Los personajes son de SM. La historia es mía.
Capítulo 11
Entrecerré los ojos tratando de entender mejor la foto. Me hubiera gustado preguntarle a Gianna y Hilary sobre el chico que salía de la mano con Bella en la foto pero me tuve que contener, tampoco pude leer más allá del titular ya que sentí miradas, para nada disimuladas, sobre mí.
Isabella Swan y su tarde de domingo.
Cerré la revista y la dejé a un lado, pero cerca de mí, sin levantar la vista volví a mis bosquejos pero los pasos curiosos que sabía que llegarían, se pararon a mi lado.
- ¿Qué pasa, Jessica? – no levanté la vista porque no quería verla, así que seguí en lo mío aunque me era imposible concentrarme.
- ¿Qué hay en esa revista?
- Fotos – tomé la goma de borrar y borré casi todo mi bosquejo, porque nada estaba como me gustaba.
- Edward.
Dejé a un lado la goma y el lápiz, enderecé mis hombros y enfrenté a Jessica - ¿Dame un buen motivo para estar acá, distrayéndome y no trabajando?
- Estoy trabajando – asintió encarecidamente mientras cruzaba sus brazos debajo de sus pechos.
Sabía que sus senos eran operados pero muy pocas veces me fijaba en lo enormes que eran, si ella me hubiera preguntado le habría aconsejado que escogiera una talla menos, ya que a los hombres no nos gustaba sentir solo silicona entre nuestras manos. Bueno, aunque mi experiencia con senos era bastante escasa y las veces que había tenido un par en mis manos o en mi boca, podría haber jurado sentir el sabor a plástico que expendían.
Pestañeé repetidas veces y negué ligeramente cuando me percaté de mi distracción – No entiendo tu forma de pensar en el trabajo Jessica y la verdad es que prefiero la tradicional, así que puedes ir y llamar a Lucy para asegurarnos de que sigue todo en orden como quedamos.
- Ya hablé con Lucy – habló con los dientes apretados -, y la pobre estaba con el corazón en la mano luego de tu amenaza, sabes cómo son los grandes artistas.
- Pues, ese es su problema, no el mío, quiero a Beyoncé en mi desfile y ella siempre pudo decir que no cuando la contactamos la primera vez, nosotros hicimos una propuesta y ellos aceptaron, no puede dejarme sin artista a última hora.
La boca de Jessica se frunció considerablemente – En esto tengo que darte la razón, Lucy fue descuidada… pero de todas formas, no deberías haberla amenazado así.
Rodé los ojos y tomé mi lápiz solo porque con él entre mis dedos me sentía un poco más seguro – Vuelve al trabajo, Jessica.
- Cierto – ella se acertó tanto que sentí la necesidad imperiosa de retroceder y recuperar nuestra distancia inicial pero no quise ser irrespetuoso -, esto es de trabajo y no quiero meterte, pero solo te quiero pedir algo… en nombre de Cullen's – sus ojos estaban tan serios que no atiné a decir nada -, y es en nombre de tu marca que te pido que lo pienses muy bien antes de dar cualquier paso hacia Bella… el que sea – lo ultimo lo agregó para interrumpirme cuando abrí la boca.
- Estas siendo bastante impertinente, Jessica.
- Lo sé, pero también sé ver muy bien lo que está delante de mis ojos.
Descruzó sus brazos y relajó sus hombros. Luego de revolverse un poco el cabello, cambió por completo su actitud.
- Bella es una muy buena chica Edward, y no se merece que la tengas en el limbo mientras tomas algunas decisiones.
- ¿Sabes? – arrojé con excesiva fuerza el lápiz sobre la mesa -, ya me tiene cansado el temita de que tengo que tomar una decisión… ¡Ese es mi maldito problema!
Cuando Jessica dio un ligero salto, me di cuenta de lo mucho que había alzado la voz, no quería mirar al resto de la gente a mí alrededor. Así que como pude, tomé mis cosas, la revista y salí de mi taller, mi lugar seguro en el mundo ya no lo era tanto.
Cuando Sam me vio aparecer, se apresuró a abrir la puerta trasera del Mercedes. Una vez adentro, me tomó solo un par de segundos reflexionar sobre lo que estaba haciendo.
- ¿Sam? – lo llamé.
- Dígame, señor – él me miró por el espejo retrovisor.
- Llévame a casa de Edward, por favor, Sam.
Aunque por el espejo pude ver con claridad cuando se desconcertó, inmediatamente asintió y emprendió rumbo a la casa de mi padre.
Las afueras de Nueva York eran bastante distintas al corazón de la ciudad, el constante ruido del Central Park era reemplazado por el cantar de los pájaros y los departamentos uno al lado del otro, se reemplazaban con enormes casas de amplios jardines.
Para cuando Sam se estacionó en la entrada de la casa de mi padre, yo aún no cambiaba de opinión, así que, antes de hacerlo, me bajé del auto y prácticamente corrí a tocar el timbre.
No pasó mucho para que una mucama abriera la puerta, no la conocía pero supuse que fácilmente me reconocería dado el parecido entre mi progenitor y yo. Parece que no fue el caso.
- ¿Sí?
- Busco a Edward Cullen.
Ella asintió inmediatamente pero aún así no me permitió pasar - ¿De parte de quién?
- De Edward Cullen.
Quizás fui un poco malo, pero me gustó ver su expresión de desconcierto – Oh… yo… señor, pase, lamento no haberlo reconocido, el señor Cullen me habló de usted, lo siento mucho.
- Tranquila – me sentí mal por haber jugado con ella -, todo está bien – entré a la casa y miré las paredes blancas que antes me eran tan familiares -. ¿Mi padre?
- Él está en la terraza… tome asiento mientras yo lo voy a buscar – la mujer avanzó dos pasos, pero rápidamente se devolvió sobre ellos -, ¿quiere algo de tomar?
- Estoy bien – crucé una de mis piernas sobre la otra y me relajé ya que estaba demasiado tenso.
Cuando la mujer por fin salió de la sala, me tomé el tiempo para estudiarla mejor. Según mi primera impresión debía rondar los cuarenta años, era bastante guapa y, a mi gusto, estaba demasiado arreglada para ser solo el ama de llaves. Mi madre llevaba el suficiente tiempo muerta como para que mi padre le siguiera guardando luto, así que no me parecería extraño que esta mujer, fuera algo más que solo su mucama.
No pasó mucho tiempo antes de que escuchara unos pasos que se movían bastante a prisa sobre el parqué, por lo que enderecé mi espalda y me prepararé para levantarme. Cuando vi a mi padre lo hice y estiré una mano hacía él, era una formalidad excesiva pero fue lo único que atiné a hacer.
- Buenos días, padre.
- Edward – él no tomó enseguida mi mano, pero cuando la vio lo hizo y tiró de mi para abrazarme -, no sabes lo mucho que me agrada tenerte aquí… ven, siéntate.
Me llevó de vuelta al sofá y se sentó, yo también lo hice pero tomé un poco de distancia.
- Necesito hablar contigo – crucé mis manos al frente para evitar retorcerlas -, es algo importante.
- Hijo… por supuesto, puedes hablar conmigo lo que sea.
Me hizo sentir un poco mal verlo tan ansioso solo por mí, eso me hizo pensar en lo mucho que me había extrañado todo este tiempo y aunque mi resentimiento hacia él era enorme, eso no quitaba que me sintiera mal al hacer sufrir al hombre que me dio la vida.
- Es sobre… mi sexualidad.
Vi como él llenaba su pecho de aire para luego soltarlo de a poco – Antes de que digas nada quiero decirte algo – lo vi volver a respirar hondo, y aunque tuve la oportunidad, no lo interrumpí -, sé que mi reacción no fue la mejor cuando me enteré… de tu estilo de vida, pero eres mi hijo y es mi deber apoyarte pase lo que pase y no lo hice – él esperó por mi confirmación así que asentí -. Ahora, quiero que sepas que cuentas conmigo pase lo que pase, sea cual sea la decisión que tomes para ti.
- ¿Y si mi decisión es que definitivamente me gustan los hombres?
- Entonces me aseguraré de que el chico que gane tu corazón se lo merezca de verdad.
Me incliné para apoyar mis codos en mis muslos y poder así tapar mi rostro, aunque las lagrimas aún no bajaban por mis mejillas, si las podía sentir como amenazaban por escaparse.
- ¿De verdad piensas así?
- Claro, hijo – él imitó mi posición así que quedamos más cerca -, eres lo que más amo en el mundo y si ser… gay es como eres, entonces lo acepto. Por eso quería que nos juntáramos, quería decírtelo mirándote a los ojos.
- No sabes lo feliz que me haces, padre… pero hoy me di cuenta de algo, más bien, creo que lo hice, por eso vine a verte.
- ¿Qué pasó? – preguntó al mismo tiempo que enderezaba su espalda y la pegaba al respaldo del sofá.
- Hay una chica – al contrario de lo que pensé, él frunció el ceño algo confundido e incluso molesto -, y aunque no estoy para nada seguro de que me guste ni nada, sí tengo que admitirme que la deseo… y mucho.
- ¿Estás seguro de eso, Edward?
- Tan seguro como… - miré a mi entrepierna para darle una idea de mis palabras sin la necesidad de decirlas con todas sus letras.
- Oh… ¿y quién es?
- Una modelo nueva… Isabella.
- Oh sí, recuerdo haberla visto en alguna parte.
- Pero es complicado – volví a la conversación -, aunque sé que la deseo, también sé que no estoy seguro del tiempo que durará y ella es mi empleada por lo que más encima, hay conflicto de intereses.
- Sí, es complicado… pero, aunque no estoy diciéndote que hagas algo que no quieras – aclaró tan rápido eso que me sorprendió un poco -, creo que deberías darte una oportunidad, creo que, y me incluyo – se tocó el pecho -, los prejuicios para ti hay sido tantos que necesitas despejarte de ellos y si esta chica te gusta, deberías ver hasta dónde eso puedo avanzar.
- Es mi modelo, padre… y es extraña – fruncí el ceño y recordé la revista que había visto hoy.
- ¿Has hablado con ella? ¿Has tratado de conocerla?
- No – respondí con rapidez -, cada vez que la tengo cerca… me confundo.
- Pues, creo que lo mejor es esto, que trates de tenerla cerca, de conocerla y de averiguar qué es lo que sientes.
- Es modelo… no solo una empleada para mi padre, es modelo y no estoy muy seguro de querer iniciar… "un conocimiento" – dibujé las comillas en el aire ante mi expresión inventada -, con alguien con quién no comparto su estilo de vida.
- ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo, Edward?
- ¿Qué? – me encogí de hombros y casi parecí un niño tratando de sonar inocente.
- Estás juzgándola, tal cual han hecho contigo, y me incluyo, durante tanto tiempo.
Fruncí los labios porque las palabras de mi padre me recordaron cierta conversación ocurrida el sábado por la mañana en mi departamento.
Hola! Para el próximo capítulo sabremos quien es el joven que acompaña a Bella :)
¿Quien creen ustedes que es? Muchisimas gracias a Erica que me betea de forma express ;) Besos, Joha!
