Capítulo 11
¿Discreción?
Sólo habían sido tres días desde que el mago gris se había marchado a la ciudad de hombres en busca de la información que requería el pequeño hobbit, y en bolsón cerrado, no había ocurrido nada que estuviera dentro de lo común.
Thorin había cambiado con la llegada de sus sobrinos. Volvía a ser firme y estoico. Frío por así decirlo.
Aquello no significaba tristeza o disgusto para Bilbo Bolsón. Le hacía gracia ver cómo se las daba de padre sobreprotector con sus sobrinos; quienes, por cierto no le daban tregua al pobre Frodo. Lo llevaban de un lado a otro enseñándole a ser un "buen enano".
El pequeño no comprendía y simplemente se dejaba llevar. Al fin, así Bilbo y Thorin tenían tiempo de sobra para estar juntos.
Su actividad favorita se había convertido en leer un libro juntos. Era interesante ver qué puntos de vista tenía un hobbit o un enano para cualquier clase de historia por más cruel o romántica que fuera.
La vida parecía ahora sencilla, libre de preocupaciones, mas todos entendían en el fondo que, una tormenta se avecinaba. Aún no era tiempo de declararse felices para siempre.
Y bien, con los parientes molestando de vez en cuando por la presencia de tres enanos en la Comarca, no había momento en que se salvaran de escuchar las más ridículas historias de toda la Tierra Media:
El primer rumor que llegó a oídos de Bilbo, fue el de que, tres enanos habían llegado para recuperar el oro que les había robado. La siguiente fue que, tres príncipes enanos se habían enamorado de él y pronto llegarían montañas de oro, una más grande que la otra para pedir la mano del señor Bolsón, y la tercera y última, fue acerca de que los tres enanos en conjunto con el hobbit, había encontrado una gran mina de oro y todo clase de metales preciosos bajo todo Hobbiton y que planeaban en silencio desterrarlos a todos para quedarse con el botín.
Todas y cada una de estas teorías de conspiración había: hecho reír a Bilbo. Le habían arrebatado uno o dos gruñidos a Thorin y bueno, los jóvenes príncipes se atrevieron a endulzar más cada una de esas historias.
Una noche, cenando los tres alrededor del comedor, la puerta pintada de verde sonó.
— ¿Ahora quién será? —Preguntó Frodo—. No podemos cenar a gusto.
—Yo abro —Kili se levantó y Thorin lo sentó de inmediato tirando de su ropa.
Era increíble que su sobrino quisiera enfrentarse a preguntas incómodas. No; no era novedad, seguro que el chico quería inventarle una historia a quien fuera que interrumpió su cena.
Bilbo suspiró y se levantó a abrir. Casi perdió el aire cuando se encontró cara a cara con cinco hobbits a los que les faltaba poco para entrar y dejarlo a él pegado al piso.
Era increíble la falta de discreción.
—Eh, buenas noche, señor Bilbo —dijo uno de ellos—, nos preguntábamos si usted estaba bien, ya sabe, con esos tres enanos por los alrededores.
¡Vaya! Si no eran "tres enanos" Eran el pueblo de Dúrin.
—Todo bien —Quiso cerrar la puerta, pero un pie peludo se lo impidió.
Bilbo soltó una risa impresionada por aquel gesto de intromisión.
—Usted sabe —dijo un mujer regordeta—, todo aquí tenemos mucha curiosidad por saber de ellos.
—No —Finalmente cerró la puerta y agotado recargó su espalda contra ella.
—Lamento las molestias —Thorin, su amado enano apreció y le rodeo la cintura para depositar un beso en la frente de Bilbo, haciéndole sonrojar.
No era molestia, soportar a los parientes no era nada comparado a los besos y a la presencia de Thorin Escudo de Roble.
— ¡Tío Bilbo! —Gritó Kili— Frodo tiró la sopa.
—Ese fuiste tú— dijo Fili.
Bilbo y Thorin rieron con las frentes unidas, balanceándose como en un vals.
—Esta noche será tuya y mía —murmuró Thorin antes de soltarlo e ir a ver el desastre de la sopa.
Bilbo se quedó sonrojado de los pies hasta la cabeza ¿Qué había querido decir Thorin con eso?
Por un momento lo asustó sentir dolor al momento de hacer el amor con el fuerte enano y hacerlo sentir culpable.
Después, se dio cuenta de que eso no importaba mucho, pasara lo que pasara, él no podía darle un hijo a Thorin. ¡Sí! Fili y Kili eran adorables y sabía cuánto les amaba Thorin, pero no era como darle una familia. O quizá, no era por Thorin sino por él. Frodo era su sobrino, pero no era su hijo.
¡Oh qué estaba pensando! Si le decía la razón de su malestar a Thorin, probablemente se ofendería y se largaría sin equipaje pero con su orgullo bien puesto.
Resultó que el asunto de la sopa acabó sin resolver. Kili culpaba a Frodo, Fili a Kili y Frodo a Fili ¿En verdad los tres tenían diferentes versiones? Eso no era lógico.
Cuando la hora de dormir llegó. Bilbo arropó a Frodo y se asomó a ver cómo frente a la chimenea, Thorin besaba las frentes de sus sobrinos dormidos sobre las camas improvisadas.
En verdad que Thorin los amaba como si hubieran nacido de él.
Sonrío y subió a espera a su enano. Al fin se culminaría el amor que surgió durante la búsqueda por recuperar Erebor.
Sentado en la cama de sábanas blancas, alumbrado por su pequeña fogata, contempló a Thorin entrar, mirarlo con esos ojos profundos y hermosos, quitarse la holgada camisa de manta y dejar al descubierto un torso que fue hecho para la guerra.
Bilbo sintió que algo dentro de él quemaba. Se sonrojó al ver tanta perfección esculpida, que ahora sería entregada a un hobbit pequeño como él.
Thorin usó su peso para recargar la espalda de Bilbo contra el colchón. Posó sus labios sobre los del hobbit.
Los labios ásperos sobre los suave y cálidos se movían con si hubieran sido hechos el uno para el otro.
Las fuertes manos del enano recorrían la suave y redondita figura de Bilbo hasta deshacerse de su camisa.
Le besó el pecho y siguió bajando hasta un pequeño bulto sobre el pantalón del hobbit, que acarició y observó extasiado crecer a su tacto. Lo besó aún por encima de la ropa, deleitado por el suave gemir de Bilbo. Esos suspiros que traían su nombre perdido en ellos no valía todo el mithril del mundo.
Al cabo de un rato, ambos acabaron desnudos y revolcándose sobre la cama en busca de más y más del otro, Rozándose con un goce, una pasión pura que no tenía comparación.
Una vez más, Bilbo terminó bajo el cuerpo de Thorin.
Sabía lo que venía.
Con cuidado, el rey enano empezó a frotarse contra el estrecho hobbit ¡Cómo lo excitaba!
Él nunca tuvo tiempo para relaciones en medio de tantas penurias. La enfermedad de su abuelo, el arrebato de su hogar, el nacimiento de sus sobrinos, la prematura muerte del padre de éstos, la de su abuelo, su padre y su hermano menor ¿Cuándo iba a tener tiempo para su vida sentimental?
Pero todo cambió cuando ese manojo de valentía y coraje, le demostró, que aún la persona más pequeña, puede cambiar el curso de la historia, y así lo estaba haciendo.
Fue dulce como la miel para Bilbo sentir a Thorin tan dentro suyo, sentirlo suyo. Aquella cálida y desesperada respiración atrapada en su cuello, su nombre perdido en profundos suspiros.
Suspiro y jadeos quedaban atrapados en sus pechos, pues no querían interrupciones, pero ¡Ah! El placer que sentían no tenía igual, eran uno mismo, en carne y alma.
En todo tipo de posiciones estuvieron hasta que sintieron un ardor incontrolable en sus miembros que acabó en un estallido al unísono.
Cayeron rendidos sobre las sábanas ya medio caídas y se abrazaron y se miraron para cerciorarse de que lo que había pasado era verdad, que dos desconocidos que empezaron con el pie izquierdo y pasaron a través de la sombra y el fuego, eran amantes algo inarmónicos pues uno descendía de reyes con gran historia y el otro de gente sencilla y apartada de todo mal.
Los ojos castaños sonrieron a los ojos de zafiro y un beso corto bastó para hacerlos entregar sus manos a las manos del sueño.
Sí, fue muy grosero de mi parte no actualizar. Me merezco que me dejen de leer si quieren, pero mi vida personal se volvió un torbellino y no tenía ánimos para esto. Pero ahora todo está bien… Sí, bien y vuelvo a ustedes de rodillas, rogando su perdón.
Gracias por leer.
