Capitulo 11

A la mañana siguiente Legolas y Tauriel despertaron muy temprano para poder irse lo antes posible, pero antes de irse fueron ha hablar con Lord Elrond.

-¿Quien es?
-Legolas señor
-Adelante… ¿Legolas que te ha pasado en el rostro? -pregunto Elrond preocupado.
-No es nada mi señor, sólo veníamos a informarle que debemos partir hoy mismo, y a agradecerle por su hospitalidad.
-No hay de que agradece en Rivendel siempre serán bienvenidos ambos. Pero Legolas antes de que te vallas necesito informarte que la misión a la que tu padre te ha mandado, he investigado, y el mal sólo desapareció, nadie sabe adonde se fue o donde se perdió, pero aún creo que debemos estar alerta, algo grande se acerca y debemos estar listos.
-Muchas gracias Lord Elrond, gracias por investigar, necesito decirle esto a mi padre lo antes posible.
-Les deseo el mejor camino.

Legolas y Tauriel se despidieron de Lord Elrond, cuando estaban apunto de salir del reino alguien los llamo.

-Esperen, esperen. -era Arwen que llegó corriendo a su encuentro. -Gracias a los valar que aún los he alcanzado. Legolas acaso te ibas a ir sin decir adiós.
-No pero creí que aún estabas molesta por lo que pasó.
-Si me moleste pero aún así eres mi otro hermano, se por que lo hiciste y comprendo tus razones.

Arwen se aceró a él y le dio un abrazo.

-Por favor cuídate y no sigas siendo tan imprudente.
-No te preocupes, me cuidare, además esta vez debo cuidar de alguien más.
-Adiós Legolas. -Arwen se acercó a Tauriel. -Adiós Tauriel, por favor cuídalo es muy arrebatado.
-No se preocupe princesa yo lo vigilare.
-Y Tauriel. -Arwen se acercó más a su oído. -No lo lastimes.

Legolas y Tauriel se fueron. Al salir de Rivendel Legolas se sintió aliviado, habían dejado atrás a Endal, todo lo que pasó y lo mejor es que al fin estaban solos.

El camino hacia el bosque negro fue más tranquilo, no recibieron ataques y sólo caminaron hablando de todo lo que sucedió en Rivendel, Tauriel le agradeció por protegerla de Endal, y por siempre estar a su lado.
Mientras los días pasaban Tauriel se dio cuenta que realmente el amor que sintió por Legolas aún continuaba dentro, pero seguía pensando que jamás podrían estar juntos, están valorando la idea de no regresar al reino.
Antes de llegar al límite del bosque el sol ya dormía pasivamente, descansarían para que al amanecer reanudarán su camino. Legolas se acomodó en el cuerpo de un árbol y Tauriel decidió recostarse sobre la hierba.

Por la noche Tauriel despertó, había tenido el sueño de nuevo, pero aún no lo comprendía, camino cerca del límite de la arbolada para despejar su mente. La idea de no regresar era más fuerte, la habían desterrado y vuelto a aceptar, escapo desobedeciendo todas las órdenes, el rey no la quería, ya se lo había dicho en el pasado, no sabía que hacer.

Legolas despertó y encontró a Tauriel viendo el cielo.

-¿Que es lo que miras?
-Trato de despejar mi mente y las estrellas me ayudan a eso.
-Sabes algo siempre tu belleza ante la luz de la luna me abate.
-Legolas sabes que te aprecio pero…
-Tauriel lo siento ya no puedo contener más este sentimiento por ti, con el tiempo empecé a enamorarme de ti, pensé que podría estar toda la eternidad a tu lado pero luego llego ese enano y te alejó, no se que hizo para ganarse tu corazón, pero Tauriel yo he estado a tu lado siempre, te conozco mejor que nadie, se que amas pelear, no te gusta que te vean como si fueras débil, observas las estrellas como sí fuera la primera vez, tu sonrisa es más bella que la Aurora misma, tus ojos son ventanas a otro mundo, tu piel es suave como la seda, a pesar de que usas demasiado tus delicadas manos para tomar las armas sigue siendo como el algodón. Te amo Tauriel y no me importa que tu no sientas lo mismo, lo único que quiero es poder protegerte porque lo único que aprendí del amor, fue como dispararle a alguien que te hiciera daño.

Legolas le tomo de una mano atrayéndola hasta sus labios y ahí en medio de la noche con la luna como única iluminación, le dio el beso que más anhelaba su corazón, su mente se fue por instantes guardando ese momento en su memoria por siempre.

Tauriel se sorprendió ante el beso pero aun así lo correspondió, no fue como el beso obligado que Endal le dio o el de Kili que había sido demasiado tarde, fue preciso, bello, lleno de amor y anhelo pero a pesar de todo eso a su mente llego un amargo recuerdo -"No le des esperanza donde no la hay". Eran las palabras que le dijo su rey, resonaron dentro de su mente que se separo de inmediato de Legolas.

-¿Sucede algo malo? ¿Te he disgustado?
-No pero sabes que lo nuestro no puede ser, si yo te amara enfrentaríamos miles de cosas, para empezar tu padre, él jamás dejaría que te casaras con una campesina.
-Pero eso a mi no me importa que sea el rey o mi padre, no necesito que me diga a quien puedo amar, por que nadie manda a mi corazón, ese es solo tuyo. -Legolas se acerco a ella, tomo su rostro entre sus manos y la miro directo a los ojos. -Tauriel oye mi corazón, late así por ti, ve mis ojos, se iluminan ante tu presencia, toca mi piel se intimida ante tu tacto, quiero que notes que tu existencia es todo para mí. Y no me digas que te alejas por que me aprecias, quiero que me digas la verdadera razón.
-Legolas ahora no. –se separo de el con melancolía en el rostro.
-Tauriel por favor.
-No Legolas, quiero descansar. –Tauriel se alejo.
-¡TAURIEL!, por favor he esperado siglos para decirte esto, no me dejes, no me digas que no podemos estar juntos, los dos somos fuertes y podemos enfrentar todo, mi padre talvez no le guste la idea pero tendrá que aceptarla, se que hay otra cosa por la que no quieres estar conmigo, acaso no me quieres.
-NO.
-Es por que aun recuerdas a ese enano.
-No.
-Por que.
-Por que te amo… y todo lo que amo, siempre me es arrebatado, primero mis padres, después kili y el siguiente eres tú, no quiero que te lastimen, no permitiré que nada le haga daño a lo único que me queda en esta vida.

Tauriel se fue sin decirle nada más a Legolas, camino por los alrededores, toda la noche. Mientras Legolas se quedo pensando en su conversación.

Por la mañana Legolas y Tauriel emprendieron el camino hacia la entrada del reino, antes de llegar Legolas miro a Tauriel y se detuvo.

-¿Escuchaste algo?
-No, es algo que esta perturbando mi mente, ¿te volverás a ir del reino?, por que si es así mejor quédate aquí y toma tu propio camino, no te seguiré lo juro.
-No Legolas, ya lo pensé y creo que debo estar en el reino, pero aun creo que no debemos estar juntos.
-Muy bien, lo acepto, como te dije no importa si no me quieres mientras te vea a diario seré feliz.

Al entrar al bosque apunto de llegar a la entrada del reino, se oyó el sumido de una flecha acercándose, Tauriel se hizo a un lado esquivándola justo a tiempo, era la guardia real del reino.

-Somos el príncipe Legolas y Tauriel, bajen sus armas.

De entré el ramaje de los árboles los elfos del bosque salieron.

-Señor lo sentimos, pero en estos días han rondado criaturas temibles por los alrededores y tenemos la orden de disparar ante cualquier sonido.
-No hay problema, vamos de regreso, necesito ver urgentemente a mi padre.
-Si señor, pero señor Tauriel…
-No me importa si esta desterrada, si no es bien venida o si esta exiliada ella bien conmigo y es una orden que pueda entrar al reino.
-Si príncipe.

Al entrar al reino Legolas fue directo a ver a su padre, le dijo a Tauriel si lo acompañaba pero ella se negó, excusándose en que deseaba descansar pero la realidad era que aún no estaba lista de ir a enfrentar al rey.

-Muy bien descansa, cuando termine de hablar con mi padre te buscare en tu habitación para poder hablar tranquilamente.

En el despacho Thranduil el ambiente se había puesto tensó, Legolas le había dicho a su padre lo que Elrond le había informado y después le dijo que Tauriel había vuelto con él.

-Legolas tenías una misión, era órdenes directas, además ella ya no es bien venida en el bosque, que van a pensar los otros, que pueden hacer su voluntad sin ninguna consecuencia.
-Lo se, hice mal en anteponer a Tauriel, pero como te lo he dicho antes yo la quiero y eso no dejara de ser.
-Legolas eres un tonto. -Thranduil había explotado. -piensas que te quiere, pues no es así, ella ama aún a ese enano, me lo dijo cuando llegue a su encuentro el día de la batalla.
-Ha pasado el tiempo, las cosas cambian. -dijo Legolas con un tono más fuerte.
-Demuéstralo ve y dile que la amas, te apuesto lo que quieras que en cuanto te le declares ella se irá, y esta vez no la encontrarás.
-Te lo demostraré, y si es así tú dejaras que me case con ella.

Legolas salió de la habitación a paso apresurado, tenía un nudo dentro y deseaba arrancarle la cabeza a algo, fue al bosque con su arco para poder disparar a cualquier cosa.
Mientras tanto Thranduil fue a arreglar el asunto con sus propias manos.

*
Tauriel se había dado un baño y estaba en su habitación meditando todo lo que había pasado en el tiempo en que había estado con Legolas, recordó como la salvo el día que la encontró, como estuvo apunto de morir a manos de esos horrendos orcos, pensó en lo que sucedió con Endal y en las dudas que tenía de él, pero a pesar de todo no dejaba de pensar en lo que le dijo hace unas noches, fueron palabras hermosas y por primera vez vio el corazón de Legolas totalmente abierto a sus sentimientos, su mente se llenó de recuerdos de su infancia a su lado, de las risas conjuntas, del apoyo incondicional y recordó el a amor que le tenía. Tauriel cerro los ojos recordando su beso con Legolas, pero el sonido de alguien tocando su puerta la saco de ese grato recuero.

-Legolas que bueno que si has venido necesito…

Al abrir la puerta Tauriel se congeló en la entrada no era Legolas si no el rey Thranduil.

-Veo que esperabas a mi hijo. -la voz del rey era autoritaria y firme.
-Lo siento señor, pero Legolas dijo…
-Da igual, necesito hablar contigo en privado, ¿puedo entrar?
-Por supuesto señor.

Tauriel dejo pasar al rey, Thranduil miro con desprecio la pequeña alcoba de Tauriel y después la miro a ella con mucho más desprecio.

-Tauriel alguna vez te dije que no le dieras esperanzas a mi hijo donde jamás las habría. ¿Lo recuerdas cierto?
-Si señor.
-Entonces por que Legolas acaba de decirme que esta dispuesto a olvidar su reino, dejar todo y por sí fuera poco a pedir tu mano.

Tauriel se sorprendió ante lo dicho por el rey, Legolas quería pedir su mano, en su rostro se dibujó una leve sonrisa, que no se pudo ocultar de la vista de Thranduil.

-Señor yo…
-Veo que la noticia te tomo por sorpresa y que te hace sentir felicidad.
-Jamás lastimaría a Legolas, si eso desea saber.
-¿lo amas?
-Si señor.
-¿jamás lo lastimarías?
-Jamás, haría lo que fuera para que fuera feliz.

Tauriel se había mantenido firme su voz ante el rey.

-¿Lo que fuera?
-Por supuesto.
-Muy bien, esto es lo que harás por el bien de ambos, cuando él venga a pedir tu mano te negarás, le dirás que aun no has olvidado a ese inmundo enano…
-No lo llame así. -Tauriel lo miro con rabia y apretó los puños.
-No olvides que soy tu rey y que tu sólo eres una campesina, así que no me hables de esa manera y no me interrumpas, bueno le dirás que aún no olvidas al enano, que no lo amas, que jamás lo hiciste que sólo le prestaste atención por que deseabas poder tener el trono. Por supuesto eso debe romperle el corazón y después tendrás que irte lejos y jamás volver.
-Amo a su hijo, no le romper el corazón de esa manera.
-Si no sigues esta orden tal como te lo estoy diciendo, sufrirás el peso de mi irá al igual que Legolas.
-Pero es su hijo, sería capaz de causarle tal dolor.
-Por el bien del reino, si. Así qué ya lo sabes, lucha por ese amor y sufrirán ambos, vete y todo será como debe serlo. Muy piénsalo bien, sólo recuerda que puedo hacerte vivir una eternidad espantosa si lo deseo. No lo se pienso en que todo reino te desprecie y que jamás puedas salir de este palacio.

Tauriel lo miro con furia, deseaba matarlo en ese instante, como era capaz de tanta maldad.

-Decide, pero no tardes mucho que Legolas seguramente ya viene en camino.
-¿Como puede no tener corazón? -la voz de Tauriel tembló y las lágrimas ya estaba corriendo en su rostro.
-Hace siglo que mi corazón murió.

El rey se fue y Tauriel se quedo en silencio, y las lágrimas corrieron con más fuerza. No sabía que hacer, si le contaba todo a Legolas seguramente iría a enfrentarse a su padre y todo terminaría en un desastre, pero si le rompía el corazón la odiaría y tal vez podría encontrar la felicidad.

*
Legolas llego de su caminata por el bosque más relajado y fue directo a ver a Tauriel.
Se detuvo frente a la puerta pensando como le propondría a Tauriel que se casara con él, pensando las palabras correctas pero antes de que tocara Tauriel abrió la puerta, su semblante era diferente, se notaba tristeza en su rostro y sus ojos estaban hinchados.

-¿Tauriel te encuentras bien? -dijo Legolas preocupado.
-De maravilla.
-Pero tu rostros esta…
-Legolas necesitamos hablar. -el tono de ella era diferente.
-Por supuesto por eso he venido, ¿puedo entrar?
-Adelante, pero necesitamos hablar rápido.

Legolas tenía una sonrisa muy amplia, estaba listo para decir las palabras indicadas.

-Tauriel sabes los peligros que hemos enfrentado, las batallas que hemos ganado y sobre todo sabes lo mucho que te amo, deseo estar a tu lado toda la eternidad, así que ante la noche. -Legolas se posó en su rodilla derecha, tomando las manos de Tauriel. -Yo Legolas príncipe del bosque negro, te hago la pregunta más importante de mi existen ¿te casarías conmigo?


Perdón por la tardanza pero hubo miles de cosas que tuve que hacer y luego muchos libros por leer, bueno para fin del caso ya esta listo y prometo no tardar tanto al próximo, espero lo disfruten tanto como yo al escribirlo y gracias por leerlo espero con ansias grandes sus comentarios sean buenos o sean malos