Ranma ½ y todos sus personajes son creación y propiedad de la célebre artista japonesa Rumiko Takahashi. Esta historia no la escribo con fines de lucro sino como un homenaje a su gran obra que tras muchos años sigue encendiendo de dicha nuestros corazones y de imaginación nuestras mentes inspirándonos siempre gran diversión.
Fantasy Fics Estudios es un grupo de fans reunidos en torno al amor por la creación del fanfiction, la escritura y la fantasía en general, promoviendo el libre uso de la imaginación y luchando contra la dictadura de la realidad y la gris "madurez" que el mundo trata de imponernos aplacando la exquisita diversidad en nuestras almas.
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Fantasy Fics Estudios presenta un íntimo fic de Noham Theonaus.
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El cielo de un azul intenso era cruzado por nubes blancas, las que se movían con inusitada velocidad. El sol del mediodía no los molestaba por la fría brisa que refrescaba sus cuerpos. El camino de tierra aplanado era adornado con las verjas de piedra de mar de apenas un metro de alto que rodeaba los sitios con las antiguas casas japonesas de aspecto rural. Descendiendo por la ruta podían ver a lo lejos una carretera pavimentaba que se dirigía hacia la pequeña ciudad costera.
Akane susurraba una pegajosa tonada. Arrastraba con un poco de relajo la punta de las sandalias de goma como si amenazaran con salirse de sus pequeños pies en cada paso. El delgado vestido blanco de delicados detalles en la costura, un poco traslúcido que le llegaba hasta la mitad de los muslos, cubría apenas el traje de baño, las cintas del vestido se confundían con las el bañador y con las otras líneas más pálidas que quedaron dibujadas en su piel clara, en contraste con el intenso bronceado que ahora lucía en el resto de su cuerpo. Usaba además un divertido sombrero de paja de alas muy amplias, con una fina cinta esmeralda de adorno, que hacía sombra sobre sus hombros. Abrazaba una malla cargando un par de pequeñas sandías en su interior.
Otra chica caminaba delante de ella, más relajada y de gestos instintivamente bruscos. Arrastraba sandalias de goma que no eran de su talla, quedándole mucho más grandes. Vestía un masculino traje de baño holgado y una camisa manga corta de alegres colores desabotonada hasta la mitad del pecho, revelando una ajustada sudadera deportiva. La chica tenía el cabello cogido en una corta trenza estilo chino que bailaba sobre su espalda. Con inusual fuerza cargaba en cada mano una malla con un par de sandías en cada una.
—Akane —la chica la llamó mirándola hacia atrás, dirigiéndose a ella en términos hoscos y masculinos, con la voz un poco ronca y raspada al arrastrar perezosamente las últimas sílabas—, ¿no crees que son muchas para nosotros dos?
La joven dejó de tararear y recién prestándole atención observó sus sandías como si contara mentalmente, luego las que cargaba la otra chica en cada mano y después la miró directamente a ella.
—Conociéndote, Ranma, con lo glotón que eres, quizás debimos comprar más.
— ¿A quién llamaste glotón? Por si no lo recuerdas, fuiste tú la que ayer se comió mi parte del…
Akane se rió de sus protestas, dejó de escucharlo y cerró los ojos sintiendo la renovada fragancia de los árboles y el sonido lejano del oleaje que la envolvió con una cosquillosa sensación de felicidad. Al rato notó que él, o "ella", seguía protestando.
—Ranma —Akane lo llamó intentando interrumpirlo—. ¡Ranma!
—… ¿Qué?
—Te amo.
— ¿Ah?
"Ella", o en realidad él, se quedó perplejo. Deteniéndose en el camino la observó detenidamente sin decir palabra, mientras que Akane, igual de absorta en sus ideas como al principio, siguió caminando cruzándose distraída delante de su esposo, convertido en "esposa".
—Ranma, qué haces quedándote atrás, apresúrate —le ordenó risueña.
—Eh… Pero yo… Tú… ¡Boba, eso fue trampa! No puedes ganar una discusión así.
—Sí, sí, cómo tú digas.
—Akane, ¡no me estás escuchando! —caminó redoblando los pasos para intentar alcanzarla.
—Que si lo hago.
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La esposa secuestrada
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"Okinawa"
- Parte 1 -
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La chica todavía vestida con los masculinos pantalones de baño y una camiseta holgada, se encontraba descansando de espaldas en el piso de la pequeña cabaña. Las piernas dobladas más allá del borde de la casa, colgaban descansando los pies desnudos sobre el fino césped del jardín. El pequeño patio estaba rodeado por una hilera de arbustos podados como si fueran una lisa pared verde. El lugar era pequeño, no exento de pequeños lujos, que le otorgaba privacidad a la vez de las comodidades de una casa propia. A Ranma le gustaba, ya que no debía estar dando explicaciones porque últimamente se la había pasado más tiempo en su forma maldita de lo que antes hubiera preferido. El señor Takeda se había ganado un punto más en su afecto por haber elegido un lugar tan cómodo para sus vacaciones.
Le había salvado la vida a su jefe después de todo, ¿quedaba alguna duda que él se quedaría con el premio al empleado del mes?
Sin embargo, tener una maldición era molesto, en especial cuando iba al mar. El primer día no había querido meterse al agua, insistió tercamente en no transformarse quedándose bajo el quitasol toda la tarde, mirando como Akane se divertía junto a las olas. Fue un desastre, su esposa se la pasó sintiéndose culpable por él, mientras que él se la pasó todo el día sintiéndose culpable por ella.
"Ranma, es como si fuera nuestra luna de miel."
Bastaron esas pocas palabras de Akane, al inicio de la aventura cuando se encontraban tomando el bus que los llevaría al aeropuerto, lugar donde se despidieron de todos sus nuevos amigos en la ciudad, para provocarle tanta porfía. La idea de "luna de miel" lo había hecho luchar contra su transformación, quería "ser él" lo más que pudiera. En estar aunque fuera un día completo en la playa siendo un hombre para su esposa.
Al segundo día, se rindió y prefirió ceder a la maldición para disfrutar del agua junto a Akane. Al principio fue divertido, hasta que contó al décimo grupo de idiotas que quiso acercarse "a ellas" con el ánimo de ligar una cita. ¡Era el maldito esposo de Akane y no podía decírselo a nadie! Bueno, sí lo había hecho en un momento de furor, y todo lo que consiguió fue que el resto de los veraneantes en ese lugar las creyeran "una pareja de chicas especial"; avergonzando a Akane más de lo que hubiera querido.
Recordándolo se llevó una mano al rostro. Por lo menos no los habían vuelto a molestar… No hombres a lo menos, ¿quién pensaría que luego serían "chicas" las que tratarían de ligar una cita con "ellas"?
Era el tercer día y en un acto de rebeldía aceptó de nuevo la maldición, pero no se puso un traje de baño femenino aunque pareciera el personaje más extraño de la playa. Vestido como hombre se mantuvo firme y agresivo durante todo el día. Además que no lo ayudaba haber sido reconocido por algunos bañistas como "la pareja de esposas". Akane notaba su incomodidad, él lo sabía, porque ella se había comportado muy dulce y encantadora, como hacía cada vez que se sentía mal por él.
Sí, tan tonta como aquella vez en que la recordó comportándose de la misma manera con él, por culpa del estúpido resultado de una absurda competencia que tuvo con el "famoso novio de la Rosa Blanca", una antigua rival de la hermana menor de Kuno. Un desafío al que Akane lo había arrastrado contra su voluntad por toda la ciudad haciendo causa común con Kodachi. ¡Akane haciendo equipo con Kodachi! ¿Y qué sucedió? Todavía le molestaba cómo Akane actuó de manera dulce y melosa con él durante toda una semana, sintiéndose culpable, porque junto con Kodachi habían aceptado la derrota; al haber encontrado a ese otro chico más apuesto que él. Si Akane hubiese sabido que sus atenciones más lo irritaban en lugar de ayudarlo a perdonarla… ¡Además que ellas fueron un par de idiotas y ciegas, si él seguía siendo el más apuesto y el más fuerte, el más dedicado, el más… el más…! Cómo fuera, qué más podía esperar de Akane con el pésimo gusto que tenía.
¿En qué estaba pensando? Se frotó el rostro con fuerza, pareciera que cuando algo lo humillaba recordaba todo lo malo que también le había sucedido en el pasado, y no lo hizo sentir mejor. ¿Y si entrenaba un poco? Movió la cabeza en el piso negándose a la idea, si lo hacía Akane adivinaría que se encontraba todavía molesto y más boba se comportaría intentando animarlo. Él podía perfectamente olvidarse del asunto y seguir disfrutando de su "luna de miel". Bien, lo hacía, estaba divirtiéndose mucho en esos días; pero no todo era perfecto por culpa de la maldición de Jusenkyo.
¿Y si volvía a preocuparse por conseguir una cura?
Dos años atrás se había dado por vencido, en realidad no del todo, pero desde que Akane había entrado a la universidad fueron tantas las preocupaciones porque ningún idiota se le acercara que no tuvo tiempo de pensar en nada más. Además de los dos o tres trabajos que hacía al principio para reunir dinero y ayudar a mantener el hogar de los Tendo, tras haberse enterado en ese tiempo por una confesión de Kasumi que los ahorros de la familia se estaban terminando; ¡Y pagar la universidad de Akane sin que ella llegase a enterarse no fue nada sencillo!
Sonrió mostrando los dientes. No es que quisiera burlarse de ella al no decírselo, pero temía que el gran orgullo de Akane la hubiese hecho buscar entonces un empleo por su cuenta en lugar de estudiar con dedicación aceptando su ayuda, porque si se llegaba a enterar que era él quién corría con los gastos de la casa y los de ella… Por eso también él mismo se había negado a entrar a la universidad, por falta de tiempo y recursos, aunque debí reconocer que nunca le importó el asunto más allá de un par de discusiones con su madre, si ya a la preparatoria asistió únicamente porque fue obligado por su padre y con el único fin de mejorar su relación con Akane cuando apenas se habían conocido. Además, ¿para qué quería hacer algo que no le interesaba en lo más mínimo?
Aunque hubo momentos en los que si deseó estudiar al lado de Akane, seguir viviendo como lo habían hecho en los días de escuela. La separación, si bien fue por pocas horas durante el día, le había costado más de lo que jamás imaginó. Tantos años viviendo a todas horas junto a ella lo habían malacostumbrado a su presencia.
Una preocupante duda lo asaltó: ¿Akane querría retomar sus estudios si llegasen a regresar a Nerima? Comenzó a pensar otra vez en el dinero y su gravitante importancia. Comenzaba a entender la obsesión de su padre por escapar en un prolongado viaje de entrenamiento, huir de todas las responsabilidades de sostener a una familia con una conveniente excusa. Sin embargo, él no sería como Genma, él conseguiría triunfar sobre la vida como si se tratara de otro rival.
Si tan sólo fuera el dinero la mayor de sus preocupaciones cuando recordaba los días de Akane en la universidad, que no distaban lo suficiente como para hacerlo sentir mejor, ya que no habían pasado más que algunos pocos meses desde que huyeron de Nerima.
Detalles, demasiados detalles que no quería recordar de la universidad. Los celos, los malentendidos, aquel par de idiotas que se hacían los inocentes corderos frente a su entonces prometida, pero que eran los que más problemas le habían provocado a él, ¡y uno de ellos era un maestro! Grandísimo pervertido y degenerado que se jactaba de haberse aprovechado de muchas alumnas en el pasado cuando lo enfrentó; por suerte le dejó la cara de tal manera que jamás creía iba a poder engañar a otra chica inocente… Y también gracias a Nabiki, la que lo ayudó a tenderle una trampa a ese malnacido, grabando su confesión. La hermana de Akane podía llegar a ser realmente escalofriante si se la tenía de enemiga y todavía le agradecía aquel pequeño favor.
Aunque le costó literalmente el trabajo de tres meses pagarle su ayuda.
Y Akane nunca sospechó de nada cuando le anunciaron que aquel "amable maestro" había pedido un traslado urgente a una lejana ciudad cerca de las montañas, en un ambiente agradable y lejos de todo contacto conocido. Se rió rememorando el malévolo placer que sintió en sus nudillos.
Después la situación se tornó más sencilla con el inicio de su carrera como un luchador profesional, los torneos dieron un vuelco en su precaria situación económica y también en el tiempo libre que disponía para vigilar a su prometida. Pasaba tanto tiempo en la universidad de Akane que parecía un alumno más. Además de conseguir otros interesantes trabajos mejores pagados gracias a su creciente popularidad en el arte.
Una vez trabajó en una película de espadas y artes marciales como un doble, y también como asesor de las coreografías. Días en los que tuvo que trasladarse a Kioto como si se trataran de unas cortas vacaciones, en especial porque Akane lo quiso acompañar sin esperar una negativa, aunque tuvo que esgrimir cien excusas distintas para no reconocer que estaba preocupada por él. Allí recibió más heridas por su ahora esposa y en ese tiempo prometida que en las peligrosas escenas de acción, al haber estado ella todo el tiempo celosa de la actriz principal que no sabía por qué motivos lo acosaba; Bien, en realidad sí lo sabía, no podía negar lo apuesto que él era que incluso opacaba al actor principal…
… ¡Y a la ciega de Akane se le había ocurrido elegir a otro como el más apuesto! Chistó entre dientes, todavía no podía olvidar aquel incidente con la Rosa Blanca.
¡Demonios! ¿Es que acaso no podía dejar de pensar en idioteces que más lo enfurecían?
La maldición de Jusenkyo tenía la culpa de todo. Debería estar disfrutando de la nueva vida que tenía con ella, en el que todas las dudas del pasado habían quedado para siempre enterradas. Pero no podía, porque no ser capaz estar un día en la playa junto a su mujer sin sentirse humillado de alguna manera lo estaba enloqueciendo. ¿Pero era en realidad la maldición lo que más lo molestaba, o no poder proteger a su esposa de la mirada lasciva de esos malditos pervertidos que abundaban más que las molestas moscas?
El viento hizo sonar la campanilla que colgaba de la salida al jardín con un melódico y relajante canto. Se calmó un poco y estiró los brazos sobre el piso. Cerró los ojos un momento, comenzó a sentirse más calmado, relajado, dejándose llevar por la paz que tanto le faltaba minutos atrás. Era tal el silencio que creía poder escuchar las nubes cruzar rápidamente el cielo. ¿A qué sonaban las nubes? Era algo esponjoso, no, era más bien suave como si una superficie blanda se deslizara por un suelo de tablas. "Espera", pensó somnoliento, "eso no es una nube". ¿Estaba medio dormido que pensaba idioteces sin sentido? Abrió los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás levantando ligeramente los hombros, viendo todo de cabeza descubrió que la causante del ruido era su mujer.
Akane entraba y salía de la habitación, que era grande en comparación a la pequeña sala. Parecía que buscaba algo que había extraviado en alguno de los bolsos que todavía no había desempacado. Se llevaba un dedo a los labios pensando, regresó a la habitación. Volvió a salir.
—Ranma, ¿sabes dónde…? Oh, perdóname, te estabas quedando dormido.
—Estoy despierto, no te preocupes. ¿Revisaste el bolso azul? Segundo bolsillo de cierre más pequeño.
La chica lo miró dubitativa. Obedeció y hurgando se encontró con un pequeño estuche de cosméticos.
—Aquí está. Gracias, Ranma.
No respondió. Examinó detenidamente a su esposa, había olvidado lo bien que le quedaban la faldas cortas, que usaba menos desde que se habían casado, y que en ese ángulo tenía una vista privilegiada del inicio de las bronceadas piernas. Se quedó estático esperando a que la brisa entrara con un poco más de fuerza como lo había hecho hace un rato. Akane se inclinó un momento dándole la espalda para buscar algo más en uno de los bolsos. Ranma forzó su cuello para mover la cabeza hacia atrás con mayor interés levantando un poco más los hombros.
—Ranma, ¿has visto…? —Al volverse la chica notó que su esposo, ahora "esposa", cerraba los ojos con fuerza, acostado de espaldas y tensándose como si se hubiera movido recién bruscamente— ¿Y a ti qué te sucede?
—Nada. ¿Me ibas a preguntar algo?
—Ah, sí, era si sabías donde quedaron las…
—El bolso negro que dejaste en la habitación —respondió adelantándose impaciente, con un ligero tono de ansiedad que ella no percibió.
—Allí guardamos las toallas.
—Debajo de ellas.
— ¿Sí, de verdad? —un poco confundida, Akane deslizó las sandalias de regreso a la alcoba. Desde donde la escuchó alzar la voz—. Aquí están.
—Torpe —murmuró entre dientes, dejando escapar un poco su decepción por lo que casi había visto y no pudo.
— ¡Te escuché!
Apretó los labios con una traviesa sonrisa. Se relajó con la brisa que volvía a soplar con fuerza provocándole un refrescante cosquilleo en la piel, deslizándose bajo los abultados pantalones de baño que le quedaban muy grandes en su cuerpo diminuto, más pequeño que el de Akane cuando estaba convertido en mujer. Enfriándole también el abdomen y los brazos erizándole los vellos de la nuca.
—Y ahora llegas —se quejó en un murmullo del viento.
— ¿Me dijiste algo? —Akane volvió a aparecer en la pequeña sala. Tenía las puntas de los costados y mechones de su corta melena cómicamente recogidos sobre la cabeza con un par de pinchos para el cabello dejando su frente al descubierto. Se veía en su rostro las primeras marcas de un sencillo pero coqueto maquillaje que buscaba resaltar su encanto natural.
Ranma volvió a inclinar la cabeza hacia atrás mirándola al revés.
— ¿Y ese vestido? —dijo mitad murmullo, mitad gruñido, con los ojos pesados y aletargado por el sopor que le provocaba la lentitud de la tarde y el exquisito aire de la costa.
La chica ya se había cambiado la falda corta y la sencilla blusa por un vestido completo que le llegaba a los muslos, ajustado coquetamente en la cintura, más formal y ligero con un pequeño estampado de flores en uno de los costados.
— ¿Te gusta?
Ranma se quedó en silencio.
— ¿Y por qué no te has transformado todavía? ¿Pusiste ya la tetera? —Akane volvió a preguntarle tratando de disimular su turbación, con el rubor tiñendo sus mejillas al notar la forma tan directa con que él la observaba con descaro estudiando su cuerpo a placer.
—Hace calor, no quiero mojarme con agua caliente todavía —cerró los ojos enderezando la cabeza. Descansando otra vez la espalda en el piso, ignorándola.
La chica se sintió un poco triste y frustrada por haberle preguntado recordándole la maldición.
—Lo siento…
— ¡Ya basta, te dije que no me importaba! Después me daré un baño, no te preocupes tenemos tiempo.
Ella asintió obediente, prefirió no seguir con el tema. A pesar de lo felices que habían sido los primeros días en Okinawa, no podía negar las dificultades que su esposo estaba teniendo por el tema de la maldición. Quizás debieron pedirle al jefe de Ranma que cambiara el lugar del premio, tal vez hubiera sido mejor ir las montañas o algo por el estilo, donde no se sintiera obligado a cambiar de cuerpo. Despejó las dudas agitando la cabeza, empuñó la mano decidida, no iba a permitir que Jusenkyo les volviera arruinar los mejores momentos de sus vidas, ella se iba a encargar de eso.
—Akane.
— ¿Sí, Ranma? —preguntó animada y solícita.
— ¿Me alcanzas una botella con agua? Tengo sed.
Ella atravesó la sala dispuesta a mimarlo un poco. Al cruzar casi por encima de la cabeza de Ranma, "la joven", que aparentaba tener los ojos cerrados, los abrió siguiéndola atentamente con malicia. La cocina estaba a un costado de la entrada al jardín. Ranma rápidamente levantó los pies apoyándolos sobre el borde del piso y empujó, deslizando su pequeño cuerpo femenino con grácil agilidad medio metro hacia el interior de la sala, arqueando el cuerpo como una serpiente hasta que las piernas quedaron estiradas completamente dentro de la cabaña. Teniendo ahora una vista privilegiada de la cocina. No se cansó de seguir las piernas de su esposa con los ojos entrecerrados.
Akane abrió la nevera, las botellas con agua fría se encontraban apiladas en la parte más baja y ella se inclinó para coger la primera que tenía al alcance de la mano.
—Akane, no quiero agua sola, ¿hay con sabor a limón?
— ¿Limón? —la chica repitió un poco molesta cuando ya tenía una botella en la mano. La devolvió a su lugar y hurgó entre las otras botellas encontrando finalmente una. Antes de levantarse lo volvió a escuchar.
—No, me arrepentí. ¿Puede ser agua con sabor a mango?
—Mango —repitió ya no tan amable—, ¿qué es un mango? —tardó un poco en reacomodar la botella anterior. Se afirmaba por costumbre el borde de la falda con una mano, pero impaciente la soltó para usar ambas para registrar las botellas buscando algo que se llamara "mango"—, no veo aquí, parece que no compramos nada con sabor a mango o cómo se llame.
—Sí lo hicimos, debe estar por allí. Sigue buscando —"la otra chica" la miraba con una malévola sonrisa, cada vez menos cuidadosa para ocultar su afán.
—La encontré —Akane leyó lentamente la etiqueta, pronunciando con exageración las vocales, mirando con curiosidad el dibujo de la exótica fruta—, "man-go". Qué cosa más extraña.
— ¿Queda jugo de frutas? Lo siento, Akane, pero prefiero un…
— ¡Jugo! —bufó la chica. Si no fuera porque al escuchar "la femenina voz" de su esposo se acordaba de la maldición, de lo molesto y triste que él que se veía hace un rato y de cómo ella se había propuesto hacerle el día perfecto, ya lo habría enviado al demonio—. Hay en tres sabores… —se levantó y miró hacia atrás. Se sintió un poco confundida al ver a la chica de masculinos atuendos con los ojos cerrados a la fuerza, la cabeza mirando el techo y en una posición extraña, porque creía recordarlo recostado un poco más afuera de la sala— Eh… Queda de piña, sandía y kiwi.
— ¡Piña! —exclamó feliz como un niño pequeño.
Akane se enterneció. Con los años había notado como Ranma se mostraba más expresivo cuando estaba transformado en una chica, como un disfraz que le permitía ser más abierto de lo normal. Pero en los últimos meses él había dejado de recurrir a la maldición para decir lo que sentía y eso la hacía también un poco más feliz. Volvió a inclinarse sosteniendo con una mano la puerta de la nevera, con el ánimo renovado cogió la botella con el jugo de piña que por suerte estaba al frente de las otras.
— ¿Puede ser mejor sandía?
—Sandía… —Akane soltó la botella y la deslizó hacia un lado introduciendo la mano en búsqueda de la otra. Apenas consiguió rozar la nueva botella con la punta de los dedos.
— ¡Mejor kiwi!
Akane soltó la botella que acababa de coger y movió la mano impaciente. Ésta vez estaba orgullosa de habérsele adelantado, dejando la botella con jugo de Kiwi al alcance de su mano.
—Prefiero agua en realidad, sin nada. Pura, "lisa y sin bordados", cristalina.
— ¿Bordados?
— ¡Adornos!, quise decir "lisa y sin adornos", eso. ¿Y mi agua?
La chica se quedó quieta con los dedos alrededor de la botella de jugo de kiwi, muy confundida por la cansadora indecisión de su esposo.
—Agua… ¿Ahora sí que estás seguro?
—Sí.
— ¿Completamente?
—Completamente —le respondió con un inquietante tono de voz lleno de relajante satisfacción, junto con una extraña risilla.
—Agua entonces —cogiendo una botella cerró la puerta de la nevera con prisa, no quería que volviera a cambiar de idea. Se levantó estirando el vestido bajo su espalda con una mano en un gesto instintivo y regresó donde la otra chica la esperaba con los ojos cerrados y el rostro hacia el techo—. Ranma, ¿te echaste bloqueador solar cuando estuvimos en la playa?
—Sí, ¿por qué lo preguntas?—respondió recibiendo la botella al levantar el brazo sin siquiera abrir los ojos.
—Estás todo rojo, ¿seguro que no tomaste mucho sol?
—No te preocupes —abrió un ojo, después el otro. Hizo un extraño gesto de sorpresa al ver a su esposa casi encima de él, dio fugaces miradas hacia arriba, entre las piernas bronceadas de su mujer, antes de dirigirse a sus ojos—. Eh… Gracias, Akane.
—Por nada. Pero la próxima vez que estés tan exigente irás tú mismo, ¿o crees que soy tu sirvienta?
—Lo siento, es que no me decidía.
Ella se dirigió de regreso a la habitación.
— ¿Trajiste tu vestido verde? —Ranma preguntó antes de beber un poco de agua, apoyándose en los codos para levantarse un poco del suelo. Parecía afiebrado.
— ¿Qué vestido verde?
—Akane, me refiero a ese vestido verde que hace tiempo no utilizas.
—Ah, ése, sí, creo que sí. Pero no pensé que quisieras que me lo pusiera.
— ¿Y por qué no?
—Bueno, creo que es un poco corto para mí… Ahora que estoy casada…
—Vaya, vaya, ¿así que más corto que el que estás usando ahora?
— ¿De qué estás hablando? No comprendo qué se te metió en la cabeza, estás muy extraño hoy.
—Ya veo —la mirada afilada de la chica tirada en el piso, con un misterioso reflejo en los ojos, le provocó un ligero escalofrío a Akane, y no de miedo—, así que podías andar con ese vestido en la universidad para placer de todos esos babosos, pero aquí, junto a tu esposo, no quieres.
— ¡Yo no me refería a eso, tonto! Bien, me lo colocaré, ¿contento ahora? Estás peor que un niño taimado.
Se encerró en la habitación, pero una vez adentro en lugar de seguir molesta se sonrojó conteniendo una divertida risa. Le encantaba ver a Ranma celoso. ¡Y claro que sabía que lo estaba! Lo conocía bastante bien.
Apenas Akane dejó la sala, Ranma tiró la botella al aire y se levantó de un acrobático giro impulsándose únicamente con las piernas, para volverla a atraparla una vez en pie. Corrió a la cocina, impaciente llenó la tetera con la misma botella y la colocó al fuego. Cruzó los brazos y esperó marcando los segundos con el pie.
La puerta de la habitación se abrió y Akane apareció dando cortos pasos, se sentía avergonzada e incómoda, no solamente por lo corto vestido que en realidad sí era más provocativo de los que estaba acostumbrada a utilizar en los últimos meses y que además antes siempre usaba con medias oscuras o algo que le cubriera las piernas no como ahora; si no también al sentirse humillada pero a la vez extrañamente curiosa por haber sido "obligada por él" a vestirlo. Era la primera vez que él se comportaba de esa manera tan demandante. ¿Sería culpa de los celos? ¿Y por qué lo complacía? ¿Le gustaba a ella esa situación como un triunfo para su orgullo, al sentirse admirada tan celosamente por él mismo atolondrado Ranma que años atrás no se cansaba de ofenderla?
— ¡L-Listo!, más te vale que no se trate de otra de tus bromas, Ranma, porque si no… ¿Ah? ¿Dónde te metiste ahora?
La chica con la camiseta masculina que le quedaba grande, tan abultada como el pantalón de baño que utilizaba, asomó la mano desde la cocina llamando su atención.
—Aquí… —al ver a Akane, su voz decayó rápidamente observándola en silencio.
— ¿Qué haces en la cocina?
Ranma sacudió la cabeza para volver en sí. Respondiendo con fuerza para que no se descubriera su turbación.
—Calentando un poco de agua, ¿qué no lo ves?
—Pero recién me dijiste que te darías un baño en lugar de… ¿Por qué me miras tanto?
—Nada, nada —se rió—, pero el rosado te queda bastante bien, definitivamente, mucho mejor que el azul.
— ¿Rosado, qué rosado? —se miró por reflejo, ella no llevaba puesto ningún adorno rosado sobre el vestido verde, a menos que él estuviera hablando de su…
— ¡Pervertido! —gritó sonrojada furiosamente cubriéndose entre las piernas con las manos y los cortísimos pliegues del vestido. Cuando el pitido de la tetera hirviendo la puso en alerta. En aquel instante ella presintió una amenaza, como lo haría en sus mejores tiempos de artista marcial ante una peligrosa emboscada—. No… —murmuró comprendiendo la situación en la que se encontraba, mirando en todas direcciones, no teniendo dónde escapar de los voraces ojos de su esposo— ¡No! Espera un momento, Ranma. Íbamos a cenar fuera, ¿ya lo olvidaste? —Reclamó retrocediendo lentamente, en lo que parecía ser más una súplica infantil, asustada, con los ojos humedecidos— ¡Me prometiste que íbamos a salir!
—Así que pervertido, ¿eh? —Ranma con un lento, enérgico y fríamente calculado movimiento lleno de provocación, deslizó la perilla apagando el fuego. Siempre mirándola a ella, acosándola como si la tuviera arrinconada únicamente con su deseo, levantando la comisura de su labio en una macabra sonrisa que la hizo temblar.
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Un hotel compuesto por cómodas cabañas individuales para el placer de las parejas, el hermoso clima subtropical en una de las paradisiacas islas del archipiélago de la prefectura de Okinawa y dos semanas por delante con kilómetros de agua separándolos de las molestias de siempre, ¿qué más se podía pedir para una postergada, pero no menos perfecta, luna de miel? Por supuesto, un restaurante al aire libre con una maravillosa vista del mar desde el balcón del hotel, separado de las olas por una alta pared de rocas.
El día se encontraba en su ocaso, el horizonte se teñía de colores que iban desde el anaranjado y dorado más intensos alrededor de un sol que ya rozaba la superficie de las aguas, hasta los celestes y púrpuras más profundos en lo alto de la bóveda celeste.
La brisa constante no molestaba a los visitantes que disfrutaban del momento y de las exquisiteces del menú. Los bordes de los manteles blancos danzaban con el aire enredándose en las piernas de los comensales. Las puntas de las servilletas temblaban sostenidas bajo el peso de los platillos y las copas. De la misma manera se mecía con la brisa el encantador cabello de Akane, que Ranma no se cansaba de admirar secretamente, mientras pudiera evitar los ojos de su enfadada mujer.
Sentados en una mesa cerca del balcón cenaban en silencio, en contraste con los demás veraneantes que disfrutaban de la charla tanto como la comida. Akane se mantenía erguida, comiendo con gestos tímidos y dejando entrever en su rostro que todavía se hallaba ligeramente enfadada. Ranma intentaban mostrarse arrepentido, realmente lo intentaba en los pocos momentos que ella levantaba el rostro y lo espiaba por debajo de los porfiados mechones que con la brisa no se decidían para qué lado quedarse quietos. Pero apenas ella volvía a su plato, él dejaba de fingir, y también de comer, observándola como si quisiera grabar para siempre ese momento en su memoria: Akane silenciosa con el océano dorado de fondo y el cabello revuelto.
Suspiró aletargado antes de volver al mundo real.
—Akane.
—No me hables, "Saotome".
Ranma mostró los dientes en un exagerado gesto de dolor.
—De verdad lo siento.
—Aunque lo repitas veinte veces más, no estoy dispuesta a perdonarte por ahora.
—Dijiste "por ahora" —recalcó el entusiasta joven taimado—, ¿después de la cena sí me perdonarás?
Trató de coger la mano de Akane, la que ella retiró bruscamente adivinando sus intenciones.
—Ni siquiera lo intentes o será peor.
La chica protegía su cuerpo de la irritante mirada de su joven esposo con un hermoso vestido de verano, de tonos crema y detalles celestes con bonitos bordados y muy, pero muy recatado. Llegándole hasta los tobillos y con un muy ligero escote adornado con cintas atadas como una flor.
— ¿Qué me miras? —Akane gruñó como un tigre enjaulado con los palillos entre los labios, al descubrirlo otra vez observándola con esa mirada pervertida.
—Te ves hermosa —intentó decirle, forzando una inocente sonrisa cuando sudaba sintiendo la amenaza.
— ¡Ya, cállate! —se quejó sonrojada, ocultando con forzado enojo su nerviosismo.
—Vamos, Akane, ni siquiera sé qué te molestó tanto.
— ¿Y todavía me lo preguntas?
—Bueno…
— ¡Fuiste un desconsiderado, egoísta, estúpido, bruto, energúmeno, brusco, violento, troglodita, animal…!
—Akane, baja la voz —el joven le ordenó cohibido—, pueden escucharte.
— ¡Y bestia! Te comportaste como una bestia conmigo. ¿Qué fue todo eso, ah?
—No lo sé —admitió sonrojado hasta las orejas—, es que no me medí y…
— ¿Medirte, tú? Se ve que no sabes lo que significa esa palabra. Te pedí que pararas y ni siquiera me escuchaste.
—Akane, lo lamento.
—Además que me debes un vestido.
—Te regalaré otro.
—Y mi ropa in… in… ¡eso!
—Y "eso", claro, ya entendí —Ranma se burló fingiendo de manera exagerada un infantil tono de arrepentimiento, mientras agregó como si estuviera citando una lección de memoria—; No debo volver a rasgar la ropa interior de mi esposa con las manos…
— ¡No lo repitas! —Akane enrojeció furiosamente erizándosele el cabello.
— ¿Entonces a la próxima vez lo haré con los dientes? —Ranma levantó una ceja mirándola de manera provocadora.
— ¡Voy a matarte! —Gritó, tembló intentando contenerse— Realmente voy a matarte… ¿Quieres callarte de una buena vez?
— ¡Pero si tú estás levantando la voz desde el principio! ¿Quién te entiende?
Akane respiró con dificultad. Evitándolo pensó en voz alta en un débil murmullo:
—Por tu culpa ahora apenas puedo moverme.
— ¿Qué dijiste?
— ¡Nada, guarda silencio, tonto!
— ¿Y ahora te muestras avergonzada después de haberlo gritado a todo el mundo?
— ¿Vas a seguir?
—Eh… No —incluso Ranma sabía cuándo debía detenerse al notar que el furor de Akane ya no era divertido. Se sentía igual de avergonzado con la situación, pero no dejaba de sentir ese extraño placer en la situación en que tenía a su mujer, que ahora lo motivaba a ser más osado—. Nada, nada, ya te dije que lo sentía —el joven juntó ambas manos en señal de paz—. Perdóname. ¿Quieres parar ya? Además, también te gustó cuando…
— ¿Gustarme? Pudiste haber sido mucho más romántico y dulce. Y normalmente lo eres —dudó por un momento en su enojo, parecía estarse ablandando cuando la rabia volvió a alimentar el fuego de sus ojos—, pero no, fuiste muy brusco conmigo… ¿Qué te ríes? Ni siquiera estás arrepentido —le tiró la servilleta por la cabeza.
Ranma hacía enormes esfuerzos para no estallar en una carcajada.
— ¡Lo estoy! Ah… bueno, un poco. Creo… Casi, casi, lo estoy intentando…
El rostro de niño feliz y satisfecho que tenía su esposo fue lo que más la irritó.
— ¡Animal! —Akane casi lloró de indignación— Tú no me tocas otra vez en lo que me queda de vida.
—Pero, pero, pero, Akane… —la risa de Ranma se desinfló de golpe, con el cabello desaliñado y los ojos abiertos, asustado no sabiendo qué decir—. Pero, pero…
Ella se calmó un poco exhalando un profundo suspiro. Al verlo tan afectado temió que se lo llegara a tomar seriamente. Conociéndolo, podía ser lo más seguro.
—Tal vez, quizás, ¿no por esta semana?
—Akane…
Esos ojos, ¡otra vez esos ojos que la miraban como si hubiera sufrido la más espantosa de las derrotas! No estaba siendo justo, ¿por qué usaba eso con ella? ¿Podía haber algo más hiriente para su voluntad de acero, que los quejidos de su esposo cuando se mostraba tan desvalido y necesitado? Era imposible que él estuviera fingiendo, no cuando su rostro se mostró tan demacrado, igual a como aquella ocasión durante el angustiante desencuentro que tuvieron en Ryugenzawa años atrás, cuando lo abofeteó contra su propia deseo. Suspiró pesadamente y sus manos temblaron, era demasiado doloroso para ella.
—Ya… No tienes que ponerte así. Será sólo por hoy. ¿Me escuchaste? Únicamente por hoy, ¿estará bien así?...
— ¡Trato! —respondió al instante volviendo a estar tan alegre como al principio.
El rostro de Akane se desencajó.
—Espera un momento, ¿estabas fingiendo?
—No, ¡no! Claro que no —Ranma reaccionó asustado al percatarse que su boca otra vez lo estaba traicionando. Su actuación había sido perfecta hasta ese momento, comenzaba a dominar los puntos débiles de Akane. Para su preocupación, su esposa comenzó a empuñar las manos otra vez, sabía que se le había pasado la mano con la última broma. Miró en todas direcciones desesperado y cuando descubrió un pequeño puesto de flores a la salida del restaurante se levantó rápidamente—. Espérame un momento, Akane, regreso enseguida.
El espíritu de Akane se enfrió peligrosamente como el aire a su alrededor.
— ¿Crees que regalándome otro ramo de flores vas a conseguir que te perdone?
Ranma se quedó paralizado a un costado de la mesa. Akane mantuvo la mirada glacial por unos segundos más, hasta que se relajó con una malévola sonrisa descansando el rostro en una mano. Por un instante, Akane le recordó para su pesar a la calculadora de su hermana Nabiki.
—Ah, bien, supongo que no… —se volvió a sentar con las piernas temblando.
— ¿Y qué esperas, idiota? —le gritó obligándolo a pararse de nuevo de un brinco.
—Pero tú dijiste…
—Quiero un ramo enorme, no, más, que sea gigantesco lleno de hermosas rosas blancas; agrega también unas pocas amarillas, rosadas, rojas, además de violetas, jazmines y margaritas. Más te vale que no falten las margaritas o estarás en graves problemas —dijo con seriedad, mientras cogía otra porción de comida con los palillos. Comiendo rápidamente y con metódica calma lo hizo esperar, para después agregar con prepotencia—. Y quiero "mi ramo" envuelto en un hermoso papel de seda fucsia con una cinta rosada o blanca, no, mejor que sea de ambos colores. ¡Ah! Lo más importante de todo, "Saotome", quiero una nota escrita con tu puño y letra donde me dices que te arrepientes de haber sido tan tosco y poco considerado, además de pedirme perdón por haberte atrevido a jugar con mis sentimientos; Además que no se te olvide agregar lo hermosa, bondadosa, paciente, encantadora, cariñosa, generosa, espléndida, excelente cocinera, maravillosa esposa que soy y, por supuesto, jurarme cien veces que serás mucho más romántico y delicado la próxima vez que te permita volver a poner uno solo de tus dedos sobre mí. ¿Está claro?
— ¿De verdad tengo qué escribir todo eso? —El joven esposo se mostró aburrido de sólo imaginarse la mitad de la tarea.
—Pues si es que pretendes dormir esta noche dentro de la cabaña, ¿qué crees?
— ¿Con mi puño y letra? —Ranma sudó, aquello sería una tarea titánica.
—Y legible, ¿o crees que no serás capaz de satisfacer a tu mujer?
—Eh, supongo que puedo "esforzarme un poco más", si lo de hace un rato no te dejó ya satisfecha…
Se agachó cuando los palillos volaron clavándose en el enorme parasol a sus espaldas como si hubieran sido cuchillas.
—Buena puntería —murmuró el joven revisándose el cabello por si no había perdido alguno de sus mechones.
—Gracias. ¿Y qué haces aquí todavía? Tienes diez minutos para traer mis flores u olvídate de acercarte a mí en lo que te queda de… —tosió aclarándose la voz, intentando disimular el rubor de sus mejillas—… ¿este día? —por primera vez rompió la fingida frialdad que había mantenido desde el principio, apenas consiguiendo contener las ganas de reír ante la sorpresa de Ranma.
El joven esposo prefirió no decir nada al haberse sentido burlado. Después de todo, él lo había comenzado.
—Ya voy, vaya exigencias más tontas. A ver cómo demonios recuerdo todo es —caminó relajadamente hacia la florería, hasta que percibió las risas mal disimuladas de los demás comensales, recordando recién que no se encontraban solos en el restaurante. Humillado y con el rostro enrojecido, caminó dificultosamente hasta el final de las mesas directo hacia la florería. ¡Y todavía le quedaba el camino de regreso! Estúpida Akane…
Cuando Akane lo vio marchar con tanta dificultad, como una estatua de roca hundida en profundas y cenagosas aguas, exhaló un largo suspiro. Ya lo extrañaba, en pocos segundos sin él comenzaba a sentirse sola al mirar el horizonte dorado y violeta del atardecer. Lo de animal, bruto e insensible había sido cierto, y también lo de que había quedado bastante cansada… Pero no necesariamente significaba algo malo.
Dejó escapar una ligera risilla, cruzó las piernas y se acomodó dejando la mano en la mejilla descansando el peso del cuerpo en el otro brazo que cruzó sobre la mesa, perdiéndose en el paisaje, dejando cada pensamiento libre en su cabeza como el vaivén de las olas. ¿Habría la Akane Tendo de hace unos años imaginar lo que ahora vivía sin morir de la vergüenza, ni asesinar literalmente a Ranma en el proceso? De imaginárselo le causaba risa y escalofríos. Pero ella ya no era la misma Akane de antes.
Las experiencias que comenzaba a vivir en su vida de casada la sorprendían cada día con algo nuevo. ¿Se estaría convirtiendo en una pervertida? ¿Y qué si ya lo era? Aunque no estaba lista para reconocerlo y se seguiría quejando ante él por lo sucedido durante un tiempo más, con gusto lo dejaría hacer de nuevo con toda su violenta ansiedad incluida.
Una importante duda la hizo entrecerrar los ojos y torcer los labios de manera divertida; Se preguntó seriamente si alguna de sus otras prendas le provocaría aquel atemorizante efecto a su impaciente esposo.
¿Qué le gustaba, qué no, cómo volverlo loco a voluntad? Tan tímida y vergonzosa era ella que no se había preocupado de tomar notas de tales detalles cuando lo había visto transformarse a su alrededor. Debería comenzar a fijarse más en el futuro, no era justo que él fuera el único pendiente en buscar sus debilidades; ¡él debía tener miles de puntos débiles que poder explotar con placer! Ranma Saotome podía ser derrotado por ella, ya vería el muy arrogante de lo que sería capaz de hacer.
Recordándolo a cómo Ranma era antes incapaz de mostrar sus deseos, a lo que ahora era tan demandante, le provocó una tierna mirada. ¿Ternura, estaba segura de sentir ternura por él tras haberse comportado de una manera que la sonrojaba con tan sólo recordarlo? ¿Las vergonzosas cosas que dijo, las más escalofriantemente humillantes que él "le hizo"? ¿Dónde quedó su famoso: "Ranma, eres un pervertido", seguido por una invitación para que su ex prometido conociera más profundamente la sólida pared de su alcoba? Ya no pudo contener la risa viéndose a sí misma en un espejo años atrás. ¡Cuánto había cambiado! La seguridad de sentirse amada, aceptada y deseada era todo lo que había hecho falta para poder comenzar a brotar los sutiles encantos que guardaba aquella insegura chiquilla, convirtiéndose ahora en una mujer fuerte y decidida en lo que amaba. Cambios que ahora la hacían imposible reconocerse a sí misma, y que temía no saber dónde acabarían.
Volvió a sonreír cuando disimuladamente lo vio rabear con el bolígrafo en el mesón de la pequeña florería. Parecía pedirle constantemente a la vendedora una nueva hoja donde escribir el mensaje. Pero la ternura de Akane se fue tornando en impaciencia cuando lo veía equivocarse por tercera vez, quinta vez, octava vez, décima vez. Iba por el intento número veinte y ya tenía acumulada una pequeña pila de pelotas de papel arrugado a los pies, ante la cada vez más aburrida vendedora.
—Eres un tonto —suspiró lentamente, para después sonreír encantada porque él no mostraba ningún indicio de querer darse por vencido.
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Anochecía en la pequeña ciudad costera, lo que llenaba sus calles de más vida y sonidos, aromas agradables a comida que se mezclaban con la fuerza del aire marino. La gente se paseaba con ropas ligeras, miraban las vitrinas de las pequeñas tiendas, los cafés al aire libre se llenaban de conversaciones divertidas. Chicos de preparatoria salían riéndose de un karaoke y una pequeña sala de juegos era la atracción de los más jóvenes. Pocos vehículos cruzaban las calles con una lentitud que parecía habérseles contagiado de ese mundo calmado, lejos del ruidoso bullicio de las grandes ciudades. Ranma se paseaba con las manos en los bolsillos y Akane se colgaba relajadamente de su brazo. Ambos disfrutando de un contacto que ya se les había hecho tan habitual, que sus cuerpos parecían buscarse antes que sus conciencias se percataran del anhelo que los movía.
—Mira, Ranma —tiró de él deteniéndolo bruscamente, cuando lo obligó a retroceder algunos pasos para mirar en una vitrina—. ¿No es encantador?
— ¿Qué cosa? —Ranma miró hacia dónde ella apuntaba inclinada con una mano en las rodillas, ante una tienda llena de artículos de regalo—. ¿Eso? —Ranma contuvo un escalofrío—. Olvídalo, es horrible.
—Pero…
—No, jamás. Cualquier cosa que quieras, pero "no eso".
Sin darle más tiempo avanzó otra vez dejándola atrás. Akane lo siguió un poco decepcionada.
—Qué malhumorado.
Atrás quedaba en la vitrina lo Akane había visto; un pequeño peluche de felpa con la forma de un cerdito negro.
Ranma se detuvo en la esquina siguiente.
— ¿Qué sucede? —Akane intentó mirar curiosa en la misma dirección.
El joven se relamió los labios, parecía tener hambre de nuevo. Cuando sintieron el aroma de un restaurante de comida china a pocos metros de dónde se encontraban.
—Podríamos pasar a…
— ¡Olvídalo! —Akane reclamó tirando de su brazo, con tanta ternura que lo terminó arrastrando por la fuerza, obligándolo a cruzar la calle en sentido contrario del tentador restaurante.
—Pero, Akane, podría ser sólo un bocadillo… Espera… ¿Qué tienes ahora, dónde me llevas? ¡Akane!
—Puedes olvidarlo —lo regañó sin dejar de arrastrarlo por el brazo—, acabamos de comer y ya es suficiente por hoy.
—Tengo hambre —reclamó como un crío taimado.
—Si quieres podemos comprar algo después, lo que sea, pero nada de comida china.
— ¿Por qué…?
— ¡No comida china!
Ante la fría y asesina mirada de su mujer, Ranma prefirió asentir lentamente en lugar de seguir insistiendo, dejando de forcejear con ella.
— ¿Y bolas de pulpo? —preguntó al mirar un puesto en la calle con un ligero tono de esperanza.
—Sí, ¡bolas de pulpa sería perfecto! También comienzo a tener un poco de hambre —respondió su esposa un poco avergonzada, adelantándosele al pequeño puesto, con una encantadora sonrisa tras un brusco e inexplicable cambio de humor. Ranma se rascó la cabeza, de verdad es que no la comprendía en absoluto.
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Esa noche se había organizado un pequeño festival en un templo local. Siguieron el camino de la calle principal junto a otras personas que comenzaban a dirigirse en la misma dirección. Los árboles se juntaban a su derecha ascendiendo por la pequeña colina, en el lado opuesto el océano comenzaba a ser dominado por la oscuridad. Las luces de algunas lanchas parecían estrellas sobre un manto negro e infinito, el sonido de las olas era relajante acompañado del fuerte aroma marino que imbuía la fresca brisa nocturna. Akane sintió un poco de frío y se acurrucó en el brazo de Ranma. El joven, notándolo, la apartó un poco, para luego abrazarla por los hombros rodeándola con ternura. Ella se sonrojó y al buscar su rostro, lo notó mirando hacia adelante con seriedad, pero sin poder esconder bajo la escasa luz de los faroles el rubor que de igual forma lo dominaba.
Más y más personas ocupaban la calle y subían por las escalinatas de piedra que se internaban en el pequeño cerro. Niños pasaron corriendo por su lado, vestían "yukatas", la prenda similar a un kimono pero mucho más ligera que se utilizaba durante los veranos o descansos. Akane se detuvo un momento observándolos.
—Quizás debí vestirme con yukata también.
—No importa.
—Pero…
—Te ves bien así.
— ¿Bien, sólo bien?
Ranma hizo sonar su garganta intentando aclarar su voz antes de responder tímidamente.
—Quise decir… Bonita. Te ves bonita con tu vestido. Eso, ¿vale?
Cogiendo la mano de Akane tiró de ella para no tener que dar más vergonzosas respuestas. Ella sonrió divertida.
—Es increíble que todavía te avergüences con algo tan tonto, después de las cosas que me hiciste.
No obtuvo respuesta, pero sintió como él presionaba su mano un poco más fuerte, dejándole sentir sus nervios. Le provocó más risa a la chica.
El festival estaba lleno de puestos. Desde las alturas se podía ver la masa oscura del océano más allá de los árboles. El lejano bramido de las olas rompiendo contra las rocas todavía podía escucharse mezclándose con el ruido festivo de las voces y la música. Las luces adornaban cada sitio y lienzos de colores colgaban sobre las improvisadas avenidas entre los negocios alrededor del templo. Había no sólo visitantes de otros lugares de Japón, también vieron a varios extranjeros y más niños que revoloteaban de un puesto a otro. Ranma la dejó un momento para comprar en uno de los puestos y regresó con un enorme algodón de azúcar ofreciéndoselo galantemente a su esposa.
—Gracias, pero no te pedí uno —dijo un poco cohibida la chica, sosteniendo la gran esponja rosada, un poco emocionada por el repentino gesto que había tenido su esposo.
Ranma cogió un poco de algodón con los dedos y se lo echó a la boca.
—Por qué no, si está delicioso.
— ¡Oh, ya veo! Ranma, así que en realidad era para ti, ¿por qué me lo das a mí entonces?
—Es para niños y chicas. Me vería mal con uno en las manos.
—Sigues siendo un idiota. ¡No! —Lo apartó cuando Ranma quiso sacar otro poco— Es mío. Tienes que comprarte uno para ti si quieres.
— ¿Qué dijiste? —Gruñó ligeramente, cogiéndola por la cintura con una mano intentando alcanzar el dulce con la otra, pero ella riéndose apartó los brazos lo más que pudo dejando el algodón de azúcar fuera de su alcance—. Akane, no seas egoísta.
— ¿Y qué me das a cambio?
Él lo pensó un momento teniéndola tan cerca.
— ¿Un beso?
Ella dio un pequeño grito, sonrojándose y lo empujó apartándolo.
—Basta de decir esas cosas, que estamos en público.
— ¿Entonces me darás algodón?
—Coge lo que quieras —molesta le ofreció el dulce—. No puedo creer que todavía seas tan inmaduro.
Ranma la ignoró echándose un poco de algodón de azúcar a la boca. Se limpió los dedos con la lengua mirando a Akane un momento con los ojos entrecerrados. Observó rápidamente en todas direcciones y notó que la gente estaba distraída cada una en lo suyo.
—Mira allí, Akane, un puesto de peces. ¿No te trae recuerdos?
— ¿Dónde?
Ella intentó mirar por encima del hombro de Ranma hacia donde él había apuntado con el pulgar. Aprovechándose de la oportunidad en que la tuvo otra vez tan cerca, la cogió con ambas manos por la cintura y la acercó dándole fugaz beso en los labios.
—Vamos a echar un vistazo —dijo a continuación actuando con normalidad, apartándose rápidamente de ella para dejarla atrás.
Akane quedó con el rostro inclinado y las mejillas rojas.
—Ranma… —murmuró en un tono escalofriante. Lo siguió con pasos firmes empuñando una mano.
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No tardó más que unos minutos y el encargado del puesto de peces suplicó a Ranma que dejara tranquilo su negocio, cuando ya había repartido peces a casi todos los niños que se habían reunido para admirar como capturaba uno tras otro sin siquiera mojarse las manos. Satisfecho se retiró dejando para sí el último globo de agua con un pequeño pez dorado en su interior.
—Toma.
—Ranma, ya no soy una pequeña, ¿cómo voy a pasearme con un pez?
— ¿No lo quieres? Entonces se lo regalaré a los niños…
— ¡Espera! ¿Cómo que lo vas a regalar? Es mío —se lo arrebató, envolviendo la pequeña bolsa de agua con ternura.
—Pero que orgullosa eres, si lo querías tenías que decirlo desde el principio.
Akane le sacó la lengua, mirando embelesada su pequeño pez.
— ¿No crees que es bonito? Lo llamaré…
— ¡No "Pez-chan", por favor!
—Ah, que aburrido eres.
La chica se quedó observando detenidamente el pequeño pez. Una melancólica mirada opacó el resplandor alegre de sus ojos. Ranma notándolo se sintió intranquilo.
— ¿Qué sucede?
Ella negó con la cabeza. Sin embargo, la conocía muy bien, en especial cuando lo evitaba porque le era difícil hablar. ¿Le habría dicho alguna tontería sin darse cuenta? ¿Lastimó sus sentimientos? La cogió por el brazo suavemente obligándola a prestarle atención.
—Akane, dime la verdad, ¿estás bien?
—No es nada, es sólo que debo ser una tonta —la voz de la chica tembló ligeramente—. Debería sentirme feliz, soy feliz, muy feliz. Pero no puedo dejar de pensar… No, olvídalo, es una bobería —se pasó la mano por el rostro, al levantarlo estaba otra vez sonriendo aunque no era capaz de ocultar del todo la tristeza que la embargaba. Para distraerlo cruzó el pequeño pez delante del rostro de su joven esposo—. ¿No te parece que son como los que teníamos en Nerima?
— ¿Los peces de la pileta? Pero esos están viejos y gordos, no se parecen en nada.
—Deja de hablar mal de ellos, no están tan gordos los pobres. Cuando los traje a casa eran tan pequeños como éste. Papá los atrapó cuando fuimos a un festival cercano. Había cumplido apenas los trece años en ese tiempo e insistía en tratarme como a una niña haciéndome pasar todo tipo de humillaciones; Insistió en comprarme algodón de azúcar, bolas de pulpo, taiyaki, ¡y una máscara de Doraemon! Ya no tenía manos para llevar tantas cosas y papá no dejaba de llorar por todo lo que le decía. Kasumi y Nabiki parecían seguirle el juego sólo para molestarme. Ese día completo fue espantoso, Kasumi no debió haberle dicho nada, ¡nada! —Akane se sonrojó furiosamente, Ranma no podía entender qué le provocaba tanta vergüenza.
—A sí que te humillaron tratándote como a una niña pequeña —hizo una sonrisa entre dientes, podía imaginar perfectamente al tío Soun comportándose de manera ridícula en público—, ¿y por qué lo hicieron?
—Papá estaba obsesionado con la idea de que iba a perder a su pequeña. Fue vergonzoso, en especial cuando a Kasumi se le ocurrió además preparar arroz rojo para la cena ese día, provocando más bromas pesadas de Nabiki, todo para celebrar porque yo había tenido mi primera… ¡Oh!
Akane se tapó la boca con la mano asustada miró a Ranma con la esperanza de que no hubiera estado prestando atención.
— ¿Tú qué?
El ánimo de Akane se enfrió peligrosamente.
—Nada de tu incumbencia.
Ranma no era tan lento y comprendió con una malévola sonrisa la situación, provocándole a Akane un escalofrío. El "Sekihan", una preparación de arroz rojo y judías, es un platillo tradicional de cualquier festividad japonesa como cumpleaños, matrimonios o festividades especiales. Tan popular que la sola mención de comerlo es casi un sinónimo de celebración, ya que el color rojo es símbolo de alegría en Japón. Dentro de todas las celebraciones en las que se utiliza este platillo, existe una vieja tradición en algunos lugares, un poco vergonzosa para la celebrada, donde también se prepara para festejar la menarquía de las jovencitas.
—Creo que comienzo a adivinarlo.
—Si lo dices —gruñó con el puño en alto al borde de las lágrimas de indignación—, te juro que me quedaré viuda.
— ¡Está bien!, mis labios están sellados.
Akane negó con la cabeza. Exhaló todo el aire de su pecho recuperando un poco la calma.
—Fue la última vez que estuvimos juntos como una familia en un festival. Supongo que papá se sentía inseguro porque yo ya no era su nenita, la última de sus hijas estaba creciendo. En ese momento sólo lo odiaba como cualquier chiquilla avergonzada de su padre. Creo que de haberlo comprendido como lo hago ahora, no habría sido tan dura con él ese día. Pobre papá, quizás lo único que quiere es no quedarse solo.
— ¿Última vez? No te comprendo, Akane, pero sí fuimos a muchos festivales, varias veces. Y siempre nos metíamos en algún lío.
—Sí, sí que lo hicimos —Akane recuperó un poco la alegría—, pero fue porque tú llegaste a mi hogar y con eso muchas cosas buenas volvieron. Antes sólo había silencio, una rutina incómoda que cada día se hacía más y más pesada. Debo reconocer que tu entraste a mi vida para desordenarla completamente —posó su mano sobre el brazo de Ranma con ternura—. Gracias, Ranma.
El joven se sonrojó, no esperaba tales palabras recordando que su estadía en casa de la familia Tendo siempre había sido un problema tras otro, aunque nunca por su culpa. ¿Cómo era la vida de Akane antes de conocerla? Jamás se lo preguntaba, quizás porque quería omitir que ella había existido para otros y no para él, que una Akane vivió desde pequeña ignorándolo no siendo parte de su vida, le irritaba todavía más imaginar que existió en el pasado una Akane que a él no lo había amado. ¿Tan grande era su orgullo y vanidad? Comenzó a pensar que ese mismo orgullo que poseía con tanta vehemencia, la estaba lastimando a ella en ese momento. La quería únicamente para él, ¿pero era justo haberla apartado de todo lo que también amaba?
Ranma se había educado en los caminos, al lado de un padre que si bien quería, no respetaba, además del que siempre debía estarse defendiendo. El concepto de familia había sido algo nuevo para él y a pesar de los años y del cariño que sentía por los Tendo, por ellos, que le enseñaron lo que era tener un hogar al que llegar al final de cada día, y tener personas que se preocupaban a su manera de su bienestar, no había sido suficiente como para no llegar a sentir aquel anhelo que la costumbre a la soledad y la autosuficiencia durante tantos años le había provocado en su entrenamiento.
Akane era todo lo que necesitaba, se preocupaba de una cosa a la vez. ¿Debía extrañar a la familia Tendo? Sí, lo hacía, pero no llegaba a sentirlo como algo doloroso. Ni siquiera su madre lo hacía sentir nostálgico porque había crecido sin ella. No sentía que fuera malo, simplemente le era natural vivir de esa manera. Tal era su costumbre y comodidad que se olvidaba que su esposa estaba sufriendo cada día la separación de su familia, al no poder verlos otra vez con libertad por culpa de hallarse ocultos del mundo. Las semanas y los meses seguían transcurriendo, y mientras él más tranquilo se hallaba en su nueva vida, más profunda era la herida que le estaba provocando a Akane. O eso era lo que comenzaba a entender.
—Akane —la evitó un poco avergonzado, no era bueno para hablar de esos temas, no sin una buena discusión de por medio para relajarse primero—, ¿extrañas a tu familia?
Ella lo miró detenidamente. Parecía adivinar lo que su esposo tenía en la mente y se mordió el labio inferior. Obcecada se culpaba de empañar la alegría que estaban compartiendo en ese día.
—Está bien, Ranma —respondió finalmente—, cuando volvamos al hotel podré llamar a Kasumi. Es sólo una tontería de mi parte, son los recuerdos, es todo.
—Pero…
Fue interrumpido por una gran explosión en el cielo, que se abrió como una flor en centenares de colores distintos. Uno tras otro los fuegos artificiales iluminaron la noche y aún la superficie del mar, el bosque y el templo. La gente se reunió para admirar el espectáculo. Los chicos aclamaban con silbidos. Muchas parejas se reunieron bajo las luces uniendo sus manos, otros se abrazaron con ternura.
Ranma, con la boca abierta como un niño más, miraba extasiado el cielo, más al sentir el calor del cuerpo de Akane junto al suyo. En un instante bajó los ojos, quería compartir su alegría con ella.
Cerró la boca, ya no estaba feliz.
Akane no miraba el cielo, en su lugar se acurrucaba en los brazos de su esposo, ocultando su rostro en la camisa de Ranma.
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Akane con los ojos cerrados descansaba plácidamente en los brazos de Ranma. Se había quedado dormida temprano, agotada tras un día de constantes emociones. Pero su joven esposo no podía conciliar el sueño. De espaldas en la cama acariciaba el cabello de Akane aburrido de mirar el mismo techo sin encontrar una solución a su dilema.
Podía escuchar el lejano oleaje del mar. Cerraba los ojos y volvía a ver la misma imagen de Akane ocultando su rostro para que él no la viera llorar. ¿Qué era lo que había hecho? ¿Qué era lo que "él" le había hecho a Akane?
Tarde o temprano tendrían que regresar a Nerima, no deseaba hacerlo todavía, pero Akane tampoco merecía seguir sufriendo sin volver a ver a su familia por su miedo y egoísmo. Dándole vueltas a las mismas ideas se llevó una hora meditando, pero nada consiguió concluir.
Intentó levantarse lentamente, apartando los brazos de Akane con mucha delicadeza. Ella protestó en sus sueños y Ranma, conociéndola que despertaría en cuestión de minutos si no lo sentía a su lado en la cama, dobló la almohada para que ella la abrazara en su lugar. Y ella lo hizo. Se sonrió entre dientes, intentar conocerla en cada pequeño detalle se había convertido en una pequeña victoria que alimentaba su orgullo.
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La noche estaba fresca y vistió con una chaqueta sobre una de sus viejas camisas chinas, la de color azul, la más abultada, que era una de las pocas que todavía podía cerrar por culpa de su torso más ancho y fornido. Caminó por la pequeña calle entre las cabañas directo al edificio principal que era la gran sala de recepción y también el lugar del restaurante, entre otras instalaciones. Era un hotel muy cómodo y para nada económico. Parecía poder adivinar la gratitud que el señor Takeda tenía hacia él por tal regalo.
— ¿El señor está de salida? —preguntó con respeto el recepcionista.
—Sí, daré un paseo.
—Si necesita que llamemos un taxi…
—Caminaré, no se preocupe.
—Que el señor tenga un agradable paseo —se despidió el recepcionista con una amable reverencia.
Tardó poco en recorrer el bonito sendero rural para llegar a la avenida principal. La ciudad seguía viva de noche, de hecho jamás dormía. Se sintió un poco incómodo, quería silencio, no estar rodeado de gente que reía.
Se dirigió a la playa, a pesar de la oscuridad era el lugar más silencioso de todos. Se sentó en la arena fría mirando la negrura el horizonte. El sonido del oleaje ayudó a calmar su afiebrada mente. Pensaba, tenía que idear algo. ¿No lo había hecho antes? Siempre hallaba una solución.
Terminar con su vida secreta sería llamar a los problemas, regresar al dojo, volver a sufrir amenazas de rivales y pretendientes por igual. ¿Cómo se tomarían las chicas su matrimonio con Akane? Las peleas y ataques le resultaron infantiles, ¿bastaría con hablar sinceramente con ellas y explicarles que amaba a Akane y, que además, ella ya era su esposa desde hacía muchos meses? No confiaba en que lo fueran a escuchar, temía regresar a esa vida llena de enredos y malentendidos. Sus padres se encargarían de que tomaran el control del dojo, y lo que era peor, querrían apoderarse otra vez del control de sus vidas. Antes estaba acostumbrado a vivir dentro del seno familiar acatando los deseos de sus mayores aunque demostrara rebeldía. Sin embargo, ahora era distinto, él era un adulto que había probado la libertad, la independencia, junto con Akane habían sido capaces de llevar sus propias vidas y ser felices. ¿Lo perdería todo?
Quizás no, si era lo suficientemente fuerte no perdería nada de lo ganado si se enfrentaba a ellos con determinación. No, no estaba seguro de lograrlo, ni siquiera lo escucharían. Se cogió la cabeza con ambas manos.
—Es tan difícil —murmuró.
—Lo es —dijo Akane a su lado.
Ranma dio un brinco, descubrió a su esposa vestida con jeans y un delgado suéter de tono crema, mirando también la oscuridad de las aguas. Cubría su cuerpo con una manta tejida que había traído. Se sentó al lado del joven sin preocuparse por su asombro y se acurrucó lo más que pudo juntando sus cuerpos. Estiró la manta para cubrir también la espalda de su esposo. Él se acomodó acostumbrado abrazándola, rindiéndose a ese destino, a esa Akane que insistía en encontrarlo a dónde fuera que él quisiera escaparse del mundo entero. Ayudó acomodando su lado de la manta. Guardaron silencio por un prolongado momento.
—Está fresco, puedes enfermar —dijo finalmente con un ligero tono de reproche. No estaba listo para aceptar su derrota.
—Yo debería decirte eso. ¿Qué haces de noche y sólo en la playa?
—Nada importante. ¿Y tú por qué me seguiste?
—Tenía que vigilarte, no vaya a ser que pretendas serme infiel con alguna chica que conociste hoy.
— ¡Akane, cómo puedes creer que yo…! ¡Ah, estabas bromeando!
Se sintió humillado ante la risa cristalina de la chica. Ella se calmó al momento mirándolo seriamente.
—Hace mucho tiempo que no te veías así.
— ¿Así cómo?
—Deja de intentar disimular, Ranma, que te conozco. Antes acostumbrabas a subirte al tejado cuando tenías un problema. Pero desde que nos casamos nunca quisiste estar solo.
—Eso es porque…
—Porque no hemos tenido un problema grave, o no uno que quisieras solucionar por tu cuenta, desde que estamos casados, hasta ahora. Ranma, dime, ¿qué hice esta vez para que quisieras también alejarte de mí?
— ¿Hacer tú? Tú no hiciste nada, boba.
—Fue por lo de mi familia, ¿no es verdad? Estás pensando en si debemos regresar o no a Nerima.
Ranma apretó los dientes. Inclinando la cabeza con los ojos entrecerrados la evitó mirando fijamente hacia el lado opuesto, la arena nunca le pareció tan interesante como ahora. La astucia de Akane lo superaba en momentos que no lo deseaba. ¿Por qué era tan torpe con otras cosas, pero con él siempre parecía dar en el punto exacto?
—No, no es eso… —intentó defenderse inútilmente.
—Ranma, ¿por qué no me preguntaste a mí primero? Siempre intentas pensar en todo sin recibir ayuda de nadie. Ya hemos tenido esta discusión antes, deberías confiar más en mí. En especial si el problema soy yo.
—Tú no eres un problema, ¿quieres entenderlo de una buena vez? Yo fui el que tuvo la culpa de apartarte de tu familia, y porque no quiero enfrentar a todo el mundo es que te mantengo lejos de ellos. Deberías odiarme.
—No te odio, tonto —Akane inclinó su cabeza sobre el hombro de su esposo—. A veces un poquito te detesto, pero nada más, y eso solamente porque eres un hombre orgulloso e insoportable.
— ¿Me estás halagando? Manera tienes de subirme el ánimo.
Ella no le permitió enfadarse y le dio un pequeño beso en los labios dejándolo confundido.
—Ranma, sí extraño a mi familia. En algunas ocasiones más que en otras. Pero no quiero regresar a Nerima, no todavía. ¿Me entendiste bien? Yo no quiero volver aún.
—Akane, ¿estás segura?
—Lo estoy. ¿No has pensado en todo lo que ahora tenemos? Hemos mantenido un hogar, nuestro hogar. Tenemos trabajo, amigos nuevos que hemos conocido por nosotros mismos. Ninguno ha aparecido cobrándote alguna deuda del pasado ni intentado tampoco envenenarme. Son amigos de verdad. Comienzo a creer más que antes que la mayoría de nuestros problemas era culpa de los padres que nos tocó tener.
—Creo lo mismo —Ranma reconoció más animado—. Papá era un idiota que me arrastró por todo Japón utilizándome como excusa para escapar de sus compromisos. Todavía no me creo eso del entrenamiento, para mí fue otra de sus salidas para evitar hacerse cargo de su propio hogar abandonando a mamá. Ése cobarde…
—Y mi papá no se queda atrás. ¿Qué padre en su sano juicio ofrece una de sus hijas en matrimonio a un completo desconocido? Sin ofender —aclaró rápidamente acurrucándose un poco más al abrazar a su esposo—. Creo que tuve mucha suerte de que fueras tú. ¿Te imaginas que habría sucedido si tú no hubieras sido tú?
— ¿Si yo no hubiera sido yo? Eh… no sé si te estoy siguiendo, Akane.
—O si tú no hubieses aparecido ese día en mi vida. A veces he soñado con eso y no ha sido agradable. ¿Me habría quedado toda la vida odiando a los chicos por no conocer al único que valía la pena amar? ¿O algo peor?
—Te habrías casado con Kuno… ¡Ay, ay, ay, suéltame, ay…!
Akane lo pellizcó con todas sus fuerzas bajo el costado no queriendo soltarlo hasta que se cansó de torturarlo.
— ¡No bromes con eso que después tendré pesadillas, grandísimo idiota!
—Deja de imaginar estupideces entonces, yo estoy aquí. Estamos casados, eres mi esposa.
—Y tú mi esposo —se relajó respirando profundamente—. A veces todavía no me lo creo. En ocasiones despierto imaginando, por un instante, que otra vez tengo dieciséis y que mi vida sigue siendo tan monótona y vacía, tan silenciosa como era antes de conocerte… Hasta que te veo dormir a mi lado y me siento feliz otra vez. Por eso todavía me da miedo cuando despierto y no estás allí por cualquier motivo. No sabes cuánto odio que "por dejarme descansar" no me despiertes los días que yo tengo libre y a ti te toca trabajar temprano; prefiero mil veces más poder verte cada mañana aunque pase el día con un poco de sueño. No me gusta volver a sentirme sola, aunque sea por pocos segundos, lo detesto.
—Yo no lo sabía…
— ¿Qué eres tan importante en mi vida? Sí, lo eres, ahora puedes vanagloriarte todo lo que quieras y reírte de mí por ser tan cursi y boba.
—No me voy a reír de ti, tonta. Primero tendría que reírme de mí mismo.
— ¿A qué te refieres?
Ranma posó una mano sobre la cabeza de Akane atrayéndola hacia su pecho, donde la abrazó celosamente con brusquedad y tierna torpeza.
—Me vuelves loco, ¿lo sabías? Si desapareces por un instante de mi vista, me desespero. Creo que te puede haber sucedido algo malo, o que un imbécil te puede estar molestando, o que algún otro loco querrá secuestrarte, o…
— ¿O…?
—O que… que… que podrías… —trató de aclarar la voz, reconocer sus debilidades todavía lo superaba—. Pues que tú… tú podrías… conocer alguien más… más atento y… ¡Olvida todo lo que dije!
—Ranma…
Al verlo avergonzado y también ofuscado por su propio temor, la chica se sonrió con ternura, todavía le parecía un niño pequeño en ocasiones, inseguro y asustado de todo lo que tenía y podía perder. ¡Cuánto daño le había hecho crecer sin una familia estable, sin la seguridad que otros estarían allí para él sin ninguna condición de por medio! Se levantó un momento y sorprendiéndolo se acomodó sentándose delante de él. Ranma la acurrucó casi por inercia dejando que cuerpo de Akane descansara entre sus brazos, con la espalda de la chica sobre su pecho, rodeándola también con sus piernas. Acomodó la manta para que los cubriera a ambos.
Akane cerró los ojos susurrando lentamente.
—No quiero a nadie más que a ti, tonto.
Ranma recuperó un poco de confianza.
—Lo sé, soy encantador.
—Por hoy, sólo por hoy, sí, reconozco que eres encantador... Y muy idiota.
—Idiota, ¿eh?, porque tú…
—Cállate, Ranma —murmuró relajada, acomodándose un poco mejor en los brazos de su esposo. Sus ojos luchaban por mantenerse abiertos, pero cedía cada vez más perdida en la inmensidad del océano y en el delicioso calor de ese cuerpo que la acurrucaba tan celosamente.
El oleaje humedecía la arena y el viento helado se hacía más notorio, el bullicio de la ciudad disminuía. Ranma la rodeó más protectoramente con sus brazos al sentir un poco de frío.
—Deberíamos volver… ¿Akane? ¿Ya te dormiste? —La escuchó suspirar suavemente— Ah, demonios, ahora tendré que cargarte de regreso —se rió contradiciendo sus propias palabras. La joven dormía plácidamente acurrucada en su pecho. La acomodó sobre sus brazos cargándola con ternura, no quería despertarla.
Pensaba en las palabras de Akane, en cómo ella afirmaba que él había cambiado su vida para siempre. ¿Pero y él, seguía siendo el mismo? Había cambiado su obsesión en las artes marciales por un deseo más puro y sencillo: De ser el más fuerte de todos, pasó a desear ser el más fuerte para que nadie jamás pudiera arrebatársela. Ella le pertenecía, y le pertenecía más que su propia vida de la que no era ya dueño; porque su vida estaba dedicada a esa idiota chica que cargaba con cuidado, como si fuera el objeto más frágil y valioso de todo el mundo.
En cada momento difícil de su vida ella había estado ahí. En los combates más peligrosos, esa chica osada siempre estuvo a su lado. Aún sin ella saberlo, cuando estaban apartados, era su recuerdo el que le impedía darse por vencido.
—Al final, tú eres la que siempre llega a salvarme, Akane. Como ahora… —susurró sintiendo el cabello de su esposa hacerle cosquillas en los labios. El rostro de Ranma no era amable, sino frío, determinado, como cuando se enfrentaba a uno de sus peligrosos oponentes— Tengo que hacer lo mismo por ti, de alguna manera, tengo que hacerte feliz. No creas que me quedaré de brazos cruzados, boba. Esto todavía no termina.
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Ranma se levantó temprano al día siguiente. En la recepción del hotel se encontraba preguntándole a uno de los empleados con un poco de premura. No quería que Akane llegase a despertar antes que él hubiera regresado a su lado.
— ¿Sucede algo con el teléfono de la cabaña del señor?
—No, no sucede nada, solamente necesito hacer una llamada un poco privada. Eh… Es un asunto complicado.
—Entiendo, señor.
El empleado le indicó un pasillo dónde se encontraban los teléfonos públicos, justo detrás de él. Ranma se dio un golpe en la frente, agradeció la ayuda un poco avergonzado y cogiendo un auricular, mirando primero en ambas direcciones un poco nervioso, marcó un número que conocía de memoria.
Cuando comenzó a escuchar los pitidos de la llamada sintió la tensión aumentar en su cuerpo. ¿Estaba haciendo lo correcto? Se mordió los labios, no podía seguir teniéndoles miedo. ¡Más miedo le tenía a Akane el día en que le declaró su amor! Y todo había salido perfecto, esto no tendría por qué ser tan diferente. Escuchó cómo le respondían del otro lado de la línea. La dulce voz que le habló calmó un poco su ansiedad, agradecía que hubiera sido ella la primera en responder el teléfono.
—Hola, Kasumi. Sí, soy yo, Ranma —sonrió intentando contener su nerviosismo—. ¿Cómo están todos?
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Kasumi se aferró del teléfono con entusiasmo. Estaba acostumbrada a hablar con Akane, pero no había escuchado directamente a Ranma desde el día en que le contó sus planes de llevarse a su hermana pequeña con él. Se emocionó ligeramente escuchando sus balbuceos, seguía siendo el mismo chico un poco tímido que tanto le agradaba. Se sonrió más que antes, pensando que ahora Ranma también era "su pequeño hermano".
Todo parecía perfecto hasta que la pregunta de Ranma la descolocó ligeramente.
— ¿Estás seguro de eso, Ranma? Bien… Bien, espera un momento.
Confundida dejó el auricular sobre la mesa y se dirigió a la sala. Nabiki desayunaba relajadamente.
—Nabiki, tienes una llamada.
—Dile a las chicas que estoy ocupada —se relajó un poco más con la mejilla sobre la mano mirando la televisión—, nos queda un mes para terminar ese informe. Ya conseguiré quién lo haga en mi lugar.
—Eso no es correcto, Nabiki. Oh, además, la llamada no es de tus amigas de la universidad.
— ¿No? —la joven recién se percató del nerviosismo de su hermana mayor.
—Es Ranma.
Nabiki alzó una ceja. Llegando al pasillo cogió el auricular. Se detuvo, su rostro inexpresivo miraba el aparato con una extraña ansiedad. Cuando notó que Kasumi seguía observándola desde el inicio del pasillo se sintió incómoda. Respiró profundamente y exhaló todo el aire de los pulmones. Entonces sonrió con la divertida ironía que le era más propia de su carácter.
—Hola, "cuñadito de verdad", ¿ya me estabas extrañando que me llamas tan temprano? ¿Qué sucede, tu querida esposa te ha abandonado, o es que estás aburrido y quieres ayuda para conseguir el divorcio? Si te apetece te puedo hacer un excelente descuento…
Relajada dejó caer ligeramente el auricular colgando de la mano, alejándolo precavidamente cuando tal como supuso se escuchó una sarta de gritos y amenazas del otro lado de la línea. Ella sonreía, cómo había extrañado provocarlo.
—Ya, ya, te comprendo perfectamente —dijo acercando otra vez el auricular a su oreja, cuando en realidad no había escuchado ninguna de sus protestas—. Sólo bromeaba, qué gruñón te ha vuelto el matrimonio. Por eso digo que es mejor nunca casarse. Ahora, "Saotome", ¿qué quieres de mí? Porque no creo que me hayas llamado sólo para tener una fogosa infidelidad con la mismísima hermana de tu esposa. ¿O sí? —Terminó susurrándole con un coqueto tono de voz, jugando con el cordón—. Qué osado te has vuelto.
Precavida volvió a alejar el auricular. Suspiró lentamente sintiendo una añorada satisfacción al escuchar sus rabietas y excusas.
— ¡Estoy bromeando! No te lo tomes tan en serio que vas a enfermar —rió relajada—. ¿Y bien, qué quieres ahora? Todavía no me pagas lo de la última vez, y los intereses siguen creciendo. No querrás que toda Nerima se entere dónde has estado con mi hermana, ¿o sí? Ah, lo olvidaba, jamás creí que fueras tan buen actor, me sorprendiste mucho.
Sólo hubo silencio del otro lado de la línea, eso causó mayor alegría en la joven.
— ¿Y, no dirás nada? Ésta vez no te saldrá poco, al fugarte con Akane no confiaste en mí, eso no me tiene de muy buen humor, lastimaste mis sinceros sentimientos. ¿Y todavía tienes el descaro de llamarme para pedirme un favor? ¿De eso se trata todo, no? Sólo te acuerdas de "tu hermana Nabiki" únicamente cuando me necesitas para alguna de tus travesuras. Eres muy desconsiderado con mis sentimientos.
Kasumi la observaba con cuidado, por un momento creyó ver que ella no actuaba aquel alarde de resentimiento por el resplandor de sus ojos. Nabiki giró el rostro y al recordar que su hermana mayor la observaba, torció los labios impaciente, intentando aparentar aburrimiento.
—Deja tus disculpas de lado, esto se está tornando monótono, mejor vamos al grano; Ranma, ¿qué es lo que quieres, para qué me llamaste?
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Ranma, un poco nervioso por lo difícil que le era tratar a Nabiki, respiró profundamente. Si iba a hacerlo ése sería el momento.
—Supongo que tengo algo que te puede gustar para compensar todas las molestias, Nabiki.
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Nabiki se mostró intrigada. Era la primera vez que lo escuchaba hacerle una propuesta con tanta calma. De seguro tenía algo planeado con anterioridad y pinchó su curiosidad.
—Te escucho, y espero que sea digno de mi tiempo, porque ya me estoy aburriendo. Oh, vaya, ahora que recuerdo, Akane salió muy bien en su nuevo disfraz Julieta. Mi hermanita siempre fue muy fotogénica, si quieres después puedo enviarte algunas copias. Y no, no te preocupes, no necesito que me envíes tu nueva dirección —sonrió malévolamente.
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El joven apretó los dientes, era obvio a lo que Nabiki se refería. No dudaba que tarde o temprano ella terminaría descubriéndolos. No obstante, eso sólo reafirmaba su decisión, ya que no había ahora motivos para intentar ocultarse por más tiempo de la familia de Akane. Respiró profundamente y dijo con firmeza para que no le temblara la voz:
—Me pregunto si te gustaría pasar unos días en Okinawa junto a nosotros. Sí, dije bien, "Okinawa". Necesito que traigas a toda la familia, pero por favor, que nadie más se entere. Después te pagaré lo que quieras, pero en dinero, te lo prometo —dijo la última frase rápidamente, con un gesto de dolor, adelantándose a cualquier demanda de la joven.
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Nabiki sorprendida entreabrió los labios.
— ¿Okinawa? —Su asombro se tornó en una inmensa sonrisa imaginando el agradable clima subtropical, las hermosas playas de mar cálido, las formaciones de coral, el divertido mundo nocturno, la comida, el paisaje, el aire, chicos apuestos, la promesa de un bronceado perfecto… —. Vaya, vaya, hasta que por fin, tras tantos años, comienzas a entender cómo halagar el delicado corazón de una mujer, cuñadito; Justo cuando necesitaba unas largas vacaciones.
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"Okinawa" continuará…
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Castigo
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Tetsu Saotome, un inquieto muchacho de quince años, se encontraba sentado en el piso con las piernas dobladas, la espalda recta y las manos sobre las rodillas en actitud penitente. Con el rostro inclinado evitaba mirar a sus padres, y secretamente intentaba espiarlos levantando los ojos ocultándose bajo la sombra de los mechones oscuros y ligeramente ondulados que colgaban sobre su frente, notoria herencia de su sangre materna. El abuelo Soun siempre insistía en que el chico había heredado el cabello sedoso y brillante de su abuela Kimiko en lugar del de Akane más liso y oscuro, a pesar de la similitud evidente que el muchacho tenía con su madre.
Pero al descubrir que su padre seguía mirándolo severamente, volvía a ocultar de él su rostro buscando pensar en alguna estrategia que lo librara de ésta.
—Tetsu, ¿puedes repetirme de nuevo qué fue lo que sucedió en la escuela? —Ranma se masajeó con una mano la frente entre las cejas temblorosas como si le doliera la cabeza. Su cuerpo fornido y cuello ancho que reflejaba años de entrenamiento parecía más imponente justo en los momentos que el chico más temía.
El niño, ya un jovencito, volvió a alzar los ojos buscando a su madre con desesperación, la que sentada de igual manera al lado de su padre se veía enfadada, pero también preocupada por él. Seguía conservando el cabello corto, pero un halo de elegancia la rodeaba refinado por los años de paciencia y dulzura que la maternidad le había enseñado tanto o más que la tolerancia que debió tener al lado de su problemático esposo. Akane Saotome parecía buscar algún atisbo de arrepentimiento en "su pequeño" que le provocará de inmediato otorgarle todo su infinito amor y perdón. Pero Tetsu en cambio parecía más preocupado de buscar una excusa que de sobrellevar el peso de un arrepentimiento que no sentía en absoluto.
—No fue mi culpa —insistió porfiadamente por décima vez.
—Ya sabemos que nunca es tu culpa —Ranma respondió severamente, adelantándose intencionalmente a su esposa que había querido hablar, quizás a favor del muchacho.
Akane se llevó una mano a los labios y volvió a callar. Estaba asustada, porque esos dos eran tan tercos que podrían llevar la situación hasta las últimas consecuencias sin que ninguno fuera capaz de ceder. Los castigos de Ranma eran estrictos intentando siempre doblegar a Tetsu; pero más terco era su hijo que jamás cedía ni reconocía su culpa. Los enfrentamientos entre las voluntades del padre y el hijo podían prolongarse por días enteros alterando toda la paz de toda de la familia.
—Todo fue culpa de esa tonta de Hibiki —Tetsu murmuró sin pensar.
— ¿Hibiki? —Akane preguntó intrigada— ¿La pequeña Chidori? Quizás deberíamos llamar a Akari…
Tetsu apretó los dientes dándose cuenta de su error y miró a su padre, el que, sospechando los sentimientos de su hijo, le devolvió una mirada de complicidad a escondidas de Akane. En un rápido movimiento el padre se adelantó dándole un coscorrón a Tetsu.
— ¡Chidori es una chica y además es dos años menor que tú! No deberías usarla de excusa para tus mentiras.
— ¡Está bien, papá, está bien! —Tetsu se llevó ambas manos a la cabeza quejándose—. Fue mi culpa, Chidori no tuvo nada que ver en esto.
— ¿Lo dices de verdad? Tetsu, me decepcionas —lo condenó Akane haciéndolo sentir por primera vez mal durante todo ese tiempo. Pero el niño lo soportó estoicamente con tal de proteger su secreto.
—Supongo que no tenemos nada más que conversar, esto no nos está llevando a nada —Ranma se sacudió las manos—. Tengo el castigo perfecto para que aprenda un poco de disciplina.
Tetsu palideció y volvió a mirar a su madre.
—Ranma, quizás no sea necesario que seas tan duro con él, Tetsu está arrepentido —el joven asentía enérgicamente con la cabeza alentando las salvadoras palabras de su madre—. Yo puedo hacerme cargo de su castigo.
— ¿Y dejar que te engañe de nuevo?
— ¿Engañarme? —Akane protestó enfadada a su esposo.
—Eres muy ingenua, a la primera oportunidad él tratará de embaucarte con sus miradas de huérfano abandonado y el castigo quedará en nada. Sin contar las veces que también caes en los engaños de Kimiko y Keiko —Ranma bufó un suspiro mirando el techo apesadumbrado—. Tampoco quiero imaginar lo que los gemelos harán contigo cuando crezcan.
—Eso no es verdad, ¡yo puedo ser muy estricta con los niños!
—Oh, sí, ¿cómo las últimas cinco veces en que los perdonaste a los pocos minutos? No sólo hablo de las mentiras de Tetsu, bastan unas cuantas lágrimas de Keiko, o uno de esos discursos rebuscados de Kimiko y ya está, no existe castigo que dure con ellos. Los estás consintiendo demasiado.
—Yo no los consiento —protestó irritada—. Tú eres el bruto que no sabe cómo tratar a los niños.
— ¿Qué, que yo… qué? Así con que esas tenemos. Tetsu, ¿verdad que tu madre siempre cae en tus "astutos planes"? —Ranma le preguntó a su hijo, halagándolo, motivándolo a que se sintiera orgulloso de su capacidad de mentir.
—Bueno, es verdad, mamá siempre cae. Como aquella vez en que partí la mesa de la sala en dos intentando imitar el Bakusai Tenketsu del tío Ryoga —hizo una pequeña risa entre dientes—, y sólo necesite dos intentos para destruirla. Pero mamá no sólo me levantó el castigo tras la historia que me inventé en el momento, ¡incluso hasta me dio helado! —Se cruzó de brazos alzando el mentón con arrogancia—. Mamá me creyó todo, siempre lo hace, ¡de verdad pensó que estaba arrepentido! Hasta casi lloró con mi excusa… Aunque no al culpo, todos caen, de verdad soy muy bueno en esto.
—Tetsu… —Ranma le susurró intentando llamar su atención. A su hijo se le estaba pasando la mano con los recuerdos, sin notar el ligero temblor en el cuerpo de su madre.
—Y cuándo intercambié las etiquetas de la sal y el azúcar, las del ají con el aderezo de sésamo, y la del café con el ajo en polvo. ¡En verdad mamá creyó que había sido su error! Es increíble que siga leyendo esas grandes etiquetas que ella misma escribe y ni siquiera se preocupe de revisar el nombre original de los envases. ¡Mamá es muy ingenua!
—Tetsu… —volvió a insistir su padre con un tono de premura, sudando preocupado.
—O la vez que hice que Kimiko y Keiko se escondieran en el desván, y le dije a mamá que una "raza de malditos de Jusenkyo mitad humanos y mitad lagarto, que practicaban una antigua arte marcial llamada godzilla-ken, las habían secuestrado y llevado a china". No sólo se lo creyó… Aunque esa vez no esperaba que lo hiciera tan rápido con una historia tan ridícula, ¿qué idiota secuestraría gente para llevársela a China? —Por un instante se mostró ligeramente arrepentido al recordar la angustia de su madre—. Pero lo mejor fue que llamó a papá por teléfono intentando contarle de corrido toda esa tonta explicación casi atorada.
—Lo recuerdo —se quejó Ranma—, estaba trabajando como juez durante un torneo en Osaka.
— ¿Recuerdas también, papá, la vez que quemé la colección del abuelo Happosai? Eso sí que fue divertido… Y lo mejor es que mamá jamás sospechó que fui yo.
— ¡Tetsu, ya es suficiente!
— ¿Qué quieres, papá? ¿Para qué me interrumpes?... ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí, sobre lo inocente que puede llegar a ser mamá…
— ¡Tetsu Saotome, estás en muchos problemas! —Akane alzó la voz y se levantó de un salto, con las manos empuñadas miró enfurecida a su hijo. Toda la elegancia, paciencia, amor, mesura y calma que antes demostraba desaparecieron tan rápido como la sonrisa en labios de su hijo. Si algo la irritaba tanto como para hacerla perder el control era recordar que su "pequeño bebé" podía manipularla tanto como antes lo había hecho su descarado padre.
—Akane… —Ranma intentó llamarla suavemente, con la mayor ternura del mundo.
—Ranma, Tetsu es todo tuyo, ya no voy a intervenir más en este asunto.
— ¿Lo dices en serio? ¿No me detendrás?
—Mamá, espera, yo sólo…
— ¡Has lo que quieras con su castigo! A mí ya no me importa, además, para qué necesitan la opinión de esta mujer tan ingenua.
Se retiró dando fuertes pasos pasándose una mano por los ojos y conteniendo un ligero gimoteo.
Al deslizar la puerta se detuvo de golpe encontrándose allí con sus hijas, cada una cargando en sus brazos a uno de los gemelos. Las chicas se hicieron hacia atrás y su madre pasó sin decir nada.
Ranma exhaló un profundo suspiro. Tendría mucho que hacer ese día.
—Niñas, ¿pueden cerrar la puerta? Estoy teniendo una seria discusión con su idiota hermano mayor.
Kimiko y Keiko miraron de manera asesina a su hermano mayor, lo mismo hicieron los bebés con sus pequeños ojos entrecerrados. Keiko con la punta del pie deslizó lentamente la puerta, sin dejar ninguno de los cuatro de atravesar a su hermano con ojos afilados como espadas.
Cuando se hubo cerrado la puerta Ranma miró a su hijo y lo descubrió ahora sí en verdad arrepentido. ¿Así se veía él, años atrás, cuando se percataba tarde que había lastimado los sentimientos de Akane con alguna de sus tonterías?
—Tetsu, ¿te das cuenta de lo que hiciste?
—Mamá… Mamá estaba de verdad enojada.
—Creo que la hiciste llorar.
El niño mostró los dientes de manera dolorosa, volvió a inclinar el rostro dejando caer la cabeza por el peso de la culpa. Ya no buscaba una salida a su problema sino que deseaba un fuerte castigo que lo hiciera sentirse mejor.
Ranma se rascó la nuca intentando pensar qué hacer con él.
—Déjame adivinar lo que sucedió. Conozco a Chidori, esa pequeña puede ser muy osada y terca.
Tetsu asintió silenciosamente, su espíritu combativo lo había abandonado por completo.
—Supongo ella fue la que desafió a aquellos muchachos en la puerta de tu escuela.
—Esa pandilla ni siquiera es de nuestra escuela, son un grupo de preparatoria que estaba molestando a una chica de la clase de Chidori frente a la entrada y esa entrometida quiso darles una lección. ¡Pero la muy idiota no sería capaz de vencer a esos tres! Los conozco, pertenecen al equipo de Judo de su escuela. Ella es buena, pero no tanto, además que es una niña muy torpe.
—Así que interviniste.
Enfurecido el muchacho volvió a asentir con fuerza. Ranma cruzó los brazos y se llevó una mano al mentón pensativo.
—Te comprendo, cumpliste con tu deber —las palabras de su padre hicieron que Tetsu recobrara el ánimo—, ¿pero romperle el brazo a uno de esos chicos era necesario? Ni decir como quedaron los otros dos. Podías haberlos vencido sin hacerles tanto daño, eso fue muy irresponsable. No te lo digo como tu padre, sino como tu maestro en el arte: ¡no te has medido lo suficiente! ¿Qué te hizo perder el control?
Orgulloso cerró los labios con una mirada un poco escalofriante para un chico de tan corta edad. Jamás confesaría a su padre que uno de esos muchachos de preparatoria sí había lastimado a la boba de Chidori Hibiki, a la que había cogido con fuerza durante el altercado dejándole una marca en la muñeca. Y por esa marca aquel imbécil había pagado con su brazo.
—Ya veo, así que al final no me lo dirás. Eres tan terco como tu madre —Ranma impaciente se volvió a rascar la cabeza con más energía, desordenándose el cabello—. Sabes que tendré que castigarte, y tu madre ya dijo que no intervendría esta vez.
Tetsu contuvo el temblor de su cuerpo con dignidad, como si estuviera desafiando a su padre. Provocando en Ranma una sonrisa de satisfacción.
—Podría haberlo dejado pasar, ¿sabes? Puedo adivinar lo que sucedió después. ¿Cuántas veces a mi me pasó lo mismo? Pero tienes que aprender a controlarte. En todos mis años tu abuelo Genma, a pesar de lo idiota que era, jamás me perdonó si llegaba a lastimar a mi oponente sin motivo alguno —hizo una mueca de arrogancia—. Yo Jamás luchaba seriamente cuando sabía que mi rival no estaba a mi nivel, lo que sucedía casi siempre.
— ¿Y si tu oponente era tan fuerte como tú?
—No recuerdo que algo así me haya sucedido antes…
— ¡Papá!
—Está bien, que poca fe tienes en tu padre, ¿eh? Pues en esos casos también me lo pensaba dos veces. No importa la situación un artista marcial jamás debe perder el control sobre su propio cuerpo, su fuerza o sus sentimientos; porque eso significaría tu derrota. En especial cuando la vida de alguien que quieres está en peligro —Ranma mantuvo la mirada de Tetsu por un prolongado momento hasta que el chico pareció entenderlo sonrojándose.
Su padre se relajó, no quería ser tan duro con el niño. A veces creía que exageraba, en otras que era muy blando con él; Para Ranma el haber tenido a un padre irresponsable que no le había dado un buen ejemplo lo tenía a veces en penumbras y aprendiendo sobre la marcha cómo debía educar a su propio hijo para que no terminase siendo otro Genma Saotome, que al conocer la historia de su familia parecían abundaban en su linaje. Agregó finalmente:
—Como sea, el daño ya está hecho. Pagaré los costos del hospital de ese muchacho.
— ¡Pero él tuvo la culpa!
—Tú lo sabes, yo lo adivino, pero nadie más. Todo lo que el resto vio fue a un experto artista marcial rompiéndole el brazo a un atolondrado muchacho que apenas sabía defenderse. Y sí, ya sé que pertenecían al equipo de Judo de su escuela, pero no puedo compararlos a ellos al nivel que tú posees actualmente. Mientras más recibes, más se te habrá de pedir en responsabilidad y disciplina. Espero te sirva de lección para la próxima vez y des un buen ejemplo de lo que significa ser un practicante del arte.
— ¿Próxima vez?
—Así es, Tetsu. Si quieres castigar a alguien existen muchas maneras sin tener que lastimarlo seriamente; como humillarlo públicamente. ¿No te he enseñado que la esencia de la escuela de combate libre estilo Saotome se encuentra en la velocidad y en jugar con la mente de tu oponente impidiéndole llegar a ti, hasta que ellos solos descubren sus debilidades? Búrlate de ellos, has que se traguen el polvo que pisas, avergüénzalos frente a todos para que pierdan el orgullo de matones, ¡pero jamás debes lastimarlos seriamente! Aunque pareciera que todas las lecciones que te doy se te olvidan muy rápido apenas alguien te insulta —lamentó cansado—. Tienes la maldita sangre hirviente de tu madre.
Tetsu lo pensó seriamente. Tras prolongados segundos, posó las manos en el piso y se inclinó solemnemente hasta tocarlo con la frente.
—Pido perdón, maestro, he sido un idiota.
— ¿Cómo? ¿Tan rápido? —Ranma se quedó sorprendido de que su hijo hubiera ya recapacitado, de haber sido él mismo habría tardado todo un día, o quizás dos, para conseguir entrar en razón. A lo menos el muchacho también había heredado el corazón de su madre, lo que era afortunado— Ya veo. Supongo que ahora debo decidir tu castigo. No debería ser tan duro, después de todo estás arrepentido, creo. Ni siquiera te habría castigado en primer lugar, hasta yo hubiera pateado el trasero de esos críos idiotas en tu lugar. Sin embargo, tenemos otro problema que no puedo dejar pasar. Lo lamento mucho, pero ésta vez no voy a perdonarte tan fácilmente por lo que hiciste.
El muchacho levantó su rostro, para descubrir que su antes relajado padre ahora lo observaba con la frialdad que sólo la furia más intensa podía provocarle. Apenas un par de veces lo había visto así en su corta vida, y saberse la víctima de tanto enojo le provocó sudor y temblor.
—Tetsu Saotome —Ranma de brazos cruzados se inclinó ligeramente sobre él, y levantando una ceja susurró en un tono escalofriante—, hiciste llorar a tu madre.
El chico palideció. Al parecer la sangre hirviente no la había heredado de su madre Akane. Detrás de la puerta a un costado de la pared del pasillo que daba a la sala, junto a los niños que la observaban con paciencia, la pobre Akane tiraba con los dientes de un paño de cocina ante la impotencia que la dominaba, imaginando qué terribles cosas le haría el bruto de Ranma a su pequeño bebé.
¡Ella y su gran boca cuando prometió no inmiscuirse!
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Fin
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Notas del autor: Se terminó febrero, y con ello despedimos las vacaciones en el hemisferio sur con un nuevo capítulo de La Esposa Secuestrada. Comienza el año y nuevos desafíos nos esperan. Éste ha sido sencillo y un poco corto, por culpa de los muchos proyectos en los que me encuentro involucrado. Me ha permitido volver a las raíces de la trama en la que me gustaba crear historias cotidianas nacidas de las experiencias del momento. Siempre existe algo que contar, un sentimiento que transmitir, una escena observada en un parque o un recuerdo. El gran encanto que he tenido con esta serie es poder enfocarme en los diálogos, buscando hacerlos lo más normales posibles a la vez intentando mantener la esencia que hizo a los personajes únicos, bajándoles un tono en la fuerza habitual que existe en una serie de tipo comedia como es la trama original.
Aunque sé, de las muchas charlas que hemos tenido en el foro de Ranma ½, que el tono más fuerte y brusco con el que saturamos los Fics, se debe a problemas de doblaje con que hemos visto la serie y a la poca difusión que tuvo durante años el manga original. Porque en el manga original, justo la gran parte que no se llegó a producir en anime que es su segunda mitad, es el que se enfoca en la pareja de Ranma y Akane. Las bromas se vuelven más entrecortadas y la aparición de los demás personajes se torna secundaria, siendo la dinámica de la pareja el centro de cada situación, en que siempre se repite el "ellos" enfrentados a lo que sea. Otra curiosidad es en el anime mismo, si bien no soy devoto de la animación porque desperfilaron a muchos personajes, como el extremar la actitud violenta de Akane (que en el manga no se da), inventarse clichés (el susodicho mazo, y el enviar a volar a alguien son recursos muy comunes en las comedias japonesas, de hecho en Ranma ½ se da mucho menos de lo pensado, y más todavía, no es único de Akane, todos los usan), o se inventan capítulos en que tergiversaron las relaciones haciéndolas más límites y bruscas.
Agradezco mucho a Ely que nos traduce las palabras originales del manga que nos permiten entender mejor el contexto de ciertas situaciones. Cómo discutíamos un vez que Akane, según el original japonés, no es para nada marimacho. De hecho, ella (¡gracias de nuevo Ely!), nos explicaba que en términos japoneses las palabras que Akane escogía para hablar eran muy femeninas, incluso con modificaciones que la hacían hablar más "como una niña", una manera de expresarse más "infantil y bonita", que sólo usa ella. Por eso el insulto de Ranma al tratarla de "marimacho" le duele tanto, porque ella intenta ser femenina aunque su habitual torpeza e impaciencia no se lo permite, y también uno puede entender mejor los cuadros del manga al relacionar el dibujo de las expresiones tan dulces de Akane con su manera correcta de expresarse. Ranma no, por el contrario es malhablado por costumbre incluso para el contexto japonés en que los chicos se expresan de manera más brusca. Se justifica al haberse criado en los caminos y posee muy poco respeto por el protocolo y a sus mayores, cosas muy importantes en la cultura japonesa.
De hecho, Akane es bastante dulce con todo el mundo, excepto con Ranma que sabe cómo sacarla de quicio. Pero sólo cuando la enfada, insisto, en el manga tenemos muchos ejemplos de cómo se tratan constantemente y fuera de las escenas límites, tienen una muy buena relación de amistad e incluso de pareja.
Para los noviazgos japoneses entre escolares, tomarse de la mano es un gesto importante que no se da desde el principio, mucho menos pensar en un beso. Simplemente tienen citas en que se pasean juntos por todas partes, salen a comer o van al cine, y conversan… ¿Les suena de algo? También incluso entre novios siempre se llaman por los honoríficos, sólo cuando se tienen mucha confianza son capaces de llamarse por su nombre de pila. Ranma y Akane siempre se llaman por su nombre de pila en el original japonés.
Un detalle que no viene a lugar, que quizás les sirva para otros Fics. Cuando una pareja de novios en Japón se cogen las manos "entrelazando los dedos", normalmente es señal de que ya han tenido intimidad, o que se encuentran en una relación más profunda y avanzada. (Los japoneses son muy poco dados a las palabras, todo lo llevan con rituales y gestos. Además que para su cultura una expresión directa de los sentimientos es un gesto ofensivo. Para todo se escudan con señales y así evitar decir las cosas de frente. En ese contexto Ranma y Akane poseen una relación muy formal y casi declarada, que es como los ven sus compañeros de escuela)
Por ejemplo, otro error que se comete es creer que ante todo Ranma siempre busca hablar con "su amiga Ukyo". Esto no se da en el original, en la segunda mitad del manga tenemos claro como Ranma y Akane pasan mucho tiempo juntos, conviven cada día y conversan de manera habitual. Discutíamos también en el foro aquellos ejemplos de cómo Ranma, tras pasar algunas aventuras por separado, terminaba contándole al final su historia a Akane. Ese detalle que Rumiko nos regaló, que no era necesario, fue sólo para mostrarnos como entre Ranma y Akane se desarrolló una excelente amistad además de sus sentimientos mutuos. Se podría decir que se terminan conociendo bastante bien. Por lo demás, la manera en que Ranma la provoca es la clásica dinámica del chico inmaduro que no sabe de qué manera llamar la atención de la chica que le gusta más que molestándola.
Todo esto que comparto, ideas que hemos discutido hasta el cansancio como buenos fans que somos, je, se debe a que muchas veces se distorsiona la idea de la trama. Es normal que uno quiera variar detalles o exagerar sentimientos en beneficio de la historia, cambiar cosas para probar teorías, el fanfiction es muy libre en ello. Pero de allí a intentar cambiar lo expresado en la obra original, forzando interpretaciones rebuscadas o adjudicándole a Rumiko intenciones que en realidad deberíamos reconocer como nuestras propias ideas, hay un tramo muy grande
De hecho, Rumiko dejó bien en claro que, según sus propias palabras, la única pareja oficial del manga era Ranma y Akane (así que a los demás personajes y sus casi emparejamientos, pues que tiemblen en las garras del fandom porque no están seguros, ¡mwahahaha!)
Volvamos al anime. Decía al principio que si bien no estoy de acuerdo con muchos cambios que se realizaron, como adelantar la aparición de Shampoo y el cambio en las personalidades, que es un problema que se da en casi todas las adaptaciones de manga a anime (son generalizados los comentarios en cualquier serie japonesa del tipo: "en el manga es mucho mejor; nunca leas un manga después del anime sino al revés o te decepcionarás; la versión del manga es la oficial; el manga es mucho más completo y cuenta todos los detalles…"). Y que por tanto, no lo considero un canon a la hora de inspirarme para escribir. Pues quería rescatar el problema del doblaje. Sin conocer mucho del idioma y de los cambios que ya se practican al traducirlos, me enfoco en el tono. El tono de voz escogido en los doblajes originales, la manera en que se tratan los personajes es mucho más mesurada, suave o dulce en comparación a como quedaron en los doblajes occidentales, más bruscos y violentos. Eso cambia mucho nuestra percepción de los personajes. Incluso me sorprendió cuando los veía una vez hace poco tiempo y los notaba mucho más románticos en la manera de dirigirse entre ellos. Hasta tiernos en sus discusiones. En comparación a nuestros doblajes que poco menos faltaba que se odiaran de manera visceral.
Lo siento, creo que me he extendido. La culpa la tienen las vacaciones y tanto tiempo libre que me permite aburrirlos con ideas salidas del momento.
Regresemos al fic en cuestión y al trabajo que me ha gustado hacer con los diálogos.
Pues decía que al hacerlos más normales, uno puede identificarse con ellos, sentir que la vida que poseen, salvando las diferencias culturales que intento (y digo intento, porque no siempre lo consigo) mantener del país en el que viven y de la manera en que piensan y sienten, es la misma que nosotros tenemos. Especialmente en este fandom en que en promedio los lectores compartimos las mismas experiencias; Manteniendo un hogar, una familia, teniendo hijos o sin ellos, viviendo del amor más allá de la pasión inicial, aquel amor que nos obliga a superar las dificultades de cada día.
El amor es hermoso en el papel, lleno de rosas y momentos mágicos, de frases bonitas y de coincidencias milagrosas. ¿Pero quién habla del amor que existe cuando uno le cede al otro el control remoto? Del amor que da la paciencia cuando se rabea porque el otro es incapaz de guardar los calcetines en la cesta de la ropa sucia y los deja tirados cuando llega del trabajo; ¿qué hay de ese amor que lo obliga a comerse un par de huevos fritos cuando no quedaron bien sin decir nada? ¿O del amor que existe cuando cansado igual se afeita en la noche con toda la paciencia del mundo porque a ella le molesta que la bese con barba? Tampoco se habla del amor que hace soportar a un idiota resfriado y mañoso. Del amor que hace tolerar a la entrometida familia, a la suegra metiche, a los cuñados que se comen todo lo que se guarda en la nevera.
¿Y el amor que hace a uno o al otro levantarse a mitad de la noche para atender el llano de un bebé, diciéndole: "quédate en cama, yo voy"?
El amor tan grande que hace soportar horas en una tienda de ropa femenina mientras ella escoge la prenda perfecta. Para al escuchar la escalofriante frase: "mejor veamos en la siguiente", sonreír y responder: "Está bien".
O amor más incondicional que aquél que la hace tolerar los gritos durante un partido de fútbol, y más todavía, cuando el amor es grande (y la paciencia más) prepararle algo que comer mientras está concentrado en su juego. Sin importarle lo poco o nada que vaya a agradecérselo.
Existen muchas formas de demostrar el amor, pero las principales no se muestran en gestos enormes que ocurren una vez cada año. Sino en gestos pequeños, de paciencia, que suceden cada día sin esperar un premio a cambio.
Porque al final, ni todas las molestias juntas valen lo que es estar al lado de esa persona que tanto quieres.
Un poco de eso, otro poco de aquello, y disfrutar de una calmada historia donde podemos ver a nuestra pareja predilecta disfrutar de estos momentos; Ésa ha sido mi gran inspiración.
Como ya he dicho el final de ésta trama está listo, pero antes de eso intentaré relajarme y contar algunos relatos más, porque la vida está llena de esos momentos. Me he arriesgado mucho al crear personajes originales, y más al inventar tantos hijos, muchos personajes confunden al lector.
Pero, sinceramente, con la mano en el corazón, sabiendo de qué manera pueden llegar a ser ellos y suponiendo que toda esa expresión enérgica que los mueve en su adolescencia se convertiría en pasión una vez estando casados, si los ponemos en contexto; ¿de verdad se conformarían con tan pocos hijos? Con lo atolondrados que pueden llegar a ser, seguro que ni siquiera planificarían el asunto.
Otro tema interesante de mencionar, es que dentro de este sencillo texto, quise jugar con dos cosas: primero, aumentar un poco el nivel de intimidad de los personajes, apoyándome en cómo ciertos contextos, "la casi luna de miel", provoca para que puedan llegar a ser más pasionales y menos vergonzosos, también considerando que llevan meses de casados y aunque ciertos temas no los narro por el tono mismo de la historia dejándolo a la imaginación, igual se sobreentiende que el nivel de relación que poseen es bastante bueno; y segundo, quise jugar un poco con la intertextualidad que podría existir entre distintos textos.
Durante un diálogo del capítulo Akane habla de una posible pesadilla en tono de broma. Fue intencional, porque quise crear un diálogo entre dos obras, considerando lo leído en otro fic que me gustó mucho, "Efecto mariposa" de Randuril (hola, Romi, ¿cómo estás?), para crear una especie de juego mágico en que lo real en el universo de un fic, puede ser un sueño en otro, a pesar de ser obras completamente apartadas. Espero que este pequeño desliz no te haya ofendido, amiga mía. (Sí, lo he solucionado a mi propia egoísta manera, ¿me perdonas?)
Me retiro, espero no les haya molestado mucho esperar tanto tiempo por un capítulo que debo reconocer, ha sido muy ligero y algo más forzado que el anterior. Espero de todo corazón que a lo menos se hayan divertido. ¡Jamás me ha tocado hacer tanto durante febrero! Se suponía sería un mes muy perezoso, la vida siempre nos da sorpresas, ¿no?
Agradezco a todos los que han leído mis historias, siento en todo mi corazón el apoyo que siempre me otorgan y vuestros consejos son alimento para seguir escribiendo cada día y perfeccionado la obra que les presento. Siempre considero cada review con atención y si no respondo a cada uno, es porque uso todo ese tiempo para volver a escribir, para seguir empeñándome en crear mejores fantasías que disfrutar.
Se vienen muchos proyectos por delante, hay grandes escritores, ¡será un año muy divertido!
De ustedes, para ustedes y por ustedes,
Noham Theonaus.-
