Bueno, qué puedo decir, realmente me alegro mucho de que el último capítulo gustase tanto, pues lo escribí con la idea de que quedase divertido. Ahora en este nuevo capi ya vuelve el hilo principal de la historia, con lo que tendremos más aventuras que risas, pero ya escribiré en un futuro cercano algún otro capítulo como el anterior, que ya tengo pensado ;) De cualquier modo, ¡espero que este os guste!
KittieMi: jejeje es genial que os hayáis reído con el capítulo. Como ya he dicho, no suele dárseme bien escribir cosas humorísticas, así que saber que os gusta me anima muchísimo. En cuanto a la teoría... sinceramente yo tampoco me lo imagino duchándose como un habitual, pero digo yo que una vez al mes por lo menos, ¿no? XD ¡Gracias!
Hitomi Miko: ^^ jaja me alegro de que te gustase, y también es genial saber que me sigues leyendo, ya se te echaba de menos por aquí :) sí, lo cierto es que sí, estaría TODO verde xD yo ahí lo dejo, vuestra imaginación pervertida (como la mía xD) puede hacer con ese dato lo que quiera xD suerte con los gatos ^^ ¡Gracias!
Uzumaki-neechan: jeje bueno, cosas del tiempo, si puedo, actualizo dos o más, y si no, sólo uno :) pues el pasado de Alana es un poco complicado, ya lo iréis viendo, pero sin él nunca habría conocido a Kidd así que... bendito sea xD y bueno, si este es complicado no quiero ni contarte lo complicados que se me están haciendo el de "Espíritus del siglo vacio" y el de "El octavo nivel" xD bueno, aún no le voy a dar a Kidd el dulce de la venganza, pero te aseguro que ya le llegará ;) ¡Gracias!
Luffy,Rekee66: jajaja ¿amordazada? Creo que te habría tirado por la borda (como a mi, yo también me habría muerto de risa xD) jajja y estoy completamente de acuerdo contigo con respecto a lo del vestido, ¡si Killer lo dice, será por algo! :D espero que mis historias te sigan gustando hasta que las termine :) ¡Gracias!
Los personajes de OP no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.
- Diálogos.
"Pensamientos"
Memorias/Flash backs/Sueños
Canciones
"Escrito/Libros/Cuentos"
Capítulo 11: Capitán y veneno (parte I)
Después del "incidente" de la ducha, Kidd y ella no habían vuelto a coincidir en ninguna habitación del barco. No era como si le importase. Él aún tenía algunos restos de pigmento verde en el pelo y ella seguía obligada a vestir aquel endemoniadamente sexy vestido, por lo que lo más probable era que de encontrarse, comenzasen a discutir. Otra vez.
Gracias también a aquel "incidente", se había ganado la admiración de la mayoría de la tripulación y había entablado una relación de amistad con el más veterano de todos los miembros, Netto, el cocinero. Alana se pasaba la mayor parte de su tiempo con aquel hombre, a veces hablando, otras simplemente paseando por el barco o cocinando entre los dos. Él tenía unos 42 años y lo había dejado todo, mujer y una niña, por seguir a Kidd y a los suyos desde el Mar del Sur hacia su aventura en el Grand Line y, si algún día llegaban, en el Nuevo Mundo. Aquello había hecho que Alana se plantease muy seriamente acerca de cómo era realmente el pelirrojo, pero en cuanto comenzaba a imaginárselo de algún modo más amigable, el collar metálico que rodeaba su cuello hacía que todas sus buenas intenciones se esfumasen y acabase maldiciéndole por lo bajo. Y en ocasiones no tan bajo.
Habían pasado ya cinco días desde que había teñido a Kidd de verde, lo que significaba que aún quedaban cuatro más hasta divisar tierra de nuevo. Con el ceño fruncido mientras terminaba de limpiar los últimos platos, Alana permanecía una vez más dándole vueltas al motivo que pudo tener Netto para dejar atrás su tranquila vida como tabernero y comenzar una nueva vida como pirata bajo el mando del pelirrojo. ¿Acaso Kidd era más de lo que parecía?
- Más le vale o pobre de su tripulación… – susurró.
- ¿Más le vale a quién?
- A tu querido mejor amigo – murmuró sin necesitar darse la vuelta para reconocer a Killer.
- Creo que tienes una impresión errónea de él.
Alana dejó caer el último plato con un gesto de frustración sobre la pila de los que ya estaban limpios. Con mala cara, se volteó a enfrentar su mirada con el casco del segundo al mando.
- ¿Tú crees? Yo creo que tengo la impresión que él quiere que tenga. ¿Me has visto bien? Estoy obligada a llevar un vestido de… fulana y me ha puesto un collar para controlarme en el cuello.
Killer sonrió bajo su casco.
- Sí, es bastante rencoroso y tú le dejaste bastante mal en su encuentro con Trafalgar en Otoko.
Ella hizo un mohín.
- ¿Todo esto es por Otoko?
- Creo que le gustaste. Y únicamente te quiere como esclava.
Ella puso los ojos en blanco.
- Sí, claro, ya le daré las gracias después – contestó con ironía.
- Como quieras – finalizó él la conversación con una media carcajada mientras volvía a desaparecer por el pasillo, lejos de la cocina.
Alana se quedó murmurando largo rato con mala cara mientras se quitaba el delantal y terminaba de recoger las basuras de la cocina. Netto y Lean, el chico joven que conoció su primer día a bordo, no se encontraban muy bien desde hacía un día y ella era la única que cocinaba y limpiaba desde entonces. No era fácil, pero alguien tenía que hacerlo y de algún modo, ella ahora era parte de aquella tripulación y algo debía hacer por sus compañeros.
Mientras trataba de relajarse tarareando una canción por uno de los amplios pasillos del barco, vislumbró a lo lejos a Zombi, el médico, y no se resistió a alcanzarle en un par de grandes zancadas.
- Hola, Alana – saludó él mientras anotaba algo en un pequeño bloc.
- Hola. ¿Vas a ver a Netto?
- Primero visitaré a Lean, es más pequeño. Pero luego sí que iré a verle – la miró de reojo mientras permanecía tan serio como siempre –. ¿Quieres venir?
- Claro.
El silencio de aquel hombre con aspecto de zombie no era algo que la desagradase, pero sí la preocupaba. De repente y sin ningún síntoma previo, varios miembros de los "Piratas de Kidd" habían comenzado a sentirse enfermos. Si bien podía no ser importante, pues podía ser simplemente que alguien hubiese cogido un virus y lo hubiese contagiado a sus compañeros, Zombi no había sido capaz aún de reconocer los síntomas y crear un patrón para aquella enfermedad, y eso era lo que más escéptica la ponía pues por lo que sabía, Zombi era un gran doctor.
Antes de haber acabado sus reflexiones, el doctor se detuvo ante la puerta del más joven y la dejó atrás, sumida en sus cavilaciones. Al cabo de cinco minutos, Zombi había vuelto a salir al pasillo y ahora ya sí se encaminaban hacia el camarote de Netto.
Alana alzó la mirada hacia su compañero al escucharle suspirar.
- ¿Es grave?
- Es raro. No se parece a nada que haya visto antes… por separado.
- ¿Separado?
- Reconozco varios síntomas, pero pertenecen a enfermedades distintas, y los fármacos que se emplean para su tratamiento, son contraproducentes entre sí. Podría matarles si les medico sin saber a qué nos enfrentamos.
- Entiendo, sé algo de medicina. ¿Y no hay nada que podamos hacer?
Zombi se detuvo frente a la puerta del cocinero y pareció dudar un momento.
- Experimentar – Alana abrió los ojos con sorpresa –. He tomado una muestra de sangre de Lean y ahora tomaré una de Netto. Tal vez así pueda descubrir algún antídoto.
Ella le detuvo con una mano cuando le vió girar el pomo de la puerta.
- ¿Antídoto? ¿Estamos hablando de un veneno?
- Aún no estoy seguro… pero yo no descartaría esa posibilidad todavía.
Y sin dar más explicaciones, entró al camarote de Natto dejando a Alana más preocupada que antes en el pasillo.
Kidd permanecía serio mientras observaba fijamente algún punto en el horizonte, a la espera tal vez de algo que le explicase qué era aquel virus que estaba afectando a sus hombres. No era como si se preocupase demasiado por la muerte de los débiles como Lean, pero el cocinero Natto y otros afectados no sólo eran útiles a bordo, sino también en las batallas. Le eran de utilidad y no quería sufrir demasiadas bajas al inicio del Grand Line. Igual que Alana.
Aquella chica realmente le volvía loco. No en el sentido romántico de la expresión, ni mucho menos. Simplemente la encontraba molesta y arrogante, y estúpidamente atractiva. Atractiva no sólo por su físico, sino por su carácter. ¿Cuántas veces en la vida puede ocurrir que apuntes a alguien con un arma a la cabeza y aún así te sonría sinceramente? Era una situación divertida, como poco. Por eso la tenía con él.
Bueno, por diversión y por utilidad, pues como capitán pirata era muy consciente de que la chica tenía un poder muy interesante. Recuperando su habitual sonrisa siniestra, permaneció observando el mar en aquel punto donde cada vez le parecía más que se acercaban varios buques en la lejanía. Sí, interesante… al igual que su osadía y estrategia. ¿Cómo se la había ocurrido llenarle el depósito de la ducha de…? ¿Cómo lo había llamado ella? ¿Pigmento o algo así? Bueno… el caso era que desde luego tenía que vengarse de aquella humillación de algún modo, ¡y se le ocurrían varias formas! Pero aún no era el momento. Después de todo, ahora ella era una más entre los "Piratas de Kidd".
- Esto… Kidd…
El pelirrojo se tensó involuntariamente al escuchar esa voz. Habría preferido mil veces escuchar en su oído la voz de cualquier otra persona, incluso la voz de algún alto rango de la Marina, que esa. A pesar de estar pensando en ella de un modo más o menos agradable, no quería saber NADA aún de ella.
Con una fría mirada, se giró en redondo para enfrentar sus ojos con los de ella, aquella joven chica atrapada en un vestido de noche, pero no pudo evitar alzar una ceja ante la máscara que ella portaba cubriendo su rostro.
- Capitán. No me llames por mi nombre si yo no te doy permiso antes – ordenó él, ignorando la máscara que ella le tendía.
La vió hacer un mohín de desagrado que hinchó bastante su ego al saber que ya la había molestado.
- De acuerdo, capitán. Pero ponte esto.
La joven de ojos dorados permaneció en silencio enfrentando su mirada largo rato hasta que él asintió con una sonrisa burlona en los labios.
- ¿Qué quieres con esto, Alana? – Preguntó mientras miraba indeciso la máscara que estaba a punto de ponerse.
Ella suspiró y se apoyó en la balaustra junto a él, mirando al infinito.
- Zombi acaba de confirmar que se trata de un veneno, eso es para que puedas respirar sin contagiarte, pues fue administrado por vía respiratoria. Puesto que ninguno de a bordo atacaría nunca a otro compañero, Zombi ha supuesto que sería esta niebla la causante y yo voto a su favor.
Con la mandíbula tensa ante la noticia, Kidd deslizó la máscara metálica, igual a la de su compañera, que tapó por completo la parte inferior de su rostro, incluyendo nariz y boca.
- ¿Tiene una cura?
Alana negó con la cabeza y permaneció en silencio mirando a lo lejos.
- Eso son… ¿barcos?
El pelirrojo asintió.
- Parece que la Marina ha decidido tomarnos en serio.
- ¡Pero Kidd! Esto… ¡Capitán! – Se corrigió – No estamos en condiciones para enfrentarnos a tres buques de la Armada así. ¡La mitad de la tripulación está enferma!
- Entonces nos haremos cargo nosotros. Ve a buscar a Killer y a los demás, pero que nadie moleste a Zombi mientras trabaja. Tenemos una entretenida tarde por delante – finalizó con una sonrisa que le congeló la sangre a Alana.
A pesar de haber sido apartado al margen de la trayectoria de su chica, Donquixote Doflamingo permanecía sonriente mientras observaba a sus dos subordinados luchar desesperadamente por librarse de su poder. Bellamy le había fallado y ahora debía pagar por ello, y qué mejor forma de hacérselo pagar que matándole a manos de su compañero.
- Creo que esto ya lo he vivido antes – sonrió, pensando en ella.
Se preguntó si los buques que había ordenado zarpar en su búsqueda ya les habrían alcanzado. Si sus datos eran correctos, se la había visto embarcando con los "Piratas de Kidd", y tras ellos había mandado a la Marina.
- Así les derrotarás, mi pequeña, porque sé que lo harás.
"Y de ese modo – pensó mientras escuchó a Bellamy gritar de dolor – tu recompensa subirá y volverás a ser tan importante como para permitirme ir tras de ti".
Porque él había decidido hacerle la vida imposible. Y no le importaba el cómo ni el cuándo, simplemente, iría provocando su furia hasta que el Gobierno decidiese que ya era momento para que él, un Shichibukai, volviese a preocuparse por la captura de la joven Odayakana shi, Alana.
- Pronto, mi pequeña… pronto nos veremos de nuevo.
Y a un gesto de su mano, el arma de Sarquiss descendió a toda potencia sobre el cuerpo de Bellamy. Sin piedad.
Eran muchos, y bastante más fuertes de los que enfrentaron la última vez, a la entrada del Grand Line. Para esta ocasión, en cada uno de los buques de la Marina había un capitán bastante más fuerte que el resto de soldados y si bien Kidd y Killer ya se estaban enfrentando a dos de ellos, el tercero parecía haberse ensañado con el vigía, Rando.
Un nuevo disparo salió de su arma y poco después el cuerpo sin vida del marine se desplomaba a sus pies, sonoramente. Pero claro, ¿qué puede resultar sonoro en plena batalla, rodeados de choques de espadas y de disparos? Enfundando nuevamente su revólver, Alana se reajustó el cierre de la mascara metálica que ayudaba a toda la tripulación que aún permanecía sana a evitar respirar más veneno. Tenía miedo de que con tanto movimiento la máscara podría soltarse y quedarse expuesta al destino. Alzando una mano, usó una de las tablas de madera del suelo de cubierta para hacer crecer de ella varias raíces que, con gran fuerza y movilidad, igual que dos culebras, atraparon a varios marines y los ahogaron hasta que dejaron de respirar.
La batalla estaba siendo muy desigual. A pesar de que los marines eran bastante más numerosos, no tenían ninguna estrategia de ataque y su fuerza militar se vio muy reducida por aquello.
Una vez que se hubo librado del capitán del barco principal, el capitán Eustass Kidd alzó ambos brazos a ambos lados de su cuerpo, esbozando una oscura sonrisa. Inmediatamente después, cada uno de los objetos metálicos de la cubierta y de todo el barco, comenzaron a temblar a causa del poder del pelirrojo, incluida Alana. O no ella: su collar.
Con un gesto de enfado, logró justo a tiempo hacer que una de las ramas que había creado previamente la sujetase por la cintura al suelo, impidiendo así que fuese arrastrada junto con el resto de objetos a la gran pila de metal con forma de mano que estaba creando Kidd.
"Impresionante" estuvo a punto de decir en voz alta, pero se contuvo: no le daría ese gusto al pelirrojo.
Pero a pesar de todo, aquella lucha le produjo un sentimiento satisfactorio, al fin y al cabo ¿qué clase de pirata no disfruta de una buena batalla? ¿O de ver lo fuerte que es su capitán? Aquella enorme mano metálica se dejó caer con fuerza y determinación sobre los marines aterrados que abandonaban el barco uno tras otro. Era una clara victoria. Alana se giró y sonrió al pelirrojo, y por primera vez, su sonrisa era de auténtica complicidad.
Pero la sonrisa murió en sus labios.
Killer también lo vio, pero el capitán de la Marina contra el que estaba luchando le cortaba el paso.
- ¡Kidd!
Pero el pelirrojo no le escuchaba, no podía por el ruido que ocasionó el golpe de la enorme mano metálica contra sus adversarios. Pero en cambio, sí que la vio correr. Kidd alzó una ceja hacia la chica que corría aceleradamente hacia él. Parecía que iba diciendo, más bien gritando, algo, pero no alcanzaba a oírla. Y fue entonces cuando al fin lo percibió.
Tras él, el capitán marine al que creía haber derrotado se alzaba en pie con una larga espada en la mano. Apretó los dientes girándose justo a tiempo de golpearle y dejarle inconsciente antes de que el arma le tocase del todo. Con una maldición, Kidd sintió cómo el filo de su espada rozaba levemente su mejilla y cómo la correa que ataba su máscara se partía, cayendo al suelo con un "clink" metálico.
En el mismo instante en que alzó la vista hacia el cuerpo inconsciente del marine, una ágil mano estampó a toda velocidad otra mascara sobre su rostro.
Antes de ser consciente de que los marines se retiraban arrastrando el cuerpo de su capitán, Kidd se encontró de espaldas contra el suelo, con Alana sentada encima, presionando con fuerza contra su rostro la máscara que ella ya no llevaba. Y no la llevaba porque se la estaba poniendo a él. A él, repitió una voz en su mente, la chica se estaba envenenando por él. Ella tosió.
- Es una lata eso de que ahora seas... mi capitán.
Killer, quien no necesitaba más máscara que el casco que ya portaba habitualmente, llegó corriendo hasta la joven y le colocó otra máscara en el rostro, mientras sentía su cuerpo cansado caer sobre sus brazos. El rubio maldijo por lo bajo mientras la sostenía inconsciente sobre sus brazos.
- Parece que el veneno cada vez es más potente, Kidd. Sólo mírala. En apenas dos minutos y ya está así de débil.
El pelirrojo no contestó inmediatamente. Aún parecía sorprendido, y furioso, al pensar que ella muy probablemente acababa de salvarle el culo aquella vez.
Con un gruñido, le indicó a Killer que la bajase a la enfermería y que prohibiese al resto salir a cubierta sin máscara. Y después, con un gutural rugido, se ató la nueva máscara y comenzó a desahogar su rabia contra cualquier objeto existente en la cubierta.
- ¡¿Cómo que hundidos?
- N-no señor, no hundidos. Derrotados. Nos han derrotado.
Sengoku apretó el auricular del Den-Den Mushi con excesiva fuerza mientras apretaba los dientes con furia.
- ¡Capitán! ¿Quiere explicar qué quiere decir que han sido derrotados?
- Bueno... Re-recibimos un aviso sobre la posición de estos novatos y fuimos tras ellos. Pero a pesar de la nube de veneno que obtuvimos de los poderes de Magellán, nuestra derrota fue vergonzosa.
Sengoku tuvo que respirar varias veces antes de lograr calmarse lo suficiente como para evitar soltar incoherencias.
- Volved al cuartel general, está claro que hemos subestimado a estos mocosos. ¡Regresad cuanto antes! - Ordenó.
- ¡Sí, señor! Y, esto... - el Almirante de Flota observó el Den-Den Mushi una última vez antes de colgar - ya podemos afirmar con total seguridad que Odayakana shi, Alana, es ahora parte de los "Piratas de Kidd".
Con un "clik" la conversación se cortó y Sengoku cerró los ojos durante varios minutos. "Maldita sea..." pensó. Alzó la vista hacia un soldado que hacía la ronda de vigilancia frente a las puertas de su despacho.
- ¡Tú!
- ¿Señor?
- ¡Haz llamar a Donquixote Doflamingo! ¡Quiero que ese hombre me cuente muchas cosas y todas cuanto antes!
- ¡S-sí, señor!
El joven marine salió de la sala del Almirante de flota a gran velocidad, mientras éste cerraba los ojos y apoyaba el rostro sobre sus puños cerrados. No esperaba que sobreviviesen a la nueva arma de la Marina, una bomba creada a partir del letal veneno de Magellán, pero daba igual si salían de allí o no. Sólo había una persona que él conociese que tuviese algún interés especial en librarse de aquellos piratas y ese era Doflamingo. Y quería saber por qué.
Continuará...
