Bien, éste capi fue rápido. Espero les guste. leonhardtrose, agradezco sinceramente tus reviews. No te preocupes, este Fic seguirá hasta su final.
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Capítulo 10.
Solo.
*Ryan POV*
La tarde avanzaba con increíble lentitud. De acuerdo a la experiencia podía calcular que aún faltaba a lo menos una hora para el anochecer. Aunque en realidad, además de la oscuridad, debíamos esperar que los cazadores que vigilaban el acceso al puente se marcharan, así que podía ser más que ese tiempo. Joel había caído dormido sobre su silla. Henry, tras un vistazo final a través de la ventana no hacía media hora atrás, también se encontraba descansando. Sam y Ellie habían jugado con los arándanos durante bastante tiempo antes de que ambos se durmieran también. Sam estaba recostado sobre el sillón, encogido en posición fetal, y Ellie dormía sentada junto a él, apoyando su peso en uno de los braceros. .
Yo mismo me encontraba dormitando. El cansancio prometía vencerme pronto pero, aún así, no podía dormirme. No quería dormirme. Mi voluntad, sin embargo, estaba siendo sometida por el sueño. La cabeza se me iba hacia delante cada tantos minutos, pero la misma agitación del movimiento me hacía despertarme y abrir los ojos nuevamente. Me estiré para quitarme un poco la pereza de encima y recorrí la habitación con la mirada. Todos estaban dormidos ya, menos yo. Un suspiro leve llamó mi atención; Ellie parecía estar soñando.
Inevitablemente, las palabras de Joel regresaron a mi cabeza. ¿De verdad era tan importante mi opinión como para que se molestara conmigo por haber dicho que sólo era alguien a quien había prometido cuidar? ¿Qué significaba para mí eso? Era verdad que le había prometido a Tess que la llevaría con las Luciérnagas, y en un principio para mí Ellie era sólo un paquete que había que entregar. Pero, en esos pocos días…
Negué con la cabeza y, de manera inconsciente, me llevé una mano en la cabeza para rascarme. Siseé por la punzada de dolor que recorrió el lado derecho de mi cabeza y mi sien, y me miré los dedos. Tenía sangre en mi mano, no completamente húmeda, pero no seca aún. Había olvidado por completo que me había herido producto del choque en la camioneta, entrando a Pittsburgh. Con todo el sudor y el polvo, lo mejor era que me encargara de curarme o se me infectaría.
Me levanté, intentando ser lo más silencioso posible, y me encaminé hacia el baño que había ahí mismo en la oficina. Aún entraba algo de luz a través de la ventana, lo que me permitiría ver la herida en el espejo con algo de claridad. Lo primero en llamar mi atención fue mi rostro; me veía absolutamente agotado y sucio. El polvo se me había pegado a la piel producto del sudor, y tenía manchas de sangre seca en ambos lados de la cara. Parte de ella parecía ser mía, pero algunas salpicaduras eran, casi sin duda alguna, de aquellos a quienes había matado de cerca.
Pasando de mi imagen, incliné la cabeza hacia un lado para poder inspeccionar mi cabeza, abriéndome el pelo con las manos y palpando para detectar los lugares más sensibles. Tenía una herida de consideración que se extendía desde un poco más atrás de la sien hasta sobre la oreja, casi en la parte superior de la cabeza. También tenía algunos cortes más pequeños, producto de los vidrios de la ventanilla que explotó con el choque. No parecía haber trozos de vidrio en mi piel, lo que haría más fácil limpiar la herida. Y mi rostro.
Me disponía a ir a buscar algunos trapos y algo de alcohol y agua para comenzar cuando escuché como la puerta del baño, que había dejado entreabierta, se abría lentamente y una cabeza pelirroja se asomaba hacia el interior.
- ¿Te encuentras bien, Ryan? - me preguntó Ellie, con genuina preocupación.
- Sí. - respondí, en un susurro. - Con todo lo de allá afuera me olvidé completamente que aún necesito limpiarme la cabeza.
- Lo siento, también lo olvidé. - se disculpó Ellie, ahora con voz más neutral. Terminó de abrir la puerta y, para mi sorpresa, llevaba consigo algunos vendajes y una botella de alcohol, y otra de agua.
- ¿Cómo…?
- Te vi mirar tus dedos con sangre antes de venir. - susurró Ellie. - Entonces me acordé.
- Oh. Bueno, gracias. - dije, yendo a tomar las cosas de sus manos. Ella las retiró antes de que pudiera hacerlo.
- Será mucho más fácil si me dejas hacerlo. - me dijo. Y tenía razón. Asentí.
- De acuerdo.
Me senté sobre el WC y esperé. Ellie dejó primero la botella de alcohol y uno de los vendajes sobre el lavamanos, y humedeció el otro con el agua antes de entrecerrar la puerta nuevamente. Luego se acercó a mí y me sostuvo la cabeza con una mano, mientras con la otra comenzaba a limpiar algo de la sangre seca de la herida. La presión me provocaba dolor, pero me lo aguanté sin hacer ninguna expresión al respecto.
- Tienes el pelo delgado. - comentó Ellie, tras algunos minutos de limpieza. - Y muy suave, la verdad.
- Ehm. ¿Gracias?
Cuando finalizó con la limpieza inicial, el vendaje estaba teñido de rojo y rosado. Lo dejó en el lavamanos, previo haber tomado el que estaba limpio y la botella de alcohol.
- Ahora lo que te gusta. - dijo, medio en broma. Gruñí. - Oye, al menos no tienes trozos de vidrio incrustados, eso lo hubiera hecho peor.
Empapó el vendaje con el alcohol y procedió a aplicármelo sobre las heridas. Inhalé entre mis dientes, apretando la mandíbula en respuesta al fuerte ardor, combinado con el dolor de la presión que implicaba.
- Ya casi. - fue todo lo que Ellie me dijo. - Creo que no necesitas puntos, no sangra tanto.
Tras unos interminables minutos, Ellie terminó de limpiar la herida y parte de mi rostro. Tuve que mantener presionada la herida con el vendaje con alcohol para que dejara de sangrar, pues había comenzado a hacerlo nuevamente pero en muy pocas cantidades.
- Odio los golpes en la cabeza. - murmuré, cerrando los ojos e inclinándome hacia atrás para apoyar la espalda contra el estanque del WC. - Es increíble que ya sean dos golpes severos en tan pocos días.
- Si. Suena a mucho sacrificio… - susurró Ellie. Me estaba dando la espalda, pues se encontraba cerrando las botellas de agua y alcohol. Fruncí los labios.
- Gracias. Por ayudarme, ya sabes… - comenté.
- Es lo que corresponde, ¿no? - dijo ella, sin voltearse. - Prometiste cuidarme y lo has hecho… lo mínimo que puedo hacer es cuidarte a ti también, como agradecimiento.
Junté levemente las cejas.
- ¿En verdad crees eso? Que lo hago sólo porque prometí hacerlo… - susurré. Ellie suspiró.
- Es lo que dejaste claro hace poco. - me dijo, volteándose para mirarme, poniendo sus manos sobre sus caderas.
- ¿Importa acaso? - pregunté. Ellie sólo se quedó mirándome a los ojos, sin decir nada. - Creo que si, ¿verdad?
Suspiré y me quité la venda de la cabeza, cerrando los ojos un segundo.
- Es verdad, prometí cuidarte y lo estoy haciendo por eso. - dije, volviendo a mirar a Ellie a los ojos. - Pero no es el único motivo. No tuvimos el mejor comienzo, contigo tratando de apuñalar a Joel y… Pero Ellie, lo que dije… no estuvo bien. Lo siento. La verdad es que te estoy llevando con las Luciérnagas porque lo prometí pero… te cuido porque me preocupo por tí. Porque no me gustaría que te pasara algo o que te mataran.
- ¿Lo… lo dices en serio?
- Sí. - aseguré, y sonreí de lado, derrotado. - Sí me importas, Ellie. Y no por la promesa que le hice a Tess.
Ellie bajó la mirada un segundo antes de volver a mirarme y sonreír.
- Significa que somos… ¿amigos? - preguntó.
- ¿Por qué no? - me encogí de hombros, y sonreí. Ellie sonrió abiertamente, antes de ladear la cabeza.
- ¿Entonces por qué dijiste…?
- Ellie, Henry y Sam, aunque al parecer no son malos, son desconocidos. Es mejor mantener algo de distancia, al menos por un tiempo. - expliqué. Ellie asintió unas pocas veces.
En ese momento me di cuenta de que la luz del día había bajado bastante ya, y nos encontrábamos en una oscuridad bastante densa. ¿Cuánto tiempo habíamos pasado ahí?
- ¿Te duele? - me preguntó Ellie.
- No. ya no. - aseguré. Sentía una leve molestia, pero nada incapacitante.
La puerta del baño se abrió y Sam entró. Ellie se volteó para mirarlo. El chico nos miró a ambos alternadamente.
- Henry dice que ya es tiempo de marcharnos. - informó Sam, luciendo algo desanimado. - Pero no se atreve a despertar a Joel porque podría golpearlo.
Ellie rió levemente.
- Yo iré. - dijo Ellie y pasó junto al niño para ir a despertar a Joel. Sam se me quedó viendo un momento antes de fijarse en los vendajes ensangrentados.
- ¿Estás herido? - me preguntó.
- No es nada. - aseguré, permitiéndome esbozar una leve sonrisa.
- Fueron… ¿esas cosas?
- ¿Infectados? No. Nada de eso. - negué con la cabeza. - Los malditos nos tendieron una trampa; me golpeé en la cabeza.
Sam asintió lentamente.
- Mejor eso que ser mordido. - dijo, en voz baja. Asentí, totalmente de acuerdo.
- Bien. Hora de salir de este puto lugar. - dije, levantándome demasiado rápido. Me dolió la herida. - Auch… tengo que recordar no saltar muy alto ni nada de eso.
Salimos del baño y Sam fue a reunirse con su hermano, quien comenzó a darle instrucciones. Joel se estaba levantando, junto a Ellie. Fui a reunirme con ellos.
- ¿Están listos? - pregunté. Joel asintió, al igual que Ellie.
*Ellie POV*
Estábamos a punto de enfrentarnos a algo que podría costarnos la vida, como ya lo habíamos hecho antes, pero no estaba para nada asustada. Ni siquiera nerviosa. Estaba feliz, de hecho. No porque fuéramos a enfrentarnos a todos los cazadores. No. Sino por la charla que había tenido con Ryan, mientras y después de curarle la herida. Ya, ni yo misma tenía claro el porqué me había afectado tanto que dijera que no era más que alguien a quien tenía que proteger, un paquete que entregar. Pero me había puesto muy triste, la verdad. Pero que me dijera que en realidad se preocupara por mí, que éramos amigos y no sólo compañeros de negocios, por ponerlo de alguna manera, me había devuelto la alegría y me había llenado de energía. Era extraño, la verdad.
No entendía la razón de llevar tantas reservas respecto a Henry y a Sam. Para mí eran muy buenas personas. Pero al final terminé suponiendo que Ryan era así, y no había mucho que hacerle.
Habíamos bajado al primer nivel del edificio, por las escaleras de emergencias, hasta llegar a la parte trasera de una recepción muy amplia, pero a muy mal traer. Tres cazadores vigilaban aquel sitio, junto a un fuego encendido dentro de un barril de acero, para no pasar frío y disponer de algo de luz. Joel y Henry se adelantaron, agachándose detrás de un pilar caído, mientras que Ryan, Sam y yo permanecimos atrás, escondiéndonos tras un montón de escombros.
Los bandidos charlaban entre ellos; eran pésimos vigilantes.
- Bien, encarguémonos de ellos. - indicó Henry. - Rápido y en silencio.
- Si. - convino Joel, hablando en voz baja, antes de mirar por sobre su hombro en dirección a Ryan e indicarle que se les uniera.
Los tres avanzaron con cuidado, aprovechando las sombras para ocultarse, y coordinadamente alcanzaron uno a cada cazador y, de manera propia, los mataron sin hacer casi ningún ruido. Era imposible que no se escuchara el forcejeo estando cerca, pero ninguno de los otros cazadores que vigilaba allá, en el paso hacia el puente, lo notó.
Joel nos indicó a Sam y a mí que avanzáramos hacia un lado, para salir a la calle desde atrás de los autos abandonados, para cubrirnos desde una buena distancia a la puerta y el puesto de vigilancia. Había una potente luz que se proyectaba lentamente desde izquierda a derecha, y viceversa, intentando descubrir intrusos. Intrusos como nosotros.
Nos refugiamos detrás de un auto, los cinco, mientras esperábamos a poder avanzar sin ser detectados.
El ruido característico de un chasqueador nos hizo voltear. A lo lejos, uno de ellos avanzaba torpemente entre los escombros, en dirección a la puerta.
- ¿Oyes eso? - preguntó un cazador.
- Si. Un maldito chasqueador. - convino otro, el que estaba moviendo la linterna. - Pero no veo un carajo.
Apuntó la luz por sobre nosotros, e inconscientemente me encogí para que no me diera. A la distancia, detrás de nosotros, logró iluminar al chasqueador. Los disparos de rifle se hicieron oír de inmediato, aunque los primeros tres o cuatro disparos no dieron en el blanco; ese tipo tenía una pésima puntería. Hasta que finalmente atinó, y la cabeza del chasqueador explotó y se desparramó en todas direcciones.
- ¿Viste eso? - preguntó el tirador, orgulloso de su trabajo.
La luz volvió a su ronda normal de izquierda a derecha, barriendo el sector. Al menos esa intervención nos había servido para corroborar que la luz era manejada por un hombre, que estaba armado, y que había al menos uno más de ellos en el piso, haciendo rondas.
- Esperen a que la luz pase sobre nosotros. - indicó Joel, en voz baja - Iremos por nuestra izquierda.
Y así lo hicimos. El haz de luz hizo su barrido hacia nuestra derecha y, mientras aún avanzaba en aquella dirección, comenzamos a desplazarnos rápidamente en dirección a otro auto, tras el cual nos escondimos. La luz volvió a barrer sobre nosotros y debimos esperar a que volviera a desplazarse hacia la derecha para volver a avanzar. Unos escombros fueron nuestro siguiente escudo, aunque nos obligó a agacharnos mucho más ahora que estábamos más cerca de la fuente de aquella luz blanca.
- Veo a tres. - indicó Henry, susurrando. - Más el que está allá arriba.
- Tenemos que acabarlos sin que el del rifle se dé cuenta. - murmuró Joel, atento. - Bien, Ellie, quédate aquí con Sam y cubran nuestras espaldas. Ryan, tú vienes con nosotros.
Tenía mi pistola en mano, y Henry le había dado a Sam otra. Esperaron un nuevo barrido de la luz y salieron hacia la oscuridad, en dirección al puesto de vigilancia; hacia los cazadores en el suelo. Desde mi posición no podía ver nada de lo que estaba pasando, pero agudizando el oído comencé a escuchar los forcejeos característicos de los ataques por sorpresa y por la espalda, letales, que aplicaban Joel y Ryan.
- ¡Los encontré! - gritó de pronto un cazador, desde la derecha, pero adelante. Nos nos habían descubierto a Sam y a mí, sino que habían visto a nuestros amigos.
- Mierda. - exclamé, en voz baja.
Desde allí no podía ver lo suficientemente bien como para disparar a alguien que se moviera sin estar segura que no se trataba de uno de los míos. Se escucharon disparos y golpes, gruñidos y quejidos, gritos de dolor. Me pareció un tiempo eterno antes de que todo quedara en silencio, salvo algunos jadeos distantes.
- Bien. Salgan. Ellie. Sam. - llamó Joel.
Suspiré, aliviada, y fui con Sam a encontrarnos con ellos tres. Ahora pudimos darnos el lujo de encender nuestras linternas. Los tres habían recibido algunos golpes. A Joel y Ryan les sangraban los labios, y Henry tenía una marca roja en una mejilla. Pero fuera de eso, estaban bien.
- Creo que ni con los militares me golpeaban tanto, tan seguido. - comentó Ryan, pero extrañamente, sonreía con satisfacción.
- Lo logramos. - dijo Henry, y comenzó a dirigirse hacia la puerta.
Una pesada puerta doble de acero estaba cerrada en el costado derecho del puesto de vigilancia. Joel trató de empujarla pero no pudo hacerlo solo.
- Ayúdame con esto, Henry. - pidió.
Entre los dos y con bastante esfuerzo lograron abrirla lo suficiente para que cupiéramos todos, mientras Ryan vigilaba. El motor que habíamos comenzado a temer se hizo escuchar a la distancia, y un haz de luz comenzó a moverse hasta detenerse sobre nosotros.
- ¡De prisa! - gritó Ryan.
Nos guió a Sam y a mí, empujándonos por nuestras espaldas, hacia la apertura entre el par de puertas, por las que Joel y Henry acababan de pasar y que sostenían desde el otro lado. Cruzamos justo en el instante en el que la camioneta armada se detenía frente a las puertas, y nos apuntaba con su arma. Joel y Henry soltaron las puertas y el paso se volvió a cerrar, y Henry las aseguró con una gruesa barra de acero.
- Eso estuvo cerca. - dije, agitada.
Comenzamos a trotar en dirección al puente, rodeando escombros. No había cazadores cerca, al menos de momento, hasta que llegamos a un bloqueo en el camino. El contenedor gigante de un camión, que contaba con parte de una escalera vertical aún sujeta a su parte superior.
- Por arriba. - dijo Joel. - Vamos Henry.
Le dio impulso a Henry para subirlo. Éste dio una ojeada rápida desde arriba y se agachó en la orilla.
- Bien. No hay nadie. - dijo. - Vamos, Sam.
Joel y yo ayudamos a subir a Sam, a quien Henry recibió para subirlo al contenedor. Ryan vigilaba, con su escopeta en las manos.
- Ahora tú, Ellie. - dijo Joel.
Guardé mi pistola bajo el cinto y apoyé un pie sobre las manos de Joel, usando unos de sus hombros como apoyo para mi equilibrio e impulsarme hacia arriba para sujetar la escalera. Una agitación provocó que uno de sus lados se desprendiera, y me encontré colgando erráticamente un segundo antes de que la escalera cediera por completo. Henry logró atrapar mi mano y jalarme hacia arriba justo antes de caer fuera de su alcance.
Me puse de pie de inmediato y miré a Joel y Ryan, quienes miraban hacia arriba intentando pensar en una manera de subir.
- Tenemos que subirlos. - dije, mirando a Henry.
Las voces de más cazadores comenzaron a llegar hacia nosotros. Y peor aún, el estruendo de la camioneta intentando abrirse paso a través de la pesada puerta. Henry miró hacia allá, luego hacia abajo y, finalmente, dejó caer los hombros.
- Lo siento. - dijo, derrotado.
- ¿¡Qué!? - preguntaron Ryan y Joel.
- Lo siento. - repitió Henry y tomó a Sam de un brazo.
- ¡No! - gritó Sam, pero no pudo resistirse a su hermano.
- ¿¡Qué demonios, Henry!? - grité, mirando, incrédula, mientras se alejaba.
Miré hacia abajo. Joel y Ryan se habían volteado para mirar en dirección a la puerta. Antes de que pudieran decirme nada, salté, regresando con ellos. Su mirada sorprendida me llamó la atención.
- Seguiremos juntos. - dije, asintiendo.
- Tenemos que salir de aquí. - dijo Joel, mirando en todas direcciones en busca de un camino alternativo.
- Por ahí. - señaló Ryan.
Una cortina de metal cerraba la entrada a una edificación. Era nuestra única opción. Corrimos hacia allá y Joel se agachó inmediatamente para abrirla. La cortina subió rápidamente, justo cuando la camioneta logró abrirse paso a través de la puerta, avanzando alarmantemente hacia nosotros.
Ryan y yo pasamos de inmediato y él, sin perder un segundo, se volteó para sujetar la cortina para que Joel pasara. Apenas hubo entrado, dejó caer la barrera y retrocedió ante el sonido de los disparos chocando contra el metal.
- Justo a tiempo. - comentó Ryan, aliviado. Asentí.
- Vamos, tenemos que seguir. - dijo Joel.
Podíamos escuchar a varios cazadores ahí adentro, preguntándose por el escándalo. Subimos una pequeña escalera y salimos de lo que era una zona de descarga hacia la parte trasera de un antiguo, pero lujoso, restaurante. Los cazadores estaban ahí, esperándonos. Y apenas se dieron cuenta de nuestra presencia, buscaron refugio para comenzar a dispararnos.
Nos cubrimos detrás de la barra de un bar, de madera gruesa, y respondimos a los disparos de inmediato. No habíamos llegado tan lejos para morir ahí. Uno a uno, los bandidos fueron cayendo, abatidos, hasta que no quedó ninguno en pie.
Dimos un registro rápido a los cuerpos, recuperando un poco de munición, y salimos hacia el centro de lo que había sido el patio central de un centro comercial pequeño; mayormente restaurantes habían estado instalados ahí. A poca distancia se veía el acceso para vehículos del puente que buscábamos.
- Por ahí. - dijo Joel.
Un choque tremendo nos hizo voltearnos para ver como aquella camioneta blindada atravesaba un montón de escombros.
- ¡Corran! - gritó Joel.
Me lancé a la carrera de inmediato, justo cuando los disparos comenzaron. Escuchaba los proyectiles impactar a mi alrededor mientras ganaba velocidad y corría hacia el puente. El motor de la pesada camioneta rugía, ahora detrás de nosotros, mientras nos abríamos paso por el acceso de vehículos, esquivando obstáculos y manteniendo la cabeza algo abajo. Las balas derribaban casi todo a nuestro alrededor. yo iba a la cabeza, Ryan detrás de mí, y Joel al final. Esquivé un autobús volcado en el último segundo, evitando por poco estrellarme de cara contra él, y seguí avanzando.
- ¡Cuidado! - gritó Ryan, detrás de mí, y me sujetó por los hombros para detenerme.
El puente… se había derrumbado. No había por dónde cruzar al otro lado, y ya no teníamos cómo volver. Joel se unió a nosotros, mirando hacia abajo, al turbulento río, con desesperación. Escuchamos como la camioneta impactó algunos obstáculos, empujándolos con violencia.
- ¿¡Cuántas balas les quedan!? - preguntó Joel.
- ¿¡Estás demente!? - preguntó Ryan.
- ¡Nos matarán! - grité.
- ¿¡Qué otra opción nos queda!? - preguntó Joel.
- ¡Saltar! - dije, exasperada.
El autobús volcado había comenzado a avanzar, amenazando con ceder y abrirle el paso a la camioneta.
- No. Está muy alto y no sabes nada. - dijo Joel.
- ¡Me mantendrán a flote!
- ¡No! Yo… - Joel intentaba pensar en otro modo. - Los impulsaré, aléjense lo más que puedan y…
- ¡Jamás podrías lograrlo, Joel! - gritó Ryan, quien apuntaba su pistola hacia donde la camioneta aparecería en cualquier momento.
No quedaba de otra.
- ¡No discutas, Joel! - grité y me volteé para saltar.
- ¡Ellie! - escuché las voces de ellos dos, más arriba, justo antes de caer en el agua helada.
El golpe de frío me hizo reaccionar inmediatamente y comenzar a patalear y bracear para poder ascender. Estaba todo muy agitado y no podía ver nada; ni siquiera sabía si estaba ascendiendo o sumergiéndome más. Hasta que sentí como mi cabeza salía a la superficie, y llené mis pulmones con una gran bocanada de aire. Desde ahí, fue luchar por mantenerme a flote. Más que eso no podía hacer. Con suerte lograba tener la cabeza fuera del agua en esa corriente; jamás podría luchar contra ella sin saber nadar.
No sé cómo lo hice, pero logré voltearme y divisar a mis compañeros, un poco más atrás, moviéndose entre la corriente.
- ¡Joel! - grité, tragando una gran cantidad de agua en el proceso. - ¡Ryan!
Joel, quien resultó estar más cerca, llegó hasta mí y me tomó de un brazo, braceando con el otro para conseguir algo de dirección y esquivar algunos obstáculos. Lo ayudé como pude, pero no tenía la fuerza para resistir la dirección del agua.
- ¡La roca! - gritó Ryan, quien estaba casi junto a nosotros.
- ¡Mierda! - gritó Joel, y me envolvió entre sus brazos, pegándome a él para ponerse detrás de mí. - ¡No, no, no!
El impacto de la colisión contra la roca me sacudió la cabeza, desorientándome algunos instantes. El agarre de Joel se había aflojado y nos estábamos separando, así que me sujeté a él para no perderlo.
- ¡Mierda!
Sentí que algo se enganchaba de mi mochila y apenas pude mirar sobre mi hombro para ver que Ryan nos había alcanzado y que intentaban arrastrarnos hacia la orilla. El poder implacable del río no se lo estaba poniendo fácil.
- ¡Ryan…! - grité. - ¡Joel no…!
- ¡No lo sueltes!
Jaló de nosotros y rodeó como pudo mi cintura con un brazo, manteniéndonos a los tres a flote. El ancho del río había disminuído en aquella parte, así que la orilla más cercana estaba a pocos metros de nosotros ya. Y entonces dejamos de seguir la corriente.
Ryan había logrado sujetarse de un tronco que estaba fijo de alguna forma, a unos cinco metros de la orilla. Me negaba a soltar a Joel, y Ryan mantenía su agarre fuerte para no dejarnos ir, pero se estaba agotando, y se notaba. Una figura de blanco apareció en la orilla y se lanzó al agua, nadando torpemente debido a la fuerte corriente hasta encontrar soporte en un madero clavado al fondo y que sobresalía a la superficie, algo más río abajo.
- ¡Es Henry! - grité, esperanzada.
- ¡Aquí! - gritó él, desde el madero. - ¡Tienen que intentar nadar!
- ¡Joel está inconsciente! - grité, y me escuché demasiado asustada para mi propio gusto.
Sólo se escuchó la violenta agua por algunos segundos.
- ¡Lánzalo! ¡Lo atraparé cuando la corriente lo arrastre hasta aquí! - gritó Henry.
- ¡Uuh! ¿¡Qué tal si abro mis alas y vuelo hasta allá?! - gritó Ryan, sarcástico, pero agotado.
- ¿¡Acaso ves otra forma!?
Ryan estaba jadeando y su agarre perdía cada vez más fuerza.
- Ellie, sujétate del tronco. - pidió Ryan. Lo miré un segundo antes de soltar solo una mano en mi agarre a Joel, y rodeé como pude el tronco. - ¿Lo tienes?
- Sí. - aseguré. Ryan deslizó su brazo de alrededor de mi cintura y sujetó a Joel.
- Suéltalo. - me ordenó. Y solté al Joel.
Ryan gruñó al tener que sujetar a Joel el sólo, y yo me sujeté con ambos brazos del tronco. Mis extremidades estaban entumecidas por el frío.
- ¡Más te vale atraparlo! - gritó Ryan y, impulsándose con los pies también, del tronco, logró mover a Joel en dirección a la orilla antes de soltarlo.
Desesperada, vi como el cuerpo flotante de Joel comenzaba a hundirse, siguiendo la corriente. Más abajo, Henry nadó, alejándose del madero para interceptar a Joel y arrastrarlo hacia la orilla, donde Sam lo ayudó a dejarlo en tierra firme.
El tronco se sacudió peligrosamente.
- ¡Se está soltando! - advertí aterrada.
Ryan volvió a sujetarme con fuerza.
- ¡Sujétate de Henry! - me pidió y, justo antes de que el tronco cediera, se dio impulso con sus piernas para movernos am ambos hacia la orilla, donde Henry ahora nos esperaba a nosotros.
No sé cómo. No sé con qué fuerzas… Ryan me empujó aún más para lograr una mayor distancia mientras nos arrastraba la corriente. Estiré mis brazos, buscando a Henry con anticipación. Y lo encontré. Él me sujetó los brazos con fuerza y jaló de mí. Y sentí un fuerte golpe con la parte inferior de mi cuerpo, y como el peso adicional se liberaba de mí.
Me volteé inmediatamente y sólo pude ver como Ryan era arrastrado; ya ni siquiera se movía… se había golpeado fuertemente contra otro madero que apenas se veía. Y se hundió a varios metros y no pude verlo más.
- ¡Ryan!
*Ryan POV*
Toda mi columna. No. Todo mi cuerpo palpitaba producto de aquel impacto. Muy tarde me había dado cuenta de la presencia de aquel madero oculto bajo el agua, tan cerca de donde Henry aguardaba para ayudarnos a salir del río. El golpe en mi costado había sido brutal. Me había sacado el aire de inmediato y, estaba casi completamente seguro de ello, había hecho crujir mis costillas antes de que el agotamiento y la repentina falta de oxígeno nublaran mi mente. Al menos, según recordaba, Ellie había podido sujetar a Henry.
Todo a mi alrededor estaba frío y tumultoso. Podía percibir, entre cada punzada de dolor, como mi cuerpo completo se agitaba violentamente. No podía respirar. No podía ver. Sólo escuchaba la agitación de la enorme masa de agua. ¿Iba a morir? Sin dudas parecía ser una buena idea. Mi madre ya no estaba. Tess ya no estaba. ¿Qué me quedaba ahí? Nada.
No. No era cierto. Aún estaban ellos. Ellie y Joel. Mis amigos. A quienes cuidaba y quienes me cuidaban. Vagamente pude recordar los consejos de Joel al momento de disparar o sorprender a un enemigo, los momentos de descanso cuando los acompañaba a él y a Tess a sus contrabandos. Y Ellie. La conversación en la camioneta. La broma que le habíamos jugado a Joel. Cómo atendió mis heridas en aquella oficina.
Era verdad. Aún los tenía a ellos, y necesitaban mi ayuda para llegar con las Luciérnagas. Cada movimiento fue un terrible dolor. Mover mis brazos era una tortura, y mis piernas una agonía, pero lo hice. Luchando contra el poder de la corriente, emergí a la superficie y tomé una dolorosa y profunda bocanada de aire. Mis sentidos se recuperaron gracias al valioso oxígeno, pero mi costado derecho ardió por el esfuerzo. Recuperé la vista y el oído, y sentí mucho más frío de golpe.
Volví a respirar profundamente y, apenas consciente, miré los alrededores. Todo era agua, muy violenta, y la tierra se veía lejana, decorada con árboles. Intenté nadar hacia la orilla, pero me fue imposible. Apenas conseguía permanecer a flote así como estaba. Y entonces lo vi. Un trozo de madera. Uno grande, que flotaba tortuosamente cerca. Me impulsé como pude, acortando la distancia entre mí y lo que sería mi única oportunidad de sobrevivir a eso.
Resultó ser una plancha de madera bastante ancha, lo suficiente para poder sujetarme de una de las orillas y subir la mitad de mi cuerpo en ella. Jadeaba dolorosamente; mis costillas me estaban matando. Ya había hecho todo lo que podía… La mente se me nubló de nuevo, y me fui a negro.
Abrí los ojos de golpe. Todo estaba tranquilo, apenas iluminado por una fuente cálida de luz. Había olor a leña quemada, y el chisporroteo del fuego se dejaba escuchar, calmo. Tenía frío pero no como antes. Ya no estaba en el agua. Mi alrededor no se movía. Sólo al darme cuenta de eso noté que me encontraba acostado sobre mi espalda sobre una superficie dura. También comencé a recibir las primeras puntadas de dolor en mi costado. Y recordé todo. Había estado a punto de ahogarme tras saltar a ayudar a Ellie y Joel en el río, saliendo de Pittsburgh.
Gruñí. ¿Me habían sacado ellos del río? Recordé que Henry y Sam habían vuelto a aparecer, en la orilla, para ayudarnos. Que habían podido sacar a Joel y Ellie antes de que perdiera el conocimiento. Hice esfuerzo para poder incorporarme pero el dolor de mis costillas me lo impidió, obligándome a permanecer recostado unos segundos antes de volver a intentarlo. Inhalando profundamente, me esforcé para sentarme y vislumbrar mis alrededores. Era el interior de una cabaña. De madera, algo pequeña, pero dentro de todo acogedora. O lo hubiera sido de haber sabido dónde me encontraba. no había nadie más allí.
- ¿Dónde rayos estoy? - pregunté, para mi mismo.
Estaba solo.
