Hola niñas. n.n
Lo se, de nuevo tarde años luz en hacer este capitulo, ya es tan común que no me disculpare de nuevo… lo siento: D
Listo… Uhmmm si, este es el capitulo 11 no les diré cuantas paginas tiene porque probablemente no quieran lo: DD Se supone que este capitulo seria sobre como fue para Pansy y Draco después de haber dormido juntos… pero se me fue un poquitín de las manos xD.
Oh recuerden que cuando algo esta en cursiva puede ser: un recuerdo, un pensamiento, un sueño, o simplemente es una palabra extranjera :D
Aun así espero les guste, no olviden poner las canciones cuando les diga u.u son importantes para la ambientación:

1* Transcriptions - Bach

2* You - Fisher

3* Icarus - Bastille

4* Morning Glory Acoustic - Oasis

5* Straight to Number one - Touch and Go

6* Roxanne – The Police

7* Control - Garbage

8* Shampain - Marina and the Diamonds

9* I Remember - Damien Rice


Capitulo 11
¿Cual es la historia, gloria de la mañana?

"¿Necesitas un momento para despertar?
¿Necesitas un momento para descansar tu mente?
Sabes que deberías, así que supongo que tienes que hacerlo.
¿Cual es la historia, gloria de la mañana?
Hoy es el día en el que todo el mundo verá, otra tarde soleada."
Oasis


Después de la locura viene la calma. O eso es lo que dicen. Porque la gente tiene frases para toda clase de situaciones, ¿había alguna que dijera algo como… "Te acostaste con tu mejor amiga… ahora lidia con las consecuencias psicológicas, tu gran idiota.", pero que sonara inteligente al decirlo?
Bueno eso no importaba, porque las malditas consecuencias se estaban haciendo notar.
Se despertó horas antes del amanecer y no pudo volver a dormir, por más que trato todas las posiciones conocidas, y conto hacia atrás desde mil, el sueño parecía aludirlo.

Draco nunca había tenido sexo con alguien que significara tanto para el como Pansy lo hacia. Pero había muchos aspectos de tener sexo con ella, que eran diferentes de todas las demás cosas que había experimentado. Y había estado mal a tantos niveles que apenas podía contar.
Draco deslizo su mano sobre la cadera desnuda de Pansy y pensó en lo agradable que había sido. Recordó como había estado parada frente a él, con las picardías que había comprado para ella y esos endemoniados zapatos. Pero la realidad lo golpeo demasiado pronto. En una tarde, había tirado por la borda años de amistad y todo lo que había logrado al no tomarla como conquista.
Pansy se movió entre sueños hasta quedar en posición fetal y con el puño debajo de la barbilla. Era realmente encantadora y
Draco trato de no pensar en lo que pasaría después y cerró los ojos.
Quince minutos después se rindió y se levanto de la cama con el pesar del mundo. Bien podría ponerse a hacer algo útil como tratar de realizar el papeleo que había estado aplazando por semanas.


Comían gelato en Bedford Square, sentados ahí en silencio. Disfrutando de la vista. Ella recostaba su cabeza sobre su hombro, y él lo permitía. A pesar de que en cierta ocasión le había comentado que no le gustaba. Esto era el paraíso después del infierno que había pasado últimamente.
El aire soplaba y el sol brillaba sobre sus cabezas. ¿Qué más podía pedir?
– Creo que deberías perdonar a tu padre… – Pero Draco tenía que romper su burbuja.
– Pensé que ya no hablaríamos sobre eso. – Se irguió de repente, alejándose.
– Se lo que dije. Pero es de sabios cambiar de opinión. –
– No quiero perdonarlo. –
– El solo dejo a tu madre. No a ti. Nunca ha dejado de ser tu padre y nunca lo hará. –
– Yo nunca dije lo contrario. – De repente el gelato se la hacia pastoso en la boca –
– Lo estas castigando por algo que no es de tu incumbencia. –
– ¿Por qué siempre tienes que arruinarme los días felices? – Lo asesinó con la mirada – Hirió a mi madre, eso es de mi incumbencia. – Se levantó de un salto para tirar los restos de su helado.
– Estoy hablándote, no te alejes mientras estoy hablando Pauline. – El la siguió.
– Solo iba a… –
– Estas evitando el tema. Pero ya no. – El la tomo de ambos lados de su cara, obligándola a verlo. – Escúchame, ¿estas escuchándome? –
– Lo hago. –
– Iras con tu padre, y le darás una oportunidad para redimirse. Solo una. Al menos date la oportunidad y a él, de hacer las cosas bien. Fue a verme y prometí que lo ayudaría Pans. –
– Traidor… – Frunció el ceño.
– Si no lo haces siempre te preguntaras que pudo haber pasado si tan solo me hubieras escuchado. –
– Fuera de mi camino Malfoy. – Pansy comenzó a caminar, alejándose de él. Con sus Louboutin haciendo tap, tap sobre el asfalto.
– Solo una, Parkinson, y si no quedas satisfecha, te comprare un maldito Valentino para la graduación… – El gritó él desde lejos.
Esto la hizo detenerse en seco. ¿Un Valentino? ¿Se vendería por un maldito vestido? …. Pero ya sabia la respuesta. Regresó caminando hacia él lentamente.
– Antes de que lo olvides, yo puedo comprarme uno. – Pero estaba tirando un farol, y ambos lo sabían.
– ¿Uno de la colección de primavera?
–¿La que esta por salir?
– La misma, solecito. Mi madre es su intima amiga, recuerdas? –
– Desgraciado. –
Draco le dio un beso en la punta de la nariz.
– Solo una. Y después podrías lucir esa preciosidad en nuestro baile de graduación. –

Todo estaba listo. Había preparado la comida favorita de su padre. Ratatouille, exacto como el de la película. Aunque a ella nunca le había gustado especialmente, su padre lo adoraba y era por eso que había aprendido a hacerlo desde hacia mucho tiempo, aunque ella detestara todo lo relacionado con la cocina, porque consideraba solo era para las personas que trabajan en ellas. Incluso se había quemado el maldito pulgar y roto una preparándolo. Aun así sabia que había quedado perfecto.
Cuando termino de servir el platillo en los platos, se quito el jodido delantal que se había visto obligada a usar. Acomodo los cubiertos y doblo las servilletas de forma elegante. Prendió el lindo candelabro que había elegido y se sirvió una copa de vino y se sentó a esperar.
Y a esperar
Y esperar.
Pero ya habían pasado dos horas desde la hora que había acordado con la secretaria de su padre y el no llegaba.
La mano le picaba por la urgencia de llamarle, pero supo que si le llamaba el se enojaría y ella no quería eso.
Espero un poco más y casi salto cuando su celular comenzó a sonar. Contesto al tercer timbrazo.
– Diga? –
– Pauline?... No podre llegar. Sera para otro día. Algo importante surgio. –
– Pero… dijiste que… –
– Se lo que dije. Pero no podre llegar, es lo que digo ahora. Después. –
Y entonces colgó. Así como así.
Las lagrimas traicioneras pugnaban por salir pero las combatió con rabia.
Bien si él no quería ir con ella porque algo mas importante había surgido, que le dieran.
Arrojo la comida a la basura con todo y platos. Dejo las copas en el fregadero, por ultimo cogió la botella de vino para tomársela de camino a su habitación y soplo las velas con tristeza, sumiéndola en la oscuridad.

"Pansy esperaba en el aeropuerto. Desde hacia cuatro horas… y se estaba poniendo impaciente. La gente pasaba a su lado, empujándola y a veces quejándose del porque ella estaba parada en medio del camino sin moverse. Pero eso no importaba, porque hoy era el día. Su padre aterrizaría pronto. Lo sabia, porque él se lo había dicho. Se lo había prometido, iría.
Le habían dicho que el vuelo había salido a tiempo. En lugar de gritarle a alguien como normalmente haría, había asentido pensativamente y se había dirigido a la cafetería por algo de comer. Hecho una ojeada por el ventanal, estaba comenzando a nevar, no era del tipo que dejaría las calles inutilizables y cubriría los arboles, mas bien el tipo que parecía aguanieve. Por el altavoz anunciaron otro vuelo que venia desde Chicago. Ese era… Sintió mariposas en el estomago y aliso su falda Emilio Pucci, pero como era una falda vaporosa en realidad no tenia mucho sentido hacer eso. Se enderezo y saco la cadera, tratando de verse como la modelo que lo había usado en la colección de otoño: elegante, grácil, exuberante y juvenil. Pero bueno, era Pansy Parkinson y solo podía verse como ella misma.
Alejo sus manos de su cuerpo antes de que comenzara a arreglarse el cabello, de nuevo. Camino por el corredor de nuevo intentando disfrutar de las miradas que le dirigían. Y casi lo estaba consiguiendo cuando su celular comenzó a vibrar y la 5ta Sinfonía de Beethoven a sonar, supo que era su madre, después de todo era su tono personalizado. Considero apagarlo, pero últimamente su madre tenía un estado emocional catalogado por su psiquiatra como: frágil y potencialmente autodestructivo.
– ¿Madre?... Escucha, no tengo tiempo para hablar, el avión de papá acaba de aterrizar y… –
– Pauline. La asistente de tu padre llamo, no pudo llegar hasta el aeropuerto. – Su madre parecía tensa, como siempre que hablaba con la asistente de papá.
– Pero él dijo que… – Una mujer choco su hombro con el de ella, y casi el hace soltar el teléfono.
– Se lo que dijo querida, pero también mando sus saludos y te desea una feliz navidad.
Se sentía como flotando en una nube, así que simplemente colgó el teléfono y se dirigió a contracorriente a la gente que pasaba.
Su madre era una mentirosa de primera. Su padre se lo había dicho, o no? Él le había dicho. "Pauline, aunque tenga que volar el maldito avión yo mismo, estaré ahí para ti en Navidad. Lo prometo nena." Él lo prometió. Su madre solo estaba celosa porque Pansy pasaría un fin de semana con el…
– ¿Señorita? – Era la voz de Arthur, había olvidado por completo que estaba esperando con ella. – No quiero sonar impertinente pero…

– Si no quieres sonar impertinente, entonces no abras la boca a menos que te lo diga.
– Mis disculpas señorita, no quería…–
– Ahórratelas, no las necesito. – Pansy volteo a verlo. – Vete a casa. Y llévate esto contigo. – Le extendió las flores que había estado sosteniendo durante las últimas cuatro horas. Porque no importaba si llegaba su padre, ya no se merecía esas flores. –
– Pero y ¿que pasara con… –
– Haz lo que te digo Arthur. Ahora. –
No espero por su respuesta. Simplemente se dirigió al área de recibimiento y se sentó en una de las butacas a esperar.
Espero… y espero. Espero hasta que la última persona hubo salido del avión, y entre ellos no estaba su padre. Tuvo que aceptar su derrota cuando el capitán del avión y las azafatas salieron por las compuertas.
Con un nudo en el estomago se dirigió a la entrada del aeropuerto, dispuesta a caminar todo el camino hasta su casa con zapatillas de 10 cm. Y mientras ponía un pie frente a otro, bajo la nieve que caía, dejo que el momento se guardara en la caja llena de decepciones que era su padre.

*****
– Señorita…. El Señor Parkinson se encuentra en una reunión, no puede recibir a nadie. – Estuvo cerca de golpear a la rubia recepcionista. Pero se contuvo… tal vez fuera nueva y no supiera quien era ella.
– Estará disponible para mí. No le pases mas llamadas. – Ignoro las protestas de la secretaria de su padre y abrió la puerta sin anunciarse.
Claro que era una reunión, una reunión de su padre con la televisión.
– Padre… – Pansy salto hacia él y lo envolvió en un abrazo efusivo. – Acabo de escuchar la noticia… –
El parecía sorprendido, pues Pansy siempre había sido muy clara sobre su opinión de su relación con Adrianne.
–No te preocupes, no lo hago por ella. Es la boda. Planearla será toda una bomba. – Ella empezó a parlotear sobre vestidos y banquetes, pero su padre cada vez parecía mas incomodo.
–Pauline…–
–No te preocupes padre, prometo no hacer ningún comentario que tenga que ver con su sobrepeso, incluso le compraremos un vestido que ayude a disimularlo…

– Pauline… escucha. –
– Y bueno, te ahorrare la vergüenza de tener que preguntarlo. Si, seré su dama de honor….

– Pansy! – Su padre la tomo del brazo y parecía molesto – No estas invitada a la boda.–
¿Había escuchado bien?
– ¿Qué? –
Se abrieron tanto sus ojos que hasta dolieron.
– No estas invitada la boda. – Su padre se alejó de ella y se sentó tras su escritorio.
–Pero… soy tu hija. – Se sentía enferma. Y frágil.
– No necesito un constante recordatorio. Adrianne tiene una hija, como recordaras, Irina. Ella será la dama de honor. –
–Bueno… – Tiro del dobladillo de su falda con nerviosismo – Si ese puesto ya esta ocupado… tal vez pueda ser otra cosa. Como ayudar con la despedida de soltera o la planeación….
–No queremos que vengas. Eso es todo. Adrianne piensa que será incomodo.

– Pero… –
Su padre miro su reloj con impaciencia.
– Mi próxima reunión es dentro de cinco minutos y necesito prepararme. Si me disculpas… – Volvió a sus asuntos ignorándola completamente, dejándola parada frente a él con el orgullo caído. Desentendiéndose de ella como lo había hecho de su madre. De su antigua familia.

Había pasado un año desde la boda de su padre. Y un año con una mes desde el divorcio oficial de sus padres.
No se sentía como una carga más ligera, como le habían dicho que seria. Era todo lo contrario. Era una maldita presión oprimiéndole el pecho, que con cada día que pasaba, sentía como la hundía en la tierra y en la miseria.
Irina y su padre habían sido toda una sensación en el desfile de Elie Saab. Porque al parecer, su padre nunca estaba demasiado ocupado para acompañar a su "hija" a un desfile de moda. Porque disfrutaba de un tiempo padre e hija con Irina. Pero bueno… Pansy siempre le llamaba para desahogarse… su contestador era muy comprensivo.
Últimamente se sentía como en una competencia. En la carrera estaba ella y esa tal Irina, la que le había robado el cariño de su padre. El premio…. El amor verdadero.
En una ocasión, él le había reprimido por sus calificaciones y entonces fue cuando la idea la golpeo. Era por eso que su padre no la quería. Después de todo, ¿Quién querría una hija tonta?
Así que durante todo un semestre se había comportado en clase y había puesto atención, cuando todo lo que quería hacer era platicar y dibujar. Hacia sus deberes en lugar de salir a parrandear. Y después llego la boleta de calificaciones. Apenas podía contenerse para enseñársela a su padre.
En cuanto la recibió ni siquiera espero a Arthur, se subió en el primer taxi que encontró y se dirigió a su casa. Las manos le temblaban tanto que estaba empezando a arrugar la hoja. Se detuvo en el umbral de la puerta para poder tranquilizarse. Finalmente su padre le daría su aprobación. Miraría la hoja, su boleto dorado a la felicidad, y después la abrazaría, la llenaría de besos, la levantaría y le daría vueltas por los aires. Y por fin le diría que era su hija adorada.
Antes de tocar, una risa la detuvo. Al asomarse por la ventana vio a su padre con sus brazos alrededor de dos bellas mujeres, los tres estaban cómodamente sentados, viendo un programa de televisión. Juntos. Compartiendo tiempo de calidad. La imagen la lastimo, su padre nunca tenia tiempo para hablar con ella, ni siquiera por teléfono. Pero bien podía desgastarse la vista con esos programas basura, como el los llamaba.
Debió de hacer algún ruido porque su padre volteo hacia la ventana. Y su expresión cambio completamente. Trato de alejarse de ahí pero él fue más rápido y salió a encontrarla.
– ¿Qué haces aquí Pansy? – Su ceño era tan fruncido que sus cejas casi se juntaban.
– Yo… –
– ¿Qué es lo que te he dicho? No tienes que venir aquí. Nunca. Nunca, ¿entiendes? – La sacudió del brazo hasta que ella asintió.
"¿Por qué no? " Quería gritarle, también era su hija. Era su maldita hija de sangre, ¿por qué ella no podía estar con el?
Se puso tan lívida que pensó que se desmayaría.
– Vete a casa, llamare a Arthur para que venga por ti. Espéralo aquí. –
– ¿Papa? – Nunca antes había escuchado esa voz, pero sabia quien era. Era la maldita competencia. – ¿Qué es lo que pasa?
–No pasa nada cariño – Su padre le sonrió. De verdad, una sonrisa de verdad. – Vuelve a dentro, es solo un pequeño inconveniente. –
Su boleto dorado a la felicidad cayó en el césped, y ella se alejó caminando. Eso era exactamente lo que era. Un inconveniente… "No te preocupes padre querido, ya no mas. No son necesarias mas indirectas"
¿Por qué había tardado tanto tiempo en comprenderlo? Lo único que su padre quería era trabajar los días entre semana, descansar un par de días con su hermosa hija y amada esposa. Como cualquier familia feliz. Una familia feliz… eso era lo que tenía con Adrianne e Irina. Tenia una maldita familia, y aunque Pansy fuera su hija de sangre, no la hacia su familia.
Ya casi había alcanzado la verja cuando su padre la alcanzo.
– Pauline. Pauline espera. – La tomo del brazo, pero no el tiempo suficiente. – Si es dinero lo que necesitas no tienes que venir hasta acá… puedes hablar con Riley y ella te lo dará. De hecho apreciaría si pudieras mantener tus distancias de…–
Dinero. Dentro de su maldita mente retorcida todo lo que Pansy podía querer de él era dinero. Pero por supuesto, era la hija no deseada y superficial, que hacia de gastar dinero un trabajo a tiempo completo. Lo vio a los ojos durante un minuto. Para que supiera que hablaba en serio.
– Jodete entonces. –
El realmente era un maldito estuche de decepciones y tristezas. Así se alejó de el antes de que pudiera verla llorar.


1*Despertó llorando. Como usualmente hacia después de tener esos sueños. Yacio en la oscuridad durante unos momentos, tratando de encajar las piezas de donde estaba y por qué.
"Draco… habitación… sexo". Bueno eso simplemente aclaraba todo.
Estaba sola en la cama, pero saco sus propias conclusiones de donde estaba Draco cuando distinguió una melodía amortiguada por las paredes.
Se levanto de la cama y de pronto se hizo consiente de su desnudez, así que envolvió la sábana a su alrededor, y se dirigió hacia donde provenía la música.
Era Draco quien tocaba el piano. No era una simple canción reproducida en un equipo de sonido.
Era el, tocando en piano, en la oscuridad. Con un solo haz de luna entrando por la ventana, cayendo sobre el como un halo.
Tenía la espada descubierta y el rostro sombrío. Y era una completa visión.
Él estaba de perfil, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos. No tenia camiseta, solo unos viejos vaqueros que habían visto mejores días. Y aun así, era el hombre más perfecto que hubiera visto en su vida. Pero tenía el ceño fruncido, y por la melodía tan triste que tocaba, supo que había algo en su mente que lo molestaba. Se veía tan solo que su corazón sentía pena por el. Las lagrimas aun caían por su rostro, y ya ni siquiera estaba segura del por qué. No era algo voluntario, estas solo venían y no había una maldita cosa que pudiera hacer para evitarlo. No podía respirar, así que sollozo, y Draco dejo de tocar abruptamente.
– Hey nena – Él le sonrió, pero al verla frunció el ceño con preocupación. – ¿Qué pasa? –
Ella solo negó con la cabeza, no sentía las fuerzas suficientes como para explicarle.
–Ven aquí pequeñaja. – Espero hasta que ella estuvo menos de un metro para halarla hacia él, y sentarla en su regazo.
Se dejo llevar y coloco sus brazos alrededor de su cuello y su cabeza sobre tu corazón. Ahí era donde se sentía a salvo. A salvo de los recuerdos que la acosaban, incluso si la mayoría de esos eran sobre el.
– ¿Tuviste un mal sueño? – Beso sus parpados para borrar las lagrimas. Era tan dulce…
– Mas bien un mal recuerdo. Sobre mi padre. –
Draco permaneció callado por un momento.
– ¿No vas a pedirme que te haga sentir mejor con una canción? Justo como solías hacerlo… ¿Recuerdas?... –
–No tengo ni la menor idea de que me hablas. – Fingió demencia.
– Recuerdo esta vez en especial. – Prosiguió el, como si ella no hubiera abierto la boca en lo absoluto. – Estábamos de vacaciones en Warwrick, en la casa vacacional de Theodore. Esa noche llovía tanto que no pudimos salir más que un par de horas, y para cuando regresamos a casa los truenos caían con fuerza. Estábamos más borrachos que una cuba, así que caímos rendidos. Después de unas horas, despertaste gritando, y me despertaste contigo. Pues tu habitación estaba frente a la mía. –De repente Pansy lo recordó, fue un año antes de El Despertar. – Escuche como salías de tu habitación y pensé que irías directo hacia Blaise (como siempre hacías cuando algo iba mal), pero en lugar de eso, escuche como tu vocecita se escuchaba por encima de los truenos a través de mi puerta. Entraste y comenzaste a llorar, a pesar de que te dije que solo las débiles lloran. Deje que te acurrucaras en la cama conmigo y me contaste como Josephine solía cantar para ti. No lo pediste directamente pero supe, que eso era lo que necesitabas. Así que cante para ti, a pesar de que apesto en ello. Supe que era lo que necesitabas. Justo como ahora. – Le dio un beso en la coronilla y la sentó entre sus piernas. 2* –Bien cariño, aquí viene una canción de cuna. Tu propia canción de cuna. –
El comenzó a tocar, lenta…. Dulcemente.
De pronto reconoció la melodía, Draco se limitaba a tararear la letra. Pero Pansy la sabia de memoria:

"Es tarde ahora.

Es hora de dormir.
Cierra los ojos, y ve hacia tus sueños.

Nubes en las paredes y cielos azules.
Mi sol, mi luna y mis estrellas.
Y tú… me haces correr.
Y tú… me haces querer vivir

Tus sonrisas… bueno, ellas hacen mi día.
No lo sabes aun, pero tú eres todo.
Esta pequeña canción, es para ti.
Estos años encantadores aquí contigo.

Y tú, me haces correr
Y tú, me haces querer vivir.
Y tu… y tu."

Casi protesto cuando la canción acabo. No quería que terminara. Nunca.
El pareció notarlo porque comenzó otra casi de inmediato.
¿Mejor?Probablemente él pensó que estaba dormida, pero aun así siguió hablando. Si puedes escucharme ahora, estoy intentando hacerte saber que no estas sola. Y si no puedes decir que estas tan asustada como el infierno por todos estos cambios, esta bien. Porque estoy aquí, contigo. Así que solo cierra tus ojos, sé que superaras esto. Sea lo que sea. No llores por cosas que no puedes controlar, y si son recuerdos los que te asustan, no te preocupes, los mantendremos alejados con alcohol y dulces canciones de amor. –
Eso sonó tan bien, que todo lo que hayas dicho antes suena mal a comparación. Suspiro ella.


– Vamos solecito…. Te he dejado dormir lo más posible pero se hace tarde. –
La voz de Blaise lo saco del reino de los sueños. Un mundo donde estaba perfectamente cómodo soñando con un asombroso trabajo manual…
–Vete… – O algo así murmuro entre sueños. –
– George. Despierta, no me obligues a arrastrarte fuera de la cama. – El realmente sonaba entusiasmado, por lo que tuvo que abrir un ojo, solo uno, para poder ver esa hermosa sonrisa grabada en su rostro.
– ¿Ahora que? –
– Levanta tu trasero de ahí, no tenemos mucho tiempo.
Al ver hacia al despertador en la mesilla de noche casi lo estrangula…
– Son las cinco de la madrugada… – Tomo las cobijas y se enrollo en ellas. Si cerraba sus ojos con fuerza tal vez él se iría…. Tal vez…
– No digas que no te lo advertí… – Blaise lo tomo por los tobillos hasta casi sacarlo de la cama por completo.
–De acuerdo hombre… me rindo. Tú ganas, ¿A dónde vamos? –
Blaise le lanzo una de sus sonrisas conquistadoras.
– Es una sorpresa. Pero te gustara, lo prometo. Por mi honor inexistente. –


George se quedo dormido casi inmediatamente después de entrar en el auto, pero despertó de nuevo cuando Blaise lo zarandeaba. De nuevo.
– Vamos Georgie, te perderás lo mejor. –
Tardo unos segundos en ubicarse, estaban en una especie de aeropuerto.
– Pensé que en Sao Vicente no había aeropuertos. – le dijo aun somnoliento.
– Y no los hay… al menos no oficialmente. Es algo más bien improvisado, para las avionetas. –
– ¿Tienes una avioneta? –
Blaise no contesto, se limito a tomarlo de la mano y sacarlo del auto.
– Mr. Zabini, que alegria vê-lo aqui. – Un dependiente, o lo que fuera, se acercó a Blaise, con una gran sonrisa en su cara.
– Marco, – le estrecho la mano vigorosamente. – Me alegra estar de regreso. ¿Tienes lo que pedí?
– Eu tenho sempre – Marco le entrego un juego de llaves.
– Gracias Marco, como siempre es un placer hacer negocios contigo. –
– Se você é tão amável de me seguir – Marco los condujo a lo que presumiblemente era el almacén, y santa mierda. En él estaba lo que George pensaba, era la mas reciente adquisición de Blaise. Una avioneta. El hombre no podía simplemente conformarse con un maldito avión de lujo, no, tenia que comprar una avioneta.
– ¿Eso es tuyo? – No pudo ocultar la nota de incredulidad.
– Ahora lo es. ¿No te gusta? –
– No se mucho sobre avionetas… –
– Es un Cessna 140. Tiene capacidad máxima para dos personas, piloto y copiloto, con velocidad máxima operativa de 193 km/m…. – Blaise siguió hablando de las especificaciones, pero a lo que George le interesaba era lo que podía ver.
Como por ejemplo, el color. Era gris grafito y estaba recién encerado, así que probablemente cuando saliera el sol seria algo entretenido para las retinas. Y en la cola estaba el nombre: "Bramasole". ¿No más nombres en latín?… que sorpresa.
– ¿No te gusta? – Repitió Blaise. Sacándolo de la ensoñación.
– No es eso… es solo que es tan… chiquito – Dejo un pequeño espacio entre su pulgar e índice.
Blaise solo se encogió de hombros.
– No me quejo. Fue lo mejor que pude conseguir en tan poco tiempo. –
– ¿Por qué comprar una avioneta cuando tienes un avión? –
– ¿Y por qué no? –
– Eso no es un argumento valido. – Odiaba cuando hacía eso. Contestar una pregunta con otra.
– No es momento para ponernos listillos. – Blaise reviso su reloj por enésima vez. – Es casi tiempo. –
– ¿Para que? –
– Aun no. Primero tenemos que subirnos a esta chatarra y ver si funciona. – El comenzó a encaminarlo a su más reciente adquisición.
– ¿Cómo puedes comprar algo sin ni siquiera haberlo probado antes? –
De nuevo, Blaise eligió no contestar su pregunta. En lugar de eso, lo tomo de los hombros y sonrió. No una e esas sonrisas normales que le diriges a un extraño. Era una de esas aunque-no-lo-parezca-soy-joven-y-puedo-divertirme sonrisas. Casi le robo el aliento, joder era atractivo.
– ¿Me harías el honor de ser mi copiloto Georgie? –
– No planeaba irme con la carga…. –
Y después lo beso, justo en frente de los trabajadores y todos los que estaban por ahí.
En su antigua relación con Paul siempre tenían que estar en privado para poder realizar cualquier contacto íntimo. Y con Blaise era todo lo contrario… ¿Cómo puedes mantener el ritmo a eso?
Al estar dentro, sintió como su ya olvidada claustrofobia amenazaba con salir.
– ¿Por qué comprarías algo tan pequeño Zabini? – refunfuñó el desde el asiento del copiloto.
– Porque lo necesitaba y era lo único disponible. –
– Podrías haber esperado. –
– No quería esperar – Un puchero de su parte. Oh-muy-maduro puchero de su parte.
– ¿Y que es lo que harás con el que no puede esperar? –
– Pues esto. – Los señalo.
Espera un minuto….
– ¿Compraste una avioneta solo para poder ir a pasear? – Su voz subió un par de tonos. Ese hombre no sabia nada privaciones.
– No. – le corrigió Blaise. – Compre una avioneta para poder ir a pasear contigo. – Se acercó tanto a el que podía oler su pasta dental y colonia. Pero en lugar de hacer lo que George tenía en mente, comenzó a abrochar los múltiples cinturones que tenía el asiento.
– ¿Estas seguro de que son necesarios? – Apenas y podía girarse. No estaban apretados al extremo, pero eran tantos que lo estaban asustando.
– Todos y cada uno de ellos. Además, creo que me gusta esto de estar atándote – Blaise le guiño un ojo seductor – Si sabes a lo que me refiero…. –
– No tengo ni la mas mínima idea… pervertido. – Resistió el impulso de enseñarle su lengua.
Blaise soltó una ligera risilla mientras le colocaba unos auriculares que parecían orejeras.
– Necesitaras esto. –
– ¿Estas seguro de que sabes volar esta cosa? – Le pregunto George, al ver en el panel tantos botones y switches.
– Hasta tu pregunta me ofende George – Y parecía en serio. – Soy un piloto certificado. Podría trabajar en una línea aérea, si fuera pobre. Así que no tienes razón para temer, y te lo probare, dulce. – Volvió a comprobar su reloj. 3*– Es hora de partir. –
– Y ¿ahora me dirás hacia donde vamos? –
Blaise se puso sus propios auriculares y encendió el intercomunicador. Cuando hablo, fue como si lo hubiera hecho en su propio oído.
– Vamos a perseguir el amanecer cariño. –
Y fue cuando encendió el motor. Y el estomago se le fue a la boca… y después a los pies. Mierda santa, estaban en el aire.
– Allá vamos Georgie – grito Blaise por encima del bullicio.
Se agarró al borde del asiento con las dos manos, tan fuerte que se le pusieron blancos los nudillos. Se dirigían al oeste, hacia el interior, lejos del sol naciente, ganando altura, dejando atrás mar, mar y mar.

Madre mía. Era alucinante; por encima de ellos no había más que cielo. La luz era extraordinaria, difusa y cálida, y George recordó las divagaciones de Paul sobre «la hora mágica», una hora del día que adoran los fotógrafos. "Es esta…– pensó – justo después del amanecer, y yo estoy en ella, con Blaise. –
Por la siguiente hora, George pudo perderse en la maravilla de ver a Blaise en un ambiente donde realmente disfrutaba estar.
El cielo lentamente se fue tiñendo de un sutil tono opalescente, resplandece suavemente tras las pocas nubes con formas infantiles. El amanecer se les echaba encima.
Blaise comenzó a explicarle el funcionamiento de todo, de nuevo. Joder, no entendia nada, pero mirarlo tan animado y tan en su elemento, era todo un placer.
– No duraremos demasiado acá arriba. Veinte, treinta minutos a lo sumo. Las térmicas no son muy buenas a esta hora, pero las vistas son impresionantes. Mil metros de altitud Georgie, eso si que es altura…. Bien, – Blaise le dirigió un nuevo tipo de sonrisa, el tipo que le hacia recordar que aun era joven y no un simple hombre de negocios bastante jodido por la vida. No se preguntaba porque a Blaise le gustaba estar allá arriba. Lejos de todo las presiones, recuerdos y cosas de las que se quería olvidar. – Allá vamos. Sujétate. –
Madre mía, qué emocionante. El planeador se ladeo y giro al descender el ala, y se dirigieron en espiral hacia el sol. Ícaro. Eso era. Como Ícaro volando cerca del sol. Pero en lugar de que sus alas se quemaran, se limitaban a aletear frente a él, tentándolo. Describían una espiral tras otra y las vistas con esa luz del día estaban mas allá de la descripción.
— ¡Agárrate fuerte! —grito Blaise de nuevo, y volvieron a descender… solo que esta vez no se detuvieron. De pronto se vieron cabeza abajo, mirando al suelo a través de la cubierta de la cabina.

Chillo como poseso y estiró automáticamente los brazos, apoyando las manos en el plexiglás como para frenar la caída. Lo oyó reírse. ¡Idiota! Pero su alegría era contagiosa, y George termino riendo también, después de que se enderezara la avioneta.
— ¡Menos mal que no he desayunado! —le gritó.

—Sí, pensándolo bien, menos mal, porque voy a volver a hacerlo. –

Descendió en picado una vez más hasta ponerlos cabeza abajo. Esta vez, como estaba preparado, se quedo colgando del arnés, y eso le hizo reír como un bobo. Blaise volvió a nivelar el planeador.

— ¿A que es precioso? —le grita.

—Sí. – ¿No había otra palabra mas adecuada?

Volaron, planeando majestuosamente por el aire, escuchando el viento y el silencio, a la luz de primera hora de la mañana. ¿Se podía pedir más?

— Creo que es todo lo que podremos obtener por ahora. –

La palanca que tenia frente a él se movió de pronto descendieron en espiral varios metros; los oídos se le taponaron. El suelo estaba cada vez más cerca y George estaba considerando la posibilidad real de estrellarse contra el. Joder… es aterrador.
Blaise hablo por la radio a la torre de control, dando una serie de comandos para su aterrizaje seguro… o eso era lo que suponía ya que no tenía ni la menor idea de que acababa de decir.
La torre le respondió, pero no alcanzo a distinguir las palabras. Planearon de nuevo, describiendo un gran círculo, y fueron aproximándose a tierra. Veo el campo de aviación, o lo que sea que fuera de donde habían salido, las pistas de aterrizaje.

—Agárrate, cariño, que vienen baches. —

Después de un círculo más, descendieron y, de repente, tocaron tierra con un breve golpetazo, deslizándose por la pista. Madre santa. Los dientes le castañeteaban mientras avanzan dando tumbos a una velocidad alarmante, hasta que por fin se detuvieron. La avioneta se bamboleaba, luego se ladeo hacia a la derecha.

— ¿Qué tal? —le pregunto, y los ojos le brillaban deslumbrante mientras se inclinaba para desabrocharlo.

—Ha sido fantástico. Gracias —susurró. Porque no podía pensar en ninguna otra cosa mas adecuada que decir. Gracias se quedaba corto. Le acababa de regalar uno de los momentos más especiales, y lo único que podía decir era gracias.

—Ese es el principio Georgie — le dijo, con la voz teñida de esperanza
— ¿El principio de que? —
—El principio de los momentos que construiremos juntos. — Le guiño un ojo. — ¿Recuerdas? Estamos descubriendo juntos quién soy. Juntos descubriremos una forma de hacer esto funcionar. Y ahora tú eres el único que me conoce.

– Eso fue… simplemente sorprendente. –
– Lo se. – Tonto engreído…
– Me sentí como Ícaro y el Sol. – Al ver la cara en blanco de Blaise, tuvo que explicarse. – Según la mitología griega…. Había este tipo constructor, llamado Dédalo. El y su hijo habían sido capturados en la cima de una torre o algo por el estilo… – Exprimió su memoria para recordar sus clases. – Entonces, un día, al volar un pájaro muy cerca de ellos, la idea lo golpeo. Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Enlazó plumas entre sí empezando por las más pequeñas uniéndolas con ceras y añadiendo otras cada vez más grandes, para formar así una superficie mayor. Y le dio al conjunto la suave curvatura de las alas de un pájaro. Pasaron los días y él seguía trabajando, cuando al fin terminó el trabajo, Dédalo batió sus alas y se halló subiendo y suspendido en el aire. Equipó entonces a su hijo de la misma manera, y le enseñó cómo volar. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar. – George pensó que alguien debió de advertirle eso a él. – Entonces padre e hijo echaron a volar. Pasaron las islas de Samaos, Delos y Lebintos, y entonces el muchacho quedo maravillado al sentirse tan libre, no se si fue el aire o la altura, pero Ícaro olvido las instrucciones de su padre y comenzó a ascender como si quisiese llegar al paraíso. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Entonces fue cuando Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar.
– Y déjame adivinar – Le dijo Blaise mientras atravesaban la puerta de su habitación. – Según tu revoltosa cabeza, Tú eres Ícaro y yo, el ardiente e increíblemente atractivo Sol. –
– No lo creo, lo se. Tú eres el sol, y voy a quemarme, lo se. – No quería ser tan pesimista, pero bueno… así era el. – Como Ícaro volando tan cerca del sol o la polilla atraída irremediablemente a la luz, a pesar de que termina siendo su destrucción. –
Pudo notar como la cara de Blaise cambiaba.
– Vamos Georgie – lo beso a conciencia, arrastrándolo hacia la puerta de nuevo. – Últimamente pareces saberlo todo. Es demasiado temprano como para tener estas conversaciones profundas, mejor vayamos a comer algo antes de que me desmaye de tanto pensar. –


Draco despertó cerca de mediodía. No solía dormir tan tarde, pero después de la noche pasada suponía que su cuerpo tenía que recuperar fuerzas.
Se mantuvo en la cama, con la tibieza de Pansy junto a él. Había olvidado como era despertarse junto a alguien. Ella respiraba quedamente, la luz del sol la iluminaba, pero no parecía molestarla. Tenia una mano sobre el estomago, y las sabanas estaban enredadas en sus piernas, por lo que sus pechos estaban al descubierto.
Después de observarla por unos momentos, comenzó a sentirse como un pervertido mirón, así que la cubrió con la sabana. Y la abrazo contra su pecho. Fue un impulso, y tal vez la forma en la que ponía su mano bajo su barbilla tuviera algo que ver.
Se sentía desconcertado y fuera de lugar. Draco nunca había tenido sexo con una mujer que conociera por más de una semana. Pero había muchos aspectos de hacer el amor… oh no espera. Corrección. De tener sexo con Pansy que eran diferentes de todas las demás cosas que había experimentado. Su entusiasmo, su generosidad, su ingenio, su curiosidad…. ¿Por qué debería de sorprenderse?
Estar con ella había sido algo completamente diferente. Porque ella era diferente, aunque no le gustara admitirlo.
Pansy se agito en los brazos de Draco y resoplo ruidosamente por la nariz, amadrigándose como un conejito. A pesar de los resoplidos como niña pequeña, y su comportamiento, Pansy había sido una mujer de los pies a la cabeza.

Y Draco estaba en un buen lio. En una maldita tarde, había tirado por la borda todo lo que había intentado lograr ignorándola. Yéndose del maldito país, joder.
Pansy, entre sueños, deslizo la mano por su pecho por su camino feliz. Aquí y allá, los rayos salpicaban sus cuerpos. Y eran toda una visión, lo sabia por el espejo que había frente a ellos.
Sacudiendo la cabeza intento recordarse todos los motivos por los que había intentado con tanto empeñó mantenerla alejada, empezando por el hecho de que no iba a formar parte de su vida durante mucho tiempo, cosa que probablemente iba a enfurecer a Blaise y a Theo, que resultaban ser los otros accionistas mayoritarios del a empresa. Empresa que Draco pretendía llevar al siguiente nivel.
No podía pensar en como ellos podían hacerle la vida un infierno en la tierra, no de momento. Si que pensó, en cambio, en todos los secretos que había encerrados dentro del pequeño cuerpo caprichoso de aquella mujer que había evitado durante años.
Pansy volvió a resoplar. Y sintió como su respiración cambio, por lo que se dio cuenta que acaba de despertar.

– No eres un paquete. Como amante, me refiero. –
Draco se alegró ella no pudiera ver su sonrisa, porque darle la mas mínima ventaja significaba acabar haciendo apuestas arriesgadas o algo por el estilo. Así que se decanto por el sarcasmo.
– Me parece que nos estamos poniendo tiernos. ¿Debo sacar un pañuelo?

–Solo quería decir… que, bueno, la última vez…

– No me digas. Te refieres a la vez que me espiaste descaradamente mientras estaba con Daphne Greengrass.

– Era lo único que tenia para comparar. Además siempre pensé que fue Astoria.

– Por el amor de… – Draco se incorporo un poco de los almohadones.

– Si, ya sé, las dos son rubias…. Sé que no es justo. Tú estabas dormido. Y no diste tu consentimiento. Eso no lo he olvidado. –

– Eso fue prácticamente una violación. – Draco no parecía tan afligido por ello. – Ninguna debía de estar en mi habitación, estábamos en un maldito campamento. –
– Lo se. – Pansy sonrió al recordar. – No puedo olvidar tu cara de sorpresa al despertarte. –

– Pues tal vez ya va siendo hora – dijo arrimándose a ella.

Pansy sintió una explosión en su cabeza. Y un millón de sentimientos cruzaron por su cara, la esperanza incluida.
Aun recordaba como Daphne Greengrass la había convencido para ayudarla a entrar en la cabaña de Draco.
Daphne sabia de los sentimientos de Pansy, pero fingía que no. Con solo pedirle tal cosa, Greengrass la reto a oponerse y revelar sus afectos. En lugar de eso le había dado una maldita copia de la llave de la cabaña y había espiado por la ventana. Fingiendo que los ruidos que venían de adentro no la molestaban en lo absoluto.
Draco se había enterado días después y había dejado de hablarle por semanas. Gradualmente había comenzado a hablarle de nuevo. Pero nunca había aceptado sus disculpas, y cuando ella había intentado sacar el tema, la esquivaba.
No entendía porque él estaba tan molesto. Es decir, gracias a ella, él se había acostado con la más deseada del Instituto, después de ella, claro.
Theo, tiempo después, le había aclarado, que era la traición de confianza que había molestado a Draco, además del hecho de que ni siquiera había estado consiente. "Nunca sin su consentimiento" Fueron sus palabras.

– ¿Qué quieres decir? –

Draco le acaricio la barbilla.

– Quiero decir que se acabó. Que esta olvidado. Y tú estas perdonada.

– Lo dices en serio ¿verdad? – pregunto con los ojos inundados de lagrimas.

– En serio. –

– Oh Draco… yo… –

Draco presintió que lo siguiente iba a ser un discurso, y no estaba de humor para más charlas, así que empezó de nuevo a acariciarla hasta hacerla perder lo que tenia en mente.

4* Tomaban el desayuno en silencio. Un silencio para nada cómodo. Sentía la mirada de Draco clavada en ella, pero por supuesto ella fingía estar ocupada con su emparedado.
–¿Qué? – pregunto finalmente.
– Nada – le respondió el, pero su tono de voz indicaba algo mas que nada.
– ¿Qué esta mal? – finalmente dejo de pretender que tenia hambre y aparto su plato.
El solo le sonrió, pero era una sonrisa triste. ¿Qué mierda? De pronto lo comprendió todo. Como piezas de un rompecabezas cayendo en su lugar.
– Solo estaba pensando ya sabes… –
– Caramba, te estás sintiendo culpable. – Lo acuso ella.
Su sonrisa se apagó.
― Lo hago. Te mereces ser dulcemente cortejada por un hombre de rodillas, que te enseñe sobre el amor y que te dé tiempo para aprender a amarlo a cambio. Y eso… eso no pasara conmigo Pans. –
Yo soy la que debe decidir que es lo que merece. Y ahora mismo, lo que quiero es a ti. Además eso suena como un cuento de hadas y yo no creo en ellos.
Al no recibir respuesta volvió a su plato, aunque no tuviera hambre, tenia que mantener las manos ocupadas.
– Así que ¿cual es la historia, gloria de la mañana? – La voz de Pansy rompió la incomodidad del momento. – O ¿necesitas un pequeño momento para despertar? –
– Nada de eso. Mis ideas están bastante claras. – Le arrojo un pedazo de servilleta – Tengo una sorpresa para ti. –
– Oh Draco… sabes lo mucho que adoro los diamantes para el desayuno pero… –
– Detén tus caballos Srita. Audrey Hepburn – Adoraba el hecho de que el captaba sus referencias hacia su película favorita. – Iremos de paseo, y regresaremos a tiempo para ir a la barbacoa de Blaise y los muchachos.
Espera ¿Qué?
–Nos reuniremos con el resto en la piscina antes del atardecer, al parecer Blaise quiere hacer una especie de barbacoa familiar… de las que solía hacer.
– Joder, ¿el cocinara? – Se le encogió el estomago al recordar.
– Si el Señor no esta de nuestro lado… – Parecía disfrutar el muy capullo.
– Joder… – repitió.
¿Una barbacoa? ¿De Blaise? ¿El mismo Blaise Zabini que incendio su casa y la quemo, casi a los cimientos por accidente? –
– El mismísimo diablo en persona. –


– Tengo una idea. – Alice apareció frente a él, luciendo una sonrisa tan brillante como el sol que estaba afuera.
– ¿En serio? – Él sonrió, divertido. Cualquier idea de ella probablemente seria más divertida que lo que pasaba por su cabeza.
– Vamos a vegetar frente al televisor viendo películas antiguas. –
– ¿Vegetar? –
– Ya sabes… – utilizó la mímica para ayudarse, pero no sirvió. – Ya sabes Theo… vegetar… yacer inmóviles frente al televisor… como brócoli. –
– No lo se… – Algo comenzó a vibrar debajo de ella. Y estaba segura de que no era el, así que tenia que ser su celular.
– Lo siento, tengo que tomar esta llamada. Nott. – No hablo, solo escucho, y al parecer lo que oía no era nada grato. Pudo notar como su cara iba gradualmente cambiando. Volviéndose más sombría.
Theo escucho durante unos segundos mientras hacia sonidos de asentimiento, después colgó sin decir adiós.
– ¿Qué esta mal? –
– Mi padre. Es una persona jodidamente retorcida. – Fue su única respuesta. – Creo que podemos hacer la cosa del brócoli después. – Trato de levantarse del sillón pero Alice envolvió sus brazos a su alrededor.
– ¿No me contaras por que… –
– Historia demasiado larga. – La tomo de la cintura y trato de bajarla de su regazo. Como no funciono y Alice se aferro a él, así que este empezó a acariciar su cuello con la punta de su nariz.
Al parecer quería usarla para alejar a los demonios que lo acechaban. Pero no era lo mismo, lo sentía, estaba demasiado consiente, demasiado automático.
Ignorándolo, alcanzo el mando a distancia y encendió el reproductor. El la miro impasible.
– Baila conmigo. –
– Olvídalo mujer, mejor hay que "vegetar". –
5* – Baila conmigo Theodore, por favor. – Empleo su mejor cara de suplica que tenia, y pensó que había funcionado.
– ¿Por qué? –. Aun estaba enfadado. Lo sabía en la forma en la que se movía. Normalmente Theo era tan grácil y elegante que parecía un felino, pero cuando se levanto para unirse con ella, se parecía más bien a la Estatua de la Libertad. – Y ¿Por qué siempre quieres bailar para sacarme la verdad? –
– Porque puedo. –
– Mentirosa… es que tengo que pagarte para que me digas la verdad? – La acuso el, penetrándola con la mirada.

– No, pero si quieres dejar una propina… eres bienvenido. –
Al ver su ceja arqueada, decidió responder con la pura y simple verdad.
– Porque quiero tocarte y sentirte antes de ser el fantasma de un recuerdo.
Tengo un deseo ardiente por ti, nene. Cantaba la mujer.
Alzo sus manos y libero su cabello del apretado moño que había llevado toda la mañana.. Theo aun fulminaba el teléfono. Entonces Alice comenzó a moverse contra el. Envolviéndose a si misma a su alrededor.
Mientras el la miraba su enfado se convirtió en algo mas, pudo notarlo. Repentinamente el tiro de ella, apretándola contra el. Alice se encontró repentinamente indefensa con sus manos tras la espalda.
– ¿Quieres bailar? Bailemos – gruño cerca de su oído, y mientras movía sus caderas contra ella, no pudo hacer nada más que seguirlo, sus manos sosteniendo las suyas contra su parte trasera.
Oh… Theodore podía moverse, es decir, realmente moverse. La mantenía cerca, sin dejarla ir, pero sus manos gradualmente se relajaron, liberándola. Alice recorrió de arriba por sus brazos, sintiendo sus músculos abultados a través de la camisa, arriba hasta sus hombros.
La presionaba contra el, y seguía sus movimientos lentamente, al ritmo de la seductora letra. Un deseo ardiente por ti…
En el momento en el que Theo agarro su mano y la hizo girar, primero a un lado y luego a otro, supo que era de nuevo el. Porque el sonrió.
Bailaron juntos y era liberalmente divertido. Su rabia olvidada, o suprimida al menos.


– Vamos Georgie, no estas intentándolo de verdad. –
– Por supuesto que lo hago, pero tu caminas demasiado rápido. –
Iban por la calle principal del mercado de pulgas, y a pesar de toda la gente que estaba por ahí, Blaise se las arreglaba para caminar a zancadas.
– ¿Cuál es la prisa? Tenemos tiempo de sobra Blaise… –
– Por supuesto que no, esto tiene que salir perfecto… –
– Si quieres que salga perfecto ¿por qué no mandaste a alguien del hotel a conseguir todo? –
– Si quieres que algo salga bien hecho tienes que hacerlo tu mismo… –
Por alguna razón George dudaba eso.
– Oh vamos Georgie… – Blaise volvió sobre sus pasos para tomarlo de la mano. – Tenemos todo un camino por delante.
Mientras caminaban por la avenida, tomados de las manos, con el sol sobre sus cabezas, George pensó, que eso seria lo mas intimo que podría haber entre ellos


– ¿Me dirás a donde vamos ahora? Tu estúpida corbata esta comenzando a picar… –
– No espíes. –
El Jeep en el que iban se volvió a sacudir por los baches.
– ¿Como podría hacerlo cuando ataste tu corbata tan fuerte que apenas y llega sangre a mi cerebro? –
– No te pongas listilla Pans, o te castigare… –
– ¿Castigarme? Por ser lista?… Algo muy mal contigo. –
Draco encendió la radio para evitar que siguiera hablando.

La corbata no picaba y no estaba apretada. No tenia entumida su pierna, solo quería molestarlo. Al parecer su lado infantil afloraba con el cerca.
– ¿Ya llegamos? – pregunto cuando comenzaron los comerciales en la radio.
– No. –
– De acuerdo… y ahora? –
– No. –
Dejo pasar unos minutos.
– ¿Y que tal ahora? ¿Ya llegamos? –
– No.
Paso un rato antes de que se atreviera a hablar de nuevo.
– ¿Sabes que hora es? –
– 2:50 pm – dijo el.
– Bien… gracias. – Paso sus unas sobre el tablero. – ¿Qué hora es ahora?
– Un minuto más desde la ultima vez que preguntaste Pans. – El parecía un poco irritado… bien.
No tenia una jodida idea de porque lo hacia, pero quería irritarlo.
– Ya llegamos?
– No.
– ¿Qué hora es? –
El la ignoro y ella espero.. y espero… y espero… porque sabia que en cualquier momento explotaría.
– ¿Ya llegamos?...
Draco la ignoro el resto del camino y Pansy dio por terminado su juego.

– Listo primadonna, hemos llegado. – Draco la tomo del brazo antes de que se quitara su venda improvisada. – Aun no. Solo espera un poco mas.
Draco se bajo del auto y la ayudo a bajar.
– Vamos muñeca, con cuidado. – Draco la tomo de la cintura para conducirla. – Escalón… escalón… – El abrió un tipo de puerta y un olor extraño la invadio. Se escuchaban murmullos pero no alcanzaba a distinguir nada. Caminaron por unos minutos hasta que Draco hablo de nuevo.
– ¿Pans? –
– ¿Si?
– ¿Recuerdas… la razón por la que querías venir a Cabo en primer lugar? –
Draco le quito la corbata sin mas y casi se cae de bruces al ver donde estaban.
– Un hospital. Me trajiste a un jodido hospital. – Estaba parada justo frente a una puerta cerrada, con una inscripción en el cristal.
Demasiados recuerdos la llenaban como para tratar de calmarse. Demasiados sueños no cumplidos. Se le cerró la garganta al ver la inscripción en la puerta.
– No… no – Trato de darse la vuelta y escapar, pero como siempre ahí estaba Draco, impidiéndole correr, impidiéndole escapar.
– Escucha Pans… –
– No, ¿como te atreves? – Le susurro enojada – Esto estaba en el pasado. Todo esto. – Abrió sus brazos para dar énfasis a sus palabras. – Deseche ese sueño hace mucho porque ya no era útil. –
– ¿Útil? Demonios Pans, era lo único de lo que hablabas. Y aquí estas… por que estas huyendo? Y por que no estas agradeciéndome? – Draco la rodeo con sus brazos pero ella se envaro.
– Rubio idiota. – Aun así se dejo abrazar. –
– ¿Por qué no quieres entrar? – Realmente estaba confundido. Pensó que ella se alegraría, la mayoría de las mujeres lo haría. Aunque de nuevo, Pansy no era como la mayoría de las mujeres que conocía.
Silencio… y después se quebró. Ella se quebró.
– Porque tengo miedo. No de ellos, no de los niños. Tengo miedo de que al verlos la realidad de la estupidez que hice, me golpee y que repente me de cuenta que lo jodi en grande y ver de todo lo que perdí. Ya no quiero llorar sobre lo que pudo ser y no fue. Y si entro ahí…. – Pansy negó con la cabeza contra su pecho. – ¿Por qué me trajiste aquí? –
El abrazo de Draco se hizo mas apretado.
– Porque quiero que recuerdes lo que se siente tener un propósito, Pans. Quiero que todos los días al levantarte tengas algo por lo que luchar, no simplemente limitarte a sobrevivir. Quiero que te encuentres a ti misma y a tu objetivo de nuevo. –
Una enfermera se paro junto a ellos, y les hablo.
– ¿Eles estão vindo? –
– No lo se. – respondió Draco. – ¿Vamos a entrar, Pans?


– Tienes el cabello demasiado largo. – Dijo ella, pasando sus dedos entre el.
– Y tu solo compraste ropa de color blanco, ¿que esta mal contigo? – le preguntó el, viendo la ropa que estaba usando. Normalmente se hubiera sentido cohibida usando ropa tan transparente en frente del jodido sol con la mirada fija de Nott, pero a el no parecía impórtale.
Había algo sobre el color blanco… que la hacia sentir limpia. Pura… aunque era una ilusión a ella le gustaba.
– Además estoy usando un nuevo estilo… muy a lo Brad Bitt – continuó él.
– Aha… excepto que pareces mas bien un indigente que Brad Pitt. –
– Listilla… – Theo tiro de un mechón de forma juguetona.
Ambos estaban en el chaise louge frente al balcón de la habitación. Estaba usando una blusa blanca de tela delgada y unos pantaloncillos cortos. No tener que hacer absolutamente nada… era la gloria. La gloria de la mañana.
– Tengo una idea. –
– ¿Qué clase de sexo pervertido tienes en mente? – Alice sonrió ante la mueca de Theo.
– Es un asunto realmente importante que atender, Señorita Ayres-Ward cualquiera que sea tu nombre… Un asunto de extrema importancia.
Alice se puso seria hasta que se dio cuenta de que él se estaba burlando.
– ¿Qué? – suspiro ella.
– Necesito que cortes mi cabello. Aparentemente a mi compañía actual no le gusta demasiado y me compara con alguna clase de indigente. –
– ¡No puedo cortarte el cabello! –
– Por supuesto que puedes… – Theo sonrió y sacudió la cabeza para que su flequillo, ahora largo, cubriera sus ojos. Después él le dirigió una de esas sonrisas arrebatadoras, que parecía solo reservar para ella.
Tal vez pudiera intentarlo… después de todo paso años cortando el cabello de su hermano y él nunca se quejo. Y si no funcionaba. Bueno… siempre existía la posibilidad de usar una linda gorra.
– Ven. – Lo tomó de su mano. Y el abrió los ojos de par en par. Jah, había pensado que no lo iba a hacer.
Se dirigió al pequeño comedor que tenían e intento mover una de las sillas, pero mierda… la maldita parecía estar hecha de…. De… de algún tipo de material inmovible…
– Ayúdame, Nott. Trae esa silla. –
Y sin esperar respuesta se dirigió al baño. Cuando él llegó, ella apunto al lavabo.
– Allí. Vamos siéntate. –
Theo quedo exactamente a la altura de sus pechos, mierda, error de cálculo. Y el la miraba descaradamente, con una diversión molesta en esos malditos ojos.

– ¿Vas a lavar mi cabello? –
Ella asintió. Y él alzo su ceja sorprendido, y por un momento ella creyó que iba a echarse atrás.
– De acuerdo. – dijo él. Lentamente comenzó a desabotonarse cada botón de su camisa, comenzando por el que estaba bajo su garganta. Largos dedos se movían ágilmente en cada botón hasta que su camisa quedó abierta.
Theo alzó uno mano, y en su cara tenia una expresión de deshaz-esto-ahora, y su boca hizo la cosa mas maravillosa. Se retorcía hasta formar una mueca sexy y desafiante. Santa mierda, ¿como se las arreglaba para hacerlo?
Oh, los gemelos.
Tomó su muñeca y liberó el primero, un pequeño rombo de platico con sus iniciales grabadas en caligrafía sencilla y elegante, y luego quitó el otro. Cuando terminó lo miró, y su mirada de diversión había desparecido, remplazada por algo mas caliente… Alice deslizo su camisa por sus hombros, dejándola caer al piso.

– ¿Listo? – susurró ella, con la voz ronca.
– Para lo que sea que quieras, Alice. –
Sus ojos pasaron a sus labios. Abiertos, esculpidos-por-los-dioses- hermosos labios… joder. Se encontró a si misma inclinándose para besarlos.
– No – dijo él, y puso ambas manos en sus hombros. – No, si lo haces jamás me cortarás el cabello. – Al mirar su cara de decepción agregó. – Quiero esto.
– ¿Por qué? –
– Porque… porque me siento importante, contigo concentrándote solo en mi. Me siento querido. – Él se arrepintió de haberle dicho eso, lo supo por la forma en la que frunció los labios y después los convirtió en una dura línea.
Lo hizo sin pensarlo. Lo envolvió en sus brazos y le besó el pecho, antes de acariciar su mejilla con la palma de su mano.
– Joder…Te sientes tan bien. – Suspiró Theo – como me gustaría poder llamarte mía. La envolvió en un abrazo de oso y ambos se quedaron inmóviles, sosteniéndose.
– ¿Realmente quieres hacer esto? – preguntó ella, regresando a la conversación anterior.
El asintió y le sonrió tímidamente. ¡Tímidamente! Maldición, Theodore Nott siendo tímido.
– Entonces sentado. – le dijo. Tratando de parecer firme, hasta puso los brazos en jarras y todo… pero ser firme no le iba demasiado.
Dudosamente Theo la obedeció, sentándose de espaldas al lavamanos. Alice se acercó a la ducha, donde estaba su orbitalmente caro champú Chanel. Al parecer lo compró en Francia… presumido.
– Le gustaría este, ¿señor? – Lo sostuvo con ambas manos, como si lo estuviera vendiendo.
– Por favor. – Sonríe.
– Inclínate hacia delante. – Ordenó y Theodore obedeció. Alice tomó una toalla del toallero, y la colocó en sus hombros.
Se volvió hacia el lavamanos y lo llenó con agua tibia.
– Recuéstate. –
– Al parecer resultaste ser una pequeña cosita mandona. – Theo la tomó de la cintura, acercándola, pero ella fue más rápida y se zafó.
– Mucho. Recuéstate. –
– Si señora. – tuvo el descaro de parecer solemne.
Él se reclinó, pero era demasiado alto. Así que tuvieron que llevar la silla más adelante. Luego se reclino hasta que su cabeza tocó la mesada. Distancia perfecta. Ladeó su cabeza hacia atrás. Sus ojos audaces la miraron, y sonrió. Y ella le sonrió de vuelta. Sintió como la intimidad de la escena la golpeaba. Tomando uno de los vasitos que siempre hay junto a los lavamanos, lo llenó de agua y la dejó caer en la cabeza de Theo, mojando su cabello. Repitió el proceso, inclinándose sobre el.
– Hueles muy bien. – murmuró mientras cerraba los ojos.
Mientras mojaba su cabello, ella lo pudo ver libremente. Santa mierda… Él era verdaderamente bello. Largas oscuras pestañas, que hacían sombras en sus mejillas, su nariz recta, perfecta. Y luego estaban esos labios, labios que gritaban te-besare-lentamente-y-matare-de-la-pasión-mientra s-lo-hago. Estaban levemente abiertos, formando una forma de diamante… De verdad que tenia ganas de…
– Mierda… – le entró agua a los ojos. – Como lo siento. –
Theo agarró la esquina de la toalla y rio mientras secaba el agua de sus ojos.
– Se que normalmente soy un imbécil, pero no es como me gustaría que me asesinaras. –
Ella sonrió.
– No me des ideas…–
Puso algo de champú en sus manos y masajeó su cuero cabelludo, comenzando por su frente y bajando por toda su cabeza, en un movimiento rítmico y circular. El volvió a cerrar los ojos e hizo un gruñido profundo. Uno de satisfacción.
– Eso se siente bien. – dijo, mientras ella le sintió relajándose bajo el toque firme de sus dedos.
– Si, lo hace. – Y en un jodido impulso de estupidez… Alice se inclinó y le dio un beso en la frente.
– Me gusta cuando frotas mi cabeza con tus uñas… – El seguía con los ojos cerrados, pero con una expresión enorme de alegría, con un rastro de vulnerabilidad. Si que había cambiado su humor.
– Levanta la cabeza. – Y froto la parte trasera de su cabeza, utilizando las uñas. – Reclínate de nuevo. – Se reclina y enjuagó la espuma, utilizando el vaso. Poniendo cuidado en no salpicarle la cara de nuevo.
Cuando su cabello se aclaró de champú, destapó el lavamanos para que se fuera el agua, y lo volvió a llenar.
– Para el enjuague. – explicó.
Repitió el mismo proceso, acariciando su cabeza con las uñas. Y después aclarándolo con agua. Lo volvió a mirar mientras tenia los ojos cerrados. Otro tonto impulso de estupidez. Y no pudo resistirse. Suavemente, acarició su mejilla, y el abrió los ojos. Lo que la hizo sentir como si la hubieran atrapado haciendo algo malo. Él le sonrió con somnolencia y suspiró contento.
– Hmmm – murmuró, mientras accidentalmente sus pechos quedaron a altura de su rostro. Ignorándolo, quito el tapón para que el agua enjabonada se fuera. Sus manos subieron por su cadera y espalda.
– Nada de tocar, aun no termino contigo. – murmuró, fingiendo reprochárselo.
– Soy sordo. – dijo con los ojos aun cerradas, mientras recorría su espalda con una mano y comenzaba a subir su falta. Alice le dio un ligero manotazo en el brazo. Estaba disfrutando jugar a la estilista, ¿no podía contenerse por diez minutos?
Él sonrió infantilmente, como si lo hubiera atrapado haciendo algo ilícito, de lo que él se enorgullecía.
– Listo. Limpio. – dijo ella, soltando una risita, al sentirlo cerca de su estomago. Era muy sensible en esa parte. El gruño con su garganta. Si era eso posible…
– Bien. – Declaro. Sus dedos presionaban su espalda, después el se enderezo, antes de que pudiera secarle su cabello con una toalla. Mojando todo con su cabello escurriendo.
La tiro a su regazo, moviendo sus manos de lugar, hacia su nuca, y luego a su barbilla. Sosteniéndola en su lugar.
Alice jadeo sorprendida, ya sabia a donde iban, pero no podía encontrar la resistencia suficiente como para detenerlo o para separarse de él.
Sus labios estaban sobre los suyos. Sus manos se movieron por arte de magia y terminaron en su cabello mojado. Gotas de agua cayeron por sus brazos; y mientras profundizaron el beso, su cabello se pego a su rostro. Su mano se movió de su barbilla al primer botón de su blusa.
– Basta de acicalarnos. Puedes cortarme el cabello después. Quiero joderte hasta las siete sombras del anochecer, y podemos hacerlo aquí o en el cuarto. Tú eliges. – El cambio de humor la desconcentro por un momento.
La mirada de Theo era oscura, caliente y llena de promesas. Se le seco la boca.
– ¿Cuál será Alice? – pregunto mientras la sostenía sobre su regazo.
– Estas mojado. – Le respondió ella, evitando la pregunta real.
De repente el inclino la cabeza, poniéndola contra sus pechos, pasando su cabello goteante por su blusa blanca.
Intentó soltarse, pero el afianzó el agarre.
– Oh no, no lo harás nena. – murmuró. Cuando levanto su cabeza estaba sonriendo lascivamente. – Démosle la bienvenida a la ganadora de Señorita Camiseta Mojada 2013. – anunció él, como si fuera el representante en alguna clase de concurso. – Estas empapada y puedo ver todo. Amo la vista. – murmuró. Se inclino para pasar su nariz por su cuello, y descendió.
Alice soltó un suspiro en contra de su buen juicio y toda la voluntad del mundo.
– Respóndeme Abigail. ¿Aquí o en el dormitorio? – Abigail… la había llamado Abigail.
A la mierda el corte de cabello, podía hacerlo mas tarde. Él le sonrió lentamente, seguramente podía leer sus pensamientos. Theo formo una sonrisa caliente, llena de promesas prohibidas.
– Aquí. – susurró ella.


– Crianças, estas são Pansy e Draco. Os nossos novos amigos – Amanda, la enfermera que se habían encontrado en la puerta, los estaba presentando.
– Jamás de perdonare por esto. – Le dijo Pansy, entre dientes, mientras le sonreía a los niños que estaban frente a ellos.
Draco le dio un apretón en la mano breve.
– Trato. – Y le dirigió la sonrisa más devastadora.
Después de que Amanda saliera del cuarto, Pansy se sintió más fuera de lugar que en una cena con la Reina.
– ¿Y ahora qué? –
– El punto de todo esto es que socialices. Así que socializa. – Le dijo el mientras una pequeña niña con ricitos de oro se lo llevaba de la mano.
Volteo a su alrededor, buscando una señal. O una ventana por donde tirarse. Lo que surgiera primero.
Todas las niñas parecían encantadas con Draco y el pequeño ukelele que había encontrado en al sala de juegos. Todas excepto una. Tardo un poco en verla, porque al parecer ella no quería hacerse notar, es mas, se apretaba tanto contra la pared que parecía como si quisiera desaparecer. Hacerse invisible. Era tan pequeña… piel dorada, besada por el sol, con un sombrero en su cabeza, muy a lo Judy Garland en "Get Happy" y unos lentes oscuros muy a lo John Lennon. Le calculó unos diez años y fue por eso que se acercó a ella. Tal vez estuviera dormida… Y en caso de que se despertara; se le daban bien los niños pequeños. Eran fácilmente manipulables; Les dabas una paleta y dejaban de llorar, apuntabas a la nada y volteaban…
Se acercó a ella con un paso vacilante, pero termino por ponerse en cuclillas.
– Espremer contra a parede, nao ele vai ajudar a desaparecer. – Al ver su cara se dio cuenta de que no hablaba portugués. Lo intento de nuevo. – Por mas que te apoyes contra esa pared, no vas a desaparecer. –
– Lo sé… pero pensé que si lo intentaba lo suficiente eventualmente sucedería. –No parecía que quisiera seguir con la conversación y el hecho de que no pudiera verle los ojos la estaba incomodando. –
– ¿No eres muy pequeña como para hablar con palabras tan grandes? –
– ¿No eres muy vieja para usar ese tipo de ropa? –
– ¿Como sabes que tipo de ropa estoy usando si no tienes los ojos abiertos?
– Porque soy mas inteligente que tu, por eso lo se. –
– Mentirosa, me viste cuando llegue. – Se sentía infantil discutiendo con ella, pero que mierda, venia a socializar o no?
– Por supuesto que lo hice. – Casi podía imaginársela poniendo los ojos en blanco.
– ¿Cómo te llamas? – La niña parecía interesante, así que en lugar de retroceder por su falta de conversación, se sentó en el piso frente a ella.
– Charlotte. Aunque nadie me llama así, así que soy Charlie. Y es el único nombre al que respondo, si intentas algo como Charleen – Ella se estremeció teatralmente. – Moriras… Así que eres Pansy y el rubio es tu novio, Draco. – No era una pregunta.
– No es mi novio. – respondió demasiado rápido, lo sabia.
Y fue cuando Charlotte se quito los lentes y abrió los ojos. Esos ojos. . . Ámbar dorados tocados con miel y borde de pedernal. Ojos que brillaban con inteligencia y percepción. Ojos que cortaban la respiración. Sintió que veía dentro de ella y se daba cuenta de lo todo lo que ella intentaba tan duramente ocultar: su insuficiencia, su fracaso absoluto para reclamar un lugar digno en el mundo.

"Ambos sabemos que eres un desastre, decían sus ojos, pero estoy segura que algún día madurarás. Si no... Bueno... ¿Qué se puede esperar de una primadonna autoproclamada? "
– Pues no lo parece. – ¿No parecía que? Oh espera… Draco, su no novio.
– No lo es. ¿Cuántos años tienes de todas formas? ¿Cinco? –
Los ojos de Amelie parecieron refulgir y se convirtieron en pequeños remolinos de oro fundido.

– Tengo nueve, ¿Cuántos años tienes tú? ¿Cuarenta?–
– ¿Como es que vives en Cabo Verde, y no sabes hablar portugués?
– Por supuesto que se hablar portugués. Es solo que pensé que si fingía que no sabía hablarlo te irías. Funciona con la mayoría. – Se encogió de hombros y volvió a cerrar los ojos. Pero Pansy no se daría por vencida tan fácilmente.
–Mi padre una vez me dijo…
– A nadie le importa – le interrumpió ella. – lo que tu padre te haya dicho alguna vez. – Charlie volteo a ver el reloj de pulsera que tenia. – Tengo que tomar mis pastillas a las 4:23. –
– ¿No puedes tomarlas a las 4:30? – le pregunto sonriendo. Por alguna razón Charlie le recordaba a una pequeña Pansy, a excepción por el extraño conjunto de ropa que usaba. A su edad ya tenía mas sentido de la moda…
– A esa hora tomo los antihistamínicos. – Charlie abrió la pequeña bolsita de LV de cuero cruzado que no había notado antes. Saco un pequeño estuche de plástico, seguramente para ordenar sus pastillas.
El estomago se le revolvió al verla. Era tan pequeña, tan frágil y tenia que tomar montones de pastillas diariamente para poder mejorar.
– ¿Necesitas agua con eso? –
– Bueno… no pensaba hacerme la valiente y tragarlas a secas. – Le contesto.
Volteando los ojos, Pansy saco de su bolso un jugo de zanahoria de cajita. Eran sus favoritas desde que era pequeña.
– Es lo único que tengo. –
– ¿Es eso lo que tomas? ¿Por qué no simplemente tomas arsénico directamente? Al menos es rápido… –
– ¿Para que tomas tantas pastillas? –
– ¿Porque haces tantas preguntas? –
– Porque soy curiosa. –
– Eres una entrometida, eso es lo que eres. – ¿Cómo es que podía caber una personalidad de diva dentro de un cuerpecito tan pequeño?
Entre más la alejaba Charlie, mas tenía ganas de saber de ella.
– Bien, si no quieres platicar un poco conmigo esta bien. Entonces me quedare aquí… sentada, callada y pretendiendo que no existo. –
Como fondo pudo escuchar como Draco coordinaba a los demás niños para cantar alguna canción inspiradora… estaba a punto de abandonar cuando se le ocurrió otro camino…
– Bonito bolso – dijo como si no quisiera la cosa….

Charlie no contesto, pero pudo notar como lo cubría con la mano, como si se lo fuera a robar… Jah!
– ¿La encontraste en algún basurero o algo así? Parece casi real…–
La pequeña niña boqueo como pez fuera del aire. Se veía tan graciosa, con ese gorrito y esos lentes…

– Pero por supuesto que es real, es Louis Vutton original. – Lo tocó orgullosa – Es un regalo de mi madre.
– Entonces no eres pobre y tampoco huérfana… –
– ¿Hay algo que sepas hacer además de hacer preguntas irritantes? Como no se, ¿tomar el te? – No estaba segura si era su imaginación pero la voz de Charlie parecía esperanzada…
– Hay muchas niñas con las que puedes jugar aquí…
– Todas las niñas son tontas…
– Tu eres una niña..
– Claro que no. – Por primera vez pudo notar un pequeño rasgo propio de su edad, un puchero. – Cumpliré diez en dos semanas, ya no soy una niña.
– Oh mis disculpas su alteza, toda una adulta. ¿Ya pensaste en el nombre de tus hijos?
Charlie hizo una mueca de asco.
– Yo no tendré hijos, comprare pequeños cachorritos. –
Pansy sonrió, tal vez Charlotte quisiera se comportara como una arpía con palabras envenenadas, pero en el fondo sabia que solo era una niña.
– No quieres cantar con los demás? –
– Prefiero arrastrarme desnuda sobre vidrios rotos... –
Joder… ¿de donde salían estos niños de ahora?


– ¿Lo disfrutaste, cariño? – La suave voz de Draco la saco de la ensoñación en la que había estado.
Caminaban hacia el estacionamiento y ella no había dicho una sola palabra desde que salieron del área de pediatría.
Al ver su sonrisa, Pansy supo que Draco estaba complacido consigo mismo.
"Hombre idiota" pensó.
– ¿Bromeas?, no tengo ni la mas mínima compasión por esos insectos, ni la paciencia para fingir que si.
Draco solto una carcajada, porque sabia que ella estaba mintiendo con cada fibra de su cuerpo.
– Por supuesto que si – dijo el y después le paso un brazo sobre sus hombros, así como así, como si tuvieran derechos de piel o algo así. – ¿Es por eso que no te despegabas de esa pequeña Judy Garland?
– Toda una personalidad, te lo aseguro – dijo ella recordando a Charlie.
– Escucha nena… – dijo Draco cambiando de tema. – Tienes que terminar oficialmente con George. – No pudo dejar de notar que al pronunciar su nombre hacia una pequeña casi imperceptible mueca.
– No creo que sea tan buena idea. –
Draco se paro en seco, justo en medio del jodido estacionamiento.
– ¿Y eso por qué? –
– Pues veras… – joder, piensa, piensa, piensa….. ¡bingo! – Georgie tiene una salud mental muy delicada, he querido terminar con el desde hace meses pero tengo miedo de que pueda lastimarse a si mismo… –
– Entre mas tardes en soltarlo, le dolerá mas la caída. – Draco la atrajo hacia el, hasta que estuvieron frente a frente, pecho contra pecho.
– No creo que sea tan fácil.., –
– Por supuesto que lo es. Realmente lo es. Solo le dices: "He hombre, esto ya no funciona, no me satisfaces sexualmente". Y listo. – Como si fuera tan fácil…
– No puedo decirle eso, se mataría. – Obviamente que no, pero el no sabia.
Trato de zafarse de su agarre, no podía pensar cuando la tocaba.

El ceño de Draco apareció, pero rápidamente lo cubrió con una sonrisa perversa.
– Tal vez yo pueda ayudarte a decidirte. – Su agarre se hizo más fuerte e inclino su cabeza. Pensó que iba a convencerla a besos, pero paso de largo sus labios y se dirigió a su cuello. Comenzó a chuparlo y a morderlo, delicadamente pero estaba segura de que dejaría una marca… y se sentía tan jodidamente bien. Estaba cooperando, hasta echo la cabeza hacia atrás para darle acceso y todo…
– Hijo de… – Pansy lo empujo con todas su fuerzas y él no se lo esperaba así que se echo hacia atrás. – ¡Bastardo! – lo apuñaló con el dedo. – Lo hiciste a propósito y a conciencia. –
El no parecía sentirlo, ni siquiera un poco. Ni la mas mínima pista de arrepentimiento aparecía por su cara. De echo, tenia una cara de satisfacción grabada.
– Idiota –
Él la había marcado. Consiente y deliberadamente la había marcado. Y no sabia con quien estaba mas enojada, con el por hacerlo o con ella porque le encantaba la idea.
– Ahora ya puedes terminar con George. Y si no lo haces tu, el probablemente lo haga.–
– No me hables mientras te estoy ignorando, rubio idiota. –
– Sera mejor que nos vayamos ya, muñeca. – Draco la empujo ligeramente hacia su auto. – Llegaremos tarde y sabes lo mucho que Blaise detesta la impuntualidad.
Sintió que se le encogía el estomago al recordar. Que los dioses y la suerte estuvieran con ellos. Blaise cocinaría.


– No parece como si tuvieras alguna idea de lo que estas haciendo. –
– Calla Georgie, he hecho esto un millón de veces.
Bueno, George no estaba tan seguro, especialmente porque Blaise no parecía saber lo que era una barbacoa a la mexicana, que era lo que planeaban hacer.
– Entonces, tenemos el carbón? –
– Check – dijo Blaise, dibujando una palomita imaginaria en el aire. Tenias que sonreír…
– Cerillos? –
– También… –
Comenzó a repasarle la lista entera, y Blaise lo interrumpió con un dulce y casto beso.
– Oye… – ahora el parecía un poco tímido. ¡Tímido!, hasta se paso la mano por la nuca –En realidad soy una mierda para estas cosas –
"No me digas" Ya tenia una idea bastante nítida sobre el asunto, todo comenzó cuando Blaise pensaba solo poner la carne sobre el asador. Así como sonaba.
Pero no dijo nada y espero.
– Una vez casi incendio la casa de mi madre, solo por llevarles la contraria a los idiotas de mis amigos, – Blaise sonrió ante el recuerdo. – Me llamaron inútil y dijeron que no sabia hacer absolutamente nada pro mi cuenta. –
– Cabezota. –
– Si, soy de cabeza dura. – Le guiño un ojo coqueto. – Pero eso ya lo sabes. –
No, aun no lo tenia comprobado.
– ¿Quieres comenzar a picar la verdura o lo hago yo?


– Vamos mujer, iremos a una parrillada, no a visitar a la Reina. – Theo miro su reloj. Blaise probablemente estaría subiéndose por las paredes.
– Lo se, lo se v Alice se paso una blusa por la cabeza, al verse en el espejo se deshizo de ella. Era la decima vez que lo hacia.
– De acuerdo, es suficiente. Si no eliges algo ya te haré ir desnuda. – Theo se acercó a la cama, donde estaba la ropa nueva y escogió el primer vestido que pudo encontrar. Le gustaba como se veía Alice con vestidos, porque tenia piernas realmente bonitas.
– Este. – Le entrego un pequeño vestido amarillo. Tenia una especia de corsé sin ningún tipo de encaje, con tirantes pequeños escote en forma de corazón y falda vaporosa. Alice era pelirroja, se vería como el maldito sol.
– Vamos solecito, o Blaise cortara mi hombría y la arrojara al fuego. Se supone que tenía que llegar antes para ayudarlo. Siempre lo hago.
Alice le sonrió mientras se pasaba el vestido por la cabeza.
Había tenido razón. Se parecía al bebe sol que aparecía en los Teletubbis. Excepto por la cara, esa mujer podía tener sonrisa de ángel, pero las intenciones de demonio se le asomaban por los ojos.
– Ahora… ¿Qué zapatos debería usar? –
Se puso un dedo por el mentón, pensativa.
Theo resoplo con frustración y ella sonrió.
– Realmente te ves guapo con ese nuevo corte de cabello Señor Nott. –
– Gracias Abigail, supongo que se lo debo a mi nueva estilista –
– Debe ser muy cara si es tan buena… –
– Por supuesto que no, hace todo lo que le pido por el módico precio de tres…
– Tres mil dólares v Alice sonrió. – Debe ser muy buena entonces…
– La mejor, según mi experiencia. –


El tiempo era inusualmente cálido y una comida al aire libre había sido justo lo que necesitaban. Las papas ya estaban en la parrilla horneándose y los filetes marinándose. George se transformó de inmediato en modo de súper-anfitrion y comenzó a sacar del refrigerador la guarnición para una ensalada. Mientras que Blaise comenzaba a reunir platos, cubiertos y servilletas.
Estaba prácticamente saltando. Todo estaba listo, solo faltaba poner la carne en el asador y que sus malditos invitados llegaran.
Theo llego momentos mas tarde, con su cita de la otra noche.
– Llegas tarde – lo riño en forma de saludo.
– Como por un segundo… –
Miro su reloj de muñeca.
– Por treinta minutos y medio. –
– Como sea hombre.. – Theo solto a su pareja de la cintura para poder presentársela debidamente. Esperaba no olvidar el nombre… Así que presto atención.
– Blaise, conoce a Alice. Alice, este es Blaise. –
– Me gustaria saber de donde sacas a una preciosidad así.. – intneto encandilarla con un poco de encanto.
– Como sea… – Theo se arremango las mangas de su camisa. – ¿Por donde empiezo? –
– No te preocupes por eso, Georgie ya se encargó de todo – No pudo evitar una sonrisa al decir su nombre, esperaba que Theo no se diera cuenta. Naturalmente, sus suplicas fueron olímpicamente ignoradas. Pero Theo no lo traería a colación ahora. Lo haría mas adelante, cuando estuvieran solos. Era por eso que Blaise tenía que buscarle una distracción


Pansy aun no entendía como es que pudiendo haber tantos lugares donde hacer una barbacoa decente, Blaise había elegido un lugar con una palmera como sombra, sobre la arena caliente. Tal vez cuando eres así de rico, puedes darte el lujo de ser excéntrico y hacer que tus invitados se quemen los pies.
Cuando por fin llegaron ya había tenido tiempo de procesar su ira hacia Draco. Ahora estaba en la etapa de "Tan fría como el hielo".
"Rubio idiota" pensó por enésima vez.
– Hey mon petite – Theo se levanto en cuanto la vio llegar – Te ves… deslumbrante. – y le dio un abrazo de oso. Como si no la hubiera visto en años. Él nunca tenía problemas en demostrar su afecto o hacer cumplidos, pero esta vez sabia que estaba exagerando. Ella estaba sudada, despeinada y estaba segura de que el chupete que tan inútilmente había tratado de ocultar, brillaba más que un anuncio de neón en la oscuridad.
– Hey Pans. – George venia hacia ella con una bandeja de aperitivos y un mandil cuadros.
Lo saludo con una sonrisa.
– He tu… menos mal que estas ayudándolo de lo contrario… –
– Si lo se… me conto sobre su pequeño accidente… –
– ¿Solo de uno? – Pansy tuvo ganas de reírse. – Cobarde… –
– ¿Qué es eso en tu cuello? –
La devolvió a la realidad de golpe. Mierda… seria mejor que lo hiciera rápido, de lo contrario podría arrepentirse.

– Escucha Georgie… tenemos que hablar. –
– ¿Esa es la marca de una mordida? ¡¿Un chupetón?! – Sonaba alarmado
– ¿Cuál? Oh esto… v Se lo cubrió con la mano. – Es que yo… – ¡PIENSA! – Me cai. – Oh genial… –
– Te caíste… sobre la boca de alguien mas? –
Ella se sonrojo, pero se recupero rápidamente. Había llegado la hora.
– Georgie, tenemos que hablar. –
– Oh mierda… ¿me vas a dar la charla? –

– Ese mandil realmente te queda bien Blaise. – le dijo Draco con una sonrisa.
– ¿Te gusta? George lo compro para mí esta mañana en el mercado de pulgas. – Lo estiro para poder verlo mejor. El delantal era sencillo, color crema con letras negras. La frase que tenia era lo mejor, "Es indecente, es inmoral… me gusta."
– Joder no, no me gusta, solo quería burlarme de ti por usar un mandil. –
– Esto es un delantal. – Se defendió el. –
– Es un mandil.
Pudo ver como Theo quería a intervenir pero Alice llegó primero.
–Yo creo que de cualquier forma de ves bien con un delantal. No cualquiera puede decir eso. Es un mandil muy masculino. –
Blaise sonrió, no solo por su elogio. Sino porque ya había encontrado la solución a su previo problema.
– Gracias cariño. Aun no entiendo que haces con el blendengue de Nott, cuando te aburras, búscame. –
Alice río, pero no contesto.
– Estoy seguro de que ella tiene tres mil razones para quedarse conmigo. – Contesto Nott. Parecía molesto de la conversación entre ellos.
No estaba seguro, pero creyó escuchar un "idiota" mientras Alice se disculpaba para ir al tocador.
– Hombre… si que es linda. – Comento Blaise, mientras la miraban alejarse, con su cabello rojo ondeando al viento. Al parecer su comentario molesto a Theo.
– No esta interesada Zabini, así que déjalo. – Tomo un largo trago de su cerveza.
– ¿Y tu como sabes? –
– Solo lo se… –
– En serio hombre…. ¿Donde la encontraste? – No era solo porque quería alimentar los celos de Theo, sino porque también tenía un poco de sana curiosidad.
– Yo… – Su amigo estuvo en silencio por unos momentos, al parecer se quería infundir un poco de valentía con la bebida. Al paso que iba terminaría más borracho que una cuba. – La encontré en el bar del hotel. –
– Por que siempre que yo voy al bar al hotel solo se me acercan tipos feos y prostitutas? Hombre si que… – Comenzó a quejarse Draco mientras Theo, lentamente desviaba los ojos. –
Santa mierda, Blaise quería reírse de lo cómico de la situación, porque de pronto entendió.
– Así que… a que se dedica Theo? –
– Ella esta en…. Ventas. –
– ¿Bienes raíces? –
– No exactamente… –
– ¿Esta en nuestro negocio? Porque ya sabes que involucrase con la competencia es tan peligroso como… –
– Joder Blaise, es una prostituta ¿de acuerdo? – Theo tomo un largo trago antes de seguir hablando. – La conocí en el bar la otra noche. Estaba solo y aburrido así que le pague para estar conmigo. Después de eso, puso un hechizo sobre mi porque le pagare tres mil dólares para quedarse conmigo todo el tiempo que estemos aquí –
– Eres un… jodido tacaño Theodore Nott – le acuso Draco después de que el momento de impacto paso. – Puedes permitirte más que eso y lo sabes… –
– Estoy totalmente de acuerdo con Draco. Hacer que la pobre te soporte 24/7 por la mísera suma de tres grandes… –
Theo les hizo un gesto grosero con la mano.
– ¿Vamos a comenzar con esta maldita barbacoa o que? –

– Vas a decirme ahora que demonios esta pasando? –
Bueno… ¿por donde podía empezar?
Forzó una sonrisa…
– Te revelo oficialmente de tus deberes de novio falso. –
– ¿Qué? ¿Por qué? –
¿Porqué tenia que hacer tantas preguntas?, ¿No estaba feliz? Ahora podría retozar públicamente con Blaise tanto como quisiera
– Porque si… ha llegado el momento, además no me parece justo que… –
George abrió la boca y los ojos desmesuradamente.
– No lo hiciste… Tú – la apunto con su dedo. Acusadoramente. – Te acostaste con el. –
– ¿Qué?... No… bueno si, pero solo un poco. –
– Eso no es posible. O te acuestas con el completamente con el o no lo haces. Así de simple… entonces? – Parecía un padre reganhando a su hija traviesa.
– Vale, lo hice. Y que? Tu probablemente… –
– No cambies de tema Pauline. – Oh no, segundo nombre. – Es Draco Malfoy de quien esmaos hablando. El mismo que te mando a la mierda, el que hizo que cayeras en las drogas… –
– Por un corto periodo de tiempo. – Se defendió. Ademas había sido meramente experimental.
– Y el mismo que te hizo contratar una maldita psiquiatra que exprime todo tu dinero– prosiguió el como si no hubiera hablado.
– Susan es una psicóloga. – Pansy decidió dejar el lado juguetón de lado. Era hora de ponerse serios. – Es el, George, el mismo que me llevo a comer gellato al parque, el mismo que intento hacerme reconciliarme con mi padre, el mismo que me llevaba de fiesta, y después se aseguraba que llegara bien a mi casa. El mismo que me atendía mientras tenia una jaqueca de los mil demonios. El mismo que me fue y corto mi maldito árbol de Navidad, después del divorcio de mis padres... –
– El mismo que se fue sin dejarte un aviso. – La interrumpió George. – El mismo que se acostó con tu mejor amiga…
– No era mi amiga… –
– Ves lo que digo Pans? Siempre tratas de minimizar las cosas malas que hace. Pero el punto es que te hace daño. Te hizo daño, lo peor es que no puedas distinguir hasta que punto es malo para ti. –
– Pero y que tal si cambio? ¿Qué tal si lo alejo tanto que nunca volverá a acercarse y el es mi mitad faltante? Que tal si no le doy la oportunidad y nunca obtengo mi oportunidad de ser feliz? Que tal si él es "el indicado"?. – Por fin pudo poner en palabras lo que la había estado atormentando. – Cuando llego solo era un imbécil que había roto mi corazón. Pero ahora realmente no se lo qe es, y quiero descubrirlo para eso tengo que darle una oportunidad
– Eres solo sexo para el Pans –
George no iba atener reparos ni trabas en la lengua si con eso conseguía alejarla de Draco, lo sabia, pero aun así le dolió su comentario.
–No te engañes Pansy, yo lo se, tu lo sabes. En el momento en el que se canse de ti te desechara y te romperá el corazón tan fuerte y en tantas partes que dudo que alguna vez puedas encontrarlas todas y ponerlas en su lugar. ¿Que hay de toda la terapia que has hecho con Susan? ¿Es que no has aprendido nada? –
– El que no cae es porque no se sube – le dijo ella. Parafraseando a Susan. Ya sabía todo eso, Draco tenía el poder de salvarla, pero también de destruirla. – Tengo que hacer esto Georgie, entregarme completamente, libre y sin reserva, porque cada pulgada de mi cansado y asustado cuerpo lo quiere. Hace mucho que pasa el punto de no retorno. Estoy hasta el cuello de mierda y ni siquiera me molesta, porque sé que esto es lo correcto. Esto es diferente de la vez pasada. Yo soy diferente y el también.
– Lo malo nunca cambia. – dijo en tono sombrío.
– Basta de pesimismos Georgie. – Declaro Pansy resuelta. – Si esto no funciona entonces será tiempo de aceptar la derrota. Señal de que nunca estuvimos hechos el uno para el otro. Sera tiempo de seguir adelante…
– Pansy… – Sabia que él quería sacudirla hasta que entrara un poco de razón en su cabeza, pero el tenia que entender.
– No George, sé que suena como una chiquilla que no sabe lo que es bueno para ella. Y tal vez esto no lo sea. Pero lo bueno nunca es fácil y lo fácil nunca es bueno.
– Él no es ninguna de esas cosas –
– He manejado con personas mas difíciles. –
– No va a resultar como quieres Pans – George la rodeo con sus brazos, porque ya se había rendido.
– Pues hay que joderse, porque él ya tiene mi corazón, solo espero que no lo pisotee. –

Después de que los humores se enfriaran y el alcohol corriera… la palabra fiesta se quedaba corta.

"Ponte en pie. Alza el puño y ven! a la fiesta pagana en la hoguera hay de beber" – Cantaba Pansy corriendo alrededor de la fogata con Blaise pisándole los talones. Ambos tenían una botella de ron a medio acabar. Sentía que su sonrisa le abarcaba todo el rostro. Después de unos momentos Alice se los único, al aparecer conocía la canción. –
– "Bebe, canta, sueña. Siente que el viento ha sido hecho para ti. Vive, escucha y habla usando para ello el corazón.. "– No espera… esa no era la canción, aunque también la conocía. Blaise y ella intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros.
"Siente que la lluvia besa tu cara cuando haces el amor. Grita con el alma, grita tan alto que de tu vida, tu seas amigo, el único actor" – Apenas lograron terminar la frase antes de dejarse caer en la arena. El fuego de la fogata no estaba tan alto, pero parecía que duraría horas.
– Yo…. Amooo esta canción. – dijo Alice con una sonrisita cómplice. –
Blaise y Pansy soltaron una carcajada,. No porque fuera gracioso… bueno tal vez si. Todo parecía graciosos cuando tomabas ron.
– ¿Y si vamos con los muchachos? – Propuso Blaise.
Pansy se retorció del entusiasmo ante la idea. Tenia tantas ganas de ver a Draco, de besar a Draco, de abrazar a Draco, de subirse en el regazo de Draco…
– El ultimo en llegar es una lechuga… –
Los tres salieron corriendo hacia las mesas donde estaban platicando Theo y George mientras Draco mataba a Georgie con la mirada. Gracias al ron, Pansy se sintió lo suficientemente valiente como para saltar al regazo de Draco y darle un beso de los de aquellos…
– Oh hey – Draco sonrió sorprendido. – ¿Qué tal estuvo el karaoke? –
– No tan bien… Blaise aun no puede seguir mi paso… –
– Eso quisieras enana… yo iba tan rápido que parecía en cámara lenta. Es eso. – Blaise se adelanto hacia el equipo de sonido. – No parece que quieran hacer una fiesta, joder. Para eso los invito a mis barbacoas. –
6* – Bailemos Draco, bailemos. – Pansy lo jalo hacia ella y comenzaron a bailar como si hubieran nacido para eso. Blaise también se levanto de su asiento.
– Alice muñeca, por favor concédeme esta pieza. –
El le extendió la mano y se inclino. Como el caballero que no era.
Alice sonrió pero negó con la cabeza.
– No gracias, estos zapatos están matándome… –
– Oh vamos, es que tengo que pagarte par que bailes conmigo? – Blaise la jalo y le dio una vuelta, pero Alice sintió como el frio se deslizaba sobre ella. Tal vez fuera su imaginación, tal vez estaba siendo paranoica, el podría estar hablando de la canción, Roxanne la prostituta. Por alguna razón, siempre había considerado esa canción como su propio himno personal. Tal vez, pero tal vez no. Tuvo que preguntar.
– ¿A que te refieres? – Blaise de nuevo la arrastraba con maestría. Para contestar su pregunta se limito a guiñar un ojo. El sabía…. ¡El sabia! – ¿Cómo…? –
– Theo. – Se limito a contestar el.
Pero por supuesto que había sido Theo. Pero que idiota había sido al pensar que el la mantendría el secreto y la dejaría a jugar a ser una persona con un rebajo decente.
La tristeza la invadió y eso la lleno de ira. No podía permitirse estar triste por un idiota así.
"Idiota" pensó. Aunque no estaba segura si eso era para Theo o para ella.
Por suerte se habían alejado del grupo, de lo contrario habría resultado incomodo para ellos de presenciar lo siguiente.
Blaise habló de nuevo.
–Tal vez…. – La miró sonador – Cuando te hayas cansado de Theodore…–
– Por supuesto – lo interrumpió ella, con la mejor sonrisa falsa y seductora que poseía. – Si es que puedes pagarlo… –
Se alejó con un golpeteo de tacones antes de que dijera algo.
Clap, clap clap clap
Se había equivocado respecto a Blaise Zabini, lo había calado mal. También se había equivocado con Theo. Y seguro como el infierno que se había equivocado con este maldito acuerdo. ¿Es que no había aprendido nada? Pensó que podía controlarse y hacer bailar a ese hombre a su son, al parecer era al revés. Las jodidas ironías de la vida. Pues que se jodiera, porque Alice Abigail Ward nunca bailaba para otros como petición de alguien más.

– Y damos la barbacoa George-Zabini por terminada. La primera, y espero no la ultima que tengamos. – George les había dado un trago de tequila a todos para brindar mientras Blaise daba el discurso.
La perfecta pareja en su primer de anfitriones en su primera barbacoa… Que lindos.
Blah bla bla, y mas bla, Pansy no podía concentrase en nada que no fuera la mano de Draco haciendo círculos en la parte baja de su espalda. Rozando aquí y allá. Volviéndola loca aquí y allá.
– Salud – dijo Blaise por fin. – Ahora vayan a perderse en la lujuria que trae el alcohol o algo. –
Tan discreto como siempre…
– Vámonos antes de que se le ocurra alguna otra cosa. – dijo Draco mientras la alejaba de su amigos, casi sin despedirse.
Caminaron a la orilla de la playa en dirección al hotel en un silencio cómodo... Todo era genial si se veía desde afuera. Ya hacia un rato que había anochecido pero aun no llegaba la frialdad que a menudo acompañaba la noche. Las estrellas brillaban tanto que parecían reflectores, y la luna, estaba llena y perfecta.
Todo iba bien hasta que su maldito pie tropezó con una roca escondida en la arena, y su tacón se rompió, torciéndole el tobillo tan fuerte que pensó que se había roto, y seguro como el infierno que dolía como un condenado.
Cayó a la arena con un golpe sordo y grito. Joder si, grito.
– Mierda. – Draco apareció en su campo de visión pero solo por un momento, las lagrimas le nublaron la vista.
Lagrimas comenzaron a agruparse en sus parpados aunque se negaba a dejarlas caer. Nah, era una gallina y por eso lloraba de dolor.
– Esta bien nena, esta bien. – Draco le acaricio la mejilla, limpiando su cara, antes de que llegaran mas lagrimas. No quería llorar, de verdad que no, pero eso iba más allá de ella y su voluntad. Dolía, dolía, dolía…. Demasiado.
– Pansy, escúchame. – Draco la tomo de ambos lados de su rostro. – Escúchame, ¿estas escuchando? –
Ella se las arreglo para asentir.
– Bien… – El suspiro preocupado. –Seguramente me odiaras por esto pero tengo que moverlo para ver si no esta roto. –
Pansy se encogió ante el pensamiento. "No lo esta", quería decirle, pero él lo movió de todas formas, y ella olvido lo que iba a decir.
Le hubiera gustado decir que soltó un quejido lastimero pero en realidad fue un grito con todas sus letras.
– Esta bien nena. – Draco le dio un beso en la frente. – No parece roto. Tenemos que llevar al hotel. –
No podía mover su pie, y mucho menos caminar. Debió de adivinar sus pensamientos, porque le contesto.
– No te preocupes, te llevare cargando. – Draco se arrodilló a sus pies y le desato ambos tacones, el derecho con especial cuidado, y aun así a Pansy le dolió. Ella trato de incorporarse, solo un poco, para poder subir a su espalda. Sospechaba que Draco quería llevarla en brazos, pero eso era demasiado humillante… es decir, mas humillante todavía.
Después de unos quejidos por parte de ambos, Draco comenzó a caminar en dirección al hotel. El tenía ambas manos en sus piernas y caminaba con cuidado. No pudo resistirse a rodearle los hombros con sus brazos y recostar la cabeza en su espalda. Ahora que estaba cerca, un dolor tan insignificante como el de su tobillo no era suficiente como para distraerla de su cercanía.
Dormito un poco, porque cuando estuvo más consciente, pudo notar que estaban subiendo en el elevador.
– Siento despertarte nena, pero no encuentro la llave de tu habitación, así que la mía será… –
A pesar de que estaba medio dormida pudo notar que ni siquiera estaban frente a su puerta, era la de Draco, iba a echarle la bronca un poco por eso pero una voz un poco demasiado familiar la interrumpió.
– Pensé que estabas en una reunión de negocios, o es así como lo llamaste. – La voz venia desde atrás, pero incluso sin voltearse, Pansy sabia quien era.
– William. – Draco pronuncio su nombre lentamente, saboreando las vocales, pero no parecía sorprendido. Todo lo contrario a ella.
– ¿Qué demonios haces aquí? – Su enojo fue suficiente como para que se olvidara del dolor de tu tobillo. Y de que estaba sobre la espalda de Draco.
Se bajo de un salto y casi se muere del dolor, pero lo rechazo con furia.
Como se atrevía? ¿Ahora la estaba siguiendo? Que gran hijo de…
– He estado intentado localizarte –
– No me digas Sherlock… – Trato de que no la afectara tanto verle, pero que mierda, no podía evitarlo. Como no podía evitar estar enojada con el.
– No respondías mis llamadas… – El dio un paso hacia ella y ella retrocedió otro, aunque el tobillo protesto como un maldito.
– La mayoría de las personas captarían la indirecta después de las primeras treinta llamadas que fueron directo al buzón de voz. –
– Solo déjame verte un poco linda… mírate. Eres una mujercita realmente bella. – El parecía realmente afectado. Siempre había sido un buen actor…
– ¿Qué haces aquí? – Repitió. – No deberías estar con tu queridísima Irina? O con tu esposa numero cuatro? –
– Pauline… vine porque tenemos que hablar, nena. –
– No hay nada, nada de lo que tenga o quiera hablar contigo… padre. –
– Solo quería verte.. –
– Pues lo has hecho. – Pansy extendió los brazos y dio una vuelta sobre si misma, para que la pudiera ver entera. – Ahora puedes irte por donde viniste.
– Pans… nena. – Draco la retuvo del brazo. – Solo dale un oportunidad.
– Le he dado cientos. Y siempre lo arruina. – Ella le frunció el ceño. El estaba de su lado.
– Él era un idiota lo se… –
– Dudo mucho que eso haya cambiado. Y tu… tu –
– Exacto tu. – dijo William apuntando a Draco. – Te dije que la cuidaras y la ayudaras no que te acostaras con ella y la trataras como el sabor de la semana.
El comentario la golpeo con fuerza. Draco sabia? Desde antes? Draco había ido por ella porque William se lo había pedido?
Que graaan idiota!
Ella lo asesino con la mirada y se alejó caminando… corrección. Se alejó cojeando lo más dignamente posible.


– ¿Qué te parecio la barbacoa? ¿Te divertiste? –
– Aha – Fue lo único que tuvo las fuerzas para responderle.
– ¿Estas bien? No has dicho una palabra desde que bailaste con Blaise. –
– Aha... –
– ¿Podrías decir algo mas aparte de "Aha"? –
– ¿Qué te parece "imbécil"? – Alice se agacho para desabrochar sus zapatillas. – Esa es una palabra. –
–Creo que me quedare con "aha" –
– ¿Sabes lo que no entiendo? ¿Por qué hacerme cambiar mi apariencia y hacerme sentir como una persona si de todas formas me presentaras como la prostituta que contrataste para pasar el rato?
– Yo no te presente como tal. Si te pareció asi, lo siento. Acepta mis mas sinceras disculpas. – Pero no parecían sinceras en lo absoluto.
– Pero les dijiste. –
– Por supuesto que les dije, son mis amigos. – Y lo seguirán siendo después de que te vayas, parecía decir su voz.
– Me quiero ir. –
– Oh vamos… ¿solo por decirlo? No estaba consiente de que teníamos que guardarlo como el Santo Grial o que era un asunto de Seguridad Nacional. –
– Olvídalo Nott. – Comenzó a reunir toda la ropa que había comprado los últimos días, pero era demasiada para llevarla consigo. Pues que se jodiera… estaba acostumbrada a dejar cosas buenas detrás.
Él era un maldito idiota. Un jodido lobo disfrazado de cordero. ¿Por qué hacerla cambiar de apariencia si de todos modos seguiría siendo Alice la prostituta. Al menos cuando estaba en su ropa de trabajo podía enfrentarse al mundo con la frente en alto y sin comprometer su identidad. Y mierda, que estúpida había sido por creer que Theodore la veía como una persona. Como Alice. Solo Alice.
– No puedes irte. Eres mía – ¿Suya? ¿SUYA?!
– ¿Qué eres? ¿Mi chulo? Crees que puedes pasarme con tus amigos, no soy un juguete. – Se paro frente a él, una batalla de miradas.
– Sé que no eres mi juguete Alice. – Desabrocho su corbata. Tal vez la conversación se estaba haciendo demasiado acalorada para el.
– No me posees. – Se dirigió al baño, donde tenía su cepillo de dientes. Donde lo había dejado al maldito?
– Alice, te estoy hablando. Regresa aquí. – Theo elevo el tono de voz, realmente debía de estar molesto. – Detesto señalar lo obvio, pero eres una prostituta y además mí empleada…–
–Tú no me posees ¿de acuerdo? Yo decido. !Yo digo quien, yo digo cuando y yo digo cuanto! –
– Me niego – Él ahora estaba gritando. – Me rehusó a pasar los próximos días peleando contigo. Te contrate exactamente para evitar estas cosas. Dije que lo sentía, y lo decía en serio. Y es el fin de esto. –
– Pues yo siento haberte conocido. Siento haberme acercado a ti en el bar. Y siento haber subido a tu estúpida habitación. – Su voz se quebró y se odio por ello. Guardo su cepillo en su bolsa y se puso sus zapatillas de nuevo.
– Oh como si tuvieras otras opciones mas tentadoras. – Theo se quito el saco y hasta trato de abrir una botella de agua, parecía realmente enojado.
– Nunca nadie me había hecho sentir tan barata como tu lo hiciste. –
– De alguna forma, lo encuentro bastante difícil de creer. ¿Te trato como una prostituta? Y ¿por qué será? –
Se abrazó a si misma. Eso le había dolido. Se dirigió a la puerta.
– ¿A dónde vas? –
– Quiero mi dinero. Me quiero ir de aquí. –
– Ese no era el acuerdo. Eres mía. –
Ese maldito hombre tenía problemas. Y era momento de ponerlo en su lugar.
– Haz olvidado la cosa más importantes sobre las prostitutas. –
– ¿En serio? Bueno, tú eres la experta, tú dime. –
– No las compras, solo las rentas. –
Theo pareció comprenderlo porque de pronto todo su enojo se había ido, para dejar en su lugar una mascara de indiferencia. La maldita mascara con la que vivía.
Abrió su billetera y arrojo el dinero sobre la cama. Después se alejó de ella, y se dirigió al balcón. No le rogaría que se quedara, pero ella ya sabía eso.
Alice ni siquiera miro el dinero de camino a la puerta.
Él era el idiota más enorme que hubiera puesto pie sobre la Tierra. Y ella era aun mas idiota, por creer que él podría verla como algo mas de lo que era. Una vendedora de caricias.


– Pansy, Pans espera por favor. – Draco caminaba detrás de ella, pero no se iba a detener, le faltaban unos pasos para llegar al elevador.
– Aléjate, traidor. –
Se mordió la lengua cuando su tobillo protesto de nuevo y echo a correr al elevador antes de que se cerrara. Dejando a un enojado Draco afuera.
Cuando salió, él estaba ahí, debió de usar las escaleras el muy tramposo. Aunque parecía bastante agitado.
– Podrías, por favor, detenerte para que pueda recuperar el aliento y hablar? –
– No. – Ella lo empujo al pasar y se dirigió a su habitación. Saco su llave de la bolsa de sus pantaloncillos, y entro.
Trato con todas su fuerzas cerrársela en su cara, pero él era mas fuerte. Y estaba decidido a entrar.
– Vete. –
– No hasta que hablemos. – Él puso su pie antes de que pudiera cerrarle la puerta en la cara.

– Llamare a seguridad. –
– Hazlo. El jefe de seguridad es mi amigo… seguro que te ignora si se lo digo. –
– ¿Quieres hablar? Bien. Hablemos. – Se mordió el carrillo de la mejilla para no soltar un grito de frustración. Rubio idiota!
– Escucha Pans. Se lo que estas pensando… –
– No lo intentes. – Lo interrumpió ella. – No lo intentes y me digas que estoy pensando y que estoy sintiendo porque no tienes ni una jodida idea. –
– Tu padre me localizo en cuando llegue a Londres, me comento del estado en el que se encuentra su empresa, y también me hablo de ti. Y dijo que tenía que ir a buscarte y convencerte de venir a Cabo. –
– No le pediste mi dirección a mi madre… – Entendió ella de repente.
– No. Fue el. –
– Entonces si no fuera por el… –

– Hubiera ido por ti sin importar el, pero probablemente nunca se me hubiera ocurrido traerte hasta aquí. Fue el Pans, porque estaba preocupado por ti y por qué el piensa que tienes potencial… –
– Oh no lo defiendas ahora, tu rubio traicionero. – Pansy lo apuntó con el dedo amenazadora. No sabía si era el enojo, el alcohol o el dolor, pero su lengua se soltó. –¿Quieres hablar? Bien, hablemos. ¿Qué hay de la vez que te fuiste del maldito continente y no dejaste ni una jodida nota? –
Draco se detuvo de cualquier cosa que iba a decir.
– Exacto. Hablemos de eso. – Al parecer había encontrado un tema del que él no quería hablar.
– ¿Qué hay con eso? –
– Como... como demonios puedes irte un día y nunca llamar, ni siquiera para saludar. Ni siquiera para decir, "He tíos, he llegado bien a donde quiera que este ,pero estoy bien. No se molesten… les mandare una tarjeta para navidad". Es decir… éramos amigos… y de repente me despierto un día y me dicen que estas en otro jodido continente. –
– No podía quedarme. Todo era demasiado…
– Pero tenías que hacerlo. Tenias que quedarte. – Ella no quería, pero las palabras no dejaban de salir. – Por mi.
– Por ti... eras un maldito desastre Pansy. Todos lo éramos. Si me quedaba me iban a arrastrar con ustedes. –
– Bueno no te quedaste para ver el desastre que dejaste detrás o si?, salimos juntos del hoyo y nos las arreglamos bastante bien sin ti.
– Pues me alegro. – Al parecer él se había cansado de pedir perdón. Y ahora estaba molesto. – Pero tenía que irme y no te atrevas a reprochármelo. Es mi vida. –
– Pensé que éramos parte de ella. –
– Lo eran. Y aun lo son, los extrañaba es por eso que regrese. –
– Pues te hubieras quedado allá. Todos estábamos mejor sin ti. Mira lo bien que resulte. – Ella sonrió sarcástica. – Soy una mesera con problemas psicológicos, Theo y Blaise son empresarios, que más podrías pedir.
– No empieces con esto Pans\y. No pienso contradecirte y decirte todas las cosas que quieres escuchar solo porque quieres sentirte mejor contigo misma.
7*– Estoy feliz de que la tregua que teníamos se haya terminado. Fingir que me agradabas era exhaustivo. – Le dijo ella, sintiendo algo en el estomago. Era la maldita furia. Estaba enojada con el. Por haberla traicionado, por el hecho de que si su padre no se lo hubiera pedido no hubiera ido por ella. Lo odiaba por haberse marchado pero lo odiaba más por haber regresado.
– Bien por mí. Nuestra sangre esta hecha para repelerse. Nunca podríamos ser amigos. – El dio un paso hacia ella. Y ella permaneció retrocedió otro poco. – Y después de lo que paso esta noche, ver como tratabas a tu padre, nunca podrías gustarme. –
– Nunca podrías gustarme tampoco. De hecho… Te odio. – Exclamo ella. Draco dio otro paso hacia ella, y Pansy retrocedió otros dos.
– Nunca había odiado a alguien tanto. – dijo el. Hablaba con un timbre profundo, y no necesariamente siniestro. Sus ojos no se apartaban de los de ella.
– Cada fibra y nervio de mi cuerpo es electrificado… por odio. –
– Hay una maldita bola de fuego hecha de furia y odio dentro de mi, lista para explotar… – Ahora estaban a centímetros el uno del otro.
– Entonces… estamos de acuerdo. Nos odiamos. – Declaro ella con un hilo de voz.
– Estamos de acuerdo. –
El la agarro del cuello y entonces lo supo. No era furia u odio lo que sentía. Era tensión.
Él la beso con furia, con enojo, al parecer le transmitía sus palabras frustradas a través de besos furiosos. Ella también lo beso, se estaba vengando de él, así que le mordió el cuello y le clavo las uñas en los hombros.
Ella lo iba a usar, y después lo dejaría.
Draco la alzo a volandas e hizo que envolviera sus piernas alrededor de su cintura. Camino unos pasos hacia adelante hasta toparse con la mesa donde suponía, las personas decentes se sentaban a escribir o a comer.
Siguió besándole el cuello y estaba segura de que dejaría un chupetón, o tal vez mas de uno. No le importo, tiro de su cabello y le hizo mirarla a los ojos.
– Idiota – le dijo. Pero el solo sonrió engreído y continuo. Ella comenzó a tirar de los botones que unían su camisa, rompió algunos y otros salieron ilesos. Él le hizo levantar los brazos para sacarle su blusa por la cabeza. Se miraron unos momentos a los ojos, ambos con las respiraciones agitadas y el deseo en los ojos. Draco limpio todo de la mesa e hizo que se acostara en ella. El la admiro desde arriba y no pudo evitar sentirse un poco tímida.
Draco el entrecejo, después la punta de su nariz, pero no la beso como era habitual, paso su mano entre sus pechos y hacia su estomago. Y así, con un simple movimiento de manos, Pansy se olvido de sus inhibiciones.


8* Bien. Si ella se quería ir, que se fuera, no la necesitaba. No necesitaba a nadie. Era una prostituta. Era sustituible, podía bajar al bar y encontrar a otra. A una mejor. Una que no rezongara ante cada petición y que no lo usara como colchón humano. Una que no esperara más de lo que él le iba a dar, y una que no fuera tan sensible ante su profesión.
Pero no quería a nadie mas, quería que fuera ella, maldición. Quería que fuera ella quien se restregara desnuda entre sueños contra el, quería que fuera ella quien se alejara de el con ese cabello rojo ondeando al viento como una maldita bandera.
Pero ella se había ido, y ni siquiera había tomado el dinero. Aun no entendía esa parte. ¿Por qué no? Nada tenia sentido, especialmente no con dos Jack Daniels encima.
Theo sacudió su cabeza y decidió, que esa botella seria la ultima. Bueno, hace dos botellas había decidido que seria la ultima pero… que mierda, era una sensación de bien fabricada por ángeles celestiales, quería emborracharse para olvidar. Y no es porque estuviera dolido o algo. Más bien era porque estaba enojado con Alice. Una persona que hace un trato no lo deshace solo porque el rumbo que tomo no le gusta. Una persona seria ase compromete y si da su palabra, la cumple. Así de simple…. Joder, ahora estaba hablando como su padre.
Theo apuro el trago antes de acercarse al balcón. Solo deseaba haberla besado fuerte antes de que se fuera. La extrañaba solo porque ella se había ido primero, si hubiera sido al revés ni siquiera recordaría su nombre. Quería hablar con ella y decirle que era la mejor compañera con la que había estado en años. Eso si lo podía hacer y no seria mentir.
Joder, casi lo sentía en el aire. Lo sentía en todas partes. Tristeza veraniega.
Esa tristeza que quedaba después de dejar a un buen amante, pero lo tenias que dejar ir porque el verano casi acababa… Excepto que esta vez no había a nadie a quien dejar, porque ella se había ido.
Theo frunció el ceño y se froto el pecho. No le gusto esa sensación, ahora que Alice no estaba era más consciente de lo solo e infeliz que había estado antes. No le gustaba sentirse así, y esa maldita canción no lo estaba ayudando para nada.
Pero no lo iba a quitar, era el último vestigio, la única prueba de que Alice había pasado por ahí y de que no era producto de su imaginación. Ella había hecho una lista de reproducción en su IPod. Era la quinta vez que la escuchaba.
No quería dormir, el sueño no era su amigo. Menos ahora. Tal vez toda no estuviera tan jodido como pensaba. Tal vez… si iba con Alice y le ofrecía mas dinero ella volvería. Es decir, tenia que volver, ¿por qué no habría de hacerlo?
Eso es lo que haría. Llamaría a Harry, el mejor investigador privado que conocía en Cabo, lo pondría a buscar a Alice y después hablaría de negocios con ella. A ella no le quedaría más remedio que aceptar.
Se recostó en la tumbona y observo las estrellas, antes de caer en sueños sobre pelirrojas irresistibles que lo usaban como colchón humano.


– Me sentí casi como esas parejas heterosexuales que tienen barbacoa los domingos después de misa. Por supuesto hay varias cosas que fallan en mi fantasía… – le dijo mientras regresaban a su habitación, después de haber limpiado
– No somos heterosexuales… – Comenzó George.
– No vamos a misa. – Siguió él.
– Y no somos pareja. –
– Pero no por mucho tiempo… – Blaise no pudo resistir la tentación y lo acerco a él. Lo beso. Lentamente, dulcemente. Perfectamente. O al menos así fue para él.
– Vas a quemarme, Ícaro. – le dijo George, interrumpiendo su beso. –
– Creo que estas equivocado ahí, vaquero. Yo soy la polilla, y tu la pequeña bombilla en la oscuridad. Y voy a quemarme, lo se. – Blaise le sonrió con dulzura. – Ma varrebbe la pena... –
Con la cadencia perfecta, el italiano es considerado el idioma de la seducción. Él lo estaba haciendo a propósito. Pero no podía evitarlo, a veces las palabras salían primero en su lengua madre, antes de que tuviera oportunidad de traducirlas en su mente.
– No sabía que hablaras italiano. –
– Georgie… ¿no te dije que mi madre era de Toscana?...– Sonrió al ver lo distraído que era.
– Creo escucharte mencionarlo… –
Blaise volteo sus ojos divertido.
– ¿Qué significa "brama sole"? – preguntó, probablemente no era "tan" distraído, si había visto el nombre de la avioneta.
Bramasole – lo corrigió el con su impecable acento. – Brama de bramare, añorar, Y sole de sol. Añorar el Sol. Lo nombre por ti… – Confesó.
– Claro que lo hiciste. –
– No estoy mintiendo… –
– ¿Podemos hablar de otra cosa que no sea tu intentando halagarme y llevarme a la cama? – George realmente parecía incomodo con los halagos. ¿Qué estaba mal con las mujeres… o los gays en este caso? Quieren cumplidos, se pasan horas diarias arreglándose para que se los dediquen, pero cuando los obtienen no tienen ni idea de que hacer con ellos.
– No soy bueno con ese tipo de conversaciones. – Blaise se dirigió al mini bar. Tomo una botella vino, para variar, y dos copas. Quería algo tranquilo para beber, y el whiskey solo lo arrastraría por el camino de la tentación y los pecados por cometer. Después se dirigió al balcón de su habitación. Donde estaban las tumbonas, esperando que él lo siguiera. Y lo hizo. ¿Qué más podría hacer?
– ¿En que eres bueno? –
Eso lo ofendió un poco…. La pregunta debería de ser.. ¿Qué no puedes hacer?
– Da la casualidad de que soy un excelente juez de carácter… –
– Si eso es un juego, suena como algo aburrido. –
De pronto, recordó un viejo junto que había aprendido mientras vivía en Sicilia.
– Por supuesto que no es aburrido. Y pasa que si es un juego. Así es como funciona… hago una declaración sobre tu pasado. Si estoy bien, tú bebes. Si estoy mal, yo bebo. Y no mentiras… sabré si estas mintiendo.
– No quiero jugar este juego. – George hizo un puchero mientras se tumbaba a un lado de él.
– Bien… empecemos. –
– No quiero jugar… – "Llorón" se abstuvo de llamarlo así, probablemente solo servivia para empujarlo en al dirección contraria.
– Es divertido… solo piensa en el montón de diversión que tendremos. – Y lo borrachos que estaremos le falto agregar. – Tu madre era un ama de casa… – Afirmo después de llenar ambas copas.
– Bebe. –
Él bebió, a regañadientes.
– Tu padre… vivía contigo pero nunca se intereso demasiado en tu educación… –
George soltó una carcajada aunque no de alegría.
– Bebe. –
– ¿No establecimos las reglas acerca de mentir? –
– Bebe. –
– Bien… – Volvió a llenar su copa y volvió a vaciarla. Al parecer era un vino fuerte. – Te enamoraste una vez… pero resulto tan mal que nunca te permitiste a ti mismo volver a querer a alguien… Oh no espera, ese soy yo. – dijo con una mueca, lleno su copa y bebió de nuevo. –Tu…. Querías una vida diferente. Viniste de un lugar pero querías estar en otro muy diferente. –
– Todo el mundo puede relacionarse con eso… – George se concentro en las estrellas encima de ellos.
– Oh datos específicos entonces… – La lengua de Blaise empezaba a trabarse un poco. – Querías llegar a otro lado, pero ¿como llegar ahí? No creo que ser un trabajador de la vida galante sea para ti… una persona de clase media con poco dinero…. –
George acerco la copa… pero no la bebió.
– Bebe. –
Blaise parecía ofendido.
– ¿Estas seguro...? –
– ¡Bebe! – le dijo acercándole la copa. – Y si alguna vez hablas de mi padre o de mi madre de nuevo, te separare los ojos de tu cabeza. –
– Georgie... si te ofendí de alguna forma… –
– Es mi turno ahora. – Al parecer no quería sus disculpas.
– Bien. Pregunta… Trata de penetrar el enigma que soy yo. – Blaise volvió a beber, aunque no por el juego.
– ¿De quien estabas enamorado? –
– No es la forma en la que funciona el juego. – Él se incorporo sobre un codo para poder mirarlo a la cara.
– No me importa la forma en la que funciona el juego… – George hizo lo mismo.
– No te contare eso. No te gustara la respuesta. Además…exijo un quid pro quo… –
– ¿Un…? –
– Ya sabes… como lo que hizo el Dr. Lecter con Clarice Starling… – Ante la cara de confusión de George, Blaise se explico. – El silencio de los corderos…. No? Bueno… el concepto básico es: Yo te doy algo, y después tú me das algo a cambio. En este caso, yo te cuento una historia emocionalmente perturbada y tú después me cuentas una a mi. Quid pro Quo, algo por én puede ser do ut des,doy para que des… – Blaise sacudió la cabeza. – Me distraigo. Es el alcohol, dispersa mi mente… –
Si claro… el alcohol. No tenia nada que ver en lo lindo que se veía con la luz de la luna cayendo sobre el.
– ¿Entonces que dices? –
– Bien… pero tu comienzas. –
9*– Todo esto ya lo sabes Georgie. – Blaise jaló su tumbona hasta que no hubo espacio entre ellos, y le aparto un mecho de la frente. – Cuando conocí a Angelique… – Pudo notar como los ojos de George se estrechaban. Pero él ya le había advertido, no preguntes si no te gustara la respuesta, era su lema. – Era apenas mas que un niño, corriendo de aquí para allá, era solitario, con tantos viajes no alcanzaba a hacer amigos reales, y después de un tiempo deje de intentarlo. Pero Angelique siempre estuvo ahí, siempre. Incluso cuando mi madre fallaba, siempre podía acudir a Angelique, porque ella siempre estaba interesada en todo lo que decía. Porque ella siempre tenía tiempo para mí. Incluso antes de comenzar a tener sexo con ella, yo ya estaba enamorado, o eso creía yo. Besaba el piso por el que pasaba y miraba hacia otro lado cuando ella hacia algo malo. Y después todo se multiplico cuando empezamos a dormir juntos, fue unos días después de que cumplí los quince. – Decirlo en voz alta no hacia que se viera mejor, por desgracia.
– ¿Cómo término? – Por un momento se permitió recordar, y George lo había sacado del ensimismamiento con su pregunta.
– Te lo dije antes. Cuando cumplí dieciocho. Un día después para ser exactos. – Blaise esperaba que Georgie no hiciera los cálculos matemáticos porque de otra forma….
– Espera… – Nop, los dioses no había escuchado sus plegarias. – Si comenzó cuando tenias quince y termino cuando tenias dieciocho… en ese periodo estabas en el Instituto… –
– Aham… –
– En Londres… –
– Aham –
– ¡Cuando salías con Pansy! – La voz de George fue un chillido incrédulo.
– De acuerdo si, pero escucha. Lo de Pansy fue sincero y fue real. Me gustaba. Fue por eso que deje de ver a Angelique, por lo menos todo el tiempo que estuve con ella. Pero cuando terminamos… bueno. Esa es otra historia. –
George parecía demasiado dispuesto a creer solo las malas cosas de el… "Hombres" suspiro. – Bueno, en que estaba antes de que me interrumpieras? Oh si, mi cumpleaños. Fue una pequeña, pequeña fiesta. Solo mi madre y Angelique, pero yo no podía pedir más. Como mi madre era un desastre en cualquier asunto de cocina, fue Angie quien se encargo de hacer el pastel, porque según ella, cuando se trataba de personas especiales que celebraban ocasiones especiales… ameritaba un pastel especial. – No pudo evitar usar su apodo cariñoso de ella. Porque ese recuerdo era uno de los mejores que tenia, y siempre lo atesoraría de tal manera. No importaba si la mujer que había conocido ahora era una perra. Al parecer Georgie también lo noto, pero no dijo nada. – Entonces, después de una de las mejores sesiones de sexo de despedida que jamás he tenido… Ella dejo caer la bomba sobre mi. "El tiempo pasa" me dijo "El tiempo se mueve, y es hora de moverse con el. Es tiempo de dejar esto Blaisie." Solo utilizaba ese horrible sobrenombre cuando se podía sentimental. Y… esa es la historia. Ahora es tu turno. – Tomo un trago de vino de su copa. Esos recuerdos siempre eran malos para su salud mental, mas valía matarlos con vino antes de que echaran raíces en su cabeza.
– No quiero. – De nuevo estaba haciendo esos pucheros. Uno pensaría que en un hombre adulto los pucheros se verían mal… pero en el, no.
Quid pro quo. – Le recordó.
Tras un momento de silencio, George se incorporo completamente en la tumbona, lejos de él. Y comenzó a hablar, aunque no parecía muy complacido de tener que hacerlo.
– Dijiste que mi madre era ama de casa, ella era vendedora de bienes raíces, y una muy buena, debo agregar. Por lo que nunca estaba en casa. Mi padre era escritor, trabajaba en casa y él se encargo de criarme. Criarnos, a mi y a mi hermana, Grace. La pequeña Gracie... – George soltó un pequeño suspiro. – Dijiste que mi padre nunca se intereso en mi educación… joder, desearía que ese hubiera sido el caso. El problema era que se interesaba demasiado. Siempre sobre mi, llenándome la cabeza de tonterías racistas y superficiales, porque teníamos dinero, otra cosa en la que te equivocaste. Teníamos dinero, gracias a mi abuelo. Bueno… – El volvió a suspirar y Blaise supo que la historia emocionalmente perturbadora… aquí venia. – Siempre pinte, y Gracie siempre me alentó a hacerlo, era bastante fabulosa al respecto. Ella era mayor que yo, ella solía…. Bueno ya sabes, yo era demasiado joven o inocente como para comprender que había algo malo al respecto, además ella era tan natural al respecto… ella solía posar desnuda para mí. – Blaise hizo lo mejor que pudo ocultando su cara de asombro. – Siempre pensé, o supongo que asumí mi padre sabía al respecto. Un día el entro en mi pequeño estudio, y nos encontró…. – George cerro sus ojos. Y Blaise estuvo a punto de decirle que parara, pero no lo hizo. – Y el comenzó a gritar, recuerdo que yo intentaba defender a Grace, intentaba razonar con el, y entonces dije la cosa mas estúpida… "Ella no esta desnuda, es arte." Y el comenzó a golpearme, me golpeo hasta la inconciencia y rompió mi brazo derecho. Pero me enseño una lección. Él supo lo que era antes que yo. Después de eso no me hablo demasiado por un par de años, hasta la mañana en la que preparaba mis cosas para irme a la Universidad.
Entro a mi cuarto, extendió su mano y estaba llena de dinero. Un fajo enorme de asqueroso dinero. Y dijo: "No quiero que nunca regreses. Nunca." – Su voz empezó a quebrarse… – Y yo lo agarre y lo abrace, solo por un momento. Y él se dio la vuelta y salió. Fue la última vez que lo vi. –
Blaise no sabía consolarlo, no sabia que hacer para curar el dolor de Georgie, así que solo actuó por instinto. Hizo algo que le recordó a su madre; se dio un pequeño beso en la palma de la mano y después lo llevo a la mejilla de Georgie. No pretendía nada ni tenia intenciones escondidas, solo confortarlo. Solo estar con el y hacer que se apoyara en e, porque parecía frágil y tan solo…
George beso la palma de su mano. Lo sorprendió y lo emociono a partes iguales. Entonces, el hizo la cosa mas extraordinario, lo tomo del cuello y lo beso. Con sus labios tímidos y tiernos pidiéndole consuelo. Estaba tan extasiado que bien podría haber muerto de alegría. Le estaba pidiendo algo mas, porque comenzó a restregarse contra el.
Tuvo que hacer acopio de sus fuerzas y separarse un poco de el.
– Georgie… estas seguro? – Lo tomo de la cara para que lo viera. –
Él se limito a asentir y volver a besarlo.
– Solo hazme sentir mejor de nuevo Blaise. –
– Tus deseos son ordenes… –
Lo recostó contra su cama improvisada y se puso a ahorcadas sobre el. Sobre todas esta era su postura favorita. Todo era acerca del control. Además la naricita de George se veía especialmente bien desde arriba.
Comenzó a desabrochar su camisa, lentamente. Y a regar besos por la piel descubierta. Tenia ganas de marcarlo, marcarlo en algún lugar visible, solo para declarar que él era suyo, y viceversa. En lugar de eso, se saco la camisa por el cuello y estaba intentando hacer lo mismo con sus pantalones, pero su hebilla simplemente no parecía querer cooperar. Tal vez era una señal… no aprovecharse de el mientras estuviera tan vulnerable.
– Déjame a mi…. –
Pero no quería cambiar de posición y simplemente comenzó a frotar su entrepierna con al de Georgie, al parecer dio resultado porque lo distrajo de su objetivo. Por los gemidos de George al parecer si estaba funcionando. No es que él se quejara, besarse era lo que pensaba, el límite de Georgie. Sus mejillas comenzaron a sonrojarse y los ojos a brillar, estaba seguro de que en cualquier momento terminaría. Comenzó a frotarse mas rápido, sé inclino un poco para que el ángulo mejorara. Todo era acerca de los ángulos, Blaise lo beso, fuerte y cuando George termino temblando y retorciéndose debajo de él, le clavo las uñas en la espalda, seguramente dejaría una marca. Sonrió ante la idea, entonces él también le dejo una marca en el cuello. Visible para todos y uno más abajo, sobre su corazón.
George abrió los ojos durante un momento y le dirigió una dulce sonrisa.
– Eso fue… –
– Lo se. – le respondió engreído.
Antes de que pudieran decir algo más, alguien llamo desde adentro de su habitación.
– Blaisie? Donde estas dulzura? He venido a alegarte la existencia… –
El corazón de Blaise dejo de latir por una milésima de segundo al reconocer la voz. Esperaba que no se dirigiera al balcón, ella no sabía nada sobre sus preferencias.
Pero por supuesto, los dioses lo estaban ignorando deliberadamente.
– ¡Blaise!? – Su voz paso de ser seductora a chillona en menos de un segundo, pero ya sabia por qué. Lo había visto sobre Georgie, y se dirigía hacia ellos. Eso le irrito, ella no tenia derecho a entrar a su habitación, sobre todo no cuando estaba compartiendo algo tan especial con George.
– Oh – el fingió verla por primera vez y le dirigió una mirada aburrida. – Angelique… que sorpresa para nada agradable… –
Sintió como George lo atacaba con la mirada, pero no lo miro.
"Así es, Georgie" pensó con amargura " Esta es la famosa señora Robinson y ha decidido venir a visitarnos"


Y eso es todo… uff casi muero en el intento, he de decirlo. xD no estoy segura de si estaba tratando de compensarlas por el retraso así que el resultado del capitulo son 52 paginas de Word, aun sin editar. :D No lo hice a propósito u.u solo escribia y cosas salían de mi mente y se iban a mis dedos, no planee casi nada de esto, pero me gusto el resultado. xD lo se, este capitulo debio llamarse " ¿Quieres hablar? Bien hablemos…." Tantas peleas, tantos recuerdos., solo espero que no les resultara tan aburrido….
Así que si… William es el padre de Pansy. Bueno, "padre". :D aunque espero que a nadie le caiga especialmente mal.. xD
Charlie es una pequeña cosita inesperada pero me gusto esa escena, supongo que la imagine como la pequeña Pansy.
En este capitulo intente mostrar la historia desde las perspectivas de los hombres, aunque no estoy segura si lo logre.
Oh y casi lo olvido.
nuestra querida señora Robinson ha llegado a Cabo Verde.
Y se preguntaran, que hay acerca de esta ciudad que todos quieren ir alli. Y casualmente los enemigos del pasado se encuentren…
No me culpen u.u antes veia demasiadas novelas… xD el caso es que todo tiene un motivo y ya lo verán próximamente. :D
Entonces… si eso fue el capitulo 11. Espero les haya gustado, si lo hizo porfi por fi dejen un review, no importa si solo es para matarme por haber tardado tanto xD

Stay Young and Live Forever
Sunshine