SEGUNDA PARTE: LA GUERRA
Disclaimer: Magic Night Rayearth no me pertenece a mí, si no a las maravillosas CLAMP, yo sólo creo mis historias locas en base a sus personajes, sin fines de lucro, sólo con fines de recreación. El fic si es mío, así que nada de plagios.
Capítulo 2.0: Memorias del exiliado.
Incluso en La Guerra de los Mil años, Cephiro el hermoso planeta dominado por la voluntad de su gente, siempre se había mostrado como un sitio pacífico, con encantadoras flores de color azul, duras, y que decoraban el hermoso planeta. La fuerza de su Kina Marthea les había mantenido de pie…al menos así era hace tres ciclos lunares.
Las cosas en Cephiro no son las mismas. No desde que la Kina Marthea perdió la inocencia de sus hermosos ojos color granada. Ahora en ellos sólo se podía ver desolación y destrucción. Quedan lejos los tiempos de paz y de prosperidad, ahora en el planeta sólo domina la muerte, el miedo y el enojo. La rebelión gana terreno dentro de las tres regiones, la Región del fuego Akai, La región del Viento Midoriro y la Región de la Cascada Aoi han perdido el resplandor de su grandeza.
Nadie sabe como fue el cambio. Antes la Kina Marthea Luriel era suave, dulce, bondadosa, ahora estaba decidida a dar muerte a cualquiera que se hallara en contra de sus deseos. Incluso el Dios Rayearth le había abandonado, dejando a Cephiro en la más profunda oscuridad.
La guerra de los mil años, la nueva tiranía, debilitaban al delicado Cephiro, dependiente del corazón de su Kina y de su gente.
Los rebeldes, buscaban liberar al pueblo de Cephiro de ella, pero…entre los rebeldes destacaba Gathanriel Lantis, el antiguo Juez Supremo, encargado de escoger a la Kina Marthea hace tres ciclos lunares, sin embargo él llevaba un secreto entre sus manos.
Era el Lord menor de los Axul, quienes habían estado en Guerra con los Kinas por más de mil años. Con el fin de atacarlos desde su interior, su hermano mayor, Zagato le envía a Cephiro donde se hace pasar por un general exiliado de Autozam, en pro de ganarse la confianza de los cephirianos. En su camino, fue descubierto por un antiguo habitante de Azulian, Guru Clef, él cuál le rebeló sobre sus sospechas de la verdadera cara de la guerra. Ahora, debe buscar la verdad y además, librar la batalla por liberar a Cephiro de la tiranía.
Capítulo 1: Las fosas de la Muerte
Trabajábamos sin cesar, apenas podíamos hacer el conteo de las horas, me había dedicado todo el día a esto, ni siquiera había sido un buen anfitrión con mis amigos, aunque creo que ellos eran conscientes de que les estaba evitando desde el día en que admití amarla. Si, no era una mentira. Yo la amaba a pesar de que ahora era una verdadera bruja. Ni siquiera podía concebir el mundo con ella lejos de mí . Prefería mil veces saber de ella a pensar en haberla perdido. No podía concebir el mundo sin su presencia, sin ser consciente de respirar bajo el mismo cielo.
Mi pequeño amigo me miraba trabajando, moviendo las manos en silencio absoluto. En todo el día a lo mucho nos dirigimos alrededor de veinte palabras, las cuáles en su mayoría habían sido de cortesía, y de parte de él. Mis pensamientos estaban en otra parte, no podía concentrarme en otra cosa que no fuera arreglar las máquinas. Por ello, había despedido a Geo y me había quedado con Kaie a reparar. En realidad, trataba de postergar mi visita al Monte Akai lo más que pudiera. El hecho de entrar en la que fuera la tierra representativa de ella, me hacía sentir realmente turbado. Pero nadie conocía Akai mejor que yo, a nadie el Ermitaño le había rebelado sus secretos como a mí. Suspiré, lanzando un ataque de fuego sencillo al motor y conseguí hacerlo arrancar. Sin duda Eagle estaría orgulloso de mis habilidades como mecánico. Cuando nos conocimos yo no era capaz de arrancar una nave de paseo de Autozam y ahora podía darle vida a uno de los mejores equipos de batalla de Cephiro. No era como nuestros mejores equipos de Azulian, dado que los Cephirianos siempre han controlado la magia, prefiriendo los motores de magia y el equipo de escudo, pero eso sólo podían hacerlo algunos Kina y los encargados de hacer armas, no el resto de los mortales. De momento, nos concentrábamos en manejar la misma tecnología que en Autozam, pero era complicado.
Me sentía más tranquilo, aunque no deseaba ver a nadie en esos momentos. Tatra y Tarta habían decidido quedarse por unos días, para juzgar lo más conveniente para Chizeta, con todo de su promesa de mantenerse en la neutralidad, los abusos cometidos por la Kina Marthea, habían despertado en ellos el miedo y el pánico. Ahora todos estábamos pensando si lo mejor no sería atacarla. Acabar de una vez con la tiranía, pero no sabíamos cuál sería nuestro siguiente movimiento. Quizás era tiempo de juntar a todos los que peleaban en contra de la Kina Marthea y tomar una decisión.
Recordé lo que les había contado a Tatra, a Tarta y a Geo sobre la verdadera historia del Ermitaño o Aquewen Tarewed, como se llamaba antes de ser conocido con su seudónimo en Cephyro. La aprendí por un ciclo de las siete lunas de Cephiro, en lo que me entrenaba y fortalecía mi espíritu con ese hombre. Aprendí demasiadas cosas, el entrenamiento era bastante intensivo, era un agotamiento tanto físico como mental, y realmente podías sentirlo. Fue la búsqueda del conocimiento de mí mismo, en especial de mis sentidos, de mi forma de concebir el mundo, y el alma que llevaba en mi cuerpo, para unirlas en conjunto en mi fuerza física y en mi capacidad de hacer magia.
Pero El heraldo de Batat…no me lo puso tan fácil. Las pruebas fueron constantes, no sólo evaluaba mi capacidad como guerrero si no la capacidad de mi alma. Él fue el que me rebeló que yo era la reencarnación de nuestro señor Axedrien Axul y Zagato la de Hianlen Axendre. No me sorprendía en lo absoluto, al parecer Hianlen se había sentido tan culpable de la muerte de su hermano mayor que quiso reencarnar en este puesto para protegerlo. Dudaba si Zagato conocía o no esta información, pero nunca se atrevió a decirme nada. Tampoco mi padre ni mi madre me rebeló nada, pero recordaba que mi madre decía que Zagato estaba en deuda con el fuego por su propia voluntad. Ahora comprendía eso, pero eso no era conveniente. Si había reencarnado Axedrien y Marthea era Hikaru…había que encontrar a un tercero…Menae.
Se sabe que hemos reencarnado los tres, pero ¿quién era ella? ¿Y qué buscaba esta vez?
Esas preguntas invadieron mi mente a lo largo de todo el día, mientras conseguía arrancar uno de los motores por medio de un propulsor que usaba vacío y energía, de hecho Kaie se sorprendió por la solución que había empleado para ello. Incluso Geo lo había declarado como una causa perdida, pero ahora no me rendiría para nada. No hasta encontrar alguna pista. Parecía que en vez de progresar, esta vez me hallaba más perdido que antes, pero no era importante. La guerra iba a terminarse. Como que me llamaba Lantis Axul.
Suspiré satisfecho al ver el motor arrancar, este chico nos había detenido por tres ciclos del sol completos, no podíamos hacer nada para hacerlo funcionar, pero el día anterior algo me había hecho percatarme de su falla. Al parecer le hacía falta una fuerza mayor que las llaves de fuerza comprimida, atascado en otras palabras. Me gustó escuchar su sonido, rebelaba el uso de la energía comprimida, sin necesidad del empleo de magia. Significaba tener esperanzas de ganar contra el poder de los Kinas. Bueno, en realidad los Axul dominamos la magia, pero era la rebelión la que me preocupaba.
Dejé el motor a manos de Kaie y me quité los guantes manchados de mis manos, dejándolos para Geo. Me acordaba de su cara cuando les dije la verdadera historia de La Guerra de los Mil Años, ni siquiera Tarta, podía pronunciar palabra. Tatra como siempre, había permanecido serena, silenciosa y analizando todo lo que yo decía, pero nunca dudó de mí. Nunca podría hacerlo.
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Sacaba a Hikari a dar un paseo. No podía dejarlo sin recorrer las casas en invierno. La nieve le daba a la ciudad un aspecto muy lindo, mucha gente se preparaba para las fiestas invernales, mientras yo sólo con mi abrigo y guantes miraba a mi alrededor, sorprendida de todo lo bonito. Mi mente siempre fue demasiado simple. Corría, sonreía y miraba a mis alrededores como si tuviera cinco años. No me importaba en realidad tener catorce. Mamá permitía que yo viera todo, incluso si eso hacía retrasar nuestras compras, a pesar de las quejas de mis hermanos.
De momento iba sola, había avisado que saldría. Mis hermanos se habían preocupado y me mandaron con mucha protección, pero sólo llevaría a dar la vuelta a Hikari. Me gustaba mucho verlo mover su cola y ladrar casi tan emocionado como yo. Sin duda nos entendíamos demasiado bien.
Iba tan concentrada en las compras, que no me di cuenta. Todo sucedió demasiado rápido que no tuve tiempo de protegerme. La ciudad se incendiaba por completo, veía cuerpos, carne quemada, acero derretido en mí alrededor. Las luces que decoraban antes los escaparates, tan coloridas, se quemaban, la nieve se teñía de color cenizo y ocre, dejando su blancura atrás. El aroma de manzana y canela de los pasteles propios de la época eran reemplazados por el asqueroso y nauseabundo aroma del fuego, todo era destruido. Corrí junto con Hikari, que no dejaba de ladrar asustado, siguiéndome el paso, pesé a que él podía correr más rápido, una de las vigas estuvo a punto de caerme, y en ese instante algo la detuvo.
Abrí los ojos y me hallaba en una especie de líquido de consistencia pegajosa, color rosado o quizás rojo, intenté mover mis manos. No podía, estaba atada, incluso dentro de ese líquido. Pude escuchar voces en el exterior, quise gritar que me sacaran, pero el líquido se metió dentro de mi boca. Tenía un sabor asqueroso. Y me hacía atragantarme, escondiendo cualquier sonido que salía de mi garganta. Finalmente, algo aturdió de nuevo mis sentidos haciéndome caer de nuevo en la oscuridad.
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Entré de forma rápida al interior de la improvisada sala en las cuevas. Fue una verdadera sorpresa ver a Aska enfermiza y a Tatra y Tarta ahí. Nova me había pedido verme, pero pensé que sería una reunión sólo entre ella y yo. Presea también había llegado, sin duda esto sería fenomenal. Geo estaba aquí, sin duda igual de incómodo que yo.
-Lantis, pensamos que tendríamos que arrancarte de los motores-dijo Nova. No era quizás el comentario más amable, pero nada podía sorprenderme de ella. Ni siquiera que su conocimiento sobre diplomacia era nulo. Por ello, ahora yo llevaba a cabo las negociaciones, pese a ser un "exiliado" de Autozam. Le miré de forma tranquila sin inmutarme. Nos conocíamos demasiado bien, éramos buenos colegas, así que no era necesario fingir cortesía. Miré al resto y me senté, quitando la capa que llevaba sobre mis hombros después de hacer un gesto que indicaba mis respetos a cada uno de los presentes.
-Bien, ya que me has dado la pauta para ser franco ¿a qué le debemos el honor, Nova?-sin rodeos. No era necesario, ella misma lo había indicado. Ninguno de los presentes hemos sido demasiado afectos a las falsas cortesías, en especial cuando estas parecen dominar a los Kinas ahora.
-Si, ¿qué hacen la líder de Fahren, Chizeta y hombres de Autozam en la misma sala?-preguntó Tarta. Tampoco le gustaba andarse con rodeos. No pude evitar que una sonrisa se extendiera a lo largo de mi rostro, mirando a Nova. Sin duda ha visto que todos aquí tenemos una personalidad con la que es conveniente decir las cosas como son.
-Bien, me parece que la obviedad es que es un asunto importante-Nova no apartaba sus ojos de mi vista, ignorando al resto. Desconfiaba de ellos, era obvio. Le miré de la misma forma, y miré después al resto. Ellos eran amigos míos, yo confiaba en ellos.-Lantis…ha llegado el momento.
-No puede llegar tan pronto Nova, ya te lo he advertido, no tenemos al fuerza de dar un golpe certero. Tan sólo la idea de pensar que en estos momentos podemos dar un golpe es inaudita, piensa en los cephyrianos, si fallamos las consecuencias serán desastrosas para ellos, no los dejarán a sol y a sombra.
-Creo que me apoyaras cuando comprendas la situación nueva-Nova me miró con frialdad. Íbamos a tener problemas, algo no estaba bien.
-Perdón, ¿pero qué situación nueva? Insistimos en saberlo-Aska dijo en un tono débil y afónico. No era del todo consciente de cuanto la habían torturado hasta que la escuché. Su autoritaria y fuerte voz ahora sólo era un sonido ronco y tenue, como si pudiera romperse sólo por el hecho de hablar.
-Aquél cephyriano que no pague el impuesto por capturarnos…será enviado a las Fosas de la Muerte-dijo sin más. Las Fosas de la Muerte, eran incluso en el tiempo de paz la zona más peligrosa de Cephyro, aunque bajo el liderazgo de Emeraude eso pudo haber desaparecido. Hikaru, antes de volverse la persona que es hoy, también intentó desaparecerles, pero con la oscuridad dentro de su corazón, ahora se habían hecho más fuertes, más temibles y un aterrador destino para cualquiera. Nadie salía vivo de las Fosas de la Muerte, al parecer un antiguo sortilegio de magia de la oscuridad era el encargado de sostenerle.
-Entonces, ¿ya han enviado a cephyrianos ahí?
-Lo has entendido Lantis, además no es todo-siguió con la mirada seria.-Los líderes de la Rebelión hemos sido condenados a ellas. Cualquiera que se niegue a decir información sobre nosotros, también terminará en las Fosas de la Muerte. Nos tienen atados.
-¿Qué son las Fosas de la Muerte, Lantis?-preguntó Tatra, seguramente la preocupación se denotaba en mi rostro. Sin duda, podría pelear antes de que me atraparan, pero los otros miembros de la rebelión no podrían decir que tuvieran la misma suerte.
-Las Fosas de la Muerte, princesa Tatra es una mina de un material que en Cephyro no se usa por que expulsa los deseos más ocultos y perversos del corazón, es más potente que el Escudo, como bien sabe Presea, pero su precio es alto. Nunca se había usado y el hecho de pensar usarlo habla de un corazón impuro, deseoso de poder. Los mineros que lo obtienen, nunca regresan a su hogar, mueren en ese sitio presos de una locura incomprensible para cualquiera. Siempre fue la peor condena conocida en Cephyro, y nunca se usaba, hasta ahora-Nova conocía mucho de ello, por su estancia como miembro de la Orden de Yeajeë. Ellas eran las únicas que podían tener acceso sin morir en el intento.
-No me has dicho todo, Nova. Te conozco-lo de las Fosas de la Muerte a ella no le preocupaba al absoluto, era algo más fuerte, más sustancial.
-Lantis, apresaron al movimiento de Silo, y ahora se dirigen hacía allá-me miró sin poder esconder más su angustia. Silo fue mucho tiempo su mentora, su cuidadora pero lo más importante es que era su hermana mayor. Presea y yo nos vimos con la misma cara que tenía Nova. Nosotros éramos amigos de ella gracias al tiempo en que me cuidó mientras estuve agonizando. No podía dejar que tuviera esa suerte, no ella.
-Bien, entonces tengo una cita en las Fosas de la Muerte, y no quiero perdérmela-me levanté de la mesa, girando sobre mis talones, cuando escuché la voz de Tatra llamándome.
-No Lantis, si como dices es tan peligroso y perturbador, no podrás salir de ahí-la voz de Tatra demostraba su angustia. Su dolor por mi decisión. Nova me veía de la misma forma, al igual que el resto. Incluso Tarta y Aska, de quiénes nunca fui de su agrado, tenían en sus rostros el mismo gesto.
-Por lo mismo, no puedo dejar que capturen a Silo, ella es tan amiga mía como ustedes Tatra, y….creo que los Kinas tienen deseos de verme, no los puedo dejar con la ilusión-dije de forma ácida, pensando en como partiría a las Fosas.
-Por lo menos no irás solo, yo iré contigo-Nova me miro con determinación, pero yo negué con la cabeza.
-No Nova, no van a tener a los líderes de la rebelión envueltos como regalo. Iré yo solo-mi determinación era contundente, no dejaría que llevaran a cabo la trampa. Sabía cuál era el fin de ellos, pero si iban a rodar cabezas, no permitiría que tomaran la de Nova. Me incorporé con tranquilidad, cuando fui detenido por Geo. Nuestros ojos se cruzaron unos instantes y pude entenderlo. Eagle lo mataría si me dejaba ir solo, dos tampoco era su deseo que me entregara a una muerte solo. Al parecer nadie deseaba que yo fuera solo. Esto era mi propia batalla, en verdad ya había timado el tinte de personal. Intenté convencer a Geo con mi expresión, no era necesario que Autozam y Azulian perdieran a dos de sus hombres, con uno de nosotros bastaba. No así al parecer de Geo.
-Lantis, no lo entiendes. Tu cabeza es más valiosa que la mía. La Rebelión no hubiera llegado tan lejos sin tu ayuda, eso lo sabemos todos los que estamos aquí-Nova y yo siempre hemos competido, al principio de forma fiera, después de forma amistosa, pero escuchar que estaba diciéndome un elogio, fue algo que me desconcentró totalmente. Ella no solía decir cosas agradables. Ni siquiera a su familia. Le miré, tratando de hacerle comprender que ella era igual de valiosa que yo. Ella era el líder de La Rebelión, su icono de lucha, no podíamos dejar que muriera. No ahora, era impensable. Presea me miraba en silencio, no necesitaba decirme nada con palabras. En el tiempo en que estuvimos juntos en la zona de Akai, había aprendido a leerla como ella a mí. Nos entendíamos demasiado bien. Una de sus miradas basto para hacerme entender, que no iban a dejarme ir solo.
-Eso es una mentira Nova, tú eres el líder de La Rebelión, además soy solamente un general exiliado, me conceden más importancia de la que merezco-mentí de forma deliberada. Tatra, Tarta y Geo lo sabían. Era el Lord menor de los Axul, no un general de Autozam exiliado, pero esa era mi identidad aquí. La de un extranjero rechazado por los suyos.-No estoy haciendo ningún acto heroico, me conoces demasiado para saber que no me dejaría llevar por patéticos sentimentalismos, me enfoco a lo práctico de la situación Nova, eso es todo. Soy quien conoce mejor la llanura que rodea a las Fosas de la Muerte, lo sabes mejor que nadie. Ni siquiera los propios Kinas la conocen como yo-le ataqué por el lado de la lógica. Nova no sólo era líder por su temperamento impulsivo y temerario, también era líder por que siempre podía ver las cosas de forma práctica y lógica. Al menos, en ese sentido podía decir que teníamos cierta semejanza.
-Aunque no dudo que tienes razón Lantis, creo que es prudente que no vayas solo-la suave y aguda voz de Tatra se abrió paso entre nosotros. Sin duda, ella sabía como expresar su opinión sin perder su toque en el proceso. Siempre se ha logrado hacer escuchar sin un atisbo de violencia. Podía sentirse su voz de mando, su presencia. Le escuche y asentí en silencio. Le tenía un enorme aprecio a Tatra, ella podía convencerme de muchas cosas. Si, era verdad que no la amaba ahora, y que era feliz de verla con mi mejor amigo, pero eso no menguaba mi aprecio por ella.
-Siempre sabes que decirme, ¿verdad Tatra?-le dije con un suspiro y un amago de sonrisa en mis labios. Lo que me sorprendió, fue que al levantar la mirada, los ojos de Nova podían destruir un bosque entero. Sin duda debe ser por que esperaba que accediera a lo que me pedía, dado que hemos sido amigos por cierto tiempo, pero ella no sabía que Tatra podía hacerme recordar muchas cosas.-De acuerdo, si insisten todos, no iré solo, pero no quiero arriesgar a nadie-les miré, aunque eso me hacía sentir como que me estaba haciendo el mártir. No, en verdad, prefería verme yo solo en las dificultades, era mi forma de vivir.
-Eso me suena como a la invitación que estaba esperando-Geo fue el primero en hablar. Al principio, pensé que estaba aquí por Eagle, puesto que no es una mentira su gran estima por él, pero supongo tiene cierto aprecio por mí. O le agradan bastante los dulces que suelo conseguirle.
-Voy contigo Lantis-Presea dijo decidida, sabía con ese gesto que no se le puede llevar la contraria. Ella había tomado la decisión y no había vueltas atrás.
-Bien Gathanriel, no te puedes cuidar solo en Las Fosas de la Muerte, así que iré-a pesar de su molestia, Nova hablo.
-Se los agradezco, pero ¿qué parte de no quiero arriesgar a nadie no quedo clara?-todos habían decidido ir, incluso Tarta y Tatra, que no conocían el lugar y se suponía que se mantenían bajo la neutralidad en la guerra. Aska estaba callada, mirándome para después levantarse.
-La parte en que no vas a arriesgarte solo-la voz débil de Aska me sorprendió. En su condición, apenas y podía moverse, ya no hablemos de una excursión peligrosa a Las Fosas de la Muerte.-Sé que soy un estorbo en este estado Gathanriel, no tienes por que convencerme, pero de todas formas, trato de intervenir. No puedo seguirte como el resto, sería perjudicial para ustedes, pero si puedo ayudarte de otras formas.
No tengo que mencionar que estaba sorprendido de lo agradecida que puede ser Aska cuando se lo propone. No tenía idea de que clase de ayuda podría brindarme, pero en cualquier situación de crisis, la ayuda puede ser bienvenida.
-Bien, si eso es todo, tenemos que salir con discreción. Nadie debe saber que un grupo de Rebeldes se dirige a Las Fosas de la Muerte-di por terminada la reunión y salí de nueva cuenta a recibir un poco de aire.
El aire en Cephiro es frío, ya no tiene ese toque de una delicada brisa, si no es cruento, violento, es capaz de agitar a cualquier cosa como si fuera una hoja, pero eso era lo que necesitaba, sentir mi cuerpo hecho una hoja, dependiente de otra cosa diferente al deber, a mis responsabilidades como Lord menor de los Axul, a el sentimiento que se había instalado en mi persona. Deseaba dejarme llevar, no pensar. Pero al parecer, eso era justo lo que el destino no quería.
-Gathanriel, deberías ir a dormir-la voz autoritaria de Nova me sacó de mis pensamientos o de mis deseos. No era la más oportuna en estos instantes, sin embargo me alegraba que fuera ella. No podía dar explicaciones a otros, nadie comprendería como ella.
-No eres mi madre Nova, puedo estar bajo la brisa nocturna-respondí sin mirarle, perdido en el cielo azul intenso, y en la luna de Cephiro. Ni siquiera yo puedo dar crédito al tiempo que llevo aquí. A veces trato de recordar como pensaba antes de terminar en este lugar, como veía las cosas. No he estado aquí la mayor parte de mi vida, es cierto, pero ahora creo que mi vida no podía ser otra si no arreglaba las cosas en este sitio. Era algo irónico, como buscaba la debilidad de ellos, y terminé ayudándoles en una Rebelión. Quizás, a Zagato le haría demasiada gracia.
-Si fuera tu madre, no te diría deberías, te diría vete a dormir-se puso a mi lado, a contemplar el paisaje nocturno, si a la desolación total se le puede llamar paisaje. Me sorprendía que antes no hubiera aromas nauseabundos aquí, pues las cosas habían cambiado tanto como no se tenía idea.-No creo que quieras ir de excursión sin haber pegado el ojo.
-No voy de vacaciones Nova, vamos a liberar a los que se han negado a nuestra captura. Parece que está haciendo todo lo posible por que la odien ¿se puede ser tan estúpido?-no sé que pretendía en realidad, trataba de encontrarle un patrón, pero cada orden que decía era más absurda que la anterior. En su forma de actuar y de proceder, parecía que Hikaru le estaba poniendo un precio demasiado alto a su cabeza, casi como si quisiera formar parte de los trofeos de una horda de cephirianos furiosos. Nunca lo había pensado de esa forma, sólo había estado peleando contra de ella, contra de mis sentimientos, sin buscar un patrón. Ella proclama nuevas órdenes absurdas, la Rebelión y yo respondíamos. Así había sido en las últimas ocasiones. Hasta estos momentos.-Nova, dime ¿no has pensado qué puede haber un patrón en la forma de actuar de la Kina Marthea? ¿Cómo si ella misma buscara darse muerte?
-Lantis, hay gobernantes que actúan como idiotas para su propio perjuicio, buscando el odio de su propia gente, pero no por ello buscan su muerte, sólo buscan su beneficio-no esperaba que me comprendiera de momento. El odio de Nova por ella, por lo que representaba eran capaces de cegar su capacidad lógica. Eso era en lo único en lo que no se podía contar con ella. Ninguno de nosotros tenía una opinión clara sobre ella; a mí me cegaba el amor, a Nova la cegaba el odio. No podíamos hablar de forma parcial. Quizás tenía que discutirlo con Geo o me gustaría incluso hablarlo con Clef, aunque de momento lo último era imposible. Tenía mucho sin escuchar noticias sobre él, al principio pensé que había huido o de nuevo estaba en Azulian, pero ahora no estaba del todo seguro. Nadie sabía a ciencia cierta que había sido del Kina Menae, su paradero era un verdadero misterio. Quizás podría hablar con Zagato, si pudiera tener una oportunidad de estar a solas, pero mi hermano no era una opción, conforme pasaban los días, su conducta era cada vez más extraña. Y por primera vez, pensé que algo más fuerte que él, estaba llevándolo a la locura.
-Puede que sea cierto Nova, quizás tienes razón. Te veo en unas horas-le di una palmada en el hombro, ella asintió y me retire a mi tienda. Cercana a ella, estaban Tatra y Tarta, quienes estaban disfrutando el té como si no tuvieran preocupaciones. Les di las buenas noches y me fui a dormir.
Tenía demasiadas cosas en la cabeza. No podía de dejar de pensarlas mientras me quitaba la armadura, la colocaba en su sitio y dejaba a Clefto a su lado. Mis ojos se dirigieron al techo de la tienda, enorme y que daba oportunidad de contemplar las estrellas, que a pesar de todo seguían brillando en el firmamento.
No tenía miedo a las Fosas de la Muerte. Algo muy ingenuo de mi parte, pero nadie puede tener miedo cuando existen cosas peores para temer. Al menos eso creo. No era muy inteligente comenzar a temer ahora. Sin remedio, intenté cerrar mis ojos. No funciono. Sin embargo, era mejor, por que los sueños, son peores que quedarse sin dormir. Ahora mis visiones, desde que acepté ser la reencarnación de Axedrien eran más intensas y vívidas, como si yo estuviera involucrado en ellas. Si, eran de su vida pasada, pero la última incluso pude sentir lo gélido del viento. Me desperté con la cara curtida por el frío. No entendía que estaba pasando y no podía contárselo a ninguno de mis colegas.
No tengo idea en que momento cerré los ojos.
Levantarse no fue un problema, no estaba tan agotado como pensé que estaría. Al parecer el sueño todavía predominaba en el campamento de la Rebelión. Con un poco de suerte podría salirme sin necesidad de involucrar a nadie. No me estaba dando mi papel de héroe, no eran esas mis intenciones, tan sólo no podía dejar que ellos me siguieran, la misión y el deber eran míos, de alguna forma lo percibía así. Algo me llamaba para salir solitario a mi destino, algo más fuerte que yo.
Después de un baño rápido en el río, puse en mi ropa hecha de forma especial por los Azulianos. De un material que no se usaba aquí, algodón. En realidad, se usaba en la zona de los seres normales, los Kinas preferían materiales mágicos, como las escamas, las lágrimas, las hebras de algunos animales, o en ocasiones sus pieles, aunque para ellos fuera algo fiero, pero en este material fluía de forma perfecta mi armadura. La armadura la coloqué a la perfección, para asegurar su funcionamiento, tenía que darse un sello de magia, en parte era mi compromiso con ella. La había fabricado de nueva cuenta en mi entrenamiento con el Ermitaño, combinando la magia de Cephiro con la magia de los Azulianos, dándome un instrumento que me había sido demasiado útil.
Tomé a Clefto, sintiendo como su energía fluía a través de mis manos, apreciando como de nuevo se formaba nuestro vínculo de Kailu con arma. No es tan sencillo formar uno de estos vínculos, en especial por que la esencia debe mantenerse fuerte, sensible al arma, flexible, la espada era una prolongación del brazo, era una muestra del arte del que la maneja. Cuando estaba en Azulian, la había aceptado sin ser totalmente consciente de su significado, hasta hoy.
El silencio de la noche y su oscuridad eran excelentes para acompañarme, llevé lo necesario conmigo y salí de forma sigilosa.
-Para ser tan bueno, tienes la pisada más pesada que conozco, tus pies podrían despertar a todo el campamento-Nova hablo a mis espaldas. Al voltear a su lado estaban Geo y Presea. Sonreí de lado.
-O quizás estuviste aquí toda la noche y mi pisada es perfectamente sigilosa-era la opción más probable, pero no iba a admitirlo. Al menos no la Nova que conozco.
-Divertido Gathanriel, pero sabíamos que harías lo posible por ir solo. Ya nos pusimos de acuerdo con las gemelas neutras y quedamos en que iríamos a acompañarte y ellas nos cubrirían junto con la otra que trajiste al campamento.
-Pues bien, si sabían que haría lo posible pierden su tiempo, soy capaz de atacarlos Nova, de ser necesario-ella sabía que nunca había podido ganarme en un duelo. Desde que nos conocíamos, siempre terminaba mordiendo el polvo. No iba a ser la excepción, ahora que estaba decidido a hacer esto yo sólo.
-No serías capaz Lantis, tus ojos no mienten-Presea me había descubierto. No podía creer que ella a veces me conociera mejor que yo mismo. Bajé a Clefto y les miré.
-De acuerdo, pero si mueren les patearé el trasero por haber dejado que les mataran-dije molesto y convoqué a mi corcel negro. Ellos llevaban otros medios de transporte, los nuevos que habíamos hecho a partir de la tecnología de Autozam y la magia de Cephiro. Eran útiles, silenciosos, pero sólo podían llevar a una persona, o dos a lo mucho. Sin más, hice que el caballo se moviera y anduviera su camino.
La noche caía sobre las copas de los árboles de Cephiro, por lo menos donde seguían. El bosque de los Lamentos nos daba la bienvenida. No podíamos dar marcha atrás. La plateada y rojiza luz de las lunas de Cephiro nos daban en el rostro, alumbrando nuestro camino. Nuestros sentidos eran puestos a prueba gracias a ello, cualquier ruido era capaz de ponernos en estado de alerta. El aliento de cada uno de nosotros era lo único que se percibía en este ambiente calmado y engañoso. Nada podía causar confianza, no podíamos confiar en nada ni en nadie, sólo en nosotros mismos. De alguna forma, la sangre de nuestras venas lo sabía, mandando calma y emoción a nuestros cuerpos, ahora nos habíamos unido para salvar a aquéllos que habían decidido ser castigados antes que entregarnos. Nos habían dado sus vidas, sin siquiera conocernos.
Íbamos a nuestra muerte, y no estábamos preocupados.
Notas de Ady: Hola, mis saludos. Pensé que no volvería a escribir de nuevo, pero creo que con esto, rompo la dichosa maldición del capítulo 10. Como ven, doy inicio a la segunda parte de Fuego Negro, una parte un poco más lúgubre. Se acabo la era de paz, viene la guerra. Se acepta crítica constructiva y lechugas para mi ensalada, hasta jitomates. Me disculpo por haber dejado tanto tiempo mis escritos, pero espero sea bueno. Los quiero, espero que les haya gustado este capítulo.
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