Hoy era la primera competición, hoy era cuando todo comenzaba y estaba muy nervioso esperando en el vestuario para entrar. Escuchando atentamente a todos los rivales hablar y hablar e intentar acercarse a él de alguna u otra forma, pero estaba completamente distraído.

Katherine no dejaba de mirarlo mientras hablaba con los periodistas asegurándoles una nota luego de que pudiera salir por fin de la pileta habiendo ganado una medalla de oro, intentaba focalizarse en eso. En ganar y solamente en ganar. Para eso se había estado entrenando hace tanto tiempo ¿no? Y distraerse por cosas que sólo él imaginaba estaba completamente fuera de lugar ahora que logró llegar a Londres y estaba entre los más prometedores, primero en la lista de los que podrían ganar.

El éxito estaba más que asegurado.

Notó que Katherine no dejaba de masajearse la panza y la notó más voluminosa, un poco abultada pero su rostro no tenía pizca de que había engordado ni la más mínima caloría. Seguía igual que siempre, salvo por ese pequeño detalle al que dejó de darle importancia.

Lo más seguro era que fuese la ropa.

Miró sus ojos y comprendió que estaba guardando una profunda tristeza que no podía compartir con nadie, tenía algo dentro de ella que no la dejaba ser esa mujer despiadada y peligrosa que tanto lo atrajo por muchas noches y que ahora, seguía haciéndolo, pero ya no se dejaba engatusar por nadie. Salvo, claramente por Elena a la que imaginó sentada en las gradas donde se ubicaban los familiares de los competidores. El palco presidencial.

Se sentó en el banco y recordó todo lo que había luchado desde pequeño para llegar hasta allí y ahora no podía creerlo. Simplemente seguía siendo un sueño solamente que mucho más real ¿de verdad estaba allí? ¿De verdad Katherine y su maldito esfuerzo de tardes y tardes lo habían llevado hasta allí?

¡De verdad pudo cumplir su sueño!

Aparentemente, según su maldita mente lo pintaba, sí, así era. Estaba entre los mejores nadadores del mundo y él ahora era el mejor. Siempre motivado por la ira y su enojo constante por todo lo que la vida le había quitado y ahora, de alguna forma, estaba devolviéndoselo. Todo.

Escuchó que en un perfecto inglés los llamaban a las plataformas para comenzar con aquella carrera en la que ganaría, aquella en la que iba a definir todo su potencial sabiendo que nadie podría ganarle. Notó que Katherine se acercaba seductoramente hacia él y ese bulto en su vientre había sido una simple imaginación porque con sus ojos llenos de lujuria lo miró y nuevamente lo retó.

¿No vas a echarlo a perder todo no? Digo, evitá hacer lo que siempre hacés, Damon. Sólo por hoy. – sabía que lo estaba motivando a través de lo que más le dolía, haciéndole saber que podría echarlo a perder.

Calláte, se supone que tenés que darme fuerza. No hacerme enojar.

Tengo que evitar que tires todo mi esfuerzo por la basura, como solés hacerlo.

¿Yo no me esforcé?

No. No últimamente. – respondió cínica y con un meneo de caderas se marchó de allí directamente hasta donde estaban todos los entrenadores, matándose en ver quién hablaba mejor de su nadador. Pero ella simplemente se mantenía en silencio, esos 200 metros mariposa hablarían por ella.

Y dicho y hecho, la furia lo estaba consumiendo de la manera más carnal del mundo, apretando los puños y la mandíbula mientras salía directamente a la pileta siendo enfocado por todas las cámaras. Enviando su imagen seria y con odio a millones y millones de televisores en todo el mundo que la gente estaba sintonizando ahora, queriéndolo ver a él: "El novio estrella, el nadador furtivo" ¿verdad? No, no era así.

Notó a Elena con una sonrisa en la cara hablando con alguien más en el palco y evitó mirarla, la furia de los últimos días que tenía con ella habían desaparecido por completo en ese mismo momento en el que comprendió que estaba enfadado consigo mismo y con toda la tensión del momento, mas los problemas que tuvo con Elena, se convirtió en un gran enojo que ni él mismo podía controlar y en el que nadie podía ayudarlo.

Sentía el estadio en completo silencio, simplemente callados observaban con mucha tensión como uno a uno les iban enfocando el rostro, más de cinco segundos a los más conocidos. El pudo sentir a cientos y cientos de adolescentes suspirar por él y alabarlo detrás de una pantalla. Millones de norteamericanos sintiendo ese momento demasiado íntimos cuando no lo sentía así. Quería que se acabara lo más rápido posible para poder marcharse nuevamente al hotel para darse un largo masaje y luego dormir lo que queda del día; Elena podía salir a dónde quisiese, pensaba quedarse descansado lo que quedaba del día y hasta la próxima competición.

Indicaban que debían ponerse en posición para esperar ese sonido que significaba todo, el más veloz en saltar a la piscina podría llegar a ser el número uno si sabía aprovechar bien esa oportunidad que se le dio de poder ser el primero en llegar al otro lado y volver a toda velocidad.

Los nervios jamás se hicieron presentes en esos pocos segundos en los que sintió un ruido feroz extenderse por todo el estadio y saltó, primero que nadie, al agua y comenzó a nadar poniendo toda la ira que mantuvo guardada por años en aquellas brazadas, sabiendo o suponiendo que iba primero por algunos centímetros y que nadie iba a alcanzarlo, ¡que sería primero! Las olas que hacían el resto de sus compañeros modificaban un poco su forma de nadar pero sus brazadas fueron perfectas y las patadas mucho más. Firmes, consistentes, partiendo el agua a la mitad hasta llegar a la otra punta y volver. ¡Todavía seguía siendo el primero! E imaginar la cara de felicidad que podría llegar a tener Katherine en ese momento era algo que no cambiaba por nada porque sabía que todo lo que le dijo antes de comenzar lo hizo para que diera lo mejor de sí en aquella primera exhibición de todo lo que sería capaz de hacer para llegar al primer puesto en el que demostraba todo lo que se había esforzado para lograr… Estar allí ¿verdad?

Llegó del otro lado antes que nadie y sintió como todo el mundo estallaba en aplausos, como Estados Unidos celebraba su triunfo por las calles y dentro de las casas, alabándolo por ser una estrella en la natación. Sabiendo que él sería capaz de llevar en el avión de vuelta una medalla de oro y todo el orgullo de haber sido el mejor. Todo el orgullo de un país que sabía que no se equivocaba al darle la fama que tanto había merecido, en darle todo lo que le otorgaron en todo ese tiempo desde que su romance con Elena comenzó. Todo eso había servido mucho para éste momento y por fin ahora lo notaba.

Ahora cuando Katherine se abalanzó sobre él abrazándolo, tan emocionada que creía que estaba a punto de llorar y él podría ponerse a hacer lo mismo porque esto sí que era inigualable. Luego, se separó y sintió que si había un bulto en su vientre que le rozó sus abdominales húmedos y se la quedó mirando mientras ella, incómoda, se hacía paso hacia atrás dándole lugar a Elena que llegó con un hermoso abrazo y un beso que no pasó desapercibido para ninguna cámara, que desde que Katherine salió corriendo hacia donde él estaba no lo habían dejado de filmar.

Tenía que marcharse ahora nuevamente a los vestidores y de nuevo al hotel, eso había sido demasiada adrenalina por hoy y no estaba predispuesto a mucha más porque iba a explotarle el corazón de tal emoción que contenía ahora y no era capaz de disimular de ninguna manera, mucho menos viendo la cara de odio del nadador que quedó segundo y todos los rostros llenos de tristeza de los que ni siquiera clasificaron entre los primeros tres.

Debía ser muy decepcionante.

Recorrió todo el camino hasta su habitación entre felicitaciones y palabras de alegría que todos los deportistas a los que se cruzó fueron capaces de darle… Y aún no había visto ni a Jenna ni a Ric y no tenía ni la menor idea de dónde podían estar; pero sabía que estaban enterados de que había ganado porque fue la mejor noticia en la televisión. Luego de esa entrevista que dio, lo único que buscaba era acostarse y poder dormir cinco minutos y aunque tuviese un presentimiento de que no iba a dormir mucho, quiso convencerse de que no iba a ser así.

Entró y encontró la luz del baño encendida, suponiendo que era Elena y confirmando que así era, se recostó en la cama sacándose antes que nada la camisa.

Y luego de eso ya no tuvo control de si mismo… Solamente recordaba haberse girado encontrando a Elena con la más hermosa lencería mirándolo a él apoyada con la más fina dulzura contra el marco de la puerta. Sabiendo que estaba lista para compartir ese momento tan postergado entre ambos ya que la tensión que ambos tenían cada vez que se rozaban era evidente. Se sentó en la cama mientras veía como ella, poniendo en esos pasos lentos toda su carrera de modelo para que salgan a la perfección, se acercaba hasta él y colocaba ambas manos en sus hombros incitándolo a que se pare.

Cosa que hizo.

Quedando a la altura de su boca y empezando un suave y lento vaivén de cuerpos que no supo cómo detenerse ante tal espectáculo que eran incapaces de controlar porque era lo que deseaban, lo que hace tiempo estaban buscando pero que no estaban seguros de dar por ese miedo constante de arruinarlo todo. Por esa desconfianza que Elena tenía de Damon y el miedo de Damon de sentirse más acorralado en el amor que nunca.

Después de este gran paso sabían enteramente que muchas cosas no volverían a ser lo mismo. Esta era la prueba de fuego, o lo dejaban todo o se terminaba. Y aún así, sabiendo que podrían equivocarse mil y una veces después de este arrebato sentimental que estaban teniendo en aquella habitación testigo de un amor inconfundible, sabían que dieron un paso completamente seguros de lo que hacían. Damon entendía que esto nunca sería como fue con todas las otras mujeres con las que tuvo el "gusto" de acostarse, esto era algo diferente, tenía otro nombre… Eh… ¿Cómo se llamaba? Ah sí, buscó en su memoria y lo recordó: "hacer el amor".

Nunca lo había entendido ¿cómo se hace el amor? Partiendo desde la base de que no tenía ni la más mínima idea de qué era el amor mucho menos iba a saber cómo se hacía ni por qué las personas eran tan felices al responder que lo habían hecho a eso, el amor. Vivir toda una vida sin comprender ese sentimiento. Llegó a pensar a que era un simple rumor que fue creciendo por las personas, una frase que no quedaba tan ordinaria o vulgar como haber tenido sexo con una persona. Esta frase era más de una novela romántica para adolescentes, algo inventado por un joven enamorado que lo único que quería era poseer a una chica y listo, engañarla diciéndole que le "haría el amor"… Eso sí que era bueno.

Se dio cuenta de que no era así, de que si existía una diferencia entre tener sexo y hacer el amor y era muy notable. Era la primera vez que lo hacía, así, tomándose su tiempo para amar a cada centímetro a Elena en aquella cama imponente y con las ventanas cerradas por el constante miedo de que algún fotógrafo los encontrara en aquella situación demasiado intima que era la primera vez que se alegraban de compartir.

Para Elena también era algo nueva aquella situación… Es que… ¿De verdad, después de esto, podía decir que Stefan la amaba? Después de que Damon le hiciese gritar su nombre lleno de un coraje y una valentía inmensa, era proporcional a decir que lo amaba. Gritar así en un susurro inaudible que sólo ellos sabían interpretar ¿de verdad Stefan la había amado? Vivió engañada, una vez más Stefan le había mentido para manipularla haciéndole creer que lo que hacían era el verdadero y más puro amor.

Cuando en realidad eso lo estaba comprobando ahora.

¡Eso era el amor!

Así de maravilloso se sentía y tan espectacular era, una maravilla hecha realidad en los brazos de otra persona, mirando como poco a poco iba anocheciendo en aquella ciudad que comenzaba a ser inigualable por el maravilloso significado que tenía ahora y que… Que… Ya no tenía palabras, mirando a Damon dormir al lado suyo sonriendo de vez en cuando era algo que no podría compararse ni con una aurora boreal en Canadá, un lago rosa, o cualquier maravilla del mundo. Eso sin dudas no tenía cosa que lo alcanzara. Pero…

Pero ahora venía esa pregunta que hace meses estaban evitado ¿en qué iba a terminar todo esto? Siempre se le pasaba la misma pregunta por la cabeza y jamás le encontraba una respuesta, porque sabía la fobia que Damon le tenía al compromiso porque no quería lastimarse sabiendo todo lo que implicaría una relación como la que ellos tenían que mantener.

Muy a la distancia.

El compitiendo y entrenando, ella modelando en todo el mundo y nadie sabía cuánto tiempo podrían verse en un mes. Un día, dos horas, cinco minutos que se cruzaran en un aeropuerto. Y una relación como esa no tenía mucho futuro.

¿Verdad?

Tal vez lo único que tenía que hacer era "disfrutar el momento", vivir todo lo que pudiese con Damon y luego alejarse, dejar todo hasta que en un momento de la vida se diese cuenta que lo necesitaba y entonces entraría al predio donde entrenaba e iba a decirle que estaba lista, que ahora era SU momento. El momento en el que tenían que vivir todo lo que quisiesen vivir y sin preocupaciones. ¿O no?

Aunque, Damon no iba a soportar esa humillación luego de haber entregado todo de si para que "esto que tenían" funcionara de alguna manera, cada sentimiento que tuvo, lo dejó de lleno en "eso" y ahora ¿qué? ¿Qué iba a decirle? "Damon éste no es nuestro momento" "Damon voy a buscarte más adelante cuando te necesite". El también la necesitaba y eso sería muy injusto, demostraría lo caprichosa que era. Todavía seguía siendo esa niña idiota.

No tenía poder de decisión en algo así, lo mejor era esperar a que pasen las olimpiadas y vivir todo lo que sintiera que tenía que vivir con Damon, disfrutar cada minuto y amarlo, porque el futuro no podía saberlo y cómo harían para saber qué era lo mejor, mucho menos. Lo único que podía tener en claro es que iba a ser doloroso para ambos, algo así, ¡una separación así! Sí, iba a doler.

Lo tuvo que dejar dormir el resto de la tarde porque sabía todos los nervios que estuvo acumulando desde antes de las olimpiadas y habiendo ganado esa primera competencia, se le notaba el rostro relajado y los músculos sin tensión. La vida de un deportista no era para nada fácil y mucho menos teniendo que hacerse conocido meses antes de las olimpiadas para que la gente lo conociera, ¡y menos habiéndose enamorado de la chica que fingía ser su novia! Eso fue lo que más afectó durante todos estos meses.

Alrededor de las ocho de la noche se despertó y la fiesta en el hotel aún seguía, gente caminando por los pasillos. Desde allí arriba sentía los ruidos de las cámaras de fotos y los flashes iluminando su ventana por el reflejo; cuando algún deportista aparecía sacaban a relucir esas máquinas monstruosas que dejaban ciego a cualquiera para obtener la mejor foto y así sabrían quién iba a vender más tapas de revista. El que consiguiera la mejor información, la mejor curiosidad, o al mejor deportista, ese que la gente mataría por conocer.

Y él estaba entre todos esos.

Ingresó a la ducha para poder ducharse y disfrutar del calor del agua mojando su cuerpo, sacando cualquier duda de qué sucedería en la próxima competencia, en los entrenamientos o cualquier idiotez que se le cruzara en el momento menos indicado que era ahora, cuando lo último que necesitaba era pensar en cosas en las que no quería pensar. Pero aún así, intentando evitar todo, la imagen de las últimas horas de Elena y Katherine con ese bulto en su vientre no dejaban de llegarle a la cabeza ¿por qué? Sí bueno, esa pregunta era idiota.

Necesitaba hablar con ambas dos, saber con Elena qué iban a hacer de ahora en adelante porque luego de ese arrebato de descontrol que tuvieron, necesitaba explicaciones y, también, con Katherine para intentar sacarle lo que tanto necesitaba averiguar. ¡Por qué estaba tan extraña!

Seguía siendo la misma perra egoísta y manipuladora que siempre fue, pero ahora no era tan brillante y sus palabras un poco menos hiriente, además de que siempre que la observaba ella lo estaba mirando y acariciándose el vientre…

Y el agua repentinamente se volvió fría.

Estaba en Rusia.

¡Estaba en Alaska!

Corriendo salió de la ducha y se puso un jean y una camiseta manga larga, durante el camino hacia el pasillo fue colocándose las zapatillas y empezó a correr por lo largo del hotel preguntando por Katherine, gritando su nombre. Porque… Porque… ¡Todo cerraba por un demonio! Esperaba, estaba deseando que no fuese como lo creía, que todo fuera una maldita ilusión de su torpe mente que fabulaba por tantos nervios.

La encontró saliendo de su habitación, con una remera algo suelta y unos ajustados jeans. Y gritando su nombre logró que se diese vuelta sorprendida, sin dejar de tocarse la panza como siempre que la veía, tenía los ojos bien abiertos y una expresión de seriedad fría y el egoísmo saliendo de cada célula de su cuerpo.

¡Quiero hablar con vos ya! – exigió cansado y sintiendo cada vez más el frío.

¿Qué necesitas?

Si puede ser adentro de tu habitación, mejor.

Nos pueden ver los periodistas y eso no es bueno ni para tu "campaña de hombre enamorado" ni para tu relación ¿o no? Igual, ya imaginaba que no ibas a resistirte a engañar a Elena. Pero yo no puedo ahora Damon.

¿Queres que te pregunte lo que te tengo que preguntar acá? – contestó rápidamente, sin darle importancia a lo que dijo.

¿Qué queres?

¿Estás embarazada? – la dejó helada y pudo notarlo porque sus ojos se humedecieron y empalideció, teniendo que pegarse a la pared para sostenerse de ella, para evitar caer y hacer el peor espectáculo de su vida teniendo toda la atención sobre ella y llamando a un médico que dijera que…

Sí. – susurró rompiéndose, quebrando esa barrera fría y dejando lo sentimental frente a Damon para que observara el lado más vulnerable de ella, para que la viese así como estaba. Observar cómo sufría.

Pero él tuvo que ser el fuerte y dejar todo lo que supuso de lado, tomando la llave de la habitación de ella y metiéndola suavemente allí para intentar hacer la segunda pregunta y caer en un lugar donde pudiese protegerse un poco sin tener a cualquier persona socorriéndolo en pleno pasillo. La sentó sobre la cama y del minibar sacó una botella con agua que rápidamente le dio, para que bebiendo algo se repusiera de alguna manera y no se quebrara ante la segunda pregunta. ¡Diablos por qué!

La miró y de la Katherine que siempre vio, de esa que nada la afectaba ahora era sólo un rumor, ahora con esas lágrimas abundándole los ojos y la sonrisa triste a punto de salir de sus labios, ahora sentía compasión por primera vez de ella… Ahora cuando… ¡Cuando no podía! Esta era la peor distracción para ambos.

¿De cuántos meses? – la otra pregunta no era la mejor si quería mantenerse de pie, mejor iba a tomarse su tiempo para pensar con tranquilidad y bajar la información de alguna manera porque iba a ser demasiado, sino.

Cuatro. – ahora volvía a la normalidad, esa frivolidad y la cara de enojo estaba latente en ella. Con sus dedos empezó a contar los días y se quedó en el séptimo dedo de la mano derecha, en el séptimo cayó en todo. En un agujero. - ¡Es tuyo Damon! La última vez que estuvimos juntos fue hace cuatro meses ¡IDIOTA! – le gritó a pura voz. Fue su turno de la presión baja y el sudor en las manos, quedándose helado y volviendo al continente frío y a la ropa congelada. Volviendo a todo eso a lo que no quería volver… ¿Y Elena? ¿Qué planeaba decirle? "Ey, Katherine está embarazada de cuatro meses, la última vez que estuvimos juntos… ¿No te importa que tenga un hijo con otra mujer, no?" ¿De verdad pensaba decirle eso? Iba a odiarlo de por vida y él tendría que vivir con Katherine, intentando darle la mitad del amor que hubiese sido capaz de entregarle a Elena. – Pero no necesito tu ayuda para criarlo ni nada, puedo sola. Pensaba criarlo sola pero tuviste que darte cuenta y venir a preguntar Damon, no necesito nada de vos, siempre estuve sola en todo y un hijo no va a cambiar nada de eso.

Me pienso hacer cargo.

¡Seguro que sí! ¡Claro que sí! ¿Y tu noviecita? ¿Qué va a decir cuando le comentes este pequeño "inconveniente"? ¿Qué vas a hacer cuando ella quiera tener un hijo? Si hay algo que no voy a permitir es que mi hijo sufra por un padre que se hace cargo de él por obligación moral, para eso que ni siquiera lo tenga. – él aún se encontraba apegado a la pared intentando procesar la información - ¿Ves? Si por lo menos tuvieras la mitad de carácter que tenías antes. ¡Te domina Elena, Damon! ¿Cómo voy a saber si ella lo va a odiar? Porque posiblemente lo odie. ¡No es su hijo! Es el mío y no voy a permitir que sufra.

¿Es hombre?

Sí, idiota. Según la ecografía, sí.

¡Voy a hacerme cargo, Katherine! ¡ES MI HIJO! – susurró en un grito ahogado – Te guste o no lo voy a hacer. Soy abogado y si queres más adelante pelear por la tenencia, lo vamos a hacer. Pero podemos hacer las cosas bien, también. ¡Quiero hacerme cargo y no me importa nada de lo que diga nadie!

¿Entonces qué vas a hacer? Tirar por la borda a tu "noviecita" ¡Por favor Damon! Nos conocemos muy bien, no tenes ni la mitad de la valentía que se hace falta para ir corriendo y decírselo. Comentáme qué se supone que vas a hacer ¿esconder a tu hijo? ¿Hasta cuándo?

¡Se lo voy a decir! Pero no ahora, éste no es el momento.

¡Pobre ilusa! Ella creyendo que vos cambiaste, por favor.

No voy a discutir esto con vos, yo voy a tener ese hijo. Te guste o no, pero no se lo voy a decir ahora, voy a buscar el momento conveniente para hacerlo y vos no te vas a meter en eso. Avisáme cuándo es la próxima ecografía y voy a estar ahí.

En un mes. – cerró los ojos y se marchó de allí dando un portazo, queriendo esconderse en el primer lugar para poder celebrar o llorar, cualquier forma estaría bien para responder a lo que sentía… Pero simplemente no encontraba nada, nada en él.

¡Iba a tener un hijo! Justo en el momento en el que mejor se encontraba con Elena tenía esta noticia, se había dado cuenta a tiempo porque entendía que Katherine apenas se notara más el embarazo, se escondería en cualquier lugar del mundo muy lejos de él para que nunca se enterara de ese hijo que tenía, que iban a tener.

Se levantó del piso y comenzó a andar sin rastro de conmoción en él, encontrándose con Elena en el hall de entrada y saludándola con un casto beso en los labios. Siempre en silencio. Siempre en soledad, haciéndole creer que estaba feliz y marchándose de ese hotel al restaurante más cercano…

¡Para celebrar su amor!

Para celebrar, en secreto, que iba a tener un hijo…

Un hijo con Katherine.