Capítulo 11: "La Huida"

Aquella noche no durmió absolutamente nada. Cuando el alba se asomó, ella se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro en su habitación, rogando por la vida de Houyo... y la de ese hombre también... porque al fin y al cabo ¿acaso merecía morir por la rabia y el odio que sentía contra Kikyou? No era justo... no, no era justo.

Mientras miraba inquieta su desayuno, vio a los criados a su alrededor agitados y apurados acarreando y limpiando las cosas. Fue entonces que su madre se acercó a ella con un hermoso vestido blanco, de escote amplio, lleno de encajes y suaves caídas. La joven lo miró impresionada, jamás había visto un vestido tan hermoso en su vida.

- Lo envía tu prometido querida... para esta noche.

Entonces ella se ruborizó y abrió los ojos con sorpresa ¿él estaba vivo?? Entonces... entonces Houyo... se llevó una mano temblorosa a la boca. ¡No! No podía ser... ¡no! Eso significaba... significaba que... corrió a su alcoba. ¡No podía ser!... ¡Lo había matado!... ¡Seguro lo había matado!

Malvado... maldito... oh pero... pero... ¿y si no lo había hecho? Tal vez... tal vez...

Llamó a una doncella y le pidió que preguntara por Houyo en el hotel en donde se hospedaba. Nerviosa y casi histérica, se paseó de un lado a otro en su habitación. Sólo cuando la sirvienta volvió pudo tranquilizarse.

- Sí, esta en el hotel señorita, pidió un médico, dice el recepcionista que tenía un rasguño en el brazo derecho pero que él se quejaba mucho...

- ¿Estaba herido?

- Pero él me aseguró que no era más que un rasguño, señorita, no fue para tanto, dice que él exageraba mucho...

No, su Houyo no era un exagerado como ellos intentaban... burlarse. Estaba herido. ¡Pobre! Pero estaba vivo y era lo importante. Tuvo deseos de llorar de emoción.

- ¿Kagome?... ¿aun no tomas un baño?

Su madre interrumpió sus angustiosos pensamientos ¿baño?... ¿Un baño a media tarde?

- Me bañé esta mañana, mamá.

- Ahhh ¡por Dios, Kagome!... ¡Es tu compromiso!... ¿en qué estas pensando?

Compromiso... ¡¡Compromiso!!... ¿¿Era hoy??... ¿Esta noche?... ¡Oh! Cierto, para eso era el vestido... compromiso... las piernas comenzaron a temblarle y sintió un nudo en el estómago.

Mientras se acomodaba en la tina y recostaba la cabeza en el borde, ella se relajó debido al aroma a rosas que habían puesto en su baño. No pudo evitar pensar en lo aliviada que sentía al saber que ese "duelo" no había terminado de una forma tan trágica... porque... había que ser sincero, Houyo no tendría oportunidad de ganarle a ese hombre en el tiro, estaba segura que su "verdadero prometido" ni siquiera sabía como utilizar un arma.

- Es porque es un caballero, prefiere solucionar las cosas hablando antes que emplear otro método poco civilizado.

Pensó en ir a verlo, pero sólo fue un segundo cuando, como reproche, escuchó la voz ronca y dominante en su oído: "Si vuelvo a saber que te sigues juntando con Houyo... te arrepentirás..."

Se estremeció. Lo creía muy capaz de hacer algo... algo en contra de Houyo... tal vez... tal vez lo del duelo era una clase de... "advertencia"... tal vez, lo había dejado vivo para que ella recapacitara... para que ya no se opusiera a la boda... ¿debería hacerlo? Porque... a pesar de todo su odio, rencor... su crueldad... había perdonado la vida de Houyo... oh ¿qué estaba pensando?... ¿Acaso buscaba una excusa para casarse con él? Se sonrojó de sólo pensarlo.

- Su piel se arrugará señorita de tanto estar en el agua- Protestó una sirvienta, acercándole una toalla.

Y tenía razón, la yema de sus dedos estaban completamente arrugadas, sin embargo su piel había quedado con el aroma más exquisito y delicioso que nunca había tenido.

Mientras se miraba al espejo y la doncella le elaboraba un precioso peinado de coleta alta adornada con florecillas blancas, ella pensó que esto era como el... comienzo de algo nuevo. Sí, porque... se iba a casar... ¡Dios!... ¡Se iba a casar!... ¿Quería hacerlo?... ¿Debía hacerlo después de todo?

Cuando se asomó a la escalera, Kagome vio desde la altura el salón completamente atestado de gente. Se turbó al notar todas las miradas dirigidas hacia su persona... y se ruborizó por completo cuando una mirada en particular, dorada, brillante, audaz, se fijaba en ella.

Lucía apuesto vestido así, de impecable traje negro y camisa blanca, lucía salvaje con su cabello suelto y esa sonrisa descarada que mostraba parte de sus dientes y que le provocó escalofríos y cosquillas en el estómago. No pudo evitarlo, de alguna forma le devolvió la sonrisa tímidamente, nerviosa. Tal vez en agradecimiento... por haber perdonado la vida de Houyo.

El hombre quitó la sonrisa ¿ella le había sonreído?... ¿Ella? Tensó el rostro y sintió el fuerte latido de su corazón, agudizó la mirada en la muchacha que mantuvo sus ojos fijos en él y su sonrisa, a pesar de que Inuyasha había cambiado de expresión.

La recibió al pie de la escalera y tuvo que darle el beso en su delicada y pequeña mano, su perfume a rosas pareció choquearle. Otra vez la expresión de su rostro cambió, lo invadió la turbación. La ira y el rencor, por algún momento, pareció disiparse. Kagome le sonrió más y susurró un "gracias".

Ella se apartó y caminó hasta donde estaban sus padres esperándola. Sus mejillas estaban rojas por el beso que aun sentía en su mano... y eso que ahora usaba guantes. Pensó, mientras algunas personas la saludaban, porqué siempre le causaba el mismo impacto casi sofocante cuando recibía un beso de él. Lo miró de soslayo y observó sus labios e imaginó cómo podría ser un beso verdadero de ese hombre. Pero en seguida pensó en su hermana, porque solamente Kikyou había tenido ese "regalo", entonces se reprochó el estar pensando cosas absurdas. No debía pensar en eso... él la estaba utilizando, castigando... no debía pensar más allá de cualquier cosa.

La velada cobró vida nuevamente y ella miró a su alrededor. A veces deseaba poder acercarse a su "prometido" y darle las gracias por lo que había hecho con Houyo. Pero el temor y la vergüenza la hacían arrepentirse. Él sentía la mirada ansiosa de ella y estuvo bastante rato turbado por eso. No podía negarlo, la niñita que él creía lucía hermosa y deseable que por un momento pensó que casarse no sería tan mala idea, al contrario.

La conversación a Inuyasha le pareció de pronto forzada, no quería seguir hablando, quería y deseaba verla. Se apartó del grupo y caminó lentamente siguiéndole los pasos. No sabía qué había pasado, de pronto todo era distinto, porque... se sentía... irresistiblemente atraído hacia ella. Se quedó quieto en un rincón y bebió un sorbo de champan, sus ojos dorados se fijaron en el escote de ella, generoso, en la cintura estrecha y que tuvo deseos de tener entre sus manos, en la curvatura de su cuello, suave, delicado...

Kagome se acercó a Inu Taisho, quien estaba sentado en una esquina observando sonriente la velada, y lo saludó inclinándose completamente ante él. A pesar de ser el padre de su "prometido", ella encontraba que era una persona agradable y de un carácter muy firme, tal vez en eso era lo único en que se parecía a su hijo. Claro, sin obviar el parecido físico pero Kagome pensaba ahora más en su personalidad.

- Pequeña niña, luces muy hermosa esta noche.

- Gracias, señor- Respondió tragando fuertemente y evitando mirarlo. No quería hacerlo, le dolía demasiado tener que fingir ante ese hombre bondadoso y enfermo. Se sentía miserablemente culpable.

- No me digas señor, dime papá ¿no seremos familia acaso?- Protestó él, mientras le tomaba el rostro y la obligaba a mirarlo. Arrugó la frente cuando ella posó su mirada en él.- ¿Qué es lo que sucede?... ¿no estas feliz?

- Oh... sí... sí estoy feliz...- Respondió, en un hilo de voz.

Inu Taisho la observó con detenimiento, ella sólo deseaba apartar la mirada. ¡Oh!... ¿Por qué tenía que fingir? No quería herirlo, no quería mentirle a él... ya no... ¿por qué ese hombre utilizaba al padre para forzarla a casarse?. De pronto, toda la felicidad y agradecimiento que había sentido en un principio, por el que ahora era su "prometido", se volvió en angustia e incertidumbre.

- Si no estas contenta... si no amas a mi muchacho...

Inuyasha llegó en el momento en que ella podría haberse delatado, le tomó con suavidad el brazo obligándola a incorporarse. Kagome no lo miró, estaba tan confundida y triste ahora.

- Perdóneme padre, necesito a mi novia para lo que usted ya sabe- Sonrió agradablemente al anciano, pero éste sólo lo miró con seriedad.

Kagome intentó sonreír, para tranquilizarlo. Hizo una inclinación de cabeza y luego volteó hacia Inuyasha, quien le tomó cortésmente del codo mientras caminaban.

- Mi padre es muy perspicaz...- Murmuró ronco, mientras saludaba a las personas.

- Sí, se nota- Respondió apenas. Temblaba por completo a su lado, era sentir los dedos en su brazo que le provocaba eso ¿porqué ese hombre la ponía tan nerviosa? Volteó hacia él y lo miró a los ojos. – Yo... yo quería agradecerle...- Inuyasha arrugó la frente y tensó la mandíbula, su mirada se agudizó en la suya, tanto, que a la joven se le hizo dolorosa-... sé que mi prome...- Enrojeció más y bajó un instante los ojos, se mordisqueó el labio, nerviosa y luego tuvo el valor para volver a mirarlo a la cara-... que Houyo... no tiene nada que ver en su... venganza... estoy complacida que lo haya dejado vivir. Gracias.

Inuyasha sólo la miró, parco, serio. Aunque por dentro estaba sorprendido por escuchar un "gracias" de parte de ella. Realmente no lo esperaba... las Higurashi no decían gracias, al menos no la que conocía "bien"... no, nunca conoció en verdad a Kikyou... pero... ahhh... ¿así que por eso esta chiquilla le había sonreído?... ¿Por qué le había perdonado la vida del idiota ese? De pronto sintió rabia por ello.

- Si él o tú me juegan chueco, no tendré remordimientos ni piedad después.- Respondió brutal.

Todo lo que había pensado de él se fue a la basura. Seguía siendo rencoroso, malvado, cruel y despiadado. Se alejó un par de pasos pero el hombre le tomó la mano. Kagome se volvió a sonrojar y lo miró sorprendida.

- Es el momento de comprometernos oficialmente, princesa.

¿Era broma?... ¿Cómo podía comportarse tan malvadamente y luego con cortesía que rayaba en... bajó los ojos... nunca lo entendería... nunca.

Escuchó casi a lo lejos como su padre hablaba informándoles a todos del compromiso, Kagome estaba en un estado casi de ensueño, como si estuviera en verdad en otro mundo, escuchando ecos, voces, a lo lejos. Sólo volvió a la realidad cuando él la miró y le sonrió, se sonrojó como nunca cuando Inuyasha quitó su guante y le puso el anillo de compromiso en el dedo. El ritual fue finalizado con un beso de parte de "su prometido" en su mano. Miró con horror la mano temblorosa, después el cuerpo entero comenzó a temblar, a sudar, de pánico, miedo, angustia.

- ¿Quiere una copa? Veo que necesita beber algo, esta muy pálida, señorita.

Kagome alzó el rostro al hombre que tenía en frente. Había pasado un buen rato desde el ritual del compromiso, luego se había alejado de su "prometido" y se había quedado estática en un rincón, sentada en una silla para no desmayarse. Pensaba en el error que había cometido. Lo había aceptado sin siquiera protestar ¿porqué? Tal vez porque pensaba en la vida de Houyo... y en el anciano amable y bondadoso. Pero cuando había sentido su beso otra vez en su mano, se dio cuenta en verdad de lo que esto significaba. Iba a ser su esposa... su esposa... la esposa de un hombre cruel, vengativo y dolido por el engaño de su hermana...

- No, gracias- Respondió.

Una mujer de cabello castaño y pecas en la nariz se apareció tras el hombre y le sonrió.

- ¿Te esta molestando?

Kagome negó con la cabeza, le sonrió y la muchacha estiró su mano y se presentó.

- Me llamo Sango... y él es mi esposo, Miroku... supongo que ya lo has visto merodeando en casa de tu prometido.

La joven asintió sonriente. Miroku hizo una reverencia y se alejó, dejando a las dos jóvenes solas. Sango, una chica de unos 20 años, de ojos serenos y muy bonita, la observaba fijamente con una sonrisa.

- Eres apenas una niña... perdón la intromisión... ¿qué edad tienes?

La joven suspiró pesadamente.

- 16, pero pronto cumpliré 17.

La mujer se sentó a su lado y bebió un sorbo de su copa de champán.

- Sí... eres una niña casi... cuando Miroku me contó que Inuyasha estaba enamorado y pensaba casarse, imaginé que sería alguien más o menos de su edad e incluso mayor...- Sonrió abiertamente cuando Kagome torció la boca-... en serio... tiene unos gustos... pero eres diferente... casi no puedo creer que seas tú la elegida... – Sonrió más-... pensé que él nunca se casaría... pero no tengas miedo, estas en buenas manos...

La muchacha levantó el rostro y su mirada se detuvo en Inuyasha, quien conversaba animadamente con sus padres. ¿Por qué todos quienes lo conocían lo veían de una forma tan diferente a la que ella lo veía?... ¿Podría ser? No, no debía pensar eso... ¡Dios! Ella que había jurado casarse sólo por amor, que prefería estar muerta antes que ser obligada a contraer matrimonio a la fuerza... ahora... ahora ¿qué iba a suceder con su vida?... ¿Qué iba a pasar con ella?

- ¿Te sientes mal?- Preguntó la joven, asustada, cuando Kagome se puso una mano en la frente con deseos de llorar.

Y cuando notó el anillo en su dedo, sollozó, sintiéndose demasiado débil y acorralada, sin esperanza para seguir luchando. Sango se puso de pie y la tomó de los hombros. Kagome intentó levantarse de la silla, pero de pronto tambaleó y cayó al suelo, inconsciente.

Las mujeres chillaron, los hombres se acercaron presurosos, pero fue el "prometido" quien llegó primero a su lado.

- No sé que le pasó...- Casi tartamudeó Sango-... estaba muy pálida... tal vez esta agotada... o conmocionada...

- Oh ¡deben ser los nervios!- Chilló una mujer.

Inuyasha la tomó en brazos mientras la madre de la joven, llorosa, le decía que la llevara a su habitación. Así, mientras el señor Higurashi intentaba calmar a la gente aludiendo que su hija sólo había tenido un desmayo debido a los nervios de su próxima boda, los otros se dirigieron a la alcoba de la muchacha.

Una sirvienta les abrió la puerta y él, presuroso y solícito, la dejó de inmediato sobre una cama con dosel de velos color rosa. La observó en la penumbra, lucía tan triste y desvalida que le dolió el corazón. Tuvo remordimientos... rabia por la bruja de Kikyou... reproche contra él mismo... y confusión porque se decía, que esa niña también había tenido la culpa.

- ¡Ha estado actuando tan extraño estos días! Ella... ha hecho cosas que no debería...- Musitó la mujer, a su lado y sollozando. Su presencia le pareció a Inuyasha irritante y le estorbaba, pero aún así ladeó el rostro serio y la miró.

- A... a qué se refiere...

La mujer pareció darse cuenta que hablaba de más ¿cómo le iba a decir que su hija se encontraba a escondidas con otro hombre?... ¡Qué horror! Acomodó nerviosa la almohada en donde descansaba la delicada cabeza de su hija menor.

- Ehhh no... que... Kagome... a veces... me desconcierta, pero debe ser que el matrimonio le aterra... – Se volvió a él y le tomó las manos-... oh por favor, cuide mucho a mi pequeña... tenga paciencia... es tan... caprichosa pero es una buena niña...

Él la miró muy serio, pero por dentro lo consumía el remordimiento. Esa mujer decía que la cuidara... y tenía pensado precisamente lo contrario... ¿o no?

- Señora, señora... debe venir a la cocina...-Interrumpió una criada, presurosa.

- ¡Oh!... no, ahora no...- Respondió.

- Vaya, no hay problema, sólo esta desmayada, despertará pronto.- Dijo Inuyasha, muy serio.

La mujer dudó un segundo y asintió.

- Cuídela un segundo...

Salió de la habitación sin pensar, ni siquiera se dio cuenta que dejar a los prometidos, solos, en la habitación, era impensable.

Solos en la alcoba él, que estaba de pie, no sabía qué hacer. Podría darse la vuelta y dejarla... pero no podía. Apretó los puños y también la mandíbula, con los ojos fijos en ella. No... ¿Cómo se iba a ir y dejarla sola? Caminó y se sentó en la cama observándola. El cabello lo tenía suelto ahora y algunas de las pequeñitas flores se habían salido de su lugar, él tomó una que colgaba a punto de caer y la sostuvo en su mano.

Cómo se parecía a ella... no, no se parecía. Era más joven, su piel era mas tierna, sus mejillas suaves y sonrosadas, parecían duraznos en verano, un flequillo desordenado, un cabello con ondas suaves y sedosas, no tan largo, un cuerpo pequeño, delgado, pero bien formado. No... no era igual a la otra... pero se había burlado de él... igual que Kikyou... igual...

Kagome entreabrió poco a poco los ojos, y entonces, luego de un instante en que sólo vio niebla y sombras, divisó la mirada dorada, intensa y atenta en ella. Se incorporó de súbito asustada. Lo miró consternada.

- ¿Qué hace aquí? – Miró a su alrededor, la habitación casi en penumbras, una lámpara encendida, aunque menos mal la puerta estaba abierta...- ¡¡¿qué esta haciendo en mi habitación?!!

Se puso de pie lentamente, el rostro que en un principio vio de preocupación, cambió de inmediato, a la defensiva y la joven se dio cuenta que era por la forma en que le había hablado. El hielo de su mirada fue nítido.

- Tu madre dijo que te cuidara... pero como veo que lo del desmayo ya pasó... – Sonrió con ironía- ... ¿o fue un truco para llamar la atención?

Arrugó la frente, ofendida.

- ¿Y con qué finalidad?

Él la quedó mirando un instante y luego se encogió de hombros.

- Contigo nunca se sabe...- Musitó, volteando y saliendo de la alcoba.

A la muchacha le dolió sus palabras. Él desconfiaba de ella, desconfiaba mucho y eso le dolía... y también le dolía la cabeza de tanto pensar, de tanta conmoción, de tantas dudas a cerca de su futuro el cual veía a veces negro y siniestro...

- ¡¡Kagome!!... Kagome...

Alzó el rostro y vio a Houyo entrar a su alcoba, cerró la puerta tras su espalda y se aproximó rápido hasta la cama en donde se puso de rodillas y le tomó las manos. Ella abrió los ojos muy sorprendida ¿qué estaba haciendo ahí?... ¿Qué... qué estaba pasando?

- ¡Houyo! Pero... pero...

- Nadie me ha visto, hay tanta gente que difícilmente se dieron cuenta que yo estaba entre ellos...- Musitó.

Lucía ansioso y nervioso y por primera vez Kagome notó un extraño brillo en sus siempre apagados ojos.

- ¿Pero qué hace aquí? No puede... si él... si Inuyasha se entera... ¡lo matará!- Gimió horrorizada.

Se suponía que el duelo ya estaba decidido ¡él no debía estar ahí porque se le había perdonado la vida!

- ¡¡No puedo dejarla en manos de ese loco!!- Respondió en cambio y la obligó a ponerse de pie- ¡No lo permitiré!

- No, Houyo... por favor, váyase de aquí, todos están allá abajo, por favor, váyase... se lo suplico... no debemos volver a vernos, es por su bien.

El muchacho la miró impresionado, torció la boca sin creer lo que estaba escuchando.

- Acaso... acaso... ¿ya no me quiere?... ¿ya se dio por vencida?... ¿quiere casarse con ese hombre tan despreciable?

Kagome lo miró horrorizada.

- ¡Oh! No, claro que no- Respondió rápidamente, agitada y mirando hacia la puerta, sentía que esta se iba a abrir de un momento a otro- No... pero él le perdonó la vida, de otra forma no estaría aquí... y yo debo agradecerle eso... por favor, váyase, váyase o estaremos en problemas muy graves... ¡¡se lo suplico!!

El joven le tomó ambas manos y la acercó a su boca, pero antes de besarla vio el anillo de compromiso, la miró consternado.

- Ya... esta...

- No tuve opción...- Respondió a punto de sollozar-... por favor Houyo... váyase...

Él la miró con intensidad un eterno instante, luego le sonrió y le besó las manos con devoción.

- He preparado todo... hay un carruaje en la otra cuadra que nos espera... no es necesario que empaque, cuando lleguemos a mi ciudad le compraré todo lo que hace falta...

La muchacha entreabrió los labios, pestañeó varias veces hasta que finalmente balbuceó.

- Qu... quiere que... ¿huyamos?

- Sé que debimos hacerlo antes, mi querida Kagome, pero nunca es tarde... ¡vamos!

La arrastró hacia el pasillo y luego ella se opuso.

- ¡No!... ¿¿pero cómo se le ocurre??

- Ya esta comprometida ¿quiere casarse en verdad con ese hombre tan despreciable?!! Él, que lo único que quiere es vengarse por la falta cometida por Kikyou, él, que esta lleno de odio que nunca encontrará en usted nada bueno, él, que la aborrece tanto como a su hermana y como ella no esta desea hacerla sufrir a usted ¿eso es lo que quiere? Estar al lado de un hombre que tiene el corazón cargado de odio, rencor y venganza ¿acaso podría dejar que alguien así reclame sus derechos de esposo?... ¿¿¿eso quiere???

De la forma tan brutal y descarnada como se lo dijo pues... la dejó más angustiada y aterrada de lo que estaba.

No. De ninguna forma ella se sometería a un hombre así... podría pagar por mentir, podría pagar por los pecados de Kikyou... pero JAMAS dejaría que la tocara alguien por quien no sentía más que miedo y horror.

- ¡Ese hombre es repugnante, usted lo sabe!- Acotó Houyo.

Kagome jadeó y se le secó la boca. Él entendió su silencio como una aceptación a su propuesta y la arrastró consigo hasta el final del pasillo. Lo siguió, porque deseaba arrancar de allí, ser libre, libre como cuando recién comenzaban sus vacaciones. No quería someterse, no quería estar con alguien que la despreciaba, que la humillaba y que tenía el corazón roto por su hermana... que siempre recordaría el amor que sentía por su hermana...

¡Oh! Y cuando ella volviera... Imaginaba la escena. Lo imaginaba como bobo mirándola y tal vez siguiéndola. Luego, al ver el rechazo de Kikyou, se vengaría nuevamente de ella... estaría como loco, le reprocharía su mentira, le diría mil cosas horribles, despreciables, la sometería... la...

- ¡Suba!... ¡Rápido!- Ordenó Houyo.

Subió al coche asustada aun y se sentó rápidamente. A un lado Houyo lo hizo y de inmediato el cochero lo puso en marcha. Aun no era medianoche.

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Sango se tomó el borde de su vestido y corrió escaleras abajo. En el amplio salón, le costó divisar a Inuyasha, aunque su cabellera negra y larga era bastante visible desde donde ella estaba. Caminó presurosa con los labios apretados y se acercó a él fingiendo una sonrisa.

- Ahh, Inuyasha... necesito preguntarte algo...

El joven, que estaba conversando con un grupo de caballeros, la miró arrugando la frente presintiendo de inmediato algo malo. Dio un par de disculpas y se alejó siguiendo a la mujer a un lado. Cuando estuvieron cerca de la escalera sin nadie cerca ella arrugó el ceño y murmuró.

- He visto a tu prometida... con un hombre... creo que se han fugado...

Inuyasha tenía una copa en su mano y la apretó tanto de pura rabia que esta se quebró y le lastimó la palma. Poco le importó porque echó una maldición. Subió las escaleras seguido de Sango.

- Pero qué... como pudo... maldita mocosa...- Abrió la puerta de la alcoba y la encontró completamente vacía.

- Tal vez... fue obligada... oye... cálmate, cálmate...- Le tomó el hombro y él la miró con ojos ansiosos. Ella se sorprendió, jamás lo había visto tan agitado y tan enojado al mismo tiempo- Es una niña... tal vez... no sabe lo que hace...

Inuyasha tragó con dificultad. Sango no sabía la verdad del asunto... no podía decirle tampoco. ¡Maldita chiquilla!... ¿Por qué le había hecho eso?... ¿Por qué?... ¡Bah! Ese maldito Houyo... ya sabía que algo malo tramaba, lo reconoció en aquella mirada de rencor que le dio después del duelo... pero no dejaría que se escapara con ella, Kagome era suya, suya porque así lo había decidido. Echó una mano al bolsillo de su esmoquin y sacó la pequeña flor que antes había estado en los negros cabellos de ella. Nooo, se iba a casar con ella porque... porque... ya se había hecho la idea de hacerlo... sí, sí.

- ¡Los seguiré! – Volteó y luego se detuvo- Vigila la puerta, informa que Kagome te dijo que dormitaría un poco, que no quiere ser molestada... si sus padres se enteran de la fuga estará en graves problemas...

- Esta bien- Acotó la joven.

El hombre bajó con rapidez fingiendo una sonrisa y salió al fin al jardín. Pidió un caballo y se marchó con él a todo galope en medio de la oscuridad. Chiquilla tonta e impulsiva ¿cómo se le ocurría huir en medio de la noche?... ¿Acaso no sabía que con eso estaba su reputación más que arruinada?... ¿Acaso no pensaba en el dolor de sus padres cuando lo supieran y luego como serían tratados por la sociedad? Arrugó el ceño y miró el oscuro camino que tenía en frente... maldita muchachita imprudente y alocada... pero la culpa la tenía Houyo... Houyo, quien decía ser un caballero, ahora no respetaba el acuerdo y se la arrebataba... ese débil y sonso muchacho... estaba seguro que su amor no era tan grande como lo profesaba... y también estaba seguro que aquella niña ni siquiera sabía que era en verdad estar enamorado... cómo deseaba...

- ¡Feh! No la dejaré ir ¡jamás!

Continuará...


N/A: De antemano, gracias por los 400 reviews, wow, son muchísimos, me alegra que les guste el fic, va con cariño para todos los fans, esperando entretenerlas y hacerlas soñar sobre todo que muchas de nosotras estamos en época de vacaciones y bueno, las que siguen estudiando, les sirve para relajarse un poco. Gracias por sus mensajes y a todos quienes leen.

Les aseguro que a partir de este punto, las cosas comenzaran a cambiar jejeje

Kagome se fugó más que nada porque se dejó llevar por lo que le dijo Houyo, como que le entró el miedo y la desesperación, se supone que Inu la odia y desea vengarse, además, se imagina lo que pasaría estando a su lado y luego cuando Kikyou este cerca pues... jeje, andaría igual como sale en el anime n.n jaja.. bueno, Houyo se aprovechó de eso y la asustó, dejándose llevar. Y al fin y al cabo Houyo no es un "caballero" pues ni siquiera cumplió su palabra y... veremos si en verdad ama tanto a Kagome como para hacer cualquier cosa por ella jeje...

Gracias por leer, escribí rápido y bastante porque estaba enferma jaja, sii, es raro, pero cuando me enfermo, suelo inspirarme más... será el deliro de la fiebre o.o

Nos vemos y FELIZ AÑOOO!!

Lady Sakura Lee