Severus miraba a la pequeña Hermione, mientras dormía. Estaba sobre su pecho prácticamente, aferrada a su camisa. Su chupete subía y bajaba, al compás de su respiración.

Quiso moverse, pero no tuvo éxito. La pequeña Hermione, estaba muy dormida sobre su pecho. Tendría que esperar por ella y literalmente "moría" de hambre. Suspiró y bajó la mirada, cuando uno de sus dedos, tocó su mano.

Seguramente, estaba soñando.

Al pasar una media hora, Hermione comenzó a despertarse. Sus pequeños ojitos enrojecidos por el sueño, miraron a Snape. La pequeña, sonrió al instante.

- No me hace gracia- se quejó Snape, sosteniéndola para sentarla en la cama. La pequeña Hermione, permaneció sentada y luego, se dejó caer en la cama, nuevamente- ¡Deje de ser tan floja!

La pequeña Hermione soltó el chupete y se enredó entre las sábanas. Severus negó con la cabeza y caminó hacia el salón. Ya la conocía. iría a buscarlo.

Pues mientras disfrutaba de la momentánea paz interior, que estaba viviendo sin Hermione, envasó la primera muestra y la etiquetó. Hermione iba a cumplir cinco años.

Mientras contemplaba los usos y consecuencias, su pluma cayó al suelo. Cuando bajó la vista para recogerla, la pequeña Hermione estaba allí y lo miraba, con cuatro dedos en la boca.

- ¿Ya decidió dejar de ser perezosa?

- ¡Papá!- chilló, sosteniendo la pluma entre sus manos- Papá...Mio papá...

- No, eso no es suyo. Devuélvamelo.

- Mio papi mio...diujo diujo.

- No es momento para hacer dibujos...

- ¡Diujo diujo! ¡Papa yo diujo!

Severus inspiró y tomó un pedazo de pergamino, poniéndoselo en el suelo. La pequeña Hermione soltó un chillido de emoción y se dejó caer en el suelo, para pintar. La miró por un rato. Solo eran rayas, sobre rayas.

- Quédese allí, mientras pruebo esta fórmula.

Hermione pasó largo rato dibujando, mientras él leía los efectos secundarios de los ingredientes, que acababa de agregar a la muestra. No quería matarla y escuchar el sermón de Albus.

Al terminar, preparado para hacer una prueba, regresó al salón y buscó a Hermione. No estaba en ninguna parte.

- Perfecto. Juegue otra vez y raye mis paredes.

Escuchó una risita y ladeó la cabeza, hacia el sofá. Se la imaginó, oculta dentro de algo o debajo de algo. Miró a su alrededor y se detuvo junto al sofá, fingiendo que no la encontraba.

La pequeña Hermione quería darle un susto. Emergió del sofá, estando debajo de él y caminaba lentamente. Severus sabía que saldría, así que simplemente se dio la vuelta y le asustó.

Hermione brincó del susto y lo miró por un rato. Severus sonrió con sarcasmo, pensando que se echaría a llorar. Pero no, simplemente la escuchó reír con mucha felicidad.

- Sí, fue divertido- se quejó y la miró estornudar- ahora tendrá que bañarse y seguro, tendrá alergía.

- Papá...- dijo, sosteniendo el oso que había encontrado- coe papá coe...

- ¿Coe? No quiero saber qué significa. Se beberá esto- dijo mostrándole la botella. Ella quería mirarlo.

Lo olisqueó y retrocedió, apartándolo con sus manitos. Severus negó con la cabeza e insistió, pero ella no quería bebérselo. Corrió hacia la habitación y Severus se preguntó si podía ponerse peor.

- No le va a servir esconderse- dijo mirando los pies, debajo de la cama. Colocó el frasco sobre la mesilla de noche y con mucho cuidado, colocó sus manos sobre sus tobillos. La sacó lentamente, mientras ella pataleaba.

- ¡Papá!- se quejó, cuando Severus la levantó del suelo y la sentó en la cama.

- Se lo beberá.

- ¡Papá!- Severus insistió, pero Hermione estaba enfada. Presentaba una rabieta y pataleaba

- ¿Sabe qué? Se lo daré en la leche y no se dará cuenta.

Pues eso hizo. Lo vertió en la leche y esperó a que no cambiara mucho su sabor. Hermione miró la leche, mientras se frotaba la nariz llena de moquillo, con una mano. Severus le ofreció el biberón, que ella miró con desconfianza.

- Es solo leche...- mintió y ella lo tomó entre sus manos.

Severus miró con satisfacción, cómo Hermione se tomaba toda la leche y soltaba el biberón. Se quedó allí parado, esperando que la poción funcionara. Según había leído, no tomaría mucho.

Esperó pacientemente y Hermione, lo miraba y movía sus pies, en la cama. ¿Funcionaba o no funcionaba? Pues esperaba no haberse equivocado. De ser así, es probable que Hermione tuviese o dientes grandes o un rabo de algo en especial, que no sabía.

Pues mientras miraba, observó algo muy particular. Hermione comenzaba a estirarse, su rostro comenzaba a cambiar de aspecto. La ropa comenzaba a quedarle más pequeña. Bien, era la misma, pero con cinco años.

- ¡Papá!