Hermione despertó al escuchar a una pequeña lechuza golpear el cristal de la ventana con el pico.

Le costó asimilar que aquel ruido era parte de la realidad y no de sus sueños.

Corrió con delicadeza la fina cortina de la ventana y observó a la pequeña Pidgeon, que la miró con sus grandes ojos. Abrió la ventana y tomó la carta que le ofrecía, el ave voló hasta los pies de la cama, donde se sacudió las plumas y se acurrucó bajo la atenta atención de Crookshanks.

"Querida Hermione:

¿Qué tal en Francia? Imagino que aquello tiene que ser precioso, me gustaría mucho poder visitarte.

Por aquí las cosas van bien, estamos todos excepto Percy que, según él, tiene mucho trabajo. Eso pone muy triste a mamá pero como somos tantos mantiene la mente ocupada encargándose de la casa. Cuando no tenemos que ayudarla jugamos a Quidditch, así que te echamos en falta por que nunca conseguimos ser pares, jajaja.

Por cierto, el día de la vuelta en el tren Dean me pidió volver y le dije que necesitaba un tiempo para pensármelo, sinceramente la decisión es difícil teniendo aquí a Harry, que últimamente parece demasiado atento, llámame loca pero le he pillado mirándome a menudo.

No sé qué hacer la verdad, incluso he pensado en lanzarme para ver como reacciona porque ya no aguanto más...

Espero noticias tuyas

PD: Harry y Ron te mandan saludos

Ginny Weasley"

Hermione no pudo evitar sonreír, tanto por la carta como por lo que estaba escrito en ella, se levantó de la cama de un salto y se abalanzó sobre el escritorio.

" Querida Ginny

¡Me alegra mucho recibir noticias tuyas! Espero que estéis disfrutando las navidades y de estar (casi) todos juntos. Mándales recuerdos míos a todos y dale un abrazo bien fuerte a tu mamá.

Respecto a Harry, aprovecha este tiempo para serenarte y reflexionar, como siempre te he dicho hasta ahora, mantenerte algo alejada de él hará que de alguna manera le resultes más interesante, parece que está surtiendo efecto.

Respecto a Belle Dune, es precioso como dices, ojalá pudierais estar aquí conmigo, parece arte de magia pero pese a estar junto a la costa, nevó a nuestra llegada.

Hermione recordó a Bellatrix y se planteó contarles lo ocurrido, pero eso conllevaría un intensivo interrogatorio e involucrar a Draco, así que prefirió omitir la información.

Yo también estoy disfrutando mucho de mi familia, a penas recordaba lo bien que cocina mi abuela y mi madre se ve muy feliz. Además... me he encontrado con un amigo de la infancia ¡Quién lo iba a decir! Resulta que está guapísimo y... creo jamás he conseguido olvidar lo que significaba para mi.

Escríbeme pronto

PD: Diles a Harry y a Ron que no sean ratas y me escriban.

Hermione Granger."

La castaña envolvió la carta y después de ofrecerle unas galletitas que la pequeña lechuza aceptó gustosa, se la entregó y la vio desaparecer en el cielo nublado. Poco tiempo después, comenzó a lloviznar. No hacía mucho frío así que un tímido aguanieve se precipitaba hacia la tierra creando una atmósfera muy agradable.

A Hermione le gustaba la lluvia y su frescor, y la sensación de limpieza que dejaba tras ella, como si todo se hubiese sentido purificado.

Bajó las escaleras y salió de la casa, extendiendo los brazos en dirección al cielo y sin poder esconder la sonrisa, trataba de captar todas las gotas.

Draco la hacía enloquecer, había comprendido a Ginny a la perfección, si algo podía resumir la extraña relación que habían establecido la Gryffindor y el Slytherin era la de incertidumbre.

Abrió los ojos y vio las gotas caer sobre su cara, lo cual era algo molesto, bajó la cabeza y encontró a unos metros de distancia, lo suficientes para pasar desapercibido, a un chico rubio que la observaba inquieto, como si no encontrara motivo para acercarse a ella pero en cambio quisiera hacerlo desesperadamente.

La chica le sonrió y le saludó con la mano, ante lo cual el chico se castigó con silencio y se acercó a ella con pesar.

-Ten cuidado Granger, esta vez no podré llevarte a la enfermería- dijo sin mirarla a los ojos con las manos en los bolsillos.

La chica rió con dulzura y eso le hizo sonreír.

-¿Qué haces aquí fuera?

-Me sentía llena- dijo la chica encogiéndose de hombros

El chico la miró y levantó las cejas, indicándole que siguiera explicándose para entender.

-Te lo explicaré si me dejas invitarte a un chocolate caliente.

-No es una buena idea.

-No habrás venido hasta aquí para nada ¿No? - dijo ella y le arrastró hacia el interior de la casa.

Draco entró con cautela, como si se adentrara en un lugar desconocido, pero pronto se relajó al contemplar que aquel lugar era tal como recordaba y que nada había cambiado y se dejó embriagar por el calor del hogar mientras contemplaba a Hermione andar delante de él dando pequeñas zancadas y con el pelo ligeramente mojado.

-¿Dónde está tu familia?

-Comprando en el pueblo, creo. He estado durmiendo todo el día - dijo mientras servía un cazo de chocolate en una tetera.

Hermione indicó a Draco que tomara asiento en el sofá y sacó dos tazas.

-¿ Y bien?- insistió el chico.

Hermione se limitó a sonreír, dejó la bandeja en la mesa del café y se dispuso a servirle el chocolate a Draco. Llenó la taza hasta que estuvo llena, y lejos de detenerse continuó vertiendo hasta que el chocolate comenzó a derramarse.

-¡Para, para! Lo estás tirando todo.

La chica le sonrió y dejó la tetera sobre la bandeja.

-Somos como esta taza, llenos de ideas, más ideas, y opiniones. Por lo que, no podemos recibir más si estamos llenos. El agua de la lluvia me hace sentir viva, purifica, llegado este momento me sentía tan confusa que necesitaba vaciar mi taza.

-El chico la miró, con los ojos bien abiertos y las cejas arqueadas.

-Has perdido la cabeza ¿Demasiado tiempo con Lunática?

La chica se rió asintiendo, tomó la taza y comenzó a limpiarla considerando que en realidad todo aquello no era propio de ella.

-Pero entiendo lo que dices - dijo el chico, como molesto apartando la mirada.

-¿En serio?

-No eres la única inteligente, Granger

-Así que reconoces que soy inteligente

-Más bien una sabelotodo... ratadebiblioteca- repuso sonriendo con desdén.

La chica se echó a reír y le tendió la taza limpia para que bebiera y se sirvió ella cuando su familia entró por la cocina. Draco se irguió en su asiento con rapidez.

-Hola chicos - dijo su madre dejando las bolsas en la encimera- Cuánto tiempo, Draco

El chico esbozó una sonrisa incómoda a la señora Granger y observó como todos entraban tras ella.

-Vamos querida, seguro que quieren intimidad- dijo su abuela guiñándoles un ojo, lo cual hizo enrojecer a Hermione- ¿Te quedarás a cenar, Draco?

-No, en realidad... Ya me iba - repuso el chico, que se levantó tomando su abrigo.

Hermione chasqueó la lengua con desaprobación y bajó la mirada. Le acompañó hasta la puerta, y el chico salió sin despedirse.

Había anochecido, Draco anduvo con las manos en los bolsillos por la playa, la arena estaba mojada y comenzaba a lloviznar de nuevo.

El rubio miró la lluvia y pensó en las palabras de la castaña mientras inspiraba profundamente.

Vaciarse.

Dejar caer todo de lo que estaba lleno. Draco recordó a sus padres mirándole desde la puerta de su casa mientras se alejaba de su gran amiga. Recordó sus manos pequeñas metidas en los bolsillos como en ese mismo momento, y recordó los grandes ojos de la pequeña.

Supo que ese fue el momento en el que tuvo que renunciar a ella, y fue desde entonces cuando comenzó a llenarse de ideas, ideas y opiniones. La pureza de la sangre, la sangre sucia... jamás habían significado nada para él, pero no podía traicionar a la sangre. Él era un Malfoy.

Vio a la pequeña Hermione de 11 años en el colegio, mirándole con súplica, y recordó como se había reído de ella delante de los Slytherin. Vio nítidamente las lágrimas anegando sus ojos marrones, grabadas a fuego en su mente.

Vaciarse, a aquello se refería Hermione. Dejar a un lado todo aquello para llenarse de nuevo.

¿Era eso lo que tenía que hacer?

Sintió la lluvia fresca deslizándose por su piel, acariciándole con delicadeza, y lo agradable que era.