Capítulo 11: "Desilusión"

Se encontraba recostada en la cama con la vista fija en el techo. La luna estaba en lo alto y ya era más de medianoche. Su cabeza estaba lejos, volando, soñadora, remontándose a aquel beso. Oh, aún podía sentir el dulce sabor sobres sus labios. Nunca en la vida había experimentado algo semejante. Se revolvió inquieta en la cama. Lograr dormir era algo sumamente imposible con todas las imágenes pasando por su cabeza a gran velocidad. De pronto, aquellos ojos dorados volvieron en un fugaz recuerdo a su mente. Casi se podía decir que podía tocar esa vaga ilusión.

Te quiero, nunca lo dije,

Te quiero, y nunca me lo dijeron.

Te quiero, lo digo suave,

Te quiero, y nadie lo sabe.

De alguna manera esas palabras habían salido de sus labios en forma de canción. Kagome sintió que su corazón latía fuertemente y casi le costaba respirar. Ella era así, por alguna extraña razón podía cantar e improvisar lo que sentía en forma de canción, como aquella vez que Inuyasha la había escuchado cantar en el árbol sagrado a su padre. Pero desde aquel hecho lamentable cuando era niña, muy pocas veces podía cantar, hasta que llegó él, trayendo luz a su vida.

Te quiero, mi más que amigo,

Te quiero, y todo tiene sentido.

Te quiero, como los cuentos,

Mi príncipe azul, te quiero.

Una vez que su voz se apagó, Kagome cerró sus ojos, perdiéndose en un hermoso sueño. Pero por alguna extraña razón, sintió un dolor en el pecho, un sentimiento de tremenda amargura. Frunció su ceño, intentando olvidarlo y sin más, le restó importancia. Nada podía estar mal ahora que estaba él en su vida, ahora nada podía hacerla sentir triste... absolutamente nada, pensó.

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El suave murmullo de las hojas se escuchaba desde lejos. Era un día cálido y el viento soplaba lo justo para sentirse fresco en esos días de calor. Los rayos de sol iluminaban apenas y los pájaros pasaban de vez en cuando haciéndose notar. Se encontraba sentada en el balcón, observando aquel maravilloso paisaje y sintiéndose completamente feliz. El sonido de la puerta abriéndose la hizo saltar de la silla con el corazón en la boca de ansiedad. Kagome ladeó el rostro para ver como Inuyasha cerraba la puerta de tras de sí. Se levantó de un salto y lo miró expectante. Nuevamente aquel enlace visual que le era imposible romper. Ninguno podía articular palabra. Kagome pudo notar que los ojos dorados de Inuyasha, no brillaban como de costumbre, justo antes de que él desviara la mirada de la castaña de ella, que insistía en hurgar en lo más profundo de su alma.

- Bue... Buenos días- Musitó Kagome con las mejillas encendidas por la vergüenza al ser la primera en tener que hablar en ese incómodo silencio entre ambos.

- Hola Kagome- Saludó él intentando dejar de lado la timidez y mostrándose orgulloso ante la joven que era capaz de hacerlo perder la razón- ¿cómo estás?-

- Oh, bien¿y tú?- Preguntó temerosa. Quería pensar que era su imaginación, pero tenía la ligera sospecha de que Inuyasha no era el mismo. Pero... ¿qué era?. Tal vez, estaba equivocada, o al menos eso quería pensar... Tenía miedo, y aquel sentimiento de amargura nació nuevamente dentro de su ser, dejándola aún más intranquila- ¿pasa algo?, porque te noto demasiado extraño... no es común en tí-

Inuyasha la miró con los ojos sin brillo y su alma profundamente adolorida. Sinceramente no quería decirlo, pero debería hacerlo. Después de aquel beso, muchas ideas habían pasado por su mente. Él no tendría que haberla besado, no estaba diciendo que se arrepentía de ello, lo que sucedía es que no estaba seguro de los sentimientos de Kagome, y eso lo perturbaba terriblemente. Había sido muy imprudente de su parte, demostrar así sus sentimientos sin saber lo que ella sentía. ¿Qué tal si fue él quién soñó con poder tener algo con Kagome y finalmente no era así?. Por un momento se sintió frustrado. El verla a ella ahí, parada con los ojos brillosos y su cara de ángel expectante a sus palabras. Por un momento, estuvo a punto de arrepentirse de lo que iba a hacer, pero luego se ordenó a sí mismo, decidirse de una buena vez y aclarar las cosas antes de que tomaran un mal rumbo y no hubiera marcha atrás. Se sentó pesadamente en el sillón y suspiró agobiado.

- Kagome, hay algo de lo que debemos hablar... – Le dijo en un susurro y con la mirada pérdida. Kagome sintió que su corazón se encogía ante esas palabras. Asintió levemente y se sentó a su lado con la vista baja, esperando lo que él fuera a decirle y con un temor profundo en su ser. Algo le decía que nada andaba bien. Un presentimiento... ¿qué podía ser?- Escucha, lo de ayer... creo... que fue demasiado precipitado- Susurró adolorido mientras que sentía el gusto amargo de sus propias palabras.

Ella abrió los ojos inmensamente y negó levemente. ¿Le estaba diciendo que todo había sido un error?. Una enorme tristeza la invadió, y de pronto sintió que el mundo perdía color. Lo observó de reojo con los ojos lacrimosos y se levantó inesperadamente. Inuyasha la miró y ella aún con la vista baja corrió hasta la puerta. No podía permitir que él viera sus lágrimas, no podía mostrarle cuanto le dolía lo que le acaba de decir, no podía, por su orgullo. Inuyasha intentó seguirla, detenerla, pero le fue imposible, porque Kagome le cerró la puerta en la misma cara, dándole a entender que no quería saber nada con él, que quería estar sola. Nuevamente se tiró en el sillón sintiéndose el hombre más idiota de todo el mundo. Definitivamente no sabía tratar a las mujeres. Se tomó la cabeza con ambas manos. Realmente era un completo tonto. Ahora se daba cuenta del error que había cometido, pero lo hecho, hecho estaba, y estaba seguro, que esta vez, no había retorno.

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Kagome corría a toda prisa sin importar a donde iba. Las lágrimas caían insistentemente de sus hermosos ojos castaños, resbalando por las ahora muy sonrosadas mejillas. Su corazón se oprimía al recordar aquellas crueles palabras. Un error, todo había sido un error. Se sentía derrotada, desilusionada, una tonta por haber creído que en verdad algo podría haber pasado entre ellos. Una tonta, ingenua.

Pensé que eras mi cuento de hadas,

Mi sueño cuando no estaba durmiendo.

Un deseo pedido a una estrella, que se volvió verdad.

Pero todos los demás podían decir,

Que confundí mis sentimientos con la realidad,

Cuando éramos tú y yo.

Se tiró de rodillas al suelo, llorando amargamente. En ese momento se sintió una niña, por haber creído que toda esa lindo sueño había podido ser verdad alguna vez. Pero ahora veía todo bien claro, la vida no era color de rosa, no, no lo era. ¡Qué tonta había sido al confiar ciegamente en sus sentimientos¡Claro!. ¿Cómo un hombre con tanta experiencia como él iba a fijarse en una chiquilla como ella?. Tonta e inexperta, volvió a repetir en su mente.

Ahora sé que no eres un cuento de hadas,

Y los sueños son solamente para dormir.

Y los deseos que pides a una estrella, no se vuelven verdad,

Porque ahora mismo yo puedo decir,

Que confundí mis sentimientos con la realidad.

Porque me gustaba la vista,

Cuando éramos tú y yo.

Escondió el rostro entre sus piernas sintiéndose devastada. Ese era un día muy triste, demasiado gris, diría que casi tan triste como cuando su padre había muerto. Era la misma sensación de, el mismo sentimiento de desilusión. Aquel sentimiento le era tan familiar, la misma que tuvo cuando pensó que su padre había vuelto y que ella saldría a recibirlo y darle un fuerte abrazo, pero por el contrario se encontró con una tumba y más de la mitad de su mundo destruido. El dolor se le hacía insoportable y tenía deseos de gritar hasta que su voz ya no pudiera hacerlo más y se quedara completamente muda.

No puedo creer que pude ser así de ciega.

Mientras tú te elevabas, yo caía,

Pero aún así, no me importaba...

Ya no lo soportaba, la pena era demasiado grande, y el daño imposible de reparar. Limpió todo rastro de lágrima en sus ojos para poder caminar tranquilamente, sin llamar la atención. Se levantó con decisión, pero aún así con el corazón hecho mil pedazos. Sin saber a dónde, comenzó a caminar para intentar olvidar parte de aquel dolor.

Porque me gustaba la vista,

Y pienso que lo sentiste tú también.

Cuando éramos tú y yo.

Ahora estaba segura, nada de lo que había vivido fue real. En ese momento su vista se nubló a causa de sus sentimientos y no fue capaz de pensar en las consecuencias o como podría tomar las cosas Inuyasha. Si tan solo lo hubiera detenido en aquel momento. Pero se dejó llevar por el encanto, el hechizo que Inuyasha provocaba cada vez que estaba cerca de ella. Definitivamente ese había sido el error, no detener las cosas a tiempo. Sus pensamientos se aceleraban cada vez más y le era imposible zafarse de ellos. Pero había tomado una decisión y estaba segura de ello, era lo mejor. De esa manera podría olvidar todo lo sucedido y poco a poco, su corazón podría sanar. O por lo menos eso esperaba.

Continuará...

N/A: Bueno, espero que haya quedado bien, perdón por lo corto, pero ni se imaginan, estuve todas las vacaciones escribiendo en hojas borrador para poder pasarlo más tarde a computadora... un gran trabajo... u.u No me maten, pero en toda pareja tiene que haber alguna separación y eso le dará más clima, ya verán después, en serio, confíen n.nU La canción que canta Kagome se llama "Me pasan cosas" y aunque sea de un programa infantil es muy linda . La canción del final se llama "When there was me and you" (Cuando éramos tú y yo") y es interpretada por Vanessa Hudgens en High School Musical, y es muy linda, le recomiendo que la escuchen n.n Amigas me voy despidiendo y les agradezco mucho todos los reviews, en verdad me animan muchooo!!!!!!!!!!!!!

Gracias!!

Besos!!

Kagome-