Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 11

EMMETT POV.

Después de dejar a Bella en su habitación a paso lento me dirigí a la mía, no pude contener la sonrisa tonta que se plantó en mi rostro al recordar el show que montamos con Rosalie hace unos minutos en la sala, y una vez más, no pude evitar listar las diferencias entre Heidi y ella; cada día eran más y más, cosa que me desconcertaba, pues Rosalie superaba por mucho a mi mujer perfecta, mientras que Heidi se alejaba cada día más.

Pasé mi mano por mis cabellos, es increíble que apenas conozco a la chica hace un par de días y me tiene de cabeza... pero nada más cruzar el umbral de la puerta mi sonrisa se borró al ver la expresión de Heidi, solté un sonoro suspiro y me preparé mentalmente para lo que se avecinaba a continuación, sin duda sería una batalla épica.

—No lo puedo creer Emmett, me dejaste en ridículo allá abajo —ok, esto será mucho peor de lo que imaginé, no está gritando y eso no significa nada bueno.

—Heidi, no tienes por qué molestarte, fue algo sin importancia, un simple juego.

—¿Un juego Emmett? ¿También fue en juego las miradas que le dirigías? ¿Me crees tan estúpida como para no darme cuenta de que estaban coqueteando en frente de mis narices? ¡Pues no lo soy maldita sea! ¡No lo soy! —caminó hasta la ventana y yo me senté en el borde la cama.

—Heidi, yo...

—¡No digas nada Emmett, simplemente yo ya no lo soporto más! ¡Esto me está ahogando, me... me mata! —gritó y comenzó a tirar cosas al piso, mientras maldecía y no dejaba de llorar.

Me quedé estático, sin saber qué hacer, ciertamente habíamos discutido con anterioridad pero esto era... no tengo palabras para describirlo ¡Dios, es como si hubiese perdido la razón! Siguió tirando cosas hasta que ya no hubo que tirar y se dejó caer de rodillas al piso, rodeándose con sus brazos.

Su cuerpo se sacudía a causa de sus sollozos, un poco vacilante me acerqué y me arrodillé frente a ella, la rodeé con mis brazos y sus manos se aferraron a mi camisa con fuerza.

—¿Por... qué no pu-puedes... amarme? —preguntó entre sollozos y acaricié sus cabellos.

—Amor, yo te amo —respondí y no sé si lo dije para convencerme a mí o a ella.

—No, n-no lo... haces, siempre lo h-he... sabido —no supe que responder ante eso, pues tenía razón; demasiado tarde me doy cuenta de que confundí la atracción con amor.

Nos sumergimos en un silencio por demás tenso, que de vez en cuando era roto por los sollozos de Heidi, por varios minutos acaricié sus cabellos y su espalda para que se calmara, y aún cuando sus sollozos se apagaron, lo seguí haciendo.

—Mañana a primera hora volveré a Nueva York, me encargaré de cancelar todo lo de la boda —se soltó de mi abrazo y se quitó el anillo de compromiso para después entregármelo.

—Heidi, ¿estás segura de que eso es lo en verdad quieres? —sonrió tristemente asintiendo y tomé el anillo.

—Te aseguro que esta vez nuestro rompimiento es definitivo, no me amas y yo tampoco te amo. Lamento mucho haberte retenido todo este tiempo a mi lado, yo... de verdad lo lamento —siendo sincero yo esperaba una batalla épica que terminaría con una reconciliación en la cama, nada parecido a esto.

—Sabes que siempre tendrás en mí un amigo, ¿cierto? —asintió y limpió una traicionera lágrima que rodó por su mejilla—. Heidi, te juro que daría cualquier cosa por que lo nuestro hubiese funcionado.

—Lo sé, pero créeme que esto no tenía futuro. ¿Podrías dejarme sola? Por favor —asentí y antes de caminar hacia la puerta la abracé y besé su mejilla. Tomé el pomo y antes de que pudiera abrir su voz de detuvo—. Y Emmett, no dejes escapar a Rosalie, es una chica genial y sé que sientes algo por ella. La vez de una forma que sólo un hombre enamorado ve a una mujer.

Me dio una última sonrisa, sus ojos estaban llenos de lágrimas y antes de salir pude escuchar como comenzaba a sollozar de nuevo.

Di vuelta por milésima vez en la cama, las palabras que Heidi me dijo antes de que saliera de la habitación no me permitían conciliar el sueño, ¿yo enamorado de Rosalie? Me gusta, sí lo acepto y cuando la veo siento como si mariposas revolotearan en mi estomago, pero eso no significa que esté enamorado de ella ¿o si? No, claro que no, tal vez sólo sea acidez estomacal. ¿Mariposas? Eso era tan ridículo.

A la mañana siguiente me desperté tarde, había tenido una noche de perros, salí de la habitación de invitados y fui directo a la habitación que compartía con Heidi a buscar algo de ropa para tomar una ducha y cambiarme, llamé un par de veces sin respuesta y a la tercera vez entré encontrándome la habitación vaciá, abrí el guardarropa y sus cosas no estaban, se había ido sin siquiera despedirse.

Tomé una ducha rápida y salí de la habitación, me encontré con Emily en las escaleras y me dijo que mis hermanas estaban desayunado en el jardín con tía Renée, y fui a reunirme con ellas.

—Buenos días —saludé sentándome entre Bella y Alice.

—Apuesto a que no tuviste una buena noche —murmuró Bella dándome una mirada apenada, de seguro escuchó el escándalo que provocó Heidi al tirar todo en la habitación.

—Heidi y yo terminamos, y esta vez, es definitivo —Bella tomó mi mano y le dio un suave apretón, Alice comenzó a chillar y se lanzó a mis brazos felicitándome por "mi decisión". Tía Renée sólo me sonrió, aunque yo sabía que quería ponerse a saltar de alegría.

HEIDI POV.

Mi vuelo fue anunciado y, tras suspirar pesadamente, me puse en pie para dirigirme a la puerta de abordaje. Una vez en mi asiento permití que una solitaria lágrima rodara por mi mejilla, sabía lo que me esperaba cuando "mi padre" se enterara de mi rompimiento con Emmett, para nada le haría gracia pero ya no podía más con esta farsa, él se merece ser feliz y a mi lado nunca lo sería.

Cómo ser feliz conmigo cuando mi vida es una completa mierda, cosa que le debo a un maldito desgraciado: Marco Fiorelli. Mi madre se casó con él cuando yo apenas tenía tres años de edad, era viudo y tenía un hijo de cuatro años: Alistair, que necesitaba una madre, así que poco le importó casarse con ella siendo madre soltera y de clase humilde, después de todo necesitaba una niñera más que una esposa.

Los siguientes años no fueron tan malos, Marco estaba poco en casa y eso era un alivio tanto para mi mamá como para mí, ya que yo no era de su agrado y me presencia le molestaba. Mi relación con Alistair era excelente, siempre me estaba cuidando y protegiendo de todos los que se burlaban de mí en la escuela, para mí era mi héroe de dorada armadura y con paso del tiempo, terminé enamorándome de él.

Poco después de que cumplí once años mi madre murió en un accidente de trafico, fue un golpe muy duro para mí y el único que estuvo a mi lado para darme una palabra de aliento de nuevo fue Alistair, pero poco después él también me dejó, ya que se marchó a estudiar fuera y nunca más volvió. Marco vio la oportunidad de quedar bien ante los ojos de los demás y se quedó a cargo de mí, todo mundo hablaba de lo bueno y caritativo que era por hacerse cargo de una chiquilla que no era nada suyo, pero lo que nadie sabía, era que disfrutaba haciendo de mi vida un maldito infierno.

Siempre me humillaba y menospreciaba, nunca perdía oportunidad para hacerlo a cada minuto de cada maldito día, por suerte me permitió continuar en la escuela, las horas que pasaba fuera de la mansión eran como un bálsamo que me ayudaba para poder soportar sus maltratos; en más de una ocasión pensé en irme, pero a dónde iría, no tenía más familia y me aterraba la idea de terminar en la calle. Después de todo, no era más que una niña.

Pero un buen día todo cambió, comenzó a comprarme ropa de marca y linda, me llevaba a las fiestas, reuniones de sociedad y siempre estaba queriendo meterme por los ojos de Emmett, hasta que un día lo logró. Emmett me caía bien pero yo no tenía interés de ningún tipo hacia él, pues mi corazón tenía dueño y ese era Alistair aunque para él sólo era su hermanita, se lo hice saber a Marco y me dijo, mejor dicho, me ordenó que tenía que hacer todo lo posible por meterme a la cama de Emmett y conseguir ser la señora Swan, ya que era la única forma de salvarse de la ruina. Por miedo, o tal vez por estupidez, le hice caso; comencé a salir con Emmett y me refugié en una coraza de altanería y frivolidad, maté todo lo bueno que alguna vez hubo en mí y me convertí en el títere de ese maldito, pero todo tiene un limite y yo había llegado al mío, simplemente ya no podía más.

—Señorita, disculpe pero ya hemos llegado —parpadeé un par de veces al escuchar la voz de la azafata, el avión se encontraba casi vacío, tan metida estaba en mis pensamiento que ni siquiera me di cuenta de que ya había aterrizado el avión.

—Gracias —murmuré poniéndome en pie y caminé hacia la salida.

Una vez busqué mi maleta salí en busca de un taxi, no demoré mucho en encontrar uno y mucho menos tardé en llegar a "mi casa"; suspiré sonoramente para darme valor y poder entrar, la idea de dar media vuelta y echarme a correr era demasiado tentadora, pero no podía huir por el resto de mi vida y lo mejor era cerrar este amargo capítulo en mi vida. Alcé mi temblorosa mano y llamé un par de veces, unos minutos después una de las chicas del servicio me abrió la puerta.

—Señorita Heidi, creímos que no volvería hasta dentro de unos días —la chica tomó mi maleta y se hizo a un lado para que entrara.

—Hubo un cambio de planes, ¿dónde está mi... padre?

—En su despacho con el joven Alistair —ante la mención de ese nombre mi corazón dio un vuelco, ¡ha regresado!, pensé sintiéndome feliz por primera vez en mucho tiempo. Asentí y con paso firme caminé hasta allá.

No hay marcha atrás, esta vez no va a poder convencerte de seguir con esto, me dije para mis adentros y entré al despacho sin siquiera llamar, por lo que los ojos de "mi padre" llamearon llenos de furia.

—¿Qué haces aquí? —gruñó y levanté la barbilla con altivez, Alistair se giró para verme y me sonrió de forma cálida.

—La boda se canceló —dije sin siquiera titubear y se levantó de su asiento.

—¡¿Ahora que hiciste maldita estúpida?! —gritó lleno de cólera y de tres zancadas se situó frente a mí, soltándome una sonora bofetada.

—¡Terminé con Emmett, eso hice! ¡Ya no pienso seguir siendo un maldito títere que manejas a tu antojo y beneficio! —grité de vuelta luchando por contener las lágrimas.

—Eres una maldita desagradecida —levantó la mano para golpearme de nuevo, cerré los ojos esperando un golpe que nunca llegó.

—No te atrevas a golpearla de nuevo —la voz de Alistair fue un fiero gruñido, abrí los ojos y lo vi frente a mí, de nuevo protegiéndome, como cuando eramos niños.

—¡No la defiendas! Estamos a nada de tener que vivir bajo un puente, y ésta estúpida, arruinó la única salvación que teníamos.

—Debe de haber algo que se pueda hacer, pero no tienes ningún derecho a insultarla y mucho menos a golpearla —Marco se quedó pensativo y sus ojos brillaron de forma siniestra, tanto, que me dieron escalofríos.

—¡Cómo no se me ocurrió antes!, no había necesidad de usar a ésta inútil. Hijo, tú serás quien nos salve— ¿de qué diablos está hablando éste maldito enfermo?

—¿Qué quieres decir con eso, padre? —preguntó confuso Alistair.

—Mañana mismo viajaras a Jacksonville, tienes que hacer que Alice Swan se enamore de ti a como de lugar —mi mirada buscó la de Alistair, él no podía prestarse a algo tan ruin, no podía mancharse como yo lo había hecho. ¡Joder, él es bueno!

—Lo haré —respondió con voz baja sin despegar su mirada de mí—. Pero tengo una condición, dejarás en paz a Heidi.

—¡No lo hagas! No te conviertas en una pieza más en su tablero de juego, tú no —le pedí con desesperación, Alistair era bueno y no era justo que la ambición de su padre acabara con eso también.

—No te metas, este ya no es tu asunto —me tomó por el brazo y me llevo casi a rastras hasta la puerta principal—. Fuera de mi casa, no quiero volver a verte —abrió la puerta y me solté de su agarre.

—No puedes echarla así papá, ¿a dónde ira?

—Por eso no te preocupes Alistair, estaré mejor en cualquier parte que aquí —salí de la casa sintiéndome libre, por fin las grilletes que me ataban a esta maldita cárcel se habían rotó.

Me senté en la acera y abrí mi bolso, lo único que saqué de la casa, para ver con cuánto dinero en efectivo contaba, era poco, pero me alcanzaría para buscar un hotel decente y pasar esta noche; ya mañana comenzaría a buscar un empleo. Me levanté y tras suspirar comencé a caminar, unos minutos después alguien gritando mi nombre me hizo parar.

—¡Heidi, espera! —Alistair corría para alcanzarme y, cuando llegó a mi lado, me tendió un pequeño trozo de papel—. Es la dirección de una amiga, ella y su esposo te recibirán en su casa, ya he hablado con ellos —lo tomé y sacó su billetera.

—Iré a casa de tus amigos, pero no aceptaré tu dinero —me ignoró por completo y sacó una cantidad considerable.

—Por favor Heidi, tómalo. Necesitaras comprar ropa, artículos personales y te hará falta —aún con resistencia tomé el dinero y tras suspirar me abrazó—. Todo estará bien, te aseguro que toda estará bien —susurró y su abrazo se volvió más fuerte. Enterré mi rostro en el hueco de su cuello y aspiré con fuerza llenándome de su olor, ojalá el me amara como yo a él, ojalá pudiéramos irnos lejos y ser felices juntos.

—Eso quiero creer, pero no puedo. No tienes idea, de cuánto deseo que recapacites y no aceptes el plan de tu padre. Alice no merecé que juegues con sus sentimientos —me separé de él y di media vuelta para irme.

Continuará...


¡Hola! Aquí está el capítulo de hoy, espero que les gustara y no quieran matarme, recuerden que sin autora no hay más historia.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's

¿Algún review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Miércoles: Odio o... ¿Amor?

Jueves: Siempre te Amaré.

Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo?