonrisa de Nanoha cuando le explicaba, en sus encuentros secretos, vagamente sus paseos con Fate. Estaba exultante de felicidad. Fate había hecho feliz a Nanoha, de eso estaba segura. Nanoha la había querido de verdad. Aunque breve, su amor había sido espontáneo, sincero y profundo.

Con un suspiro Hayate volvió a centrarse en las palabras del profesor.

No sería hasta más tarde que Shamal la habría apartado de los pasillos en el último cambio de clase y se habría enterado que Fate había pasado la mayor parte del tiempo durmiendo en la enfermería.

"¿Podrías acompañarnos esta tarde a casa de Hayate?" le preguntó Shamal de repente.

Hayate parpadeó confusa.

"Yo os llevo" fue lo ultimo que dijo la mujer de bata blanca "Te esperamos en la entrada de la escuela al terminar las clases"

Shamal sonrió al ver llegar a Hayate, Fate simplemente la miró. Sin mucha explicación, Shamal hizo entrar en el auto a sus alumnas y tomó asiento tras el volante.

Hayate estaba nerviosa, a medida que se acercaban a su verdadero hogar. Fate a su lado, miraba por la ventana en silencio.

"¿Está bien Signum?" alzó a preguntar Hayate.

Shamal pensó un rato cual era la mejor respuesta. "Dadas las circunstancias" contestó inconcreta.

Cuando aparcaron cerca de la casa, a Hayate le entró el panico. De forma automática e inconsciente, su mano se arrastró por el asiento hasta encontrar la de Fate. Pero la rubia se apartó del contacto incómoda.

Eso le dolió a Hayate, pero procuró no mostrarlo.

Shamal, al frente, fue quien tocó el timbre. Una Signum de rostro cansado les dio la bienvenida.

"Shamal" saludó primero, agradecida por el constante apoyo que estaba representando la rubia. Luego miró a las jovenes amigas de su difunta protegida.

"Fate" pronunció con ternura "y Nanoha" susurró. Abrió la puerta de par en par facilitandoles el acceso. Invitandolas a pasar.

"Gracias por venir" les dijo mientras las giaba por la cocina.

"Quería llamaros, pero no sabía cómo" les decía, y no parecía Signum. "Ahora que Hayate…que Hayate ya no está, no sabía que hacer con sus cosas. Sois…Erais muy importantes para ella y os quería, así que he pensado que, bueno, que las tengais vosotras." Explicó a trompicones, "Así tendreís algo con lo que recordarla, coged lo que queráis, lo que más os guste. Para las otras dos chicas también." Dijo mientras se acercaba a la puerta que daba a la habitación de Hayate. "Creo que eso le haría feliz".

Hayate estaba muda y Fate parecía igual de perdida.

Shamal les dio un empujoncito a Fate para que reaccionara. Finalmente abrió la puerta, pero dudó un poco antes de pisar dentro del cuarto.

Todo estaba tal cual la ultima vez que estuvieron ahí. La silla de ruedas estaba abandonada a un lado de la cama, esperando que la reclamasen para cumplir su función. Ya no llevaría a su dueña a cuestas nunca más.

Hayate entró en su antigua habitación con un nudo en la garganta. Aunque estaba igual, se le antojaba ajena. Ahí había vivido Nanoha su vida durante las últimas semanas. Ahí Nanoha se había convertido en Hayate y esos días, esas noches dumiendo en esa cama, estudiando sobre el escritorio, entrenetiendose con la videoconsola; esos momentos le daban el derecho de reclamarla como suya. Se había convertido en el dormitorio de la Nanoha real.

Signum no entró, se quedó tiesa con mirada ausente mirando la cama vacía.

"¿Signum?" la llamó Shamal preocupada.

Tras un momento suspiró. "Me fui un momento para preparar el desayuno. Acababa de despertarla y estaba bien. Estaba de buen humor" rememoró Signum con ojos vidriosos y media sonrisa.

"Cuando volví a buscarla se había dormido otra vez, estba recostada abrazada al peluche con una expresión tan plácida y relajada… Estaba sonriendo. Hasta me daba pena despertarla"

"Shhhhh" la abrazó Shamal.

"Pero no se despertó" aclaró Signum lo que todos ya sabían.

Las cuatro mujeres se quedaron mirando las colchas de forma pensativa.

"Maldita sea" se regañó en voz alta Signum por dejarse llevar de esa manera, y delante de las dos jóvenes más sensibles en el momento.

Hayate intentó aliviar tensiones. "Todos la echamos de menos" mencionó cariñosamente.

Shamal intervino aprovechando la oportunidad "¿Preparo un té?¿Leche?"

"A mi me gustaría un té. Gracias" Fate puso su granito de arena en aquella situación en la que todos hacían ver como que estaban bien aunque ninguno lo estaba.

"Tomaos vuestro tiempo" Signum casi sonrió. Se marchó siguiendo a Shamal, dejando a las dos adolescentes a solas con los fantasmas del recuerdo.

Con un suspiro Fate ojeó las cuatro paredes que conocía tan bien.

"Quizá deberías quedártelo tú todo" dijo. "A fin de cuentas son tus cosas".

La expresión de Hayate cayó en picado. Aquello había sido un golpe bajo, nada típico de Fate.

La rubía se dio cuenta y rectifico de inmediato "Lo siento" murmuró.

Hayate se rascó la cabeza incómoda, frustrada. "Yo también" contestó. Andando hasta la cama se dejó caer sentándose en un extremo. Se frotó las sienes repetidamente en un futil intento de eliminar el dolor de cabeza.

Pasó un tiempo con los ojos cerrados hasta que sintió a Fate sentándose a su lado.

"He estado pensando. Sé que esto también es duro para ti. Que no estoy siendo justa contigo" le dijo con tono suave.

Hayate volteó para verla mejor ¿Fate se estaba disculpando?¿Por qué?

"No te preocupes, lo entiendo. Yo en tu lugar también…" Fate negó con la cabeza deteniéndola a media frase.

"Nanoha también era tu amiga. También te duele, más que a nadie. Porque la has perdido a ella y de alguna manera te has perdido a ti misma"

De repente Fate alzó una mano y la apoyó en su mejilla. Fue cuando el suave tacto de los dedos de Fate sobaron su mejilla, cuando Hayate se dio cuenta que estaba llorando. Otra vez.

"No seas tan comprensiva, Fate-chan. No seas buena conmigo. No lo merezco"

"Ah. Fate-chan. Nanoha solía llamarme así siempre. Sonaba especial cuando lo decía ella" recordó en voz alta Fate.

Entonces Hayate se percató de algo que todavía no había averiguado pero necesitaba conocer.

"¿Le dijiste que sabías la verdad?"

"No"

"¿Le dijiste que la amabas?"

Fate calló. Le había dicho mil veces con sus gestos, pero eso no contaba. Se lo había susurrado en la noche, pero la muy cobarde había esperado a que Nanoha durmiese.

Negó con la cabeza.

"Es mejor así, supongo" se encogió de hombros Hayate con tribulación.

"¿Qué te hiciste en la mano?" la pregunta parecía salir de la nada. Pero la tímida expresión de Fate significaba que era una pregunta que hacía tiempo que quería pronunciar. Seguramente se la observó en el funeral, Fate era muy observadora en ocasiones.

Hayate se miró la gasa que envolvía su mano izquierda. Se había cortado cuando explotó la semilla de la joya que robó del museo. Sus ultimas esperanzas murieron con el reguero de sangre que la herida dejó a su paso. Ni la destrucción del artefacto había servido para deshacer el encantamiento.

"No es nada, me corté en un momento de rabia"

Sí, había sido un momento de ira, de desesperación. Recordó no haber sentido la tajadura hasta que distinguió las manchas rojas en el suelo y alzando su palma vio su propia carne abierta y la roja salvia gotear.

Recordó también dirigir en un momento su enfado hacia Nanoha. La llamó cobarde, la llamó traidora. ¿Cómo se atrevía a tomar el camino fácil, a morir? Luego se sintió estúpida. Ese había sido su sino hasta hacía poco. Además era un destino que no habia podido elegir.

Fate asintió y poniéndose en pie empezó a pasar la vista por la habitación. Hayate no se levantó, simplemente miró a Fate deambular mirando los muñecos, libros y demás artefactos que se reunían en la habitación. La rubia se detuvo a mirar el álbum de fotos que estaba aún abierto sobre el escritorio. Se preguntó cómo estarían asimilando todos los que aparecían en las fotos junto a Hayate, su supuesta muerte. Vita desde luego que lo llevaba bastante mal por la reacción que pudo ver en el funeral.

Se giró un momento para ojear a Hayate. En el exterior, era Nanoha Takamachi, pero su espíritu era el de la pilla Hayate Yagami. Aún le costaba asimilarlo.

Volviendo su atención al frente, Fate distinguió paginas de papel sobresalir de un cajón. Frunció el ceño, ese desorden no era típico de Hayate, así que debía ser cosa de Nanoha. Tomo el puñado de documentos y empezó a leer.

Hayate desde la cama arqueó las cejas. ¿Qué es lo que había encontrado Fate? Se levantó, pero antes de que pudiera acercarse a averiguarlo, Signum y Shamal entraron con unos vasitos humeantes.

"¿Qué pasó con la joya mágica?" preguntó Fate ignorando a las adultas.

"No funcionó, ya te conté" respondió Hayate sin querer "además, la destruí hace tres días"

"¿Qué joya de qué?" preguntó Shamal confusa.

"Tengo que irme" gritó Fate mientras salía corriendo por la puerta sobresaltándolas a las tres.

Signum frunció el ceño. Hayate hizo una mueca, seguramente la pobre mujer creía que Fate no había podido soportar estar en esa habitación tan llena de recuerdos con el fallecimiento tan reciente. Sin embargo había sido algo más. Hayate tomó las hojas que la rubia había soltado sobre el escritorio tan repentinamente. Pronto comprobó que eran los apuntes de Nanoha sobre la reliquia. Hayate sintió un aguijonazo de tristeza. Entonces se dio cuenta del recorte de periódico. Era un anuncio del museo avisando de los últimos días de la exposición. En la pequeña foto podía verse una amplia zona de la recámara de las antiguas civilizaciones perdidas. Con algo parecido al asco, Hayate distinguió la semilla de la joya expuesta en un rincón de la foto.

"¿Nanoha, qué ha pasado?" se interesó Shamal que parecía ser ignorada completamente.

"No lo sé" respondió sincera y sin más cayó en la cuenta. Sus ojos se abrieron como platos al entender su error.

"¡Mierda!" exclamó dando un respingo.

No tenía mucho tiempo. Salió corriendo de la casa dejando a una confusa Signum y una boquiabierta Shamal.

Debía detener a Fate antes de que cometiera una locura.

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Curiosamente, el brillante sol que se había mofado de ellas toda la semana, empezó a esconderse entre nubes grises como temeroso de ver lo que iba a ocurrir. El viento tomó fuerza azotando con frías ráfagas que olían a lluvia.

Se acercaba una tormenta. Al tiempo que Hayate entraba en el museo, el cielo ya se había cubierto de tinieblas y caían las primeras gotas de agua.

Empezó a diluviar casi de inmediato, Hayate podía escuchar el furioso repiqueteo golpear la cúpula y las ventanas del museo. Provocaba un extraño y lejano eco.

Apenas había gente, como la última vez. Corrió a la exposición de culturas misteriosas, pero ahí solo había un chico de pelo alborotado, anteojos y un libro bajo el brazo. La semilla de la joya seguía en su lugar. Hayate soltó un susirpo aliviado.

Ojeó las entradas a la sala y esperó expectante. Pero Fate no apareció. ¿Se habría equivocado al pensar que su amiga probaría de usar el poder de la joya? Ella misma lo había intentado y era poco probable que un milagro se repitiera.

La joya no concedía deseos a cualquiera. Pero Hayate conocía a Fate. Si había alguien capaz de conseguirlo, esa era su amiga.

"No lo hagas Fate" susurró para sí. Sabía por experiencia el poder que podía otorgar la joya, y el dolor que lo acompañaba.

Pasaron los minutos y la joven de ojos rubí no apareció. Un trueno rugió fuera del edificio.

Un guardia se acercó a Hayate. "Tenemos que cerrar" le dijo simplemente indicándole amablemente que se fuera.

"Es que he quedado con una amiga aquí. Debe haberse entretenido en otra galería" mintió para ganar tiempo.

"Ya no queda nadie más en el museo. Tu amiga debe haberse ido ya a casa. El tiempo se está poniendo feo ¿sabes?" le indicó el guardia.

Hayate parpadeó viendo a su alrededor. Estaban solos. Pero entonces ¿a dónde había ido Fate?

Confusa se dejó guiar por el guardia, aunque antes de salir de la sala, miró el pedestal donde reposaba la joya. Antes de perderla de vista, la alhaja le guiñó. Hayate quedó petrificada, había sido breve, pero había sido un destello. La joya estaba reaccionando. O había sido una ilusión óptica. Intentó retroceder, pero la suave presión de la mano del guardia a su espalda se lo impidió.

"Está lloviendo a cantaros" Exclamó el guardia al salir al exterior junto a Hayate. Ella vio la oportunidad para volver adentro. "Puedo quedarme hasta que amaine. No tengo prisa" sonrió.

"No te preocupes, algunos visitantes olvidan sus paraguas y no vuelven a reclamarlos. Te prestaré uno" comentó risueño el hombre, y dicho y hecho.

Las puertas se cerraron frente a Hayate al igual que sus opciones. Pero no iba a rendirse tan fácilmente.

Bordeó cuatro veces el museo, en busca de un punto débil. La única opción que encontró fue trepar a un árbol desde el que se podía acceder a un ventanal.

Fue más costoso de lo que había imaginado. En las películas siempre parecía tan fácil. Dos veces estuvo a punto de resbalar por la lluvia, pero jadeante y empapada, lo consiguió tras varios intentos. El siguiente paso era entrar. La ventana estaba cerrada. Empujó, estiró y golpeó repetidamente, pero la ventana permaneció cerrada.

Con un ultimó golpe, Hayate se rindió. Era inútil.

Entonces, algo llamó su atención. A través de los cristales distinguió abrirse la puerta de los baños. Cautelosamente Fate salió de su escondite mirando a diestra y siniestra. "Tramposa escurridiza" bufó Hayate.

"Fate" la llamó. "Detente" gritó más fuerte, pero su voz era acallada por el ruido de la lluvia y la distancia. "¡Fate!" gritó a pleno pulmón golpeando los cristales.

Fate corrió por el pasillo de la galería y desapareció tras un portal.

"No" se horrorizó Hayate "No, no, no" le entró el pánico. Parecía que sus sospechas no eran infundadas.

Su desesperada pelea por abrir la ventana resultó con una nueva derrota para la chica. Pero la preocupación por Fate era más fuerte a cada segundo. Debía detenerla por su bien. Y por el de Nanoha, y el suyo propio.

"Fate ¿Qué vas ha hacer?" gruñó entre dientes. Se oyó un suave clic. "Ah" exclamó sorprendida y aturdida al ver que la ventana cedía y se abría lo suficiente como para que pudiese colarse.

Una vez al otro lado, Hayate fue del todo incosciente del peligro que corría saltando sobre la osamenta precariamente colgada del techo. De forma temeraria se deslizó por la columna vertebral de algún animal gigante. En cuanto tocó el piso, echó a correr en pos de su amiga. El cuarto paso resultó en un resbalón, el abrillantado suelo del museo y su estado mojado no eran buena combinación. Se golpeó la barbilla y se le escapó un quejido, pero lo ignoró todo y se puso en pie de nuevo. Arrancó de nuevo a toda prisa rezando por alcanzar a Fate a tiempo.

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A medida que se acercaba, Hayate aminoró la marcha. Oyó voces susurrando, distinguió una voz grave de varón.

Primero pensó con alivio en el guardia, pero había algo extraño en el ritmo de sus frases.

"Ohh. Es magnifico. Nunca había visto un brillo así. Debe tratarse de un deseo bien noble." Decía con admiración.

A Hayate se le heló la sangre. Reconocía esa voz. Era la de aquel chiflado.

"¿Quién es usted?" reclamó Fate

El hombre rió. "Que educada. Me gusta"

Hayate paró en seco. Sabía que lo lógico era saltar a escena y detener a Fate, pero algo la detuvo.

"Hacía mucho tiempo que nadie se interesaba por mi persona. Apenas recordaba ya lo que se sentía." El hombre dirigió su mirada dorada al techo y por un momento pareció una persona cuerda.

"Mi nombre es Jail. Jail Scaglietti" sonrió "Encantado de conocerte"

Fate le hizo una dubitativa y leve reverencia a lo que el hombre reaccionó abriendo los ojos como platos y torciendo sus labios en una extraña mueca que pretendía ser sonrisa.

"Tú" susurró "Eres tú" exclamó como habiendo encontrado un viejo amigo. Fate frunció en ceño, atenta a cualquier amenaza, pero el hombre no se movió. Sólo se la quedó mirando raro.

Fate alzó la mano para tomar el artefacto que palpitaba con regocijo emitiendo una suave luz intermitente.

La joya estaba reaccionando a Fate. Tenía que impedirle que formulase un deseo. Por un instante una vocecilla en su interior le preguntó "¿Por qué?" ¿Quién era ella para negarle un deseo a Fate?

"Tsk tsk" chasqueó la lengua Jail deteniendo a Fate.

"Ese deseo que vas a pedir, ni siquiera es para ti ¿verdad?" Arqueó una ceja el hombre, como retándola a desmentir su predicción.

El silencio de la chica fue toda la respuesta que Jail necesitaba. Soltó unas carcajadas.

"Una parte sí es para mi" desafió Fate al extraño con la respuesta. El hombre volvió a reír.

"¿Sabes? Me caes bien, jovencita. Te daré un consejo de amigo, y te lo doy porque sé que no me harás caso, pero aún así te advierto" el tono se fue ensombreciendo "No lo hagas".

Los dos se mantuvieron la mirada.

Fate pareció recapacitar. Jail parpadeó y la observó ladeando la cabeza "Eres más sensata que la mayoría" se alegró.

"Pero vas ha hacerlo de todos modos ¿verdad?" aclaró más que preguntó el inestable personaje al distinguir la determinación en la mirada carmesí.

Fate se mantuvo en pie, firme, tan alta como era. Su mirada fija y seria clavada en la de aquel hombre. Jail esbozó una sonrisa. "Todo deseo tiene un precio" comentó.

Hayate vio como Fate tomaba la joya en su puño.

Jail dio unas palmaditas. "Excelente. No esperaba menos de ti" alabó a la rubia.

"Ahora viene la parte difícil" le murmuró al oído. Dio vueltas a su alrededor mientras Fate observaba el poder de la reliquia palpitando en su mano.

"¿Vas a resucitar a tu amiga?" le preguntó como un niño pequeño. Fate dio un respingo y volteó sorprendida y asustada a aquel maniaco. La atención de Hayate también despertó alarmada.

"Si tu amiguita vuelve, posiblemente regresará a su cuerpo. Entonces estarás condenando a la que se ha quedado y será ella la que muera" explicó Jail divirtiéndose con los hechos.

A Hayate se le secó la boca.

Fate estupefacta vacilaba. Podía leerse claramente en su expresión el conflicto.

"Debes escoger entre el amor o la amistad" siguió canturreando Jail.

Fate lo encaró mientras él sonreía maquiavélico.

"No se puede tener todo, Fate Testarrossa"

.

Finalizará...


En el próximo capítulo:

"Hazlo, Fate" le dio permiso.

"Nanoha, perdóname"

Con ojos llenos de ternura, la miró como si la acabara de descubrir. "Fate-chan" susurró su nombre. Le besó la mejilla y sonrió.


NA: Tras años de vicisitudes, esta historia por fin ve llegar su final. En breve el desenlace que todos esperáis

PASCUALINA: Awww, parece que sí que murió Nanoha. Pero aún queda un último capítulo. Y Fate tiene en sus manos el poder para lograr un milagro.
Disculpa la demora. Muchas gracias por tu fidelidad.

Smtha14:Lamento que hasyas tenido que esperar tanto para la actualización. No sé si seguirás ahí, pero aún así quiero agradecerte que le dieras al fic una oportunidad. Me alegra saber que hay gente como tu tan comprometida a sentir junto a los personajes sus alegrías y sus penas. Que de penas ultimamente hay muchas. Pero ten esperanza, que aunque este último capítulo esta lleno de drama, hay esperanza para un final feliz ;)

Kris-tim: Me tardé en subir el capi, pero intenté compensar haciendolo largo, como te . Aunque tuve que recortar muchas escenas porque se hacía eterno. Ojalá me acompañes hasta el final. Saludos