HOLA...!

Pues yo aquí de nuevo Actualizando Capítulo y agradeciendo a todas esas personitas maravillosas que me envían sus comentarios hermosisimos... Muchas Gracias por ello, saben lo mucho que ellos me inspiran, es por eso que este capítulo va dedicado a todas ustedes...

NOTA.- Este Capítulo es para que entiendan un poco más sobre la oscuridad que reina dentro de Caesar Alexander, quien no solamente es siniestro por convicción, Claro, sin dejar pasar el protagonismo de nuestros amantes preferido, saludos.

BlackAthena.


ESTE CAPITULO DEDICADO A LAS SIGUIENTES PERSONAS, MIL GRACIAS POR SU APOYO:

The LadyCat69 - Gracias, un saludote y un enorme abrazo, espero el capítulo te guste... ja ja ja ja ja ya saben que me encanta dejarlas con la intriga XD.

Akari-Chan610.- Ja ja ja ja Gracias, lo sé lo sé... hago lo mejor posible... espero la actualización te guste, un saludote :)

MARI - Gracias, me alegra mucho que te haya gustado, pues la verdad me gustaría revelarles todo pero me es imposible, mataría el encanto de la historia en un dos por tres y ese no es el caso, te dejo leer y espero te guste igual o más que el capítulo anterior, saludos.

Schlaf Ruternless - Muchísimas Gracias... :) Ah claro que si, esta cabecita tiene todavía unas ideas más que añadirle al Fic, pues espero que este Capi te guste igual o más que el otro, un saludo enorme... :)

Renee Clary - Muchas Gracias, si, eh estado un poco metida en eso, además eh estado con los Fics aquí y aunque no actualizo tan rápido como me gustaría, sigo al día con ello, Saludos y gracias por el comentario.

carmenotaku98 - ja ja ja ja ja ja :p ! Gracias por el comentario y si... esos Dumbledore son unos Loquillos, saludos.

KANAME - Puedes acceder mediante tu Facebook o igual puedes abrir cuenta, puedes encontrarme en Wattpad como Mary Anne 144 (Todo junto) :) si tienes problemas al respecto mandame un MP y con gusto te ayudo mas detalladamente, Saludos.

Ainums - En realidad... si puedo ja ja ja ja ja ja ja ! pero solo es una semana de espera... en lo que termino el siguiente capitulo :p Gracias y un saludote. :p espero te guste.

Nana-Chan - Hola...! ja ja ja ja Muchas Gracias, y si.. no te preocupes el próximo capítulo lo dedicaré a eso...saludos.

Susy - :O ! Oye a veces así me tiene una buena historia, lo más que me eh tardado en dormir es a las 3 de la mañana ja ja ja ja así que te comprendo un poco, pues bien, te dejo leer el siguiente capítulo, saludos.


Entre Líneas.

ONCEAVO PÁRRAFO

° Tenebris Anima°

Cuando Caesar Alexander era pequeño, todo lo que había a su alrededor era maravilloso, tenía una madre encantadora y hermosa que lo amaba por sobre todas las cosas , su padre incluido, Caesar había tenido una infancia feliz, con dos padres que se amaban y lo amaban…

Pero todo eso acabó…

'…El pequeño Caesar observó como la noche cubrió la luz que el día emanaba, como un manto oscuro, cuyas estrellas esa noche se ausentaron, él, siendo apenas un niño de cinco años, de risos rubios que casi cubrían su rostro, era la perfección humana, al menos eso era lo que mami le decía todo el tiempo, que era la cosa más hermosa que había conocido, su padre, de quien había heredado esos rubios cabellos, siempre le observaba detenidamente, con el amor brillando en esos ojos verdes, y aunque él sabía que lo quería por sobre todas las cosas, había algo dentro de los ojos de Marcus Dumbledore que era demasiado profundo y oscuro y eso al pequeño Caesar le daba miedo…

Su Papi le daba miedo a veces.

Pero lo amaba, y aunque por un corto periodo de tiempo había sido feliz, la llegada del tío de Papi lo había arruinado todo…

- Es época de Guerra Marcus, debes tener cuidado… - había advertido el viejo Albus Dumbledore, fue el día en que apreció un atardecer, observando a su Padre y al tío abuelo Albus, Caesar simplemente les miraba platicar desde la ventana, su curiosidad aumentó cuando vio a su padre darle un puñetazo al árbol, estaba furioso pero la curiosidad rápidamente se transformó en preocupación cuando vio a su padre abrazar al tío, él lloraba, lloraba desconsoladamente mientras se aferraba al hombro del viejo Albus.

- ¿Qué tiene papá? – preguntó Caesar cuando sintió a su madre a su lado, Clarisse, quien también había atestiguado cómo su marido lloraba, simplemente bajó la mirada hacia su hijo.

- A veces hijo, no es suficiente con ser bueno…en ocasiones, cosas malas suceden, no importa de donde o de quien provengas… cosas malas suceden todo el tiempo.- fueron sus palabras mientras salía de casa y se acercaba al tío Albus y a su padre.

Al día siguiente su padre les informó que Tío Albus se había marchado a la guerra a luchar contra él, Caesar no sabía a quien se refería con él, pero algo muy en el fondo de su ser le decía que era algo malo…

Tan malo que tenía muy preocupado a su padre, él lo sabía, su padre no comía, tampoco dormía y ya no iba a contarle cuentos a la hora de dormir, Caesar sabía que él era el responsable del estado de su padre, Clarisse, su madre, le había dicho que la guerra era mala, que era motivo de preocupación para todos, pero que por ser un niño no lo entendía, que su mayor preocupación debía ser eso, su infancia.

Entonces llegó, aquella noche fría, él dormía tranquilamente hasta que los gritos le despertaron, Caesar se bajó de la cama, desobedeciendo a su madre, y con sus piecesitos descalzos, Caesar Alexander se acercó a la ventana, allá abajo se encontraba su madre y su padre, con sus varitas apuntando a un completo desconocido, Caesar no podía verle la cara, estaba cubierto por una capucha oscura pero lo único que podía ver de ese, fuera quien fuera, era su sonrisa ladina, arrogante e imponente, levantó su varita…

- ¡Avada Kedavra!

Caesar no sabía cómo realizar hechizos, pero sabía que algún día sería Mago y podría utilizar la magia que nacería tarde o temprano dentro de él, Alexander no era tonto, era más inteligente que cualquier niño de su edad, sus manitas, sobre la ventana, con sus ojitos verdes fijos en sus padres, vio con sorpresa y lagrimas acumuladas en sus ojos, cómo su madre se interponía entre el rayo verdoso y su esposo, la fuerza de aquel hechizo lanzó a ambos hacia atrás, Caesar escuchó claramente los gritos de su padre y sin pensarlo dos veces, fue hacia ellos.

Esa noche, Caesar perdió su infancia, esa sonrisa angelical murió en el momento en que su madre había sido alcanzada por la muerte, el brillo de sus ojos verdes se apagaron cuando aquel al que su padre temía, le había arrebatado la vida.

Vio a su padre arrodillado frente a aquel encapuchado, aquel cobarde que se ocultaba bajo un disfraz que lo mantenía en el anonimato, Caesar, lentamente salió de su casa y fue asercandose poco a poco sin que nadie le notara.

- Por favor…- suplicaba su padre con lagrimas en los ojos.- ¡Por favor, tengo un hijo! – continuó gritando, Caesar se detuvo al escuchar aquello, su labio inferior tembló ligeramente, sus ojitos verdes se llenaron de lagrimas.

- Es una pena… pero me eres más útil muerto que vivo…- Alexander se quedó congelado en el momento en que aquellas palabras penetraron sus oídos, el frío se volvió más intenso y fue consiente de que no llevaba nada que lo protegiera de ello, su voz, su voz tersa era cómo el susurro de una serpiente, jamás se olvidaría de ella.

- ¿Qué…? ¡No, espera.. Yo soy tú…!

- ¡Avada Kedavra…!

El mortal asesino, el imperdonable había golpeado el pecho de su padre, enviándolo muy lejos, a lado del cuerpo sin vida de su querida madre, Caesar empuñó sus pequeñas manitas, y lloró…

- ¡Mami…Papi! – gritó el niño de cinco años, desconsolado, con un dolor inexplicable creciendo dentro de su pecho, el encapuchado se giró hacia él mientras Caesar corría hacia los inertes cuerpos de sus progenitores, el niño cayó de rodillas a lado de su padre y observó, observó los ojos verdes de Marcus Dumbledore tan opacos como ese ópalo negro que su madre guardaba en su cajita especial. - ¡Papito! ¡Papito, despierta! – seguía gritando mientras sacudía el hombro del hombre al que tanto admiraba.

El niño se estremeció recordando que no estaba solo, se giró hacia el asesino de sus padres y con ojos llorosos, le observó, el hombre se quitó la capucha, descubriendo su identidad, aquel, el ser con el que experimentó el odio por primera vez estaba totalmente descubierto, poseía al igual que su padre y él mismo… esa mirada verde.

Caesar se preguntó entonces, cómo era posible que un color tan hermoso y tranquilo, lleno de paz fuera capaz de provocar tanto miedo, y traer infelicidad a su hogar.

Aquel hombre se le quedó mirando, Caesar no entendió él por qué esa cruel persona le miraba con perplejidad, Alexander rápidamente y para la sorpresa aún mayor de aquel hombre, tomó la varita de su padre y le apuntó con ella.

- ¡Mataste a mis Papis! – gritó el niño con la manita sacudiéndose por el frío, con sus labios temblorosos y su rostro lleno de lagrimas.- ¡Mataste…a mi papi y a mi mami! – continuó gritando lleno de odio y entre el llanto, mientras las lagrimas se acumulaban dentro de sus ojos, Alexander apenas le visualizaba entre tantas lagrimas.

- Mocoso, baja esa varita, puedes hacerte daño…- escuchó de nuevo aquella voz…

- ¡No, quiero que me devuelvas a mis Padres, ahora! – le gritó mientras se aferraba al arma de su padre.

- ¿Cuál es tú nombre…? – preguntó el individuo, Alexander no respondió al instante, simplemente se tensó en el momento en que aquel hombre daba un par de pasos hacia él.

- Ca…Caesar Ale…Alexander…- contestó después de unos segundos se cruel silencio, el encapuchado se detuvo finalmente y le miró, ojos verdes tan intensos como una gema, mirándose fijos uno contra el otro…

- Caesar Alexander.. interesante nombre eligió tú padre, niño.

Y él siguió mirándole, con sus pequeños y grandes ojos verdes, al asesino de su familia, y sollozó, bajando la varita poco a poco sabiendo que él no podía hacer nada, no podía vengar la muerte de sus Padres por qué era un niño, cómo él lo había dicho, sintió el frío golpear su cuerpo y su corazón, por qué ahora estaba solo, por qué no había nadie que le protegiera, por qué él también iba a morir…

- Te mataré…. Si me dejas vivir… te mataré ¡Te mataré! – gritó Caesar fuertemente, con las venas marcándose con fuerza superior a la que debería de tener un niño de su edad, el desconocido sonrío, fue cuando Caesar lo notó…

Por que Caesar era un niño inteligente, más astuto que cualquier otro, con una astucia tan aguda como la de un zorro.

Esa sonrisa, esos ojos y ese cabello, el niño abrió los ojos enormemente, perplejo ante lo que había descubierto.

Él, su padre… y el pequeño Caesar.

Y entonces, los segundos se volvieron minutos y poco después de ello, una fuerte explosión golpeó cerca de donde estabn ellos, Caesar fue lanzado por el impulso de las ondas hacia un lado, cómo un simple saco de patatas, sintió el dolor en su cabeza y en su hombro, pero a pesar de eso, el niño no soltó la varita de su padre, cuando logró recuperar el sentido, el pequeño hijo de Marcus Dumbledore, se puso de pie , sorprendido al ver al Tío Albus a unos metros lejos de él.

Caesar abrió los ojos con un brillo de admiración en estos, y sonrío.

Sonrío por que alguien más fuerte que él estaba ahí, sonrío por qué tenía miedo y quería ser consolado, sonreía por qué aquel al que odiaba tenía un semblante inexplicable en su rostro.

Y el duelo de Magia contra Magia comenzó.

Dentro de los preciosos ojos infantiles, las luces de los encantamientos jugaban dentro de sus pupilas, en una mezcla de colores que ni siquiera Caesar podría imaginar nunca, el verde color de la muerte y el rojo color del Crucius danzaban de un lado a otro dentro de su mirada, su rostro perlada de colores mientras entreabría los labios, era todo aquello tan sombroso, había quedado impresionado en un solo segundo, el Tío Albus debía ser el Mago más poderoso del mundo, por qué al ver el rostro del asesino de sus padres, pudo ver preocupación…

- ¡¿Por qué lo has hecho?! ¡¿QUE TE HA HECHO ESTA POBRE FAMILIA?! – gritó Albus Dumbledore mientras danzaba la sonata de batalla, hechizando y evadiendo al enemigo mientras el pequeño Caesar observaba todo a su alrededor.

- ¡Te lo dije Albus, que iba acabar contigo y toda tu maldita familia! – contestó el encapuchado, fue cuando el t´çio Albus evadió genuinamente un encantamiento, el cual había golpeado un arbusto, Caesar se estremeció al ver el objetivo del hechizo secarse rápidamente.

El silencio reinó por todo el lugar, la ruidosa respiración del único Familiar que le quedaba a Caesar se veía agotado al igual que su enemigo, Caesar pensó entonces que ambos debían se igual de poderosos.

- No debiste, Gellert…. ¡NO DEBISTE! ¡ESTE ES EL ERROR MÁS GRANDE QUE HAS COMETIDO! – gritó furioso el tío Albus, y el pequeño Caesar Alexander no comprendió, no entendía su mente privilegiada aquello que se escuchaba tan simple.

- Yo no amenazo en vano mi buen amigo…- fue la respuesta de aquel que respondía al nombre de Gellert.

Gellert, Caesar jamás olvidaría aquel nombre, el pequeño tensó su cuerpo cuando sus puños se cerraron con fuerza, Gellert, Gellert… Gellert ¡Oh, si, cuando él fuera lo suficientemente fuerte y grande, lo mataría! ¡Lo haría sufrir çomo sufrieron sus padres y él mismo!

- ¡MALDITA SEA GELLERT…! ¡MARCUS ERA TU HIJO, TÚ HIJO CON UN DEMONIO! – los gritos de Albus de repente se volvieron silencioso, Caesar abrió enormemente los ojos, su atención volvieron al hombre que había asesinado a sus padres, él…. Él era el padre de su padre…

Su abuelo.

Caesar buscó la mirada del tío Albus con la suya misma, pero el anciano Mago no le prestó atención, esa mirada azul, tan gentil y profunda, aquella que emanaba dulzura y tranquilidad, ahora estaba furiosa, llena de ese fuego de odio, profundamente sombría y fría cómo el más grande témpano de hielo.

Y Gellert…

Gellert le observava con suma perplejidad, las manos del encapuchado temblaban violentamente.

- ¡Mientes! – gritó mientras levantaba una vez más la varita. - ¡ME ESTAS MINTIENDO ALBUS! – continuó diciendo.

- No me crees… está bien, Gellert… ¡míralo entonces! ¡Mira su rostro, sus ojos, su cabello! ¡Es tú misma imagen maldita sea! ¡Y LES HAS MATADO, LE HAS QUITADO LA VIDA A TU PROPIO HIJO, A TU PROPIA SANGRE! – Caesar dio un paso hacia atrás, perdiendo el equilibrio al tropezarse con el cuerpo de su padre, caer al suelo fue inminente, y todo tembloroso como estaba, Caesar vio el cuerpo inerte de su padre, sus ojos abiertos de par en par, sus labios entreabiertos, su cuerpo helado y su piel grisácea.

- Papi…- susurró el niño.

- ¡NOOOO! – gritó el hombre mientras se lanzaba contra Albus.

- ¡SIIIIII! ¡Tú hijo, tuyo y de Ariana! – gritó una vez más el que en poco tiempo sería proclamado el Mago más poderoso del mundo.

Su abuelo.

El padre de su padre.

El asesino de su propio hijo.

Nuevas lagrimas caían por las mejillas frías de Caesar, ¿Cómo era posible aquello? Se preguntaba ¿Cómo era si quiera posible que un padre asesinara a sangre fría a su hijo? Tembló de rabia, de miedo, de impotencia, aunque esas eran palabras que un niño de su edad no comprendía, Caesar si lo hacía, conocía su significado y ahora sabía su sentir.

- ¡MATASTE A MI PAPÁ! – gritó el niño mientras salía corriendo hacia Gellert, tomó entre sus manos una piedra más grande que su manita y se la arrojó.

Albus se quedó petrificado al ver cómo el trozo de roca salía disparado hacia su enemigo, el que alguna vez había sido su mejor amigo, el hombre que creía sería perfecto para su hermana pequeña, el Mago tenebroso que con sus ideales racistas y discriminatorias estaba causando terror en todo el mundo mágico, él, quien pudo haber evadido una simple piedra….no lo hizo. No lo hizo.

Gellert Grinderwald dejó que el ataque de rabia de su nieto, le golpeara, aunque fue suave el golpe, la mirada llena de lagrimas, el rostro empapado y el pequeño cuerpo de su nieto, fue más doloroso que un millón de Crucius.

Entonces lo vio.

Los verdes ojos de Gellert visualizaron el cuerpo de Marcus Dumbledore y sonrío con ironía, si, Marcus Dumbledore Grinderwald.

Y recordó sus gritos.

"… ¿Qué…? ¡No, espera.. Yo soy tú…! "

El pobre Marcus había intentado decírselo, pero su crueldad y su in misericordia se lo había impedido, Gellert ignoró a Albus y se encaminó hacia el cuerpo de su hijo.

Su hijo.

Suyo y de la preciosa Ariana.

Y lo miró, esos ojos verdes que él debió haberle heredado, si él lo hubiera sabido antes, si él…

- Mataste a mi papi…- escuchó la vocecilla infantil que provenía de a un lado, Gellert le miró de reojo, ahí estaba el niño, con su mirada verde llenos de odio hacia él.

- Lo hice…- susurró él con pesar.

Entonces, para la sorpresa de Albus, Gellert con un suave movimiento de varita, había desaparecido en un torbellino de humo negro, Albus lanzó al cielo un Avada Kedavra, pero fue demasiado tarde, el imperdonable no había logrado llegar a su objetivo.

Y fue Gellert dejando atrás de si un aroma a muerte y dolor tras de él, dejando atrás lo único que había quedado de él y su amada Ariana.

Él lo había asesinado, él le había quitado su vida, dejando huérfano a su propio nieto, cerró los ojos con dolor mientras se alejaba de aquel lugar , pensó en el pequeño hijo de Marcus, su mirada verde brillando con odio y rencor, prometiendo venganza, sonrío, si Caesar había heredado aunque sea un poco de él mismo, entonces cuando este fuera adulto lo volvería a ver.

Y recibiría la muerte con los brazos cruzados con gusto…'

― O ―

Caesar movió su hombro, ladeando un poco su cuerpo y así, evadiendo un verdoso rayo, aquel había sido el mismo hechizo que le había arrebatado a sus Padres, la bruja río fuertemente mientras volvía a lanzar otro hechizo intentando deshacerse de aquel estudiante.

- Crucio… susurró Caesar con un ligero movimiento de varita y muñeca, la bruja cayó pesadamente sobre el suelo, retorciéndose de dolor. – Muffliato…- hechizó el joven Mago a la bruja, quien seguía gritando, pero esta vez, solo ella podía escucharse, Caesar, con el rostro ensombrecido, sonrío, sus ojos verdes destellaban un siniestro brillo de maldad, levantó la varita una vez más.

- Crucio…- él no necesitaba gritos, él no necesitaba más odio de lo que ya sentía, sonrío al ver a la bruja moviéndose de un lado a otro, suplicando covn la mirada un poco de piedad.

Piedad. Caesar no sabía que era eso, conocía el concepto, pero jamás había sentido tal cosa por otro ser vivo, el joven extendió ambos brazos a los lados, con su rostro en el cielo, inhaló y exhaló lentamente, luego bajó el rostro y los brazos…

- Reticulus corporea…- un hechizo, dos palabras y un solo acto de crueldad inmisericorde, Caesar sonrío abiertamente mientras escuchaba el crujir de los huesos, los músculos y la piel, segundos después, el cuerpo de su víctima explotaba en cientos de pedazos.

Ni un solo trozo de carne, ni una sola gota de sangre tocó el formidable cuerpo de Alexander Grinderwald.

Y continuó con su camino, tenía que encontrar a Jean a como diera lugar.

Los profesores iban y venían, intentando proteger a los alumnos a como diera lugar, la mayoría de ellos ya se encontraban dentro del gran comedor, entre ellos, Abraxas Malfoy, quien se sujetaba el brazo que se había golpeado cuando Riddle le había golpeado.

Con su platinada mirada la estaba buscando, pero ellos no contaban con la presencia de Hermione Granger, sabía que se encontraba con Tom cuando todo empezó, el muchacho apretujó la quijada con fuerza y sin más, mientras se mantenía fuera de las miradas del profesorado, Abraxas Malfoy desapareció del lugar más seguro de todo el castillo.

- ¡Avada Kedavra! – gritó Caesar enviando a la muerte a otro de los esbirros del mayor enemigo de la humanidad, su rostro, antes pálido ahora estaba sonrojado, la adrenalina corría por sus venas tan rápido que le era imposible de detenerse ahora, el joven sonreía con demencia mientras evadía ágilmente los encantamientos de sus enemigos.

- ¡Bombarda Máxima! ¡Desmaio! ¡CRUCIO!

Uno tras otro salían los hechizos de su boca, como la elegante muerte que acababa con slos vivos de un solo susurro.

Caesar pateó a uno de los encapuchados, para luego presionar el abdomen del adolorido hombre con la suela de su zapato, ambos se miraron, uno con arrogancia y fuerza y el otro con miedo, con pavor…

- ¿Quién los guía? – preguntó Caesar mientras jugaba con su varita, el mago que yacía a sus pies tembló al mirarle, desde su posición ese muchacho se parecía a…

- Lord… Lord Grinderwald…- confesó una vez, Caesar frunció el ceño y apretujó la quijada, sonrío poco después.

- Bien… ahora muere como el perro que eres… avada kedavra. – susurró el maleficio asesino y rápidamente el pasillo se vio iluminado por un rayo verdoso.

― O ―

- ¡Muere maldita sangre sucia! ¡Ven aquí mestizo de mier….!

- ¡Expelliarmus! ¡Crucio! – gritó un encolerizado Tom Riddle, Hermione veía con lujo de detalle cómo aquel Mago había sido brutalmente desarmado, Riddle lo dejó en el suelo antes de torturarlo con el cruciatus, la castaña observó su rostro, ese cabello oscuro despeinado salvajemente, sus ojos azules destellando ira y rencor, Hermione tragó en seco, no sabía si sentirse mal por ese pensamiento que cruzó por su cabeza al verlo ahí, con sus hombros encuadrados y apuntando hacia el hombre mientras lo derrotaba irremediablemente con un par de buenos movimientos, la bruja sintió las mejillas sonrojadas ¿Que carajos era eso? ¡Es que era imposible, Riddle no se veía perfectamente hermoso torturando a nadie! Genial, la demencia de Tom Riddle futuro Lord Voldemort era contagiosa. Nota mental, alejarse de Tom lo más pronto posible.

- Riddle, si ya acabaste de jugar con ese idiota, tenemos que ir a buscar a los demás…- le dijo la bruja mientras se daba la media vuelta, gran error.

Una fuerte bombarda explotó entre el Mago y la bruja, lanzandolos por los aires hacia lados opuestos, Tom rodó por el piso y Hermione golpeaba con la espalda el muro, soltó un chillido de dolor cuando alguien la tomó por los cabellos y la levantó de un golpe.

- ¡Te tengo asquerosa inmunda! – Hermione se estremeció, aquella voz era muy parecia a la de Bellatrix Lestrange, la castaña se sacudió intentando liberarse, pero la muy maldita había enredado su mano en su cabello.

- ¡Suéltame maldición! – gritó la joven mientras buscaba su varita, la cual se había desprendido de su mano cuando fue golpeada por las ondas causadas por la explosión.

Tom se puso de pie lentamente, apoyándose primeramente con sus manos, tenía el cabello completamente lleno de polvo y pequeños escombros, al levantar la mirada vio a Granger a manos de una bruja vestida completamente de negro, sus azules ojos se enrojecieron cuando esta clavó su varita en su cuello, el Mago tomó su arma mágica y apuntó con ella a la mujer, pero antes de un parpadeo, vio como esta se torcía a lado de Hermione, quien con su cabello revuelto rodaba con la mujer, sonrío cuando vio a la chica sobre la bruja y de un puñetazo la había dejado inconsciente.

- ¡Riddle no tengo tu maldito tiempo! – gritó la joven mientras se separaba de la bruja y buscaba su varita, al hacerlo, se encontró con la mirada con unos ilustrados zapatos de charol, la castaña levantó la mirada, lo que encontró dentro de la capucha fueron unos destellantes ojos verdes y una sonrisa de medio lado.

- Buenas noches…sangre sucia…- las palabras le golpearon como dagas en el aire, ella sabía quien era ese hombre, lo había visto en unos de los libros que había encontrado en la biblioteca durante su cuarto curso en Hogwarts.

- ¡GRANGER! – escuchó el grito de Tom Riddle mientras una ùnzada de dolor recorrió todo su cuerpo, Hermione no podía describir la intensidad de lo que sentía en ese momento, pero la idea de morir no le parecía tan mala mientras sus huesos se doblaban de dolor, un dolor que no alcanzaba voz para soltar un nuevo grito, uno que quedó atascado a mitad de la garganta mientras se retorcía a los pies de aquel Mago.

Abraxas se detuvo a mitad del pasillo cuando escuchó un grito femenino, se alarmó cuando comprendió de quien se trataba, se aferró más fuerte a la varita y continuó corriendo, esa era Granger chillando de dolor, entonces, como una enorme ola que golpeaba el cuerpo humano, Abraxas sintió como el desesperó le atacaba por completo, corrió aún más rápido.

- ¡Avada Kedavra! ¡Expelliarmus! – gritó el rubio un par de veces para deshacerse de los que osaban cruzarse en su camino, Abraxas era un buen duelistas, había sido entrenado por su padre y por sus tíos cuando era más joven, ya sabía debatirse a duelo incluso antes de recibir su carta de Hogwarts.

Continuó corriendo hasta que se detuvo de un golpe, las olas de polvo aún se levantaban por todo el corredor, y ahí estaba, un encapuchado dándole la espalda mientras apuntaba a Hermione Granger, quien había enmudecido por el dolor que estaba recibiendo, entonces, sus platinos ojos se dirigieron hacia Riddle, quien no se había percatado de su presencia.

Su mirada brillaba en una expresión que él jamás había visto en el ¡Acaso tenía los ojos enrojecidos? Se preguntó el rubio mago mientras levantaba su varita, entonces, un azulado rayo le golpeó rápidamente ¿de donde había venido eso? se preguntaba mientras caía al suelo, petrificado, sus ojos plata mirando hacia el techo.

- ¡Envertestatil! – giró Riddle con un poco de dolor en su brazo derecho, justo el que usaba para cualquier cosa.

- ¡Mocoso! ¡¿Eso es todo lo que Albus te ha enseñado?! ¡CRUCIO! – Fue entonces cuando Tom se percató quien era aquel personaje envuelto en telas oscuras, apretujó los labios y se lanzó a un lado evadiendo el imperdonable.

- ¡CRUCIOOOO! - un grito desgarrador salió de la garganta de Riddle, Gellert Grinderwald se quedó sonriendo y ligeramente sorprendido ante la potencia del encantamiento, intentó evadir el hechizo de aquel irrelevante alumno pero…

Abraxas vio al Mago tenebroso volar sobre él y caer a unos cuantos metros tras de sí, también había notado el rayo rojizo que había impactado sobre el hombre, comenzó a sudar frío al pensar que Riddle había logrado hacerle daño a aquel Mago.

- ¡Granger, despierta! – gritó Riddle mientras corría hacia la castaña, la cual había quedado inconsciente por el hechizo que habían usado en ella, Tom levantó su varita y lanzó un finite a Malfoy, quien inhaló aire tan pronto como le fue permitido. - ¡Levántate de una buena vez Malfoy y ayúdame con Granger! – ordenó Tom mientras tomaba entre sus brazos a la castaña, el rubio se puso de pie de un salto, tomó su varita y siguió a Tom.

― O ―

Minutos antes del encuentro con Gellert Grinderwald….

Hogwarts estaba en un completo caos, Hermione y Riddle se habían ocultado tras unas armaduras, había magos encapuchados por todos lados, los gritos de los alumnos y profesores se perdían entre el ruido provocado por los encantamientos, Hermione se estremeció cuando la cálida mano de Riddle había enredado los dedos entre los suyos, obligandola a andar junto con él.

- ¿Qué haces, pueden vernos? – le susurró la Bruja mientras caminaba a su lado, Tom le miró de reojo.

- Yo te protegeré…- le dijo mientras volvía su mirada al frente, la castaña quedó enmudecida por aquella respuesta, ignorando el hecho de que estaba sonriewndo como tonta mientras caminaba al mismo ritmo que el futuro Mago tenebroso.

- ¡Oigan ustedes! – Hermione y Tom se giraron rapidamente al escuchar el grito seguido por una fuerte carcajada.- ¡Los voy a matar! – continuó diciendo mientras se lanzaba hacia ellos, el Mago apuntó con su varita, pero antes de que esté terminara de hacerlo…

- ¡Desmaio! – Tanto Hermione como Tom se lanzaron una mirada de soslayo, el hechizo había dado de lleno en el pecho de aquel encapuchado, Hermione tembló un poco después de que Riddle hubiera dejado fuera del juego a aquel sujeto.

- Tenemos que ir a un lugar seguro Riddle… - le dijo ella mientras intentaba arrastrarlo con ella, pero el muchacho había tensado el cuerpo, impidiendole a la bruja seguir con su camino.

- ¡Riddle, tenemos que irnos!

- No…- respondió secamente el joven mientras levantaba una vez más la varita. – Granger…. Pondré a prueba tú capacidad en un duelo… vamos…

- ¡¿Qué, te has vuelto lo….?! ¡Expelliarmus! – pero ella misma se había interrumpido, Riddle había estado ahí de pie, c on el semblante tranquilo, dejando que otro Mago se dirigiera a él como si nada. – Definitivamente Riddle, algo malo está pasando dentro de tu cabeza.

- Estoy más completo que tú… ¡Crucio! – respondió, atacando a una Bruja que se dirigía hacia ella a espaldas de Granger, Tom dio un paso hacia ella y se detuvo a escasos centímetros de su rostro. – Así se hacen las cosas, Granger…

- Lo que tú digas maldito demente de mierda… ¡Depulso! – gritó ella, enviando muy lejos a otro encapuchado. Y tras un par de segundos de mirarse fijamente.

Ambos estamparon sus labios en el otro.

La imagen que representaban era simple, eran dos alumnos cara a cara protegiéndose uno a otro mientras un extraño juego era creado por ambos que tras la escena de defenderse uno al otro, terminaron con un arrebatador beso, uno hambriento y salvaje que había muerto por convertirse en realidad, Hermione envolvió con sus brazos el cuello níveo del tenebroso muchacho, Riddle apretujó sus dedos en las caderas de la bruja y la acercó lo suficiente a él. Era aquello una danza macabra, donde los bailarines se mecían de un lado a otro, humedeciendo sus aterciopeladas y calientes lenguas, Tom la envió hasta la pared, atrapándola entre su necesitado cuerpo y la fría pared, se miraron una última vez para volverse a unir en aquel frenético beso…

Pero luego…

- ¡Bombarda! – se escuchó el grito que lo arruinó todo.

Actualmente, después del ataque de Grinderwald…

Riddle cargaba con una inconsciente y muy herida Hermione Granger, cuando él y Abraxas se encontraron con Caesar, quien, con su varita en mano y cada uno de sus rulos rubios desordenados, se detuvieron un segundo, Alexander continuó caminando, deteniéndose a escasos centímetros frente a Tom y Hermione.

- ¿Qué le han hecho, quien fue? – preguntó fríamente, Malfoy envió una mirada de reojo a Tom, este no se percató de ello o más bien fingió hacerlo.

- Nos encontramos con Grinderwald, afortunadamente Tom logró conseguir un poco de tiempo para escapar…- contó Malfoy rápidamente.

- ¿Le has matado? – preguntó Alexander endureciendo la mirada.

- No, pero le he mostrado que tan potentes son mis crucios…- presumió el muchacho mientras sonreía de medio lado, Caesar levantó una de sus doradas cejas.

- Llévala a enfermería… y más te vale mantenerla con vida o sino yo mismo te mataré con mis propias manos, Riddle..- murmuró el muchacho antes de pasar por entre Malfoy y Tom.

- ¿Qué…? ¡¿Qué haces, por allá está el Mago oscuro?! – gritó Abraxas dándose cuenta de lo que estaba pasando.

- Iré a saldar una vieja cuenta…- fue lo único que escucharon de él antes de que Caesar desapareciera entre las sombras, Riddle lo ignoró y continuó andando lo más rápido que pudo.

― O ―

Draco Malfoy daba gracias a ese maldito curso de mierda que había tomado en San Mungo durante las vacaciones, bendita su madre por haberlo obligado, había mucho que hacer, había demasiados alumnos heridos por aquellos jodidos invasores, sabía él lo que eran, los putos esbirros de Gellert Grinderwald, lo que no se explicaba era lo que estaban haciendo en el colegio, ojala hubiera leído el puto libro de Hogwarts, una historia, por qué si lo hubiera hecho, ya habría alertado a Granger y los demás. Se detuvo de golpe.

Hermione Granger.

El nombre de la bruja fue para su mente cómo una bandeja de agua fría, el rubio terminó de curar a uno de los alumnos de primer curso y comenzó a buscar a la bruja con la mirada, ahí no estaba, claramente lo entendía, tomó con fuerzas su varita e hizo además de ir tras la muchacha, pero fue interrumpido cuando las puertas de la enfermería se abrieron de un golpe.

Draco se sintió mareado cuando vio a un desordenado Tom Riddle cargando con Hermione Granger, evidentemente la chica había sido dañada hasta el extremo de dejarla inconsciente, no la pensó dos veces y salió corriendo hacia ella, Abraxas estaba a un lado de Riddle cuando vio llegar a Malfoy y arrebatarle a Hermione de las manos, Tom estaba agotado, eso era evidente, fue cuando Abraxas se percató de la gravedad del asunto y es que ¡Tenían al puñetero Mago tenebroso dentro del colegio! Y precisamente el hombre más buscado y odiado de todo el mundo mágico había atacado a Hermione Granger.

Tom respiraba agitadamente, estaba perlado de sudor y completamente sucio y lastimado, el brazo le dolía, pero le preocupaba más el estado en que Grinderwald había dejado a Hermione.

- ¡Maldita sea! – gritó el muchacho mientras caía de rodillas al suelo y soltaba un puñetazo a este, Abraxas no dijo nada, solo observaba, sintiendo ese aura maligna emanar de aquel cuerpo.

― O ―

- Al fin nos volvemos a ver, Alexander…- el susurro de su voz llegó a sus oídos, Caesar se acercó unos cuantos paso más hacia Gellert, quien le miraba con una sonrisa en los labios.

- Quisiera decir lo mismo… ¡CRUCIO! – Gritó el Mago con odio y resentimiento.

CONTINUARA...


NOTA2.- Próximo Capítulo: Entre Besos y Recuerdos.

¿Y, cómo estuvo? ¡Ey, ey... antes de que me quieran matar! solo quiero decirles que la cosa está llegando a su fin, todavía no se cuantos capítulos hacen falta pero, de ante mano les doy las Gracias por el apoyo, terminando este Fic, no pienso escribir otro hasta terminar los que tengo pendientes eh... por qué como ya deben de saber, estoy escribiendo una Novela original... :) Saludos... y muchas Gracias...

Por cierto, mi platillo favorito son los reviews :p ja ja ja ja ja XD saludos y gracias.