¡Hola!

Bueno, como había anunciado hace poco en mi twitter, ya vengo a publicar el episodio ;D con suerte hoy nadie saldrá lastimado xD

En fin, quería responder a un comentario que hicieron en el anterior episodio:

" nypsy
2011-07-01 . chapter 10

lo que no entiendo es como es que no sienten el reiatsu hollow? el bebe hybrid humano/shini no va a tener el mismo reiatsu que humano/arrancar (si fuera comparado a humano/vizard, quisas no habia diferencia detectable porque vizard y arrancar son el 'flip' o reversa del uno al otro)... entonces si SS se enteran que el bebe es de ulqui y no por violacion la acusan de ser traidora y matan a ella y bebe? aun siendo ella prisionera (ya que mujeres priosioneras desde el principio de humanidad han tenido que hacer favores sexuales para poder sobrevivir)?"

Para aclarar, que lo que emana el bebé no es ni energía hollow ni energía de shinigami, puesto que sólo despide energía espiritual que nadie puede determinar, se piensa que puede ser una particularidad de ser una mezcla entre shinigami y humano (como lo es Ichigo) pero hasta ahí se quedan las especulaciones. Y como no se puede definir, se recurrió a investigar, que a Yamamoto no se le olvida, y con lo que le dijo Ulquiorra acerca de Aizen y la violación, hace pensar que estará a salvo la vida de Orihime.

Muy aparte es el poder con el que debilita la energía de los demás, una es de ataque y otra es de consumación, tal y como hace con Kenpachi, que lo 'come' porque él tiene una energía espiritual abierta al ser natural, como las de los otros son más controladas no puede succionar demasiado, así que... esa es la cosa.

Eso de las mujeres que... daban favores sexuales en la antiguedad por ser prisioneras, es verdad, pero también esas mujeres eran consideradas traidoras a su pueblo. Te recomendaría ver la pelicula "Malena", es una pelicula en la que se demuestra un poco de lo que hablo. Que al convertirse en prostituta, Malena (también odiada por su belleza por las mujeres de su pueblo) fue despreciada por acostarse con militares de otro país.

Pienso que Orihime del mismo modo podría ser despreciada, incluso podrían ver el peligro del niño y ejecutarlo al igual que con ella, si hasta a Rukia por una tontería ya la querían mandar al matadero jajaja, a Orihime por cargar un hijo del enemigo también podrían. Otro detalle es que en la sociedad de almas nadie sabe de las 'habilidades' del pequeño, como esa de manipular el umbral del dolor de los shinigamis (explicaré un poco eso la próxima vez). Quizá esa sería la razón por la cual es capaz de 'herir' o al menos causar la impresión de dolor a sus víctimas.

Ya que el umbral del dolor es la capacidad que tenemos para sentir dolor y todos tenemos una distinta, para el bebé (como técnica) es fácil manipularlo, como bajar el control del volumen. Es así que incluso podría matar a las personas si es que se le ocurre, como es un ser no entrenado e inocente reacciona a los estimulos, si siente a su madre llorar procura lastimarlos, si siente él también dolor sube al máximo su defensa contra shinigamis y si siente... que un peligro se avecina y el dolor de su madre... lo que se verá en el parto, pues... quién sabe. Eso se sabrá luego.

Explicando está ;D

Pueden continuar leyendo, espero disfruten el episodio, comentarios y demás... dejen en el review. Recuerden que comentar es apoyar =)


Nota: ¡Mi primer fic de Bleach! *O*


Disclaimer: Debo aclarar que Bleach y todos sus personajes le pertenecen al Twittero N°1 de Japón… Tite Kubo =/ (joder, escribe todos los días su Twitter xDDD).


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


CUANDO EL SOL DEBE OLVIDAR A LA LUNA

By Clarisce

Episodio 11: No somos dos ni tres

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En cuanto se durmió Ulquiorra volvió a reflexionar, le era difícil estando al lado de aquella mujer, se sentó a un costado mientras la veía dormir, de inmediato recordó con una disimulada sonrisa sus días juntos.

Sus suspiros eran suaves y pausados, con ese cuerpo tan lleno de vida, existiendo sin prisas, no como él, quien aún no había podido conciliar la idea de seguir en este mundo.

- "Orihime" –pensó y acercó su mano a ella con la intención de acariciar su rostro.

Momentos atrás había llorando por lo que dijo, pero tan pronto dejó de hacerlo se calmó y aunque estaba un poco mareada, fue llevada a la cama para que descansase, se acostó y antes de que fuera a irse a aquel ex - Espada le fue pedido que no lo hiciera. Simplemente no se pudo negar. Era increíble la confianza que le tenía, tanta que le confiaba su descanso, sin saber que él era el mounstro que le quitó… la luz de su alma.

Sí, se consideraba un mounstro, un… ser que no debía existir, alguien quien no merecía…

- Ulquiorra-kun… -susurró Orihime.

Pero cuando ella pronunciaba su nombre, todo se olvidaba.

- ¿Me recuerdas? –le susurró él.

- No… me dejes… -le contestó en sueños.

Qué curiosa era y hermosa. Le hizo un mimo delicadamente con las yemas de sus dedos y se le dibujó una sonrisa, en su interior ella aún le extrañaba, pobre de ambos… nunca consiguiendo ser uno.

- Mujer… -se acercó a su oído- te quiero.

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Kenpachi no había encontrado al viejo Yamamoto, por lo mismo volvió a su división, sintió una extraña presencia (no autorizada) en el cuarto de Orihime y apresuró su paso, en cuanto llegó abrió la puerta de un jalón y… no encontró nada, en el mismo sólo estaba la embarazada descansando.

Gimió un poco, quizá no haber dormido bien le jugaba tretas. Miró a la bella durmiente y sintió el ambiente pesado, el pequeño había comenzado a 'cenar' a Kenpachi, a lo cual el Capitán sólo arqueó una ceja, le era curioso sentirse sin tanta carga, es más… sentirse sin energía.

Y conforme pasó el día, la noticia de la apropiación de Zaraki llegó a oídos de un indignado Capitán Kuchiki, el cual se había levantado dispuesto a ir en marcha a la unidad de aquel para traer de vuelta a la joven.

Tomó su espada, a sabiendas de un presentimiento… de que quizá las cosas se le harían difíciles. No podía permitir que ella hubiera desaparecido, sin si quiera decirle algo… ¡aff! Se sentía irritado de que dijeran algo y no lo cumplieran.

- Llama a tu capitán –ordenó en la entrada de la división de Kenpachi.

- Eh- ah…

Un nervioso guardia se fue rápido a dar el aviso. Aunque no pasó mucho para que Kuchiki Byakuya entrara de todos modos. Supuso que debía llevársela así nada más, adentrándose más ahí se encontró con un sonriente shinigami.

- Oh, sí, puedes pasar –dijo irónicamente Zaraki. Agitó una hoja frente a su rostro, sentía calor.

- Me la llevo.

- Jaja, es gracioso cómo lo dices, como si fuera… no se, una orden –vio con sorpresa fingida el papel que en sus manos se agitaba- ¡mira esto! –gritó- Es una orden del viejo Yamamoto y dice que me concede la custodia de la humana, ooh…

- ¡Trae eso! –le quitó aquel documento… firmado y autorizado por la sociedad de almas.

Su decaimiento pronto se hizo notable, si eran órdenes entonces no podía hacer nada más pero ciertamente se arrepentía. Exhaló el poco aire de ira que se guardaba en él y calmó su rostro, Byakuya podía estar más calmado, quiera o no.

- Bien, una cosa más.

- Dilo.

- ¿Puedo hablar con ella?

- ¿Para qué? Ya no necesitas…

Y el capitán Kuchiki pasó de largo de Kenpachi llegando hasta la entrada el cuarto de la joven, había avanzado mucho, al abrirla la encontró casi despierta, pero antes de poder hacer algo más la fuerte mano de Zaraki lo detuvo.

Esa desafiante mirada entre ambos creaba un ambiente hostil, ambos capitanes arrugaron las narices mientras se decidía una batalla mental, Byakuya tomó de inmediato el mango de su espada para sacarla en el momento en que se revelara la naturaleza salvaje de Kenpachi, y Zaraki ya la tenía entre manos para rebanar a Byakuya, lo que lo detenía era que la pobre Orihime estaba resintiendo todo el estrés de esta 'posible' batalla.

- Quita tus sucias manos de mí –añadió Kuchiki.

- Nadie te ha autorizado para venir a verla.

- ¡Kuchiki-san, Kenpachi-san! –gritó la embarazada yendo hacia ellos para interponerse entre sus espadas- por favor –rogó con mirada temerosa.

Ambos se alejaron uno del otro para dejar a Orihime en medio, la misma suspiró tranquila.

- ¿Puedo hablar contigo? –dijo Byakuya a Orihime, ella asintió.

- Imbécil –le dijo Zaraki al pasar de lado y dejarlos un poco juntos- ya nos veremos cuando no tengas a una mujer para defenderte.

Pero el mismo no se alejó demasiado, quería escuchar lo que éste le fuera a decir a la humana, no confiaba mucho en su tacto o al menos en la 'sensibilidad' del querido capitán.

Byakuya guardó su espada y acercándose a Orihime trató de mostrarse menos preocupado pero… realmente… estaba feliz de verla sana. No podía detenerse, sus manos tomaron a la pequeña para acercarla a él y abrazarla.

- Ah… -se sorprendió la joven, no interpuso sus brazos pero tampoco le correspondió.

- Ha sido un descuido mío dejar que sucediera algo así. Pero por favor… considera que no lo cometeré otra vez, yo he llegado a… apreciar tu presencia, te he observado desde lejos y sólo quiero tu bienestar. Y aunque no aceptes regresar, sólo… -cerró los ojos y apoyó su mentón en la cabeza de Orihime pudiendo sentir su dulce aroma- perdona la incompetencia de no haber podido protegerte.

- Te duele, ¿eh? –dijo Kenpachi apareciendo en la habitación de nuevo.

Orihime estaba angustiada por todo eso. Al verlos juntos, así de… pegados, ella saltó y dio dos pasos atrás, le incomodaba esto… era nuevo, era… distinto.

- ¿Qué haces aquí?

- Es mi división, puedo… estar aquí, allá, oh… -se acercó a la cama de Orihime y se sentó ante la mirada poco calmada de Byakuya- aquí también.

- Ya veo, uhm… -gimió débilmente, estaba algo adolorido por la energía negativa que comenzaba a fluir del bebé de Orihime. Lo lastimaba, también a Zaraki, pero él se había acostumbrado a resistir peores cosas.

- ¡Por favor! Basta, los dos… yo… ¡aghhh! –echó un grito ahogado por ella misma.

Ambos Shinigamis olvidaron de inmediato lo que sus testosteronas les mandaban y cual compañeros cayeron en cuenta del sufrimiento de la humana.

Byakuya ante su incapacidad de poder si quiera acercarse a ella, sólo vio cómo Kenpachi la sostenía, estaba… envidiándolo un poco.

- ¿Qué sucede? –preguntó Kenpachi antes de que a Byakuya le surgiera palabra alguna en medio de aquella situación.

- Es… un… dolor… -agachó la mirada- no es nada, sólo una patadita –simuló para que no se preocuparan, pero su rostro no decía lo mismo.

Necesitaban de inmediato consultar con un profesional, pero el individuo más adecuado, quizá, no estaba en la sociedad de almas, Unohana se encontraba lejos por algunas semanas y ahí sólo quedaba alguien, aunque fuera casi desesperado, ambos capitanes pensaron "es mejor esperar".

- ¡Ahhhh! –resintió un grito sentándose de golpe en la cama, de sus piernas surgió un chorro de sangre que manchó su ropa.

No… esta era una situación de suma urgencia, casi desesperada y a pesar de que ambos Shinigamis no querían deberían ir con…

- Señor, han venido en busca suya –dijo Nemu.

- Te dije que estoy ocupado –balanceaba una pipeta entre sus manos con una sustancia rojiza..

- Es la humana que usted quería.

El extraño shinigami se puso de pie de inmediato y sin quererlo rompió aquel implemento de laboratorio, el mismo le quemó un poco la mano pero eso no le importó, fue rápido a recibir a su experimento número 1.

Grande fue su sorpresa al ver al gran Kenpachi cargándola, ella recargada sobre su fornido pecho casi lloriqueando de dolor y a Byakuya con una expresión poco conocida por el maléfico científico.

- "¿Preocupación?" –pensó para sí Mayuri, viendo los ojos de Kuchiki.

- ¡Tienes que revisar qué sucede! –le casi gritó Zaraki con mirada fija.

Mayuri entrecerró los ojos para luego sentir como el intermitente dolor se adentraba en él, era tan fuerte que sólo quería alejarse, pero claro que no iba a hacerlo, ahí estaban… esos dos soportando estoicamente, al menos Kenpachi, quien no retrocedía ni un poco del agarre de la embarazada que en su pecho se acurrucaba adolorida.

- Qué les hace pensar que…

Kenpachi y Byakuya enseñaron sus espadas. A Mayuri no le importaba pero…

- Destrozaremos tu laboratorio –dijo Kenpachi improvisando.

- ¡Ya basta! –gritó Orihime separando un poco su rostro del cuerpo de Kenpachi.

Ese grito se hizo venir con una gran oleada de dolor para los tres Shinigamis. Byakuya tambaleó cayendo con una rodilla al piso no sin antes ver que Mayuri yacía ya en el piso pero… él… se reía.

Ese potencial como para doblarlo de dolor, ¿qué rareza era ese pequeño? Le intrigaba tanto que lloraría de placer, quería que lo hiciera de nuevo, quería experimentar ese enorme dolor para identificar qué es lo que le lastima.

- Lo… Lo siento… -volvió a ocultarse en el pecho de Kenpachi, al cuál sólo le temblaron las rodillas un poco.

- Bien, bien… pasen, vamos a revisarla –dijo Mayuri con cara de pocos amigos.

Para cuando tuvieron acomodada a la joven, con algunos equipos que revisaban sus signos vitales y un par de máquinas más para conectar que servirían para…

- ¿Qué hacen aquí? –preguntó Mayuri. Ni Kenpachi ni Byakuya le perdían un ojo de encima.

- Oculta bien los cuchillos. Si veo un solo corte en su cuerpo, te aseguro que no quedarás en una pieza –advirtió Zaraki. Incluso tenía una silla al lado de la mesa de operaciones.

- Por… favor… ahh… -les pidió a todos con lágrimas en los ojos.

Todos en la sala suspiraron para darse un aire de tranquilidad mientras el Mayuri preparaba una sonda de ultrasonido. Quería, primero, ver el estado de la gestación. Tenía una formación de médico que nunca llevó a cabo… convencionalmente, porque primero no salvaba vidas, no ayudaba a los demás y demás.

- ¡Ay! –gimió.

- ¿Qué sucede? –reclamó Kenpachi.

- Mi error, puse el gel frío y olvidé decirlo –añadió divertido.

- ¿Qué demonios te pasa bastardo? –gritó Orihime molesta. Había reaccionado de la nada.

- ¡Hump! –continuó revisando el ultrasonido hasta encontrar al be….

- ¿Qué pasa? ¿Qué es eso? –preguntó Zaraki sin entender la pantalla del ultrasonido.

- Es… -decía un poco aturdido aquel shinigami de aspecto extraño.

- ¿Qué? –preguntó Orihime cambiando su semblante.

- Son dos…

Ulquiorra yacía acostado en su cama, podía decir que se encontraba preocupado pero no era necesario, al menos hasta ese momento había cumplido, ahora debía alejarse de la vida de esa mujer, debía hacer como si nunca hubiera existido, pero…

- Duele… duele mucho…

La escuchó decir desde su habitación, suspiró, se odiaba tanto a sí mismo.

Tocaron la puerta y vio entrar al rubio que lo había traído hasta este mundo. Quien lo había conducido al matadero, a una vida sin Orihime, a un mundo en el que él era el enemigo.

- Supongo que debes estar feliz –dijo Ulquiorra con la voz suave.

- ¿Es que acaso te causa algún pesar las consecuencias de tus actos? –preguntó sin interés Urahara bajando un poco la mirada.

- Claro que no –mintió el Espada.

- Cuando ustedes… lo hicieron, ¿ella al menos te quería? –preguntó para asegurarse de una respuesta sincera.

- Si me quería o no, era algo que no intervino cuando se entregó. Estaba asustada de morir –señaló sin pena- tan asustada que se aferró a lo primero que vio.

- Hasta yo puedo decir que eso no es cierto. Esa muchacha no es de esa clase. Debió sentir un profundo… profundo amor.

- ¿Amor? ¿Qué es eso?¿La soledad que emanaba de mi antiguo cuerpo?¿Mi frialdad?¿Mi desdén por los humanos?

- Jeje –se rió un poco y volteó a verlo- es gracioso, que siempre quieras ocultar hasta lo mínimo que viviste –caminó hasta la puerta- tienes una segunda vida, no la desperdicies pensando que mandaste a morir el único lazo que te hizo ser débil en aquel momento, porque la debilidad fue causada por el temor a perderla y fue ella quien tuvo que perderte a ti. Eeeen fin, te avisaré lo que suceda cuando vuelvan.

Asegurada la puerta, Cifer se tomó la cabeza entre sus manos, apretó los ojos con fuerza creyendo que así se irían esa temibles ganas que tenía de salir corriendo con ella, de apartarse del mundo, de intentar hacer… hacer realidad eso que tanto desearon en su último encuentro tras la batalla con Ichigo.

Deseaba tanto tomar esa mano que en ese mismo momento colgaba de la mesa de operaciones de Mayuri, la misma se encontraba fría, si tan sólo en esos momentos tuviera a alguien.

- Son… dos… yo… -exhaló como si con ello se calmara a sí misma- ¿voy a tener dos bebés? –con emoción ambos de aquellos ojos se humedecieron hasta relucir transparentes lágrimas.

Y también estaba Ulquiorra quien se imaginó por un momento cómo sería sostener a aquella criatura, no era tan desnaturalizado como para no entender lo que era tener un hijo. Lo único que deseaba para ella era que fuera feliz, sin importar… quien ni cómo ni cuándo, pero desde que la sintió cerca, desde que estuvo a un paso de su bebé, él… comenzó a inevitablemente amar lo que ella amara.

Así fue como él amó al hijo que esperaba con Orihime tanto como la amaba a ella, porque es… la prueba de que todo fue real. De que él no está perdido, de que se encontró, en las manos de esa mujer y en el palpitar de ese bello corazón, no, en el palpitar de esos corazones.

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Fin de Episodio 11