- ¿Hola? – preguntó una voz ronca del otro lado de la línea, era temprano en la noche, pero por su tono de voz y su confusión podía saber que acababa de despertar.

- ¿Duncan? Soy yo, Sam Campbell…

- ¡Sam! ¿en verdad eres tú? – preguntó con una mezcla de alegría y preocupación, perdiendo de pronto el rastro de sueño y confusión en su voz - ¿en dónde diablos estás? - Duncan nunca maldecía lo cual indicaba que estaba realmente enfadado.

- Estoy en un lugar seguro, es todo lo que importa.

- Sam, te hemos buscado por todos lados. Primero pensamos que habías muerto en el incendio pero cuando no hallaron tu cadáver comenzamos a sospechar que habías huido y te habías quitado la vida.

- Sabes bien que no haría eso… ya no.

- ¿Qué más querías que pensara, Sam? Un paciente con antecedentes suicidas simplemente escapa del hospital, sin llegar jamás a su hogar ni informar a su único familiar de su paradero.

- Bobby – sitió congelarse al pensar en la angustia de su tío al creer haber perdido al único miembro restante de su familia, al cual había prometido proteger - ¿cómo está él?

- No voy a mentirte, está devastado, pero no pierde la esperanza de que sigas con vida, dice que aún es demasiado pronto para darte por muerto.

- Tengo que llamarlo, Duncan, lo siento, debo colgar.

- ¡Espera, Sam! – gritó antes de que pudiese dar la llamada por terminada - Un par de minutos más de angustia no van a matarlo. Necesito que me digas si Dean está contigo.

- Por supuesto que sí, no iba a decidir escapar por mi cuenta justo un par de días antes de ser dado de alta.

- Ese es un gran alivio – dejó escapar un largo suspiro en busca de calma antes de continuar - ¿tienes idea del problema en que te estás metiendo?

- Era esto o dejar que Dean escapara solo y bien sabes que con su problema no habría sobrevivido. No podía arriesgarme a que algo malo le ocurriera.

- Sí, dile eso a su padre – murmuró con tono irónico y enfadado.

- ¿John Winchester llamó? – preguntó el menor atónito.

- Por supuesto que llamó, incluso vino a hablar con nosotros personalmente en cuanto se enteró del incendio. El hombre está iracundo y muy preocupado por el paradero de su hijo. No quiero imaginar lo que haga cuando se entere de que está contigo, podría hacer que vayas a prisión por secuestro o quien sabe qué podría hacerte.

- ¿Secuestro? Yo no secuestré a Dean, él escapó por su propia voluntad – gritó Sam ofendido.

- Lo sé, lo sé, pero Dean no está mentalmente sano y por lo tanto no se le permite decidir por sí mismo. Sam, tienes que regresarlo al hospital cuanto antes, te prometo que si lo haces, nadie sabrá que estuvo contigo. Diré que escapó por sus propios medios y que decidió regresar por su cuenta, así no te meterás en problemas.

- Sabes que Dean no querrá regresar y no puedo arrastrarlo como si fuera un niño, es un hombre adulto y no puedo obligarlo.

- Estoy seguro de que querrá regresar si eso evita que te metas en un problema grave, el chico te ama y hará lo que sea que le pidas.

- No, Duncan, lo siento, pero le prometí a Dean que no permitiría que lo internaran de nuevo. Estar allí encerrado lo estaba matando y regresar definitivamente acabaría con él. Voy a hablar con su padre, estoy seguro de que entenderá.

- Yo no creo que sea buena idea, el hombre está furioso, Sam, ni siquiera nos escuchó cuando intentamos explicarle la situación en la que nos vimos cuando se produjo el incendio y lo imposible que era vigilar a todos los pacientes.

- Sólo dime en dónde puedo encontrarlo.

- Regresó a su casa ayer ¿traes algo en qué apuntar?

- Sólo dame su dirección, la recordaré.

Sam memorizó cuidadosamente la dirección y antes de colgar prometió a Duncan que volvería a llamarlo. Sintió la ira hervir en sus entrañas al pensar que John Winchester había decidido aparecer y culpar al hospital del escape de su hijo, cuando él había sido el único responsable; si hubiese llamado a su hijo o lo hubiese visitado ocasionalmente, Dean no hubiera querido escapar con tal desesperación, sin mencionar que había sido él el responsable de que su hijo estuviese en un hospital psiquiátrico en primer lugar.

Contó hasta diez y respiró profundo para calmarse antes de decidir que era hora de realizar otra llamada, la cual resultaba ser aún más difícil para él.

- Hey ¿Bobby? – saludó Sam en cuanto el otro levantó la bocina. Sus propios dedos temblaban mientras sostenían el teléfono y nunca había sentido tantas ganas de ver y abrazar a su tío.

- ¿Sam? – preguntó incrédulo pero a la vez lleno de esperanza.

- Sí, Bobby, soy yo, siento mucho no haberte llamado antes pero estaba atrapado en medio del bosque. Te he llamado en cuanto tuve oportunidad y antes de que preguntes, estoy bien – dijo con torpeza, temeroso de la reacción de su tío.

- Oh gracias al cielo, Sam, no imaginas lo preocupado que estaba – habían lágrimas en la voz de Bobby aunque su tío jamás lo admitiría si se lo preguntara – pensé que te había perdido. Ibas a ser dado de alta hace un par de días ¿por qué demonios tenías que escapar? ¿qué era tan importante que no podía esperar?

- Estoy con alguien, Bobby… quiero decir, en una relación – explicó con timidez – él ha estado durante 5 años en el hospital psiquiátrico y no tiene esperanzas de salir, esa era su oportunidad de escapar y no podía permitir que lo hiciera solo.

- Espera ¿Estás con un chico? – Sam asintió - ¿alguna clase de loco psicópata que debía ser internado durante el resto de su vida y le has ayudado a salir?

- No es así, Bobby, tiene trastorno de personalidad múltiple, pero te juro que no es peligroso, es un gran chico y en verdad estoy enamorado.

- Sam… no sé qué decir, esto es una locura, ni siquiera puedo estar enfadado contigo a pesar de que casi me matas de la angustia.

- Lo sé y lo siento mucho, Bobby. Pero necesito tu ayuda, no traemos dinero, ni comida, ni ropa limpia ¿podrías venir hasta aquí y darnos una mano?

- Sí, sí, está bien, pero… Sam ¿estás seguro que no estás haciendo algo ilegal?

- No lo sé, Bobby, voy a hablar con su padre en cuanto pueda, pero no me importaría ir a prisión si es por Dean.

- Eres un idiota – replicó Bobby con un suspiro cansado – Dame la dirección, iré para allá.

ooOoo

Cuando Sam regresó a la habitación encontró a Dean sentando en la cama, con el cabello húmedo, vestido con sólo un par de bóxer y su cuerpo limpio de pies a cabeza.

- Siento haber tardado tanto – dijo Sam, sabiendo cuánto odiaba Dean desperdiciar el tiempo que podían pasar juntos. Se inclinó y le dio un beso fugaz en los labios.

- Está bien, tuve tiempo suficiente para tomar una ducha.

- Espero que no te hayas acabado el agua caliente.

- No lo hice, porque nunca la hubo, prepárate para tomar una ducha helada.

- Debiste haberme esperado – dijo con una sonrisa pícara – si me abrazaras no sentiría frío durante el baño.

- Entonces será en otra ocasión – de ninguna manera iba a ducharse de nuevo bajo el agua fría. Además ahora mismo moría de hambre y de cansancio, sólo quería acurrucarse bajo las sábanas junto a Sam y dormir durante días.

- Hablé con Bobby, vendrá en la mañana para traernos ropa y dinero – informó Sam.

- ¿Así que vas a presentarme a tu familia? – preguntó exagerando una sonrisa.

- Por supuesto y luego será mi turno de conocer a la tuya.

De pronto la sonrisa desapareció del rostro de Dean, siendo reemplazada por una mirada de desconcierto y Sam se sintió como un idiota por haberlo dejado escapar de esa manera.

- Lo siento, no te lo he dicho aún, hablé con Duncan y al parecer tu padre estuvo allí en el hospital, está furioso y muy preocupado por ti, así que lo mejor será que vayamos a buscarlo para hablar con él y explicárselo todo.

- ¿Sabes en dónde encontrarlo? – preguntó con voz quebrada y llena de ilusión.

- Duncan me dio su dirección.

- Voy a ver a Papá… – dijo con una sonrisa llena de diferentes emociones – en verdad fue a verme, no se olvidó de mí… todavía le importo, Sammy.

Y Sam esperaba que ese fuera el caso, porque de no ser así Dean estaría devastado.

- Así es, iremos a verlo y vas a tener la oportunidad de pedirle todas las explicaciones que te debe, yo me aseguraré de que así sea. Ahora ve a dormir, necesitas descansar - besó con ternura su frente antes de entrar al pequeño cuarto de baño para tomar una ducha fría que le ayudara a despejar su mente y liberar el estrés de la situación.

No se sentía listo para conocer a John Winchester, no estaba seguro de que podría enfrentarse a él sin golpear su rostro en el instante en que lo viera; había tantas cosas que quería reprocharle y quería hacerlo sufrir, hacerlo pagar por todo lo que había hecho pasar a su propio hijo. Pero Dean no lo sabía, era inocente y completamente ajeno al dolor que su padre le había causado y lo amaba demasiado, mucho más de lo que merecía, por lo tanto atacar a su padre significaría perder a Dean para siempre y por lo tanto tendría que contenerse por amor a Dean.

Se vistió sólo con su ropa interior y apagó las luces antes de meterse en la cama junto a Dean, quien yacía recostado en posición fetal, cubierto hasta el cuello con las sábanas y la cara enterrada en la almohada. De esa manera sin poder ver la expresión que llevaba su rostro era difícil saber de qué manera estaba tomando la noticia, aunque probablemente ya se había quedado dormido a causa del agotamiento. Sam por su parte dudaba que pudiese dormir bien esa noche, aunque moría del cansancio miles de pensamientos invadían su mente, haciéndole sentir el peso de sus decisiones y las responsabilidades que le esperaban en el futuro cercano.

- Sammy – escuchó la voz ronca de Dean susurrar en la oscuridad – muchas gracias.

- ¿Eh? – preguntó, no muy seguro de la razón de su gratitud.

- Por apoyarme, no te lo había dicho antes pero aprecio mucho lo que has hecho por mí. Sé que te estoy metiendo en problemas y siento mucho si alguna vez te presioné para tomar esta decisión.

- Está bien, sabes que haría cualquier cosa por ti.

- Igual yo – susurró, acercándose más al cuerpo de Sam para envolverlo en sus brazos y susurrar a su oído lleno de lujuria – quiero hacerlo contigo.

- ¿Qué? – preguntó entre risas, pensando que el agotamiento estaba haciendo estragos en la mente de Dean - ¿a qué viene eso?

- Antes en el bosque, había pensado que tendríamos toda una vida por delante juntos, pero ahora no estoy tan seguro.

Y ahí estaba de nuevo el Dean pesimista, que cambiaba de estado de ánimo a cada segundo sin darle tiempo de adaptarse a ellos - ¿por qué dices eso?

- Cualquier cosa podría suceder; podrían obligarme a volver al manicomio o quizás un día no vuelva a ser yo mismo, los espíritus podrían expulsarme para siempre de mi propio cuerpo… o algún día podrías cansarte de lidiar con mis problemas y decidas marcharte. Por eso quiero disfrutar cada instante contigo y no quiero posponer nada.

- Dean, yo nunca voy a cansarme de ti, creo que ya hemos hablado lo suficiente de eso.

- Pero no puedes saber el futuro.

- Tampoco tú - Con eso Dean permaneció callado, sin argumentos ni razón para discutir – Me gustaría que confiaras un poco más en mí – añadió Sam.

- Eres sólo un niño ¿cómo puedes saber lo que quieres?

- Dios, suenas como mi abuelo ¿qué edad crees que tienes?

El mayor rompió en risas, ubicándose luego sobre el cuerpo del chico – sólo cállate y bésame.

Sam sonrió, correspondiendo a los besos y caricias del otro – Pensé que estabas demasiado cansado para esto.

- Lo estoy, pero no lo suficiente. Quiero estar contigo – susurró entre besos con voz ronca y seductora.

- ¿Estás seguro de que estás listo? – por supuesto que Sam quería estar con Dean cuanto antes, sus temores eran muy similares a los del chico, excepto aquel que sugería cansarse de lidiar con sus problemas, pues ellos habían sido la razón por la que se había enamorado de Dean en primer lugar. Pero tenía miedo de que estuviesen apresurando las cosas, que tal vez Dean aún no estuviese listo y terminara haciéndole daño o empeorando su condición, afectando el enorme progreso que habían logrado con él en las últimas semanas.

- Está bien, yo iré encima y tú estarás debajo – propuso mientras lamía el lóbulo de su oreja, enviando corrientes eléctricas por todo el cuerpo de Sam - ¿qué dices?

- ¿Qué te hizo cambiar de opinión? – preguntó Sam levantando una ceja.

- De qué hablas – tal vez Dean ni siquiera recordaba haber dicho que quería ser el primero en probarlo o tal vez se dio cuenta de que Sam no era un niño que necesitaba de su cuidado y protección.

En cuestión de segundos, Dean se deshizo de sus prendas y tardó un poco menos en deshacerse de las de Sam, sentándose en su regazo con una sonrisa descarada. Besó su cuello, su pecho y sus labios mientras Sam acariciaba sus muslos y su cadera. En instantes su respiración era un desastre y el frio que la ducha había dejado en sus cuerpos fue reemplazado por un calor efervescente. Toda su sangre había drenado al sur, aun así quedaba suficiente para enrojecer sus mejillas y su pecho. Se miraron el uno al otro, perdiéndose en esos orbes negros, consumidos casi en su totalidad por la pupila, dejando sólo un delgado aro de color avellana a la vista, debajo de unas largas pestañas.

- Te amo – murmuró Dean en un jadeo, al cual Sam respondió con un gemido. Poco les importaba que hubiesen personas en las demás habitaciones, escuchando su actividad a través de las paredes delgadas.

Continuaron acariciando sus cuerpos durante minutos, aumentado la pasión con cada segundo, hasta que Dean le ordenó que cerrara los ojos, entonces Sam supo que había llegado el momento y su corazón comenzó a latir en su pecho como una virgen en su primera vez, aunque de cierta forma eso es lo que era. El peso del mayor desapareció de su regazo, pero Sam no podía abrir los ojos hasta recibir la orden. Pasaron un par de minutos durante los cuales separó las piernas y se preparó mentalmente para sentir el impacto, el dolor o quizás el ardor y luego el placer. Pero lo que sintió fue muy diferente a lo que esperaba, pues pronto la sensación de algo cálido y apretado envolviendo su miembro lo obligó a abrir los ojos, desobedeciendo la orden de Dean. El mayor estaba sentado sobre su regazo, respirando profundo con una expresión adolorida en su rostro, aún no se atrevía a moverse ni un solo milímetro y daba la impresión de estar un poco asustado, como si luchara con los recuerdos que creía ajenos.

- ¿Estás bien? – preguntó Sam a la vez que tomaba su mano firmemente - ¿estás seguro de que quieres esto?- Dean asintió, quería terminarlo y pasar la mejor noche de su vida al lado del hombre al que amaba.

- Tranquilo, sólo mírame – continuó el menor – soy yo, sabes que no te haría daño. Eres tú quien tiene el control de la situación, no olvides eso.

Dean pareció tranquilizarse un poco, pues le ofreció una sonrisa que decía "estoy bien" y comenzó a moverse muy lentamente, procurando no quitar sus ojos de Sam, su cabello despeinado y su sonrisa reconfortante. El menor comenzó a moverse también, ayudando a Dean a que el placer fuera más intenso. En pocos minutos el dolor pareció desaparecer de las facciones de Dean y sus movimientos adquirieron mayor fuerza y velocidad y su respiración se volvió irregular, dejando escapar de vez en cuando algunos gemidos de puro placer, al igual que Sam, quien no estaba muy seguro de poder resistir por mucho tiempo.

- Oh dios Dean voy a… - jadeó, sosteniendo su mano con más fuerza – Dios, te amo tanto.

- También te amo – respondió en un susurró ronco, el cual pronto se convirtió en un grito cuando el clímax llegó, justo unos segundos antes que Sam.

Se dejó caer en el colchón junto el cuerpo agitado del menor y envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo desnudo – eso estuvo increíble.

- Lo sé – respondió Sam – estuvo más que increíble, tenemos que hacerlo más a menudo y la próxima vez vas a tener que dejarme probarlo.

- ¿Estás seguro de que quieres probarlo? – Sam asintió – de acuerdo – accedió con una sonrisa.

Sam abrazó con más fuerza el cuerpo de Dean y en cuestión de minutos se quedaron dormidos, vencidos por el agotamiento, pero sin rastro de la tensión que antes lastimaba sus cuerpos. Lo único que Dean podía desear ahora mismo era poder despertar en la mañana en los brazos de Sam, ver su rostro dormido y su cabello despeinado y no tener que despertar luego del medio día, de pie en medio de un lugar desconocido, llevando maquillaje o ropa de mujer.

ooOoo

Ambos despertaron sobresaltados por el sonido de tres fuertes golpes en la puerta. La habitación aún estaba en penumbras y la sensación de no haber dormido más de unas cuantas horas le indicaron que no debía ser más tarde de la media noche.

- Sam ¿estás ahí? Soy yo, abre la puerta – sin duda era la voz de Bobby quien llamaba ansioso desde el otro lado y Sam estaba tan lleno de emoción por verle que por poco olvida que ambos estaban completamente desnudos antes de abrir la puerta.

- Un segundo – gritó mientras buscaba su ropa interior entre la pila de ropa olvidada en el suelo y con un gesto instó a Dean a hacer lo mismo, pues el chico aún se hallaba medio dormido y aturdido.

Al abrir la puerta se encontró de frente con los ojos vidriosos de su tío, los cuales lo miraban como si fuera lo más precioso en el mundo. Al hombro llevaba una enorme mochila y una bolsa de plástico colgaba de su brazo, no pudo evitar notar que olía delicioso.

- Dios, Sam. No puedo creer que estés bien – exclamó lleno de emoción, acercándose a su sobrino para un fuerte abrazo rompe huesos – no vuelvas a hacerme esto o te juro que voy a arrancarte los huevos…

- Sí, también te eché de menos, Bobby – interrumpió para evitar imaginar la escena sangrienta– No esperaba que llegaras tan pronto.

- Vine tan pronto como me llamaste, pensé que era lo que querías.

- Sí, sí, por supuesto, gracias Bobby – Sam sonrió pensando en lo que habría sucedido si Bobby hubiese llegado un par de horas antes – por favor pasa, quiero que conozcas a Dean.

Se retiró de la puerta lo justo para que Bobby pudiese entrar y cerró tras su espalda para evitar que el aire frío de la noche helara la habitación. Adentro un Dean nervioso de aspecto soñoliento se acercó vacilante al hombre mayor.

- Soy Dean, es un placer – estrechó su mano cortésmente acompañado de una sonrisa encantadora. Le hubiera gustado haber conocido a la familia de su novio llevando algo más que una camisa sucia y un par de bóxer púrpura, pero el tiempo y las circunstancias no estaban a su favor.

- ¿Es tu novio? – preguntó a Sam, quien asintió con la cabeza, preocupado por lo que Bobby diría a continuación - Ven acá, muchacho – dijo sonriente el hombre acercándose a Dean con los brazos abiertos para un abrazo amistoso – me alegra conocerte.

Bobby quería estallar en carcajadas al darse cuenta de que el chico en medio de la prisa y el sueño se había puesto la ropa interior al revés y ahora llevaba una bolsa innecesaria en su trasero y la ausencia de una donde debería estar, pero se ahorró los comentarios, pues el chico ya se hallaba lo suficientemente incómodo y nervioso.

- Siempre pensé que Sam era un poco…. afeminado – ignoró la mirada fulminante en el rostro de su sobrino – pero debo admitir que esto me tomó por sorpresa.

- Lo sé, todo ha pasado muy rápido en las últimas semanas – admitió Dean.

- Por cierto, traje la cena – levantó la bolsa de plástico en el aire, sonriendo al ver los ojos de los chicos brillar ante el olor de la comida. A pesar de ser media noche, sus estómagos rugían por la larga espera.

Sam y Bobby se sentaron sobre la cama y Dean en el suelo para disfrutar de la comida china, la cual ambos chicos devoraron sin detenerse para tomar aire.

- No comía algo así desde hace más de cinco años – podría sonar como una exageración pero ahora mismo sentía que estaba en el cielo; con los alimentos simples del hospital había llegado a perder el gusto por la comida.

- Sam mencionó que estuviste en el hospital durante 5 años – dijo Bobby intentando establecer una conversación que le ayudara a analizar al hombre al que su sobrino decía amar tanto.

- Así es, dicen que tengo TID-trastorno de identidad disociativo, pero no es tan grave como suena, soy yo la mayor parte del tiempo y cuando no lo soy, no sugiere un problema para los demás, sólo actúo un poco diferente y luego lo olvido, eso es todo.

Por supuesto que no era cierto, al menos no para Dean, pero Sam le había suplicado que no mencionara a Bobby nada acerca de lo sobrenatural ni el comportamiento violento de Morris, ya que temía asustar a su tío o hacer que rechazara su relación.

- Debes sufrir mucho al vivir de esa manera.

- Algunas veces – a quién engañaba, lo mortificaba a cada segundo, escuchaba voces en su cabeza que con el tiempo había aprendido a ignorar, mas aún lo sofocaban en ocasiones; luchaba contra la depresión y los pensamientos suicidas, más el temor y la inseguridad que le provocaban el no tener control de su propio cuerpo, sumado a la confusión de la pérdida constante de memoria. Además todos creían que estaba loco, nadie comprendía su verdadero problema, ni siquiera Sam.

- De todos modos ¿qué tratamiento recibes? ¿está bien si lo suspendes?

- He recibido muchos tratamientos, diferentes drogas, terapias, incluso me sometí un par de veces a terapia de electroshock, pero me negué a volver a permitir que fritaran mi cerebro de esa manera. Ninguno ha dado buenos resultados, así que no habrá ningún problema si dejo de tomarlo. Creo que Sam es mi mejor terapia, no necesito nada más.

Sam sonrió con ternura, apenas soportando las ganas de besar a su pareja, quien lo estaba haciendo perfectamente en la "entrevista" con su padre sustituto. Todo indicaba que pasaría la prueba.

- Lo mismo sucede conmigo, Bobby – añadió el menor – Dean era lo que necesitaba y entró en mi vida justo cuando lo necesitaba, es gracias a él que me he recuperado.

- Así que es a ti a quien debo agradecer – se dirigió a Dean con una sonrisa llena de ternura y sincera gratitud – no imaginas cuanto te debo por haberme regresado a mi sobrino, al Sam que conocía antes de que sucediera la tragedia.

- En realidad no hice nada, es Sam quien estuvo cuidando de mí todo el tiempo – admitió tímidamente.

- Tal vez era sólo eso lo que necesitaba –respondió Bobby – sentirse útil, necesitado, sentir que hacía algo bueno y tú lo ayudaste.

- En realidad es mucho más que eso – dijo Sam, aunque no podía poner en palabras lo mucho que Dean le había ayudado, simplemente se enamoró porque tenía que suceder, porque quería que sucediera, no sólo por la fragilidad de Dean, ni por sus problemas, simplemente por el hecho de ser Dean.

Bobby sonrió satisfecho, aliviado de ver el amor verdadero en los ojos de ambos chicos, en lugar de un capricho pasajero o una simple etapa de la juventud. Estaba claro que todo había transcurrido demasiado pronto, que aún no era el momento para comenzar a hablar de amor, pero lo que decían sentir el uno por el otro podía ver que era real por la forma en que sus ojos brillaban y sus mejillas se sonrojaban. Ambos se amaban, se necesitaban y no necesitaba más razones para aceptarlo. Aunque eso no quería decir que la enfermedad mental del mayor no le preocupara, en especial por la forma en que podría afectar a su sobrino, quien era como un hijo para él.

- Bien, creo que ustedes deberían volver a dormir – sugirió Bobby, deshaciéndose de los restos de la cena – es tarde y seguro han de estar agotados, aún hay mucho por hablar pero nos encargaremos de eso en la mañana, por ahora sólo descansen. Yo pagaré otra habitación

Por supuesto, Bobby quería saber todo acerca del escape, todo lo que había sucedido durante los días en que su sobrino estuvo desaparecido, quería saber también un poco más acerca de Dean. Sam por otro lado moría de ganas por saber acerca del incendio, cómo se ocasionó y los daños que causó en el hospital, mientras tanto Dean sólo se preocupaba por ver a su padre de nuevo.

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Gracias por leer!