SOLO EN EL MUNDO

-¿Quién llama a ésta, mi cocina?- Preguntó Akano Rido con sorna

-Soy yo. Déjate de memeces- Respondió Eliaz desde el otro lado de la puerta

-Bueno, vale, tío sensible.- Le espetó Rido mientras abría.

-Gracias- Habló su amigo tras cruzar el umbral

–Cómo se nota que no te has pasado toda la puta noche encerrado leyendo- Le dijo entonces Rido.

-¡Uf!- lamentó Eliaz con tono burlesco –Te habrás hartado de correr persiguiendo fantasmas-

-Vaya, vaya- murmuró Rido visiblemente reconfortado.- ¿No ha ido bien?-

-Calla hombre, calla- le comentó Eliaz mientras disfrutaba del terreno placer de reposar en un taburete -¡Joder! Esto es el paraíso-

-Y qué lo digas- Bromeó Rido

-Dios, qué chiste tan malo.- le reprendió su altivo compañero- Debes de haberlas pasado canutas-

-Tú primero-

-Cómo quieras- le agradeció –Por cierto, ¿dónde está Mitsuko?- Preguntó Eliaz extrañado.

-Hace un par de horas que la he mandado a dormir.- Comentó Rido- La pobre no se aguantaba los párpados ella sola-

-Ya- sonrió Eliaz.

-¿Y Nalya?- Inquirió Rido con media sonrisa en los labios. A pesar de saber cual era la respuesta a aquella pregunta quería oírlo de boca de su compañero.

-Adivina- soltó éste, encogiéndose de hombros

-Sigue fuera...- comenzó Rido

-Bien- evaluó Eliaz, asintiendo con la cabeza

-...corriendo...-

-Muy bien- Afirmó de nuevo, poniendo mayor énfasis en la gesticulación

-... y no piensa volver hasta que los encuentre- concluyó Rido con una sonrisa pícara grabada en la cara

-¡Bingo!- Saltó Eliaz. –Después de todo no era tan difícil-

-No, supongo que no- Aseveró el shinigami con aire divertido. Desde luego, era el comportamiento esperado de Nalya.

-Hemos estado varias horas corriendo en círculos por todos los putos rincones del Rukongai.- Se lamentó Eliaz – Y al no encontrar nada que la corn... que Nalya- se corrigió- considerara evidencia hemos tenido que ampliar la zona de investigación al suroeste del anillo exterior.-

-Vaya- murmuró Rido, ciertamente sorprendido de la tenacidad de Nalya en aquello –¿Y cómo, si puede saberse, pretendíais encontrar a Kent y a los alumnos en la vastedad del anillo exterior? Eso es como buscar una aguja...-

-... en un pajar- completó Eliaz, con una sonrisa torcida en los labios –Sí, lo sé. Por eso me he plantado y le he dicho que aquello no podía seguir así.- Rido asintió, mecánicamente, mientras trataba de imaginarse la reacción de Nalya ante la situación. –Obviamente- continuó Eliaz- Yo no conocía personalmente a los alumnos y tampoco al supuesto secuestrador-

-Obviamente- repitió Rido

-Así que me ha mandado cariñosamente a la mierda y ha seguido adelante.- se confesó

-Típico de Nalya- corroboró Rido –Aunque...-

-¿Aunque?- preguntó Eliaz extrañado

-¿Por qué el suroeste del anillo exterior? ¿Qué piensa encontrar allí?-

-Montañas- Esclareció Eliaz

-¿Montañas?- Inquirió Rido, de nuevo

-Sí- respondió su compañero de división- La única conclusión que hemos- hizo especial hincapié en este "hemos"- sacado de las horas perdidas en el Rukongai ha sido que, para una operación de tal magnitud, los secuestradores debían de tener habilitado un lugar fácilmente accesible y protegido de los ojos del Seireitei. Y lo suficientemente grande para albergar a toda la partida de estudiantes desaparecidos.- Añadió

-Ya- Interpeló Rido, que empezaba a entender cual había sido el procedimiento deductivo de Nalya. –Así que, después de recorrer todos los almacenes y naves industriales del Rukongai, habéis- comentó, respetando el énfasis de su compañero- resuelto que la cordillera suroeste del anillo exterior ofrecía garantías para proseguir.-

-Ajá- afirmó Eliaz, sorprendido en absoluto de la agilidad mental de su compañero- Esa cordillera esconde un gran número de cuevas naturales y valles desde los que se podría formar un ejército a espaldas del Seireitei.- Rido asintió.- Supongo que Nalya ha tenido una corazonada pero, de todos modos, no se puede atrapar a un enemigo invisible.- Afirmó mientras estiraba los músculos de su espalda

-¿Crees que siguen ocultando su reiatsu?- le preguntó Rido, con el ceño fruncido

-Estoy convencido de ello- afirmó Eliaz. –Nalya aún esperaba que su topo se revelara pero eso era algo en lo que yo ya no la podía ayudar- se confesó. –Y tú, ¿qué tal?-

-También estoy cansado, no creas- Contestó Rido, muy serio, durante un par de segundos al menos. Luego no pudo evitar sonreír. –Te expondré lo que hemos logrado.-

-A ver- se interesó Eliaz, con los brazos cruzados

-La ficha de Kent es falsa-

-Eso ya lo sabíamos cuando nos hemos marchado.- Incidió Eliaz fingiendo indignación

-Sí- continuó Rido alargando la "i" –Pero además, ahora tenemos una relación de los desaparecidos desde épocas que incluso a ti te costaría recordar-

-El informe que te traje- adivinó Eliaz, logrando que Rido asintiera. -¿Me estás diciendo que lo único que has- enfatizó el "has", sacando a Mitsuko de aquello- conseguido hacer en todas estas horas ha sido leerte este informe?- Rido asintió de nuevo.-Por lo menos habrás tomados algunas notas-

-Sí, claro. Aquí las tienes- respondió, alcanzándole una solitaria hoja de papel

-¿Pero qué coño? ¡Rido! ¿Qué es esto?- Inquirió tras echarle un rápido vistazo a la hoja –Aquí apenas hay nada- se quejó

-¿Te crees que no me he dado cuenta?- Se defendió el barbado shinigami –El informe que trajiste es sin duda magnífico- comentó a Eliaz mientras sostenía el taco de folios que lo conformaban. –Lo que hay aquí es una herramienta poderosa, aunque compleja- añadió- Y sin un libro de instrucciones preciso mucho me temo que no se pueda sacar nada en claro-

-¿Y qué esperas encontrar en este hipotético "libro de instrucciones"?- Rido se aclaró la garganta. Aquello iba a suponer una larga explicación.

-Cada uno de los individuos tratados en este trabajo ha sido sometido a un seguimiento- empezó- Cada uno de los casos de desaparición ha sido debidamente refutado y los resultados de esta investigación está recogida en estas páginas. Lo que eran supuestas desapariciones están tachadas como tal, lo que fueron verdaderos casos también.-

-Sí, eso lo sé- Interpeló Eliaz, impaciente

-Ahora bien- continuó Rido, impertérrito. –A todos y cada uno de los sujetos que nunca fueron hallados se les ha asignado un código.-

-¿Un código?- Preguntó Eliaz

-Sí- aclaró Rido- Una sucesión alfanumérica.- Su compañero asintió.- En un principio pensé que se trataba de una mera clasificación que se daba a estos personajes para ordenarlos dentro de los archivos de la uno o del Seireitei.-

-Pero...- se anticipó Eliaz

-Pero estoy bastante seguro que la codificación, debidamente tratada, puede llevar a un subdocumento. A un archivo oculto.- Aclaró

-Esto es una completa locura- Clamó Eliaz, desesperado- ¿Por qué iba alguien a ocultar algo así?-

-Porque sabía que iban a por él.- Respondió Rido con el gesto muy serio

-¿Lo sabía? ¿Quién?-

-Kaneda. El autor de este informe- puntualizó

-¿Autor? ¿No era parte de un colectivo?- Preguntó Eliaz, extrañado

-No- respondió Rido con tranquilidad –Era uno, solo uno. Pawe·wa Kaneda-

-¿Pawe·wa? ¿Has dicho Pawe·wa?- Inquirió Eliaz, cada vez más interesado

-Sí- afirmó Rido -¿Lo conocías?- Eliaz asintió

-Los Pawe·wa conformaban una de las casas nobles con mayor relevancia del Seireitei.- enunció

-No tenía ni idea-

-No es de extrañar- le disculpó- Si bien tiempo atrás habían formado uno de los estandartes más brillantes de toda la sociedad de almas, con el tiempo su influencia se diluyó. Nada es eterno.- sentenció con aire nostálgico

-¿Qué ocurrió?- Intervino Rido, curioso. Ahora era él quien hacía todas las preguntas.

-Otras familias la desplazaron- Aclaró- Como casi siempre suele ocurrir. Sin embargo –apuntó, cambiando el ritmo de la conversación- pese a pasar a un segundo plano, los miembros de esta familia se las arreglaron para salir adelante. De hecho, los varones pertenecientes a su estirpe siguieron teniendo un peso específico considerable en la uno.-

-La uno- murmuró Rido –Su división familiar- Añadió con cierta melancolía. Aquello incluso lo acercaba más a Kaneda de lo que, en un principio, habría podido imaginar. Él también estaba ligado por lazos de sangre al destino de su división.

-Un momento- saltó de repente Eliaz, dubitativo -¿No te suena el nombre de Achak? Sí –repitió- ¿Pawe·wa Achak?-

-No- respondió Rido tras unos segundos de duda -¿Debería?-

-Era el padre de Kaneda- Explicó Eliaz con la mirada fija en su amigo –Él también fue profesor. De historia si mal no recuerdo.- Añadió mientras su gesto se entristecía.- Su desaparición fue el principio del fin de su casa-

-¿Desaparición?- Inquirió Rido

-Bajo circunstancias desconocidas- Esclareció Eliaz- Y si fue Kaneda quien redactó ese informe el nombre de su padre tiene que estar por aquí.- Rido lo miró con el ceño fruncido y sacudió la cabeza con gravedad.

-No, no está- respondió

-Míralo bien- insistió Eliaz – Si Pawe·wa Kaneda llevó a cabo toda la investigación tuvo que ser porque estaba buscando a su padre. Piénsalo bien, no tiene sentido. Su marcha le dejo solo en este mundo- sentenció -¿Por qué no iba a estar?-

Exacto, pensó Rido. ¿Por qué no iba a incluir el nombre de su padre en el informe? ¿Por qué? Se preguntó. Y entonces llegó la luz.

-Porque quiere que le busquemos- murmuró casi sin pensar. Eliaz lo miró extrañado pero Rido siguió con aquello. Había encontrado el filón. –Quiere que le busquemos ¿No te das cuenta?- Le expuso a su compañero

-¿A quién?- respondió éste -¿A su padre?-

-No, hombre- le corrigió Rido, sonriendo- Al informe que trata sobre él.-

-El libro de instrucciones...- musitó Eliaz, comprendiendo por donde iba a seguir la jugada. Pero Rido aún no había acabado de hablar.

-Y además- empezó, con una sonrisa creciente en la cara- Por lo menos una de las cosas que has dicho acerca de los Pawe·wa está mal-

-¿Qué...?- Trató Eliaz de intervenir, pero Rido lo interrumpió

-Kaneda no se quedó solo en el mundo- Comentó mientras se llevaba el dedo índice de su mano derecha a la sien- Lo acabo de recordar-

X X X X X

-... y teniendo en cuenta los rangos sociales que ostentaban los miembros del Consejo de aquel entonces, la Revuelta de la Primera Luz supuso un punto de inflexión fundamental en el futuro de la Sociedad de Almas. Más si tenemos en cuenta que muchos creían que la gloria pasada nunca se iba a recuperar.- Rido tomó aliento, exhausto tras aquella larga explicación. Disfrutaba con la historia, de eso no tenía duda, y con la docencia también, pero lo cierto es que tener que condensar un período tan fascinante en menos de una semana de clase era algo casi blasfemo.

Dejó medio minuto más para que los muchachos completaran sus anotaciones y se dispuso a continuar, con la mente perdida, eso sí, en un particular cuento de la lechera en el que era el joven Rido y no el viejo Deiss quien trazaba el programa de estudios. Entonces habría encontrado el tiempo para tratar estos temas como bien merecían, pensó, cuando un sonido atronador lo devolvió a la realidad.

-¡Cuidado!- logró articular al ver que la pared sur de la clase se fragmentaba por un extremo. Sin tiempo que perder, se puso en marcha como una exhalación para interponerse entre sus inermes alumnos y aquella bola de kidoh color azafrán.

Sí, evitar aquella situación era algo con lo que llevaba lidiando mentalmente desde que, cerca de dos años atrás, al ingresar en el cuerpo de profesores de la academia, le dijeron que impartiría las clases peligrosamente cerca del campo de entrenamiento de las artes demoníacas. En ese momento, sin embargo, no podía estar seguro de si, en las décimas de segundo que los separaban, lograría llegar a tiempo para evitar un mal mayor.

-¡Al suelo!- Retumbó, poderosa una voz que para sorpresa de todos, incluso de Rido, no era la del profesor.

Con la serenidad de un shinigami experimentado, uno de los alumnos se había anticipado a los movimientos de aquel lanzamiento de kidoh descontrolado, interceptando su trayectoria y dejando que el mágico fulgor que lo alimentaba muriera en sus manos.

Al mutismo de la sorpresa inicial lo secundó un estallido de júbilo en honor a aquel héroe con plumas. "Kaneda", "Kaneda" cantaban los compañeros del algonquino, mientras que el joven académico de largo pelo azabache trataba de mantenerse con los pies en el suelo después de aquella verdadera demostración de poder.

-Parece que eres un tipo bastante duro, Kaneda.- Le sonrió Rido tras tomarlo aparte para comprobar que el joven Pawe·wa estaba incólume.

-Perdón por haberte robado el protagonismo, colega- se disculpó éste rascándose la cabeza

-No te preocupes- Le correspondió Rido –Pero aún no puedo creer que no te hayas hecho un solo rasguño. A ver- prosiguió, aclarándose la garganta- el lanzamiento de kidoh no era nada del otro mundo pero aún así me sorprende- Kaneda sonrió

-Esto no ha sido nada- argumentó el algonquino – Si piensas que por esto soy duro deberías ver como las gasta mi maestro-

-¿Tu maestro?- inquirió Rido con curiosidad

-Él sí que es realmente duro- enunció Kaneda con una sonrisa abierta en el rostro – Duro de verdad-