Hola! Feliz día del Niño para todos aquellos países que lo estén festejando hoy. Este es mi regalo para ustedes.
Love Solutions
Capítulo 11
Los polvos flú estaban inundando sus pulmones pero sabía que dos segundos sin inhalar serían suficientes para que la molestia desaparezca.
Salió tosiendo de la chimenea y Harry Potter entró corriendo, apuntando la varita en su dirección. Aunque sólo un selecto grupo de amigos tenía conexión con su chimenea y permiso para aparecerse en su casa, Harry siempre reaccionaba a la defensiva en primera instancia.
-Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
-Así es y así será, Hermione. –Dijo mientras la abrazaba. –Qué bueno verte de nuevo, lo siento. Bad habits die hard
-Pienso igual. ¿Está Ginny?
-No, está visitando a Molly.
Hermione la extrañaba muchísimo, pero no se sentiría del todo cómoda si ella estuviese allí. Harry era su más grande confidente. Por más extraño que pareciera, ella nunca había tenido grandes amigas, a excepción de Luna y Ginny; y aún así, las experiencias –y riesgos- vividos con Harry, lo hacían la única persona a la cual podía contarle ciertas cosas.
No sabría cuál sería la respuesta de Ginny ante todo lo que ella tenía que contar pero, probablemente, la pelirroja no sería capaz de sacarle todo de adentro. Igualmente, no sería nada fácil hacer que ella abriera el pico. Su amigo tendría que trabajar duro si quería sacarle todo lo que ella necesitaba exteriorizar.
A juzgar por la sonrisa que Harry le dedicó antes de partir hacia la cocina, él sabía exactamente el trabajo que tendría por delante.
-Creo que vamos a necesitar una gran tetera, ¿verdad?
Aparentemente ninguno quería romper el silencio. Hermione podría seguir callada por el resto de la eternidad aún siendo ella quien necesitaba hablar. Ambos lo sabían, así que Harry decidió romper el hielo.
-¿Cómo has estado? –Una pregunta impersonal… pero tendría que bastar.
-Bien, ocupada con el trabajo, ¿y tú?
-Lo mismo digo. Ron y yo estamos comenzando las prácticas en el Ministerio. Morimos de risa. Sería genial compartirlo contigo. Algunas prácticas son abiertas al público. Tienen un fin promocional. Deberías vernos. Tal vez, por ser tú- sé que no te aprovechas de quien eres, –Se atajó ante su mirada fría, – pero estoy seguro de que podrías participar si quisieras.
-Me encantaría. Sería como los viejos tiempos pero sin peligro.
-De a momentos es incómodo. Algunos compañeros no nos lanzan hechizos para no lastimarnos. Es el colmo.
-Sí, lo es –Ella rió. Claramente una conversación tan superficial no podría sostenerse mucho más.
-¿Cómo están las cosas con Malfoy?
Ella se retorció en su asiento y vio en los ojos de Harry que él sabía había dado en el clavo. -Difíciles…
-Las cosas con él siempre han sido difíciles, así que ese no es tu problema –Le dio un tiempo para que ella se desenvolviera, aún sabiendo que no lo haría. –Hermione, –Ella temió por lo que seguiría ante el tono de su voz– creo que es momento de que me cuentes aquello que no quisiste decirme cuando nos vimos en tu casa. Después de la noticia y las fotografías con Malfoy, ¿recuerdas?
Ella se levantó repentinamente y comenzó a caminar de un lado a otro. Él sólo la observó desde su lugar mientras bebía su té. Ahora que la había pinchado, ella sí hablaría.
-Claro que lo recuerdo. Es que no te he dicho todo lo que ha ocurrido esa tarde…
-Adelante, soy todo oídos, y lo sabes. Por eso viniste. –Ella lo miró y, antes de que pudiera hablar, la interrumpió –Y prometo no interrumpirte por más incrédulo que me parezca todo lo que tengas para decirme. –Ella se cruzó de brazos, se apoyó en la pared y miró hacia la nada.
Sabía que podía hablar con Harry y que él la escucharía sin interrumpirla, pero también muchas partes de su discurso le parecerían increíbles y no estaba psicológicamente preparada para sus gestos.
-La tarde en que debíamos reunirnos por primera vez fuimos deschavados y perseguidos por la prensa. Eso ya lo sabes. Lo que no sabes es cómo lo resolvimos. Bueno, cómo Draco lo resolvió.
No enfocar su mirada en la de su amigo había sido una sabia decisión. Él casi había tenido que coser su boca para no interrogarla. Nunca en su vida la había escuchado pronunciar "Draco", y jamás se hubiese imaginado percibir la mezcla de anhelo y desesperación que habían acompañado esa palabra.
-¿Cómo lo resolvió? –preguntó, incitándola a que continúe porque se había quedado callada, seguramente, recordando.
-Desaparecimos. Pero yo me aterroricé porque vi tantos reporteros y los flashes me cegaban… así que él me envolvió en su capa y se encargó de todo. Sólo que no llegamos a un lugar neutro… era… -Y él supo lo que diría antes de que pronunciara las palabras. Cualquier otro lugar no habría ocasionado tantos disturbios en su amiga.
-Era su casa, ¿verdad? –Terminó él, porque ella no lo haría. Ella lo miró con los ojos brillosos y asintió, mordiéndose el labio inferior. –No sabes cuánto lo siento, Hermione. ¿Qué pasó luego? –Dijo, intentando que su mente se enfocara en los hechos subsiguientes.
-Yo entré en estado de shock y él nuevamente lo resolvió todo para mí. –Ahora ella estaba en una especie de trance, tan absorta en su memoria que aún si no entendiera algo, Harry no le haría preguntas. Necesitaba desahogarse.
Hermione terminó contándole todo lo que Malfoy le había dicho acerca de su vida durante la guerra, los sentimientos que creía que él tenía, lo que eso provocaba en ella y, finalmente, su propósito "altruista" –según Harry– de salvarlo de la oscuridad que era su vida.
Si Harry fuese mujer, estaría fascinado con la historia y, a esta altura, tendría lágrimas en los ojos. Si fuese reportero, le pediría permiso para escribir un libro. Pero él no era ninguno de los dos. Era su mejor amigo y ella era casi su hermana, confesándole -aunque no lo admitiría por ahora- que moría por Malfoy.
Moría por revivirlo, por darle un motivo para vivir. Moría por ser ese motivo. Y ante eso, Harry sólo podía agarrarse la cabeza.
No había solución posible, porque Hermione, aunque se lo había dicho con otras palabras, estaba celosa de Astoria Greengrass y arriesgaría su salud mental ingresando nuevamente a la mansión sólo para que Draco Malfoy no estuviese sólo con ella.
Tras haber terminado, la chica se arrastró hasta la silla que había ocupado y enterró su cabeza entre sus brazos, apoyados sobre la mesa. Él se estiró hasta alcanzar sus manos y las presionó con fuerza.
Hermione necesitaba un momento para retomar el control y, mientras tanto, él le transmitiría que seguía allí, que lo resolverían juntos, aunque todavía no sabía cómo…si es que había una solución a aquel enredo.
Si fuese cualquier otra situación, Harry hubiese ido directo al grano y le hubiese dicho con crudeza lo que pensaba. Pero esta vez no, porque los sentimientos de su amiga estaban en juego y no se atrevería a deschavarla. Eso la haría más vulnerable aún.
-Hermione, creo que debes calmarte. Debemos ver las cosas con claridad, ¿de acuerdo?
-Ajah –Susurró ella aún escondida entre sus brazos.
-¿Por qué no me dices qué es lo que quieres para que pensemos juntos cómo seguir? No quiero atosigarte, pero ¿realmente crees que estás preparada para ir a la casa de Malfoy, soportar a su familia y, por si fuera poco, también a los Greengrass? Por lo que me has dicho, Astoria no fue muy amable contigo. Tal vez sea demasiada presión. No digo que no estés intelectual o académicamente lista. Sé que lo estás aún cuando no has terminado de estudiar, cómo también sé que ni siquiera eso te hace falta. Pero creo que sería mucho estrés, ¿no lo crees?
-No lo sé… -dijo ella al tiempo que su rostro se asomaba de su escondite, con los pómulos colorados y los ojos vidriosos. –Pero debo estar presente, sino ¿cómo continuaré trabajando?
-Hermione… -Dijo él casi con tono de reproche. Era algo así como "no me vengas a mí con eso". De todas maneras, no le diría aún lo que pensaba. Ella todavía no se había dado cuenta de lo que sentía y si él se lo decía la negación sería eterna.
No entendía cómo las cosas habían ocurrido tan rápido. Tal vez Malfoy había sido la única persona que la había salvado de algo –además de él y Ron, sólo que ellos lo habían hecho en tiempos de guerra.
Draco Malfoy, en cambio, la había salvado en más de una ocasión sin tener que hacerlo; y eso desconcertaba a Harry mucho más que lo que Hermione sintiera o no por él.
-¡Harry! ¿Estás en casa? –Él la amaba, pero nunca creyó que consideraría su llegada tan inoportuna. Ginny acababa de entrar y se había anunciado a gritos.
Hermione se incorporó inmediatamente y se limpió las lágrimas que corrían, traicioneras, por sus mejillas.
-¡Hola, Hermione! ¡Te extrañaba! –dijo la pelirroja, que por venir cargada de bolsas apenas la divisaba.
-¡Hermione! –Exclamó cuando se libró de todo aquel peso. -¿Qué te sucede? –Ginny lo miró a Harry, quien sólo se encogió de hombros como si él estuviese esperando la misma respuesta. La chica la abrazó por detrás y sólo le susurró al mejor estilo Molly hasta que, de repente, sus ojos se abrieron inmensamente, miraron a su novio y luego a Hermione nuevamente -¡¿Qué te ha hecho Malfoy! –exclamó furiosa. Después de todo, ella había jurado que lo mataría cuando su amiga le había contado que trabajaría para él.
Hermione miró a Harry y como él no daba signos de haber insinuado nada, mintió como nunca lo había hecho. Juró que lo que le pasaba no tenía nada que ver con Malfoy. Le dijo que estaba estresada, que estaba considerando tomar unas vacaciones porque la guerra seguía azotándola en las noches.
Cualquiera le hubiese creído que lloraba por eso. De hecho, todos los que habían presenciado aquellos catastróficos hechos aún lo hacían de vez en cuando.
Así que Ginny la había dejado partir, no sin antes hacerla jurar que acudiría a ella en cuanto necesitara algo. Hermione se había retirado tras abrazarlos a ambos y haberle susurrado un "gracias" a Harry, aunque él no sabía por qué le agradecía; después de todo, no habían resuelto nada y estaba más confundido que nunca.
Pero Hermione no pensaba lo mismo. Los tres segundos de viaje que requería la red flú, le habían bastado para redactar en su mente la carta que enviaría a Lucius Malfoy. Acudiría a esa reunión y a todas aquellas en que se requiriera la presencia de Draco. Si sería la "asistente" del rubio, comenzaría a trabajar en eso tan pronto como fuera posible; es decir, ahora.
-¡Draco! –Ninguna mujer gritaría jamás con tanta elegancia como lo hacía su madre.
-Aquí estoy, madre. ¿Qué sucede? –dijo saliendo de la biblioteca que había en el piso donde se encontraba su habitación. Por supuesto que no era la biblioteca central, pero tenía una colección variada de libros que satisfacían sus dudas y momentos de ocio, los cuales eran muchos.
-Ha llegado una carta de la señorita Granger. No dice para quién es, pero como trabaja contigo, supongo que es para ti.
-¡Gracias! –Dijo arrancándosela de las manos y prácticamente corriendo a su habitación. Si se hubiese quedado, hubiese visto la sonrisa de su madre. Cualquier bruja podía leer una carta que no estaba protegida y asegurarse de que eso no se notara. La carta era para su esposo, pero podía dársela a su hijo y lucir inocente de todas maneras.
Draco se encerró y corrió a su gran ventanal con vista a los jardines. Abrió la carta de Granger con una desesperación que no sabía que corría por sus venas. Era una desesperación casi pasional, aunque Draco podía jurar que ya sabía lo que decía aquel papel.
Estimado señor Malfoy –Decía en una letra prolija que le indicaba que su padre era el destinatario.
Lamento la indiscreción, pero no he podido evitar escuchar su conversación con el señor Greengrass antes de partir. Por favor, no interprete que me entrometo en sus asuntos privados, pero la reunión que, según escuché y corríjame si me equivoco, comenzaron a planear, es de sumo interés para mí.
Bla, bla, bla… Draco hojeó la carta rápidamente sabiendo qué era lo que deseaba encontrar en aquellas palabras.
Mi asistencia a la misma podría serle de gran utilidad ya que cuento con las herramientas y los conocimientos concernientes a Softer que usted pueda precisar. Además, su hijo –Draco se sintió algo molesto por no ver su nombre- podría comenzar a participar más activamente, puesto que considero que ya está preparado –Mentirosa - para tomar decisiones.
En todo caso, si él tuviese dudas, yo podría resolverlas en el momento. Además, podría observar sus puntos débiles para reforzarlos para futuros encuentros.
El resto de la carta era pura palabrería y más bla, bla, bla.
Finalmente, firmaba con una ordenada caligrafía y se despedía sin haberlo mencionado nuevamente.
Ahora Draco debía tomar una decisión. ¿Qué decidiría? ¿Qué hacer con la maldita proactividad de Granger? ¿Acaso estaba loca o tenía memoria de pez? ¿Había olvidado cómo había concluido su última "visita" a la mansión?
Si su padre llegaba a permitir su concurrencia, Draco no podría despegar sus ojos de ella para asegurarse de que no se desmayara en medio del té.
Por supuesto que podía simplemente ignorarla pero, extrañamente, se sentía a cargo de ella, sobre todo si se trataba de su casa y/o de su familia.
Las opciones eran muy variadas, pero el resultado siempre era el mismo. Al final, todo dependía de su padre.
En caso de ocultar la existencia de la carta podían ocurrir dos cosas. Su madre podía comentarlo al pasar y su padre exigiría respuestas. Aún si esto no ocurriese, o él alegase que la carta estaba destinada a su persona, estaba seguro de que la cabezotas de Granger escribiría nuevamente, y otra vez, y otra vez hasta obtener una respuesta.
También podía fingir ser su padre y darle una respuesta negativa, pero no creía que Granger fuera a aceptar ese no.
Aunque sabía que ella lo lograría y él podría vigilarla, Draco sentiría mucha presión si ella acudiera a la reunión.
Finalmente, decidió que no era su asunto ya que ella se saldría con la suya y él no dormiría desde esa noche a la espera de lo que pudiera ocurrir el día de la reunión, que era, nada más y nada menos, que en dos días.
-¡Sí, sí, sí, sí! –Exclamó Hermione saltando por toda su casa tras haber recibido la respuesta de Lucius Malfoy.
Estaba saliéndose con la suya. Pensó que sería más difícil pero su carta había acabado siendo convincente.
"Ganarás esto, ¿verdad, Granger?"
Recordó que el señor Malfoy le había dicho.
-Claro que sí, señor –Dijo, poniendo una voz que supuestamente imitaba la de un hombre.
Hacía años que no era tan infantil. De hecho, tal vez nunca antes lo había sido.
Draco consideraba que no podía estar más preparado para la reunión de ese día. Podría decirse que sabía tanto como Granger.
Para lo único que no estaba preparado era para verla a ella. No estaba preparado para abrir su puerta, verla allí parada y hacerla caminar por aquella sala que hoy estaba pintada de color durazno.
Sin embargo, los timbres se habían activado y él había pedido a Duppy que ningún elfo atendiera la puerta si era Granger. Eso significaba que sólo podía ser ella porque, de lo contrario, ningún ruido se hubiese sentido.
Estaba nerviosa; de seguro no había ropa más incómoda que la que llevaba, su carpeta pesaba toneladas y estaría mal vestida.
Nada podía ser peor. Para colmo, había estado esperando por lo que le parecían horas y aparentemente nadie le abriría.
De todas maneras, lo peor de todo estaba detrás de la puerta. Hermione se encontró deseando impunemente que Draco Malfoy fuera quien la abriera.
Y, si los milagros existían, se estaban presentando ante ella, porque Draco abrió esa puerta y le dirigió una mirada que la sorprendió. Era como si él estuviera a gusto con el hecho de verla. Y eso, en cierto modo, le entibió el corazón.
Lo que seguiría sería, sin duda, lo más difícil. Ambos sabían que si querían llegar a alguna parte tendrían que pisar aquella sala, que para Hermione era equiparable al temor que le generaba el Innombrable.
-Bienvenida nuevamente, Granger. Espero que no te arrepientas de haber venido. –Dijo él con un extraño tono irónico.
-Espero lo mismo –Susurró ella.
Malfoy se hizo a un lado y ella dio un paso al frente. Comenzaron a caminar y los zapatos de ambos, los de él cinco veces más caros que lo de ella, se movían al unísono.
Recorrieron el hall de entrada y se detuvieron ante una gran arcada. Más allá se divisaba una pared color durazno. Malfoy se había adelantado medio paso, pero no porque él fuera más rápido, sino porque ella se había detenido.
La joven ya no podía seguir caminando, así que reaccionó como lo había hecho semanas atrás. Lo miró y le pidió ayuda, en silencio. Los ojos de Draco hoy no eran tormentosos. Era el gris de un cielo que se estaba despejando y se mezclaba con celeste.
-¿Estás bien? –Preguntó él, casi con ternura.
Draco no sabía si matarla, ayudarla a avanzar o alejarla de ese lugar. El miedo en sus ojos era tan evidente como el sudor de sus manos.
El corazón de la chica latía con tanta fuerza que hasta podía sentirlo.
Pero Draco se dio cuenta de que no era el corazón de ella; era el suyo propio el que latía con miedo y ansiedad. De todas maneras, sabía que el de ella estaba moviéndose con igual o más intensidad.
Finalmente, decidió que sus impulsos eran la mejor guía en estas situaciones. Después de todo, ellos los habían salvado la última vez.
Cuando Hermione decidió que tendría que darse la vuelta o pasar por aquella habitación sola, Draco Malfoy tuvo la actitud menos pensada.
Él estiró su mano en su dirección y mantuvo el contacto visual todo el tiempo, como si supiera que ella sólo podría hacerlo mientras su mirada gris la atravesara.
Y, en realidad, esa era la condición que debía cumplirse para que lo logre, para que lo logren. Así mismo era como él la había "rescatado" la última vez.
Ella sabía que era la mejor y única alternativa, entonces estiró sus dedos temblorosos y los guardó dentro de la protección que ofrecía la mano de Malfoy, cálida como siempre.
Él dio un lento paso y la esperó. Esperó a que ella tomara la decisión de seguirlo.
Y, tras meditarlo unos segundos, así lo hizo.
Draco se preguntó cuántas manos habían encajado tan perfectamente dentro de la suya.
Ninguna.
Y con esa respuesta en mente, comenzó a caminar, con paso lento pero seguro, para transmitirle su seguridad.
Sentía que el leve temblor de su mano iba creciendo. Cuando éste se hizo insoportable y la sintió más pesada, la miró nuevamente.
Ella había aminorado el paso y sus ojos estaban desviándose a su alrededor. Al paso que iban, en medio metro estaría empujándola, así que decidió prevenir aquella situación.
Cambió la mano de Granger de su izquierda a la derecha, posando la mano libre en la parte baja de su espalda, y dándole un pequeño empujón para que ella arrancara. Hermione lo miró desconcertada pero avanzó ante su insistencia, abrazando tan fuerte la carpeta que llevaba en su mano izquierda que sus finos nudillos se habían blanqueado.
Quien los viera de afuera diría que eran una pareja de recién casados ingresando a la celebración de su boda. Todo indicaba eso, excepto la cara de terror de la muchacha.
Así y todo, Duppy, escondida tras una columna, y Narcissa espiándolos desde la arcada que conectaba esa sala con el recibidor, pensaron justamente eso.
Hermione seguía avanzando con inseguridad. Delante de ella había unos cinco metros más, pero para ella se veían como diez y la habitación parecía tomar forma de embudo. Sin embargo, estaba a la vista que era una sala cuadrada.
La mano de Draco en su cintura era tan íntima que sabía que sentiría pudor cuando lo recordara. Era lo más cerca que había estado de él alguna vez y eso la desconcertaba y le agradaba en partes iguales, lo cual la desconcertaba aún más, si eso era posible.
Obviamente había estado pegada a él cuerpo a cuerpo en la primera ocasión en que había visitado la mansión, pero en ese momento ella podía alegar emoción violenta, desesperación, locura, delirio persecutorio, o cualquier otra anomalía psiquiátrica. Mas, en este momento, estaba totalmente lúcida y todos sus sentidos funcionaban. Estaba tan concentrada en la mano de Malfoy que se tambaleó cuando él la soltó de un momento a otro forzándolo a recolocar su mano donde había estado para estabilizarla.
Hermione no había notado que habían alcanzado la frontera.
Unos metros más allá, mirando de reojo, se encontraba Lucius Malfoy, y en algún momento de aquel recorrido, los Greengrass habían llegado e ingresado quién sabía por dónde.
Hermione miró a Draco y encontró en sus ojos el mismo desconcierto que ella misma sentía.
Esta vez, ambos jóvenes fueron salvados por alguien más.
-Que comience esta reunión. Le diré a los elfos que sirvan el té –Dijo nada más y nada menos que Narcissa Malfoy al tiempo que los empujaba y se ponía en el medio de ambos.
Si no fuese por la sorpresa, Hermione podía jurar que había visto una sonrisa de… ¿complicidad? en los ojos de aquella señora.
Eran cálidos, como las manos de su hijo.
A modo de tortura, como me dijo una de mis lectoras, les dejo un adelanto del siguiente capítulo–Se ríe y se frota las manos
Aclaración: el adelanto no está beteado.
-Draco, ¿por qué no le muestras el resto de la mansión a la señorita Granger? Quisiera tener una conversación privada con Almic. Seguramente la biblioteca principal será como un parque de diversiones para ella.
Alzó su rostro hasta que sus ojos se encontraron. Gris tormenta y miel se miraron durante unos segundos y luego Draco la obligó a mirar aún más arriba. Lentamente rotaron en dirección a los estantes. Él, desde detrás, pero sin rozarla con su cuerpo, alzó la mano que se encontraba en su barbilla y señaló un libro al tiempo que posicionaba la otra mano en su cintura para hacer equilibrio.
Afortunadamente, Draco Malfoy conservaba sus reflejos de buscador. La cogió por la cintura antes de que su cara se estampara contra el suelo. La puso de pie casi en el mismo instante y ella, que no había querido soltar el libro, se estrelló contra su cuerpo por no poder utilizar sus manos.
Porque en los ojos de Hermione no había más lástima, no había rencor. Había comprensión, y eso era lo que Draco había estado buscando, redención. Lo había intentado encontrar en sus viajes, en las mujeres y bares que había frecuentado. Lo había buscado en los negocios familiares.
Y lo había encontrado en Hermione Granger.
Bueno, no hay más, ¡lo siento por ustedes!
