XI

"Mi libertad para escoger". P. M.

El ex vicealmirante había desembarcado, y con él, un grupo de marines. Anduvo errático por la costa durante unos momentos, cavilando en el futuro de sus bisnietos.

"Son hijos de Ace, al fin. Terminaré viéndolos morir uno tras otro, antes de que me llegue a mí la hora. Me encargaré de encaminarlos, el caso de Anne es interesante. Quizás pudiera ayudarla, parece bien dispuesta a poner patas arriba la tan cacareada Justicia… Después de todo, a mis años poco importa que las momias del Gobierno Mundial griten a los cuatro vientos que soy un traidor. Me la he pasado entre revolucionarios y piratas. Sí, para mi bisnieta, el escalón más alto de Mariojea. Rouge caerá por sí sola, es ambiciosa y solo hay que despertarla un poco… ¿Qué dirán mis nietos cuando vean a las dos en la cumbre? No podrán odiarme si las vuelvo las reinas de este universo."

No resistió la tentación de molestarlos, sobre todo, porque estaba seguro de que Luffy se hallaría al lado de la insufrible pelirroja cuando le diera las buenas nuevas.

—¡No tengo nada que hablar contigo, bruja incandescente! —tal y como se lo esperaba— ¿Y el estúpido de mi nieto?

El viento agitó las plantas costeras. Mientras hablaba, un pedazo de aquel bosquecillo pareció moverse y acto seguido, atacó a los marines que antes desembarcaran. Garp intentando concentrarse en lo que decía, no pudo evitar que el huevo impactara de lleno contra su pecho. La risa de varios jovencitos se escuchó tras el camuflaje hecho con ramas y hojas.

—¡Buen tiro, piratas! —el grito del que parecía el cabecilla hizo que el resto se entusiasmara apuntando aún mejor, y la segunda andanada de huevos podridos cayó sobre las tropas marines. Varios de ellos no esperaron orden alguna para irles detrás, en un intento por atraparlos.

—¡Instructor, esos chicos nos atacan con tirapiedras! —Se acercó un oficial— ¿Qué hacemos si los capturamos?

Garp cortó la comunicación, mientras reía a carcajadas, observándolo de pies a cabeza.

—¡Bueno, si es que los atrapan. Bwa ha ha ha ha! Luchar con los críos de hoy en día es peor que amaestrar a un rey marino —solo entonces prestó atención a su indumentaria— ¡¿Bweee… ensuciaron mi solapa?!

/

El extraño garfio se afirmó a un costado de la popa. Dos figuras completamente tiznadas treparon por el casco hasta cubierta, esquivando marines y perdiéndose en la noche. Anne, que se había asomado a un ojo de buey de su momentánea prisión, pudo contemplar tan solo la línea de uniformes ante el camarote.

—Diablos, abuelo. Mira que exageras —refunfuñó la peliceleste—… Ni que fuéramos tan letales.

—¡Caramelos! ¿Qué se cree, golosinas a cambio de mi libertad? —Rouge lanzó contra la pared la bolsa que Garp le dejara. No había cesado de maldecir y propinar manotazos al lecho— ¡Seré lo que me venga en ganas! ¡Juro que va a pagármelas todas! Le diré a papá lo que pensaba hacer con nosotras, incluyendo lo del teniente.

—Eso era una suposición, Rou —sonrió Anne, sí que le divertían esos cambios de su hermana—. Ayúdame a pensar en una vía de escape y luego, en cómo podré llevarte sin que te lastimes.

—Odio no tener ideas, este lugar está sellado de cal y canto. Para colmo, nos ponen una custodia de media Marine.

—Tiene que haber un modo —la mayor de las trillizas buscó por toda la habitación un resquicio practicable para huir. Pero fue en vano—… Rou, tenemos que irnos antes de que nuestros padres vengan… o las cosas se pondrán muy, muy feas.

—¡Como si toman la cara del Teniente Limón! Abuelo merece que papá lo sacuda ¡Creerse que puede manejarme a su antojo!

La paciencia de Anne comenzaba a agotarse al no hallar una forma de salir, cuando el rostro incrustado de un marine contra el cristal de la ventanilla la sobresaltó.

—¿Qué está pasando allá afuera? —la peliceleste volvió a su puesto de observación— Alguien está sacudiendo el polvo a los marines del abuelo.

—¿Quién, quién? —Rouge no pudo resistir la tentación de levantarse e ir junto a su hermana, disputándole el sitio— ¿Es él?

—NO, Rou. "Él" está peleando contra lo que sea que quiere salvarnos —Anne la empujó, acostumbrada como siempre a ponerla en su sitio. La trigueña protestó adolorida—. Lo siento…. ¡No, no siento nada, ¿qué haces fuera de la cama?!

—¡Si no me cuentas lo que sucede! ¿Qué quieres?

Los golpetazos hicieron vibrar la puerta del camarote.

—¡Bellemere, Rouge! —gritó una voz chillona— ¡A un lado, apártense de la puerta!

Y segundos después, ésta detonaba.

Anne, que cubría a Rouge, se incorporó entre su hermana y las figuras tiznadas que acababan de acceder. La más alta de ellas, corrió a recuperar algo pegado a la hoja, la otra animó.

—¡Vamos, muévanse! O estaremos en apuros.

—¿Banchina?

—¡Después nos saludamos Rouge, ahora tenemos que desaparecer de aquí!

—¡El dial no puede quedarse! —dijo el chico, forcejeando por sustraerlo de la puerta, pero su hermana lo apartó señalándole a la trigueña.

—Carga a Rouge, no puede estar caminando con esa herida.

Anne, ya fuera de la habitación, golpeó a dos marines empleando el Soru. Había un espectáculo de uniformes tirados unos sobre otros en cubierta, sin duda, obra de los hijos de Usopp y Kaya. Lusopp llevaba consigo a la menor de las trillizas, avanzando según la peliceleste liberaba el camino de los marines que comenzaban a recuperarse. Una vez junto a la escalerilla de cuerdas, Rouge buscó el modo de bajar sin que tuviera que aplicar demasiada tensión a su cuerpo. Banchina las había seguido, apenas consiguió hacerse con el dial de su padre y recoger el garfio.

—Tú primero, Bellemere. No puedes quedarte aquí o volverán a atraparte.

—No podrás contra el Teniente —objetó, al ver que éste se aproximaba con intensiones de detenerla—. Me ocuparé, baja tú y pon a Rou a buen recaudo.

Banchina hizo un gesto a su hermano, indicándole que se perdiera entre las malezas y quedó sola, aguantada de la escalerilla. Desde su puesto escuchó las protestas de la trigueña, pero Lusopp consiguió persuadirla de que todos se unirían después. Anne, en tanto, le hacía frente al subordinado.

—Bueno, teniente, al parecer mi abuelo ya le confió que no soy más su capitán —sonrió burlona—. Es tan leal a sus superiores que casi da asco.

–¡Soru! —fue todo lo que dijo en respuesta, y los movimientos de ambos fueron imposibles de seguir.

Banchina vio a la peliceleste aparecer de la nada, rodando sobre cubierta y no pudo reprimir un grito. El teniente avanzó sobre ella, Anne alzó el rostro con orgullo, en su mirada se reflejó el odio de sus contradicciones interiores.

—¡Muérete!

El vocablo, con todo el peso de los sentimientos encontrados y emitidos como una bala de cañón, provocó que el marine cayera exánime. Anne se recuperó de inmediato, sin cuestionarse qué había sucedido ganó con dos saltos la distancia que la separaba de la escalerilla.

—¿Fulminado por una palabra? —Banchina la miró con respeto— Wuau, qué lengua. Eso es algo que nunca había visto.

—Yo tampoco, pero había escuchado que es herencia de familia. Supongo que perdió el sentido —Descendió tras ella con rapidez y una vez en la costa, se percató de la gritería en la distancia— ¿Qué pasa?

—No te preocupes, los amigos de papá le dan la bienvenida a la Marine —una luz amarilla se encendió en la muñeca de la chica, mostrando un extraño reloj— ¡Pongámonos a cubierto!

Propinó un tirón a la manga de Anne y ésta obedeció. Corrieron hasta unos árboles que se levantaban más allá de la costa. El estallido no se hizo esperar. La peliceleste interrogó a Banchina con la mirada.

—Creo que el antiguo vicealmirante se ha quedado sin máquinas en el barco —sonrió la de nariz respingada—. Ganaremos tiempo hasta que tus padres lleguen. Para más seguridad, los míos te esperan en casa.

—No quiero implicarlos… —Anne iba a protestar, pero Banchina la tomó de la mano, llevándola consigo.

—Nadie pisa la mansión del Señor Usopp y la Señora Kaya con malas intenciones —contestó, orgullosa—. Que vengan a buscarte si se atreven.

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Edward solo había montado en el Sunny de pequeño, viéndolo ahora que conocía de barcos, se dio cuenta de cuán difícil sería superarlo. Más de lo que imaginaba. Volvió a insistir en el uso del "Family D.", ya que se las entendía mejor con las máquinas y el timón. Una vez en él, Luffy y su padre quedaron juntos en la amura de babor, contemplando un horizonte imaginario en la oscuridad de la noche.

—Cielos, mira que he tenido situaciones complicadas —Ace se acodó sobre la baranda, sosteniendo la cabeza entre las manos—. Y siquiera la sentencia de muerte me ha puesto tan nervioso, como el imaginarme sin las chicas ¿El viejo habrá logrado llevarlas consigo?

—Oh, descuida. No te quedarás sin ellas —Luffy le sonrió confiado, mostrándole sus músculos—… Shishishi, bueno, al menos por ahora.

—¿Qué significa ese "por ahora"? —lo miró de reojo.

—Hasta que se vuelvan tan idiotas como tú o como yo —el mugiwara amplió aún más la sonrisa ante la expresión molesta de su hermano— Sabes bien que ese día llegará, Ace.

—Oi, si supieras cómo me preocupa Rouge. Es tan precoz…

—Yo me agitaría más con Anne —el menor lo observó serio—. No te confía la mitad de lo que siente, traga y traga, con tal de no inquietarlos. Terminará muy confundida, con menos armas que Rouk.

—Muero de pensar que alguno se aproveche… Cuando recuerdo lo mucho que asedié a No, las trampas para acercarme, la vez que intenté ir más allá de lo que ella admitía… Aún no estoy preparado para ese momento, veo a un par de niñas… —sus puños cerraron aprisionando la baranda— Ojala y demoraran bastante en… —sacudió la cabeza, espantando un mal pensamiento.

—Las chicas siempre se las arreglan para complicarnos desde temprano la existencia. —Luffy llevó las manos a la nuca y entrecruzó los dedos— Uno queriendo ir de aventuras y ellas halando… No pueden esperar un poco, total, de todas formas se va para viejo.

—Suerte que No me dejó corretear hasta los veintitrés, porque no hubiera funcionado si empezábamos a los diecisiete. Tuvo vista larga.

—Eso es lo que debes tener tú ahora, incluso con Ed. —el menor se hundió en el sombrero— Son tres caminos distintos, están llenos de dudas y persiguen los sueños en un tiempo diferente.

—No puedo dejar que el viejo me gane la partida con sus juegos sucios.

—Kiá, le va a costar trabajo. —dijo seguro— Anne y Rouk tienen buena parte de la obstinación familiar. Por no decir unos "primos" que valen lo que mis nakamas. Darán guerra antes que dejarse imponer sus leyes.

—¿"Primos"? —Ace alzó una ceja— ¿A cuáles de ellos te refieres?

—Bueno, a los que en estos momentos deben estar haciéndole agua el barco al abuelo.

El mayor contempló el rumbo que llevaba el Sunny y cayó en cuenta de inmediato.

—Estará bien si lo retrasan un poco —sonrió sin dejar de estar inquieto—. Aún así, es un peligro.

—¿Sabes lo divertido de verte como un padre, Ace? —Luffy se deslizó baranda y casco abajo hasta caer sentado sobre cubierta. Sacó del bolsillo el pedazo de carne que Nojiko le diera— ¡Tal parece que nunca tuviste quince años, ni apaleaste cocodrilos!

—Deja que tengas un hijo que cuidar y ya me reiré yo… Bueno, al paso que vas, eso parece más lejano que el All Blue. —Presionándolo con la mano, lo hundió aún más en el sombrero de paja— Y entonces… ¿cuándo pretendes madurar, Lu?

Este pataleó por llevar el cubrecabeza a su sitio y lo miró con una graciosa expresión incrédula.

—¿Ña? Soy un tipo maduro.

—Algunos de tus pensamientos podrían catalogarse como tal. —el mayor se permitió una sonrisa— Pero que te vean como un chico serio y responsable, aunque en el fondo llegaras a serlo, no suena divertido ¿Cierto?

—Eso te luce bien a ti, Ace —Luffy terminó la última hilacha de carne, tragándose además el hueso–. ¿Y si me toca la cigüeña maniática que se multiplica?

—Oi, deja de tenerle miedo a las responsabilidades. —lo observó serio— Has sido capitán de un barco, puedes intentar serlo de un hogar.

—Cuando lo decida no será para intentarlo. —el menor amplió su sonrisa— ¡Shishishi, mi entrenamiento de dos años con el abuelo es nada comparado con el tuyo de quince! Necesitaré de un maestro como tú, a prueba de golpes, mordidas y baba.

—Por lo mismo, —la mano de Ace se cerró en torno a la empuñadura del cuchillo— el viejo no puede salirse con la suya.