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CAPITULO 10

La mañana siguiente me desperté con un mensaje de Hannah diciendo que estaba en camino con café y bagels. Me levanté de la cama tan pronto como ella estuvo lista para romper la puerta.

—Que mal amiga eres —soltó mientras pasaba por delante de mí para dejar el café y los bagels en la mesa.

—¿Qué hice? —Bostecé.

—Esperé toda la noche a que me llamaras y me contaras sobre tu día con Sian, pero nunca lo hiciste. —Hizo un puchero. Hannah amaba eso, y le era algo natural. Una vez me contó que podría hacer que una chica hiciera lo que fuera sólo haciendo esa cara.

—¿Cómo sabrías sobre lo de ayer?
Bajó la mirada y tomó un sorbo de su café. —Tom me contó —dijo como si no fuera la gran cosa.

—¿QUÉ? —grité. Hannah sacó un bagel de la bolsa y me lo tendió.

—Me llamó y me dijo que las vio en Central Park; quiso saber desde hacía cuánto eran amigas o si tenían algo más… Podría decir que estaba celoso.

—¿Quién diablos se piensa Tom que es? ¿Olvidó que es él quien me dejó y comenzó a salir con una perra de plástico?
Se inclinó sobre la mesa. —Le conté que Sian era tu sexi cita y tenía que superarlo.
Me agarré suavemente de su brazo. —No lo hiciste.
Hannah levantó dos dedos. —Juro por Dios que lo hice.

Rodé los ojos mientras sostenía el café en mis manos. —¿Quién se cree que es?
Me miró en lo que se levantaba para tomar un cuchillo del cajón. — Es un idiota Soph, nada más.

Reí y me sobresalté por un golpe en la puerta. Miré extrañada a Hannah y me levanté para ver quién era. Observé por la mirilla y vi a una alta y atractiva mujer parada del otro lado. Abrí la puerta aún con el pijama puesto.

—¿Señorita Sophie Webster? —preguntó la mujer.

—Sí, soy Sophie Webster. —Ella se abrió paso a través de la puerta.

—Muy bien —dijo mientras le hacía señas a las otras tres mujeres con bolsas de ropa para que la siguieran por detrás.

—Ummm, ¿qué está sucediendo? —Miré en dirección de Hannah cuando se sentó en la mesa con la boca abierta.

—Señorita Webster, soy Camille, y nosotras somos de Sacks Fifth Avenue. La Señora Powers nos envió para que usted elija un vestido para el evento de esta noche. Ella la describió, así que nosotras elegimos aquellos vestidos que sentimos que le convenían.

—Santa mierda, Soph —dijo Hannah.

Me quedé allí mientras las mujeres desempacaban el contenido de las bolsas, sacando los más hermosos y caros vestidos que había visto. Me probé cada uno sintiéndome como Cenicienta. Hannah alzaba los pulgares con aquellos que le gustaban y la mujer alta aplaudía. El último que me puse era un Badgley Mishka negro, sin tirantes y de encaje. Jadeé cuando me miré en el espejo porque nunca había usado nada más hermoso. Hannah tenía una lágrima en su ojo en lo que tomaba mis manos y me miraba.

—Luces absolutamente impresionante, Soph.

—Es demasiado, no puedo aceptar esto o dejar que Sian lo haga por mí.
Camille se acercó y me dio un par de tacos a tiras de Jimmy Choo.

—Ponte estos, querida, y deja que ella te compre un nuevo vestido; confía en mí, si ella no pensase que valieras la pena, no habría hecho esto.

—Miré a Hannah y tomé los zapatos de Camille.

—Sian no es una idiota, déjala comprarte un vestido y definitivamente esos zapatos—sonrió Hannah.

Rodé lo ojos mientras me ponía de pie con el vestido de diseñador y los Jimmy Choos. Me sentí increíble. Tomé mi teléfono y le envié a Sian un rápido mensaje.

"Hola, soy yo, Sophie… gracias por el hermoso vestido pero es demasiado y no me siento bien aceptándolo".

Segundos después ella respondió:

"Por nada y no es demasiado, te veo lista a las seis en punto."

Le sonreí a Camille. —Me gusta este —dije mientras pasaba las manos por mi cuerpo. Ella le chaqueó los dedos a las otras mujeres para que guarden los otros vestidos.

—La Señora Powers estará inmensamente contenta de que usted haya escogido su favorito. —Sonrió mientas salía por la puerta. Me quedé parada en el medio de la habitación intentando averiguar qué quiso decir Camille con su vestido favorito. ¿Fue a la tienda por cuenta propia y escogió algunos para darme? Luego me pregunté si era un habito suyo para todas sus mujeres.

—Estás pensando demasiado, Soph —dijo Hannah en lo que abría la cremallera trasera de mi vestido—. Ve a ponerte tus otras ropas de vuelta; no quieres arruinar esto antes de lo previsto. Llamaré a Roger y veré si está disponible para arreglarte el pelo y maquillaje, me debe un gran favor.

Fui al baño y me puse un par de jean y una musculosa con un sentimiento enfermo en mi estómago. El teléfono sonó, y ese familiar número llamaba de nuevo, lo ignoré y fue al buzón de voz.

Hannah y yo tomamos un taxi a Color me Beautiful, una peluquería de nuestro amigo Roger. Entramos por las puertas del salón de lujo a tiempo en el que él nos veía. Se acercó y me abrazó con fuerza.

—Ay niña, escuché lo de Tom y creo que es un idiota.

—Gracias Roger, supongo que sí. —Sonreí ligeramente. Se giró hacia Hannah y le dio un cálido abrazo.

—Ahora, dime dónde vas esta noche y con quién.
Hannah saltó. —Va a un evento de caridad con Sian Powers.

—¿Sian Powers? ¿La ardiente, millonaria, gay y seductora Sian Powers?
Rodé los ojos. —Sí Roger, esa. —Me miró seriamente.

—Soph, conoces su reputación, ¿no es así? —Me quedé en blanco porque no sabía nada de Sian excepto su única regla sobre dormir con alguien y que no le gustaban las relaciones.

—Somos amigas, nada más.
Roger sacudió las manos frente a su rostro. —Chica, Sian Powers no tiene amigas; tiene esclavas sexuales, no amigas. —Tragué saliva y no quise escuchar más. Hannah podría decir que me sentía incómoda.

—Vamos Roger, haz tu magia y arregla a nuestra chica para que cada persona en el evento ruegue por ser quien la llevará a casa. —Golpeé su brazo mientras seguíamos a Roger a su puesto.

Conocí a Roger por Hannah. Él solía trabajar en la galería de arte a tiempo parcial mientras trataba de lanzar su salón. Era un hombre guapo con pelo de punta marrón y la cantidad justa de vello facial delineando su rostro ovalado. Cortaba el pelo y maquillaba como nadie más en el negocio. Una vez trabajó como estilista de Miranda Lambert, pero renunció para asentarse en un lugar y construir una vida con su compañero George. Me senté en la silla mientras él hacía su magia en mi cabello y rostro. Nunca me sentí más hermosa que ese día.

Entré en mi vestido de diseñador, los Jimmy Choos, y miré en el espejo mi cara ligeramente maquillada y los elegantes rizos. Por primera vez, en un terrible y largo tempo, olvidé todo lo malo en mi vida. Miré el reloj y vi que eran las 6:00 pm. Rodé mis ojos en lo que alguien tocaba la puerta. Como prometió, ella llegaría a las seis en punto. Abrí la puerta mientras Sian se quedaba parada allí, mirándome e inhalando profundamente. Las mariposas en mi estómago comenzaron a revolotear y mi corazón empezó a latir al momento en que la vi en su vestido rojo perfectamente amoldado a su hermosa y fina figura.

—¿Tenías miedo de que me asaltaran entre la puerta y tu coche? — Sonreí.
—Muy graciosa Sophie —dijo.

Estaba sorprendida de que ella misma viniera a la puerta en lugar de enviar a Denny. Golpeé mi hombro contra el suyo, y esbozó una pequeña sonrisa. Nos metimos en la parte posterior de la limusina y Sian nos sirvió una copa de champagne.

—Gracias Sian, tenía la esperanza de que te gustara esto. —Le guiñé el ojo en lo que ella sonreía y manteníamos nuestras copas alzadas.