Complicidad


Tres golpes tenues, sobresaltaron a Pansy, que esperaba ansiosa en el salón designado para la clase de pociones. Ayudada por la acción de las lechuzas, mantenía conversaciones con Potter para acordar la fecha y el lugar en los cuales se harían efectivo su encuentro. Sentía una vergüenza sembrada desde la culpa de un pasado del cual nadie la acusaba a excepción de ella misma, por ello había decidido a fuerza de la ansiedad que no la dejaba dormir en las noches ni comer en el día, escribirle notas a Potter con el tono más desinteresado posible que una Parkinson podía usar, y devorar las palabras buscando significados inexistentes entre cada silaba en las respuestas de Harry, para finalmente saltar de emoción al recibir la respuesta anhelada.

Se levantó del puesto cercano a la puerta, donde estaba ubicado sin orden su caldero y demás implementos para la poción wiggenweld, y con el corazón trémulo abrió la misma para encontrase con el rostro intrigado de Harry, quien con los labios un tanto abiertos, respirando la esencia de cardamomo flotando en el aire, la saludó con un ademan de cabeza sin atreverse a un contacto físico o a una expresión verbal.

En una callada complicidad, ambos, se dispusieron a tomar los ingredientes y esparcirlos sobre la mesa de trabajo, a encender las estufas y sacar los utensilios para empezar a trabajar.

Sin darse cuenta, con una paciencia de la cual no era consciente, Harry le indicó a Pansy la manera correcta de macerar las espinas de pez león sin dejar astillas. Ella, como una fiel alumna y mostrando atención a cada detalle, disfrutó cada gota de conocimiento compartida por el mago, aumentando la admiración hacia él; al tiempo que exprimió la mucosa de cerebro, sin importarle en aquella ocasión lo desagradable del líquido pegajoso que escurrió por la blanca piel de sus antebrazos; con delicadeza y sin meditar mucho en su accionar, Harry, tomó una hoja de caléndula, único remedio para eliminar la molesta sensación y la deslizó sin prisa por la fina piel de Pansy, quien exhaló un aliento fraccionado en pequeñas emanaciones al sentir el toque de alguien más en su cuerpo.

Su amistad con Draco, siempre fue malinterpretada por la constante búsqueda de Parkinson en el contacto, varias veces tocó su cabellera y su cabeza reposando en sus piernas, pero jamás hubo algo físico o emocional que pausara su respiración de tal manera como lo hacía Harry en ese momento.

El joven, fue consiente de los verdes ojos de Pansy muy abiertos al igual que sus redondas pupilas, observándolo con una expresión de bienestar jamás vista en ella. Parkinson, infundida por un valor inusual, deslizó sus dedos entre el cabello rebelde de Harry, era recio y grueso, diferente al de Draco en todo lo que cabía a la vista y al tacto, sin embargo no le disgustó, al contrario, mantuvo su toque por mas minutos de los que pudo contar y Harry agradeció el gesto, olvidando cualquier otra sensación similar en su vida.

Terminaron la poción al soltar dos gotas de aguamiel, y para entonces el contenido burbujeante del caldero dejó escapar un humo color rosa pastel que dio el aviso de su culminación.

Con una sonrisa satisfecha, los jóvenes se miraron entre si y ambos aproximaron sus cabezas al tiempo para mirar el líquido, chocando las coronillas. Sin dudarlo, Harry se echó para atrás, avergonzado por la torpeza y Pansy se acercó a él, y con mano decidida acarició la zona lastimada en la negra cabellera del mago. Harry, se pasmó ante la acción sorpresiva de la Slytherin pero agradeció el gesto, era una acción delicada, cuidadosa y desinteresada. Después, una risa sin sentido los invadió y viendo que llegaban tarde a la siguiente clase decidieron quedarse allí, por un rato más, hablando de historias que de ningún modo habían escuchado del otro.


Los dedos tamborileando sobre la mesa de trabajo, mostraban el nerviosismo que se apoderaba de Hermione. La visita de Lucius, era un mal augurio en cualquier situación. Los minutos subsecuentes a su partida de la incómoda reunión, transcurrieron de la manera más lenta posible lo cual hizo descender la ansiedad a una de sus piernas que temblaba con impaciencia, se detuvo ver la puerta del salón abriéndose por la acción de Ronald encaminando sus pisadas con rapidez hacia la silla vacía junto a la castaña.

Granger, saludó a Ron con un amague de sonrisa sin hacer mayor contacto con él, sin embargo, este se abalanzó sobre la castaña envolviendo su boca entre sus labios, algo inusual entre ellos, especialmente cuando se hallaban en el salón de clases. Hermione se separó sorprendida, cuestionando si tal vez, aquella muestra excesiva de cariño, se debía a la inseguridad de Weasley frente a su amistad con Draco, mientras pensaba en ello, sin ser perfectamente racional con sus actos, deslizó su asiento algunos centímetros lejos de su expresivo novio.

Ronald, por su parte notó la distancia entre ellos, él, aun recordaba su antigua discusión con Granger, pero en ese momento no quería pensar en ello, sólo recordaba el sutil beso con Lavender, y el terrible agravio significante para Hermione si se enterara de ello. Weasley tenía muchos secretos y uno de ellos era el gusto mantenido por Lavender a pesar de las circunstancias.

Hermione desde su puesto, intentaba mantener una postura cordial hacia Ron, aunque su mente, divagaba por las inimaginables razones por las cuales se tardaba tanto Draco en regresar.

Un nuevo movimiento desde el ingreso, fue ejecutado por el profesor Flitwick acompañado por Lavender, ella, con las mejillas sonrosadas y una fina sonrisa en sus labios, caminaba de forma apurada en búsqueda de cualquier asiento, Granger se enderezo por el anhelo de ver a Malfoy, solo por unos cortos segundos, los ojos de ambas brujas se conectaron y la castaña pudo notar en la mirada de Brown una chispa de incomodidad, sin embargo no le dio importancia al gesto, por el desencanto producido al no tener noticias de Draco.

Desplegó su pergamino delicadamente sobre el escritorio, junto a este, ubicó el tintero y remojó la punta de su pluma para disponerse a escribir, con la mirada en el profesor no logró materializar las palabras que este emitía, su cabeza se hallaba a varios metros de distancia, por eso, cuando el maestro realizó una incoherente pregunta acerca de un tema del que seguramente se sabía todas y cada una de las letras posibles, ella no levantó su mano impulsivamente como siempre lo hacía y la clase se sumió en un silencio hasta que algún alumno de Ravenclaw atinó a decir dos o tres cosas medianamente congruentes.

El pomo de la puerta girando lentamente, llamó la atención de los estudiantes que se hallaban en la primera fila, entre ellos Ron y Hermione, el aliento contenido por varios detuvo el discurso del pequeño profesor quien también sintió curiosidad rotando su cabeza y dejando su varita levantada para abrir los ojos con morbosidad, observó la rojiza marca del joven Malfoy en su mejilla, con la experiencia que le dieran los años, el profesor recordó que se hallaba en medio de una clase y continuó el tema haciendo una demostración que desvió la atención de todos los allí presentes mientras levitaba unos centímetros elevado del suelo.

Hermione, la excepción a la regla de la clase, con la mirada puesta en Draco, fue la única en notar su andar desprolijo, abatido y profundamente herido, la ansiedad sagazmente contenida repto por su cuerpo con la vana ilusión de impulsarlo hacia Malfoy, sin embargo pudo más el pudor y la presión de Ron observando sus reacciones detalladamente, lo que la mantuvo racionalmente con el peso de la gravedad atada en su silla.

Con el rabillo del ojo, vio a Draco caminar hasta donde le permitió su visión y después de ello, lo presintió sentándose en la última mesa del aula. No logró concentrarse en el contenido de la clase, cuyas palabras rebotaban en su mente haciendo un eco molesto que no la dejaba concentrar en las mil maneras de acercarse a Draco al final de la clase sin ser alcanzada por Ronald. Al terminar la cátedra, se levantó con intención de observar a Malfoy y detectar algún gesto en él, que denotara un mejor estado de ánimo, sin embargo fue interceptada por su novio buscando apoderarse de su atención, reparó un nivel de ansiedad poco habitual en el desinteresado Weasley, sin embargo prefirió no entrar a discutir nimiedades y atenderlo, esperanzada únicamente de permitirle absorber pocos minutos de su tiempo, pero no sucedió así, frustrada por la impaciencia de Ronald quien la arrastró fuera del aula con la excusa de mostrarle un problema con su escoba cuya solución, Hermione, estaba segura no tendría la respuesta, caminó con el pecho oprimido por una tristeza olvidada, alimentada por la desesperanza de estar en un lugar que no quería pero debía.

Siguió a su novio por los pasillos, sin dar demasiada atención a la ruta tomada, pero siempre apurando el paso con la intención de adelantarse en el mismo, en un tramo de las escaleras, sus oídos se percataron de la soledad de sus pisadas, se giró molesta imaginando a Ron entretenido con alguna pequeñez, extinguiendo un poco más la paciencia de Hermione. Sin embargo al girarse, no fue eso lo que produjo la mueca de angustia y secó su garganta.

Ronald, con la mirada perdida estaba trepando el barandal de la escalera en una maniobra casi suicida a cuatro pisos del nivel principal. Tras de él, Lucius Malfoy, apuntaba con su varita al pelirrojo con una sonrisa maligna, curvando sus labios enseño la parte inferior de sus dientes.

La castaña se paralizó del horror al reconocer el maleficio Imperius en acción, sus piernas se turbaron del miedo, ante la desolación de perder a alguien a quien minutos atrás deseaba lejos de sí. A fuerza de costumbre, sus manos se acercaron al bolsillo de la falda donde recordaba tener su varita, pero la lengua de Lucius chasqueando la ayudó a cambiar de opinión.

— Mira en que curiosas circunstancias nos volvemos a encontrar, señorita Granger. —Mencionó con acidez el hombre, quien había revisado cuidadosamente los pasillos previamente para no fallar en su plan. — Creí que ya no le importaba el señor Weasley, digo, como estaba ofreciéndose con tanta facilidad a mi hijo — Dibujando una figura en el aire, el cruel hombre dejo a Ronald descolgado del barandal, agarrado de ambas manos con gesto fantasioso, totalmente ajeno a su inminente caída.

Hermione, con el rostro agobiado, se pellizco la mejilla con los dientes, llevada por el pánico de perder a Weasley,

— ¿Qué espera de mí? — Dijo la Gryffindor con un hilo de voz, exhalado por el poco aire que sus pulmones le dejaban dosificar.

— Me alegra ver que los halagos a su inteligencia no son en vano — Concedió Malfoy acercándose unos escalones a Hermione. — Vera, debe apartarse de mi hijo.

— Pero, no ha pasado nada entre nosotros dos, simplemente somos compañeros — Farfulló la castaña

— Mire, conozco a las de su tipo, personas sin clase y con grandes aspiraciones. —Argumentó el mortifago — Ven en personas como nosotros una fuente de fama y un trampolín al éxito. Y usted ya tiene bastante de ello, pero le falta la riqueza y el poder que estar con uno de nosotros le daría, para quizás llegar a ser en un futuro, no sé, Ministra de Magia.

— Eso no es verdad, el dinero es algo que yo misma podría obtener si lo quisiera en este momento. — Replicó Hermione indignada por las insinuaciones y asustada en una dosis igual por el destino de Weasley.

— Seamos honestos, jamás lo lograría por la vía honesta, sabe que relacionándose con nosotros tendrá mejores opciones. — Enfatizó el mortifago, sin darle crédito a las palabras de Hermione.

— ¿Opciones de qué?, ¿de tener un tour gratuito en Azcaban? — Escupió la castaña el veneno que la corroía ante las insensateces de aquel hombre sin juicio — El apellido de su familia no es hoy lo que era hace unos años, al igual que su hijo.

Hermione no dimensionó el impacto de sus palabras y lo insano de su desafío. El mago, con la mano estirada rodó su muñeca y a su vez movió la varita dejando a Weasley agarrado de una sola mano, con expresión ausente.

Granger, sintió todo el vacío bajo sus pies y una sensación de caída constante con la presión acumulándose en su cabeza, quería llorar de rabia y gritarle a Lucius todos los improperios que jamás se había atrevido a decirle a nadie, porque lo merecía; merecía saber que era un cobarde, un pusilánime y un ser que despreciaba la vida que tenía. No era justo para ella, para Draco ni para Ronald, pero solo ella, siendo alcahueta de ese atropello podía salvar una vida, ese día.

Con los ojos humedecidos en frustración, se dejó embriagar por la derrota, saboreándola con la esperanza improbable de adquirir en ello la fuerza para asentir y en contra de su voluntad satisfacer al sádico Malfoy.

— Debe decirlo, Señorita Granger — Presionó el mago

— Me alejaré de su hijo — Soltó la bruja, con un suspiro ahogado

— Debe ser consciente, que usted estará acá solo por un par de meses con él, pero Draco será mi hijo toda la vida — Se regodeo Lucius — Si me entero una vez más que usted se acerca a él, o intenta meterle sus estúpidas ideas de rebeldía, le advierto que no me dolerá descargarme en él. Y tal vez, en alguno de sus amigos.

Hermione recordó el rostro maltratado del menor de los Malfoy y sintió el peso de su declaración venirse en su contra, una sustancia ardiente quemó su cráneo desde adentro, y quiso devolver el tiempo, regresar al momento que se atrevió estúpidamente a interceder por esa familia, evitar el encarcelamiento de Lucius y hacerse acreedora de la custodia temporal por Draco; de no haber sido de esa manera, tal vez Ronald no estaría colgando de un pasamanos, Malfoy no hubiera sido agredido por su padre y ella no se hubiera permitido unirse a Draco por un sentimiento cuyo nombre no se atrevía si quiera a pensar por el terror que invadía su interior.

Con alivio, la castaña vio a Ron sujetarse nuevamente y trepar el pasamanos con , para quedar de pie en las escaleras sin recordar ni entender la expresión de pánico en el rostro de Hermione ni la salida acelerada de un hombre cuya cabellera rubia recordó con desagrado.


Hola.

Con gran alivio aquí estoy con una actualización que creí no iba a tener lista hasta la próxima semana, pero bueno, tuve un momento de lucidez y el tiempo estuvo a mi favor.

Un abrazo a todas por seguir ahí, leyendo y soñando con esta historia.

Trato de mejorar cada día para ustedes y espero que eso se vea reflejado en la historia.

Un beso enorme a las chicas que dejan su review, es como un soplo de ánimo para continuar en esta ardua labor, aunque no los conteste en el momento que los dejan, créanme que si los leo al instante que recibo la notificación.

Agradezco entonces a Conie23o9, Doristarazona, Lady Ravenclaw, neworquinaona, crazzy76, Natdrac, y lovedramioneok, Gracias infinitas por esas lindas palabras, son un propulsor infalible para continuar.

No olvides dejar tu review

Un Abrazo

Sta Granger