Lo sé, publiqué antes e.e' pero mañana no tengo tiempo no para respirar, así que preferí aprovechar hoy y terminar el capitulo para subirlo de una vez. Sino, tendría que dejarlas sin continuación hasta quién sabe cuando.

Espero que les guste.

Y gracias a todas por esos hermosos reviews ;w;

Hemos llegado al fin de esta locura (: y les agradezco de todo corazón el apoyo.

Sin más que decir, he aquí el final...

Disclaimer. Los personajes de InuYasha y co. No me pertenecen. Son de Rumiko Takahashi. Historia hecha sin fines de lucro.


Mi Amigo Gay.

Por Alice Moonlight B.


Capitulo 10.

Miré el reloj que descansaba en mi muñeca y suspiré. Sango llevaba metida en ese vestidor casi diez minutos. Bueno, llevábamos en esa tienda casi media hora. Y yo ya estaba harta. No quería comprar absolutamente nada. Lo único que anhelaba era volver a mi casa, encerrarme en mi habitación y escuchar música lo que restaba del día.

Sola.

La puerta se abrió, y dejó ver a mi amiga enfundada en un bonito vestido de diario con un estampado floreado en tonos rojizos. Se veía muy linda. Le sonreí, dándole mi aprobación. Yo estaba completamente segura de que quería comprar ropa sólo para Miroku, quién se había convertido en su novio tres semanas atrás.

Y ya han pasado cinco semanas, desde que mi mejor amigo dejó el país.

Dejó el continente.

Y me dejó a mí.

Sacudí mi cabeza. Si él se había marchado, era porque no me quería. Y yo no pensaba rogarle ni a InuYasha ni a nadie. No estaba en mi naturaleza el rogar, aparte de que después de cortar con Koga me quedaba claro que sólo querían jugar. Miré a mi alrededor, y me descubrí sola en el local.

Me levanté y seguí a Sango, que mientras yo seguía como idiota pensando y mirando a la nada misma, ella ya había salido de la tienda. La codeé cuando la alcancé, y sólo se echó a reír. Era una tramposa, pero seguía siendo mi mejor amiga y mi prima. A pesar de que jodía demasiado, la quería… Y sabía que se encontraba preocupada por mí.

Suspiré.

Los días parecían tan vacíos, y grises, que me daba flojera incluso el salir de las mantas. Pero Sango había intentado por todos los medios alegrarme, y no quería arruinar su felicidad y noviazgo con Miroku por mi melancolía. Caminamos, hasta llegar al lugar donde estaban todas las comidas rápidas. Hice una mueca, tenía de todo menos hambre. Pero Sango no me dejaría irme sin comerme al menos un dulce.

¿Por qué tenía que tener ese complejo de madre sobreprotectora? A veces me protegía más ella que mi propia madre, y eso me tenía cansada.

Hablando de mi madre, había tenido que volver a salir de viaje. Y sí, Souta estaba en casa. Acompañado por Himeko, que voluntariamente se ofreció a cuidar al diablillo.

Bah.

Nos sentamos en una mesita de una heladería, mientras la muchacha nos atendía, logré visualizar a una chica que se me hizo un poco conocida.

Sin embargo, no le presté atención.

– ¿Qué te pareció el vestido?

–Lindo.

– ¿Sólo eso?

Le fruncí el ceño.

– ¿Qué más querías que te dijera? Sabes que no soy de…

Un grito nos espantó a las dos, y nos hizo pegar un respingo. Volteé el rostro, y me encontré con aquella misma chica corriendo apresurada hacia nosotras. Miré a Sango, confundida. Ella simplemente abrió la boca en una perfecta 'o', y la sorpresa se reflejó en sus ojos. No entendía por qué esa expresión, si solamente era una chica corriendo hacia nosotras. Bueh… Realmente, no era muy normal eso, pero tampoco era como si una señal apocalíptica acabara de suceder.

–Sango, ¿Qué te…?

Y entonces, pude verlo.

La chica, que reconocí como Lorelei, arrastraba a InuYasha hasta nuestra mesa. Captando todas las miradas de los presentes. Su vestido, ahora azul eléctrico, se ondeaba con cada paso que daba. Llegaron hasta nosotras, y Lorelei se tiró a abrazarme. Intenté ignorar el hecho de que InuYasha se encontraba hablando plácidamente con Sango, como si ni siquiera me hubiese visto, como si no se percatara de mi presencia. Como si no existiera, como si no me reconociera. Y eso me dolió. Fijé mi vista en él, buscando algo.

Entonces, lo detallé.

Me di el lujo de perderme entre sus rasgos, entre cada facción que hacía su rostro tan perfecto. Intenté grabar en mi memoria cada gesto, cada mueca que hacía. Recorrí su frente, pasé por sus pardos y dorados ojos, por su nariz recta, por sus pómulos… Por esa sonrisa torcida tan propia de él, y por su mandíbula cuadrada.

¿Desde cuándo era tan guapo?

–Kag… Kag–me zarandeó–. ¿Estás o no?

–Perdón–me disculpé torpemente–. Yo sólo…

– ¿Podemos hablar…–me interrumpió InuYasha, incómodo–a solas, por favor?

Asentí, sin saber qué esperar.

Me levanté, y lo seguí. Caminamos unos minutos, hasta perdernos por completo de la vista de las chicas. Jugué con mis manos, nerviosa. No esperaba verlo nunca más, y tampoco esperaba que quisiera hablar conmigo. Sango había intentado por todos los medios habidos y por haber, hablar del tema. Sin embargo…

Ni siquiera estaba preparada para hablar conmigo misma del tema.

–Kag, yo…

–Perdón–me disculpé, sin saber por qué.

– ¿Por qué las disculpas?

Lo abracé, y comencé a llorar. Sentía que i lo soltaba, desaparecería… o despertaría de un sueño. Y no quería perderlo, no de nuevo. Me rodeó con sus brazos, y lo sentí estrecharme. La sensación de saber que él estaba a mi lado, y no en otro continente a miles de kilómetros de mí, me hacía sentir segura, plena y feliz. Comencé a relajarme en sus brazos, y acabé cerrando mis ojos y calmando mi respiración.

–Perdóname por ser tan estúpido.

–A mí por ser tan ciega.

–Por no demostrarte lo que sentía.

–Por nunca dudar.

–Por mentirte.

–Por creerte.

Levanté mi vista, y limpié mis lágrimas mientras sonreía.

Mis sentimientos por él seguían intactos.

–Por no amarte como debía.

–Por no darme cuenta antes.

–Por irme.

–Por no seguirte.

– ¿No les parece que ya son muchas disculpas, par de pendejos?

Volteé mi rostro, y reí cuando noté que Sango y Lorelei nos miraban ceñudas y de brazos cruzados. Con la expresión de completo fastidio plasmada en sus rostros. Me mordí el labio, indecisa, sin saber qué hacer.

Me dejé llevar.

Estiré mis piernas un poco, y rocé mis labios con los de él. Gruñó, y sonreí. Me hizo acercarme más, hasta unir nuestros labios en un beso deseado por los dos.

Luego le reprocharía el no avisarme que había vuelto, pero por el momento lo único que necesitaba eran sus besos y sentir que él estaba ahí, conmigo.

Fin.


Mil gracias a todas, por el apoyo con esta historia :D Prometo volver pronto con otra locura más, pero por el momento estaré un poco inactiva. Hablando con Tiff (LukaTiff) concordamos en que era mejor publicar la historia Maybe en InuYasha, así que pronto me tendrán por acá con ese otro fic.

De nuevo, gracias por el apoyo.