Disclaimer:

-Chicas ¡¡es Megumi Asakura!! Es por lo de los personajes de CCS...
-Otra vez esta chica, -Nanase habla con sus compañeras mientras escribe en el MSN- ¿qué le digo?

-Desconéctate. -Satsuki le ordena, y Nanase tan obediente, se desconecta.

Megumi Asakura comienza a llorar al ver que nadie le responde.

Advertencia para este capítulo: lime entre dos que realmente no esperan...

El Secuestro De Sakura Kinomoto
Escrito por Megumi Asakura

Capítulo 11: Dos segundos reloj de libertad.

Puso su iPod a todo volumen en la canción número 20, Stronger (Chilled Out Vocal Mix) de Britney Spears. Adoraba a esa zorra loca que estaba internada en rehabilitación.

Estaba sola en la habitación, no había nadie a quien ella pudiera molestar, así que se puso a cantar en voz baja. Por supuesto, además de su secuestro, la voz de ella a la hora de cantar también apestaba.

-Hush just stop, there's nothing you can do or say, baby...

Pero se cansó a los veinte segundos de la canción y lo apagó. Ya no sabía qué hacer estando tirada en la cama, ni siquiera tenía un TV blanco y negro con tres canales para ver algo un rato. No, no había nada, debió haberle pedido a Shaoran que la internaran en una sala VIP.

-Tengo derecho a ver televisión. -se dijo mientras se cruzaba de brazos.

El sol estaba en uno de los puntos más altos del cielo. Sakura se preguntó qué estaría haciendo Shaoran a esa hora del día. Y qué era de la vida de su amiga que se parecía a Britney Spears, Tomoyo. Por lo de la rehabilitación, ¿no?

---o---

-¿Preparaste todo?

-En eso estoy, Kaho. Un segundo más. –le dijo mientras guardaba todo en la gran maleta.

-Apúrate que en cualquier momento llega la policía.

Estaban apurados, necesitaban irse lo más lejos posible. O al menos Shaoran y su adorada secuestrada necesitaban irse. Ella no.

Kaho Mitsuki... Su nombre era igual que fama, prestigio, dinero y modelos famosas. Ah, y también era igual a secuestro. Kaho se estaba haciendo muy popular debido a su academia de modelos, bueno, no precisamente a ella, sino a quien tenía dentro: una tal Nakuru Akizuki.

Y esta tal Nakuru Akizuki se estaba haciendo muy famosa porque había sido la ganadora del Gran Hermano en Japón. Se había llevado más de cien mil dólares y un automóvil nuevo. Más el título de zorra y ramera por parte de todas las mujeres de Tomoeda. Más es título de fantasía erótica perfecta por parte de todos los hombres de Tomoeda. Más el título de ¿quién es esa? Cortesía de los ancianos.

Pero Kaho había visto su oportunidad de saltar a la fama con ella, solamente utilizándola. Y para ello necesitaba dinero, ¿qué mejor que un secuestro te lo suministre? Una buena estrategia pero muy riesgosa. Además había alguien que le debía dinero.

Y para el secuestro necesitaba a un cómplice. Alguien que conociera un poquito a la víctima. Y también se requería que la víctima fuera... Como Sakura. Ella era la secuestrada perfecta, o al menos eso era lo que Kaho había pensado. Shaoran le comunicaba que era una pésima secuestrada, que se quería escapar pero le salía mal, que no sabía cómo actuar en un secuestro, y cosas así, pero ella seguía pensando que era la secuestrada perfecta. Tal vez por su inutilidad para con esas cosas de los secuestros. Tal vez porque no le importaba verdaderamente, sino quería recuperar el dinero perdido.

---o---

De repente, abrieron la puerta de la sala en donde se encontraba la secuestrada.

-Bueno, Sakura, acá te traemos a tu compañera de nuevo... –decía un médico demasiado parecido a Yukito, acompañado de una enfermera. Vamos, era Yukito, el flamante recién aprobado.

-Qué bueno. –dijo con desgano y volviendo a su horrenda voz chillona. No se había dado cuenta de quién había entrado.

-Además, venimos para hacerte un chequeo general; si todo sale bien ahora, te podrás ir mañana a primera hora; si no, te quedarás hasta mañana pero hasta la noche. Bueno, ¿lista?

¿Qué le podía decir ella? Nunca había estado tan lista tan rápido. Lo miró a los ojos y lo reconoció inmediatamente... ¿Qué clases de chequeos le iba a hacer? Suspiró.

-Eh... Sí.

Yukito se acercó, se presentó. Ella solamente asintió, era extraño que un súper conocido se volviera a presentar de manera formal.

Levantó la sábana que cubría las inmóviles piernas de Sakura y comenzó a tocar la punta de sus pies.

-¿Sientes mis manos?

Dios, las manos de Yukito parecían tan suaves e irresistibles... Además que ella nunca había sido tocada por un hombre de esa manera. Lástima que no sentía nada Y ¿qué más se podía decir? Yukito estaba guapísimo de cualquier lado, tal vez era ese día... No, seguramente que no, siempre lo estaba. Quería que la siguiera tocando de esa manera. Pero algo tuvo que interrumpir sus pensamientos inocentes.

-.-.Flash Back-.-.

-Tienes muchas cosquillas en tus pies, Sakura. –decía mientras seguía acariciando los susodichos.

-¡Déjame! –decía ella divertida, tratando de salirse de su agarre para poder respirar en paz. Las cosquillas la estaban asfixiando.

Ése había sido el preámbulo para la noche más traumática de su vida.

-.-.End of Flash Back-.-.

A veces olvidaba todo lo malo.

-¿Señorita Li? –parecía que hacía rato la llamaban.

-Eh... Ah, sí, disculpe. No, no siento sus manos.

-Entonces probemos más arriba. –continuó subiendo sus manos en la misma medida que Sakura se sonrojaba al sentir, ahora sí, sus suaves manos en contacto con su piel. Agradecía a Dios por haberse depilado antes de sufrir la tremenda caída.

-Allí sí las siento. –dijo Sakura cuando comenzó a tocar sus rodillas.

-Bueno, se está recuperando muy bien. Creo que mañana a la mañana ya podrá volver a caminar y que a la tarde se va a poder ir a casa. –Se estaba levantando para irse, pero recordó algo- ¡Ah! Me olvidaba: déjeme ver su espalda por el golpe, y de paso veo si no hay que drenar la sangre de allí.

-Está bien, pero ayúdeme a darme vuelta. –dijo.

-Bueno... Aquí vamos.

El chico de ojos grises la ayudó. Se colocó rápidamente boca abajo y él subió de la misma manera la gran bata que llevaba la falsa rubia, no sin antes correr la sábana.

Lo que vio el médico lo dejó sorprendido.

-¿Cómo está mi espalda, doctor? –la voz chillona volvió a retumbar en sus oídos.

-Tienes un tatuaje muy sexy, me recuerda a alguien...

Sakura abrió desmesuradamente sus ojos, ¿cómo podría haberlo olvidado? Ese tatuaje tan característico suyo en la base de la espalda. Eran solamente unos garabatos vagos, pero tenía algo... Sí, tenía escrito Sexyliciosa. ¿Quién podría olvidarse de eso? Era el único tatuaje personalizado de esa manera en Tomoeda. Y Sakura Kinomoto era la única que lo poseía en esa parte tan... Sexyliciosa de su cuerpo.

-¿E-En serio? –no, no debía mostrar su nerviosismo- Gracias...

-Creí que ella sólo lo poseía.

-.-.Flash Back-.-.

-Adoro ese tatuaje, amor. –le decía suavemente al oído mientras ella ronroneaba y se sentaba en sus piernas, en el sillón.

-¿Viste? Es simplemente "sexylicioso". –reía apenas y besaba sus labios. Tenía sabor a licor de chocolate.

-¿Bebemos algo para festejar? –Yukito buscaba ansiosamente el cuello suyo para morderlo y dejar en claro que ella, Sakura Kinomoto, era de su propiedad.

-Vamos por una cerveza. –se levantó de su cómodo lugar en sus piernas, bajando algo la minifalda que llevaba y así poder mostrar el reciente y lujurioso tatuaje a su novio.

-.-.End of Flash Back-.-.

-¿Ella? –trataba de hacerse la desentendida en todo, aunque le costara muchísimo más que la actuación barata de Paris Hilton muriéndose de hambre.

-Ella es la secuestrada, Sakura Kinomoto. Fue mi novia hace ya algún tiempo. Pero no funcionó, porque yo todavía no quería formar ningún vínculo serio en ese entonces. Ella quería casarse conmigo, formar una familia y cosas así, tenía un pensamiento muy maduro para ser solamente una adolescente de diecisiete años. –se había puesto algo melancólico.

-¿Y ella tiene ahora veinte años, no? Lo vi hace poco en las noticias, pero ellos siempre tienen algún error. –tenía que aprovechar para sacarle toda la información posible.

-No, no, está bien, ella ahora tiene veinte. Y yo tengo veintisiete.

-No pareces. –trataba de ser amable, pero en realidad quería patearlo hasta que muriera. El estar aún de espaldas contra él era muy efectivo cuando querías hacer expresiones sin que te vieran.

-Gracias. Pero continuemos con esto. –se dio cuenta que ya habían hablado demasiado y que sus dos manos estaban sobre la cálida y bien formada espalda de su paciente. A veces adoraba su trabajo.

-Está bien. ¿Hay que drenar la sangre de allí? –preguntó mientras trataba de mirar a los ojos a Yukito.

-Tú eliges: o el sexylicioso tatuaje queda algo arruinado o tendrás problemas a la hora de sentarte por una semana.

-Prefiero los problemas, después de todo, soy una chica problemática. –no, lo que sea mientras que su tatuaje no se viera afectado.

Yukito rió un poco. Volvió a tocar con nostalgia el tatuaje con su gran mancha violeta, le recetó algunas cremas y pastillas para prevenir la inflamación y el dolor, y se fue, contento porque alguien había podido escucharlo. Y porque había encontrado a alguien especial ese día.

Sakura agradeció a todos los santos y dioses y quienquiera que se encontrara en ese momento observándola desde el cielo. Por fin estaba sola...

-Oh, mierda.

Había olvidado que Tomoyo había regresado de su pequeña excursión a la sala de rehabilitación. Por suerte que todavía estaba dormida, no lo había notado cuando vino con Yukito.

Y otra vez había repetido ese nombre. El más importante de todos sus novios, tal vez el único.

Estaba enamorada de él desde que tenía memoria. Era el amigo fiel de su hermano, siempre iban juntos de un lado para el otro. Tenían una amistad de hierro. O al menos eso aparentaban, porque cierta vez se enojaron por una chica.

Era ese tiempo en el que las hormonas te tienen loco y te peleas hasta con tu propia sombra por tener a alguien quien satisfaga tus lujuriosos y carnales deseos. Esa mujer... Bueno, chica, adolescente, ya no recordaban. No importaba. Ella los había vuelto locos y por su pura y exclusiva culpa se habían peleado a casi muerte.

Fue allí donde Sakura vio su oportunidad: fue a consolarlo, a ofrecerle un hombro para que pudiera recostar su cabeza. Ella se hacía una idea rosa en la mente, sólo romance, besos apasionados... ¿Qué más se puede imaginar una niña inocente de diecisiete años? Era inocente a pesar de su bien formado y lujurioso cuerpo.

"Ve a pedirle disculpas, es tan feo que se peleen por cosas estúpidas." –decía Sakura, mientras acariciaba sus blancos cabellos recostados en el hombro suyo. Estaban abrazados.

"Pero ya no me quiere escuchar, tú sabes cómo es tu hermano, totalmente obstinado. Y tengo miedo de perder la larga amistad que tenemos." –estaba a punto de derramar alguna tímida lágrima a través de sus lentes.

"Está bien, te ayudaré para que puedan hablar. Yo sólo lo voy a convencer a Touya para que te escuche, el resto lo haces tú." –dijo con firmeza la castaña, mientras tomaba el rostro algo humedecido del conejo de la blanca nieve.

Se miraron a los ojos por algún largo segundo. Se dedicaron sonrisas mutuas.

"Gracias." –fue lo único que Yukito pudo decir.

"De nada. Ahora ve a tu habitación y descansa. Mañana solucionaremos todo." –le dijo ella, quien se estaba levantando de su lugar. Una mano cálida y algo temblorosa la detuvo.

"No te vayas todavía."

"Me quedaré todo el tiempo que quieras, entonces." –y volvió a su lugar en el sillón, al lado suyo. Sabía que si no lo hacía, se estaría perdiendo de un gran momento, lo presentía de algún modo.

"Gracias por todo, Sakura." –lo dijo lentamente, como si tuviera alguna dificultad al hablar. Se acercó peligrosamente al rostro de la joven, para rozar tímida y fugazmente sus labios con los suyos. El primer beso de Sakura había sido con la persona que más quería en este mundo.

"No tienes porqué agradecerme, Yukito. Yo también te amo." –habló de la misma manera y depositó un beso más apasionado en los labios del chico.

Después de muchos besos en el sillón de la casa de Yukito, Sakura se fue. Esa noche no pudo dormir de alegría, excitación, esperanza. Se sentía tan bien ser amada correctamente... O al menos eso era lo que pensaba, porque parecía que Yukito tenía otros objetivos en mente.

Volvió a la realidad y sacudió su cabeza, agitando los cabellos plásticos. Ahora Tsukishiro Yukito era el médico de Sakura. Ahora estaba sintiendo de vuelta mariposas en el estómago, a pesar de la profunda herida que éste le había causado.

-Soy una idiota, aún creo que lo amo. –se dijo en voz baja.

Tomoyo seguía dormida, soñando con que encontraban a Sakura, soñando con su novio, soñando que se suicidaba felizmente con chocolates.

La rubia plástica se acurrucó en su cama y se dispuso a dormir, a pesar de ser algo más de mediodía, esperando despertar bien al día siguiente. Estaba segura que dormiría mucho, de alguna forma lo sabía.

---o---

Había visto ya la repetición del partido de tenis. Había guardado todo en muchas maletas y las estaba guardando en el baúl del lujoso Chevrolet Corvette rojo. Estaba hartándose de Kaho que le decía cada cosa que debía hacer. Pero, gracias a esa misma Kaho que hablaba sin detenerse, ganaba su buena cantidad de dinero cada tres días. Y esa Corvette había sido adquirida hacía solamente veinticuatro horas atrás, con el dinero ganado en una semana y un par de días de secuestro. A veces adoraba ese trabajo.

No era que tenía cincuenta años de experiencia en eso de los secuestros; solamente que le gustaba y parecía tenerlos, a veces. Había secuestrado a varias personas sin ser capturado por la policía y viviendo en libertad sin el temor de ser atrapado. Había algo en él o en su trabajo que lo hacía casi perfecto. ¿Sus ojos ambarinos? Podía ser.

Cuando acabó de guardar todo en su nueva adquisición, se acordó de Sakura. Iba a pasar a verla en ese momento para que los médicos le dijeran cuándo debía abandonar el hospital. Rogaba que fuera lo más pronto posible, había muy poco tiempo y mucha prisa.

Pero, antes de pasar a buscarla, decidió hacerles una visita a los familiares cercanos de su secuestrada.

Se fue con su automóvil hasta una calle cercana, había olvidado la dirección. Se bajó del coche y comenzó a buscar la casa. Cuando la encontró, dirigió su mirada a la habitación de Sakura y vio que podía subir por las ramas de los árboles, de la misma manera que lo había hecho la noche anterior. Le resultaba extraño que Sakura no hubiera preguntado cómo había hecho para conseguir su iPod rosa de su casa. A veces no pensaba.

Era más de la una de la tarde, tenía hambre y quería almorzar antes de hacer ese pequeño trabajo, pero no, había algo en el aire que lo obligaba a hacer primero el trabajo de ladrón.

Se colocó unos lentes negros, una gorra negra y se puso una campera vieja y rota de un secuestrado anterior. Subió con agilidad las pocas ramas del árbol que tenía la casa y que daba justo a la ventana de la habitación de Sakura. Allí, abrió la susodicha y entró, como si de su casa se tratase.

Escarbó en su guardarropa, tratando de no hacer ruido. Guardó toda la ropa que pudo en un gran bolso, incluyendo la amplia colección de zapatos, zapatillas, sandalias y botas que poseía. El espacio se le estaba acortando, así que sacó uno de los bolsos de viaje de la habitación (rosa, por cierto) y comenzó a guardar el resto de cosas allí.

Cuando terminó, bajó con tres bolsos, dos rosas pequeños y uno negro, grande, por el mismo lugar que subió, pero lo hizo de una manera más lenta e insegura. Realmente todo eso pesaba demasiado, pero lo hacía por amor al dinero que Kaho le daba. Estaba decidido a no enamorarse de su secuestrada, toda la mañana había estado resolviéndolo. Se convenció a sí mismo que había sido un impulso de sus malditas hormonas, y no por amor verdadero.

(Además que a los hombres no les queda mal ir besando chicas por ahí.)

Terminó de bajar y caminó hasta su automóvil a unas cuadras de allí. A la campera vieja y rota se la dio a un pobre mendigo que se encontraba durmiendo debajo de un árbol. Ahora nadie lo reconocería, porque ya había dado la campera, se había quitado la gorra y los lentes, y era otra persona.

Subió con tranquilidad al automóvil brillante, guardó todos los bolsos y se dirigió hacia el hospital para ver cuál era el pronóstico de su secuestrada, mientras escuchaba a la zorra loca de Britney Spears en su estéreo. La adoraba, y más ahora que estaba más prostituta que nunca.

---o---

-Li Sakura, despierta que te tienes que ir, ya estás sanada por completo. –le decía Yukito al oído de la rubia de plástico. Y sonaba verdaderamente tentador.

-¿Qué cosa? –su voz había sonado más grave de lo normal; es decir, había sonado normal.

-Que ya te tienes que ir porque estás curada. ¿Te ha venido alguien a buscar? –decía mientras ayudaba a la paciente a incorporarse y le devolvía sus ropas.

-No, creo que no, pero puedo irme sola, no te preocupes. –esbozó una sonrisa al ver que movía sus piernas con total libertad.

-¿Estás segura? Si quieres te acompaño hasta tu hogar...

-No, no, gracias. Estaré bien, no te preocupes. –volvió a repetir.

Se puso de pie con un poco de dificultad. Se sostuvo de los brazos de su médico para poder mantener el equilibrio. Sentía cómo el frío calaba sus huesos, el frío del suelo de mosaicos.

-¿Ves? No puedes mantenerte en pie...

-Es solamente por este momento, después estaré bien, es por no haber caminado durante dos días. –su voz chillona quebraba el ambiente. Tomoyo, que todavía dormía, se movió un poco al oír la voz de su ex compañera de cuarto.

-¿Segura? –dijo mientras la tomaba de la cintura. Nuevamente, como hacía ya tres años atrás.

-Segura, sólo... Ayúdame a vestirme. –se quería escapar de su agarre.

-¿Te volveré a ver?

-No lo creo.

-Tendrás que regresar para tu chequeo médico, -le mostró un papel escrito con lapicera azul, indicando la fecha que debía regresar para el chequeo general- y tendré que atenderte yo.

-Puedo ir a otro hospital, lo que pasa es que no soy de aquí. –rodó sus ojos para un lado evitando la mirada de Yukito.

-Me parece que mientes. –dijo seguro mientras colocaba el papel en la división de sus pechos, enganchándolo en su sostén. Sakura no dijo palabra alguna, ni siquiera le dijo "pervertido" o algo: sabía que debía controlarse si quería herirlo de la misma manera que había ocurrido hacía tiempo.

-Y... ¿Cómo te das cuenta? –pasó una mano por los pálidos cabellos del médico.

-Simplemente soy bueno para esas cosas, Sakura. ¿Volveré a verte entonces? –había repetido la pregunta.

-No, creo que no, así que haz lo que debas hacer ahora. Aprovéchame. –una sonrisa maliciosa se había formado en su rostro. Se estaba vengando de la mejor manera que ella jamás hubiera podido imaginar.

-No tenías porqué decírmelo, de cualquier forma iba a hacerlo.

Se acercó más a ella para besarla salvajemente y poder derribarla a la camilla. Y así lo hizo.

¿Otra vez repetiría con él la noche traumática de hacía dos años? No, lo dejaría con las ganas. Tal vez la venganza no era tan buena después de todo, pero presentía que sería perfecta de alguna manera. ¿Por qué todo lo presentía?

Yukito continuó con sus besos totalmente embriagadores por todo el cuello de Sakura, mientras ella ronroneaba y trataba de mantener el tono chillón de voz cada vez que él mordía alguna parte de su piel. Inconscientemente enredó sus piernas en las caderas de quien fue, alguna vez, su novio.

El médico se dio cuenta de lo que Sakura Li estaba buscando, así que subió con sus manos por debajo de la bata que ella llevaba, y así poder quitar la única prenda que le impedía satisfacer el deseo carnal de ese momento. Con sus manos y un ágil movimiento de ellas, memorizó cada poro de su piel y localizó rápidamente la prenda a medida que seguía besado a su, ahora, amante pasajera.

Ella estaba concentrada en enredar sus manos en su cabello sedoso o posarlas de manera tentadora en su pecho, distanciándose así un poco. Comenzó a bajarlas más tarde hasta el cinto de su pantalón, para poder desengancharlo. Sonreía maliciosamente entre beso y beso. La peluca todavía se mantenía en su lugar. El maquillaje se estaba corriendo debido al sudor que aparecía en su pálida piel.

Yukito logró quitarle la barrera que protegía su zona más privada, y ella hizo lo mismo. Estaban a punto de tener sexo en la camilla de un hospital, con su amiga Tomoyo durmiendo drogada en frente. Nunca creyó que una de sus fantasías podía convertirse en realidad.

Hasta que algo interrumpió la perfecta fantasía.

Oh baby when you talk like that,
you make this woman go mad.
So be wise and keep on
reading the signs of my body…

Shakira & Wyclef Jean – Hips Don't Lie – Oral Fixation Vol. 2
(Perdonen si está mal escrito, la saqué a oído a la canción)

-Me están llamando. –dijo Sakura con una sonrisa en su boca. ¿Desde cuándo te llaman a tu iPod? Yukito dudó.

-¿No es un simple iPod? –le dijo, aún no la dejaba ir.

-No, es un iPhone. Déjame atender ahora. –se corrió para poder salir de bajo de su cuerpo.

-¿Hola? –preguntó. Estaba sonriendo demasiado: le había mentido sobre su supuesto iPhone, y ahora se sentía ultra estúpida hablando por iPod a alguien imaginario. Lo que Yukito no sabía era que el iPod tenía funciones de alarma y eso, y Sakura lo había programado al tiempo exacto. Justo, justo, justo...

Colgó apretando "Pause". Volvió a sonreír cuando vio la cara de ansias de Yukito.

-¿En qué estábamos? –preguntó, volviéndola a rodear con sus manos en la cintura, y esta vez llevándola contra la pared.

-Lo siento, me tengo que ir. –posaba un rápido beso en los hambrientos labios de su víctima.

-Sólo quédate quince minutos más así podemos—

-Tengo que irme, Yukito. –fue cortante.

-¿Podré verte nuevamente? –hablaba lentamente, mientras recorría las piernas recién curadas de su amante con un toque perfecto, que hacía que Sakura sintiera escalofríos.

-Tal vez venga para el chequeo, pero no lo sé. No tengo nada para hacer en Tomoeda por el momento. –se había alejado y estaba buscando la prenda íntima que estaba perdida por algún lado.

-Tienes un asunto pendiente conmigo, Sakura.

-Tal vez dentro de un tiempo ya te hayas satisfecho con otra y yo con otro. Realmente no sé si volveré, pero te digo que, si lo hago, no me dejes escapar hasta que solucionemos ese asunto.

-Está bien. –se había acercado a ella para volverla a besar y sentirla una vez más cerca de él. Sakura no se resistió.

-Nos vemos. –decía mientras tomaba camino al baño de mujeres para cambiarse.

-¿No quieres que te ayude? –preguntó Yukito, tal vez de esa manera tendría otra oportunidad para...

-No, gracias, te lo agradezco. –y desapareció detrás de la puerta del baño.

Allí se dirigió al espejo y se miró. Realmente se veía perfecta con esa pesada sombra negra alrededor de sus ojos, resaltaba el verde de los mismos. Y que estuviera algo corrida le daba un aspecto más sexy, demasiado según ella. El cuello de la secuestrada tenía muchos chupones y alguna que otra gota de sangre desparramada. Pero la peluca podía ocultarlos.

Se metió al box privado del baño, en donde allí comenzó a ponerse la ropa interior que Yukito le había quitado. Luego siguió con los jeans rotos, las zapatillas de segunda marca y por último se colocó la remera vieja y algo sucia que decía "The Sex Pistols". Salió del baño, dejó la bata en la habitación que había ocupado y miró por última vez a su amiga Tomoyo. Yukito ya no estaba.

-Tomoyo... –susurró su nombre con su verdadera voz- Prométeme que nunca volveré a verte de esta manera y que te recuperarás pronto. Cuídate. –le besó la mejilla y se fue, con un paso algo rápido, hacia la salida del hospital.

Allí, cuando vio que la tarde estaba cayendo, cuando vio que nadie la estaba esperando, sintió la libertad de poder gritar que era Sakura Kinomoto, la secuestrada, y se podría quitar, al fin, la peluca barata. Estaba a punto de hacerlo, pero prefirió contar hasta tres para gritarlo.

-Uno, dos—

-¡Sakura! –le gritó una voz muy familiar. Ella se volteó en la dirección que provenía el sonido para comprobar que ella no era a quien llamaban, pero se desilusionó al ver que la voz era de Shaoran.

-Hey, ¿Qué haces aquí? Pensé que te habías olvidado de mí.

-Ni Dios lo permita. –la tomó de la mano con algo de brusquedad y la llevó en silencio hasta su automóvil. Nadie dijo nada, porque ella sabía que se dirigían a algún lugar alejado de su ciudad, y se comenzaría a sentir como un verdadero secuestro.

Habían pasado diez minutos en silencio. Shaoran había apagado el estéreo, y se notaba que estaba algo molesto.

-¿Te sucede algo, Shyao? –preguntó inocentemente Sakura, que estaba en el asiento del acompañante, aún con la peluca por orden de su secuestrador.

-No, solamente que te vi desde la ventana. Vi la tierna escenita de la camilla, y vi cómo volaba por los aires tu tanga dorada. Solamente eso me pasa, que mi secuestrada es una reverenda...

-No lo digas.

Había bajado la cabeza. ¿Cómo fue posible que Shyao lo haya visto todo desde la comodidad de su nuevo carro?

Encima tenía que sucederle eso cuando tenían un viaje de tres horas por delante. Y solamente había disfrutado de dos segundos reloj de libertad.

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Notas de la autora:

Wow! Este es el capítulo más largo que he escrito para este fic ) Me tomó bastante tiempo poder terminarlo, no tenía muy en claro de qué podía tratar pero al final, salió tal y como yo quería n.n

Sí, lime entre Yukito y Sakura, a que no se la esperaban:3 Pero bueno, algo tenía que poner entre esos dos, además, era algo esencial para la trama del fic )

Qué más... ¿Shaoran está celoso? nwn Esto es increíble! n.n Veamos qué sucederá ahora que se mudan al medio de la nada...

Por cierto, muchísimas gracias a todas las personas que me han dejado reviews en el capítulo anterior, y ya saben: la contestación está en mi blog ) La dirección está en mi profile.

Agradecería que me dejaran comentarios en este capítulo para poder saber qué les ha parecido el lime que coloqué aquí n.n Se acepta de todo.

Además: perdón por la actualización, pero esta vez no les diré nada sobre los motivos baratos, ustedes ya los conocen y bien.

Nos estaremos leyendo en el próximo capítulo.

I got the right temperature for shelter you from the storm…