DISCLAIMER: El software Vocaloid, la novela escrita por Akuno-P y las canciones a las que se hace mención no son de mi autoría y no me pertenecen, lo único que es mío es la trama y los personajes secundarios (la gente del pueblo, el ministro,…)

ACTO XI.-DOS HABITANTES MÁS.

Había ocurrido, cuando ambos llegaron a su puesto de trabajo el velador les había informado del deceso del prisionero número cien, Taito Shion. Su hermano mayor estaba muerto, la enfermedad y las malas condiciones acabaron con la llama de su vida.

El día estaba nublado y gris, justo como ambos se sentían, su familia se hacía cada vez más pequeña, primero se habían quedado sin su madre, luego su padre fue asesinado frente a sus ojos y ahora su hermano había muerto de una enfermedad. Kaiko lloraba desconsoladamente mientras Kaito la abrazaba, frente a ellos el cadáver de quien fuese su hermano mayor era sepultado al tiempo que el sacerdote decía oraciones para ayudar a su alma a encontrar el descanso y la paz eterna.

Taito descansaría, al lado de la sepultura de su padre y madre.

Oraciones, lágrimas y dolor era todo lo que llenaba el ambiente, el ambiente que siempre estaba presente en un entierro. Luego de dos largas y tristes horas que incluían tierra y un ataúd se fueron a casa, tristes y cansados tras la velación de su hermano y posteriormente el sepelio. Kaiko rezaba en voz baja mientras el café en la mesa se enfriaba, Kaito tenía un enorme nudo en la garganta que trababa de sofocar con café amargo y caliente, se sentía la tristeza en el ambiente.

—Tal vez deberíamos dejar la prisión, ya no tiene caso estar allí —susurró Kaiko quien había terminado sus oraciones.

—La paga no es mala —susurró Kaito a su hermana.

—Pero, nosotros somos chefs de categoría, no cocineros de prisión, nos educaron para cocinar para gente adinerada, nobles y la realeza, no podemos seguir allí —repuso.

— ¿Y dónde se te ocurre que vamos a trabajar? ¿Acaso conoces algún noble que requiera chefs de categoría?—preguntó Kaito.

—La señorita Glassred podría darnos trabajo —dijo —Ella me ofreció empleo hace un mes, vive en una enorme mansión cerca de la plaza.

— ¿Adiós a la prisión y al asqueroso puré de verduras que nos obligan a cocinar? —preguntó Kaito.

—Sí, y hola a cocinar nuevamente platillos gourmet —dijo ella.

—Pasando el novenario, iremos a verla—dijo él mirando a su hermana con sus enrojecidos ojos.

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Conchita llevaba un enorme ramo de flores en las manos y caminaba por el pasillo que conducía al altar, las dejaría a los pies de una de las imágenes del templo. Así lo hizo y se arrodilló a rezar en ese lugar, pidiendo por el alma de Rilliane en silencio.

—Padre, por favor, hoy se cumplen los nueve días —dijo una voz muy familiar para ella.

—No puedo hija, voy tarde para una reunión —contestó el sacerdote.

Vanika no pudo evitar mirar, una chica joven de cabello azul llevaba entre sus brazos una cruz de madera e intentaba convencer al sacerdote de que se la bendijera.

—Padre, no creo que le tome mucho tiempo bendecirle la cruz a la señorita —dijo entrometiéndose.

— ¿Verdad que no? —preguntó la chica de cabellos azules.

El padre suspiró ante la presencia de Conchita, y no tuvo más remedio que bendecir la cruz, después de todo si hacia la enfadar, era seguro que no tendría más generosas donaciones. Kaiko estaba agradecida con la dama entrometida, el padre se había negado, pero gracias a ella, ahora podía ir al cementerio junto con su hermano a dejar la cruz de Taito.

—Gra… —no dijo la palabra completa debido a que vio a la dama detenidamente.

Ella le parecía muy familiar, su cabello castaño, sus ojos del mismo tono, su piel blanca, su rostro delgado, y de facciones delicadas, tenía la seguridad de haberla visto antes, pero no la ubicaba.

— ¿Señorita nos conocemos de algún lado? —preguntó la mujer de cabello azul.

Conchita la reconoció, su cabello azul, su piel ligeramente pálida, sus ojos grandes y su nariz afilada, la mujer era la hermana de Kaito, era Kaiko.

—Eh, no —atinó a decir un poco nerviosa.

—Kaiko, ¿Vamos ya, al cementerio? —preguntó interrumpiendo un chico que caminó hacia ellas.

Kaito miró a la dama que había visto antes en la subasta y se quedó quieto.

—Claro hermanito —dijo la chica y se dirigió a la puerta del templo — ¡Hasta luego señorita y muchas gracias! —dijo despidiéndose de Conchita.

Kaito reaccionó y alcanzó a su hermana dejando sola a Conchita. Vanika sonrió, lo había encontrado, cuando fue a preguntar por él a la prisión le habían dicho que ya no trabajaba allí, no tenía idea de dónde encontrarlo, definitivamente era una suerte que cruzaran sus caminos. Decidió seguirlos por todo el pueblo, hasta llegar al cementerio, donde los vio orando frente a una tumba y poniendo una cruz. Cuando iban de salida los interceptó.

—Disculpen, mi atrevimiento pero, ¿Ustedes son los chefs que trabajaban en la prisión, cierto? —preguntó.

Ambos asintieron algo confundidos.

—Mi nombre es Concepción Behemoth —dijo —Me gustaría que trabajaran para mí.

Los Shion miraron detenidamente a la dama que se veía entusiasmada y luego se miraron confundidos.

—Eh, perdón si suena un poco extraño, —dijo la dama soltando una pequeña sonrisa — pero he oído que son buenos chefs, yo tengo un castillo de piedra a las afueras de la ciudad y la verdad, el chef que tengo no me convence mucho, apenas y prepara platillos básicos y me han dicho que ustedes son unos chefs muy buenos, tanto que trabajaron en el castillo real —dijo —Además les pagaré bien y vivirán en mi castillo…

Kaiko miró a la mujer convencida, después de la frase "vivirán en mi castillo" no escuchó nada más, estaba pensando que era la oportunidad de obtener lo que quería, quería volver a vivir en un castillo y cocinar platillos gourmet, ya no quería cocinar horribles purés y sopas, ella cocinaba para gente como esa dama; adinerada y seguramente de la nobleza, no para hombres delincuentes, sucios y groseros.

—Yo acepto su oferta —dijo Kaiko sin pensarlo dos veces y miró fijamente a su hermano.

Kaito miraba a Conchita y al darse cuenta de la mirada de su hermana se puso a pensar en si estarían haciendo lo correcto aceptando esa oferta.

—No hay prisa en contestar —dijo Conchita al ver al chico de cabello azul mudo.

Pasaron los minutos y Kaito continuaba inmóvil, mudo y pensativo, mientras su hermana lo miraba un poco impaciente. A su alrededor algunas personas pasaban, unas tristes, otras llevando flores y otras más los miraban extrañados.

—Disculpen mi pregunta pero, ¿Por qué dejaron de trabajar en el castillo real? —preguntó Conchita para romper el silencio que la empezaba a incomodar. El ambiente se puso un poco más tenso, Kaiko abrió mucho sus ya grandes ojos y bajó la cabeza.

—Porque la princesa Rilliane nos echó como sucios animales, sin darnos explicación alguna—respondió Kaito como si no se hubiese quedado inmóvil ni un momento.

Conchita miró asombrada al hombre de cabellos azules.

— ¿Los corrió sin explicación? —Preguntó.

—Sí y además asesinó a nuestro padre y por su culpa nuestro hermano mayor está muerto. —dijo enfadado.

Vanika abrió mucho los ojos, Akaito y Taito Shion estaban muertos y ella no había podido hacer nada, no había podido evitarlo.

—Como lo siento —susurró.

El silencio reinó un momento, Kaito tenía la vista fija en Conchita, la cual tenía la cabeza baja. Ella le había ofrecido trabajo, tanto Kaiko como él necesitaban empleo y aunque ella fuera o no la princesa Vanika, debía aceptar la oferta.

—Al igual que mi hermana, yo acepto su oferta —dijo rompiendo el silencio.

Conchita sonrió, Mejillas de manzana sería su chef, su chef número catorce del castillo y la dulce Kaiko sería la chef número quince, seguramente ellos cocinarían igual que su padre, ellos harían una comida digna de una princesa. Antes de que el sol se pusiera, los hermanos Shion, estaban dispuestos a partir de su pequeña casa en el pueblo, con sus maletas ya hechas, acompañados por Conchita quien los conducirá a su nuevo hogar.

El castillo de piedra.

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En cuanto llegaron, los Shion miraron asombrados el castillo que se encontraba a los límites de Beelzenia, era hermoso, enorme y alrededor cubierto de árboles, si no se equivocaban, el interior sería más bello…

—Buenas tardes señorita —Saludó el pequeño mayordomo al abrir la puerta.

Kaiko observó al pequeño, le pareció lindo y muy tierno, no pudo evitar sonreírle. Kaito miraba hacia todos lados, era un hermoso castillo, en la entrada había un par de armaduras, el vestíbulo era enorme y tenía unas escaleras que conducían al segundo piso, la alfombra carmesí que pisaba se dirigía hacia un enorme pasillo que terminaba en un bellísimo comedor, pero algo llamó su atención, las paredes estaban desnudas y tenían marcos de pinturas marcados.

—Síganme por favor —dijo Conchita al par de chefs y los llevó hasta el comedor.

Rin, Len y Miku, ya se habían dado cuenta de la presencia de dos personas con el cabello azul y los miraban extrañados.

— ¿Vendrán a vivir aquí? —preguntó la rubia.

—Supongo, vi que traían maletas —respondió la chica de cabello verdoso.

—La mujer es linda —dijo Len un poco sonrojado.

Rin y Miku lo miraron de mala manera y quisieron golpearlo.

—Wau, que hermosa cocina tiene su castillo, señorita Conchita —Dijo Kaito mirando asombrado cada detalle, las cazuelas, el horno, la ventana que se dirigía al jardín, el fregadero, la estufa, las alacenas, el mueblecito de madera para especias que estaba en la pared, todo era tan parecido al castillo real.

—Gracias —respondió —Permítanme presentarles al Chef de esta cocina —dijo poniendo una mano en el hombro de Kamui quien acababa de meter algo al horno—Él es el chef Gakupo Kamui —Dijo mientras Kamui los miraba curioso.

—Mucho gusto —Dijo Kaito estrechándole la mano al hombre.

—Kamui, ellos son… —dijo Conchita dudando en decir los nombres de los chefs.

—Kaiko y Kaito Shion —Dijo Kaiko señalándose a sí misma y a su hermano.

— ¡Que modales los míos, no había preguntado sus nombres! —dijo riendo Conchita.

Todos la miraron algo extrañados.

—Bueno chef Kamui, Kaito y Kaiko serán nuevos chefs y le ayudaran a preparar la comida, vivirán con nosotros y bueno, como no sé nada sobre la cocina, espero que se pongan de acuerdo para administrarla bien —dijo para romper el silencio —Bueno, iré a leer un rato en la biblioteca, nos veremos en la merienda —dijo despidiéndose con una sonrisa y saliendo apresuradamente de esa habitación.

Cuando Kamui y los hermanos Shion se quedaron solos, dudaron en hablar.

—Y… ¿Cuánto llevan casados? —preguntó Kamui para romper el silencio.

Ante la pregunta Kaiko se soltó a reír fuertemente al igual que su hermano.

—Casados… es usted muy gracioso señor Gakupo —dijo Kaiko entre risas.

Kamui miró confundido a los Shion.

—Somos hermanos —dijo Kaito aun riendo.

Kamui se sonrojó y se disculpó.

—Descuide, no hay problema —dijo Kaiko. — ¡Bien, yo quiero ser la Sous chef! —exclamó la chica.

— ¿La qué? —preguntó Kamui.

—Sous chef —repuso Kaiko — ¿No sabe que es un Sous chef señor Gakupo? —preguntó extrañada.

—Honestamente, no —respondió

—Un Sous chef, es el segundo chef al mando en una cocina, según la jerarquía, si el chef no está, toda responsabilidad cae sobre el Sous chef —explicó Kaito. —Como somos solamente tres en esta cocina, según la jerarquía debe haber un chef, un Sous chef y un sausier —dijo como digno aprendiz de Akaito Shion.

Kamui, no entendía nada, el solo sabía que cocinaba y ya.

—Dígame señor Gakupo, ¿Qué sabe preparar? —pregunto la chica de cabello azul.

—Yo, solo se hacer sopas, puré, ensalada de berenjenas, pastel, pan de ajo, croquetas de papa, carne asada, chuletas, pan de dulce, pero mi especialidad es el pescado—dijo orgulloso.

—Son puros, platillos sencillos —Exclamó Kaito entendiendo por qué Conchita quería más chefs en su cocina.

—Es que yo era panadero en Leviathana, no tiene mucho que aprendí a cocinar —dijo.

— ¡Tengo una idea! —Exclamó la chica chasqueando los dedos —Que Kaito sea el chef y usted señor Gakupo el sausier, yo seré la Sous chef y le iremos enseñando a preparar platillos dignos del paladar de una princesa y pasado un tiempo, cuando sepa hacer más cosas cambiamos de lugares y será el Sous chef ¿Le parece? — dijo la chica con cierta emoción.

—Me parece bien, señorita Shion —respondió Kamui.

—Por favor llámeme Kaiko —dijo ella.

—Está bien—dijo Kamui sonriéndole a la mujer de cabello azul.

Ella sonrió y se dispusieron a trabajar.

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Miku y Rin habían recibido órdenes de Conchita de llevar las maletas de los recién llegados a los cuartos vacíos que estaban destinados a la servidumbre, eran cinco, dos de la chica y tres del chico. Ya sabían que había dos nuevos chefs en el castillo.

Entraron al cuarto que sería del chico con las maletas y las pusieron en el suelo.

—Valla sí que pesan — exclamó la chica de cabello turquesa y soltó un enorme suspiro.

—Y que lo digas —dijo la rubia recostándose en la cama.

—Niñas, ¿Qué están haciendo?—preguntó Luka entrando en el cuarto llevando una enorme bolsa de verduras.

—Trajimos las maletas de los nuevos chefs —respondió Rin señalando las maletas que estaban en el piso.

— ¿Nuevos chefs? —preguntó Luka.

—Sí, están en la cocina —Dijo Miku y se acostó junto a Rin.

Luka extrañada se dirigió a la cocina.

Abrió la puerta y se quedó parada allí.

—Oye, Gakupo… —empezó a decir pero no terminó al ver a la mujer de cabello azul que se encontraba muy cerca de su marido.

—Y así se hace la salsa de caramelo que va sobre el flan, señor Gakupo —dijo la chica quien tenía una de sus manos sobre los hombros del marido de Luka.

—Ah, gracias señorita Kaiko —dijo Kamui sonriéndole.

— ¡OYE MOCOSA! —gritó Luka enfadada y sin importarle nada a su alrededor — ¡AQUÍ LA ÚNICA QUE LE DICE GAKUPO, AL IDIOTA DE MI MARIDO SOY YO! —gritó ante la mirada asustada de Kaiko y de inmediato caminó hacia la chica, hasta quedar justo enfrente de ella.

—Este… yo… —Balbuceó.

— ¡AH! ¿NO SABÍAS QUE ES MI MARIDO? —preguntó y amenazó a la chica con un dedo.

—Señora, ella y yo acabamos de llegar —dijo Kaito interponiéndose entre Luka y Kaiko.

— ¡TÚ NO TE METAS, NIÑO DE CABELLO AZUL! —chilló y empujó al chico.

—Mi amor, por favor —empezó a decir Kamui.

— ¡NINGÚN MI AMOR, IDIOTA INFIEL! —Gritó — ¡TE DEJO SOLO UN PAR DE HORAS Y MIRA! —Chilló —Intentas conquistar a una mujer más joven —dijo bajando la voz.

Kamui tragó saliva, se había olvidado de los celos extremos de Luka, cuando alguien que no fuese ella lo llamaba por su nombre y no su apellido.

—Mi vida, tú sabes que eres la única para mí —dijo tomándola de las manos y mirándola a los ojos que estaban a punto de llorar —te amo tanto que, jamás intentaría cambiarte —le dijo y soltó una de sus manos y la llevó al rosado cabello de su esposa —como cambiar estos dulces bucles de algodón, por un estropajo azul —dijo ante la mirada ofendida de Kaiko.

— ¿En serio? —preguntó Luka.

—En serio —dijo Kamui y besó la mano de su esposa.

Luka pensó que se derretiría y se abrazó a su marido muy melosamente.

—Te amo, cosita suave —dijo Luka muy dulcemente a su marido, provocando en él un sonrojo que se le expandió por toda la cara.

—Mira Luka, ellos son Kaito y Kaiko Shion y van a trabajar en la cocina —dijo ante la mirada desconcertada de los hermanos y se puso aún más rojo.

Luka sonrió y le dio la mano a Kaito.

—Mi nombre es Luka Kamui y soy la mucama del castillo —dijo y estrechó la mano del chico. —Supongo que tú eres Kaito—dijo y el chico algo asustado asintió —perdóname, no sabía que llegarían nuevas personas al castillo —Y entonces tú debes ser Kaiko —dijo a la chica que aún estaba asustada y con miedo le estrechó la mano —Perdóname, pero amo tanto a Gakupo, que no pienso dejarlo ir nunca y ya sabes lo que dicen una mujer debe cuidar muy bien a su hombre —dijo y lo abrazó —Prométeme que nunca volverás a llamarlo Gakupo. —dijo muy seria.

—Lo prometo señora Kamui —dijo Kaiko algo asustada.

—Llámame Luka, al único que le dicen Kamui es a mi marido —dijo.

—Sí señora—dijo Kaiko — ¡Que pareja tan rara! —pensó.

—Y… ¿Cuánto llevan casados? —preguntó Luka, mirando fijamente a los chefs de cabello azul y se abrazó más a su marido.

Los hermanos volvieron a reír fuertemente ante la mirada desconcertada de Luka.

—Cariño —susurró Kamui al oído de Luka —Son hermanos… —finalizó.

Luka se sonrojó, rió un poco y se disculpó.

Los hermanos de cabello azul continuaron riendo.

Las primeras horas en el castillo habían sido entretenidas y esperaban que el resto de su estancia en el castillo lo fuera aún más.