CAPÍTULO ONCE.
-Ethan ¿Puedo hacerte una pregunta?
Él se giró para ver a Edward. Bella estaba detrás de ellos oyendo la conversación. Se habían sentado en las escalinatas de madera de la galería que daba al patio.
-Necesito saber cómo hiciste para llegar aquí.
Ethan apartó la vista.
-Mi abuela me ayudó a escapar.
-¿Escapar? ¿De qué?
El niño se encogió de hombros.
-¿Carmen? ¿Ella sabía de mí?
Lo último que recordaba era que Carmen estaba mal de la cabeza dentro de un hospital psiquiátrico por que su esposo, Eleazar, aseguraba que ella necesitaba ayuda profesional. Jamás la había visto, pero su hija solía hablar algunas veces de ella.
-Ella me dio tu dirección y dinero. Me dijo cómo hacer para encontrarte y aseguró que sería por un tiempo hasta que las cosas se calmaran. Podría volver a casa. Pero no quiero volver allí.
Bella se acercó lentamente y se sentó a su lado. Tomó su pequeña maño formada en un puño y lo deshizo, relajando su furia.
-Cariño ¿Dónde está tu madre?
-En el hospital, te lo dije.
Edward le dedicó una larga mirada a Bella y ella la apartó. Besó la frente del niño y le sonrió acariciando la mejilla.
-Todo estará bien ¿De acuerdo?
Él asintió y se retiró, dejándolos a solas. Inconcluso. Todo era confuso y su parte infantil de la historia tenía un toque grave. Por alguna razón Ethan había escapado de su familia, de su madre.
-No tiene sentido.
Edward asintió sumido en sus pensamientos.
-Debería hablar con Eleazar, esposo de Carmen, pero…
-¿Pero?
-Me detesta.
Bella hizo una mueca y apartó la mirada a lo lejos. De por sí, era extraño y ni siquiera podía atar cabos sueltos entre lo que Ethan decía. Parecía muy simple, pero un niño, nunca sabe la gravedad de los problemas reales.
-Encontraremos una respuesta, Edward.
Ella presionó su mano y él buscó su mirada. Esos pozos llenos de vida, de color y de sonrisas. Ese color extraño que podría pasar horas admirando lo envolvía como una corriente de mar en crecida. Desbordante.
-Gracias.
Susurró.
-Enseguida regreso.
Se apartó de repente y la vio irse. Soltó un suspiro y se pasó la mano por el cabello.
Subió lentamente las escaleras para cambiarse de ropa y regresar al trabajo. Cuando estuvo lista tomó el bolso y pasó por la habitación de Ethan.
-Cariño, regresamos al trabajo.
El niño se removió en la cama, despertando de su breve siesta.
-Elena va a quedarse contigo ¿De acuerdo? Regresaremos temprano.
-Okay.
Ella besó la frente del niño y él le regaló una sonrisa adormecida mientras volvía a dormirse.
Caminaba por el pasillo transportando cajas con los papeles que estaban estorbando y se encontró a Lucas, el gerente de mercadotecnia.
-Oh, Lucas ¿Cómo fue la reunión con los japoneses?
-Eres sensacional, sabíamos exactamente lo que teníamos que saber, nunca nos había preparado mejor para una reunión de improviso.
-Bueno, es mi trabajo. ¿Cuál fue el resultado?
-¿No te lo dijo Edward?
-No puedo encontrarlo.
Mintió hábilmente.
-Oh, él tiene la única copia del contrato. ¿Podrías alcanzarme una copia, luego? También, si tienes tiempo.
-De acuerdo, prepara una copia de las estrategias de venta, Cullen quiere verlas.
-Bien.
Se adentró en la oficina vacía de su jefe y reordenó el desastre de papeles. Bufó molesta ¿Cómo podía ser tan desorganizado? Apiló las carpetas en el orden que ella requería una respuesta y rebuscó entre los papeles sueltos un maldito indicio de…
-¿Qué haces?
Sin dejar que la profunda y acusadora voz de Edward la inquietara terminó de revisar los papeles sin levantar la vista.
-Busco el contrato con los japoneses, necesito una copia para dársela a Lucas.
Edward enarcó una ceja y ella continuó reorganizando el desastre.
-Es lo que tengo en mi mano.
Ella levantó la vista y él movió un papel.
-¿Lucas?
Rodeó el escritorio y tomó el papel, profesionalmente, le sonrió y antes de que pasara por su lado él la tomó del brazo. Ella solo giró su rostro y él deslizó su mano hasta que rozó sus dedos. Se apartó dándole la espalda.
Sin decir nada, por que claramente no tenía nada para decir, salió cerrando tras suyo.
Edward había convertido todo en un maldito juego y ella solo tenía que evitar seguirlo.
-¿Todavía no has terminado?
Isabella negó con la cabeza y se quitó los lentes en ademán de cansancio. Suspiró y él se acercó a su escritorio fuera de la oficina.
-Tengo que terminar esto a tiempo, por que alguien no lo hizo antes…
-Me quedaré a ayudarte.
-No, ve, puedo sola.
Se enderezó y retomó sus actividades.
Dos horas más tarde salía rumbo a su casa para tomar un bolso que había preparado con anterioridad. Se cambió de ropa y dejó ese pantalón blanco en el olvido. Soltó su cabello y lo hizo una trenza espiga. La deshizo un poco y la trajo a un lado. Terminó por apagar las luces y salió del departamento.
Entró en la casa con su juego de llaves. Edward había insistido en que iba a necesitarlo, entró por la parte trasera y dejó su auto a un lado del volvo. Apagó las luces del garaje y subió las escaleras directo hacia la cocina.
-Hola, muñeco.
Se acercó a Ethan y besó su frente.
-Mira.
Ethan había desparramado papeles blancos y acuarelas por toda la mesa de la cocina mientras miraba los dibujos animados. Ahora eran pequeñas obras de arte.
-¿De dónde sacaste eso?
Se sentó a su lado y apreció uno que él le enseñaba.
-Acompañé a Elena al mercado y ella me los compró. ¿No es genial?
-Asombroso ¿Le diste las gracias?
Él asintió y volvió a su dibujo.
-¿Estás cansada? ¿Quieres que lleve las cosas por ti a tu habitación?
Ella rió y besó su mejilla.
-Estoy bien ¿Edward está en casa?
-Si, creo que en la sala.
Subió las escaleras sin hacer ruido y entró en la habitación, prolijamente ordenada. Bendita sea Elena, ojala tuviera una como ella en casa. Cerró los ojos y se dejó caer de espalda en la cama.
-¿Cansada?
-Podría dormir tres días seguidos.
Murmuró sin moverse. Edward descansó su brazo sobre el umbral.
-La cena está lista.
-Bajaré en un minuto.
Volvió a murmurar pero Edward soltó una risa.
-No lo creo, vamos. Estás demasiado cansada que podrías dormirte sin cenar. Baja ahora.
Gruño y se puso de pie de un salto. Sus abdominales sufrieron un estrepitoso movimiento. Tendría que volver al ejercicio físico. Estaba dicho.
Se arrastró escaleras abajo y colocó la mesa. Edward los deleitaba con un plato de pasta con salsa blanca. Ethan les relató lo que había hecho el resto de la tarde, lo del mercado, el baño que se había visto obligado a tomar ya que un perro de la calle había saltado juguetonamente sobre él y lo de los colores. Le agradaba pintar.
Bella lo ayudó a preparase para dormir, besó su frente y le deseó buenas noches. Tras una intensa ducha se deslizó entre las mantas. Deseosa de poder dormir al fin.
Si no hubiera estado demasiado adormecida hubiera podido reaccionar.
-Lo que ocurre aquí, puede quedarse aquí…
En cambio, se había relajado y había cedido a Morfeo mientras Edward se abrazaba a su espalda.
Como si fuera un pequeña costumbre, cuando ella ya estaba costada, él se deslizaba dentro del amantas y se abrazaba a la pequeña figura de Bella.
Se dormía mejor de aquella forma.
Se mintieron, tratando de convencerse a sí mismos.
Bella despertaba temprano y se apartaba como si nada. Como si nada. Era difícil de ignorar cuando a veces debía despertarlo para que la dejara ir. Él se removía y la mantenía allí, para él. Entonces ella reía y abría sus brazos para salir.
Lejos de estar incómoda, se sentía como en casa.
Esa mañana despertó sin querer levantarse. No quería enfrentar ese jueves. No quería ver a Mery. No estaba lista.
Edward abrió los ojos lentamente, acostumbrado a despertar solo, a sentir la conversación bajo las escaleras, el olor a café y al menos pensar, que ella seguía en casa. Excepto que esta vez, ella estaba allí. Estaba apartada de él, casi en el otro extremo de la cama. No estaba seguro de si dormía.
-¿Ella está bien?
Se giró hacia la puerta, Ethan estaba temeroso y él se levantó para acercarse.
-Está cansada, dejémosla dormir un rato.
Removió su cabello y él asintió. Bella siempre iba a despertarlo por la mañana pero ese día la había esperado como todos los días y no había aparecido. Sin dudarlo se había levantado para asegurarse de que no se había ido sin él. Pero allí estaba, dormida. Había respirado tranquilo y había echo lo que ella usualmente le ordenaba que hiciera.
Edward entró en el baño para darse una ducha y relajar sus músculos. Había dormido como el demonio esa noche, a lo mejor Bella tampoco había tenido una buena noche.
Cuando salió le sorprendió encontrarla todavía en la cama. Estaba tendida de espaldas y cubría su rostro con ambos brazos. Frunció el ceño y se acercó a ella, movió los brazos y descubrió sus ojos abiertos.
-¿No vas a levantarte?
-No quiero hacerlo.
Murmuró como si fuera una niña caprichosa.
-¿Estás enferma?
-No.
-¿Entonces?
Se giró dándole la espalda y plantando su rostro en la almohada.
-Me tomaré unos minutos más.
Jamás entendería a las mujeres.
Aún se sentía extraña. Su vida se estaba saliendo de control. Tenía ganas de sentarse frente a ella misma y reírse a carcajadas ¿De qué demonios iba todo eso? estaba viviendo en casa de su jefe por el capricho de un niño y el deseo de un adulto. Era estúpido. Pero no sentía la necesidad de cambiarlo y temía por si algo salía mal o si cambiaba el rumbo de las cosas. La semana estaba tocando su fin y no había indicios de renovar el contrato. Eso se terminaba mañana luego del medio día.
Una sonrisa se dibujó en su rostro, Ethan y Edward le había preparado un desayuno monumental como ella solía hacerlo para ellos. Se habían portado excelentes, atendiéndola como si supieran que no atravesaba por una buena mañana.
Había pasado el resto del día siendo controlada por su jefe, si había pasado media hora sin verlo era mentir. La había seguido de cerca, temiendo que fuera a desestabilizarse emocionalmente. Cosa que jamás en su vida permitiría, para ella, dentro del trabajo, las cosas personales no existía. Agradeció perderlo de vista cuando llegó la hora del almuerzo y esa dichosa mujer estaba esperándolo.
Recogió a Ethan y llegó a casa de Mery en diez minutos.
-Oh, eres tú.
Mery le dio la espalda y entró en la casa. Se giró cuando notó que ella no la seguía.
-¿Qué ocurre? ¿Planeas quedarte allí de pie todo el tiempo?
-Buenos días abuela. En realidad, quisiera presentarte a alguien muy especial.
Se hizo a un lado y el niño se abrazaba a ella queriendo protegerse.
-Éste es Ethan, cariño, ella es mi abuela. Mery.
La mujer no escondió su confusión y se acercó.
-Hola, niño ¿Cómo va todo?
-Hola, Mery. Está bien.
Los invitó a pasar, ahora más calmada que el principio, quería saber de qué iba lo del niño.
-¿Así que traes a un niño para evitar que terminemos gritándonos?
-No, él es... el hijo de mi jefe.
Mery no era estúpida, no tenía canas al divino botón. Enarcó una ceja y analizó la situación.
-¿Así que ahora eres una Nana?
-No, bueno, si. Algo así. Nos turnamos para cuidarlo, es una estúpida cosa de contrato.
Murmuró para que Ethan no la oyera mientras miraba el patio a través del ventanal de cristal.
-Esta era la razón por la que no pude ir a tu cena. De verdad lo lamento, pero él justo apareció y Edward me pidió ayuda. Es un incompetente y el niño no tiene la culpa de nada. Solo estoy ayudándolo a cuidarlo hasta que sepa si es o no, su padre biológico.
-¿Cuáles son las probabilidades?
-Casi del ochenta por ciento.
-¿Y después?
-¿Y después qué?
-¿Qué harás después de que salga positivo? ¿Desaparecerás o va a atarte de por vida al niño?
-Nadie va a atarme a nada que no quiera, adoro a Ethan y lo hago por que quiero. No tiene a nadie y la verdad que dejarlo valerse solo con Edward. Sería abandonarlo, ya ha sufrido demasiado. Su madre es esquizofrénica y ha estado internada desde que el niño tiene un año. Su abuelo lo ha mantenido dentro de una casa, solo con un tutor ¡Tiene ocho años y nunca ha ido a la escuela! Solo quiero darle algo mejor.
-¿Por qué tú y no él?
-Mery ¿Podrías dejar de atacarme? Se que estás molesta, pero…
-Estás ciega, mi niña. Muy ciega.
De verdad lo estaba, pero así como sentía la venda sobre los ojos, también tenía las manos amarradas por que no podía moverla hacia un lado y poder ver con claridad. Estaba perdida. Por que después de todo, ella también estaba utilizando al niño como una excusa.
-¡Bella, la puerta!
Ethan estaba entretenido con Will, el perro de su abuela. Era un buldog francés de carácter simpático y muy educado. Temió que quisiera llevárselo a casa en cualquier momento. Bella estaba cambiándose de ropa, aún en ropa interior, tomó lo primero que encontró y bajó las escaleras lo más rápido que pudo.
Sumado a que no tenía aire, ahora contuvo el aliento.
Él hizo un rápido chequeo de su vestimenta. Pies desnudos uno sobre otro, típica costumbre, un vestido muy arriba de sus rodillas de colores llamativos y el cabello revuelto, como si hubiera estado corriendo una maratón.
-¿Qué haces aquí?
La sonrisa galana se dio a conocer en su rostro.
-Senna canceló la cena, la pasó para la otra semana. Así que… vine a buscarlos.
-No hemos almorzado, todavía y tengo un auto propio.
Bella tragó en seco y mordió su labio inferior.
-¿Bella, quién es?
Edward se acomodó para ser visto. La anciana levantó la vista hacia su nieta y ésta reaccionó.
-Abuela, él es…
Tenía la palabra "jefe" en al punta de su lengua.
-…Edward, el padre de Ethan.
-Oh, es un placer conocerte. Tienes un niño maravilloso. Pero Bella, no lo dejes fuera. ¡Pasa, estamos por almorzar!
Agrandó los ojos como platos esperando una respuesta negativa pero él solo sonrió ampliamente. Se hizo a un lado. Se cercó para cerrar la puerta y le murmuró al oído:
-Me debes una explicación.
-Así que… Edward. Bella no me dijo que vendrías.
Edward le regaló una sonrisa mientras comenzaba a caminar a un lado de Bella.
-Si ¿Por qué será?
Murmuró mordazmente. Edward agrandó los ojos en su dirección y luego se dirigió a Mery, quién le daba la espalda.
-Tenía un almuerzo, por trabajo.
Acentuó la palabra "trabajo" en dirección de Bella y ella rodó los ojos, estaba a punto de bufar cuando su abuela la miró con al ceja enarcada. Se congeló y sonrió.
-¿Y qué pasó?
-Se canceló.
-¡Qué trágico! Menos mal que siempre hago suficiente comida.
Miró a su nieta brevemente. No necesitaba preguntarle o decirle algo al respecto, sabía de antemano con solo verla que estaba incómoda.
-Iré a llamar a Ethan.
Bella bufó, astutamente les estaba dando un espacio.
-¿Qué? ¿Por qué aceptaste? Podrías haber marchado, almorzar solo ¡Esto no era necesario!
Explotó cuando su abuela desapareció.
-¿De qué se trata esto?
-Estás invadiendo mi vida privada, Edward Cullen. El trato no era éste.
Edward se acercó para evitar no gritar.
-¡Ah! ¿Puedo dejar que te metas en mi vida y yo no puedo hacer lo mismo contigo?
-Por supuesto que no. Tú no trabajas para mí, no me debes nada.
Él se acercó un poco más, casi rozando sus labios.
-En cambio tú, a veces me debes un poco más de respeto.
Se tragó el comentario insultante cuando fue apartada de su jefe por el niño. Simplemente se dio la vuelta y tomó la copa de agua que su abuela le ofrecía, prácticamente arrancándosela de la mano. Mery parecía no necesitar explicaciones, era una anciana demasiado observadora.
-¡Edward!
-Ey, amigo ¿Cómo la estás pasando?
-¡Sensacional! ¡Mery tiene un perro!
Él le removió el cabello cariñosamente.
-Bueno, no te encariñes. No llevaremos uno a casa.
-Áspero.
Gruñó Bella mientras acomodaba la mesa para almorzar.
-¿Ayudo?
Se acercó a un lado y le sostuvo la loza de cerámica. Se acercó a su oído.
-Es verdad.
Ella rodó los ojos y le quitó los platos.
Esto no era lo que quería. Edward reía y bromeaba con Mery como si fueran viejos amigos. Esto no era lo que esperaba. Ethan corría de un lado a otro con Will. Esto no era lo que se había imaginado. Ella misma sintiéndose cómoda ante tal escena. Esto, estaba mal.
-Sabes Mery… creo que me resultas familiar.
Isabella así escupió el líquido que retenía en su boca y miró a su abuela, ella reía despreocupadamente.
-¡Oh, mira la hora! Tengo que irme.
Se giró hacia Edward que estaba a su lado, con el brazo detrás de su silla y tenía una pierna sobre la rodilla de la otra.
-Hora de irnos.
-Cariño ¿Cuál es la prisa?
Pestañeó sin creerlo. ¿Edward la había llamado "cariño" frente a su abuela?
Voy a mutilarlo lentamente.
-¡Ethan!
Gritó sin siquiera darle una respuesta y tomando su bolso.
-Te veré la semana entrante, adiós.
Bella abrazó brevemente a su abuela y ésta la retuvo para susurrarle.
-Sé más flexible… cariño.
La fulminó con la mirada y se apartó. Edward se despidió cariñosamente. Mery le hizo prometer al niño que vendría para la próxima vez. Desde luego que imaginaba que eso, tendría para largo rato.
