Al día siguiente, Reiji decidió que sería bueno salir para despejarse. Cambiar de ambiente y solo divertirse. Ai creía que era estúpido e innecesario, pero aceptó con renuencia gracias a los lloriqueos del mayor. Como era domingo y el parque de diversiones estaba abierto, fueron allí a pasar el día. Hacia algo de frío y había poca gente, pero igual se divertían saltando de juego en juego, con Ai diciendo que no era la gran cosa, pero sonriendo cuando creía que nadie lo veía y Reiji arrastrándolo de aquí para allá. Si alguien los viera, pensaría que eran una pareja en una cita, especialmente porque Reiji se había levantado muy cariñoso y no dejaba de abrazar y besar a Ai. El otro solo se dejaba, entendiendo que eso era lo que su amigo hacia para sentirse mejor. Al fin y al cabo, el malentendido solo importaba si alguien que los conociera los viera juntos… cosa que para su mala fortuna, sí sucedió.

¡Mikaze-sensei! – gritó una voz a lo lejos, justo cuando Reiji acababa de robarle otro beso.

Shinomiya, no esperaba verte hasta mañana – hizo un movimiento con la cabeza, como saludándolo cuando el rubio alto se acercó a ellos. Como siempre, tirando de un rubio más pequeño que era Syo.

Sí, tendría que volver esta noche, pero terminamos las grabaciones antes de lo previsto y llegué a la ciudad anoche. Es genial, ¿no? – y abrazó a Syo hasta la asfixia antes de que este pudiera siquiera saludar – Entonces, tengo un día libre y la voy a pasar con mis personas favoritas – reía zarandeando a su amigo, haciendo que Ai comenzara a preocuparse por su salud.

Suena razonable. Acabas de terminar un trabajo importante y tus notas parecen mejorar – ese era la versión de "te mereces un descanso" de Ai – Oh, este es Reiji, un amigo mío. Reiji, él es…

Natsuki Shinomiya, ¿no es así? Te he visto en algunos comerciales de Piyo-Piyo. Es mi marca favorita – se adelantó Reiji y Natsuki soltó a Syo al tanto que su rostro se iluminaba por lo que acababa de escuchar.

¿También te gusta Piyo-chan? – lanzó un gritito tomando a Reiji de las manos – Pues, acabo de hacer el comercial de su nuevo cereal y me dieron un gran suplemento como parte de pago. ¡Deberíamos ir a casa por un desayuno de media tarde! – invitó Natsuki, con la emoción desbordando sus ojos.

¡Suena genial! – respondió Reiji, sin quedarse de lado en el departamento de hiperactividad – Pero aún no subimos a las tazas rodantes…

¿Irán a las tazas gigantes? ¡Son adorables! Vamos todos juntos

¡Sí, todos juntos! – Reiji secundó, pero Syo por fin se hizo presente para calmar la situación.

Natsuki, no. No tenemos que molestarlos. Ellos están… están en una… - Syo se sonrojó, atragantándose con las palabras.

¿Una cita? – probó Ai, ya sabiendo como Syo se ponía en esas situaciones – No estamos en una cita. Reiji y yo…

Definitivamente, es una cita, Ai – le interrumpió Reiji, abrazando a Ai por la cintura. El rostro de Syo se puso de colores, pero Natsuki solo ladeó la cabeza – Solo nosotros dos en el parque…

Pero es más divertido con más personas… - razonó Natsuki, inocentemente.

¡Tienes razón, Nat-chan! – Reiji soltó a Ai y volvió a tomarse de las manos con Natsuki y se pusieron a discutir alegremente lo tierno que eran las mascotas de tal o cual producto.

Mientras, Ai suspiró y los dejó ser. No podía luchar contra tanta energía. Y allí se quedó solo con Syo que apenas podía quedarse quieto, aún rojo como un tomate. Ai no quería recordar lo que había visto el día anterior, pero con Syo delante suyo era imposible.

Lamento haberme ido de la fiesta sin ti. Eso no fue educado ni responsable – comenzó Ai, tratando de restarle importancia al asunto.

¿Qué? ¡Ah! No, no fue problema. Conseguí hacer unos cuantos amigos y ellos me llevaron a la casa, jejeje – rió el rubio, rascándose la nuca.

Conociste a Haruka, ¿no es así? – se le escapó a Ai, en una voz rasposa, teñida de rabia. Los ojos de Syo se abrieron de par en par al oír ese nombre. – Conozco a Haruka del conservatorio. Se la recomendé a Camus como pianista en la fiesta – explicó Ai y por dentro, pensaba que esa fue la cosa más estúpida que pudo hacer.

O-oh, ya veo… - Syo no quería hablar de ella en ese momento y Ai tomaría eso como una buena señal, sin importar lo que le dijera la lógica – Disculpa por… interrumpir su cita – musitó el rubio, bajando la mirada.

No es una cita – aclaró Ai de inmediato – Ya te dije que para Reiji no es más que una broma.

Puedes confiar en mí, Ai. Puedes contar conmigo cuando… emm… tienes problemas – lo interrumpió Syo y Ai no sabía que decir. ¿Acaso Syo le estaba asegurando que podían ser amigos?

Ya te dije… - suspiró derrotado – él y yo no… - se lo pensó mejor – Es solo porque se peleó con Ranmaru – explicó – Se pone así cuando esta decaído y…

Syo se sintió algo perdido con la mención de un tercer implicado y trató de encontrarle lógica a todo. Capaz… capaz Reiji estaba realmente enamorado de este Ranmaru, pero las cosas no se están dando y ahora usa a Ai como consuelo. Y Ai lo sabe.

Eso no está bien, Ai – le tomó de los hombros y lo miró fijo a los ojos – Tú no mereces ser la opción segunda opción. Eres mucho más que eso. Créeme, puedes encontrar a alguien que te ame y te valore como te mereces – Syo solo repetía frases tontas que había escuchado en las novelas que veía su madre. Creía que se aplicaban a la situación, aunque no tenía ni idea de cómo.

Fue el turno de Ai de sentirse perdido en la conversación. No sabía porqué Syo le diría esas palabras para animarlo, pero estaba seguro de una cosa. A Syole importaba. Le importaba que Ai estuviera bien, que tuviera gente en la que confiar… que fuera querido. Y Ai no podía pedir más que eso. Sonrió feliz, conteniendo algunas lágrimas. Justo cuando creía que ya no podría sentir esa calidez, justo cuando creía que su único camino era alejarse de Syo, este chico venía a decirle algo que cambiaba todo.

De acuerdo, Syo. De ahora en más, confiaré en ti… porque eres mi amigo, ¿no? – sonrió, aunque le clavó el corazón al decir la palabra "amigo".

Syo también sonrió, y asintió, satisfecho de volver a ver la bonita sonrisa de su tutor. Y Reiji se lanzó sobre Ai, rodeándole el cuello con un brazo.

Y todos, como amigos, iremos a las tazas gigantes… - declaró el pelirrojo.

A rodar y rodar – añadió Natsuki y Reiji se le unió, repitiendo como un cantico esas palabras, y arrastrando a sus respectivos acompañantes a la zona de juegos.