Ana y Christian pertenecen a E.L. James, pero el viaje en tren es nuestro
Editado por thenewEmily
Capítulo 10 La adopción
No es usual que una niña de 14 años sea adoptada. Por lo general, se pierden las esperanzas a los 10 años, porque mientras más grandes somos, menos hijos tuyos. Pero eso no fue lo que pensaron el señor y la señora Steel. Tras años de intentar tener hijos y tras largos e infructuosos tratamientos de fertilidad, ellos decidieron adoptar a una adolescente que acompañara a la buena señora Steel… mamá.
Así fue como un día llegaron a la puerta del orfanato y se sentaron a conversar con todas las niñas que allí estábamos. Yo ya no quería ser adoptada, tenía mi vida hecha en ese lugar y, pese a las dificultades, era feliz. Pero mamá me vio y, de alguna manera, se enamoró de mí. Sintió que éramos la una para la otra, ella un torbellino de energía y yo igual a papá, una entusiasta silenciosa. Sus visitas siguieron, aunque en el corazón de mamá yo ya era su hija.
Un día le pidieron permiso a la señorita Grace para llevarme a tomar un helado a una linda cafetería. No era la primera vez que lo hacían, ya habían llevado a otras chicas del orfanato y ahora me tocaba a mí. Yo nunca había estado en un lugar tan elegante, con los más blancos manteles, fina cuchillería, era un hermoso salón de té. Comí como niña huérfana, lo probé todo y ellos se veían felices complaciéndome. Cuando ya no había sitio para un solo pastelillo más, el señor Steel me dijo:
—Anastasia, sabes que hemos visitado el orfanato con el fin de hacer a alguna niña parte de la familia. La señora Steel y yo no hemos podido tener hijos y, de verdad, quisiéramos agrandar la familia. En esta búsqueda por los distintos orfanatos…
—Oh, dilo ya de una vez ¿Quieres ser parte de la familia Steel, Anastasia?
Mi sorpresa era mayúscula, no era a la primera niña a la que invitaban a tomar el té, pero a ninguna le habían propuesto adoptarla, sentí cómo mi boca se habría y mis pensamientos iban a mil por hora. Sí, quería una familia, un papá y una mamá, pero también quería a Christian, a mis amigos de la escuela. Dios, no sabía qué hacer, no quería perder esa posibilidad, pero tampoco quería perder mi vida actual. Guardé silencio un tiempo, buscando las palabras precisas que me dieran un poco de tiempo, pero incapaz de decir más, contesté lo que de corazón sentía.
—Por supuesto que quisiera ser parte de su familia
—Eso es maravilloso— dijo mamá.
—Pero…
— ¿Pero? — mamá estaba a punto de llorar, papá ponía atención.
—Pero quisiera pedirles que me permitieran seguir viendo a mis amigos del orfanato y que no me cambien de escuela… yo tengo una vida hecha aquí y, aún a mis cortos 14 años, he tenido más pérdidas de las que quisiera y no sé si podría soportar más.
Mamá sonrió, papá comprendió. En ese minuto supe que sería muy, muy feliz con ellos y así fue.
-oOo-
No siento cuando Christian sale del baño y llega a la sala. Está de pie frente a mí, con el cabello mojado, perfectamente afeitado. La ropa nueva le queda perfecta, qué buen ojo ha tenido Elliot. Lleva un chándal azul y una camiseta blanca que se ajusta perfectamente a sus músculos. Siento que nos desnudamos con la mirada… no soy capaz de seguir mirándolo y bajo mis ojos. Inconscientemente muerdo mi labio y su mano suave se acerca a mi boca y lo suelta.
—No te muerdas Ana o tendrás que volver a suturarme, porque no responderé de mí.
Me sonrojo nuevamente, no puedo mirarlo, es como si tuviera 15 años nuevamente.
— ¿Puedo sentarme a tu lado? — y me pongo de pie para ayudarlo.
—Siéntate aquí, pequeña.
Obedezco, me dejo abrazar y reposo mi cabeza en su pecho, siento que se pone rígido y recuerdo que no quiere que lo toquen, alzo mi mirada.
—Si quieres me alejo de ti
—No por favor… quédate a mi lado Ana, solo… no te apoyes en mi pecho
Dios, qué dañado está este hombre… lo suyo no es una petición, es una súplica y me aturde ver tanto dolor y no saber qué lo causó.
Intenta recomponerse, lo veo y cambia el tema. No quiere que indague en sus cicatrices, su miedo, su dolor.
—Estabas muy pensativa cuando llegué. ¿Alguna reflexión que quiera comentar conmigo doctora Steel? — sonrío.
—Recordaba el día que mis padres me adoptaron, un recuerdo feliz sin duda.
—No para mí—, pienso que esto no será fácil, todo nos trae recuerdos dolorosos a uno o a otro.
—Nunca me dijiste nada…
—No quería arruinar tu felicidad, aunque eso significara mi desdicha…
—Christian yo…
—Ese día comencé a perderte
—En realidad ese día yo comencé a perder al Christian que amaba
— ¿A qué te refieres?
—Creo que no es momento de hablarlo, Christian, aun estás débil y yo cansada—, él suspira, sabe que no conseguirá nada insistiendo.
— ¿Me prestas alguno de los libros que tienes aquí? ¿Hay algo que yo pueda leer? ¿Algo que entienda?
— ¿Qué no sean términos médicos, por ejemplo?
—Exactamente
—Creo que puedo encontrar algo, aunque antiguo, no soy adicta a los best sellers, sino más bien a los clásicos
—Siempre lo fuiste.
Sonrío y escarbo entre mis libros, la verdad es que todo es antiguo, encuentro mi predilecto, 'Cumbres Borrascosas' y se lo entrego.
—Este sigue siendo mi libro favorito
—Ven, leeré para ti—, me dice y extiende su mano. La tomo y me siento a su lado, me ordena apoyar mi cabeza en sus piernas y me cubre con una manta. Acaricia mi cabello y comienza a leer. Yo no lo puedo creer, si Teddy estuviera aquí, todo sería perfecto.
Escucho la ronca voz de Christian leer mi libro favorito y me sumo en el calor de la habitación. El cansancio hace presa de mí y cierro los ojos, feliz.
-oOo-
Despierto y recuerdo dónde estoy… y con quién. Levanto la mirada y me encuentro con sus ojos, está observándome atentamente. Sin embargo, siento que algo anda mal, no es la misma mirada que me leía hace algunas horas. Me incorporo repentinamente.
— ¿Cuánto he dormido?
—Un par de horas—, su voz es dura, seca.
— ¿Estás bien? ¿Te duele algo?
—No
— ¿No qué? ¿No estás bien? ¿No te duele? ¿Qué pasa? — él traga saliva y con su mirada de no me importa nada me habla.
—Necesito volver a mi casa y dejar que continúes con tu vida
— ¿Me puedes decir qué pasó mientras dormía?
— ¿Sabes que hablas dormida? — alarma, qué habré dicho, Dios, empiezo a sudar.
—No, no sabía… ¿Y qué he dicho?
— ¿Quién es Teddy? — Mierda, maldito inconsciente, cuánto sabrá de él, me pongo de pie, intentando disimular mi nerviosismo.
— ¿Qué he dicho?
— ¿Quién es ese Ted? ¿Tu marido? ¿Tu amante?
Alivio, él piensa que es mi pareja, no he dicho nada que revele la identidad de nuestro hijo.
—No es nada de eso, además, ya te he dicho que no tengo marido"
— ¿Quién es entonces? ¿Un amigo?
—No—, respondo retomando la calma y el control —Teddy es mi hijo. ¡Tanto escándalo por eso! Además tú ya lo sabías. Hablé con él esta mañana, en la consulta, junto a ti—. Ahora sin duda viene la pregunta del padre… por favor no, no quiero mentir más.
—No recuerdo haber escuchado su nombre
—Es normal, estabas recién despertando
— ¿Y dónde está tu hijo? ¿No vive contigo?
—Vive conmigo, pero está pasando unos días fuera de la ciudad
— ¿Con su padre?
—No—, silencio, no pienso darle más información hasta que descubra quién es el hombre que está en mi casa ahora.
—Veo que no tienes ganas de hablar del tema
—Nuestras vidas cambiaron, Christian, han pasado muchas cosas desde que nos separamos. ¿O me equivoco?
—No
— ¿Y tú? ¿Tienes esposa? ¿Hijos, quizás?
He estado en su casa y no había nadie más que él, por lo que he descartado que ahora esté con alguien, pero no que haya habido otra mujer en su vida.
—No, no hay nada de eso
— ¿Y una novia quizás?
— ¿A qué viene tanta pregunta?
—Tú has comenzado, yo solo quiero saber en qué pie nos reecontramos. No nos mentiremos, ambos tenemos nuestras vidas hechas, pero se derrumba todo cuando estamos cerca…
—Siempre tan elocuente, Ana… No, no tengo novia, apenas he tenido un par de historias en estos nueve años, solo una realmente importante, pero se acabó hace años… ¿Y tú? Ya sé que no tienes marido, pero… ¿Algún novio?
—Hay alguien, sí, no es un novio, aunque él quisiera que sí, para mí es solo sexo.
Veo cómo se entre abre la boca de Christian mientras hablo. Eso de solo sexo lo ha dejado pasmado y me causa risa, aunque lo disimulo y decido dar un paso hacia la sinceridad, habrá que ver cómo reacciona.
—Lo conoces, por cierto. Estaba en el orfanato con nosotros, Jack Hyde—. Observo su reacción, pues aun no sale de su asombro.
— ¿Jack? ¿Jack Hyde?
—Sí, él mismo. Hemos sido amigos por años. Él siempre ha querido tener algo más conmigo y desde hace algunos meses que salimos, pero solo eso. No permito que hombres se queden en casa cuando está Teddy
—Jack… no puedo creerlo. ¿Y desde cuándo son amigos?
—Nunca perdimos el contacto, Christian, pero… ¿Qué ocurre? — Está claro que la noticia le ha sentado fatal.
—Ocurre que he visto a Jack en estos años más de una vez. No diré que somos los amigos que fuimos en el orfanato, pero le he buscado para saber de ti, para encontrarte y me ha dicho que no sabía nada de ti, que tus padres te habían prohibido tener contacto con nadie del orfanato. Incluso la señorita Grace intentó ayudarme… pero era como si te hubiese tragado la tierra—.
Jack, miserable, bastardo, egoísta. No puedo creer lo que estoy escuchando, él sí intentó buscarme, quizás sí quiso cambiar por mí y fue Jack quien me lo ocultó. Dios ¿cuánto más de las historias que me contó serán mentira? Jack me pintó cuadros horrorosos respecto de las adicciones de Christian, pero no he visto ningún rastro de ellas, ni venas arruinadas por heroína, ni la nariz dañada por la cocaína… ya no sé qué creer, solo tengo una cosa clara.
—Jack nos mintió a los dos
— ¿Cómo dices? — Mierda, eso lo dije en voz alta, no me quedará más que responder.
—Perdona, estaba pensando en voz alta… Jack nos mintió a los dos. Repetidas veces le pregunté si te había visto, si habías intentado contactarme y…
— ¿Y el canalla te dijo que no?
—Me dijo que no te interesabas por mí"
—No lo puedo creer, el imbécil de Jack nos ha tenido separados por años
—Momento Christian, no fue Jack quien te dejó, fui yo—, silencio, —siempre pensé que no corriste detrás de mí, porque no me amabas, porque no era lo suficientemente buena para ti… pero quizás sí lo hiciste.
Sostengo su mirada, buscando una respuesta. Sigo de pie, junto al sillón, Christian está sentado en él, aun sostiene 'Cumbres Borrascosas' en su mano. Vamos Christian, di que corriste detrás de mí, hazme creer que sí me querías, aunque nunca creí que murieras por mí, al menos dime que te importaba… por favor. Él no habla, solo hay silencio. Bajo la mirada, no puedo con esta humillación, Jack tiene razón… pudo haberme buscado, sí, pero no se interesaba en mí, eso es un hecho. Por fin rompe el silencio… con más silencio.
—Ana, yo…
—No te preocupes Christian, lo entiendo.
Y me giro hacia la ventana. Unas tímidas gotas comienzan a caer y el suelo se humedece en un segundo. Las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas y siento que mi piel se vuelve la superficie perfecta para que caigan una tras otra.
—Ana… ¡Basta! ¿Qué mierda es lo que entiendes? ¿Qué cuentos te has pintado sobre mí, sobre lo nuestro? ¿De verdad crees que no te busqué? Por Dios, mírame, ¿Crees que no sé que estás llorando mirando por esa ventana? ¡Aaahh!
Lanza el libro que tiene en su mano y al hacerlo se queja, pues ha hecho un movimiento brusco y la herida le ha dolido, me giro para ayudarle y me acerco.
— ¡No! No dejaré que veas nada ni me que ayudes más
—Christian no seas infantil, esto trasciende a nuestro pasado
—En eso tienes razón… es nuestro presente, roto, herido, desangrado
—Christian, por favor, no seas melodramático, solo quiero revisar que los puntos no se han abierto, quitarte el dolor
—He sentido dolores más grandes, no te preocupes por esto.
Me he sentado junto a él, pero tiene los brazos cruzados sobre su estómago y no me deja moverlos, es igual que Teddy cuando se enoja. Esa imagen me causa una ternura indescriptible, es un niño enojado, un niño al que amo.
—Jack me dijo que me esperabas en el hall del orfanato, que habías venido sola, que tus padres no estaban contigo. Yo estaba ocupado y le pedí que te avisara que iría en un momento, pero cuando llegué no estabas, pregunté por ti y salí a buscarte. Solo vi la puerta de tu taxi cerrándose y sí, Ana, corrí tras él. Llamé mil veces a tu casa, hice guardia todos los días frente a tu escuela, pero no volviste… desapareciste. Me volví loco sin ti, un verdadero zombie. No comía, no dormía, peleaba con todo el mundo. Tuve pesadillas por años Ana, soñaba con el taxi y tu hermosa trenza… lo último que vi de ti en nueve años.
— ¿Corrí detrás de ti? Cada uno de los 3287 días que estuve sin ti.
