Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-samao, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Personajes: Rusia, El General Winter, México, Belarus, Ucrania, España, Inglaterra, Francia entre otros.

Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, UA (Universo Alterno), humor, Lemon, mpreg, fantasía y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.

Originalmente este era un fic en conjunto con Hatake Saori del anime Naruto, pero ya que Saori no ha dado señales de vida, y no sé como continuarlo con Naruto he decidido adaptarlo a Hetalia.

A partir de este capítulo, es 100% mi idea.

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El jardín de la noche

Capítulo 12 Escapar

—Bien mocoso. Te ayudaré a sacar a Iván de aquí —Itzamma lo miró expectante, dudaba mucho que el hermano del rey lo ayudara nada más porque si.

—¿Qué quiere a cambio? —intercambio equivalente, el mundo se regía por esta ley estaba seguro que esta no era una excepción a la regla.

—Que nos veamos en Mongolia, en seis lunas —Itzamma lo meditó un momento y asintió con la cabeza, realmente no tenía otra salida; la seguridad de Iván era demasiado importante.

Itzamma irrumpió en la habitación donde su familia se encontraba; se veía agitado y nervioso.

—¡Por los dioses!, ¿Qué forma es esa de entrar? —lo reprendió Cintéotl.

—Luego me regañas. Debemos escapar —dijo Itzamma con voz entre cortada.

—¿Qué fue lo que sucedió? —le preguntó Antonio; no era normal que su hijo actuara de esa forma.

Itzamma se calmó un poco antes de contarles lo que él y Dai habían escuchado del rey. Era terrible lo que el monarca pensaba hacerle a su esposa, a su hijo y a ellos. Por fortuna sabían sus planes.

—Debemos sacar a Iván de aquí —dijo Itzamma en tono serio.

—Hijo, se razonable; el príncipe no puede abandonar su habitación, si la luz del sol lo toca, podría morir.

—Si podemos, estuve haciendo un carruaje especial para Iván; lo mantendrá protegido del sol.

Konetl, ¿estás seguro de lo que escuchaste? —Cintéotl se negaba a creer que alguien pudiera ser tan cruel como para matar a su esposa y a su hijo. Itzamma asintió con la cabeza.

—Cintéotl, necesitamos prolongar la vida de la reina —dijo Ixchel —. Haremos uso de nuestra alquimia para escapar, pero necesitaremos de algo más si queremos salir bien parados de está.

—Yo les ayudaré — la familia se sobresaltó; en el umbral de la puerta se encontraba el príncipe heredero.

Sacha los observaba con seriedad. Los alquimistas representaban su última esperanza.

—Francis y Arthur, son dos de mis hombres de más confianza; conocen el reino mejor que nadie.

—Majestad, ¿está consciente que ayudarnos le puede costar la vida? —dijo Ixchel con solemnidad. Sacha observó al viejo alquimista; apenas podía distinguir sus ojos a través de la máscara, pero estaba seguro que lo observaba con preocupación.

—Sí. Únicamente les pido que se lleven a Natasha y a Yaketerina también; ellas podrían ser las primeras en sufrir la ira de nuestro padre.

—Sire, comprendemos su preocupación —habló Antonio con seriedad —, pero ya seriamos demasiadas personas y el peligro mayor.

Sacha dio un largo suspiro, cerró los ojos y se arrodillo para sorpresa de la familia.

—Por favor, les suplicó que protejan a mis hermanos, ellos son lo único que me queda, si mueren, yo… —Ixchel se acercó a Sacha, el príncipe no podía verlo, pues su mirada estaba fija. Lo ayudó a ponerse de pie.

—La alquimia es como la vida: para obtener algo, se debe sacrificar una cosa de igual valor. —Sacha asintió con la cabeza, no entendía del todo pero tenía una pequeña idea.

—El pueblo me es fiel, ellos aguardan a que yo los guie contra mi padre. ¿Cuánto pueden retrasar la muerte de m madre y prepararse para escapar?

Ixchel miró a su hijo; Cintéotl se encogió de hombros en señal de derrota.

—Dos días, tal vez dos y medio, pero no más… sus órganos están demasiado dañados a causa del veneno.

—Nos tomará aproximadamente un día preparar todo para escapar —dijo Ixchel. —Debemos quemar los libros…

—Pero… son muy valiosos —Antonio estaba preocupado, todos esos ejemplares eran únicos y guardaban los secretos más grandes del mundo.

—Son sólo copias, nunca hubiese traído los originales a tierras extrañas —le cortó. —Además, no podemos darnos el lujo de que caigan en manos equivocadas.

Ixchel creó un plan para poder escapar; harían falta algunos pequeños secretos alquímicos. Sacha se retiró poco después de escuchar el plan de los alquimistas.

—Se aproximan tiempos difíciles —dijo Ixchel mientras se quitaba la máscara, revelando el hermoso rostro de una mujer.

Nantli —Cintéotl no se esperaba que la alquimista se quitara la máscara, después de todo había vivido con ella casi toda su vida, pues su condición de mujer la limitaba demasiado en su búsqueda de conocimiento.

—Llama mucho la atención —la habitación permaneció en silencio después de eso; había muchas cosas que hacer.

Cintéotl se dirigió a cumplir su trabajo con ayuda de Antonio, mientras que Ixchel se encargaba de lo demás e Itzamma preparaba el carruaje con ayuda de Francis y Arthur.

La alquimista creó una serie de artefactos explosivos a base de un reloj de arena, que pondría en el laboratorio para hacerlo estallar; no iba a permitir que el rey tuviese acceso el conocimiento que a ella, tanto trabajo le había costado adquirir.

Lo más complicado sería convencer a Natasha, con Yaketerina no habría problemas, pues bastaría con decirle lo que estaba sucediendo para acceder a las condiciones de los alquimistas; pero la menor, era capaz de ir a ver a su padre con cuchillo en mano, poniendo en peligro todo el plan. Itzamma había decidido secuestrar a Natasha y confesarle lo que pasaba a Yaketerina, así se evitaba complicaciones; en cuanto a Iván, únicamente le diría lo del carruaje.

—¿Está todo listo? —preguntó Ixchel a Cintéotl en nahual para evitar que algún extraño pudiera comprender.

—Sí. Francis y Arthur nos aguardaran a las afueras del palacio con los caballos y el carruaje listos. El príncipe Sacha atacará tan pronto hagamos estallar el laboratorio.

—Iremos a China, es lo más cercano a estas tierras y conocemos al emperador Yao; estoy segura que nos prestará un barco para regresar a nuestras tierras; ahí, los príncipes estarán a salvo.

Cintéotl asintió con la cabeza. Antonio ya había empacado lo más indispensable y ahora se encontraba con Francis y Arthur, aguardando por ellos.

—Iré a ver al rey para decirle de la salud de su esposa —Ixchel se había vuelto a poner la máscara para guardar las apariencias (al menos hasta que dejaran el palacio).

—Hoy no hay luna, así que podremos escapar al abrigo de la oscuridad —dijo Cintéotl antes de que su madre se alejara.

Algunas horas después de que el sol desapareciera en el horizonte y la mayoría de los habitantes del castillo estuviesen dormidos; los alquimistas, los príncipes, Francis y Arthur estaban ya en sus posiciones. Cintéotl había hecho lo posible por la reina, pero estaba seguro que ella no pasaría la noche.

—¿A dónde vamos? —preguntó Iván, confundido por haber sido sacado de su cama a altas horas de la noche.

—Cumpliré mi promesa, y te enseñaré el mundo —dijo Itzamma con una sonrisa. —Hice este coche con ese único fin.

Iván seguía confundido, pero no tenía miedo, Yaketerina estaba a su lado, incluso Natasha, quien dormía profundamente. De un momento a otro, Itzamma lo tomó de la barbilla y lo besó en los labios, haciéndolo olvidarse de todo; tal vez por eso no reparó en aquel horrible estruendo que hizo cimbrar la tierra, los gritos enardecidos clamando justicia o las columnas de fuego que se alzaban, tratando de tragarse la oscuridad.

El carruaje era custodiado por los dos alquimistas mayores, Antonio, Arthur y Francis, estos últimos aún no salían del asombro que les causó saber que el más famoso alquimista del mundo; aquel que había logrado crear el elixir de la vida y la piedra filosofal, era realmente una mujer.

—Debemos separarnos —dijo Ixchel y todos la miraron como si le hubiese crecido otra cabeza —, somos muchos y eso nos hace un blanco fácil; además, el carruaje es muy grande y pesado.

—¿Qué sugiere? —Arthur no se fiaba mucho de la alquimista, pues lo había engañado al fingir ser un hombre.

—Itzamma y yo escoltaremos al príncipe Iván. Cintéotl y Francis a la princesa Natasha; Antonio y usted a la princesa Yaketerina —Ixchel miró a su hijo y luego a la pareja de éste. —Nos encontraremos en la tribu de Temüjin en dos lunas, si uno de nosotros no aparece para ese momento, los demás deberán viajar a China y hablar con el emperador Yao; de a cuerdo al plan.

Los presentes asintieron con la cabeza.

—Suegra, por favor, cuide de Itzamma —le pidió Antonio, le dolía tener que separarse de su familia, pero rogaba a Dios por que pronto se volvieran a reunir. Ixchel asintió con la cabeza.

Cintéotl se acercó a su pareja; le acarició el rostro antes de besarlo.

—Te amo —le dijo el alquimista y Antonio le sonrió, antes de besarlo. —Te prometo que esta será la última vez que nos separemos.

Todos se despidieron de sus amigos y familia; sentían el corazón roto, pero rogaban a sus respectivos dioses por que la separación durara menos que el aleteo de una mariposa.

Continuará…