Parte 11

Después de jugar un rato mas en el lago me percate que Natsuki no se encontraba por ningún lugar de la casa, Mai nos entrego una taza de te para mi y otra de un liquido rojo a Nao —ara… ¿y Natsuki? —pregunte de forma casual y Mai dijo —Natsuki ha ido en busca de la joven quien le pidió ayuda — me sorprendí por las palabras de Mai y Nao dijo —valla al parecer la cachorra encontró a su compañera… ppero Mai ¿Dónde se encuentra ahora? —Mai me observo fijamente y con una voz calmada dijo —me e comunicado con ella por nuestro vinculo personal y me a dicho que en estos momentos se esta dirigiendo a la montaña de los Cárpatos… para ser mas especifica a las cuevas de hielo ya que el llamado de ausilio proviene de ahí — me quede algo confundida y pregunte —la montaña de los Cárpatos ¿eso no esta en Rumanía? — sonriendo Nao dijo —asi es princesa… nosotras tenemos nuestro hogar ahí… solo que por ahora estamos viviendo aquí en Japón… pero dime Mai ¿Cuánto tiempo tardara la cachorra en regresar? —Mai recogió las tazas y dijo —no lo se Nao… si Natsuki encontró a su compañera creo que tardara un tiempo ya que quedra un tiempo a solas con ella —dicho eso guiño el ojo y se dirigió a labar lo que aviamos utilizado.

Shizuka trataba de calentarse frotando sus brazos de arriba hacia abajo mientras imágenes de paisajes llenos de hermosas flores pasaban por su mente, esas imágenes le ayudaban a no recordar todas las torturas que le avían hecho, eran unos orribles hechizos oscuros que traían a demonios de resplandecientes ojos rojos con un edor nausiabundo aderido a ellos. Oiría los chillidos asta el día en que muriera, los gritos de otros rogando clemencia, rogando que les mataran —apresurate por favor ella muy pronto estará aquí… tengo mucho miedo —los temblores se volvieron a repetir con mas fuerza —no quiero estar sola —empezó a sollozar cuando la voz de Natsuki reconfortandola se ollo en su mente —calma ya estoy cerca… no llores porfavor que me destroza el alma —con mucho esfuerzo Shizuka levanto una de sus manos y limpio todo rastro de lagrimas —te esperare… y te prometo que no llorare mas —después de terminar de pronunciar esas palabras el cuerpo de Shizuka se irguió de repente de un tirón, al mismo tiempo sintió a la imbazora extendiéndose por su cerebro como fango. Un grito escapo, su instinto fue luchar contra la orden pero obligo a su voluntad a permanecer calmada, a fingir ser dominada.

Era difícil cuando todo en ella se estremecía y se retiraba de la mancha que se extendía —no luches… no luches —susurro la voz de Natsuki —guarda tus fuerzas… permítele creer que tiene el control… las dos golpearemos en el mismo momento… te prometo que esta será la ultima vez — Shizuka se ahogó en el sollozo que broto, tener a otra persona en su interior sentir al mal imbadiendo su cuerpo, empujando en su mente y forzándola a su voluntad hacia que le subiera la bilis, inundándole la garganta y la boca con un acido abrazador.

Se escucho de repente los pasos de alguien acercándose y ella trato de fundirse con la columna de hielo y desaparecer del lugar —calma yo estoy aquí… observa por todo el lugar y yo lo estaré mirando atravez de tus ojos —la voz de Natsuki le dio mas fuerzas y se quedo observando la entrada de la cámara.

Entonces la vio, vio a aquella mujer que le hizo daño durante 8 años, aquella figura se paro en el centro de la habitación con un seño en su cara. Tomoe Marguerite la amiga que ella creyó que era, la fulminava con la mirada, en cuando su mirada se poso en ella su respiración se torno trabajosa producto del terror que le producía el ver como se acercaba con un cuchillo ceremonial en una de sus manos y el corazón de Shizuka comenzó a palpitar —tiene el cuchillo —los dientes desgarrando su carne ya eran bastante malos, pero la afilada oja cortando, metal contra piel y tegido, imbadiendo su cuerpo y cargando con los gritos de anteriores victimas, gritos que no podía ahogar hasta después de que pasaran semanas. Las suplicas de piedad la perseguían en sus sueños y se adherían como hielo a sus venas asta que sentía que iva a volverse loca antes de que el tiempo las apagara.