¡Hola! Anuncio, anuncio que… Digimon no me pertenece, y que todos los derechos están sobre Akiyoshi y Toei.

Lamento la tardanza de actualización, pero tuve unas mini vacaciones en casa de mi abuela, y la laptop era incomodísima para corregir el capítulo, lo siento, lo siento, ¡no tardaré tanto la próxima! Los dejo con el capítulo 11 de este Fic, muchas gracias a ustedes queridísimos lectores por seguir leyendo mi historia, aunque quisieran matarme por mi tardanza ¿no? ¡Puedo recibir amenazas!

.Casa Casa Mia.

Por Mizh-n-Rozh.

.Contare su di me.

Mimi Tachikawa POV's

Luego de golpear con todas mis fuerzas al tal Yamato continué el corrido con Hikari a mi lado y los otros dos chicos adelante, detrás de ellos Michael con Momo al lado, sin querer despegársele.

—Ya comenzaste a ver cómo son las cosas por aquí —dijo Hikari pero no la miré porque mi cabeza daba la vuelta en círculos por tantas cosas que veía en la casa, aumentaba la curiosidad que me daba tocar a todas y cada una de esas.

El piso barnizado y limpio, las paredes blancas, el frío que me azotó apenas entré a la sala. Las escaleras negras y su pasamano de madera y la enorme ventana que parecía colonial.

—¿A qué te refieres?

—Ya viste. Estos dos son los caballeros, puedes confiar en Takeru y… y en Izzy —fue su respuesta, llegamos al segundo piso donde las paredes blancas seguían frías y el termostato también, en vez de encender el calentador.

Logré ver unos cuantos arreglos y un espejo mediano con marco hermoso, el piso reluciente lo que me pareció que Sora tenía muchísimo que ver en eso. Nos fuimos a la derecha y aterrizamos entre un conjunto de habitaciones, cuatro puertas en verdad. Hikari punteó inmediatamente de quien era cada habitación, y sinceramente no me agradó demasiado que Yamato y Takeru durmieran entre nosotras, pero algo debíamos soportar, no todo podía ser perfección absoluta.

Los tres hombres y el gato, entraron primero y dejaron todo sobre la cama blanca, la habitación estaba teñida en rosa y púrpura. Kari pareció leerme la mente cuando quise preguntarle pro, sorprendentemente, pero quien habló fue Tk:

—Una obra maestra de Sora y mía —alardeó orgulloso de usar rosado.

—Gracias chico —le dije sonriente pero seguí revisando la habitación con la mirada emocionada—, ¡oh por Dios, mi propio baño! ¿No es broma?

—No —apuntaron todos entre sonrisas, menos Michael que estaba cabizbajo.

Seguí admirando la habitación hasta que cada uno fue diciendo que tenían otras cosas que atender, incluyendo a Sora y Taichi que subieron segundos después y los fastidié con tatos gracias, gracias.

Mis ojos se fueron hasta el mar azul que escondía Michael sentado en mi nueva cama, le tomé la mano y la palmeé despacio. Él no quiso mirarme y yo seguía preguntándome qué había hecho para que cambiara su actitud, ¿emocionarme? ¿Ser feliz? ¿Tener un baño propio? No entendía nada a los chicos. Sabía que les encantaba quedarse callados y les costaba hablar de sus sentimientos con otros, especialmente mujeres. Aunque eso no me decía nada, se supone que éramos amigos y que por dos días fue mi salvación en el restaurante de Mitsune. Que arriesgó su empleo por mí, y que quiso salvarme de Lee.

—Mimi —comenzó diciendo con el mismo tono de voz casi inaudible que me recordaba a alguien más—. Mimi —repitió—, ¿en serio te quedarás aquí? ¿No quieres que te busque otro lugar en la ciudad?

—La verdad me siento bastante segura aquí, no sólo porque hayan cinco hombres en la casa que protejan todo sino porque mis amigas están aquí y ellas son mi familia… no podría dejarlas de nuevo.

—¿Y tu familia real? Nunca me contaste de ellos…

Suspiré profundo y cambiamos de papeles, la cabizbaja y la que no quería hablar demasiado era yo, mi madre era una excelente persona y mi padre… estaba un poco loco pero así lo quería, entonces… ¿Por qué me dolía hablar de ellos? Ellos nunca me dejaron sola, fui yo quien decidió quedarme aparte de todo el círculo Tachikawa, quise quedarme en Odaiba y vivir como la chica responsable que debía demostrar que era. Sí, extrañaba mucho ver a Satoe haciendo el desayuno en la mañana y que Keisuke no me molestara cuando llegaba de una cita con un chico, o que me celara, esas pequeñeces que llegaban a confundirse con tonterías era lo que me dolía. No tenerlos cerca.

Ambos decidieron hacer un "viaje por el mundo" y regresarían en cuanto lo terminaran. Ya casi pasaban dos años y mis padres no daban señal de vida, aunque no me preocupaba porque ese sentimiento de unión a ellos en mi corazón seguía brillando y me indicaba que estaban perfectamente. Y que me amaban tanto como yo a ellos.

—Les pedí vivir sola y me dijeron que estaba bien, no veo problema con eso. Pero están tan lejos que… —la voz se me quebró en ese instante y me apegué a su hombro en un abrazo—, lo siento… no puedo…

—Discúlpame por querer que hablaras de eso.

Él estuvo otro rato acariciándome la espalda mientras Momo se ponía celoso y le ronroneaba en los pies aclamando un poquito su atención. Fui yo quien me alejé y tomé al gatito poniéndolo en sus piernas para que lo acariciara y se quedara tranquilo mientras yo seguía arreglando la habitación que me había tocado.

Pero antes de levantarme el gato saltó de sus piernas a las mías y se acurrucó como una bolita de algodón demasiado blanco. Le sonreí inconcientemente y me distraje jugando con él.

—Yo creo que ya escogió dueña. Seguro se enamoró de tu sonrisa.

—No seas poeta Michael, los gatos no le prestan atención a eso —le contesté sin mirar a ninguno de los dos.

—¿Y qué tipo de animal si lo ve?

—No lo sé… ¡los perros! —me reí de mi comentario feminista y él me imitó lo cual me hizo sentir un poco más segura de que seguía siendo tan chistosa como para trabajar en SNL o en So Random.

—Si pudiera me convertiría en perro ahora mismo.

Volteé a verlo y su mirada sostuvo la mía un rato. Volví a reírme y chasqueé la lengua bajando al gatito, ahora sí, comenzaría a arreglar todo por fin.

—Puedes dejar de hacer eso, por favor —pedí.

—¿Qué cosa?

—¡Eso! Deja de mirarme así o te echaré una rasguñada a la Mimi —amenacé mostrando mis uñas de barniz transparente pero suficientemente largas como para sacarle un ojo de un solo ataque.

No paró de sonreír, entonces… ¿yo podría ser una perra porque me fijaba en sonrisas? ¿Y más porque me sentía atada a su sonrisa? El jodido mundo se detuvo cuando tocó el picaporte y me dijo con voz baja la realidad. Esto no era un sueño, él estaba en mi nueva habitación, conmigo, para mí y yo me distraía haciendo cosas que podía dejar para después pero él, conmigo, para mí… no, eso no podía esperar hasta mañana.

Lo evitaba, algo me decía que evitara lo que estaba dentro de mí.

—Ya viene siendo hora de que me vaya, el camino es largo y…

No lo dejé continuar porque me lancé sobre él abrazándolo y quitándole las ganas de seguir hablando cosas que ni al caso. Seguro conmigo encima ya no tenía ganas de irse. Fui yo la primera en dar el paso, me fue demasiado lento para como me gustaría normalmente pero con Michael hubo una excepción porque sus labios querían más y más de los míos y los míos se dejaban llevar por la corriente pidiendo también más de él, y toda la guerra consistía en obtener más de todo. Sus manos comenzaron a tornearme la espalda y a abrazarme con cuidado hasta que ese beso lento se volvió furioso y nos lanzamos a la cama tirando todas las maletas al suelo.

Lo que más me daba miedo era el momento donde se le ocurriera desvestirme, porque allí gritaría y tendría que detenerlo, cosa que por lo visto yo no iba a hacer si la estaba pasando tan bien.

Él siguió moviéndose sobre mí, sus labios se movieron hasta tocarme el cuello y más tarde el hombro, de mi boca salió algo que no conocía que podía hacer y lo estimuló a seguir su labor aunque quería mejorar, demostrar que podía ser fuerte y capaz de todo. Deshice su camisa en un segundo y él la mía como si mi cuerpo estuviera hecho de mantequilla. Sus dulces manos reposaban en mi cintura desnuda y su boca besaba mis pechos aún protegidos por mi brasier negro, todo fue maravilloso, experimentando nuevas sensaciones que no conocía hasta que rodamos y caímos sobre Momo.

Resultado: Mimi arañada de nuevo en el brazo, genial, tenía un nuevo tatuaje. Aun así, ignorando mi pequeño accidente con el nuevo dibujillo, comenzamos a besarnos hasta que quien abrió la puerta se llevó un buen susto. A mí y a Michael casi se nos sale el corazón por la garganta.

—¡Ay por Dios, Mimi! —Hikari se cubrió los ojos y salió en seguida, y eso que sólo nos vio uno encima del otro y no la otra escena, aunque claro… le dejaba libre a su imaginación y eso era mucho peor.

Suspiré cansada y tomé nuestras camisas lanzándole la que le correspondía a él para poder vestirnos y evitarnos otro trauma ajeno.

—Bueno… ya viene siendo hora, ahora sí Mimi.

Lo abracé esta vez sin intenciones de buscar algo más en él, Michael correspondió mi gesto y nos quedamos allí un rato. No podía decir que me había enamorado, porque enamorarse estaba prohibido para mí pero sí admitía con todas mis ganas que él estaba buenísimo y que me atraía descontroladamente. No podía decirle que se quedara, ni que me visitara porque entonces comenzarían a sospechar de lo que él hizo, que me trajo hasta Odaiba encubierta; simplemente debía despedir esto aunque no le encontrara sentido al irme a vivir con él, eso sería estar encabronada y yo no era tonta. Sólo intenté disfrutar al máximo ese último momento, porque lo más probable era que no lo viera más nunca, y sería cuestión de días para que me olvidara de él… siempre pasaba con cada cita… Lindo, salimos, beso, y adiós, era la historia de mi vida.

—Adiós Michael —dije sin más nada que aportar, aunque me doliera en el momento sabía que se pasaría, siempre se pasaba.

—Ya tienes mi número, te mantendré informada de tus primos y cuidaré que Lee no venga por ti —se acercó para despedirse con un beso pero no lo dejé y volteé la cara, no me podía pasar de dos, también estaba en contra de mis principios y a ellos no los traicionaría. Se vio obligado a besarme la frente y despedirse con la mano—. No te voy a olvidar, Tachikawa.

—Ni yo a ti, Rushton.

Le dejé la puerta abierta para que se fuera y la cerré con la sonrisa aún pintada. Momo me miró desde la cama como un amante esperando a su novia, le di un golpecito en la cabeza y seguí caminando directo a mis maletas en el suelo para arreglarlas. La ventana del lado Este llegaba a ser un balcón a través del cual pude ver a Michael despidiéndose de Taichi y Sora, montarse en su camioneta vieja, encender el motor, dar la última sonrisa y marcharse.

Cuando dejé de ver el polvo de los neumáticos me sentí más vacía que antes, sentí que debí haber hablado cuando tuve la oportunidad pero, ¿qué decirle? Simplemente no había nada allí adentro, ni ahora, ni hace cinco minutos, ni cuando me besó en Osaka, ni mucho antes… simplemente dentro de mí no podía crecer algo más que estima.

Por más que lo quisiera eso no podía pasar.

Comencé a arreglar parte de lo que sería mi habitación, colocando la ropa en su lugar y algunos objetos de valor en lugares que pudiera apreciar porque mis afiches de DBSK, Rain, Super Junior y Big Bang se habían quedado en Hikarigaoka, y ahora debía salir de compras por otros cuantos pues desde pequeña me gustaba tener cubierta las paredes de chicos lindos para mirarlos al amanecer.

Hey girl… —dijo Sora entrando a la habitación y la vez cantando una de nuestras canciones favoritas que siempre cantábamos juntas.

Entonces ambas cantamos al unísono: —to the left, to the left shikdanghan pretty girl move to the left —luego nos carcajeamos como de costumbre y chocamos las palmas en el aire.

—¿Qué tal ha estado todo? Hikari me dijo que no subiera por nada del mundo pero ya sabes como soy…

—Terca y media —dijimos ambas para reírnos nuevamente.

Sinceramente había extrañado muchísimo a Sora, aunque la notaba ligeramente diferente y con una forma de ver el mundo distinto, aunque sólo fueran un par de días lejos sentía que nos habían ido varios meses. Desde hace muchos años, nosotras éramos las mejores amigas, nos contábamos todo, hasta eso, íbamos de compras juntas en Odaiba aunque a ella no le gustara demasiado, más tarde en Hikarigaoka había cambiado esos pequeños detalles que nos hicieron más unidas.

También, sumándole a todas esas cuestiones, Sora era casi mi hermana mayor, su actitud responsable era siempre mi salvación y tenía tanto por agradecerle… desde que me ayudara a estudiar actuación hasta ser casi una madre, porque la mía estaba desaparecida.

—Y bien… ¿no vas a contarme acerca de Michael? —preguntó con una media sonrisa pero notaba la seriedad en sus palabras.

Comencé relatándole mis días en Osaka, cosa que Hikari ya sabía por las llamadas que nos hicimos en mi estancia allá. Desde el sábado temprano hasta el mismo miércoles en la camioneta. En ciertas partes ella se rió, en otras guardó silencio y a veces me interrumpía para hacer mención de sus chistes de humor negro.

Incluso tuve ese impulso de contarle con detalles lo que acababa de hacer con Michael y la historia de Momo, hasta de cómo tuve que acordarme del cochino de Takuya. Sinceramente todo se me distorsionó al contarlo y no pude orden entre lo más importante sino a cómo llegaran a mi cabeza, lo soltaba con todo el dolor en mi alma, pero no todo.

—Ay Meems —dijo Sora, hundiéndome en su hombro mientras soltaba unas pequeñas lágrimas—. No te preocupes, mira, ya estás con nosotras… nos la pasaremos bien, además, viviremos aquí por un tiempo corto, cuando Davis llame que el departamento está listo, nos largamos de esta mierda.

—Sí… —una idea saltó mi cabeza—, ¿mi auto?

—¿Tu qué?

—¡El Volswagen! ¡Está en Hikarigaoka!

Me levanté apresurada y sequé mis lágrimas con brusquedad en cada acción. Había dejado mi auto abandonado, quién sabe qué cosas tendría mi pobre bebé.

—Ya, a ver Mimi, no te compliques… Hikari irá el viernes a buscar su auto en el mecánico, puedes ir con ella y pasar buscando el tuyo, ¿no crees que sería genial?

—¡Viernes! —exclamé jalándome los rizos—. Sora, estaré un día sin auto, ¿cómo sobreviviré?

Ella se carcajeó fuerte y entonces me di cuenta que también doblaba mi ropa ayudándome.

—Mimi, primero, estuviste cuatro días sin auto, puedes soportar uno más —Sora volvió a reírse, esta vez más sigilosa pero no le quitaba lo macabro—. Segundo, es imposible aburrirse en esta casa, créeme.

Ella se despidió con la mano y salió de la habitación, no sin antes acariciar al pequeño Momo. El gatito era muy grácil, caminaba de un lado de la habitación a otro moviendo su colita largaron lentitud y sensualidad, escalando la mesita y enrollándose con armonía. No entendía aún por qué se parecía tanto a mí, ese caminar, esa belleza, podían decirme narcisista pero no conocía a nadie más elegante que a mí misma.

Ahora estaba el animalito.

Y aunque a veces mi elegancia y educación se iban por el quinto coño porque sinceramente debía culpar la junta con Sora, y ella no era Miss. Lenguaje Limpio.

Terminé de arreglarlo todo demasiado tarde pero por fin me cambié de ropa y me deshice de esa molestosa chamarra calurosa, me miré en el espejo de mi baño con el brasier que Michael había tocado, increíblemente no había ocurrido lo que esperaba. Luego de contarle a Sora me sentí muchísimo mejor, y en el transcurso de acomodamiento también estaba perfecta pero ahora que me miraba a un espejo el cuerpo tenía esa sensación de que él aún estaba sobre mí.

Hacía mucho que no pensaba en un chico, de hecho, no quería que me consideraran como puta por salir con muchos muchachos a la semana sino que simplemente no me gustaba romper corazones, ya había pasado por eso de la negación a ellos y uno solo termino mal…

… Takuya Kambara…

No, no quería recordarlo ahora, no ahora que tenía esa sensación y la angustia con nombre: Michael Rushton. Abrí la llave para que el agua fría corriera y comenzara a bajar la tibia, pero entonces tocaron la puerta y tomé la camisa para medio cubrirme al abrirla. Quien estaba detrás era el pelirrojo pequeño… ¡Izzy!

—¡Izzy! —le saludé, aun incómoda por la miniatura de cosa que me cubría los pechos—. ¡Pasa!

¿Pasa? ¡Mimi! ¿Cómo eres capaz de hacer pasar a un chico extraño a tu habitación? ¡Tonta, tonta!

—No, no te preocupes… sólo dejé mi Pendrive aquí, y lo necesito. Creo que está en tu cama.

Alivio. Corrí a buscarlo yo sola, y se lo llevé con una sonrisa más por la diversión de su cara cuando le pedí que pasara que por… por… ¿tenía más razones para reírme? Entonces se lo entregué pero vi en sus ojos oscuros algo que ya había visto antes, algo que llamó más mi atención y necesité llamarlo de nuevo para comprobarlo.

—Izzy —pronuncié su nombre y él volteó, chocando torpemente con mi puerta y yo dejé salir una carcajada bien sabrosa, él me acompañó más tarde sonrojado—. Disculpa, no pude evitarlo.

—No hay problema —no dijo más nada.

—Disculpa, siento que te conozco de algún lado… ¿Vivías en Odaiba antes?

—No, la verdad no —dijo él—, sí nací aquí pero un tiempo después nos mudamos a Corea, el año pasado regresamos y pude terminar mis estudios de medicina.

—Wao —deje salir—, así que eres médico, ¿qué rama?

—En general, sé de todo un poco, he hecho varios seminarios y trabajo en un postgrado —se detuvo a mirarme un poco mejor y sentí como la sangre se me subí a la cabeza, mis mejillas se encendieron. Por reflejo di dos pasos atrás—. La verdad también me pareces conocida.

—Viví mi infancia en California, en mi adolescencia me mudé a Odaiba y conocí a Sora, ahora que soy joven adulta me mudé a Hikarigaoka y… bueno, ya sabes qué pasó…

La conversación murió allí, o al menos eso pensé porque solamente escuchaba al agua de la regadera chocar con el suelo de mármol. Ya ni nos mirábamos. ¿Quién diría primero que debía irse? ¿Izzy o yo? Apostábamos.

—Yo —dijimos al mismo tiempo.

Lo sabía.

—Tú primero —se repitió la escena pero entonces él me dejó hablar—. Tengo que bañarme.

—Y yo estudiar, lo siento, hablamos… en la mañana. Duermo en el otro pasillo…

—Ya sabes dónde estoy yo —le respondí y cerré la puerta con cuidado.

Luego del baño rápido y aún con el recuerdo de Michael, las imágenes se me distorsionaron al dormir porque soñé con él, con sus besos, con sus caricias… En el muelle, en el restaurante, en el desierto reparando en auto, con Momo, al irse… era él a quien no podía despegar de mi mente pero sus ojos ya no eran el mismo cielo en el pensé volar porque estaban cubiertos de negrura y se hicieron más oscuros que de costumbre.

Me levanté en la madrugada aún asustada y acelerada por la pesadilla, Momo estaba enrollado a los pies de la cama y también se agitó al verme con la respiración a mil y los ojos abiertos de par en par. Volví a lanzarme de espaldas a mi almohada en intente recobrar el sueño pero sólo logré hacer un revoltijo de sábanas y que Momo también se espabilara. Ahora nadie tenía sueño.

La garganta comenzó a arderme y estiré mi mano para tocar la mesita de noche como acostumbrara pero no estaba el vaso de agua que esperaba encontrar. Me levanté irritada, molesta y adolorida pues en el viaje de Osaka hasta Tokio tuve que dormir sentada y con el cuello desviado.

Tomé a Momo y abrí la puerta encontrándome con el pasillo a oscuras. Intenté abrir la puerta de la habitación de Sora pero estaba con tranca, demoré otro rato en decidirme si tocar la puerta o no pero desistí para no molestarla más. Con mucha vergüenza me di media vuelta y tomé la perilla de la habitación de Hikari, estaba abierta pero ella dormía tan plácidamente que en seguida se me fueron las ganas de despertarla, y salí de la habitación.

Recordé las palabras de Hikari: Puedes confiar en Takeru y en Izzy.

¿Podía? ¿En serio podía?

Takeru dormía con su hermano al lado de la habitación de Sora pero también tuve el impulso de abrir la puerta, cerrada también, ¿ninguno confiaba en ninguno? Wao, yo debería cerrar mi puerta también.

—Bueno Momo, somos tú y yo en una casa enorme.

Tomé con fuerza al gatito y agudicé mis sentidos esperando no encontrar nada demasiado desagradable, de hecho, a nadie. Le tenía miedo a la oscuridad desde pequeña y por eso siempre, antes de dormir, llevaba un vaso con agua hasta mi habitación para no levantarme en las madrigadas a buscar otro.

Las escaleras se me hicieron infinitas y un olor que no estaba temprano al llegar me inundó los pulmones haciéndome toser. Momo también se inquietó y comenzó a moverse escapándose de entre mis brazos.

—¡Momo! —susurré en la oscuridad e intenté bajar las escaleras con rapidez para que no se perdiera mientras seguía llamándolo—. Momo, Momo…

Pero él obviamente no iba a decirme: "Ay Mimi, aquí estoy"

También aproveché para reprenderme por salir de la habitación sin mi bata e irme sólo con mi short diminuto y mi camiseta blanca ajustada; o estaba muy dormida o era realmente tonta, apuntaba por las dos pues jamás fui una genio precisamente.

Al bajar las escaleras me encontré con Momo que había dejado una dulce mancha amarilla que logré ver por el brillo que entraba de la ventana enorme e iluminaba su gracia.

—Ay Momo, esto no es bonito… —le susurré mientras le jalaba las orejitas blancas.

Ahora con el gato en mis costillas seguí caminando con cuidado hasta la cocina en el primer piso, no sabía como funcionaban las cosas así que empujé la puerta con todas mis fuerzas pues estaba demasiado pesada, la cocina tenía un olor más placentero, olía a… a cocina. Por fin, luego de encontrar el agua y tomar por lo menos medio litro, me di media vuelta para regresar a la seguridad de la habitación no sin antes escuchar una maldición sigilosa pero lo suficientemente audible para mis oídos afinados.

Un chico alto y esbelto estaba a pies de las escaleras mirándose las piernas, su cabello oscuro y los lentes de pasta gruesa pero moderna por los problemas oculares que padecía. No lo conocía, no sabía quien era pero al principio pensé que podía ser un ladrón aunque su buena vestimenta y su acompañante me dejaban claramente que no lo era.

—¿Qué mierda es esta? —el chico tocó el "agua" en sus zapatos y se llevó las manos cerca de la nariz pero lo detuve antes de llevársela a otra parte.

—¡No, no, no, no! —grité pero luego me tapé la boca pensando que lo había hecho demasiado fuerte y podía despertar a los demás—. Es de mi gato, creo que es mejor que vayas a lavarte las manos…

Mi tono de angustia lo hizo voltearse hecho una fiera, casi lo sentí gruñir; Momo se aferró a mí y yo tuve que encarar al muchacho. Me tomó la mano libre y miró con asco todo mi cuerpo entonces aproveché el momento, le doblé la muñeca con mi sola mano y, contando que tenía una mano ocupada, usé el resto de su peso para derribarlo y hacerlo caer directo al piso frío.

Oh, no estaba informado con quien se había metido.

—¡Eres una ignorante! —aludió con carácter fuerte desde el suelo, aunque en ese instante no podía dárselas de grandote porque yo acababa de tirarlo al suelo con una sola mano—, ¿qué hace esa porquería aquí? —concluyó señalando al gato.

—Es mío —le contesté con el mismo tono de voz—, y ahora esta también es mi casa.

—Pues no me interesa, ese gato de mierda no va a seguir haciendo de las suyas aquí —dicho esto, se acercó a quitarme a Momo y lo lanzó contra el suelo, éste soltó un chillido aterrador pero tomé venganza con una patada directo a su entre pierna.

Momo se había quedado en el suelo adolorido y corrí a recogerlo para poder atenderlo arriba, ese desgraciado tenía una fuerza inmensa y se dejaba llevar por sus impulsos, no le bastaba con insultar sino también agredir.

—Desde que todas ustedes llegaron, esta casa arde en el infierno.

—Muy bien niños se acabó el espectáculo —escuché otra voz que provenía del piso de arriba y volteé a las escaleras para encontrarme con la mirada azul furiosa de Yamato, y más atrás de él Takeru y Sora—. ¿Quién me va a explicar qué sucedió?

—¡Mimi! —gritó Sora y bajó las escaleras, por suerte no pisó la gracia de Momo, ahora herido—. ¿Mimi qué haces aquí?

—Yo solamente vine por agua cuando éste desgraciado se trastornó todo y tomó a Momo para lanzarlo al suelo.

Sora le envió una mirada de complicidad a Takeru y éste se acercó unos cuantos pasos medio empujando a su hermano que estaba quieto mirando al grande profundamente, no comprendí cómo podían vivir ellos con semejante asesino en casa.

—Llama a Koushiro, el gato está lastimado —le dijo Sora y Takeru, antes de pisar la orina del herido, subió de nuevo.

—¿Joe? —lo llamó Yamato.

—¿Qué quieres?

—¿No vas a explicar qué haces a estas horas? Taichi dijo que permaneciéramos en casa y quietos, sin visitas.

—Precisamente por eso me fui para dejarle paz a la perra de tu amiga —fue su respuesta, pero yo sabía que estaba hablando de mí.

—Cierra tus fauces, asesino —fue mi ataque defensivo, sus ojos se abrieron alarmantemente pero Yamato llamó su atención y le dio una mirada de comprensión como para que se quedara tranquilo, por último, él respiró profundo y se levantó para subir las escaleras en tanto las bajaban Izzy y Takeru. Yamato volvió a quedarse quieto.

La revisión de Izzy fue rápida y correcta, fue sólo un dolor muscular pero debía permanecer con la cabeza y las costillas vendadas por el traumatismo que podían crear esas. Lo pusieron en una caja bastante alta y con agujeros pues los gatos solían escaparse cuando estaban mejor, eran inquietos y yo lo había confirmado.

Cuando ya pasó el mal rato solamente en la sala estábamos los cuatro, Yamato había limpiado la suciedad y Sora no había querido apartarse de mí. Pronto de uno a uno se fueron retirando, Koushiro y Takeru, finalmente Yamato que se nos acercó con una advertencia:

—Niña bonita —me estaba mirando a mí—, te deseo suerte al igual que a Sora, Joe las tiene a ambas en la mira —él se detuvo para cuestionar nuestras miradas y acciones—. Y no vengan al primer piso solas… nunca jamás.

Entonces se fue dejándonos un hueco en el estómago y en el cerebro. Quince minutos más tarde, Sora y yo subimos en silencio y cada una entró a su habitación. Yo no sabía cómo iba a dormir ahora, si es que acaso podía cerrarlos ojos por más de 10 segundos, porque la aterradora imagen del tal Joe lanzando al gato contra el suelo no se me iba a borrar en varios días, sin embargo si pude acostarme y descansar la vista un par de minutos gracias a la dulzura y el cariño que transmitía Izzy en su curación, recordé sus sonrisas destellantes para Momo y por un momento deseé que me las dedicara a mí.

No era que me gustara, sino que en ese momento el gato no era el único asustado; yo también lo estaba y ellos no lo sabían.

Aún así, pude dormir hasta que el sol estuvo bastante fuerte y ya pasaba el medio día. Momo seguía en su lugar descansando y eso fue un alivio.

Abrí la puerta de la habitación con los nervios a flor de piel y asomé mi cabeza primero. No estaba tan oscuro pero sí se sentía húmedo y de extremo cuidado, poco a poco fui sacando el resto de mi cuerpo y toqué con furia ambas puerta la de Hikari y la puerta de Sora. Ésta última abrió inmediatamente y Hikari tardó otro poco pero estaba adormilada, las tres entramos en la habitación de Hikari con cortinas cerradas y nos sentamos en su cama grande.

Entre Sora y yo (más yo que Sora), le contamos a Hikari la travesía de la madrugada y la agresividad que presentaba Joe, de una vez me enteré que era profesor de Sora y que tenía una cierta atracción por ser "metido" e interrumpir cosas importantes.

Las tres nos pusimos de pie al mismo tiempo y como ya todas estábamos sin el pijama, bajamos recordando la advertencia de Yamato que ahora se me hacía más fuerte. Al bajar nos encontramos con una mudez sepulcral extendiéndose hasta por nuestro interior. Seguimos a Hikari, yo era la que tenía menos miedo, hasta la cocina pero tampoco había nadie.

El desayuno se nos fue velozmente y pronto mi plato de arroz con miso ya estaba en mi estómago. Silencio. Afonía. Elipsis. Nada. Intervalo muy largo.

—Buenos días —saludó Takeru entrando por la puerta giratoria pesada—. ¿Qué tal su noche?

—Genial.

—Igual.

—Horrible.

Fueron las respuestas de cada una de nosotras, Hikari, Sora y yo, cada una en ése orden.

—¿Eso por qué?

Pero todas respondimos lo mismo, aunque con tonos distintos desde alegría, cansancio e irritación. Ésta última era yo.

—No sé.

—¡Qué ánimos tan contradictorios los de ustedes! —fue su respuesta mientras se sentaba con su plato de comida a desayunar.

—¿No hay bestias hoy? —preguntó Sora moviendo la cabeza a todos lados.

—No —respondió él con la boca llena—, Koushiro tiene guardia, Taichi fue a sus clases de italiano, Kido… ya sabes como es él con sus cosas y Matt…

—Vale, solamente estás tú con nosotras —le interrumpió Sora.

Nuevamente hubo reacciones diferentes, yo solté el aire en mis pulmones y me relajé como nunca me había relajado, en Sora sentí esa comodidad y mejoría al hablar, como si se quitara una tensión de encima. Hikari, por el contrario, se puso tensa y miró al suelo entretenida.

Hasta Hikari había cambiado un poco. Pero yo ya me sabía el porqué y es que también lo había visto en la noche cuando fueron a mi habitación, Kari tenía razón al hablar de su mirada inocente y de la dulzura en sus acciones, más aún si eran para ella. No se quedaba atrás la belleza de hombre que ya tenía y la sonrisa torcida que también me embobaba; él la miraba, le gustaba, en verdad estaba interesado en Hikari, no como una barata sino como la chica valiosa que era.

Pero, ¿Sora? ¿Qué tenía Sora? Ella había cambiado un montón de cosas, sí seguía siendo gruñoncita, responsable, se preocupaba por los demás pero existía algo interno… muy dentro de ella que la hacía ligeramente distinta.

¿Yo también cambiaría? Ya había comenzado mi proceso cambiante, pues con Michael abrimos los dos una puerta en mi corazón que pensé estaría cerrada por siempre, luego de los escupitajos, las maldiciones, los malos ojos, los deseos de muerte… después de todo eso tatuado en mí, alguien comenzaba a tatuar nuevas cosas sobre mi piel desnuda. ¿Por qué tenía que irse? ¿Por qué tenía que pasarme a mí? ¿Por qué tenía que acabarse la noche pasada? Tal vez dolería más verlo al lado de mi cama al despertar y que se fuera en la mañana…

De todas formas se iría.

De todas formas se iría.

De todas formas se iría.

De todas formas se iría.

Me repetí muchas veces en la cabeza esa frase y comencé a sentirme un poquito mejor.

—Yo tengo que terminar de trabajar, así que no se preocupen, tienen la casa para ustedes solas —nos dijo divertido y con una sonrisa seguida del guiñó de ojo—. Eso sí, no salgan a la calle… es cosa de seguridad.

—Está bien —le respondió Sora—, no saldremos para nada.

—Yo me voy a mi habitación —argumentó Hikari sin más nada que aportar y se levantó de la silla con una cara terrible.

Yo la seguí pero Sora tardó otro poco, las dos corrimos hasta el segundo piso y ella se pegó a la puerta de su habitación sin entrar en ella pero sabía que yo la seguiría y tendría que hablar conmigo de su actitud.

Pero ella no lloró, solamente estaba abrazándose a sí misma. Corrí a su rescate y también la abracé, más tarde, Sora se nos unió y sentí que retornábamos a Hikarigaoka, en nuestra habitación enorme, en la cocina pequeña, el baño lila, el piso bien cuidado, el comedor gigante.

Mi hogar.

Nadie dijo más nada referente a la repentina depresión de Hikari, me suponía yo, causada por algo que Takeru le hizo sentir, pero quien acabó la mudez que sentíamos desde temprano fue Sora.

—Mimi, ya viste lo que sucedió ayer —me recordó y una supernova golpeó mi corazón—. Es hora de que conozcas la casa de las bestias.

Kari rió y se limpió la nariz con un pañuelo que Sora le había prestado, ambas me tomaron de las manos y me dirigieron a la primera habitación que ya conocía.

—Aquí duermen las bestias rubias, sus ojos azules son una maldición del lago en el infierno, de donde provienen —relataba Sora con gracia y picardía—. Este espécimen de dragón es único y especialmente torpe, cada uno a su forma. Es muy extraño conseguirlos en su recámara ya que les gusta tomar aire y beber licor; se debe tener precaución con el mayor ya que es muy agresivo e impulsivo, el más pequeño tiende a ser inocente pero sus dientes son afilados y pueden destrozar el dorso de su presa con una sola mordida.

—¡Ay Sora, no exageres! —la regañé y las tres comenzamos a reírnos.

El recorrido continuó con un espécimen que Hikari llamó: Homoizzucus Rarilunis Sabelonada. Refiriéndose a Izzy (aunque su nombre real era Koushiro, y no lo sabía). Luego nos desviamos 180º y me señalaron la habitación de Joe Kido, el estúpido asesino de gatitos tiernos, a él ambas los describieron como un pelele-muchacho-de-68añosmentales-alcohólico-gilipollas. ¿Descripción en español? El imbécil más grande de todos, no solía ser tan cruel pero… en él no podía ver nada positivo.

Hikari también quedó impresionada con una habitación que Sora llamó de "entretenimiento" pero la puerta estaba cerrada y no pudo abrirla para demostrarnos qué tan real era el entretenimiento. También la habitación de Takeru vacía, que, según ella y su papel de excursionista y guía de Jurasic Park, el dragón rubio la había destrozado en la temporada de apareamiento. Cosa que no puso demasiado contenta a Hikari.

Para continuar con el recorrido nuestra guía fue Hikari Yume Yagami, quien nos llevó a la primera habitación del primer piso, siendo esta un baño completamente de cerámicas negras y un vidrio transparente. La siguiente habitación estaba repleta de libros y paredes frías, la cual ella describió que era peor que una librería pública. En la próxima, Sora optó por no entrar, aunque no nos dijo el porqué, simplemente no lo hizo; la habitación era casi un estudio de música. En la siguiente fue Sora quien abrió la puerta y nos encontramos con…

—¿Takeru? —dijo Sora, automáticamente Hikari se escondió detrás de mí—, ¿qué haces aquí?

—Trabajando —respondió con una sonrisa—. Yo debo saber qué hacen ustedes aquí.

Todas nos miramos pero fui yo quien le respondió, pues Kari estaba demasiado temerosa y Sora solía pensar demasiado las cosas.

—Les pedí que me mostraran la casa, para no equivocarme como anoche —nos excusé.

Él entendió y nos dijo que no había problema, y que sólo debíamos cuidarnos de no entrar en las habitaciones que no nos pertenecían. Me sentí regañada, luego de mucho tiempo en el que hice lo que me daba la gana, ahora llegaba un niño de 18 a decirme qué era correcto y qué no. ¡Qué bajo estaba cayendo!

—Hikari, ¿podrías venir un momento? —dijo él, la aludida volteó y lo encaró sin ganas. Ella no quería ir pero le di un pequeño empujón en la parte baja de la espalda y dio el resto de los pasos que le faltaban, sentándose al lado de Takeru en el enorme sillón.

Sora y yo comprendimos que aquel asunto era de ellos y nosotras estorbábamos, por lo que les echamos la última mirada a los dos pequeños y cerramos la puerta para avanzar al siguiente destino, ahora con la advertencia de Takeru. El tercer piso era algo mucho más macabro y gótico, con candelabros de velas apagadas y una oscuridad por las cortinas que no abrían nunca.

La primera habitación que Sora señaló desde lejos fue la de Taichi pero con ésta no bromeó. Yo sabía a la perfección todo lo que había ocurrido entre ellos hace un año; desde el momento en que ella sufrió el desgarre de su padre y se apegó a la familia Yagami, hasta los problemas con su ex novio Kouji y su gemelo Kouichi en el medio de todo el asunto, incluso la relación de cuatro años Takenouchi-Yagami me la sabía de memoria. Lo único desconocido para mí eran los pensamientos de Taichi. Quizás parte de esos pensamientos estaban detrás de esa puerta que ninguna de las dos queríamos atravesar por tres razones.

Una. Recuerdos.

Dos. Descubrimientos.

Tres. Espionaje.

Simplemente no teníamos nada que hacer dentro.

Luego ella me mostró (esta vez rompiendo el tratado con Takeru) el comedor donde cenaron dos días atrás, me sentí celosa pues seguro no habría nada más genial que comer con tanta elegancia.

Aún así, nos quedaban tres puertas más que no sabíamos a dónde nos llevaban, mi amiga pelirroja tomó la iniciativa de abrir la primera y nos tropezamos con un bar, ¿podía llamarlo bar? Era una especie de habitación con millones de licores antiguos y de gran valor, Sora hizo signo de asco mientras yo quedaba maravillada con tanta elegancia que representaba eso para mí.

Cerramos la puerta porque el olor fatigaba a Sora y a mí me embobaba. La puerta que le seguía no estaba tan escondida y al abrirla las dos gritamos de alegría con lo que veíamos.

—Taichi está mal de la cabeza —soltó ella sonriente— ¡Esto es una depravación! ¡Es una exageración!

—¡Pellízcame, pellízcame Sora Takenouchi! ¡Escándalo, escándalo!

No sabía hasta qué punto eso maravillaba a mi amiga curiosa, pero a mí me ponía contenta ya que mis piernas estaban demasiado descuidadas y necesitaba una buenas dosis de lo que veía. Las dos corrimos y cerramos las puertas entre risas. Mientras no llegaran los demás chicos podíamos hacer de las nuestras allí dentro.

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Takeru Takaishi POV's

¿Trabajar? ¿En qué estaba pensando? Seguro ninguna de ellas creyó mi mentira. Hikari avanzó con ayuda de Mimi cuando la llamé, ¿estaba molesta aún por lo de anoche? Necesitaba saberlo, principalmente ahora que su hermano no estaba en casa. La invité a sentarse a mi lado en el gran sofá, ella lo hizo sin ganas por lo que me sentí más culpable de su miseria.

—¿Para qué me llamaste? —me preguntó con la cabeza aún hundida, pero se hundió más cuando subió sus piernas y apoyó su rostro en las rodillas.

Respiré hondo y la miré con anhelo. —¿Estás enojada conmigo?

—¿Debería estarlo? —fría.

—Eso quiero que me digas —tácito.

—No —neutral.

—Hikari por Dios, sé que no quieres hablarme, dime qué te dijo Taichi. Sé que es mi culpa por estar impaciente pero ponte en mi lugar… Kari, no me controlo contigo.

—Pues ahora te estás controlando bastante bien, creo yo —siguió con sus tonos nulos.

Nada me hacía sentir peor. Ella lo sabía. Pero eso no iba a detenerla.

Por alguna razón ella necesitaba ser fría conmigo y mostrarme indiferencia; la noche anterior, en espera de Mimi quise intentar demostrarle mi cariño y respeto pero ella se negó diciendo que era demasiado peligroso con tantos en casa y más aún, si uno de esos era su hermano. Dicho y hecho. Al intentarlo, Sora bajó las escaleras e hizo detenerme, en seguida detrás de ella Taichi hizo acto de presencia con los brazos cruzados y actitud autoritaria, pero nos salvamos gracias a la buena excusa de Sora. No sabía si se había dado cuenta, de ser así ya sería hombre muerto.

Algo, no sabía qué, le tuvo que decir para que comenzara a tratarme diferente. Yo, que había sido caballeroso con ella… no entendía cómo Tai podía impedirle forjar amistad conmigo (aunque secretamente lo de nosotros era más que una amistad).

Yo me moría por besarla a cada rato, en las mañana quería levantarme lo más temprano posible y en las noches lo más tarde que mi cuerpo aguantara para verla a cada instante; toda ella era una bendición, desde sus ojos canela dulce y el cabello almendra que le caía sin obstrucciones hasta la mandíbula fina, que fuera menuda también me enloquecía pues no era un niñito… tenía dieciocho años y buscaba algo más que abracitos en una chica, aunque no por maldad, ni por perversidad… simplemente porque ella me hacía sentir grande, estar con ella era elevarme al cielo.

Pero cuando ella se enfriaba, como ahora, me estrellaba con el hielo de la indiferencia.

—Estoy haciendo un esfuerzo por no lanzarme sobre ti —le respondí, que sonora como debía sonar… yo no le buscaría la parte crucial.

—Deja de comportarte así, por favor —ordenó—. Mejor me voy.

—No, no, no, no —dije, aparté mi computadora portátil y me arrodillé frente a ella—. Hablemos, por favor. Si vamos a dejar de ser amigos entonces al menos dime la razón.

Ella no quiso mirarme, pero sentí como su corazón frío se descongelaba y dejaba la calidez dentro de ella en verdad. Como se iba quemando con sus mentiras, y como yo me sentía mal por esas acciones y ese dolor ajeno. Lloró, ella lloró a diestra y siniestra sin decir nada que me ayudara, sólo tuve que quedarme abrazándola, cuidando que su corazón no volviera a enfriarse y que tampoco se incendiara ella misma en la fogata que acababa de prender.

Aunque mi camisa se mojara y dejara el trabajo botado a un lado, ella seguía siendo el centro del universo. Primero ella, segundo ella, tercero ella, cuarto ella, quinto… mi corazón.

—Lo siento —se disculpó ella—, ya no lloraré… en serio.

—Está bien… sabes que llorar está bien si lo necesitas, no te preocupes, conmigo puedes llorar todas las veces que quieras y a cualquier hora.

Ella asistió hundida en mi pecho mientras seguía acariciando débiles mechones de su cabello. Su corazón junto al mío, lo sentía latir incrementando el del mío.

—No quiero herirte, Tk —dijo ella, yo iba a argumentar que no lo estaba haciendo pero Kari siguió hablando lo que esperaba que fuera la explicación—. Ni a Taichi. Ponte en mi lugar, si Matt te dice que por tu bien no debes estar conmigo… ¿qué le dirías?

—Que no es asunto suyo, que esta es mi vida… y que —tragué saliva, se aceleró, se detuvo, pasó y pude hablar— que te quiero demasiado…

Ella movió la cabeza negando —Yo no puedo decirle eso a Tai. Mi hermano ha pasado por tantas cosas Takeru, a veces me pregunto cómo es capaz una persona de soportar tantos maltratos, una vida tan dura cargada de sufrimientos, amarguras, Tai lo hizo y sigue luchando con los monstruos del pasado.

Me quedé callado, para que ella siguiera explicándome cosas que tenía que ver con esa lejanía que ahora presentaba su mente de la mía, no podía descifrarla, no tenía ni la mínima idea de qué cosas, aparte de su amor enfrascado por Sora, pudo sufrir Taichi y sin embargo seguramente Hikari no las nombraría para mí. No ahora.

—Yo no quiero ser otro de esos monstruos Takeru, ni quiero que tú seas uno. No quiero que te odie como odia a tantas personas. Dejemos que pasé un tiempo… algo que le deje claro que tú y yo no tenemos nada. Luego…

—¿Luego qué?

—Luego veré… —respondió.

—Hikari, está bien, hagámoslo —me rendí—. Yo no te buscaré cuando estén los demás pero… prometamos algo.

—¡No estoy en condiciones de prometer nada, Takeru! —gritó apartándose—. No te voy a prometer decírselo algún día porque no es mi salud la que está en juego, es la de mi hermano, la única familia que tengo, mi razón de seguir adelante.

—No he dicho eso… ¿Entonces qué, Hikari? Si Tai te dice que vayas y duermas con Yamato ¿lo harás? ¿O con Koushiro?

—¡Cállate!

Ella rompió en llanto de nuevo, esta vez no fui a socorrerla, se estaba quemando, estaba ardiendo, si la tocaba me iba a quemar yo también. Ira, impotencia, nuestros sentimientos compartidos, ¿el amor? No sabía si Hikari me amaba tanto como yo a ella, tanto como para enfrentarse a su hermano.

—Lo siento…

—Taichi tenía razón, eres igual a todos… esperas que caigan con esa mirada tuya y cuando las tienes, las besas, las ilusionas, las llenas de vida y cuando te cansas las echas a la basura y busca a otra, ¿verdad? Te escondes detrás de esa mascara de inocencia, pero eres terrible, me das asco.

—¡Yo no te estoy obligando a nada! Además, ¿cómo eres capaz de decirme eso? ¿No ves que lo que te digo?, lo hago porque me importas. Tú no puedes vivir por Taichi, Tai no te va a durar toda la vida…

Estaba siendo demasiado duro y ronco con ella, pero tenía que hacerla entender. Kari no era de esas personas a las que hay que llegarles con cuatro piedras en la mano para hacerla entender pero cuando se quemaba, cuando entraba a esa pequeña fogata que incrementaba con ella dentro tenía que hacerlo. Aunque ella ardiera más.

—¿¡Qué! ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Tú no eres vidente ni nada para decirme que Tai se morirá —se llevó las manos a la cabeza y se cubrió entre ellas.

—No estoy diciendo que lo haga pronto, simplemente que algún día ocurrirá, ¿y qué harás ese día? ¿También te matarás? No puedes… no puedes entregar así tu vida, a nadie —le dije tomándola de las manos, pegada a la puerta de esa habitación donde me inspiré tantas veces, tantas noches soñando con ella y sus labios que ya había probado—. La que malinterpreta todo eres tú, Kari. Tienes miedo de estar sola, yo lo sé, Taichi lo es todo para ti, es tu héroe, tu Dios pero debes saber que dentro de ti hay más personas… qué importa si no tienen tu misma sangre, ellos son tu familia. Sora, Mimi, tus amigos de la universidad, incluso los que viven en esta casa… yo, Hikari, yo que te amo… ¿ninguno merece estar allí dentro?

Dejé que mi mano se fuera directamente a su pecho, tocando su corazón latir, un suspiro que entraba y salía, entraba y salía, pero nada se quedaba dentro… seguía caliente, y estaba por convertirse en hielo de nuevo. Ella siguió llorando, ahora hecha nada, estaba dolorida…

Porque todo lo que dije era real.

Le golpeaba la verdad. Sus miedos. Le sorprendía que alguien le conociera el corazón tan bien. Había sido muy duro, no tanto con ella sino conmigo mismo, ¿cómo? Yo la entendía. Yo pasé por todas esas cosas… la soledad, el miedo que se crea dentro de uno mismo, la ansiedad de salir y no saber cómo, las ganas de probar algo nuevo, el pensamiento y las cicatrices que quedan dentro… ella era tan frágil que tocar ese mundo oscuro la mataría inmediatamente.

Más aún si su único apoyo, que ella permitiera, era su hermano mayor.

Estaba allí, en su silla. Yo debía ponerla en la mía, enseñarle a abrirse, a relajarse, a cambiar.

—No quiero hacerle daño a ninguno.

—No les harás daño… ¿hay alguien aquí? —volví a tocar su pecho, ahora más agitado por otra razón que por emoción o rabia.

La cargué sin demasiado esfuerzo pues no era tan pesada y la recosté sobre el sillón y allí se quedó, luchando contra el asma que padecía y lo que las emociones fuertes le ocasionaban a su corazón y a sus pulmones, como la alteraban y la volvían más pequeña.

—Lo siento… Kari, lo siento muchísimo… Discúlpame por hablarte así y por ocasionarte eso.

Ella, con sus ojos cerrados, con el pecho arriba, abajo, arriba, abajo. Los abrió, me dejó verla sonreír de nuevo, tomó mi mano y respondió mi pregunta.

—Sí, todos están conmigo pero…

—Hikari, si dices pero es porque tienes miedo de tratar.

Ella asistió apretando mi mano.

—Le tengo miedo a muchas cosas, Takeru —me dijo—, pero la muerte no es una de esas.

Quedé extrañado pero ella continuó su relato, no sin antes suministrarle la medicina que siempre cargaba en el bolsillo.

—Es la soledad, la nada, lo que no llego a sentir, volverme inútil, de plástico, de aire… Me da miedo, cerrar los ojos y que al despertar nada esté.

—¿Entonces por qué no vives tu vida independientemente? Y no tienes que preocuparte, ya te dije que hay muchas personas que se preocupan por ti y te quieren.

Hikari pareció meditarlo, o al menos eso pensé durante un buen rato pero luego simplemente dejó sus ojos cerrados, su corazón seguía latiendo y brillaba para mí. Su belleza dormida, su nariz perfilada, su boca de granada, sus piernas delgadas… todo era una luz y yo era el único bendecido con ella.

Ella decía que Taichi había sufrido demasiado, pero no se daba cuenta que ella también sufrió con él, ¿por qué las personas malinterpretan las acciones? No se daba cuenta qué estaba haciendo, al estar atada a él sentía que sufría ella, mas no él. Seguro Hikari pensaba, equívocamente, que al tener personas dentro de ella, que la siguieran sufrirían de igual forma; se veía en el espejo equivocado como una persona mala y perversa.

Kari era un ángel, una princesa sin pecados, una niña inocente que jugaba a ser persona grande. Tenía razón, ella y Tai la tenían, yo no era un niño inocente… ya no podía serlo, pero ella… la chica que quería estaba en la flor de la esperanza y yo sería el encargado, así ella no quisiera, de que disfrutara cada momento como si un meteoro le pudiera llegar y llevársela.

Aunque el que en verdad podía irse era yo.

Allí, en el suelo admirándola terminé los últimos párrafos del capítulo XI de la novela que escribía desde hace mucho. Me inspiró, me iluminó, y ella no lo sabía… No sabía que me moría por tenerla, no sabía que estaba enloqueciendo por su aroma florar ni que necesitaba otro de esos besos suyos para volver a pasear por Marte, y regresar con ella en mis brazos. Nada. No sabía nada.

No supe cuánto tiempo me quedé mirándola descansar y soñando quien sabe con qué cosa, pero fuera lo que fuera debía ser muy agradable para que se quedara quieta y sonriente. Pasó un buen rato hasta que se levantó ella sola restregándose sus ojos hermosos, me miró sorprendida aunque ella ya sabía que me encontraría allí al despertar.

—Buenas tardes, Aurora.

Ella rió con ternura y el corazón me explotó —Buenas tardes, príncipe Felipe.

—Mis disculpas, creo que no he cumplido mi papel como debo hacerlo… Yo debía besarla para que se despertara de su sueño profundo.

—¿Qué espera príncipe? Béseme en los labios —pidió con las mejillas encendidas y yo simplemente obedecí mientras ella se incorporaba y se sentaba.

Su boca. Mi boca. Juntas. Era una sensación diferente cada vez que la tenía así de cerca, y más allí que sabía que era solo mía, nadie me la podría quitar. Estaba adentro y se iba a quedar allí mientras ella quisiera. Fue más agresivo que los demás, era nuestro tercer beso y el quinto intento; significaba más que un beso, eran dos almas uniéndose por amor, por ese sentimiento en común que se incrementaba cuando ella se acercaba y me empujaba… me llevaba hacia atrás, me atraía de nuevo y yo me dejaba manipular.

Era un idiota enamorado, una mirada, una sonrisa y un hola y ya era suficiente para hipnotizarme, ¿qué cómo lo hizo? ¿Y acaso importaba ahora? Si acaso… lo único que debería interesarme era cómo escapar de ese sentimiento, pero yo no quería, así que no había nada que hacer, sólo dejarse acariciar por sus finos dedos, sus labios benditos y las sonrisas deslumbradoras, fueran para mí o no.

—Dilo ahora.

No entendía a qué se refería.

—¿Qué cosa, Hikari?

—La promesa…

¿Valía? No creía que ella tuviera que probarme nada, no ahora que sabía lo que ella no fue capaz de decirme, lo sentí… no importaba, de verdad que no.

—Ya no importa.

—Anda dilo… —Kari hizo ojitos divertida y yo me carcajeé de ello.

—Seamos cuidadosos, yo esperaré pero… mientras podamos estar juntos libremente, hagámoslo, ¿no crees? —pregunté y ella bajo la mirada hasta nuestras manos entrelazadas—. Justo como ahora, ¿no lo deseas? No le harás daño, sólo serás feliz a tu manera…

—¿Cómo decirte que no si acabas de besarme así? —ella sonrió y el mundo se levantó, los colores se hicieron fosforescentes y lo muerto en la tierra revivió con magia—. ¿Cómo evitar amarte más con tu mirada?

—No luches entonces… y déjate llevar.

Se acabó la habladuría. Aunque eso último sentí que lo dije más para mí que para ella, como fuera que lo tomara no importaba. Sus ojos dulces y duros. Mis ojos libres y esperanzadores. Fue una colisión de partículas, como se enamoran las personas… como ella, una chica responsable, decidida, atenta termina enredada con un muchacho relajado, confuso y despreocupado.

No creía mucho en eso de que los opuestos se atraían porque en verdad teníamos tanto en común como en lo que nos diferenciábamos. Una combinación de personas podía crear la nueva generación. También era escéptico en cuanto a los cuentos de hadas, sabían que las princesas estaban por todas partes pero los príncipes que quedaban no las merecían o simplemente se pintaban de ello y cuando le lanzaban el agua de la verdad morían sabiendo que el dragón al que le temían estaba dentro de ellos.

Los gritos comenzaron a escucharse y nos detuvieron la inspiración. Kari se levantó y me dio la mano para ponerme de pie también. En la sala por un momento dejamos de escuchar los gritos y pude identificar el primero de ellos en las escaleras.

—¡Mimi!

—Espérate, espérate —dijo Hikari y seguidamente me chistó, ambos prestamos atención al siguiente grito—. ¡Sora!

Entramos a sus habitaciones pero el ruido provenía del tercer piso. Kari fue más rápida que yo y cuando reaccioné ya estaba arriba. Los gritos se escuchaban con mayor intensidad pero dejaron de parecer tortura, no sólo por las risas que proseguían de los gritos sino también de lo que Mimi dijo:

—¡Te voy a ganar con este! —y luego el grito de Sora al estilo película de terror.

—¿Qué significa eso?

Comencé a reírme pues ya sabía dónde estaban las pequeñas (grandes) escurridizas. Y yo que pensé me habían hecho caso cuando dije que no entraran en ninguna habitación que no fuera de ellas. Moví la perilla de la habitación donde sabía que ellas estaban y el viento de Noviembre me golpeó en la cara. Sora estaba en la plataforma de 4 metros y se lanzó en picada provocando otro de los gritos en Mimi.

Ambas se rieron al vernos a ambos allí, Kari no salía del asombró mientras las chicas se carcajeaban en la piscina.

—¿Por qué no me dijeron que tenían piscina? ¿Están locos? —cuestionó la princesa castaña a mi lado.

—Porque son cosas que no saben saberse, porque entonces pasaría eso —señalé a las dos sirenas que se movían con gracia.

—¡Esto es inválido! —Hikari se fue refunfuñando y pisando fuerte en cada caminar; las chicas mostraron sus dientes blancos y comenzaron a lanzarme agua desde la lejanía de la piscina. Me acerqué a ellas para pedirles que salieran pero… vaya error el mío.

Apenas me incliné Mimi dobló mis rodillas y Sora me jaló de los brazos, entonces caí dentro de la piscina enorme. Mis oídos llenos de agua sólo escuchaban sus risas en la superficie, abrí mis ojos y pude encontrar las piernas de una de ellas, no vi bien cuál de las dos pero la jalé al fondo conmigo pero la risa seguía oyéndose arriba. Hasta que otro cuerpo saltó al agua y subí con Sora a mi lado, descubriendo que a quien había hundido era ella.

Hikari entró a la piscina y los dos quedamos igual de impresionados al vernos allí, ella con su traje de baño y el cabello pegado a las mejillas y yo con la misma ropa pero mojada. A que fue la escena más graciosa en toda la casa.

Mimi llamó nuestra atención con un silbido y volteamos para encontrarla en la plataforma.

—A esto lo llamo clavada a la Mimi…

Pero no pudo terminar de presentar su salto porque Sora la empujó desde atrás haciéndola caer en el despiste —Y esa es una a la Takenouchi.

Pasamos un buen rato los cuatro, entre empujones y risotadas, me vi en la obligación de quitarme la camisa y quedarme en las mismas bermudas para recibir los comentarios perversos de Mimi; Sora se echaba a reír y Kari… sonrojada como una manzana. No sé hasta qué punto dejé volar mi imaginación con las piernas y el trasero escultural de Mimi Tachikawa, ni hasta dónde me llevaron los pechos bien redondos y levantados de Sora, pero sin dudas lo que más me atraía del visaje era la figura pequeña y fina de Hikari… la fragilidad en sus pechos recién salidos y la naturalidad de ellos, sus piernas pequeñas pero bien fuertes… me volvía loco.

Y más aún, su mirada sonriente cuando se lanzaba con una voltereta que no hacía ninguna de las otras dos chicas.

Escuchamos la puerta de la azotea abrirse, suponíamos que así como Kari y yo escuchamos a las chicas arriba, ellos nos encontraron a nosotros. Sora se metió bajo el agua pero los demás nos quedamos en la superficie viendo la cara dura de Taichi, seguro ya estaba muerto.

—Así que aquí estaban.

—Sí —le dijo Mimi saludando con su mano—, ¿por qué no te nos unes?

—Estoy cansado y ya sabes como me pongo yo…

Mimi soltó la bomba, y pronto comencé a verlo como un juego:

—Takeru, ¿hace cuánto está Sora en el fondo?

—Tiene más o menos dos minutos —le respondió Hikari nadando hasta ella.

—Oh, oh…

—¿Cómo que "oh, oh", Mimi? —gruñó el embajador dueño de la casa. Al poco tiempo entendí lo que pretendían, se me ocurrió detener a Taichi pero no pude evitar ver la repetición de mi caída—. ¡Sora!

Taichi se acercó a la línea de peligro y lo vi todo con mejores ojos. Mimi acarició la parte interna de las rodillas Kari le tomó una mano y Sora salió de las profundidades jalándolo del otro lado porque él era mucho más pesado que yo. Así nuevas risas nacieron de nosotros cuatro, ahora cinco en la piscina.

¿Qué les diría él a ellas? ¿Y a mí?

Bueno… al menos deleité mi vista los últimos segundos de mi vida.

Notas de Autora.

¿Les ha gustado este capítulo? A mí sí, aunque sirvió más como para explicar otro poco de la historia de Mimi y Takuya, ¿qué pasó entre ellos? De eso hablaré luego. Sé que en este capítulo desapareció el Taiorato, así que prometo que el próximo será mucho más de todo ese drama que les gusta. También habrá capítulos así, que sólo serán de los secundarios… para, ya saben, no cansarlos del dramón.

Dije que debía ponerme más atenta con mis fics, así que creo que esta semana me pondré en marcha a escribir mucho, mucho de los demás pero no dejaré este ya que nos acercamos a la parte cumbre y decisiva *grititos* Ok, no, falta más o menos para que llegue eso pero debo acortarlo todo ya que se hace demasiado largo, ¿quieren que haga eso? ¿O escribo todo? ¡Esto es difícil!

Mi tardanza, como ya expliqué arriba, se ocasionó por mi ausencia en casa de mi abuela y el jodido teclado incómodo, además que la silla era re pequeña y yo también lo soy, así que no tenía muchas esperanzas para mi espalda que ahora está adolorida. Mañana será mi sesión fotográfica y estoy emocionada, todas las cosas del día a día me inspiran, entre otras tantas que puedo conectar con Taichi Yagami (¿eso está bien?). También, pediré disculpas pues no podré responder sus hermosos reviews ya que ahora no tengo Internet y estoy actualizando en casa de mi tío, gracias a mi hermanito por gastarse el crédito ¬¬ ¡Ahora sufriré! Una semana más para escribir únicamente. Y además de unos cuantos problemitas para subir este capi porque al parecer el archivo tenía un error y me había asustado feísimo.

Quiero aclarar algo, no odio a Joe, en serio no… Pero creo que no podía poner a más nadie como el muchacho malo e impulsivo, pero démosle un aplauso a Yamato al rescate ¡Viva!

Muchas gracias por sus reviews: Puchisko, Aldinn, annia, Ichijouji Kany-chan, Takeru fang, puppi25nov, rockpink94 & SoraTakenouchii ¡Qué lindura! Ahora, quería aclarar algo, no sé si lo sabían pero aunque lo tengan cuenta registrada de Fanfiction igual pueden dejar un review, ¿sí? ¡No importa sino tienen! Así que gracias, gracias a quienes me agregaron al Facebook y me dejaron comentarios, ¡gracias chicos! Y… como en serio les encantan mis cantos acapella, esta semana cantaré algo de Aerosmith, ¿les gusta Pink? Pink is my new obsesión. Pink is not even a question (?)

El nombre del capítulo: Contare su di me, significa "Cuenta conmigo", es para recordar que esta historia no es sólo de Matt, Tai y Sora, sino que hay otros personajes que también viven en la súper mansión, y le dan color a esta historia, gracias a Tk y Kari, Mimi, Joe y Kou.

Nos leemos en la próxima. Muchos besos y bendiciones a ustedes.

Pd. ¿Es mi imaginación o esta Nota no tiene gracia?
¡Recuerden que las chicas sólo quieren diversión!

Rose.