¡Saludos!... Finalmente domingo, tuve una semana bastante cansada y nada como el domingo para relajarme y que mejor manera de hacerlo que escribiendo… =D…

Espero que toda la semana les haya ido de perlas, que hoy estén descansando o disfrutando del día como sea que lo hagan. Entrando en el tema que nos concierne, el capítulo de hoy va a estar bastante… Como lo digo… Mmmm… No mejor lo leen y ustedes mismos juzgaran. Lo que sí les comento es que tenemos CONTENIDO HOT ((Para los que les moleste lo eviten)). Ahora sí, les agradezco a todos por el apoyo y les dejo el capítulo de la semana.

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Cap. 11: Sensaciones.

- Ésta temporada fue todo un éxito – exclamó la mujer con una sonrisa mientras daba una nueva leída a la gaceta de chismes de su mano – Escucha lo que dicen… "No cabe duda que ha sido la Temporada más memorable en años, no sólo por la fila de compromisos que dejó, sino por el regreso del duque de Lancaster con una esposa del brazo, una mujer con suerte, porque sé muy bien lo mucho que quisieran varias de nuestras lectoras, ser el destino de tanta devoción del duque a su esposa. Los mejores deseos para tan bella pareja y esperamos pronto ver al heredero del ducado más antiguo de toda Inglaterra…"; ¿no es maravilloso?

- ¿Qué? – preguntó Inuyasha mientras revisaba los libros de cuentas.

- ¿Me escuchaste al menos?

- Claro que sí madre, hablan de Kagome y de mí…

- ¿A propósito dónde ésta Kagome? – Preguntó la mujer - ¿No salieron a pasear ésta mañana?

- No, Sango vino por ella y se la llevó – dijo sin despegar su mirada de los libros.

- ¡Ahh!, así que por eso es tu mal humor, por Dios hijo déjala respirar…

- ¿Qué quieres decir? – finalmente su madre obtuvo su atención y ésta sonrió con picardía.

- Nada, pero ahora que hablamos, cómo fue qué te casaste con ella y sin decirme – en ese momento Inuyasha recordó que no había contado a su madre todo lo referente a Kagome, todo por estar embobada con ella - ¿Lo recordaste?

- Lamento decírtelo mamá, pero no lo hice – su madre lo miró extrañada, así que continuó – Yo efectivamente no me casé con Kagome, el documento de mi boda es legal, pero nunca antes había visto Kagome…

- Pero y…

- Fue Sesshomaru, hablé con Kagome y ella me dijo que había sido él quién llegara a su pueblo y le propusiera matrimonio

- ¿Sesshomaru?, ¿Por qué haría eso?

- Tú lo sabes mejor que yo, él y yo no congeniamos y todo debido al ducado – su madre lo miraba incrédula, pero sabía que le creería – Tengo una teoría y es que él se enteró de esa pequeña cláusula de que si aparecía una esposa el título no iría a la corona, así que su plan era traer a esa esposa y luego hacer efectivo un matrimonio entre ellos y así…

- El sería el duque – Inuyasha asintió y la mujer lo miró horrorizada – Pero entonces Kagome… Es su cómplice

- También creí en eso, pero ahora no lo sé, no tendría necesariamente que serlo, Kagome es joven y no tiene padres que velen por ella y su hermana…

- Esa mujer… - masculló Izayoi.

- Para Sesshomaru sería fácil chantajearla o algo…

- Esto es increíble, sé que Sesshomaru siempre quiso el título, pero esto es…

- Sí, creo que es por eso que desapareció sin dejar rastro, pero ya veré que haré con él…

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- Muchas gracias por traerme… - se despidió Kagome y una vez el carruaje de Sango giró en una esquina, se dirigió a la entrada.

- Su excelencia…

- Hola Totosai… - saludó con una sonrisa al anciano a la vez que le pasaba su sombrero y guantes.

- ¿Cómo estuvo su mañana?

- Muy bien, compré un par libros que quería leer… - le mostró la bolsa de papel y el anciano asintió.

- Me alegra Su excelencia…

- ¿Qué libros compraste?... – la voz de Inuyasha le llegó desde lo alto de la escalera y Kagome se giró de inmediato para mirarlo sonriendo.

- Son increíbles, son volúmenes nuevos sobre historia griega…

- ¿Historia griega? – Inuyasha bajó hasta ella quien le enseñó los libros - ¿Ya terminamos el libro sobre oriente?

- Hace una semana… - ambos habían comenzado a caminar y ella ya sabía que iban a la biblioteca – Sango iba por unas novelas y vi estos libros y no pude resistirme…

- Otras mujeres compran vestidos, zapatos y joyas, pero tú te alegras con un libro sobre historia…

Kagome sonrió mientras tomaba asiento en el diván de la biblioteca, Inuyasha se sentó a su lado mientras ojeaba el libro.

- Bueno intentaré alegrarme con eso también…

- Sí, aquí tengo unos volúmenes de la historia del imperio romano, te gustarán… - le regresó el libro y Kagome sonrió mientras miraba la portada.

- Me gustaría verlos…

- Estás hermosa… - sus palabras la descolocaron, segundos antes hablaban de libros y ahora él decía eso, haciéndola sonrojar.

- Yo… Gracias…

Ella aún no se acostumbraba a sus halagos, que eran bastante regulares, y se sonrojaba cada vez que le dedicaba uno o que se le quedaba mirando fijamente, ni que decir cuando la besaba.

- ¿Crees que puedas leer más tarde?

- ¿Por qué? – preguntó, aunque secretamente sabía lo que él quería.

- Porque te quiero un momento para mí… - cuando el rostro de él se inclinó a su altura, Kagome ya estaba ansiosa y preparada.

Inuyasha besaba como los dioses, de eso ella no tenía duda alguna, le encantaba besarlo y perderse en las sensaciones que el despertaba en ella. Kagome comenzaba a acostumbrarse a sus besos, cuando la tomaba desprevenida ya no se asustaba o se desconcertaba, ya simplemente pasaba sus manos alrededor de su cuello o lo abrazaba por la cintura y se recostaba contra él para tener mayor acceso a su boca. Y él, él hacia maravillas con ella, rozaba su boca, jugueteaba con su lengua y pasaba sus manos por su cuerpo, robándole el aliento.

- Inuyasha – musitó cuando él se alejó de sus labios y se dedicó a su cuello.

- Eres exquisita – dijo mordisqueando su lóbulo, logrando un estremecimiento y un jadeo por parte de ella – Hueles a jazmín…

- Me baño con esa esencia…

- Nunca dejes de hacerlo…

Inuyasha enfocó su mirada en ella y en sus ojos pudo notar aquel vidrioso deseo que había encendido en su cuerpo, el mismo que lo atormentaba a él, cada vez que la veía, tocaba o besaba. Quería hacerla suya, hacerle el amor hasta que quedaran satisfechos, pero sabía que aún no era el tiempo, Kagome se merecía más que un revolcón.

- Te dejo para que leas… - trató de alejarse de ella, pero las manos de Kagome se enredaron más en su cuello y tiraron de él hasta rozar sus labios con los suyos.

Sorprendido por esa acción, un fuego se encendió en su interior y la tomó la cintura hasta dejarla recostada en el diván, el libro cayó al suelo, pero a ninguno de los dos le importó. Ambos estaban demasiado ocupados devorando al otro.

Inuyasha logró colar una de sus rodillas entre las piernas de ella, mientras sus manos recorrían la cintura y subían a sus pechos, tentándolos con suavidad. Al mismo tiempo Kagome enredaba sus dedos entre sus oscuros cabellos y ahogaba pequeños gemidos entre sus sensuales labios…

- ¡Hijo!... ¡Oh disculpen! – Los dos se alejaron ante la presencia de la duquesa – Yo, hablaré mas…

- Sólo dilo mamá – se levantó Inuyasha mientras se acomodaba el frac de su traje.

- Bueno, como la Temporada ya terminó, pensaba que podíamos irnos a la casa de Lancashire – dijo la duquesa viuda mientras miraba hacia los estantes de libros - ¿Qué dices?, así Kagome podrá conocer Knighton Hall

- Me parece bien, partiremos mañana al alba, dile a todos que se preparen y envía un mensajero que anuncie nuestra llegada…

- Yo me encargo, ustedes… bueno, yo me encargo – dijo atropelladamente mientras salía.

- Creo que eso le enseñara a tocar antes de entrar – se giró para mirar a una sonrojada Kagome, quien permanecida sentada recatadamente sobre el diván – No te preocupes, además no hacíamos nada malo – se arrodilló a su altura y le tomó las manos entre las suyas – Te encantara la casa de la familia…

Kagome lo miró y sonrió y lo hizo aún más cuando él estiró su cabeza y le dio un beso.

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El viaje hasta la casa Lancaster duró cerca de dos días, los duques se habían marchado de Londres a la vez que muchas otras personas, quienes se iban a pasar el verano en sus fincas campestres. Pero cuando llegaron a la finca Kagome se sorprendió con lo que Inuyasha y su madre llamaban la "casa" de la familia, pues la casa resulto ser más un palacio. Knighton Hall era inmensa tanto como hermosa.

Lo primero que vio fue la muralla que rodeada el lugar, bordeándola hasta un acantilado con vistas al mar; el mar, ella no lo había visto nunca, pero se decía que era tan inmenso que nunca verías su final y en efecto lo era, su color azulado se fundía en el horizonte con el cielo, las olas rompían contra la arena blanca a la par que las gaviotas volaban entre las nubes; el clima era perfecto, no hacía un calor sofocante, el viento soplaba y el sol calentaba lo justo. Era maravilloso, tanto que Kagome juró que había llegado al paraíso.

Cuando atravesaron las puertas principales, Kagome logró divisar finalmente la casa. Una estructura de piedra rojiza, imponente e inmensa; podía distinguir dos planta, ambas tan grandes como la casa del príncipe regente. Unas puertas de roble estaban abiertas de par en par y varios criados esperaban en ellas, listos, para atender a sus señores.

- Totosai, ¿cómo está todo? – preguntó Inuyasha al anciano, quien había partido antes que ellos para ver que todo estuviera listo.

- Todo está en orden, Su excelencia…

Kagome miraba embobada la casa y sólo se distrajo cuando Inuyasha hizo las presentaciones correspondientes con el personal de la casa, una vez listas, el mismo Inuyasha le ofreció enseñarle Knighton Hall cuando se hubieran refrescado del largo viaje.

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- Estas son todas las generaciones de la familia Taisho… - le explicó Inuyasha una vez entraron a la galería de retratos con que contaba la casa.

Kagome miró anonadada los rostros en las pinturas, todos los hombres eran gallardos y mostraban porte y elegancia en sus rostros y posturas, pero lo más sorprende de todo, era que todos tenían los ojos dorados.

- Los ojos…

- La marca de los Taisho – explicó Inuyasha.

- ¿Quién es este de acá?

- Mi abuelo… - Kagome sonrió y miró el siguiente cuadro, habían dos caballeros idénticos, ella recordó la historia del padre de Inuyasha y su gemelo y se giró a mirarlo.

- El de la derecha es mi padre, el de la izquierda mi tío y padre de Sesshomaru.

- Dios… ¿cómo sabían quién era quién?, son idénticos.

- Mi padre era unas pulgadas más alto y robusto, pero la marca que los diferenciaba, era una pequeña marca de nacimiento que mi tío tenía encima de la ceja derecha – dijo apuntando la pintura y Kagome asintió, ahí estaba.

- Increíble, ¿y tú?, ¿dónde estás? – preguntó mirando el espacio vacío al lado del cuadro de los hermanos Taisho.

- Mmmm… No creo que éste listo para posar para un pintor

Kagome se burló y él le tomó una mano para acercarla a él y sin darle tiempo a pensar atrapó sus labios contra los suyos.

- ¿Quieres ir afuera?

- Me encantaría…

No había nada más magnifico que los jardines de Knighton Hall. Numerosos árboles y flores, llenaban el ambiente de cálido aroma dulzón. Inuyasha la guió por un camino de piedrecillas, hasta llegar al centro del jardín.

- Es hermoso… - musitó anonadada.

Una gran fuente de agua estaba en el medio de todo, la escultura que la adornaba eran las figuras de bellos querubines rodeados de flores. El sitio también contaba con varias banquitas en piedra y grupos de rosales rosados enmarcaban el conjunto. Anexo a todo aquello había un laberinto de setos a las espaldas de la fuente, en cuyo centro, según comentó Inuyasha, había una fuente mucho más impresionante, cosa de Kagome no podía creer.

- ¿No te perdías de pequeño? – preguntó mientras caminaba con Inuyasha por el intricado pasadizo.

- De pequeño pensaba que había otro mundo al otro lado del laberinto, escuchaba ruidos y cree un montón de historias, los ruidos eran de los escultores que estaban haciendo la fuente en el centro… - Kagome soltó una risita y él la imitó – Cuando estuve más grande Sesshomaru me retó a entrar, lo hice y me perdí, mi padre me encontré en un pasadizo sin salida, acurrucado contras los setos…

- Debió ser horrible

- En su momento lo fue; Sesshomaru se rió bastante a mi costa, pero desde ese momento decidí que me aprendería el camino; ahora lo sé de memoria… - terminó la historia, justo cuando giraron en un recodo y llegaron al centro del laberinto

Era un lugar más pequeño, con una pequeña fuente en el centro y unos bancos de piedra a su alrededor, sin embargo lo que más llamaba era la escultura de la fuente; dos amantes, un hombre y una mujer fundidos en un sensual abrazo estaban casi desnudos a excepción de una especie de tela que cubría sitios estratégicos.

- Según comentó mi padre muchas parejas fueron halladas en situaciones poco respetables en los jardines de la casa, él decía que en cada fiesta que se hacía, al menos un pareja terminaba formada. Fue por eso que decidió construir el laberinto, para dar privacidad a las parejas y que dejaran de llamarle el celestino de muchas bodas…

- ¿Es broma?

Kagome no podía evitar mirar los dos cuerpos abrazados, las manos del hombre aferraban el cuerpo de la mujer con cierta rudeza, además de un toque de suavidad y sus bocas estaban enlazadas en un beso abrasador que transmitió olas de puro fuego al cuerpo de ella.

- ¿Perturbador no?

El suave susurró en su oído, devolvió a Kagome a la realidad.

- Un poco, sí… - dio un último vistazo a las piernas enlazadas de los amantes, antes de mirar a Inuyasha - ¿Nadie dijo nada?

- Las damas no iban a admitir que estuvieron curioseando la famosa escultura, además de que se arriesgaban a que se hablara con quien pudieron venir a verla y los caballeros los comentaron entre ellos, les parecía divertido, pero tampoco querían decir con quien vinieron…

- Creo que a tú padre le gustaba jugar con la gente…

Inuyasha soltó una carcajada por lo acertado de las palabras.

- Le gustaba divertirse…

Despacio y con suavidad, Inuyasha se acercó por detrás hasta Kagome, quien miraba sonrojada todos los detalles de la curiosa escultura. Enlazó sus brazos en la cintura de ella y dedicó un delicado beso en la curva desnuda de su cuello.

- ¿Qué haces? – musitó con voz temblorosa.

- ¿No es obvio?

Kagome tragó saliva, cuando un escalofrió recorrió toda su espalda hasta llegar a su nuca. Los dedos de Inuyasha se movieron con suavidad sobre su vientre y comenzaron a subir dejando un sensación de hormigueó en su tórax. Sus labios continuaban recorriendo su nuca, sacándole pequeños jadeos de sus labios…

- Inu…

- Me encanta tu olor… Jazmín, ¿verdad?

La giró hacía él y la llevó con pasos quedos y suaves hasta una de las bancas, allí se sentó y la arrastró sobre su regazo. Ella tenía los ojos cerrados y las mejillas arreboladas mientras el continuaba besando su cuello.

- Jazmín… - confirmó ella en un susurro.

- Mmmm… Me fascina…

El cálido aliento de Inuyasha chocó contras sus labios antes de rozarlos y así se estuvo por un tiempo, hasta que una desesperada Kagome lo aferró de las solapas de su traje y lo obligó a besarla. Su boca sensual sonrió entre los labios de ella al tiempo que sus manos recorrían su espalda buscando los broches del vestido. Él comprendía que estaba actuando un poco rápido, pero no podía resistir mucho más tiempo.

No había manera de explicar cómo se sentía Kagome, todo era bastante extraño para ella, temblores que le recorrían el cuerpo, un calor estremecedor que inundaba todo su ser y unas ansias irreprimibles, todo era bastante raro, sin embargo se sentía mejor que nunca, era como tener algo que siempre habías querido en tus manos.

Cuando una onda electrizante le recorrió el cuerpo y un gemido se le escapó de los labios abrió los ojos. Su mirada se topó con el cielo de color azul, surcado por un par de nubes blancas y un par de aves, sin embargo eso no era lo inquietante, era más bien que no había notado cuando Inuyasha la recostara sobre la banca y se subiera sobre su cuerpo.

De nuevo un gemido brotó de sus labios y ésta vez sí fue consciente del peso del cuerpo del duque sobre ella, de sus labios jugueteando perversa y deliciosamente en sus pechos y de sus dedos que comenzaban a abrirse paso en su sexo. Sorprendida por lo que sucedida, trató de llamarlo, pero eso fue antes de que él llegara justo a su entrepierna y la acariciara con dedos hábiles, porque a partir de ese instante, su cuerpo se perdió en la deliciosa sensación.

Inuyasha nunca se había excitado tanto en su vida y él sí que sabía de esas cosas. El cuerpo de Kagome lo tentaba hasta el límite, la suavidad y olor de su piel, las acciones casi inconscientes de ella, la manera en que gemía y jadeaba bajo él y el modo en que se apretaba contra su mano buscando un placer que no conocía.

Alejó su boca de sus pechos y buscó el rostro de ella, tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos, sus cabellos estaban desacomodados y las mejillas tan rosadas como dos fresas jugosas, que lo invitaban a probarlas. Pero no, no podía tomarla allá como si fuera una vulgar cortesana, ellos iban a tener su primera vez en un cuarto.

- Kagome… - susurró su nombre mientras la veía obtener un orgasmo, sacó sus manos del revuelo de faldas de ella y la dejó que se calmara.

- Dios… Eso fue… - jadeó unos segundos después mientras lo miraba con los ojos brillantes de deseo – Fantástico…

- Aún hay más… - besó su cuello mientras reprimía las punzadas de su entrepierna.

- Podría morir si hay mas… - sonrió extasiada mientras enredaba sus dedos en los cabellos negros de él.

- Busquemos una cama y te lo muestro…

Diez minutos más tarde y en medio de risas, la pareja salía corriendo del laberinto en medio del jardín. Kagome se sentía liberada, Inuyasha la perseguía por el camino empedrado hacia la casa y ella le lanzaba miraditas coquetas por sobre el hombro; cuando llegó a las grandes puertas de la entrada, tocó varias veces hasta que Totosai le abrió y ella corrió dentro casi arrollándolo. Cuando estaba por subir las escaleras, un par de fuertes y musculosos brazos se cerraron alrededor de su cuerpo y la apretaron contra un pecho cálido.

- Que traviesa esposa tengo… - susurró en su oído y tomó su lóbulo entre los dientes.

- Su excelencia… - escucharon el carraspeó incomodo del mayordomo a sus espaldas – Disculpen, es sólo para comunicarle que…

- Pero que placer volver a verte primo y con tu encantadora esposa…

Inuyasha se puso tensó al escuchar la burlona voz a sus espaldas, soltó sus brazos de la cintura de Kagome y se giró…

- El señor Sesshomaru ha venido de improvisto – dijo Totosai confirmando lo que estaba viendo por él mismo, la burlona estampa de Sesshomaru.

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¡OK!... Definitivamente ese par deben estar pagando un karma, ¿por qué será que siempre los interrumpen?... Jajajajaja!...

Por otro lado, ¡Volvió Sesshomaru!... y justo en el momento "indicado"… ¿Qué es lo que creen que pasará?... Hagan sus apuestas… =DD

Espero que les haya gustado el capítulo de hoy y que se hayan distraído por un momento.

Como dato adicional del capítulo de hoy, les comento que LANCASHIRE, es la verdadera ciudad donde ésta LA CASA LANCASTER, sólo que no se llama KNIGHTON HALL y de ninguna manera la descripción que di es la misma, todo fue para ponerle efecto a la historia… =DD…

Ahora sí, me voy yendo, dejen sus mensajes, sugerencias y demás… Les mando un abrazo y nos leemos la próxima semana.