Sine Sole Sileo
Por Chaed
Traducción de .-SnipingWolf
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Capítulo XI
Si esa cosa no se abrazara tan fuerte a la cara de Birkin, Wesker ya le habría azotado en su tozuda cabeza.
"¡Maldita sea! ¿Pero qué te pasa? ¡Estoy intentando ayudarte!" siseó, buscando con ardor el mechero en la oscuridad. La linterna las había cascado el mismo momento que dio contra piedra dura y, gracias a Birkin, su única fuente de luz y posible solución al problema también se había desvanecido.
No le llegó respuesta a su arrebato, y tampoco es que se la esperara. No era tan difícil comprender que jugaban a contrarreloj, pero la falta de cooperación de Birkin hacía a uno asumir que estaba absurdamente ajeno a la situación. Sólo era cuestión de tiempo que aquella cosa le dejara sin aire. Una muerte por asfixia era una de las más horrendas maneras de morir sobre las que Wesker podía pensar.
En la oscuridad, sus dedos se cerraron repentinamente alrededor de la superficie fría y familiar del mechero y un momento después, alumbró sus alrededores.
Aquella cosa tenía seis patas horriblemente largas y en la punta de cada una tenía una afilada y sucia garra, que ahora se agarraba a la cara de Birkin. La piel estaba seca, peluda en algunas partes, aparte de un viscoso punto delante y detrás. Wesker no pudo distinguir muchos más detalles, ya que asumió que lo que sería el frente daba con la cara de su compañero, pero tenía una increíble similitud con una araña demasiado grande, a pesar de las inconsistencias de las patas.
Esperemos que las similitudes no estén también en el veneno o la reproducción…
Porque, a decir verdad, lo último que les faltaba era arreglárselas contra una plaga desconocida o una peculiar impregnación con algún tipo de larva alienígena.
"Te vas a estar quieto ya," le dijo a Birkin, y el tono de su voz indicaba que no toleraría ningún otro arrebato.
Cuando puso el mechero al lado de una de las patas peludas, Wesker inmediatamente olió la fetidez de pelo quemado y piel a la que salían ampollas. Como reacción al dolor que sin duda sintió, la criatura se aferró con más fuerza a la cara de su víctima, y él pudo oír un gemido apagado de debajo de su cuerpo.
Wesker continuó, pero la mano de su compañero pronto se cerró alrededor de su brazo y la apartó, esta vez más despacio. Pensó discernir un 'por favor' ronco y puso un momentáneo fin a sus acciones. Las sucias garras de cada pata se habían clavado en la carne de Birkin, haciendo que éste sangrara.
Mierda. Así no conseguirían nada.
El fuego no parecía impresionar mucho a la criatura y hundir el destornillador en la cara de su amigo era la última alternativa en la que Wesker quiso pensar. Debía haber algo más que pudieran hacer.
Cogió la linterna averiada y volvió a intentar encenderla, pero sus alrededores permanecieron oscuros. ¿Cómo reaccionaría esa cosa contra fuerza bruta? ¿Y si lo golpeaba con el tope de la linterna? ¿Se soltaría o sólo se agarraría más? Y lo más importante, ¿le haría otro daño a Birkin más que una nariz rota?
No pudo averiguarlo, pues la mano de Birkin cogió la suya repentinamente y la guió dentro de uno de sus bolsillos. Wesker resistió el impulso de querer retirarla, aún sin comprender lo que el otro pretendía. Colocó su mano en el bolsillo de la bata y ahí Wesker pudo notar un objeto. Cuando Birkin lo soltó, Wesker cogió aquel objeto.
¿Pero qué...?
Se quedó helado en el sitio cuando reconoció su forma. Era aquel pequeño cuchillo que había encontrado en el cadáver, junto al diario. ¿Pero no había dicho su susodicho amigo que lo había de haber perdido mientras caía?
No preguntó sobre aquel pequeño detalle. Birkin no podría darle una respuesta ahora, queriendo o no.
Así que, por el momento, se concentró en la situación presente. Con la pequeña llama del encendedor, la vieja hoja de la navaja brillaba con un tono anaranjado, y Wesker la colocó bajo una de las piernas de la criatura. Respirando hondo, le rezó a quienquiera que le importara y esperó que la sangre no fuera venenosa.
Aunque Birkin no podía ver lo que venía, Wesker lo pudo sentir preparándose para lo que fuera a ocurrir.
Ahora o nunca...
Con un rápido movimiento vertical, Wesker levantó el cuchillo y hundió la hoja oxidada en la carne del bicho. Chilló, Birkin se movió y, frenético, Wesker se las apañó para agarrar la extremidad que hirió. Tiró, arrancándola con fuerza hasta que sonó un crack escalofriante, y la resistencia cesó repentinamente.
La cosa gritó en agonía y pareció hundir mucho más las garras. Ahora Birkin intentó quitárselo de encima, pero Wesker mantuvo su postura. Repitió el mismo proceso con otra pierna, recibiendo más aullidos de dolor de la criatura y gemidos apagados de William. Cuando empezó a cortar la tercera extremidad, el abrazo de la criatura se aflojó y, combinando fuerzas, consiguieron catapultarlo unos cuántos metros.
A su lado, Birkin resollaba, pero Wesker no podía quedarse ahí y preguntar sobre su condición. Enarbolando la navaja, saltó hacia el bicho que aún se retorcía y le clavó la hoja de acero justo en el medio del cuerpo. Hubo un último chillido desgarrador; la cosa se desplomó y no volvió a moverse.
"Santa Madre de Dios," Birkin dijo, su voz ronca.
"Una descripción poco apropiada, ¿no crees?"
"¿Qué demonios es eso?"
Wesker se agachó junto al cuerpo y acercó el mechero. No pudo discernir una cara o una cabeza. Había una estructura que podría ser la boca de la criatura, pero era sólo una suposición. Las seis piernas yacían fláccidas en el suelo, dos de ellas sangrando y torcidas formando ángulos anormales. Era un poco desproporcionado, pero la podía comparar con una araña.
"Sea lo que sea, ya está muerto," aquilató con brusquedad.
"Nunca he visto un insecto así de grande."
"¿No?" inquirió Wesker, y resumió sus intentos de arreglar la linterna. "Creo que yo sí, y creo que tú también."
"¿Qué?"
"¿No recuerdas el proyecto PlCR-938 del Dr. Marcus?"
"¿Los Plague Crawlers...?"
"Tus típicos insectos infectados con el T: crecimiento inmenso, agresividad y producción repentina de esputo venenoso."
"No creerás que..." Birkin pareció comprender a lo que quería llegar.
"¿Por qué no?" Wesker inquirió y pulsó el interruptor de la linterna. Y en la oscuridad, hubo luz. No pudo contener una sonrisa petulante; una de las pilas debía haber fallado. Después de sacarlas y volverlas a meter, la cosa funcionaba como recién sacada de la tienda.
Volviendo su atención a su compañero, caviló, "¿Es demasiado rocambolesco asumir que este insecto entró en contacto con el Progenitor?"
Birkin hizo una mueca y se frotó la mejilla dolorida. Gotas de sangre bajaban de sus seis heridas, pero ya estaban empezando a coagular.
Como si le hubiera leído la mente, Wesker dijo, "Creo que sólo se transmite mediante fluidos corporales, y esto es sólo una suposición. Con lo poco que sabemos, podría decirse que es una especie ignorada que ha vivido aquí durante milenios."
"Bueno, pues espero que hayas acabado de borrar la estirpe de la existencia."
Era una deducción pobre, pero un mejor consuelo que pensar en tener que enfrentarse a más monstruos de esos. Una vez que salieran de allí, Wesker mandaría personalmente un equipo de reconocimiento a esas cavernas a recoger los cuerpos de los empleados muertos... y de la araña gigante.
"Me pregunto si tu arqueólogo se topó con estos seres en sus exploraciones," Birkin pensó en voz alta.
Wesker no supo responder a aquello -se maldijo a sí mismo por no prestar más atención a la causa de la muerte- pero se dio la vuelta lentamente para mirar a Birkin. El haber mencionado aquel cuerpo en particular le hizo pensar en un tema de conversación más relevante.
Antes de que Birkin pudiera moverse para defenderse, Wesker le asestó un puñetazo -y fuerte- en la cara, haciendo que se tambaleara hacia atrás.
"¡Joder!" gritó, llevándose las manos para cubrirse la boca y la nariz. Wesker había dado en el blanco.
"¡¿Te has vuelto loco?!" Birkin gritó, histérico.
"¿Yo? En absoluto," Wesker razonó, levantando la navaja ahora ensangrentada. El brillo artificial le daba un toque siniestro.
"Mi condición mental es excelente," dijo con furia. "Pero creo que no puedo decir lo mismo de ti. ¿Eres tú el que se ha vuelto loco, William?"
Con el dolor olvidado, los rasgos de Birkin se llenaron de terror. Su cuerpo se tensó, y la mano que no agarraba la linterna se cerró lentamente en un puño. Era uno de sus viejos hábitos para cuando se estresaba.
"Yo..."
"¿Tú, qué? ¿Sufriste un caso temporal de amnesia cuando te pregunté si habías visto una navaja de la forma y el tamaño de esta?"
"No entiendes-"
"No, la verdad es que no," Wesker lo interrumpió de plano, dando un paso amenazador hacia su 'amigo'. Jugueteó con la navaja efusivamente, abriéndola y cerrándola. El click-clack metálico le mandaba un escalofrío a Birkin cada vez que hacía eso. Birkin estaba tan concentrado en la navaja que Wesker no se habría sorprendido si sus ojos no se le salían de las cuencas.
"Miénteme una vez más, William," siseó, y cerró la navaja, "una vez más..." metió la navaja en su bolsillo, donde debía estar, "y desearás que no te haya salvado."
Birkin asintió casi como un autómata, pero no se atrevió a moverse. Por lo que parecía, la amenaza había surtido su efecto.
Bajando el tono de voz, Wesker habló como si nada hubiera pasado.
"Deberíamos apresurarnos. Vamos."
