Capítulo 10
El profesor sopló el silbato. Empezaron a correr velozmente a la vez que el profesor controlaba el tiempo con el cronómetro. Estaban haciendo relevos, por lo que una chica bajita le pasó el testigo a otra, que corrió lentamente hasta Tenten, que nada más coger el testigo empezó a adelantar a los demás. Aunque fuera bajita, Tenten corría rápido y se movía con ligereza hacia Karin. La tímida chica no tenía la suficiente seguridad sobre sí misma como para correr delante de todos sin tropezar o no quedar de última. Se había recogido el pelo en un despeinado moño no muy bien hecho, pero que igualmente le quedaba muy bien. Neji observaba con atención a Tenten; le encantaba ver cómo se comportaba. Los chicos observaban la carrera femenina en las gradas, algunos preparándose y calentando para correr, pues los siguientes eran ellos. Tenten le pasó el testigo a Karin y le empezó a dar ánimos gritando. La pelirroja comenzó a correr insegura, pero después ganó velocidad y corría libremente y con potencia, como si todo a su alrededor hubiese desaparecido, escuchando sólo los gritos de ánimo de Tenten y visualizando al profesor a lo lejos. Cerró los ojos con fuerza, esperando llegar a la meta cuanto antes. Y entonces, cruzó la meta. Frenó lentamente, y jadeando, se inclinó para adelante y se ayudó a mantenerse en pie agarrándose las rodillas, éstas un poco dobladas.
Tenten se acercaba a ella corriendo y a veces saltando. Se abrazaron fuertemente mientras la de moños saltaba y lo celebraba a lo grande.
-¡Hemos ganado! ¡Sí!-gritaba.-Gracias a ti, Karin. ¡Lo has hecho realmente bien! ¡Corres muy rápido! No pensé que serías tan buena en atletismo.
Karin sonrió, sintiéndose feliz y realizada. Mientras tanto, detrás de las rejas que rodeaban el instituto, el joven que la había estado observando desde hacía tiempo, sonrió y se dijo a sí mismo:
-Esa es mi chica.
Se mordió el labio inferior, mirándola fijamente, y apretó las rejas, con ganas de hablarle.
Cuando ya era hora de irse, Tenten invitó a Karin ir con ella y con sus amigas juntas a casa. La pelirroja había aceptado con timidez.
-¡Chicas!-gritó Tenten, llamándoles la atención a las demás.
Las demás estaban en las taquillas dejando algunos libros que no necesitaban. Antes de que no pudieran decir nada, Tenten se adelantó y les presentó a Karin:
-Chicas, esta es Karin. Vamos en la misma clase. Es tan tímida como Hinata, y un poco asustadiza, pero en realidad es muy simpática.-dijo Tenten, dirigiéndose a las demás.
Karin dio un paso adelante y se inclinó hacia adelante mientras la presentaban, saludando a las demás al estilo japonés. Después, Tenten apoyó la mano en el hombro de la pelirroja y prosiguió:
-Mira, Karin, la chica del pelo rosa se llama Sakura Haruno; es un poco impetuosa, así que intenta no enfadarla, pero dudo que lo consiga hacer un ángel como tú. ¿Conoces a Neji Hyūga, el de nuestra clase? Pues esta de aquí es su prima, se llama Hinata, y es un cielo como tú, así que os llevaréis muy bien.
-Yo también soy un cielo.-dijo entre dientes Sakura, un poco molesta por lo que había dicho Tenten, pero no enfadada, al contrario; incluso ella lo admitía.
-Por último, esta rubia de aquí se llama Ino Yamanaka. A veces puede llegar insoportable, como Sakura, cuando discuten, pero al final te acabas acostumbrando. Al igual que su padre, es buena gente, como todas las demás. ¡Y ya está!
Entonces, después de decir eso, Tenten empezó a aplaudir.
-¡Encantada, Karin!-dijo Ino, un poco roja.
-Igualmente, Ino-san.-contestó Karin.
-Sin honoríficos, tranquila.-contestó Sakura.
-¿Te apetecen unas galletas?-preguntó Hinata.-Hice demasiadas, por lo que no me las puedo comer todas. Pero tampoco te estoy obligando.
-S-Sí.-contestó Karin.
Hinata le entregó una caja llena de galletas caseras. Las guardó en la mochila. Ino señaló la puerta con el dedo pulgar y preguntó:
-¿Vamos?
Asintieron, y cuando estaban saliendo por la puerta, alguien abrazó por detrás a Karin, ésta sonrojándose y poniéndose tensa. Las otras simplemente se quedaron mirando la escena.
-Ay, cómo tardaste en salir, eh. Ya me estaba desesperando.-dijo Suigetsu.
Karin, siendo estrangulada por el abrazo que le estaba dando el joven, hizo un intento de colocarse mejor las gafas, pero las tenía casi en la punta de la nariz.
-M-me haces daño. Tienes fuerza.-dijo Karin con un hilo de voz.
-Ups, lo siento.-dejó de abrazarla con tanta fuerza.- ¿Intentabas escaquearte de mí? ¡Pues muy mal!
-N-no es eso, sólo que no contaba con…
-Claro, claro; me ibas a dejar solo. ¿Qué pasa? ¿No te gustan mis mimos?
Le besó la mejilla varias veces.
-Pues a mí me encanta hacerle mimitos a mi chica.-anunció, susurrándole al oído.
La pelirroja intentó esquivar eso cambiando de tema.
-¿Desde hace cuanto estás aquí?
Suigetsu dudó, y se quedó pensativo. Después, hundió el rostro en el cuello de la joven, oliendo su aroma.
-¿Te digo la verdad o la mentira?
-La verdad.-contestó Karin.
Ino les hizo señas a las demás chicas excepto a Karin, diciendo que sería mejor que los dejaran solos. Entonces, disimuladamente las demás se fueron, dejando a Karin a solas con Suigetsu.
-Desde hace un rato, eh, no mucho.-contestó Suigetsu, con un tono raro.
-No me mientas.
-Bueno, realmente no lo sé. Tal vez media mañana, o así.
-¿Y qué hacías por aquí? ¿E-es que no tienes que ir al instituto?
-¿Eh? Ah, ya lo dejé. Además, si aún siguiera en el instituto, seguramente ya me habrían expulsado por pegar a alguien o cualquier otra tontería.
Karin calló. Pegar a alguien no era ninguna tontería. Además, tenía que irse a casa. Se subió las gafas y se separó de Suigetsu lentamente.
-Me voy a casa.-anunció.
El joven se le acercó y le dio la vuelta bruscamente para después besarla dulcemente durante unos minutos, saboreando cada beso que ponía la joven de su parte como si sólo ocurriera una vez en la vida. Cuando el joven se separó apenas unos centímetros para coger aire, dijo:
-Te acompaño.
Después de esas dos palabras, volvieron a besarse lentamente y entrelazaron sus dedos con delicadeza. Suigetsu la besaba como si ese beso le diese oxígeno para poder respirar; como si fuese necesario para poder vivir. Karin se había prometido no volver a dejarse besar por aquel terco muchacho, pero sinceramente era incapaz de separarse de aquellos labios. Por más que quisiera, tenía que seguir besándole; su cuerpo se lo obligaba, como si Suigetsu estuviera controlando su mente y la hubiese hipnotizado.
Tras un largo beso, emprendieron el camino hacia la casa de Karin, aunque en el camino se encontraron con un molesto obstáculo, o más bien, Karin. Caminaban agarrados de la mano, con los dedos fuertemente entrelazados, cuando un grupo de jóvenes fumaban al final del otro lado de la calle. Sí, eran ellos, los abusones que pronto se darían cuenta de la presencia de Karin. Ella, al verlos, se quedó petrificada, y se frenó en seco; sus piernas no respondían. Suigetsu se paró unos pasos por delante, aún agarrándose por el dedo índice, y la miró confundido. La joven ni siquiera era capaz de negarse a seguir avanzando, era incapaz de articular palabras.
-¿Qué pasa? ¿Has visto un fantasma o algo por el estilo?-preguntó Suigetsu.
Hizo grandes esfuerzos para poder contestarle, pero no lo consiguió. Sólo consiguió ponerse más nerviosa al saber que si se quedaban allí por más rato la verían. No quería que le empezaran a pegar, y tampoco quería meter en problemas a Suigetsu. Por instinto propio se abrazó a sí misma, con la finalidad de sentirse más segura y protegida. Temblando, empezaba a enloquecer cuando recordó que estaba Suigetsu, que no le pasaría nada, que la defendería hasta el final, aunque seguía pensando que meter en problemas a Suigetsu la convertiría en una egoísta. Sin embargo, empezó a tirar del brazo del joven, pidiendo por gestos que fueran por otro camino. Éste lo captó a la primera, pero después de asentir, dijo, señalando con la cabeza:
-Espera, vamos a saludar a unos colegas que están allá.
A la pelirroja se le paró el corazón al escuchar eso. Lo primero que hizo fue volver a recordar aquellas palabras, para saber si tenían otro significado. Después, intentó convencerse de que no había escuchado bien, pero sin resultados. Las piernas temblaban con intensidad. A la chica le daba la sensación que en cualquier momento se iba a caer al suelo de tanto temblar. "¿Él se relaciona con ellos? ¿Y si él también participaba para meterse conmigo?", se preguntaba la joven, sin moverse del sitio cuando el joven tiró de ella."¡No puede ser!", se repetía, "¡Esto no debería estar ocurriendo! ¡Sólo es un sueño! ¡Quiero despertarme! ¡No me gusta este sueño! ¡Por favor!", gritaba en su interior, aterrorizada. El joven podía ver el terror en sus ojos, y cómo temblaba.
-¿Qué te pasa? ¿Tienes frío? Tranquila, sólo los saludo y ya nos…
-¡No! ¡Me tengo que ir a casa!-gritó Karin, aterrada, sintiendo que la adrenalina subía pues, en cualquier momento la podían ver. Era su única oportunidad.
-¿Karin, qué te pasa? ¿Por qué te pones así de repente?-preguntaba él, agarrándola por el brazo con fuerza.
-¡Suéltame! ¡Déjame en paz de una puñetera vez!-gritó, casi llorando, sintiendo que cada parte de su cuerpo le dolía.
Consiguió soltarse, dejando al joven dolido y confundido, con la mirada perdida. No se lo pensó dos veces antes de echar a correr como si la desesperación la persiguiera, intentando absorberla para siempre y hundiéndola en un profundo mar del que no podría huir.
