Debo decir que después de tanto tiempo espero no me maten por este capitulo... algún día él iba a aparecer y sucederia algo como esto... espero saber su opinión kiss
Isa
Creciendo Juntos
Después de la tormenta…
Oh por Dios, ¿Qué le está pasando a este chico? Se preguntaba una y otra vez cuando Sam sintió sus brazos alrededor de su cintura, pero lo que terminó de completar ese sentimiento extraño fueron sus palabras. "Muchas gracias por todo lo que has hecho por nosotros, te quiero… y no sabes cuánto" La rubia quedo sorprendida, no podía respirar y mucho menos procesar todo lo que su amigo había dicho.
Entonces, su corazón comenzó a latir con furia y su respiración aumento considerablemente. Él lo sabía, la había descubierto y no sabía cómo. Sin darse cuenta, Sam comenzó a caminar de un lado al otro sin notar la presencia de Carly que la miraba con preocupación. "Muy bien, Sam, no te ilusiones… de seguro te quiere solamente como amiga o hermana, no puede estar enamorado de ti… no puede corresponderme porque él se merece a alguien mejor".
-A ver, Sam, relájate –chilló Carly con nerviosismo. – ¿Me puedes explicar qué rayos está pasando?
La rubia no le prestó atención cerrándose más en sus propios pensamientos y preguntas, sobre todo miedos. Sin saberlo, se dejó caer en el frio piso con la mirada perdida y una hermosa sonrisa apareció en su rostro. "No está molesto conmigo… no se está burlando de mí, me está agradeciendo… no tengo nada de qué preocuparme" mientras Sam se repetía una y otra vez esas palabras en su mente, Carly se preocupaba cada vez más.
-Reacciona –gritó la morena logrando su objetivo. -¿Qué está sucediendo? Y quiero la verdad.
-Yo… -Sam se sonrojó y mantuvo su cabeza gacha, "vaya que si es difícil". –Yo he estado ayudando a la Señora Benson… en el hospital… desde hace semanas.
Carly abrió la boca tanto como pudo, estaba notablemente sorprendida. Se podría decir que estaba en ese estado por el hecho de que su mejor amigo parecía o fingía preocuparse solo por ella misma. ¿Desde cuándo se preocupaba de una persona que supuestamente aborrecía?
-Pero tu odias a la mamá de Freddie –gritó sorprendida.
-Yo no odio a Marissa, ella es… solo es diferente a como imaginé –respondió encogiéndose de hombros.
-Esto es una locura, tú, Sam Puckett llamándole por su nombre de pila. Dios, mejor dejamos el tema… -dijo Carly entre risas. –Vamos por un poco de helado.
La rubia saltó del sitio donde se encontraba para perseguir a su amiga hasta la cocina, pero el insistente tocar de la puerta la detuvo.
-Tal vez a Benson se le olvido decirte algo, Puckett –gritó la morena con picardía.
Sam daba las gracias por encontrarse de espalda, no quería mostrar el rubor que adquirió su rostro por tal comentario. Pero todo se fue al demonio en el momento que abrió la puerta, era él, después de todo ese tiempo la había conseguido.
-Buenas noches, chiquita… -susurró Víctor entre dientes.
Por otro lado, Freddie estaba sentado en el sofá de su apartamento pensando. Tal vez no debió besarla, ¿o sí? Demonios, claro que quería. El castaño estaba dispuesto a darle las gracias, pero en el preciso momento que sus ojos chocaron con el hermoso azul de los suyos se encontró perdido. Nunca lo iba a admitir en voz alta aunque le aplicaran tortura, pero sintió unas inmensas ganas de besarla, tantas que le daba terror. ¿Cómo podía sentirse así con su mejor amiga? ¿Desde cuándo había dejado de sentir atracción hacia Carly y se había centrado en Sam?
Freddie se acercó a la rubia con el rostro impregnado de seriedad, pero decidido. Cortó la distancia de sus rostros y a tan solo segundos se arrepintió y beso su mejilla, no podía sorprenderla de esa forma, ella era Sam Puckett, podía arrancarle la cabeza si hacia un mal movimiento. La abrazó con todas sus fuerzas mientras que susurraba las palabras más sinceras que pudo decirle a la rubia.
Se despidió con una sonrisa en los labios y luego se dejó caer en el sofá de su apartamento. Y allí estaba él, pensando en ese demonio de cabellera rubia. Había pasado por tanto que no podía creer el cambio que habían dado juntos. Ya no se peleaban como antes, tampoco hacían apuestas donde él resultaba el perdedor.
Pero, debía admitir que la sazón en su relación de amistad, odio o lo que sea era eso, sus constantes peleas. Aunque no pelear con ella le había permitido conocerla desde otro punto de vista, la verdad es que le encantaba en muchos sentidos.
-SAM… -el gritó de Carly lo trajo a la realidad.
Su cuerpo se tensó y la adrenalina comenzó a correr por sus venas, algo en ese grito no le gustaba. Se precipitó hacia la puerta encontrándose con cuatro hombres, dos de ellos mantenían el cuerpo de Sam en sus brazos; ella parecía una muñeca, dócil y fácil de manejar ya que estaba inconsciente. El tercer hombre tenía una pistola en su mano y apuntaba sin temor a los hermanos Shay. Entonces, el cuarto hombre se giró y le sonrió con descaro a Freddie.
-Así que tú eres el que ha estado ayudando a nuestra pequeña Sammy –susurró él acercándose de forma amenazante.
Freddie hubiese deseado hacer algo, pero su rostro estaba fijo en el cuerpo de la rubia. La última vez que la vio en esa situación fue cuando la saco de su propia casa. Sintió un agudo dolor en la boca del estomago, lo había golpeado, nublando su vista. Freddie trato de buscar al responsable, pero todo lo que podía ver a su alrededor era una mancha sin sentido.
-Tu noviecita se va a divertir tanto con nosotros que no le quedaran ganas de vivir –susurró el hombre en su oído. –Y cuando la consigan muerta y llena de gusanos recuerda que Víctor fue el causante.
La cabeza de Freddie rebotó en el piso cuando Víctor lo soltó, lo escuchó alejarse entre risas acompañado de gritos de terror de su amiga.
No sabe cuánto tiempo estuvo dormido, solo era consciente del fuerte dolor en su cabeza y los mareos que sintió cuando abrió los ojos. El castaño parpadeo varias veces tratando de enfocar su mirada en algo fijo en su habitación, imágenes de la pesadilla que había tenido regresaba a su mente aumentando sus mareos. Sin proponérselo, se precipito hasta el bote de basura que estaba en su habitación.
-Mierda, ¿Qué me paso? –susurró Freddie con amargura.
-Freddie… -la voz de Carly lo paralizo, no solo era el hecho que ella estaba en su habitación sino su voz entrecortada y los sollozos que había dejado escapar.
-¿Dónde está Sam? –exigió con temor, entonces todo se vino abajo.
No había sido un sueño, todo fue real. Freddie comenzó a respirar con dificultad mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos. Las palabras del maldito golpeaban con fuerza toda su mente, él la vino a buscar y le había dicho que la iba a hacer sufrir.
-No podemos quedarnos con los brazos cruzados… tenemos que buscarla… ella tiene que aparecer –Carly negaba frenéticamente su cabeza ante las palabras de su amigo.
-Él dijo que la mataría si íbamos por ella… -dijo entre sollozos.
-Igual la va a matar, Carly… él me lo hizo saber –dijo Freddie con desesperación, a estas alturas se encontraba caminando frenéticamente por toda su habitación. –No podemos permitirlo… no… ella no puede morir.
Freddie no soportó, todos esos sentimientos lo estaban abrazando con fuerza, ahogándolo. Su pecho subía y bajaba con fuerza, él trataba de calmarse, trataba de ser fuerte pero ya no podía más. Un sollozo lastimero se escapo de sus labios mientras se dejaba caer en el piso, sintió los brazos de Carly rodearlo, pero eso no se sentía bien. Por primera vez no sintió alivio en su consuelo, todo era incorrecto y el miedo se apodero de su cuerpo.
Estaba enamorado de Sam Puckett…
Sam
Todo mi cuerpo dolía, estaba segura que tenía mis manos y pies atados puesto que no los sentía, también sentía la presión en mis ojos. Comencé a moverme, intentaba buscar algo que me ayudara a salir de esto y aunque todo parezca extraño, no estaba asustada.
-No hay salida, Sammy, debería agradecer estar viva –la voz de Víctor despertó el miedo enterrado meses atrás.
-¿Qué vas a hacerme? –chillé asustada, odiaba ser una fresita pero en momentos como estos no podía evitarlo.
-Nada, solo a seguir explorando tu hermoso cuerpo hasta la muerte. Además, creo que estás lo suficientemente sana como para aguantar varias dosis en tu cuerpo –gemí presa del miedo mientras escuchaba sus carcajadas, él la estaba pasando en grande.
Sentí su respiración tibia y repugnante en mi cuello, estaba tomado y parecía no haberse cepillado en meses.
-Me has traído muchos problemas, niñita, es hora que pagues… y te aseguro que no será placentero –su lengua asquerosa se deslizo a lo largo y ancho de mi cuello provocando arcadas de mi parte. –Creo que el peor error que cometiste fue denunciarme…
Y creo que hoy comienza mi tortura.
