Todos discutían menos el rubio, quien seguía inclinado, sin decir una sola palabra. La sangre hirviendo corría por sus venas como nunca antes lo había hecho. La rabia y la ira mezcladas empezaban a profundizar en sus pensamientos y en su cuerpo. No decía nada, solo podía apretar entre los puños de sus manos, un listón celeste que recordaba perfectamente sostenía la noche anterior el c

abello y después la gran herida de Hermione Granger.
Hermione despertó aquella mañana con una sonrisa en su rostro. Sí, le había dado su merecido a toda esa bola de engreídos Slytherin, sobretodo a Draco y a Pansy, quienes desde siempre se habían empeñado en hacer su vida completamente imposible. Entonces su felicidad momentánea se interrumpio.
- No hay clases las primeras horas del día por la lluvia, parece que han habido unos problemas con goteras y todos están ocupados arreglándolo. Pero habrá clases normales después del almuerzo así que puedes dormir hasta entonces…aunque yo ya voy a desayunar, mejor ven conmigo.- dijo una pelirroja atractiva entrando a la habitación con una nota diciendo todo lo que ella ya había dicho
- Sí ya voy.- dijo Hermione preocupada y sin prestarle mucha atención. ¿De qué sería capaz Malfoy si supiera que ella había sido la que había colocado esos frascos ¿De qué? Tenía que confesar que no sabía hasta dónde podría llegar el chico.
Hermione se vistió y se dejó el cabello suelto. Estaba deprimida, así que el apetito se le había abierto fantásticamente. Seguramente iría a devorar la mesa Gryffindoriana. De cualquier forma, estaba bastante delgada, de hecho tenía una figura esbelta para lo que solía comer cuando estaba triste. Aquello le sorprendía, pero no evitaba que sintiera remordimientos.
Bajó las escaleras hacia la sala común y no encontró a ninguno de sus amigos, supuso que estarían o durmiendo o desayunando. Así que salió sin preocupaciones.
Harry dormía boca abajo, con todo su cabello desordenado y sin camisa, como solía hacerlo ya por costumbre, dejando a la luz sus músculos desarrollados por prácticas de Quidditch. Abrió los ojos lentamente y miró el reloj con una nota De Neville, que hablaba sobre la cancelación de las clases en la mañana. Suspiró mientras se levantaba y tomaba una almohada entre sus manos. Observó al pelirrojo que estaba dormido con la boca semiabierta y lanzó la almohada sobre él lo suficientemente fuerte como para despertarlo.
- Qué quieres Harry..- dijo Weasley sin abrir los ojos.
- Que te levantes para ir a comer. Tengo hambre.- dijo Harry mientras se arrimaba a la pared y miraba por la ventana. Y después leyendo la nota de neville– llueve bastante ¿eh?
Ron asintió sin moverse ni abrir los ojos.
- No hay clases las primeras horas debido a la lluvia …
- GENIAL, - dijo el pelirrojo alegrado – buenas noches Harry
Harry sonrio, se puso una camisa blanca y se colocó los anteojos.
- ¿Es cierto que tu hermanita tiene novio?- soltó de pronto el ojo verde
El pelirrojo abrió los ojos ante el comentario repentino.
- Pues, sí.
- Ah.- dijo Harry sacando su uniforme. – Yo que tú estaría preocupado.
Ron se levantó y miró extrañado a su mejor amigo.
- ¿Por qué lo estaría?- preguntó interesándose en la conversación.
- Me han dicho que es de los que no toman las cosas enserio, tu sabes de lo que hablo.
- Si ese mal nacido le hace algo a mi hermana se va arrepentir toda su vida.
- Mejor que evites que le haga daño ¿no?- dijo Harry. – No sé, es tu hermana menor, si le dices que no puede verse con ese tipo, tendrá que obedecerte ¿no?
Ron rió.
- No conoces a Ginny. No me hará caso en nada, esa mocosa no me respeta.
- Pues imponte Ya va siendo hora.- dijo Harry. – Claro, al menos que quieras que ese tipo la use y luego pues…
- ¡Cállate Harry!- dijo Ron. – ni lo digas, lo mato antes. Hablaré con esa niña, va a tener que entender por las buenas, o por las malas.
Mientras tanto Hermione caminaba por los pasillos hacia el gran comedor, cuando a unos metros chocó con la mirada de Draco Malfoy. No supo cómo, pero en sus ojos grises pudo ver la rabia y la ira contenida solo de quien sabía que ella había hecho algo en su contra. Se quedó estática, recibiendo la mirada del chico durante algunos segundos en que ninguno de los dos se movió.
-Lo sabe ¡sabe que fui yo! -pensaba aterrada mientras cada parte de su cuerpo temblaba. ¿Como puede ser que una Gryffindor le tenga tanto miedo a un Slytherin?
Entonces sucedió algo que le heló la sangre por completo; el rubio se abrió paso entre los alumnos que caminaban por el pasillo para dirigirse hacia ella. Hermione solo pudo reaccionar volteándose y corriendo. ¿A dónde? No sabía, cualquier parte donde Malfoy no estuviera. Después que la castaña había empezado a correr, el rubio había gritado.
- ¡Granger no huirás!- y seguido de esto, corrió tras ella.
-¡No por favor no!- pensaba ella mientras corría por los pasillos volteando en esquinas lo más rápido que podía, huyendo de la furia del chico. En el fondo sabía que era inútil; Draco Malfoy era uno de los mejores atletas en el colegio, la alcanzaría en cuestión de segundos. Sentía cómo el rubio se adelantaba y entonces aceleró el paso lo más que sus piernas le permitieron.
- Maldita, no te me vas a escapar. ¡Vas a pagar! pensó Draco mientras la seguía muy de cerca. La castaña dio una vuelta a la derecha y salió del castillo por la puerta que daba a las afueras de Hogwarts.
A Hermione le importó muy poco el hecho de que llovía a cántaros, aquello no era importante ahora: ¡su vida lo era! Y con Malfoy, ésta corría peligro. Corrió sin mirar hacia atrás y llegó a la cancha de Quidditch. Ya estaba sintiendo cómo sus piernas empezaban a bajar la velocidad mientras las del rubio parecían tomar más fuerza y alcance.
- ¡Ah!- gritó cuando sintió una mano agarrándole el brazo y obligándola a voltear. Hermione chocó contra el rubio.
Ambos estaban completamente empapados. Draco Malfoy seguía observándola, con su cabello rubio mojado cayendo sobre su frente y fijando sus ojos grises hielo en ella mientras forcejeaba. La pegó más contra su cuerpo mojado, inmovilizándola.
- ¡Maldita vas a pagar lo que hiciste!
- ¡No hice nada déjame!- gritaba Hermione sin dejar de moverse.
- ¡además de sangre sucia eres mentirosa!- dijo Draco enfadándose más de lo normal. Sus dedos los tenía clavados en los brazos de la chica.- Quedamos en que nos íbamos a llevar bien Granger
-¡Me lastimas!
-¡Eso es lo que quiero!