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-¿Ahora llegas? Son las dos de la mañana.
-¡Laura! Me has asustado.
-¿Dónde has estado, mamá?
-Trabajando.
-Mentira. Un amigo me ha dicho que cerrasteis el Marble´s a las doce.
-Cariño, sabes que no me gusta discutir contigo. Vuelve a la cama.
-Dime dónde has estado.
-Laura, vete a dormir y no hagas que me enfade contigo, por favor. Estoy muy cansada.
-No estarías tan cansada si vinieses a dormir después del trabajo. Y que sepas que el miércoles me tienes que dar cincuenta dólares para una excursión.
-¿Cincuenta dólares?
-Son dos días, ¿sabes? Tenemos que pagar el hotel, el autobús y la comida.
-Recuérdamelo el miércoles.
-Espero que no lo fastidies esta vez.

La niña se dio la vuelta y entró en su habitación. Cuddy se quedó mirando al suelo, intentando organizar sus pensamientos.

No había tenido un mal día. El trabajo no había sido demasiado estresante y a las peleas con su hija ya estaba acostumbrada. El problema serían los cincuenta dólares que le estaba pidiendo para el miércoles. Pero se las arreglaría. O al menos eso esperaba.

Después de ver la tele un rato en el sofá, decidió irse a la cama. Y allí fue cuando recordó el encuentro con House.

House…aquel tipo loco que solía amargarle la vida durante sus días de decana en el Princeton Plainsboro. Nunca habían llegado a conocerse fuera del ámbito laboral y probablemente fuese mejor así porque el tipo era un auténtico lunático.

Recordó lo ambiciosa que era cuando lo contrató. Quería hacer de él su médico estrella. Conocía su fama y su talento. Sabía también que muchos directores de otros grandes hospitales se negaban a contratarlo por diversos motivos. Aún así decidió arriesgarse.

Pero de aquello ya hacía mucho tiempo y, para ser sinceros, ella ya había borrado a House de su mente. Hacía años que no se acordaba de él.

¿Qué haría en Leeverfield? Lo más probable es que estuviese de vacaciones y que le hubiese contado la verdad. También cabía la posibilidad de que le hubiese tomado el pelo. Lo había hecho de continuo mientras trabajaba para ella.

Bueno, fuese lo que fuese, ya no importaba. Lo más probable es que no lo volviese a ver. Lo que fuese de la vida de ese hombre no era problema suyo. Ella ya tenía bastantes cosas de las que preocuparse.