Naruto entornó los ojos ante la mueca incrédula de Sakura, sus ojos viajaban de Hinata a él y viceversa, pero lo que más le incomodaba era la expresión en blanco de Sasuke. Cierto, el tipo era un imbécil mujeriego, pero todo era por el vacío en su interior ante el rechazo de esa chica. Sasuke amaba a Sakura, y Sakura le correspondía, solo que sus sentimientos no eran igual de fuertes que los de él. El amor por el dinero y la buena posición eran más fuertes que su corazón.

Por eso ella estaba persiguiéndolo a él, y él, no estaba para esos juegos ahora que tenía a su ángel.

― ¿Estás de broma? ―Él apretó los dientes y apegó más a Hinata contra su torso. Podía sentir su mirada de confusión e incredulidad, pero hablaba en serio. Era un hombre hecho y derecho que ansiaba una relación verdadera y la quería ya sí era posible.

― ¿Porqué habría de hacerlo? ―Miró a su ángel y le sonrió con ternura―. Te dije que esperaba a la correcta y la he encontrado.

La boca de Sakura se abrió, incrédula. Luego la cerró y le tiró cuchillos a Hinata con los ojos.

―Bueno ―Tosió Sasuke cubriendo su boca con el puño, llamando la atención de los allí presentes―. Cómo sé que no te tomarás una copa conmigo, yo... mejor me voy ―Su amigo pasó por su lado sonriéndole forzadamente―. Nos vemos, Naruto.

Asintió y el silencio reinó hasta que se escuchó la puerta al cerrarse.

Hinata podía percibir la clara hostilidad que le dedicaba esa mujer ¿Quién era y qué papel jugaba en la vida de Naruto? ¿Por qué el había dicho que era su novia? Una sospecha dolorosa se hizo paso en sus pensamientos. «¿Y sí lo dijo solo para ponerla celosa?»

― Bien, ahora que todo está claro espero comprendas, Sakura ―espetó él―. Hinata es mi novia y no quiero que la mires como lo estás haciendo en este momento. También espero que no vuelvas a entrar a mi despacho de ésta forma.

― ¿Cómo te atreves, Naruto? Llevo días tratando de contactarme contigo y te has negado ¿Qué esperabas que hiciera? ―reclamó la mujer, con una mano sobre su pecho aparentando sentirse ofendida.

―Eres mi amiga y te aprecio, pero no estás en condiciones de comportarte así, aquí y sí no he podido citarme contigo es por razones personales.

Sakura fijó sus ojos en Hinata. Ella se sentía sumamente incómoda al estar allí, como si ese no fuese su lugar, como si ella fuese una intrusa.

―Puedo ver porqué ―susurró, tomando su Louis Vuitton de la silla de cuero del escritorio―. Te han mantenido ocupado, eh.

Naruto se llevó los dedos al tabique de su nariz.

―Sakura, por favor.

Ella avanzó en su dirección, moviendo las caderas e ignorando a Hinata olímpicamente. A ella se le secó la boca cuando vio como esa mujer posaba sus manos en el torso de Naruto y le plantaba un beso en la mejilla. Apartó la mirada, sintiendo dolor ¿Qué demonios estaba pasando?

―Cuando te retractes, búscame ―Hinata sintió náuseas al escuchar el tono meloso que utilizó esa pelirrosa―. Podemos empezar de cero tú y yo.

Naruto tomó sus manos y las apartó de su cuerpo. Furioso con ella. La apreciaba, ella y Sasuke eran sus mejores amigos, pero no le permitiría humillar a su ángel de esa manera.

―Sakura, por favor, márchate ―Le rogó apretando las mandíbulas. Sakura se zafó de su agarre y tomó el pomo de la puerta. Ni él ni Hinata se volvieron a ver cómo se marchaba.

―Nos vemos después.

Una vez estuvieron solos Naruto se ubicó frente a Hinata, tomó sus mejillas y presionó su frente con la suya. Sabía cómo se sentía, él lo había experimentado años atrás cuando era un chico que tenía un crush con su amiga. En ese entonces Sakura escogió a Sasuke ya que el heredero del conglomerado era Menma y no él, y Sasuke era el genio que estudiaba abogacía. Le dolió, pero rápidamente lo superó y lo aceptó. Ahora, Sakura lo veía a él como mejor partido. Sasuke era un renombrado abogado, pero entre él y su amigo, Naruto era el triple de millonario.

Apreciaba a Sakura, pero era una interesada sin remedio. Así fue como la criaron desde pequeña.

―Lo siento ―Depositó delicados besos por las comisuras de sus labios―. Lo siento mucho, no volverá a pasar.

Ella le cubrió las manos con las suyas.

― ¿La... quieres? ―Su pregunta le sorprendió, analizó su expresión y comprendió que no la formulaba por celos, sino por inseguridad hacia Sakura y odió esa razón.

Sakura era bella, pero su ángel la superaba con creces. Hinata no necesitaba salones de belleza, manicuras, ni makeup para lucir tan malditamente hermosa y eso, a parte de su personalidad e inteligencia, lo tenía fascinado.

―Por supuesto que no ―De su garganta nació un suspiro―. Creí hacerlo hace unos años, ahora ya no.

Ella ladeó su cabeza, desnudando su cuello como un cachorrito confundido, haciéndola ver tan inocentemente sexy y provocativa. Una dulce invitación a corromper ese semblante, teñir sus mejillas de rosa pálido e inflamar sus labios con los suyos. Así que la besó con delicadeza, decidiendo para sí mismo que era hora de revelarle todos sus secretos, que se merecía conocer la verdad. Sin embargo, no lo haría en su despacho, lo haría en su pent-house, con una copa de vino y con ella desnuda en la bañera. Si después de saber toda la verdad acerca de él, ella decidía dejarlo, lo aceptaría. No era fácil lo que tenía que decirle, pero si ella no lo aceptaba con todo y sus demonios, entonces no era la correcta. Le dolería, pero era mejor asimilarlo todo de una vez.

―Te lo explicaré todo hoy, en mi casa ¿de acuerdo? ―Ella se lamió los labios, gesto que ya le conocía muy bien. Lo hacía cuando estaba nerviosa, pensativa o... excitada.

―De acuerdo ―aceptó ella y él sonrió.

―Bien, terminemos con esto.

Durante toda la tarde se dedicaron a trabajar únicamente. Ambos eran excelentes en ese plano, congeniaban perfectamente. Shion y Sarah les sirvieron café con magdalenas, lo que les ayudó a despejar la mente y continuar trabajando. Al finalizar, ambos se despidieron con un beso dentro del ascensor. Ella pasaría por su piso recogiendo ropa para quedarse con él y él, esperaría mientras deshace su tensión golpeando el saco de boxeo.

Hinata podía percibir que algo le rondaba a Naruto en la cabeza, durante toda la tarde se mostró poco comunicativo y por demás, pensativo. Tenía miedo de lo que la influencia de Sakura pudiera causar en él. Esa mujer era una adulta hecha y derecha a la par de ella. Sus rasgos eran suaves que cualquier hombre caería rendido a sus pies. Nunca antes había tenido que competir con nadie, pero ahora sentía que lo hacía y odiaba la sensación.

Sacó sus llaves de su bolso y abrió la puerta de su apartamento. Un grito fue lo primero que escuchó.

― ¡Lárgate! ―Hinata quedó inmóvil cuando escuchó el grito de Ino.

―Por favor, ya no sé qué hacer Ino ―rogó una voz lastimera que supo provenía de Sai. Hinata sentía contradecirse así misma, pues ella sentía repulsión hacia Toneri por rogarle, en cambio le daba empatía la situación de Sai. La diferencia consistía en que Ino y Sai se amaban.

― ¡Solo vete! ¡No quiero volver a verte jamás ¿no lo entiendes?! ¡Me traicionaste! ¡Decías que me amabas y por dentro aun lo dudabas!

Hinata entró sin mirar a ninguno de los dos, recorrió la sala de estar y se encerró en su habitación. Era una discusión que no le concernía y no quería presenciar. Tomó su neceser y lo echó en una mochila, junto a un conjunto para el trabajo, ropa interior y un camisón. Se dio una ducha rápida y escogió unos vaqueros a la cintura, una blusa manga larga lace up gorro y bufanda junto a unas zapatillas deportivas. Al salir vio a Ino con las manos en su rostro, llorando desconsolada y con cuidado se sentó a su lado.

―Y-Yo... no puedo más, Hina ―dijo entrecortadamente―. S-Solo quiero que... me deje en paz.

Hinata apretó los labios.

―Pero lo amas.

―E-Eso es lo que malditamente odio ―Ella no sabía que podía decirle a su amiga, pero entonces su foco se encendió.

― ¿Y si pasas una temporada en Liverpool? ―sugirió ella―. Estamos cerca de diciembre, podrías ir a casa de tu familia y quedarte allí por un tiempo.

―No puedo, el trabajo Hinata ―razonó su amiga.

―Odias a tu jefe y compañeros, además eres muy talentosa, no tardarías en encontrar otro trabajo. Ve, Ino. Necesitas despejar tu mente.

Ino se secó las mejillas.

―Lo pensaré ―Entonces se percató de su atuendo y su mochila―. ¿A dónde vas, zorra descarada?

Hinata carcajeó al ponerse de pie, sintiéndose mejor ante el repentino cambio de humor en su amiga.

―Me quedaré con Naruto hoy.

― ¡Oh maldita suertuda! Espero que te abras de piernas y chilles como perra en celo por mí hoy ―Respingó ante las palabras de su amiga.

― ¡Jesús, Ino! ―masculló con disgusto―. Nunca se te ocurra ir a misa con ese vocabulario, se te caería la iglesia encima. No, bueno, no sé si nos acostaremos juntos. Hoy apareció una tal Sakura y por poco se lo come frente a mí, le dijo que yo era su novia.

Su amiga dejó caer la mandíbula.

―Noooooo.

―Sí ―asintió Hinata―, y desde que ella se fue, él se mostró distante conmigo, dijo que aclararíamos todo hoy. Por lo que no sé en qué punto estamos, me dijo que hace años creía que la quería.

―¿Entonces qué mierda estás esperando? ¡Lárgate!

―Sí ya me voy, pero ¿estarás bien? ―Ino le quitó importancia con la mano.

―No te preocupes, me pondré bien puta y saldré con Konan, puede que la que termine con las piernas abiertas y chillando como perra en celo seré yo.

―Eres irremediable. Por favor, cuídate ¿sí? ―Hinata tomó la mochila y se la colocó en la espalda.

― ¡Mañana me cuentas como te fue!

La trayectoria desde su edificio hasta el histórico Centre Point, el rascacielos más alto de West End, fue relativamente corto. Las manos se le humedecían cada vez más y hasta sentía una banda de rock ensayando en sus costillas. Cuando el taxi la dejó en la acera, Hinata ya hiperventilaba en medio de todos los transeúntes que circulaban a esas horas por allí. El imponente edificio de 34 pisos era una obra antigua de la arquitectura, un edificio exclusivo de multimillonarios y el hecho de que Naruto fuese el dueño del ático se lo confirmaba.

El vestíbulo era simplemente maravilloso y grande fue su sorpresa cuando vio a Kakashi Hatake esperándola junto a los ascensores. El hombre asintió en su dirección y le abrió uno de ellos. Dentro marcó un código de cuatro dígitos y el aparato se puso en movimiento. Incomoda, Hinata tomó aire. No sabía que sucedería entre ellos, no llevaban ni una semana saliendo, pero esperaba no acabara tan pronto. Lo extrañaba los minutos que no estaba en su presencia y entonces, la revelación llegó a ella y vio como sus ojos se abrían asustados en el reflejo del metal.

Lo amaba, ya no era un simple enamoramiento.

Las puertas se abrieron y la melodía de Angel, de Massive Atack fue lo primero que percibió por encima de los atronadores latidos de su corazón. Kakashi la dejó sola, desapareciendo en el mismo ascensor. Hinata dio pasos temblorosos tratando de asimilar la conclusión a la que había llegado. Ese hombre, tan arrebatadoramente sexy, atractivo, se había robado su corazón y su mente. No supo en qué momento sucedió, pero el sentimiento estaba allí, latente en su interior.

El opulente pent-house dúplex era precioso, lujo era la palabra que lo definía. Con piso de espiga de roble y piedra caliza Hinata se sintió por un momento perdida en el enorme espacio diáfano. Los ventanales iban del suelo al techo, brindándole las mejores vistas de todo Londres además de la impresionante terraza curvilínea.

Tiró su mochila en uno de los sofás junto a su gorro y bufanda y caminó admirando el diseño interior del lugar, la combinación de colores, las exclusivas maderas de las que estaban hechos los muebles, así como la decoración fascinante. Se detuvo ante las puertas del gimnasio, donde parecía que provenía la música. Deslizó la puerta de vidrio con cuidado y por poco deja caer la baba ante la vista de ese hombre tan caliente que no dejaba de impresionarla cada que lo veía.

De espaldas, con ese precioso tatuaje empapado en sudor, así como todo su cuerpo fornido y duro, Naruto golpeaba una y otra vez un saco de boxeo. Se mordió el labio cuando sintió ese calor conocido instalarse en su vientre mientras admiraba sus brazos tensos y musculosos, sus hombros anchos y su espalda marcada, siguiendo el camino de cada gota de sudor que gustosa lamería hasta saciarse. Los shorts deportivos caían sensualmente por sus caderas y Hinata admiró con hambre la vista de sus bóxer Tommy Hilfiger. Su cabeza húmeda giró en su dirección y ella se sintió noqueada ante su sonrisa arrebatadora.

Naruto se deshizo de los pesados guantes, dejándolos caer al suelo y tomó una toalla ubicada en una máquina de pesas, se secó el sudor del rostro y luego se la colocó en la nunca.

―Ángel ―susurró cuando la tomó de las caderas y le besó los labios―. Me alegro de que vinieras.

A ella no le importó abrazarlo así, todo sudado.

―A mí también.

― ¿Tienes hambre? ―dijo él mordisqueándole el labio.

―Sí ―sonrió pasando la punta de su lengua lentamente por todo su labio inferior. La ponía nerviosa, pero una vez estaba entre sus brazos una seguridad arrolladora la incautaba―. Mucha.

Él entrecerró sus ojos, apretujándola más contra su torso húmedo y caliente. El olor de su sudor era embriagante en sus fosas nasales y diafragma.

―Pequeña seductora ―ronroneó Naruto, fue empujándola hacia atrás, tomando su blusa y sacándosela de un tirón―. ¿Un baño? Después la cena.

¿A dónde fue a caer su blusa? No le importaba.

―Perfecto ―La hizo girar y le propinó un azote en su trasero―. En el piso de arriba, quinta puerta a la derecha.

Ella le obedeció inmediatamente. Subió las escaleras y recorrió el pasillo que conectaba todas las habitaciones, fascinada con la impresionante vista de Londres. Ingresó donde le indicó y casi cae de sentón ante la preciosa y sensual habitación. Las letras del Centre Point brindaban la luz necesaria para que pudiera admirarlo todo. Las paredes estaban teñidas de color crema, así como las sábanas y algunos almohadones que combinaban con los de color vino tinto y chocolate. Simplemente preciosa e íntima.

Abrió una puerta encontrándose con un enorme baño, equipado con un lavabo doble de marfil y una gran bañera de hidromasaje donde al menos tres personas cabrían ahí. Todo olía maravillosamente, a él. Hinata tomó una toalla e inhaló su olor, sí, Naruto había estado por todas partes. Abrió uno de los cajones y roció sales y espuma en el agua tibia de la bañera que continuaba llenándose cuando Naruto entró con dos copas y una botella de vino.

― ¿Te gusta? ―Le preguntó con cautela. Ella le sonrió con entusiasmo.

―Vives en un lugar precioso ―Le susurró. Naruto dejó todo lo que traía a un lado de la bañera y tiró la toalla que llevaba en el cuello, luego tiró de sus shorts y su bóxer dejando a Hinata con los ojos y la boca abierta―. Desnúdate, quiero verte.

Le obedeció de inmediato. Se quitó las tenis y los calcetines, desabrochó sus vaqueros y los deslizó por sus piernas. Su sujetador voló por los aires y lo escuchó gruñir al admirar sus pechos desnudos, erguidos y necesitados de su toque. Sus bragas fueron las siguientes y se sonrojó ante sus ojos azul eléctrico, turbios y oscuros analizando cada pulgada de su piel.

―Eres tan jodidamente perfecta ―dijo―. Ven.

Él ingresó en la bañera, recostando su espalda contra el marfil y estiró una mano hacia ella. Hinata la tomó y le permitió acomodarla sobre su regazo, colocando su espalda sobre su torso definido. Cerró los ojos ante lo cálido del agua y dejó escapar un suspiro de satisfacción cuando lo sintió deslizar la suave esponja entre sus pechos y su vientre.

―Tienes una piel magnífica ―le dijo él con voz suave y ronca, esparciendo la espuma por toda su piel―. Podría acariciarla toda la noche.

―Mmm ―murmuró cuando sintió esa tierna caricia de sus labios en su frente.

―Tenemos que hablar ―Se tensó―. No, ángel, no te preocupes por nada.

―Estás extraño desde la tarde ―Sintió su pecho hincharse cuando suspiró.

―Lo sé, estaba convenciéndome de hacer esto.

―Le dijiste que soy tu novia solo para ponerla celosa ―conjeturó. Naruto le tomó la barbilla y le inclinó la cabeza hacia atrás para que le mirara a los ojos.

―No, jamás. Lo hice porque es lo que quiero que seas y para que me deje en paz ―Ella se incorporó, mirándole por encima de su hombro.

―Naruto, es una mujer bellísima. Además dijiste que creías que la querías ¿porqué eso ha de cambiar?

Él le corrió un mechón húmedo atrás de la oreja.

―Tú eres una mujer bellísima, más que ella. Me traes fascinado ¿no lo ves, ángel? Quiero tenerte en mi vida. No quiero que existan mentiras ni secretos entre nosotros.

― ¿Entonces...?

Él le sonrió con calidez, tomándola de las caderas y sentándola totalmente de frente. Estiró una mano hacia atrás y tomó la botella de vino, sirvió las copas y se las tendió. Hinata gimió ante el dulce sabor, era demasiado delicioso para su paladar.

―Quiero que sepas todo de mí ―dijo él al tomar un trago de su copa―. Anda, pregunta.

Ella bajó la vista hacia la espuma entre ellos, pensando sus preguntas. Quería pertenecerle y sabía que él era sincero en sus palabras. Naruto era un hombre fuerte y decidido, no un puberto con ganas de probar todo lo que vistiese una falda. Si alguna vez ella deseó un hombre, definitivamente Naruto cumplía con la perspectiva. Cariñoso, protector y que cuidara de ella. Lo que alguien como ella necesitaba en su vida vacía y falta de amor.

― ¿Qué pasó entre Sakura y tú?

―Ella, Sasuke y yo somos amigos desde niños ―Empezó a narrar él―. Su familia, la de Sasuke y la mía todavía lo son. Ella fue mi amor platónico en la adolescencia, pero ella ama a Sasuke y Sasuke la ama a ella. Ella nunca me dio una oportunidad, en esos años Menma era el sucesor de Grupo Uzumaki y no yo, por lo que prefirió a Sasuke. Ahora quiere tener una relación conmigo por ser tan asquerosamente rico. Su familia la crió así, lo más importante para ella es el dinero y la posición social.

― ¿Es esa razón por la que tu amigo es como es? ―Naruto asintió bebiendo vino.

―Su rechazo lo ha marcado ―Ella también bebió―. Pero yo no estoy para esos juegos, como te dije Hinata, he esperado por una mujer que me ame, que me acepte como soy y no por dinero ―Él señaló el amplio espacio―. Esto puede acabarse en cualquier momento, hoy soy millonario, mañana puede que esté en la calle. Quiero que alguien esté conmigo en las buenas y en las malas, y quiero que esa persona seas tú.

Ella se mordió el labio al comprender que él buscaba lo mismo que ella. No sería fácil, lo sabía. Naruto era el número uno en la lista de solteros codiciados de Londres. Su relación despertaría la envidia de muchísimas mujeres que buscaban atraparlo entre sus brazos, pero valía la pena luchar por él. Valía la pena que lucharan juntos.

―Quiero serlo.

Él se impulsó hacia el frente, sus pechos en contacto con el suyo fuerte y poderos y le lamió sus labios.

―Entonces lo eres ―Plasmaron esa promesa en un profundo beso que los hizo jadear. Hinata se derritió sobre él al percibir el sentimiento y la devoción que le proporcionaban sus besos. Sería una lucha constante, pero ella era una luchadora, así como él.

― ¿Qué significa tu tatuaje? ―preguntó ella rato después, completamente laxa en su pecho, deslizando su dedo índice por las líneas trazadas en su hombro. Su suspiró la alertó.

―Sabía que lo preguntarías ―dijo él en voz baja.

Ella se echó hacia atrás, analizando sus ojos apesadumbrados.

― ¿Qué significa eso?

Naruto la tomó de la cintura y atravesó su mirada con la suya.

―Si después de lo que te diga, deseas irte, quiero que sepas que la puerta está abierta y que no te detendré, Hinata.

Ella sintió la alarma de su corazón en sus sienes.

―Naruto, estás asustándome.

Lo vio inhalar con fuerza antes de soltar una frase que la dejó en shock.

―Este tatuaje es en honor a un hijo que perdí, Hinata.