Si Harry Potter fuese mío sólo habría sexo y más sexo. Y Dramione, pls. Pero es de Jotaká.
Flores para Narcissa
Diez
―¿Qué sabes de ellos?
Le gustaría poder decir que sabe dónde están, qué hacen, cómo sobreviven y si acaso pasan frío por las noches. Pero no sabe absolutamente nada.
Pasa los dedos por encima de una estantería cubierta de polvo y dibuja las primeras letras del nombre de su hijo. Narcissa se para en mitad de la "a". La deja incompleta, como si se hubiese olvidado lo que estaba haciendo hace un segundo.
―Nada.
Sus zapatos crean un suave eco en las paredes. Se eleva y muere en la parte alta de los techos. Respira profundamente, sobrecogida por los enormes cambios que ha sufrido la oficina desde la última vez que estuvo aquí.
―¿No has pensado que algo de luz te vendría bien, Severus?
Él la mira desde su asiento con las cejas arqueadas. Le hace gracia ver que poco a poco, con los años, ha dejado de ser tan hermético.
―¿Cómo crees que se sintió cuando supo que su hijo sería el héroe de una profecía?
―¿No deberías saberlo?
Narcissa suelta una risa triste y deja escapar un suspiro. Se acerca al escritorio de Snape, lo rodea y coloca sus finas manos sobre los hombros huesudos del hombre. Juntos, manteniéndose fuertes a pesar de las dificultades, miran hacia la fotografía mágica que, gracias a un hechizo, sólo ellos pueden contemplar. Tres jóvenes se mueven en la imagen. El chico, de largo cabello oscuro, está a la derecha, lanza una mirada tímida hacia la izquierda. Al otro lado de la fotografía, sonriente, altiva y orgullosa, una joven de impresionantes ojos azules se cruza de brazos mientras una corriente de aire enreda su largo cabello rubio. La fotografía capta los últimos instantes de la carcajada que suelta la persona en el medio de la imagen. Cuando cierra la boca sonriente, abre los ojos y deja mostrar el más puro verdor.
―Lily se reiría ahora de nosotros. Siempre se reía.
Severus asiente quedamente. Acaricia con los ojos los contornos de ese rostro que no olvidará jamás. Aprieta en su mano los dedos frágiles de Narcissa.
―Si tenemos suerte no nos reuniremos con ella hasta dentro de unos cuantos años más.
Cissy baja la mirada y se encuentra con la expresión abatida de su amigo. Pasa su mano libre por el cabello oscuro y lo obliga a mirarla.
―Si tenemos suerte.
―¿Qué sabes de la búsqueda?
―Draco no me ha dado más noticias. La última vez que contactó conmigo me dijo que la chica estaba con ellos y que iban a empezar a buscar el libro que necesitan.
―Crees que lo conseguirán?
Narcissa sonríe quedamente.
―Creo en muy pocas cosas, Severus, y mi hijo es una de ellas. Sé que va a luchar con uñas y dientes. Sé que va a conseguirlo. Sé que puede.
Comparten una larga e intensa mirada hasta que Lucius entra en la habitación. Se apoya en su bastón más de la cuenta, y está muy erguido, trata de aparentar normalidad.
―Severus ― saluda el patriarca Malfoy ― Cissa, querida, es hora de marcharnos.
Severus no se levanta, sólo cabecea lentamente en señal de reconocimiento y suelta los dedos de su compañera. La mujer se arregla el cabello como si no estuviese tan perfecto como siempre, coge su pequeño bolso y se acerca a su marido.
―Te avisaré si surge algo.
Snape sólo asiente una segunda vez sin dedicarle ni una sola mirada. Narcissa sonríe tristemente al contemplar la angustia de los ojos de su amigo, pero no dice nada. Sólo se marcha, seguida del sonido de la tela de su vestido moviéndose con cada uno de sus pasos.
Al llega a uno de los pasillos más alejados Lucius la encara.
―¿En qué estás pensando? ¿Confías en él?
―Totalmente.
―Cissa, no puedes confiar en nadie. No podemos confiar en nadie. Draco ― susurra el nombre entre los dientes, como un siseo contenido ― está en peligro. Lo están buscando. Si le das información a Snape irá a contárselo al Lord.
―Severus no me traicionaría.
―Traicionó a la sangresucia.
La mujer cuadra los hombros e inspira profundamente, sus ojos llenos de una ira glaciar que congela por completo a su marido.
―Nunca... Nunca jamás vuelvas a llamarla así. Lily era más pura que tú. Y que yo. Y que cualquiera de nosotros.
Se marcha con paso rápido, pero sin perder ni un ápice de elegancia. Eso es lo que Lucius más admira de su mujer. Es serena, es tranquila. No pierde la templanza, pero resulta más intimidante que el propio Lord Oscuro. Quizás sea porque siempre ataca con la verdad. O quizás porque la adora y la ama con cada ápice de su ser. No lo sabe todavía.
Puede que nunca lo sepa.
ººº
Hermione piensa muchas veces en Narcissa Malfoy. Recuerda el azul tormentoso de su mirada mientras la miraba desde la puerta de la celda. Recuerda el temblor seguro de sus dedos cuando la agarró del brazo para arrastrarla hasta el exterior. Recuerda su voz, más fría que el aire que las rodeaba no por desprecio por su sangre, sino por miedo. Miedo y terror y angustia y desazón y completo y absoluto pánico. Porque se jugaba la vida por traicionar sus ideales. Por ser madre y ser valiente y tener un hijo que no puede volver a casa.
Hermione piensa muchas veces en Draco Malfoy y en sus silencios apagados, llenos de ese je ne sais quoi que lo rodea constantemente. Dudas y penas y preguntas e ideas y más dudas. Y más. Y más y más dudas. Como si dudase a veces de su propia existencia.
Piensa en Daphnee Greengrass. En su mirada verdosa llena de falsa seguridad, en su sonrisa. En la forma en que acaricia el cabello de Malfoy cuando parece estar más angustiado de lo normal ― porque esa es otra: Malfoy a penas contiene sus emociones ya; la máscara se resquebraja con cada silencio que lo consume un poco más. En la forma en la que agarra la mano de Nott bajo la mesa a la hora de comer, a la hora de cenar, a la hora de que alguno de los dos se vaya a hacer guardia.
Eso la hace pensar en esas palabras ― Theo estuvo aquí ― grabadas con letra infantil en la tabla mohosa que forma parte de la fachada de una casa abandonada en la que ahora se refugian y que a duras penas contiene la desazón que emana de cada uno de sus poros. Piensa en los retratos que decoran ese salón que apesta a humedad y hace que se pregunte quien es él y de dónde viene y por qué sólo sonríe cuando alguien habla de algo macabro y sucio ― como cuando se dedican a recordar, siempre lejos de Hermione, cosas que presenciaron antes de huir, cosas aterradoras y alarmantes que ella escucha porque no soporta estar sola y prefiere sentarse en uno de los escalones de la escalera, cobijada por las sombras, para escuchar sus voces y sus historias, a la espera de que algún día cuenten alguna anécdota que le alivie el corazón.
Piensa en Parkinson y sus ojos sin maquillar. En sus uñas cortas, sucias y su piel seca y agrietada. Piensa en el color de su cabello y en los labios agrietados que se estiran en sonrisas llenas de desdén. Piensa en sus pestañas, largas y curvadas, siempre mojadas, como si acabara de llorar.
Y en Zabinni, que siempre bromea y siempre se ríe pero que a veces desaparece durante días en el interior de su cuarto. Quizás hipando, conteniendo el llanto bajo la almohada. O quizás durmiendo. Para olvidar.
Quien sabe.
No termina de entender en qué se están convirtiendo sus días. No puede decir que son una sucesión de segundos y de instantes, porque a penas recuerda nada de sus días. Sólo lee una y otra vez (yotrayotrayotrayotra) los párrafos llenos de odio y llenos de locura que escribió un hombre hace tiempo. La acompaña en su rutina una vuelapluma maldita, que se alimenta de sangre y que dice ser la propia hija del autor.
Pierde la esperanza de recuperar su vida, su libertad. Ya no pregunta por su varita. Pero hay una sola cosa que no se cansa de pedir. Incansable. Insaciable.
―No puedes tenerme incomunicada para toda la eternidad.
―Puedo.
Hermione bufa y echa para atrás un mechón de pelo rizado que se ha escapado de su moño. Le da un par de vueltas a las verduras que se están cociendo en la olla que tiene delante y da unos golpes con la cuchara de madera en el borde de la encimera cuando termina.
―No, no puedes. Quiero decirles que estoy viva.
―Nadie aquí está vivo.
Se miran a los ojos y descubren, una vez más, que no necesitan emplear palabras para entenderse. Porque esto no es una lucha entre ellos, no es una discusión más. Draco Malfoy la mira ocultando la disculpa y ella lo entiende. Entiende que no puede comunicarse con Harry y Ron por seguridad. Y entiende que necesitan (él y ella) que siga insistiendo con ese tema porque aporta normalidad. Como si no estuvieran atrapados en una guerra.
Vuelve a darse la vuelta y observa con desinterés un trozo de zanahoria que se sacude de un lado a otro en el agua hirviendo. Sabe cómo se siente esa zanahoria. Ella también siente que la están sacudiendo y que la arrastran de un lado a otro sin control. Se siente asediada y violada a veces, aunque nunca la tocan. Nunca la rozan. Como si una barrera invisible estuviese entre ella y ellos.
Cuando termina de hacer de comer les dice que se sienten. Porque los miércoles es cuando le toca cocinar y es el único día de la semana que comen todos juntos. Ella lo pidió. No es una comida familiar, pero les dijo que de vez en cuando quiere tener compañía a la hora de almorzar y ellos aceptaron sin pedir nada a cambio.
Observan el contenido de sus platos como si nunca hubiesen visto verduras hervidas y carne en salsa. Hermione sabe que no es la mejor cocinera del mundo, pero sabe que es capaz de hacer cosas sencillas y comestibles ― aunque acaba de ver a Zabinni contener una arcada y lo atribuye a que quizás es de esas extrañas personas a las que no le gustan las patatas ― y decide ignorar el sabor pastoso y extraño de la salsa que acaba de meterse en la boca.
―¿Has pensado en dedicarte a la cocina, Granger?
Greengrass le da un golpe bajo la mesa a Malfoy, tratando de evitar el desastre inminente. Hermione lo ignora todo. Ignora el silencio. Ignora las palabras de Malfoy. Olvida que está aquí, rodeada de gente pero totalmente sola y se centra en escarbar en su comida con el tenedor.
―¿No vas a contestarme? Pensaba que tu madre te habría inculcado modales.
―Me los ha inculcado, Malfoy, la prueba es que soy más educada que tú.
Zabinni se ríe a carcajadas, Parkinson se tapa la boca para que no se vea su sonrisa y Greengrass le da un codazo al rubio, burlándose de él.
―Las personas educadas no contestan sólo a las preguntas que le interesan.
Hermione se levanta y arrastra la silla hacia atrás con el movimiento. Coge su tenedor con una mano y se inclina sobre la mesa para quedar más cerca de Malfoy.
―Escúchame bien. Puedes secuestrarme, puedes destrozarme, puedes arrastrarme contigo al mismo infierno, Malfoy. Puede que esté sin varita pero eso no me impide recordar cómo usar mis manos y por eso, la próxima vez que abras la boca para otra cosa que no sea comer, puede que te clave este tenedor en uno de tus muy bonitos ojos hasta que aprendas a cerrar el pico.
Pero él sonríe. Sonríe y asiente y vuelve a comer sin decir nada. Hermione se sienta nuevamente y cuando su pierna roza la de Draco Malfoy no se echa para atrás como si la estuviera quemando. La deja ahí, rozando la tela de sus vaqueros con la de los pantalones negros que él lleva. Y es reconfortante.
ººº
―Tenemos que marcharnos.
La noche se cierne sobre ellos. No hay luz, ni en la oscuridad ni en sus corazones, pero deciden que tienen que seguir. Para conseguir algo. Un cambio. Una victoria. Muertes en vano y puede que algún rasguño.
―¿A dónde?
La observa. A pesar de la falta de claridad puede divisar el verde de sus ojos y la sinuosa curva de su cuello. Sabe que tiene un lunar en la nuca, y otro bajo la clavícula. Sabe que hay una cicatriz entre sus pechos llenos y que más abajo se encuentra el valle donde perdió la razón una noche de verano antes de quinto curso. Sabe que tiene cosquillas en los pies, que sus rodillas son huesudas, que sus muslos son pálidos y que en su antebrazo izquierdo lleva la marca de aquellos que se creen mejores.
Sabe mil cosas de Daphnee Greengrass. Que le tiene miedo a las marionetas. Que no le gusta comer pescado. Que se esconde, como las musarañas. Y que preferiría estar muerta a seguir viviendo como lo está haciendo. Pero también sabe que su orgullo es más grande que el sol ― puede que más grande que el de cierto Malfoy ― y que eso le impide rendirse y le impide ser una cobarde.
―La casa ya no es un lugar seguro, llevamos demasiado tiempo aquí. Pronto podrán rastrear nuestra magia. Y no nos conviene volver a huir precipitadamente como la última vez.
Daphnee sólo asiente una vez y vuelve a fijar sus ojos en la nada que los rodea.
―¿Qué piensas de Granger?
Voz queda, casi un murmullo. Su rostro es impasible y su cabello se sacude suavemente de un lado a otro con la brisa. Pero la ve en toda ella, en su postura y la tensión de sus hombros. La culpa, arrasadora y asesina, recorriendo cada milímetro de sus venas para envenenarla.
―Creo que la estamos destrozando poco a poco. Pero eso es algo que siempre hemos hecho.
Se ríe. Risa de cristal que le recuerda al sonido de los cascabeles que se sacuden al viento el día de Navidad en Hogwarts.
―Todos estamos destrozados, Theo, ¿qué diferencia hay entre sus grietas y las nuestras?
Theodore observa a Daphnee con los ojos de aquellos que saben de más desde hace demasiado tiempo y acaricia su largo cabello rubio porque hacerlo le aporta paz y le asegura que ella sigue siendo tan real como ayer, y como antes de ayer, y como la otra noche que la tuvo en su cama, desnuda, mojada, sudada y abierta.
―No lo sé.
Se separan en el pasillo de la planta de arriba, unas horas después, tras haber hecho el amor como salvajes contra una de las paredes del salón vacío. La ve entrar en el dormitorio que comparte con Pansy y luego deja caer sus ojos en la puerta que lo separa de Malfoy y Granger, que comparten un lecho y un destino, pero que no se aceptan el uno al otro.
Qué irónico.
Deja que Blaise ocupe toda la cama y se sienta en la butaca que está junto a la ventana para observar al sol que empieza a salir y a alumbrar y a destrozarlo todo con sus rayos. Le gustaría ser un vampiro para convertirse en humo cada vez que la luz lo roza, pero está maldito y resulta que es humano. O todo lo humano que se puede ser cuando eres Theodore Nott.
ººº
―Vamos a marcharnos pronto.
Sabe que es hora de hacerlo. Llevan demasiado tiempo en la casucha del desfiladero y el espacio es cada vez más pequeño. Sólo asiente para hacerle entender que lo ha escuchado. Él se da la vuelta en la frialdad de la cama que comparten y siente su aliento caliente en su mejilla derecha.
―¿A dónde crees que deberíamos ir?
Hermione sonríe y gira levemente la cara para poderlo mirar.
―¿Por qué crees que nos llevamos bien sólo cuando estamos en la cama?
―¿Tensión sexual no resuelta?
Se ríe a carcajadas, porque sabe que esas cosas las dice para hacerla reír igual que la hace rabiar a la hora de comer. Es para liberar tensiones. Para liberar miedos. Para liberarse a secas.
―Dicen que es más fácil liberar esa clase de tensión cuando tienes sexo.
Draco Malfoy nunca se ríe, pero cuando ella pretende hacerlo reír, lo consigue. Y es la cosa más mágica que ha creado nunca.
―Tú y yo nunca haríamos eso, Granger.
Ahora ella se ríe. Un sonido que se arrastra en el aire y que limpia las estanterías de polvo.
―Nunca te ríes así.
―Sólo cuando estoy tumbada aquí contigo.
Los dos saben que si él no fuera él y ella no fuera ella podrían cometer la locura de desnudarse y amarse físicamente como si fuesen desconocidos por una noche. Podrían buscar calor en el otro. Sueños. Alegrías. Efímeras, como volutas de humo y como el rocío sobre el césped de ahí fuera.
―¿Cuando va a acabar esto?
―Cuando venga la muerte.
Hermione vuelve a mirar el techo y suspira suavemente. Acaricia con la punta de los dedos el edredón polvoriento sobre el que está tumbada y se imagina en cualquier otro lugar.
―La muerte siempre está.
Es la mayor verdad que ha dicho en días. Puede que en meses. Se deja mecer por el sonido de las olas y deja que el tiempo pase hasta que se queda dormida.
A la mañana siguiente la despierta la suavidad de Alisson rozando su nariz. La vuelapluma se coloca bajo sus dedos, como si quisiera agarrarla para sacarla de la cama. Deben de ser ya más de las ocho, es hora de ponerse a leer nuevamente.
Al salir de la cama se permite observar el hueco frío y vacío que ha quedado a su lado en mitad de la noche. ¿Qué está pasando entre ellos? No lo sabe. No le pone nombre. Al tumbarse juntos sobre la cama parecen dos personas diferentes. Como si nunca hubiesen sido los peores enemigos durante años, así que aprovechan esos pocos instantes de paz en los que son capaces de compartir cosas reales además de insultos y odio.
―¿Qué estoy haciendo con mi vida?
Alisson se queda quieta, flotando sobre la mesa llena de pergaminos y tinta sobre la que trabaja a todas horas todos los días. Hermione suspira, suponiendo que la vuelapluma se encogería de hombros si pudiera y se sienta a la mesa, dispuesta a trabajar.
… hemos de aclarar también la importancia de los estudios realizados por George Martin, mago estadounidense que hizo muchos descubrimientos sobre el poder de la sangre sobre los muggles durante muchos años. Basándome en una de sus tantas teorías decidí comenzar a hacer experimentos sobre una niña pequeña que parecía carecer de cualquier habilidad mágica a pesar de haber nacido en una familia puramente mágica.
Aún está en fase de experimentación y pienso escribir un libro con los descubrimientos que estoy haciendo con el sujeto, pero puedo asegurar que será algo revolucionario y...
Hermione se frota los ojos dos veces y acaricia las palabras que acaba de leer. A penas puede concentrarse, pero todavía menos después de haber leído el texto y suponer lo que quieren decir.
―¿Eres tú? ¿El sujeto?
Por supuesto que soy yo. ¿Quién más podría ser?
―¿Qué experimentos? ¿Es por eso que ahora eres...?
Digamos que uno de los experimentos salió mal. Después de que mi padre crease lo que ahora se llaman Maldiciones Prohibidas decidió que quería hacer posible que la magia crease vida. Soy consciente de que se pueden crear flores y cosas así, pero lo que mi padre pretendía era darle vida a objetos inanimados, así como crear vida en sí misma.
―¿Como un dios?
Como un dios.
―Es aterrador. ¿Cómo pretendía hacerlo?
Infundir magia. Me usó a mi en el proceso. Dado que yo era una miserable Squib mi padre dedujo que era posible introducir magia en mi interior para luego poder realizar el proceso con cualquier otro objeto no mágico.
―¿Cómo...? Bueno. ¿Cómo?
Esa es una historia de la que hablaremos en otro momento. Puede incluso que nunca, si tenemos suerte.
―Infundir magia en seres no mágicos.
Hermione recuerda todos los libros históricos que ha leído a lo largo de sus años de estudiante en Hogwarts. Recuerda que siempre, en mayor o menor medida, el crear vida mágica ha sido un tema recurrente en sus estudios. Así como el muggle siempre ha querido volar el mago siempre ha deseado crear. Quizás para olvidar el poder mortífero del que goza. O quizás simplemente por ambición. Por tenerlo todo. La vida y la muerte encerradas juntas en el interior de una varita.
―Un momento...
Pasa a toda velocidad las páginas del libro, pero acaba cerrándolo de un sólo golpe. Lo tira a un lado en busca de otro volumen, deja que los pergaminos se esparzan por el suelo y corre de un lado a otro de la habitación rebuscando en todos los libros que encuentra. En su bolsito ya no queda ni un sólo tomo por leer, pero sabe que tiene que estar por alguna parte.
―¿Dónde estas? ¿Dónde estas? ¡¿Dónde?! ¡Vamos, joder, aparece de una puta vez!
La puerta se abre de golpe y una airada Pansy Parkinson entra en el interior de la habitación, dispuesta a terminar con el griterío y los ruidos provocados por la búsqueda de Hermione.
―Granger, ¿qué es todo este circo? ¡Oye, no me empujes!
―No tengo tiempo para explicaciones, vamos, ayúdame a buscar.
―¡Ni si quiera sé lo que estás buscando!
―Un libro, Parkinson. Un libro pequeño de tapa dura que se llama "Mitos y leyendas sobre las varitas más famosas y menos conocidas de la Historia Mágica". Es una edición especial, quedan muy pocos ejemplares. Yo lo conseguí en la biblioteca de...
Hermione para de rebuscar bajo la cama y se pone de pie de un sólo salto. Observa con los ojos muy abiertos a Parkinson que la mira con la misma expresión.
―Dios mío.
―Ajá... Supongo que estás sorprendida porque acabas de darte cuenta de lo loca que estás.
―No. Te miro así porque ya sé donde está el libro.
―Fantástico, ya podemos seguir con nuestras vidas. Cógelo y deja de molestar.
Pero cuando está dispuesta a marcharse con dignidad acaba en el suelo porque Hermione la atropella en su carrera por llegar antes a la planta de abajo.
―¡Malfoy! ¡Malfoy, Malfoy, escúchame!
Sus pasos resuenan por toda la casa, los escalones crujen bajo su peso y el polvo se levanta con cada uno de sus pasos. Malfoy la observa, sentado sobre la mesa del comedor con una ceja levantada.
―¿Qué pasa? ¿Por qué gritas tanto?
―Porque ya sé a dónde tenemos que ir sé lo que necesitamos ahora mismo para poder avanzar.
Malfoy se levanta de un salto y se acerca a toda prisa. El resto de serpientes los rodean, expectante.
―Necesitamos una varita. Una varita que pueda crear vida y destronar a la muerte. Esa es nuestra arma. Es lo que necesitamos para entender la profecía.
Malfoy la mira con los ojos brillantes de emoción. Puede imaginar los engranajes girando dentro de su cabeza. Puede imaginar el alivio esparciéndose por todo su cuerpo. Greengrass se acerca, la abraza, chilla llena de emoción porque eso quiere decir que están más cerca de salir de esta.
―¿Dónde está? ¿Cuál es la varita?
―No lo sé. Pero tengo un libro que puede ayudarnos a encontrarla. Pero no lo tengo aquí.
―¿Y dónde está?
―Grimmauld Place, número doce. En Londres.
Todos ellos alzan las cejas, a la espera de sus siguientes palabras.
―Es el Cuartel General de la Orden.
Nada más terminar de pronunciar sus palabras los brazos de Greengrass se alejan de ella, como si la repudiaran y juraría que puede escuchar a cada uno de ellos sisear como si cientos de serpientes de cascabel estuviesen sacudiendo sus colas en ese instante.
¿Hola...? Dios, doy sida. Gracias por vuestra paciencia, por vuestros mensajes y todas esas cosas. He seguido recibiendo alertas de favoritos y de personas que se han unido a esta aventura. Con suerte voy a poder actualizar semanalmente de nuevo.
En caso de que seas una persona que también sigue mi traducción TheCherryOnTop diré que esta misma semana volveré a subir las actualizaciones todos los lunes a menos que me sea imposible, pero semalamente se subirán los capítulos, i promise.
¿Algo más? No, creo que no. Sólo agradeceros vuestra paciencia *heartheartheart* y vuestro apoyo :)
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Mantequilla.
