—1—
Hermione puso un paño con agua fría en su frente. Miró al muchacho con preocupación y luego le acarició la mano izquierda, fría y pálida como la de un muerto. Llevaba dos días en la cama, temblando, con la frente ardiendo y delirando. Sus labios finos y pálidos se movían sin decir nada y Hermione estaba preocupada, después de esperar dos días con sus noches a que abriera los ojos.
Ron había bajado a hacer el desayuno y Harry estaba sentado en una silla a su lado. Su cabeza todavía pulsaba y su mente todavía recordaba las sensaciones que había sentido ese día, cuando se habían sumergido de lleno en la cabeza del Innombrable. Sin embargo, lejos de las sensaciones que Draco Malfoy le había transmitido a través del lazo que Harry y el Innombrable tenían, no había podido ver nada. Se había sentido extraño, de todas formas: era como estar de nuevo en la clase de oclumancia con Snape, sólo que había llegado un momento en que sí, la presencia estaba en su mente, pero no había recuerdos ni una invasión aplastante, sólo una presencia, el saber que Malfoy estaba allí. Era como si el muchacho hubiera dejado algo suyo detrás de sí cuando había saltado a la mente de Voldemort, como si fuera un seguro, un rastro de migajas que seguir para volver a su ser.
Todo había salido mal. Sí, Draco Malfoy había llegado a la mente del Innombrable, pero Harry no había podido ver nada y ahora, Malfoy estaba delirando, enfermo, y no podía contarles si había tenido éxito su plan o no; si les había pillado Voldemort o simplemente, qué había pasado. Y Harry se sentía frustrado: no debería haber accedido al plan demente de Malfoy. No porque Harry se preocupara por Malfoy, trató de decirse a sí mismo aún sin creerlo, sino porque ahora él tenía la información y no podía compartirla. Estaban perdiendo el tiempo.
Y Hermione tampoco estaba mejor. Dos días, sí, ese era el tiempo que ella llevaba sentada en la silla en la misma posición, cambiando cada cuarto de hora el paño de agua fría en la frente de Malfoy. Kreacher había preparado las comidas y Ron había estado allí, sentado en la misma silla en la que Harry estaba sentado ahora y abrazándola, obligándola a comer. Sí, Malfoy estaba mal, pero Hermione no podía matarse de hambre por él; no serviría de nada.
Harry había intentado darle alguna palabra de apoyo pero, en ese momento, todo lo que quería hacer es que se pasara el dolor de cabeza. No les había dicho nada a Ron y Hermione, puesto que el dolor no estaba producido por la cicatriz (sabía cuándo pasaba eso) y en un primer momento parecía menos importante que salvar a Draco Malfoy de su estado semi-comatoso, pero el dolor perduraba, incesante pero atenuado. Suspiró y Hermione giró su cabeza hacia él:
— ¿Qué pasó, Harry? — preguntó por enésima vez. Llevaba rato y rato preguntándole sobre lo que había sentido en la intrusión, pero nada de lo que Harry decía podía ayudarla: ni siquiera la lógica matemática aplastante de Hermione servía en esos momentos.
— Ya lo sabes, Hermione. Pasó a través de mí, no me enteré de nada, salvo de las emociones de Vo—el Innombrable. — Hermione le miró fijamente como se mira a un mentiroso en un interrogatorio, intentando discernir verdades de mentiras. No parecía encontrar lo que buscaba, aunque Harry ya le había asegurado una y mil veces que ésa era la pura verdad.
— Piensa, Harry. Cualquier pequeño detalle puede servir. — Harry quiso gruñir pero se limitó a negar con la cabeza, lejos de la mirada perforadora de Hermione. Ella suspiró exhausta, se pasó la mano húmeda de tanto estrujar el trapo por la cara y volvió a suspirar. Harry se sintió tentado a acompañarla en un duelo de suspiros dramáticos; estaba de mal humor.
Sin embargo, Ron entró en la habitación y cortó toda intención de Harry por hacer algo idiota. Las cosas seguían tensas entre Ron y él: a pesar del discurso que había dado Harry, aceptando incluso a Malfoy, el Elegido seguía dolido por lo que Ron había dicho sobre Voldemort y él y sus similitudes. Podía aceptarlo de Dumbledore, pues era (había sido) alguien sabio, con mucha experiencia, que solía decir ese tipo de cosas en el momento oportuno y en el lugar idóneo: Dumbledore tenía el don de la palabra, Ron no. Ron se lo había espetado, escupido casi en la cara, y todo porque no estaban de acuerdo.
Aunque bien pensado, también se habían enfadado antes por cosas igual o más tontas. Luego acabarían reconciliándose, pero, qué más daba ahora si las cosas seguían por el mal cauce. No, Harry esperaba que Ron diese el primer paso. Y Ron sabía que debía darlo, pero nunca encontraba el momento perfecto.
— ¿Qué vamos a hacer ahora, chicos? — preguntó Ron, indeciso. Llevaba un trozo de bizcocho en la mano, que hizo rodar varias veces entre sus dedos antes de comérselo de un bocado. La pregunta del millón había sido planteada.
— Esperaremos hasta que Malfoy se recupere. — dijo Hermione con voz sabihonda y tiránica. Harry y Ron le miraron y, después de unos segundos, Harry dijo:
— ¿Y si no se recupera? Tenemos que seguir, con o sin él.
— ¿Estáis diciendo que deberíamos dejarlo de lado, desecharle ahora que ya no es útil? — preguntó Hermione, indignada. Aunque Harry negó con la cabeza, repentinamente culpable por lo que había sugerido sin intención, Ron hizo un gesto más semejante a un sí que a un no. Hermione frunció el ceño, se levantó roja de furia y siseó:
— No voy a pasar por eso, ¿me habéis oído vosotros dos? Él ya ha hecho su sacrificio, no vamos a dejarle tirado. — y antes de que Harry o Ron pudieran posicionarse respecto a la idea de Hermione, ésta los echó. — Y ahora fuera de aquí, Malfoy necesita descansar y con vosotros por aquí no va a poder hacerlo bien.
Y de repente, Ron y Harry estaban fuera de la habitación. Harry suspiró cuando la puerta se cerró de un portazo y Ron le miró dubitativo. Después de unos segundos de silencio, Ron se sentó frente a la puerta, en el suelo, y Harry a su lado. Estuvieron unos momentos sin hablar antes de que Ron comenzara con su disculpa, al fin:
— Lo siento, tío. Sabes que no quería compararte con él pero…
— Nos parecemos— completó Harry. Miró la puerta fijamente y continuó — Lo sé. Siento haberte gritado de esa manera. Supongo que… Sólo Dumbledore me había dicho que nos parecemos y fue para hacerme ver que lo que importan son nuestras diferencias.
— ¿Entonces todo arreglado? — Ron le tendió la mano y Harry se la cogió, apretándola con firmeza. Amigos de nuevo, y para siempre si puede ser. Ron miró la puerta de nuevo, se mesó el pelo y dijo. — Esta vez sí la hemos liado. Incluso más que aquella vez cuando nos burlamos del peddo. — Harry sonrió de todo corazón y, en poco rato, los dos chicos estaban riendo en voz baja, intentando no ser oídos por Hermione.
—2—
Draco pensó que aquello era lo que el Señor Tenebroso debía de haber sentido cuando perdió su cuerpo intentando matar a Harry Potter. Ni siquiera sentía sus manos o sus piernas; no sabía cómo avanzaba pero lo cierto es que lo hacía. Miraba a diestra y siniestra, dolido, pero sólo veía sus recuerdos convertidos en un torrente, donde parecían fundirse unos con otros.
¿Qué había hecho? ¿Dónde estaba? Podía decirse que estaba en su propia mente, sí, eso estaba claro. ¿Dónde más podrían estar sus recuerdos? Y sentía que faltaba algo. Dolía. Mucho. Era como si le hubieran amputado un brazo y se estuviera desangrando poco a poco, sólo que no tenía brazos, ni piernas, ni cuerpo, ni cabeza siquiera.
Continuó avanzando: lo importante era avanzar, eso lo había deducido hacía rato. Pero también era importante saber qué era lo que había pasado. Había visto los ojos de Potter antes de desmayarse; se suponía que esa era la prueba irrefutable de que todo había salido bien. Quizás… Quizás había un efecto rebote en lo que fuera que había hecho. Quizás había que realizar un pago para atravesar mentes, saltar de una a otra sin esfuerzo evidente. Quizás se había sobrepasado.
Frunció el ceño, o al menos lo intentó. Era menos que esencia y, como si fuera un déjàvu, sabía de antemano que faltaba una parte de su esencia. Debía encontrarla y entonces podría marcharse de allí. Pero ya llevaba mucho rato andando, desplazándose sin sentido, buscando algo que ni siquiera sabía qué forma tenía. Pero sí sabía que el tiempo se acababa: el torrente de sus recuerdos era cada vez más difuso, como si todos se mezclaran. Al principio no había pasado y eso, exactamente eso, era lo que más le preocupaba.
¿Qué pasaría si se juntaran todos sus recuerdos, si se mezclara todo, si cambiara nombres de personas, caras, o si simplemente no recordaba nada? Fuera del hecho de que todavía tenía que decirle a Potter lo que había descubierto, ¿qué iba a hacer si eso pasaba? Sólo debía seguir caminando, nada más, se dijo a sí mismo, intentando tranquilizarse.
Miró con sus antinaturales ojos (o quizás no los tenía) a su alrededor, fijándose por primera vez en el paisaje: King's Cross, parecía. Sólo que estaba vacía, desierta: se veía extraña sin gente a su alrededor, intentando tocarle aunque fuera para robarle el dinero. No había trenes tampoco y por supuesto, no estaba el Expresso a Hogwarts. Por los raíles vacíos estaban sus recuerdos convertidos en torrentes. Por un momento pensó en zambullirse en ellos, en ver que es lo que pasaba, pero después de unos minutos, volvió a mirar al frente: vacío. De nuevo.
La estación se alejaba hacia el infinito, como si el mismo andén hubiera sido copiado y vuelto a copiar muchísimas veces para dar la sensación de que era un túnel que nunca iba a acabar. Sin embargo, Draco no se sentía cansado, no tanto como debería, al menos. No tenía noción del tiempo que llevaba allí, pero sí de que había dado tantos pasos (o lo que fueran) que podría haber recorrido la muralla china de cabo a rabo. Y eso era mucho tiempo. Pero Draco no estaba cansado: no sentía calambres en las piernas ni la respiración agitada ni su corazón (porque tenía corazón, ¿no?) bombeando en sus oídos ni sed ni hambre.
Sólo sentía como si una presión lo empujara hacia atrás a medida que pasaba el tiempo y sus recuerdos se mezclaban. Y eso sólo significaba una cosa: que debía darse prisa, mucha prisa. Desesperado, comenzó a correr por la plataforma del andén: seguro que así llegaría antes a su destino.
—3—
Hermione lo observó desde arriba. Ron y Harry habían propuesto algo obsceno, algo tan distante de la moral de Hermione que ésta se había cerrado en banda. No es como si no lo hubiera estado pensando antes: ¿y si Draco no despertaba?, ¿y si se quedaba así por siempre? No, Hermione le había prometido que elegiría cuando la guerra hubiera terminado: él se despertaría entonces y ella lo besaría en los labios y le daría su única respuesta, un sí rotundo.
No dejaba de sentirse culpable: había sido Hermione la que se había cerrado en banda, había sido ella la que había fingido que sus intentonas no tenían ningún efecto en él; ¿había sido ella también la que había propiciado que Draco se lanzara de cabeza a esa locura, intentando perseguir el estatus de héroe sacrificado que ostentaba Harry, creyendo competir con él?, ¿o quizás sólo lo había hecho para estar dentro del grupo, o por ganarse la aprobación y confianza de Hermione?
Cuanto más lo pensaba, más culpable se sentía. Y ahora estaba allí, sola, hundida en su pozo de pesimismo, agarrándole la mano y acariciándola. Tocaba cambiar el paño de agua fría, lo sabía, pero en ese momento, mientras lloraba de impotencia y rabia y decepción y culpabilidad y desilusión sólo podía pensar en que no debería haber sido tan dura con él, en que debería haber puesto un alto en el camino que el muchacho había trazado en su intento de, ¿de qué?, ¿qué era lo que pretendía?
Pero no era momento de pensar en eso. No ahora. No quería empezar a divagar sobre lo que había motivado a Draco a seguir su particular camino, sólo lo quería de vuelta; al fin y al cabo, le gustaba discutir con él cuando no terminaban a maldiciones. Y, si moría (Merlín no lo permita), no quería que sus últimos pensamientos hacia él fueran negativos o de duda. Hermione se inclinó hacia delante con el firme propósito de enjuagar el paño de su frente, aún con los ojos llorosos, y cuando estuvo encima del muchacho, le apretó la mano, le dio un casto beso en la mejilla y le susurró en tono confidencial:
— Despierta, por favor.
Nota: vale, creo que igual debería explicar un poco el 'donde' esta Draco, ¿no creéis? Bueno, primero podríamos decir que lo que ha hecho es muy bonito pero una completa estupidez, ya que se supone que NO debería pdoer pasar de una mente a otra así a la ligera. Pero bueno, ya que lo ha hecho, ha tenido que sufrir las consecuencias: de una u otra forma, ha quedado atascado entre la mente de Harry y la suya.
Obviamente, la referencia a King's Cross tiene mucho que ver con el momento enq ue Harry muere y revive en HP7 (está en la estación porque se trata de un momento simbólico para Harry) así que, eso primero aclarado.
Luego, si su mente está atrapada en otro lado, es bastante ovbio que como deje pasar el tiempo va a acabar perdiendo la cordura. Por eso los recuerdos mezclándose: es como el límite de tiempo que tiene Draco para encontrar una solución a su problema, porque cuando se mezclen todos los recuerdos, quedará atrapado en ese King's Cross imaginario y será incapaz de salir de allí.
Por último, para que Draco salga de allí debe encontrar la pieza que le falta. Esto es que, para saltar a la mente del Lord, Draco ha dejado un seguro, una parte de sí, en Harry, para poder volver, y ahora debe encontrar esa parte para estar completo de nuevo y regresar. Ahora, esto no significa que le falte un brazo o algo así, de forma que no piensen que acabo de mutilar al pequeño Malfoy XD
En fin, y eso es todo. Espero que les haya quedado claro lo que ha pasado en la mente de Draco, pero si tienen cualquier otra duda, mándenme review.
TBC...
